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Alemania era líder en China. Sus ventas han caído a la mitad y el coche eléctrico está matando a BMW, Mercedes o Volkswagen

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Da igual el fabricante. Si es alemán, probablemente haya presionado para que la Union Europea no aplique los esperados aranceles al coche eléctrico chino. En los últimos meses, Mercedes, BMW o Volkswagen se han cansado de lanzar el mensaje de que no es buena idea esta estrategia de autodefensa.

Pero lo que se esconde detrás de estos mensajes es, evidentemente, su propia estrategia de autodefensa. Para los gigantes alemanes, China es un actor clave en sus cuentas a final de año. Y los aranceles al coche eléctrico chino pueden hacerles muchísimo daño.

En primer lugar porque gravará a los coches de marcas alemanas, con desarrollo europeo pero de fabricación china. Con cuotas más bajas pero se espera que los modelos que cumplan con estos requisitos también eleven su precio. Y, en segundo lugar, porque se temen las represalias que pueda tomar el Gobierno chino.

Una de las medidas que con las que amenaza el Estado chino es la de elevar los impuestos a los vehículos de combustión de gran cilindrada. Un mercado que ha sido esencial para los fabricantes antes mencionados, ya que les permitía vender coches de altísimo precio y enormes márgenes de beneficio sin resistencia por parte de los fabricantes locales.

Pero el aumento en los precios de estos automóviles, los alicientes a la compra de coches eléctricos y el favor del propio Estado a las compañías locales ha movido el interés de la cliente. Los que antes compraban coches de combustión europeos parecen estar optando por coches eléctricos chinos. Estos últimos, además, están aportando valores que los alemanes no parecen comprender o no pueden dar: pantallas gigantescas, softwares más avanzados o todo tipo de entretenimientos adicionales como juegos o karaokes.

La tendencia la explica bien una cliente entrevistada por Bloomberg. Ryan Xu y su marido tenían en casa un Porsche 911 y un Mercedes Clase G. Entusiasmados por el nuevo Porsche Taycan, saltaron al coche eléctrico. Sin embargo, califican la decisión de “terrible”. “Sólo era un Porsche electrificado. Eso es todo”, recogen en el medio económico.

De liderar a pasar inadvertidos

La opinión de Xu no es la única que camina en esa línea, si tenemos en cuenta los datos que han ido ofreciendo las compañías antes mencionadas en China.

Las ventas de BMW se han desplomado en un 30%, su mayor caída en cuatro años. Mercedes tampoco remonta, con una caída del 13% y con problemas para encontrar compradores para coches que antes se los quitaban de las manos: los Mercedes Clase S y la línea Maybach. Volkswagen cayó un 15% en el último trimestre y Porsche hizo lo propio con un 19% menos de ventas.

Todo esto ha llevado a las compañías europeas a disolverse entre los fabricantes locales. Recogen en Bloomberg que antes de la llegada de la pandemia por Covid-19, uno de cada cuatro coches vendidos en China era alemán. Hoy, su cuota de mercado es de un 15% pero está cayendo en picado pues entre los coches eléctricos no llegan al 10%.

“Los coches alemanes no pueden lo pueden igualar (sobre la experiencia de conducir un coche chino). Es difícil verlos como coches de lujo ahora (sobre Mercedes, BMW o Audi)”, insiste en el artículo del medio económico Xu. La empresaria china asegura que vendió su Porsche Taycan para hacerse con un NIO ET5. El coche cuesta un tercio que un Mercedes EQE y ofrece servicios, como asistentes de voz avanzados, con los que no cuentan los vehículos germanos.

De este valor diferenciador ya alertaba Augustin Friedelen, director senior de la consultora MHP (contratada por Porsche en sus labores de asesoramiento), entrevistado en la revista alemana Auto Motor und Sport.

La diferenciación se producirá definitivamente a través del software. Y no se limitará al software del vehículo. También tendrá mucho que ver con lo bien que se integre el coche en otros ecosistemas: por ejemplo, cómo funciona la integración del ecosistema digital de un smartphone, si hay servicios digitales de streaming o si el coche ofrece carga inteligente

Friedelen lanzaba un mensaje claro: los coches chinos son indistinguibles en calidad de los europeos. Pero, además, hay que añadir que están ofreciendo más servicios que conectan con los intereses de los compradores chinos por un menor precio. No es casual que Volkswagen haya necesitado contratar ingenieros locales para entender mejor el mercado y tratar de ofrecer lo que allí se pide. E, incluso, ha mandado a sus propios ingenieros a China para que aprendan cómo pueden mejorar el software de los vehículos que también venden en Europa.

Precisamente, Volkswagen ha sido la compañía que más medidas a tomado para asemejar sus productos al software que se ofrece en el país asiático. En Bloomberg explican que el final de Cariad, la división que debía definir el software de sus vehículos, llegó después de un viaje de sus máximos directivos al Salón del Automóvil de Shanghai, donde quedaron impresionados por la oferta de servicios de los fabricantes chinos.

Con el tiempo, los germanos han ido buscando soluciones en el país asiático. Además de su alianza histórica con SAIC, han emprendido un nuevo camino junto a Xpeng que ayudará a lanzar nuevas plataformas para Audi en China. La intención es que no se repitan los retrasos que se vivieron con el Audi Q6 e-tron y tratar de ganar agilidad en la oferta de nuevos productos.

Mercedes o BMW también han tomado nuevas posiciones en China. Los primeros han acudido al país asiático para llegar a nuevos acuerdos con CATL para sus baterías y con Tencent para sus servicios en línea. BMW ha ahondado en sus lazos con Great Wall Motors para fabricar juntos en China, incluidos los MINI que llegarán a Europa.

Pero la situación no deja de ser preocupante para estos fabricantes europeos. Recogen en Cinco Días que China sigue representando casi tercio de las ventas de Volkswagen pero la caída en el primer semestre superó el 7%.  BMW se encuentra en una situación muy similar, pues el 30% de los coches que vende en el mundo los coloca en el mercado chino. Para Mercedes, China representa la cuarta parte de su negocio mundial.

Mercedes, BMW y Volkswagen siguen teniendo una enorme dependencia de China. Sus balances económicos dependen en gran medida de un país donde los clientes van dándoles la espalda. Y, al mismo tiempo, sus últimas decisiones no han hecho más que profundizar en esa dependencia china.

Como señala Gregor Sebastian, analista de Rhodium Group, para Bloomberg, los coches alemanes en China serán, cada vez, menos alemanes para tratar de recuperar el público chino. El tiempo dirá si la estrategia es la correcta.

Foto | Luca Deasti

En Xataka | Una marca de coches china está por primera vez entre los diez mayores fabricantes del mundo. Malas noticias para Europa

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Los robotaxis no necesitaban conductor, pero Waymo ha terminado pagando a repartidores para cerrar puertas entreabiertas

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Lo que hasta hace no mucho parecía terreno exclusivo de la ciencia ficción empieza a hacerse visible en las calles: coches capaces de desplazarse de un punto a otro sin conductor. Y no hace falta comprar uno para vivir la experiencia. En algunas ciudades del mundo basta con pedir un robotaxi desde una aplicación y ver cómo el vehículo llega a recogerte, identificándote en ciertos modelos con tus iniciales en una pantalla LED situada en el techo, tal y como comprobó nuestro compañero Javier Lacort en San Francisco hace casi dos años.

Escena futurista, problemas del presente. En medio de esta transformación del transporte, que aspira a ofrecer más seguridad y comodidad, también empiezan a aflorar sus puntos débiles. No hablamos de los atascos provocados por fallos de conectividad ni de esos coches que, por algún motivo, se ponen a tocar el claxon a las cuatro de la madrugada. La cuestión es aún más básica: si un usuario cierra mal la puerta, el vehículo no puede continuar operando.

El problema no es conducir, es poder irse. En el caso que describen CNBC y TechCrunch, se quedan bloqueados si, al terminar el viaje, un pasajero deja una puerta entreabierta. Waymo confirmó a ambos medios que ese detalle impide que el coche reanude la marcha y complete nuevos trayectos hasta que alguien la cierre correctamente. Se trata de una fricción básica, casi doméstica, que convierte un simple despiste en un problema operativo y explica por qué la compañía tiene que recurrir a apoyo humano para devolver sus vehículos al servicio cuanto antes.

Waymo
Waymo

Pagar a repartidores. La compañía está probando en Atlanta un sistema que avisa a repartidores cercanos de aplicaciones como DoorDash cuando uno de sus vehículos queda con la puerta abierta. La propuesta es sencilla: acercarse, cerrarla y permitir que el robotaxi vuelva a operar. Los medios citan incluso el caso de un conductor al que se le ofrecieron 11,25 dólares por esa tarea puntual. También detallan un encargo similar dividido entre 6,25 dólares por el desplazamiento y otros 5 tras verificar el cierre.

No es un caso aislado. El piloto de Atlanta no es la única muestra de esta dependencia puntual de ayuda humana.Waymo también ha recurrido a usuarios de Honk, una plataforma de asistencia en carretera, para resolver situaciones similares en otras ciudades estadounidenses. En este caso, algunos colaboradores llegaron a recibir ofertas de hasta 24 dólares por cerrar la puerta de un robotaxi detenido. Más que una anécdota local, estos ejemplos dibujan un patrón operativo claro: cuando el vehículo queda inmovilizado por un detalle menor, la solución más rápida sigue pasando por enviar a una persona.

Puertas automáticas, en camino. Hoy Waymo funciona con una flota formada íntegramente por vehículos eléctricos Jaguar I-PACE adaptados para conducción autónoma, que todavía dependen de intervención humana en situaciones como esta. Pero la compañía propiedad de Google asegura que ese desfase tiene fecha de caducidad, aunque sin concretarla: adelantó que sus futuros robotaxis dispondrán de cierre automático. Mientras tanto, el presente del coche autónomo continúa mostrando esa doble cara: sofisticación en la conducción y dependencia humana en los detalles más simples.

Imágenes | Xataka

En Xataka | Cuando San Francisco sufrió un apagón, sus calles se hundieron en el caos por un motivo: coches autónomos tirados

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Los países están desesperados por subir sus tasas de natalidad. Tienen un arma sencillísima de aplicar: el teletrabajo

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El envejecimiento de la población es uno de los problemas más acuciantes para las grandes economías de todo el mundo. La tasa de natalidad es un pilar en la economía de un país, ya que de ella depende la economía, el mercado laboral, la educación y la sanidad, entre otras muchas políticas.

Cuando los gobiernos hablan de “crisis de natalidad“, casi siempre recurren al mismo repertorio de soluciones: cheques bebé, deducciones fiscales o ayudas a la guardería. El problema es que, después de años aplicándolas, la fecundidad en la mayoría de países ricos sigue por los suelos. Sin embargo, un nuevo estudio plantea una nueva perspectiva: ¿y si la solución para el problema de natalidad estuviera en la forma en la que se trabaja? En ese escenario, el teletrabajo aparece como una palanca sorprendentemente potente.

Teletrabajar para tener más hijos. Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Stanford ha descubierto que ofrecer flexibilidad laboral y teletrabajo mejora la tasa de fecundidad en parejas en las que uno de los miembros teletrabaja.

Los investigadores no midieron el número de nacimientos (natalidad), sino el indicador de fecundidad. Es decir, el número de hijos que los participantes dicen que planean tener. El resultado es difícil de ignorar porque alguien que no dispone de tiempo libre o que considera que no podría asumir la crianza de un hijo, ni se plantea tenerlo. Es decir, no existe esa predisposición, lo cual no ayuda a que la tasa de natalidad crezca.

Según el estudio, pasar de no tener opción de teletrabajo a teletrabajar cinco días por semana, se asocia con un aumento aproximado de 0,13 hijos por mujer en términos de fecundidad prevista. Eso equivale a un incremento de entre el 7% y el 8% sobre la media del grupo analizado.

Natalidad y fecundidad no son lo mismo. Cabe destacar que hablar de natalidad y fecundidad representa escenarios diferentes, y esa confusión puede distorsionar el debate.

La natalidad es el número de nacimientos que ocurren en un país durante un periodo concreto. Es el dato más habitual al hablar de natalidad ya que determina en, términos reales, el número de nacimientos anuales, y permite confrontarlo con el número de defunciones para fijar el equilibrio demográfico.

La fecundidad, en cambio, es un indicador de fondo. Representa el número de hijos que tiene (o se espera que tenga) una mujer a lo largo de su vida. Se suele expresar como Tasa Global de Fecundidad (TGF). 

La diferencia entre ambos conceptos es importante. Mientras la tasa de natalidad puede variar año a año (por ejemplo, adelantando decisiones o como respuesta a determinadas políticas) sin cambiar la tendencia estructural, la tasa de fecundidad es una métrica a largo plazo: indica si una mujer se plantea tener un solo hijo (no importa el año) o más.

Motivados para tener hijos. Ejemplos como Corea de Sur o Japón dejan constancia de lo complicado, y lo caro, que resulta cambiar una tendencia de natalidad a la baja. Es por eso que el incremento de esa intención de tener hijos, sin hacer ninguna inversión ni aplicar políticas fiscales adicionales, es muy llamativa.

Los resultados del estudio plantean que, tal vez, el camino no sea subsidiar el nacimiento de más niños, sino que la organización del trabajo de los padres sea compatible con su crianza.

No es por dinero: es por tiempo. Durante años, la respuesta política ha sido bastante predecible. Tener hijos es caro, así que hay que poner dinero encima de la mesa para aligerar esa carga. El problema es que, aunque en la mayoría de hogares necesitan dos sueldos para subsistir, el recurso realmente escaso es el tiempo para cuidar de los hijos.

El teletrabajo, y la flexibilidad horaria han reducido esa fricción diaria ya que implica menos tiempo en desplazamientos, mayor control sobre horarios y, sobre todo, mayor capacidad de reacción ante imprevistos para el cuidado de los hijos. El informe ‘Women in the Workplace’ elaborado por McKinsey mostraba que la falta de flexibilidad horaria obliga a muchas mujeres a reducir su jornada o estancar su carrera profesional.

Este punto, las conclusiones de los investigadores de Stanford encajan con los datos que Pew Research obtuvo en una encuesta anterior: incluso con las dificultades para conciliar familia y trabajo, la mayoría de los encuestados consideraban que era necesario seguir trabajando y no querían sacrificar su carrera profesional. Lo que necesitaban era un empleo que no incompatibilice la vida laboral y el cuidado de los hijos.

Necesita inversión, pero sale barato. El estudio concluye que para igualar la tasa de fecundidad que consigue el teletrabajo, sería necesario aplicar políticas fiscales e incentivos con un coste muy superior. Una guardería subvencionada puede mejorar la situación, pero ninguna de esas medidas facilita el cuidado de los hijos en el día a día, ni incentiva a las familias a tener más hijos que les compliquen todavía más la logística. La disponibilidad horaria y la flexibilidad del teletrabajo sí lo hace.

Esto no significa que la implantación del teletrabajo sea gratis. Tiene costes organizativos para las empresas, no se puede teletrabajar en todos los sectores y puede generar desigualdades entre empleados cuyos puestos sí permiten el teletrabajo y quienes no.

En Xataka | Llevamos cuatro años teletrabajando y un estudio ha llegado a una conclusión: trabajar desde casa nos hace más felices

Imagen | Pexels (Anastasia Shuraeva)

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En plena crisis de la RAM, Intel contraataca con ZAM. Es el chip para romper la hegemonía surcoreana

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Pocos habrían adivinado hace no tantos años la transformación de Intel. La empresa que dominara durante generaciones los procesadores de consumo y servidores ha pasado un auténtico calvario por el desierto bajo el dominio de AMD. Sin embargo, han vuelto por sus fueros y no sólo –rescate mediante– se han posicionado para ser la gran fundición estadounidense, sino que buscan pegar un mordisco a la gigantesca industria surcoreana de memoria RAM gracias a su nueva memoria: la memoria ZAM.

Y su arma es la tridimensionalidad.

Z de ‘zolución’. ¿Recuerdas cuando, en clase de matemáticas, dibujaste el primer cubo? El eje X es este-oeste. El eje Y es norte-sur. Lo que necesitaba el cuadrado para convertirse en un cubo es el eje Z, el de arriba y abajo. Eso es lo que los ingenieros de SAIMEMORY, la empresa resultante de la colaboración entre la japonesa SoftBank e Intel, han aplicado a la memoria DRAM tradicional con un único objetivo: asaltar el enorme mercado de la memoria de alto ancho de banda, o HBM, que domina los centros de datos.

Hojaldre. Hace unos meses te contamos que las dos empresas habían emprendido un camino conjunto para plantar cara al dominio de Samsung, SK Hynix y Micron en la creación de memoria de alto rendimiento. La memoria HBM es la preferida para los centros de datos debido a que cuenta con un ancho de banda bestial que permite un mayor número de operaciones simultáneas. Es como una autopista enorme. Sin embargo, tiene limitaciones: es cara de producir, necesita mucha energía y se calienta tanto como para necesitar costosos sistemas de disipación.

La memoria DRAM convencional no era una alternativa, pero Intel y SoftBank empezaron a ‘trastear’ con la memoria DRAM apilada. Es como un hojaldre de memoria RAM (simplificando mucho las cosas), cuya limitación principal llegaba a la hora de conectar cada una de esas delgadas capas de memoria para que el producto final tuviese las mismas capacidades que esa autovía que es la memoria HBM.

ZAM. Tras unos meses de investigación, hace unos días en el Intel Connection de Japón, SAIMEMORY e Intel presentaron el prototipo de ZAM. Según las compañías, un módulo de ZAM puede contar con una capacidad de hasta 512 GB, es fácil de producir debido a que consiste en diseñar chips apilados verticalmente y lo más importante: puede reducir el consumo de energía entre un 40% y un 50% respecto a los HBM convencionales.

Si los HBM son caros y tardan en producirse, los ZAM son más baratos, pueden ser la solución para aliviar las restricciones en la cadena de suministro y, además, bajarían el consumo de energía de los centros de datos (que es uno de los problemas que tienen), siendo además más fáciles de enfriar. De momento, la investigación de la compañía apunta a un límite teórico de 20 capas, pero los diseños actuales se mueven alrededor de las 16 capas, por lo que las prestaciones pueden ser mejores si se logra superar esa limitación actual.

Alternativa real. La ambición de Intel es total, ya que apuntan que su tecnología de unión de módulos DRAM permite ofrecer de dos a tres veces la capacidad de los módulos HBM a la vez que es hasta un 60% más económico de producir. 

Todo parece una ventaja y no parece una mala tecnología cuando gigantes consolidados en la creación de memoria HBM como Samsung también están investigando cómo superar las limitaciones de las conexiones en la memoria DRAM apilada.

Intel ZAM
Intel ZAM

El prototipo | Foto de PCWatch

Ambición. Y, casi tan importante como la presentación del prototipo de ZAM, es la propia alianza. Intel lleva muchos años lejos del mercado de la memoria. Lo intentó en los 80 y, de nuevo, años más tarde con su tecnología Optane -que murió estrepitosamente sin hacerse el más mínimo hueco en el mercado-. Por otra parte, SoftBank representa a un Japón que tuvo la delantera en este sector en los 80, pero que se vio eclipsado por las compañías emergentes surcoreanas. De hecho, a las memorias de Intel se la comieron las japonesas… y a las japonesas las surcoreanas.

SAIMEMORY tiene detrás no sólo a esos tiburones, sino a otras empresas japonesas como Fujitsu, Shinko Electric Industries, PowerChip Semiconductor Manufacturing o la Universidad de Tokio. Y si la memoria ZAM funciona a nivel comercial, no sólo será una buena noticia para aliviar las cadenas de producción de memoria (quizá así se alivie también el mercado doméstico totalmente destruido por las necesidades de los centros de datos), sino que marcará el nacimiento de un nuevo y ambicioso jugador que busca romper la hegemonía del tridente que lidera en estos momentos.

Lo veremos, eso sí, en unos años, ya que SAIMEMORY planea terminar los prototipos en el año fiscal 2027 y empezar la comercialización en 2029.

Imagen | Samsung, Maxence Pira

En Xataka | El CEO de Nothing tiene claro que no necesitamos un móvil de gama alta cada año. Una mezcla de crisis de RAM y sentido común

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