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Cuando los dramas médicos parecían de capa caída, apareció ‘The Pitt’. Y eso ha obligado a Netflix a tomar decisiones

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The Pitt’ se ha convertido en uno de los mayores éxitos de crítica y público de HBO Max en los últimos tiempos. Y Netflix ha reaccionado al descubrimiento de su rival incorporando a su catálogo las 15 temporadas completas de ‘Urgencias’. No es un caso aislado. Se han estrenado seis nuevos dramas médicos durante la temporada 2024-2025 en diferentes cadenas y plataformas. El patrón sugiere que el formato largo e intenso recupera parte del espacio que las temporadas cortas, al estilo de las series de prestigio de HBO, habían impuesto en la última década.

El fenómeno. La serie creada por R. Scott Gemmill está arrasando: un 93% en Rotten Tomatoes, dos Globos de Oro (Mejor serie dramática y Mejor actor), cinco Emmy (con trece nominaciones)… y las cifras de audiencia están siendo igual de contundentes: la primera temporada promedió 10 millones de espectadores por episodio, pero la segunda está multiplicando por tres ese dato. Todo un bombazo que está generando una previsible onda expansiva.

El por qué del éxito. Sus virtudes técnicas y artísticas, sobra decirlo, son muy notables, con su retrato febril de una noche en Urgencias, mezclando casos intrascendentes con auténticos desafíos médicos a vida o muerte, aderezados con circunstancias que complican cada temporada (tiroteos, avalanchas de enfermos, apagones). Pero el formato también explica parte del éxito: cada episodio representa una hora dentro de un turno de 15 horas en Urgencias, es decir, quince capítulos para un único día laboral.

La estructura en tiempo real, una reformulación de ’24’ en formato clínico, permite seguir casos médicos que se superponen mientras el personal lidia con falta de recursos y decisiones éticas bajo presión. Profesionales de emergencias en webs que recaban opiniones de espectadores, como IMDB, han destacado la precisión técnica de la serie, un detalle poco frecuente en el género. Casey Bloys, director ejecutivo de HBO Max, explicó que el modelo de producción de ‘The Pitt’ permite estrenar temporadas con doce meses de diferencia, frente a los 24 meses que requieren series como ‘La Casa del Dragón‘. “Este modelo podría aplicarse a futuras producciones”, declaró.

‘Urgencias’ en Netflix. Como respuesta, Netflix ha incorporado a su parrilla las 15 temporadas completas de ‘Urgencias’. Mientras su genuina sucesora alcanza cifras récord, Netflix recupera el título que estableció las reglas del género tres décadas antes. ‘Urgencias’ se emitió en NBC entre 1994 y 2009 y Michael Crichton, novelista y médico, escribió el guion original en 1974 basándose en su experiencia como estudiante en el Hospital General de Boston. Los estudios lo rechazaron durante años por considerarlo demasiado técnico y rápido, pero cuando finalmente llegó a la pantalla gracias a la producción de Spielberg, el programa acumuló 124 nominaciones a los Emmy, récord histórico para una serie, y ganó 23 estatuillas, incluida mejor serie dramática en 1996.

La influencia de ‘Urgencias’ en series posteriores es indicutible. ‘Anatomía de Grey’  (en Disney+) adoptó su estructura de casos semanales combinados con arcos dramáticos largos; ‘House’ (en Netflix, Prime Video, Movistar y SkyShowtime) tomó el enfoque procedimental aplicado a diagnósticos complejos; y ‘The Good Doctor’ (en Netflix, Movistar y Prime Video) heredó el equilibrio entre medicina y drama personal.

Avalancha de médicos. Hasta seis nuevos dramas médicos han llegado a streaming en los últimos meses, algunas gracias al éxito de ‘The Pitt’, otras siendo más o menos contemporáneas al estreno de la primera temporada de la serie de HBO Max. Fox estrenó ‘Doc’ (Movistar), que alcanzó 15,6 millones de espectadores en sus primeros 11 días. NBC lanzó dos propuestas: ‘Mentes brillantes’ (Movistar), centrada en casos neurológicos complejos, y ‘St. Denis Medical’, una comedia en formato de falso documental. CBS desarrolló ‘Watson’ (Movistar), donde el legendario compañero de Sherlock Holmes investiga misterios médicos en lugar de crímenes.

Netflix produjo ‘Pulso’, su primer drama médico en lengua inglesa, ambientado en un centro de traumatología de Miami. La plataforma también estrenó ‘Héroes de guardia’, una serie coreana sobre un traumatólogo que intenta reorganizar un hospital universitario. Ambos proyectos llegaron en 2025, el mismo año que ‘The Pitt’ se consolidaba en HBO Max. Algunos analistas apuntan a que la pandemia de COVID-19 centró la atención colectiva en los trabajadores sanitarios y los sistemas de salud. Cinco años después, superado el trauma, nos podemos permitir frivolizar las dinámicas de Urgencias con tramas casi detectivescas.

Por qué vuelven a triunfar. La crítica apunta a un par de posibles motivos para que este tipo de dramas vuelvan a las parrillas. Por una parte, es una alternativa (especialmente ‘The Pitt’) al formato predominante en los últimos tiempos de “historia completa que se desarrolla en ocho capítulos”. Aquí tenemos, en muchos casos, multitud de microhistorias/pacientes (en el caso de ‘The Pitt’ a veces casi son sketches) que comienzan y terminan en un mismo episodio, una estructura tradicional de la televisión pero que no suele verse en series de éxito. 

La fórmula también permite algo poco frecuente en la televisión actual: ver a profesionales competentes resolviendo problemas. Cada episodio presenta casos médicos nuevos mientras los arcos personales avanzan en segundo plano. El espectador sabe que el Dr. Robinavitch salvará vidas la noche que nos ocupa, aunque su trauma personal tarde quince episodios en resolverse. La combinación de casos que se resuelven de forma inmediata y el desarrollo lento para una trama secundaria también bebe de series como ‘Urgencias’ o ‘House’.

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Los Grammy agregan nueva categoría para premiar a la música pop de Asia en 2027

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

El director ejecutivo de los Grammy, Harvey Mason Jr., reveló este sábado que para la entrega de 2027 la Academia integró por primera vez en su historia un galardón para reconocer la música pop de Asia, a pesar de que el K-pop ha estado nominado en ediciones pasadas. 

A través de una entrevista para el sitio oficial de los premios, el director destacó que los cambios para las nuevas nominaciones ocurren en un contexto donde se busca ser más inclusivos para adaptarse al mundo de la música que está en constante cambio. 

Los Grammy debutarán su nueva categoría “Mejor Interpretación de Música Pop Asiática” con la que reconocerán a artistas K-pop de Corea del Sur y J-pop de Japón sin embargo, todos los cantantes de dicho continente podrán ser acreedores a una nominación.

“La música pop asiática es una de las fuerzas más importantes y constantes de la industria musical global. Su impacto es innegable y continúa creciendo y dando forma a la cultura musical en todo el mundo. Hay muchísima música proveniente desde esa región”, destacó Harvey. 

Cabe destacar que el grupo surcoreano BTS ha estado nominado en al menos cinco ocasiones convirtiéndose así en el primer grupo de K-pop en obtener un espacio entre los artistas internacionales que han peleado por una estatuilla. Sin embargo, BTS no ha ganado ningún premio Grammy. 

Su negativa dividió al público a nivel mundial debido a que Army aseguró que los integrantes del grupo más famoso de Corea del Sur estaban siendo víctimas de actos de xenofobia y que por esa razón estos no habían conseguido ser los ganadores pese al número de vistas, votos y más que consiguieron.

De forma oficial no se ha confirmado esta versión.

Finalmente, el director de los premios agregó que cuatro categorías más serán añadidas para la edición número 69 y estas serán: Mejor Canción Latina, Mejor Colaboración o Interpretación de Dúo / Grupo de R&B junto a una mejora de la ya existente Mejor Interpretación Solista de R&B; Mejor Álbum Flolclórico Contemporáneo y Tradicional. 

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Llevamos décadas buscando alienígenas de la forma equivocada. La solución podría estar en el polvo de la Luna

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Es posible que estemos buscando mal las huellas de civilizaciones extraterrestres. Según un estudio publicado recientemente por el astrofísico de Oxford Brian C. Lacki, el error ha estado en buscar firmas tecnológicas activas. Es decir, señales derivadas de tecnologías extraterrestres que se han emitido directamente. Estas señales se pierden con el tiempo. En cambio, las firmas tecnológicas que actúan pasivamente sobre la luz de una estrella son más fáciles de detectar. Y lo mejor es que, si no se logra dar con ellas, siempre se podría buscar en medio del regolito lunar. Todo esto suena muy disparatado, pero en realidad tiene sentido. 

¿Firmas activas o pasivas? Esa es la cuestión. Tradicionalmente, los proyectos de búsqueda de civilizaciones extraterrestres, como SETI, se han centrado en la detección de posibles señales de radio procedentes de sus tecnologías. No se trata de señales emitidas a propósito para que les encontremos, sino del resultado de su propia actividad tecnológica. 

El problema, según relata Lacki en su estudio, es que, si han seguido una evolución parecida a la nuestra, puede que no estén emitiendo en radio durante más de 100 años. Nosotros mismos hemos ido sustituyendo las emisiones en este rango por fibra óptica o satélites con emisiones dirigidas y muy poco “ruido” que pueda llegar hasta “cotillas intergalácticos”. ¿Qué nos lleva a pensar que ellos sí siguen siglo tras siglo usando las mismas tecnologías? Puede que sigan emitiendo, pero ya no en ondas de radio que se dispersen al espacio. El astrofísico de Oxford propone cambiar esta postura por la búsqueda de tecnofirmas pasivas. Es decir, firmas derivadas de la interacción de tecnologías inteligentes con la luz estelar.

Tres tipos. Hay tres tipos de tecnofirmas pasivas: las ocultadoras, las destellantes y las difusoras. Las primeras actúan de un modo parecido a un exoplaneta que pasa frente a su estrella. Cuando un objeto grande, como un satélite artificial, pasa frente a una estrella, la oscurece temporalmente. Esto podría confundirse con un exoplaneta, pero la idea es buscar ocultaciones con formas poco convencionales, que no se parezcan a nada conocido. 

En el caso de las firmas destellantes, serían aquellas producidas por dispositivos con espejos dirigidos a concentrar la luz de la estrella. Como si ellos tuviesen sus propias centrales solares. En un momento dado, este tipo de espejos podrían generar destellos observables desde la Tierra. Finalmente, las firmas difusoras esparcirían la luz en todas las direcciones, de modo que se observaría un cambio más tenue, en forma de modificación de color en el espectro de la luz. 

¿Y si ya no están? Si ya de por sí es complicado encontrar otras civilizaciones inteligentes, lo sería aún más localizar alguna que sea coetánea a la nuestra. Puede que, simplemente, encontremos tecnofirmas de una civilización que ya murió. En ese caso, o incluso si simplemente las tecnologías se han abandonado por otro motivo, ya no habría seres inteligentes encargándose del mantenimiento de los dispositivos, por lo que su órbita se acabaría desplazando y podrían colisionar entre ellos. Si esto pasa, es posible que se generen unos fragmentos de tamaño muy reducido, a los que este científico llama tecnogranos.

Son tan pequeños que la gravedad de la estrella no es capaz de atraerlos más de lo que los alejan los vientos estelares. Por eso, acabarían arrastrados de su vecindario y quedarían convertidos en una nube de polvo con la que eventualmente podría toparse nuestro sistema solar en su viaje a través de la galaxia.

Entra en juego la Luna. Si todo lo anterior ocurre, Lacki considera que podría ser que parte de ese polvo se depositase en la Luna, donde no hace viento ni hay procesos geológicos que alteren la superficie,  de modo que podrían permanecer por mucho tiempo. Por eso, para él, una forma de buscar tecnofirmas sería inspeccionar el regolito lunar, en busca de polvo que parezca tener un origen tecnológico. Eso, quizás, podría llevarnos hasta alguna civilización inteligente que nos haya pasado desapercibida.

En definitiva, según la curiosa percepción de este científico, cuando los viajes a la Luna se conviertan en algo más habitual que anecdótico, podríamos tener más fácil encontrar tecnofirmas. Eso sí, para ello, menos telescopios y más tamices. 

Imágenes | Leo Visions (Unsplash)

En Xataka | TRAPPIST-1 era el sistema solar más prometedor para buscar vida. Ahora nuestro gozo está en un pozo

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Llevamos décadas buscando alienígenas de la forma equivocada. La solución podría estar en el polvo de la Luna

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Es posible que estemos buscando mal las huellas de civilizaciones extraterrestres. Según un estudio publicado recientemente por el astrofísico de Oxford Brian C. Lacki, el error ha estado en buscar firmas tecnológicas activas. Es decir, señales derivadas de tecnologías extraterrestres que se han emitido directamente. Estas señales se pierden con el tiempo. En cambio, las firmas tecnológicas que actúan pasivamente sobre la luz de una estrella son más fáciles de detectar. Y lo mejor es que, si no se logra dar con ellas, siempre se podría buscar en medio del regolito lunar. Todo esto suena muy disparatado, pero en realidad tiene sentido. 

¿Firmas activas o pasivas? Esa es la cuestión. Tradicionalmente, los proyectos de búsqueda de civilizaciones extraterrestres, como SETI, se han centrado en la detección de posibles señales de radio procedentes de sus tecnologías. No se trata de señales emitidas a propósito para que les encontremos, sino del resultado de su propia actividad tecnológica. 

El problema, según relata Lacki en su estudio, es que, si han seguido una evolución parecida a la nuestra, puede que no estén emitiendo en radio durante más de 100 años. Nosotros mismos hemos ido sustituyendo las emisiones en este rango por fibra óptica o satélites con emisiones dirigidas y muy poco “ruido” que pueda llegar hasta “cotillas intergalácticos”. ¿Qué nos lleva a pensar que ellos sí siguen siglo tras siglo usando las mismas tecnologías? Puede que sigan emitiendo, pero ya no en ondas de radio que se dispersen al espacio. El astrofísico de Oxford propone cambiar esta postura por la búsqueda de tecnofirmas pasivas. Es decir, firmas derivadas de la interacción de tecnologías inteligentes con la luz estelar.

Tres tipos. Hay tres tipos de tecnofirmas pasivas: las ocultadoras, las destellantes y las difusoras. Las primeras actúan de un modo parecido a un exoplaneta que pasa frente a su estrella. Cuando un objeto grande, como un satélite artificial, pasa frente a una estrella, la oscurece temporalmente. Esto podría confundirse con un exoplaneta, pero la idea es buscar ocultaciones con formas poco convencionales, que no se parezcan a nada conocido. 

En el caso de las firmas destellantes, serían aquellas producidas por dispositivos con espejos dirigidos a concentrar la luz de la estrella. Como si ellos tuviesen sus propias centrales solares. En un momento dado, este tipo de espejos podrían generar destellos observables desde la Tierra. Finalmente, las firmas difusoras esparcirían la luz en todas las direcciones, de modo que se observaría un cambio más tenue, en forma de modificación de color en el espectro de la luz. 

¿Y si ya no están? Si ya de por sí es complicado encontrar otras civilizaciones inteligentes, lo sería aún más localizar alguna que sea coetánea a la nuestra. Puede que, simplemente, encontremos tecnofirmas de una civilización que ya murió. En ese caso, o incluso si simplemente las tecnologías se han abandonado por otro motivo, ya no habría seres inteligentes encargándose del mantenimiento de los dispositivos, por lo que su órbita se acabaría desplazando y podrían colisionar entre ellos. Si esto pasa, es posible que se generen unos fragmentos de tamaño muy reducido, a los que este científico llama tecnogranos.

Son tan pequeños que la gravedad de la estrella no es capaz de atraerlos más de lo que los alejan los vientos estelares. Por eso, acabarían arrastrados de su vecindario y quedarían convertidos en una nube de polvo con la que eventualmente podría toparse nuestro sistema solar en su viaje a través de la galaxia.

Entra en juego la Luna. Si todo lo anterior ocurre, Lacki considera que podría ser que parte de ese polvo se depositase en la Luna, donde no hace viento ni hay procesos geológicos que alteren la superficie,  de modo que podrían permanecer por mucho tiempo. Por eso, para él, una forma de buscar tecnofirmas sería inspeccionar el regolito lunar, en busca de polvo que parezca tener un origen tecnológico. Eso, quizás, podría llevarnos hasta alguna civilización inteligente que nos haya pasado desapercibida.

En definitiva, según la curiosa percepción de este científico, cuando los viajes a la Luna se conviertan en algo más habitual que anecdótico, podríamos tener más fácil encontrar tecnofirmas. Eso sí, para ello, menos telescopios y más tamices. 

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