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para los psicólogos el gran reto es “renegociar la convivencia”
A sus 32 años, la maleta en el pasillo de la casa de sus padres no es una señal de visita, sino de mudanza. El cuarto que dejó hace un lustro sigue allí, pero él ya no es el mismo, ni sus padres tienen la misma energía. Esta escena, que se repite en miles de hogares españoles, es el rostro de la llamada “generación bumerán”. Como describe la psicoterapeuta familiar Xiomara Reina en La Vanguardia, volver al hogar no es solo una cuestión de compartir techo; es un desafío a la identidad en un momento en que “todo lo que parecía estable deja de serlo”.
La realidad estadística en España ha alcanzado un punto de inflexión crítico. Según el Consejo de la Juventud de España (CJE), la tasa de emancipación ha caído al 15,2%, el dato más bajo registrado en un segundo semestre desde que existen registros. A pesar de que la edad media para independizarse ya superaba los 30 años en informes previos, el escenario actual muestra una parálisis casi total del proyecto vital joven.
En el informe del think tank Funcas revela un cambio de paradigma histórico: hoy, solo el 43% de las mujeres y el 32% de los hombres de entre 30 y 34 años viven en pareja, una caída drástica frente al 80% que lo hacía en 1970. El resultado es un aumento de los hogares intergeneracionales. Como señala el informe, en 2024 un 6% de los hogares españoles ya albergaba al menos a tres generaciones conviviendo bajo el mismo techo, una tendencia de “emergencia” donde la familia se aglutina en espacios no siempre preparados para ello.
Una tormenta económica perfecta
¿Por qué un adulto con estudios y trabajo se ve obligado a regresar? La respuesta es puramente aritmética. El barómetro del CJE advierte que, con el alquiler a un precio récord de 1.080 euros mensuales, una persona joven asalariada tendría que destinar el 92,3% de su sueldo únicamente al arrendamiento. Si sumamos suministros básicos, el coste supera el 100% de los ingresos medios, dejando la supervivencia en manos de la ayuda familiar.
A esto se suma la presión geográfica. Según datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que ciudades como Madrid y Barcelona están perdiendo población nacional debido a que el esfuerzo para alquilar una vivienda adecuada exige entre el 80% y el 90% de la renta familiar. Este “motor migratorio de dos velocidades” expulsa a los residentes hacia la periferia o de vuelta al hogar de origen.
Pero no solo la economía empuja el bumerán; los eventos personales “shocks” son determinantes. Aunque estudios internacionales –como el de la Universidad de Essex en Reino Unido o la encuesta de Thrivent en EEUU– analizan esta tendencia, en España el impacto es idéntico: la pérdida de empleo y las rupturas de pareja con un repunte del 8,2% en 2024, alcanzando las 86.595 disoluciones matrimoniales. Con una edad media de ruptura que ya roza los 50 años, este fenómeno no solo afecta a los jóvenes, sino que empuja a adultos de mediana edad de vuelta al hogar de unos padres octogenarios, reconfigurando por completo la estructura familiar tradicional.
El peligro de la “regresión”
Cuando el hijo adulto cruza el umbral de casa, el tiempo parece retroceder de forma peligrosa. Es lo que el diario The Guardian define como “modo adolescente”. El psicoterapeuta Satya Doyle Byock explica que este retorno puede provocar una “regresión psicológica” donde adultos de 30 o 40 años vuelven a ser hoscos, dejan de limpiar o se sienten infantilizados por unos padres que retoman automáticamente su rol de cuidadores.
Para que este regreso forzado no transforme el hogar en una olla a presión, la receta de los expertos no pasa por la resignación, sino por una renegociación activa de la realidad. Xiomara Reina advierte que el error más frecuente —y a menudo el más bienintencionado— es que los padres minimicen el dolor del hijo o intenten “animarlo” demasiado rápido. El adulto que vuelve suele cargar con una mochila pesada de frustración, derrota y una vergüenza silenciosa. Por ello, la clave reside en tratar la convivencia como un contrato entre adultos y no como un retorno a la infancia.
Es fundamental establecer lo que podríamos llamar una “Constitución” doméstica desde el primer día. No se puede dar nada por hecho; es imprescindible hablar con claridad sobre horarios de entrada, reparto de limpieza y organización de comidas. En este nuevo equilibrio, las “aportaciones simbólicas” juegan un papel psicológico esencial. Incluso si el hijo no puede pagar un alquiler de mercado, colaborar con la compra, pagar internet o encargarse de reparaciones ayuda a preservar su dignidad y evita que en los padres germine un resentimiento silencioso por sentirse servidores eternos. Finalmente, plantear la estancia como una transición con un horizonte temporal claro, revisando la situación periódicamente, permite que el hogar familiar sea una red de seguridad y no un estancamiento definitivo.
Desde la perspectiva de la salud mental, el estudio de PLOS ONE sugiere una lectura compleja: aunque vivir con los padres alivia el estrés financiero, la falta de autonomía puede empeorar los síntomas de depresión si la convivencia es conflictiva. Por otro lado, los padres “conectados” con sus hijos suelen tener mejor salud mental durante procesos de duelo o divorcios tardíos (silver splits), según el informe de Lisa Jessee y Deborah Carr.
En Alemania, el concepto de “casa multigeneracional” se plantea como una solución planificada con espacios independientes. En España, el modelo es de “resistencia”. El documento del CJE sobre el Youth Test propone que las políticas públicas deben evaluarse bajo un impacto intergeneracional: la precariedad del hijo es, en última instancia, una carga para la vejez del padre.
Como reflexiona Gretchen Rubin en The Atlantic, debemos cambiar la metáfora del “nido vacío” por la de la “puerta abierta”. La familia sigue siendo la red de seguridad última. Una etapa de oportunidad para que “padres e hijos se miren desde un lugar más humano y reparen conversaciones pendientes”.
El éxito de esta convivencia forzada no depende del dinero, sino de la autoconciencia. En un país donde independizarse es “prácticamente una quimera”, el hogar de los padres se ha convertido en el último reducto de resistencia frente a un mercado que expulsa a sus jóvenes. Pero para que el bumerán no rompa el cristal de la convivencia, la clave es una sola: dejar de tratar al adulto como un niño y al padre como un servidor eterno.
Imagen | Freepik
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un salto que merece la pena en casi todo
Movistar ha tardado más que otros operadores en subirse al carro del WiFi 7, pero ya lo ha hecho. Su nuevo router Smart WiFi 7 lleva un tiempo disponible para los clientes con fibra y, como suele ocurrir cada vez que la operadora estrena equipo, se abre el mismo debate de si merece la pena cambiar al nuevo. Si bien esta tecnología acaba siendo mejor en todo, dependerá de los dispositivos que tengas en casa que se vayan a conectar a la red. En este artículo repasamos las diferencias reales entre uno y otro, lo que cuesta el cambio y para quién tiene sentido hacerlo.
Concepto similar en diseño


A primera vista, los dos routers comparten filosofía, siendo equipos verticales que se apoyan sobre una peana y se colocan en cualquier rincón del salón sin demasiado disimulo. Pero ahí terminan los parecidos estéticos. El Smart WiFi 6 mantiene una carcasa blanca y gris, mientras que el nuevo Smart WiFi 7 apuesta por una combinación de negro y azul y se sitúa de canto.
Los botones de reset, WPS y la toma telefónica se mantienen casi idénticos. Quizás el cambio más visible en este sentido es que el interruptor de encendido pasa a ser un botón.
Qué cambia por dentro: tecnología, antenas y puertos
La diferencia importante no está en la carcasa, sino en las tripas del aparato. El Smart WiFi 6 monta nueve antenas internas (5×5 en la banda de 5 GHz y 4×4 en la de 2,4 GHz). El nuevo Smart WiFi 7 incorpora diez antenas, nueve con configuración MU-MIMO y una adicional para el soporte DFS.
Eso sí, hay un detalle que conviene tener claro: el router de Movistar no opera en la banda de 6 GHz, una de las grandes promesas del estándar WiFi 7.
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router smart wifi 6 |
router smart wifi 7 |
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Nueve antenas:
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Nueve antenas:
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Cuatro puertos Ethernet. Un puerto óptico SC/APC compatible con redes GPON. |
Tres puertos Gigabit Ethernet. Un puerto de hasta 10 Gbps. Un puerto óptico SC/APC compatible con redes GPON y XGS-PON. |
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WiFi 6 (802.11ax, compatible con 802.11 ac/n) |
WiFi 7 (802.11be, compatible con 802.11ax/ac/n)
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Seguridad WPA3 |
Seguridad WPA3 |
En conectividad por cable también hay un salto importante. El modelo anterior ofrecía cuatro puertos Gigabit Ethernet. El nuevo conserva tres puertos Gigabit, pero suma un puerto de hasta 10 Gbps preparado para sacar partido a la fibra simétrica de máxima velocidad. También cambia el puerto óptico SC/APC, pues ahora es compatible con redes XGS-PON, además de las GPON.
Sobre el rendimiento, desde Movistar cuentan que el nuevo router es hasta 2,5 veces más veloz, tiene un 50% menos de latencia, un 70% más de capacidad de tráfico y un 9% menos de consumo eléctrico. Además, según la compañía, añade una mejora del 10% en cobertura respecto al modelo previo.
La capacidad extra es probablemente el dato que más nos puede interesar en un hogar medio, ya que la casa cada vez está más plagada de cámaras, televisores, altavoces, robots aspiradores y consolas competiendo por la misma red.
Qué aporta realmente el WiFi 7


Para entender por qué Movistar habla de estas mejoras conviene tener claro qué es WiFi 7. Se trata del estándar 802.11be, sucesor del WiFi 6 y del WiFi 6E, y la WiFi Alliance le dio luz verde a la tecnología durante el CES de 2024.
Entre sus beneficios contamos con canales de hasta 320 MHz, el doble de ancho que en WiFi 6. También ofrece modulación 4K-QAM, que permite empaquetar más datos en cada transmisión. Además de ello, WiFi 7 incorpora la tecnología MLO (Multi-Link Operation), que quizás es la que más nos interesa en casa y que permite a un dispositivo enviar y recibir datos por varias bandas a la vez. En la teoría podríamos llegar a velocidades de hasta 46 Gbps frente a los 9,6 Gbps del WiFi 6.
El matiz importante es que estas ventajas solo se materializan si el dispositivo que se conecta también es compatible con WiFi 7. Un portátil o un móvil de hace unos años se conectará al router nuevo sin problema, pero seguirá funcionando bajo el estándar anterior. Por lo tanto, no notarás un cambio sustancial en velocidad mientras no cuentes con un equipo compatible con esta tecnología.
Lo que no cambia
Hay funciones que se mantienen idénticas en los dos modelos. Ambos permiten unificar las bandas de 2,4 GHz y 5 GHz bajo un único SSID, ambos se gestionan desde la aplicación móvil Smart WiFi de Movistar (para iOS y Android), los dos son compatibles con el amplificador Smart WiFi 6 para extender la cobertura y los dos funcionan con la fibra FTTR del operador (el servicio de Movistar que usa un hilo de fibra ultrafino para llevar la conexión a cada rincón de la casa). Tampoco cambia la seguridad, pues ambos routers siguen utilizando el protocolo WPA3.
Cuánto cuesta y cómo conseguirlo
La vía más directa para llevarse el Smart WiFi 7 sin pagar nada extra pasa por contratar la fibra de 10 Gbps de Movistar. Da igual si se trata de un alta nueva, una portabilidad o un cliente que ya está en la compañía y decide subir a esa modalidad, pues en todos los casos el router entra incluido. Movistar comercializa esta velocidad por cinco euros más al mes sobre la tarifa habitual.
También hay buenas noticias para quienes contraten otras tarifas de la compañía. Tal y como comentábamos recientemente, el equipo se incluye sin coste en las nuevas altas de tarifas miMovistar desde el 16 de febrero de 2026, y la web del operador ya lo ofrece junto al paquete miMovistar Ilimitado con fibra de 1 Gbps o con 600 Mbps. Pero ojo: si la contratación es de fibra sin ningún otro servicio adicional, el equipo que se entrega sigue siendo el Smart WiFi 6.
Si eres cliente de alguna tarifa de fibra, es posible que Movistar ya te haya contactado para cambiarte el router. En caso contrario, puedes adquirirlo por separado:
- Modalidad autoinstalable: 60 euros (frente a los 50 euros que cuesta el Smart WiFi 6).
- Con instalación por técnico: 110 euros (frente a los 100 euros del modelo anterior).
Como con el modelo anterior, el router se entrega en régimen de cesión: el cliente paga una sola vez en factura, pero debe devolverlo si se da de baja o se cambia de operador. En caso contrario, Movistar aplica una penalización.
Entonces, ¿merece la pena el cambio?
La respuesta corta es: depende mucho del escenario.
Si te lo acaban ofreciendo sin coste por dar de alta una nueva línea con una tarifa compatible o por contratar la fibra de 10 Gbps, claro que sí. Aunque los dispositivos de casa todavía no sean WiFi 7, el router seguirá ofreciendo mejor capacidad para gestionar muchas conexiones simultáneas y un puerto de 10 Gbps que blinda el equipo de cara al futuro.
Si en cambio te ves en la situación de pagar 60 o 110 euros para cambiar el actual Smart WiFi 6, honestamente no. Las ventajas reales del WiFi 7 solo se aprovechan con dispositivos compatibles, y el puerto de 10 Gbps únicamente tiene sentido si se contrata la fibra simétrica más rápida, que conlleva ese sobrecoste mensual. Para un hogar con la fibra de 1 Gbps y unos cuantos móviles y portátiles de hace dos o tres años, el salto va a ser más bien modesto.
Imagen de portada | Movistar
En Xataka | Guía de las luces de tu router: qué significa cada piloto luminoso y que esté encendido o apagado
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un salto que merece la pena en casi todo
Movistar ha tardado más que otros operadores en subirse al carro del WiFi 7, pero ya lo ha hecho. Su nuevo router Smart WiFi 7 lleva un tiempo disponible para los clientes con fibra y, como suele ocurrir cada vez que la operadora estrena equipo, se abre el mismo debate de si merece la pena cambiar al nuevo. Si bien esta tecnología acaba siendo mejor en todo, dependerá de los dispositivos que tengas en casa que se vayan a conectar a la red. En este artículo repasamos las diferencias reales entre uno y otro, lo que cuesta el cambio y para quién tiene sentido hacerlo.
Concepto similar en diseño


A primera vista, los dos routers comparten filosofía, siendo equipos verticales que se apoyan sobre una peana y se colocan en cualquier rincón del salón sin demasiado disimulo. Pero ahí terminan los parecidos estéticos. El Smart WiFi 6 mantiene una carcasa blanca y gris, mientras que el nuevo Smart WiFi 7 apuesta por una combinación de negro y azul y se sitúa de canto.
Los botones de reset, WPS y la toma telefónica se mantienen casi idénticos. Quizás el cambio más visible en este sentido es que el interruptor de encendido pasa a ser un botón.
Qué cambia por dentro: tecnología, antenas y puertos
La diferencia importante no está en la carcasa, sino en las tripas del aparato. El Smart WiFi 6 monta nueve antenas internas (5×5 en la banda de 5 GHz y 4×4 en la de 2,4 GHz). El nuevo Smart WiFi 7 incorpora diez antenas, nueve con configuración MU-MIMO y una adicional para el soporte DFS.
Eso sí, hay un detalle que conviene tener claro: el router de Movistar no opera en la banda de 6 GHz, una de las grandes promesas del estándar WiFi 7.
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Nueve antenas:
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Cuatro puertos Ethernet. Un puerto óptico SC/APC compatible con redes GPON. |
Tres puertos Gigabit Ethernet. Un puerto de hasta 10 Gbps. Un puerto óptico SC/APC compatible con redes GPON y XGS-PON. |
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WiFi 6 (802.11ax, compatible con 802.11 ac/n) |
WiFi 7 (802.11be, compatible con 802.11ax/ac/n)
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Seguridad WPA3 |
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En conectividad por cable también hay un salto importante. El modelo anterior ofrecía cuatro puertos Gigabit Ethernet. El nuevo conserva tres puertos Gigabit, pero suma un puerto de hasta 10 Gbps preparado para sacar partido a la fibra simétrica de máxima velocidad. También cambia el puerto óptico SC/APC, pues ahora es compatible con redes XGS-PON, además de las GPON.
Sobre el rendimiento, desde Movistar cuentan que el nuevo router es hasta 2,5 veces más veloz, tiene un 50% menos de latencia, un 70% más de capacidad de tráfico y un 9% menos de consumo eléctrico. Además, según la compañía, añade una mejora del 10% en cobertura respecto al modelo previo.
La capacidad extra es probablemente el dato que más nos puede interesar en un hogar medio, ya que la casa cada vez está más plagada de cámaras, televisores, altavoces, robots aspiradores y consolas competiendo por la misma red.
Qué aporta realmente el WiFi 7


Para entender por qué Movistar habla de estas mejoras conviene tener claro qué es WiFi 7. Se trata del estándar 802.11be, sucesor del WiFi 6 y del WiFi 6E, y la WiFi Alliance le dio luz verde a la tecnología durante el CES de 2024.
Entre sus beneficios contamos con canales de hasta 320 MHz, el doble de ancho que en WiFi 6. También ofrece modulación 4K-QAM, que permite empaquetar más datos en cada transmisión. Además de ello, WiFi 7 incorpora la tecnología MLO (Multi-Link Operation), que quizás es la que más nos interesa en casa y que permite a un dispositivo enviar y recibir datos por varias bandas a la vez. En la teoría podríamos llegar a velocidades de hasta 46 Gbps frente a los 9,6 Gbps del WiFi 6.
El matiz importante es que estas ventajas solo se materializan si el dispositivo que se conecta también es compatible con WiFi 7. Un portátil o un móvil de hace unos años se conectará al router nuevo sin problema, pero seguirá funcionando bajo el estándar anterior. Por lo tanto, no notarás un cambio sustancial en velocidad mientras no cuentes con un equipo compatible con esta tecnología.
Lo que no cambia
Hay funciones que se mantienen idénticas en los dos modelos. Ambos permiten unificar las bandas de 2,4 GHz y 5 GHz bajo un único SSID, ambos se gestionan desde la aplicación móvil Smart WiFi de Movistar (para iOS y Android), los dos son compatibles con el amplificador Smart WiFi 6 para extender la cobertura y los dos funcionan con la fibra FTTR del operador (el servicio de Movistar que usa un hilo de fibra ultrafino para llevar la conexión a cada rincón de la casa). Tampoco cambia la seguridad, pues ambos routers siguen utilizando el protocolo WPA3.
Cuánto cuesta y cómo conseguirlo
La vía más directa para llevarse el Smart WiFi 7 sin pagar nada extra pasa por contratar la fibra de 10 Gbps de Movistar. Da igual si se trata de un alta nueva, una portabilidad o un cliente que ya está en la compañía y decide subir a esa modalidad, pues en todos los casos el router entra incluido. Movistar comercializa esta velocidad por cinco euros más al mes sobre la tarifa habitual.
También hay buenas noticias para quienes contraten otras tarifas de la compañía. Tal y como comentábamos recientemente, el equipo se incluye sin coste en las nuevas altas de tarifas miMovistar desde el 16 de febrero de 2026, y la web del operador ya lo ofrece junto al paquete miMovistar Ilimitado con fibra de 1 Gbps o con 600 Mbps. Pero ojo: si la contratación es de fibra sin ningún otro servicio adicional, el equipo que se entrega sigue siendo el Smart WiFi 6.
Si eres cliente de alguna tarifa de fibra, es posible que Movistar ya te haya contactado para cambiarte el router. En caso contrario, puedes adquirirlo por separado:
- Modalidad autoinstalable: 60 euros (frente a los 50 euros que cuesta el Smart WiFi 6).
- Con instalación por técnico: 110 euros (frente a los 100 euros del modelo anterior).
Como con el modelo anterior, el router se entrega en régimen de cesión: el cliente paga una sola vez en factura, pero debe devolverlo si se da de baja o se cambia de operador. En caso contrario, Movistar aplica una penalización.
Entonces, ¿merece la pena el cambio?
La respuesta corta es: depende mucho del escenario.
Si te lo acaban ofreciendo sin coste por dar de alta una nueva línea con una tarifa compatible o por contratar la fibra de 10 Gbps, claro que sí. Aunque los dispositivos de casa todavía no sean WiFi 7, el router seguirá ofreciendo mejor capacidad para gestionar muchas conexiones simultáneas y un puerto de 10 Gbps que blinda el equipo de cara al futuro.
Si en cambio te ves en la situación de pagar 60 o 110 euros para cambiar el actual Smart WiFi 6, honestamente no. Las ventajas reales del WiFi 7 solo se aprovechan con dispositivos compatibles, y el puerto de 10 Gbps únicamente tiene sentido si se contrata la fibra simétrica más rápida, que conlleva ese sobrecoste mensual. Para un hogar con la fibra de 1 Gbps y unos cuantos móviles y portátiles de hace dos o tres años, el salto va a ser más bien modesto.
Imagen de portada | Movistar
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hay partes del mundo acercándose peligrosamente al límite fisiológico del ser humano
El miércoles 27 de mayo, a las 10 de la mañana, los termómetros de Yacobabad alcanzaban 49 grados. La ciudad del centro de Pakistán es uno de los lugares más cálidos del mundo, con temperaturas medias en verano que superan los 37 grados. El único problema es que no es verano: rozar los 50 grados en mayo, incluso allí, son palabras mayores.
Tanto es así que la prensa (y las redes) se ha empezado a hablar de los “límites de la habitabilidad humana”, el punto a partir del cuál un humano no puede soportar más.
Porque sí, ese límite está empezando a cruzarse en otra parte y merece la pena mirar dónde.
¿Qué está pasando en el subcontinente indio? El Pakistan Meteorological Department (PMD) emitió el 23 de mayo una alerta de “ola de calor severa” que duraría del 25 al 31 de mayo de 2026. Hablamos de temperaturas previstas 4-6 °C por encima de lo normal en gran parte de Sind y en zonas de Baluchistán y el sur de Punyab. Pero, sobre todo, hablamos de temperaturas cercanas (o superiores) a los 45 grados en muchas partes de la India y Pakistán.
No obstante, lo peor no está ocurriendo en Sukkur a 49 °C con 15 % de humedad; está ocurriendo en Calcuta que disfruta de unos 38 °C, pero con 70 % de humedad.
El límite fisiológico del ser humano. Este concepto lleva varias décadas dando vueltas por el mundillo meteorológico. En 2010, Sherwood y Huber propusieron que el indicador fisiológico que importa no es la temperatura en entornos secos, sino la temperatura en entornos húmedos. Por en estos, llegado cierto punto el sudor no se evapora y, por tanto, el cuerpo no se puede refrigerar. Todo empieza a fallar.
En climas secos los riesgos vienen por otro lado (golpes de calor, deshidratación, colapso sistémico), pero en climas húmedos hay cierto umbrales donde lo que existe es una imposibilidad termodinámica de enfriarse.
La cifra que suele ponerse es la de 35 grados con una humedad muy alta. No está clara porque falta evidencia disponible, pero pronto la tenemos. De forma puntual, ya hemos empezado a ver esas configuraciones en el Golfo Pérsico.
¿Entonces lo de Pakistán y la India no es para tanto? Lo de Yacobabad es histórico, sí. Un mayo así no había sido registrado nunca. Pero lo peligroso de verdad está ocurriendo en otra parte: en las llanuras de los valles de Indo y el Ganges.
Un mundo donde es difícil vivir. No obstante, esto es solo un aviso. El 14 de mayo de 2026, World Weather Attribution (WWA) publicó un estudio de atribución rápida sobre el episodio del 15 al 29 de abril en el norte de India y Pakistán. No es este que tenemos entre manos, pero nos sirve de referencia: según el WWA, el cambio climático hizo tres veces más probable ese evento.
Ese es el futuro al que vamos. Por ello, la pregunta de si hay zonas del mundo que se van a convertir en sitios literalmente inhabitables está encima de la mesa.
Imagen | Windy (vía AbaloOrtega)
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