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En plena crisis de la RAM, Intel contraataca con ZAM. Es el chip para romper la hegemonía surcoreana
Pocos habrían adivinado hace no tantos años la transformación de Intel. La empresa que dominara durante generaciones los procesadores de consumo y servidores ha pasado un auténtico calvario por el desierto bajo el dominio de AMD. Sin embargo, han vuelto por sus fueros y no sólo –rescate mediante– se han posicionado para ser la gran fundición estadounidense, sino que buscan pegar un mordisco a la gigantesca industria surcoreana de memoria RAM gracias a su nueva memoria: la memoria ZAM.
Y su arma es la tridimensionalidad.
Z de ‘zolución’. ¿Recuerdas cuando, en clase de matemáticas, dibujaste el primer cubo? El eje X es este-oeste. El eje Y es norte-sur. Lo que necesitaba el cuadrado para convertirse en un cubo es el eje Z, el de arriba y abajo. Eso es lo que los ingenieros de SAIMEMORY, la empresa resultante de la colaboración entre la japonesa SoftBank e Intel, han aplicado a la memoria DRAM tradicional con un único objetivo: asaltar el enorme mercado de la memoria de alto ancho de banda, o HBM, que domina los centros de datos.
Hojaldre. Hace unos meses te contamos que las dos empresas habían emprendido un camino conjunto para plantar cara al dominio de Samsung, SK Hynix y Micron en la creación de memoria de alto rendimiento. La memoria HBM es la preferida para los centros de datos debido a que cuenta con un ancho de banda bestial que permite un mayor número de operaciones simultáneas. Es como una autopista enorme. Sin embargo, tiene limitaciones: es cara de producir, necesita mucha energía y se calienta tanto como para necesitar costosos sistemas de disipación.
La memoria DRAM convencional no era una alternativa, pero Intel y SoftBank empezaron a ‘trastear’ con la memoria DRAM apilada. Es como un hojaldre de memoria RAM (simplificando mucho las cosas), cuya limitación principal llegaba a la hora de conectar cada una de esas delgadas capas de memoria para que el producto final tuviese las mismas capacidades que esa autovía que es la memoria HBM.
ZAM. Tras unos meses de investigación, hace unos días en el Intel Connection de Japón, SAIMEMORY e Intel presentaron el prototipo de ZAM. Según las compañías, un módulo de ZAM puede contar con una capacidad de hasta 512 GB, es fácil de producir debido a que consiste en diseñar chips apilados verticalmente y lo más importante: puede reducir el consumo de energía entre un 40% y un 50% respecto a los HBM convencionales.
Si los HBM son caros y tardan en producirse, los ZAM son más baratos, pueden ser la solución para aliviar las restricciones en la cadena de suministro y, además, bajarían el consumo de energía de los centros de datos (que es uno de los problemas que tienen), siendo además más fáciles de enfriar. De momento, la investigación de la compañía apunta a un límite teórico de 20 capas, pero los diseños actuales se mueven alrededor de las 16 capas, por lo que las prestaciones pueden ser mejores si se logra superar esa limitación actual.
Alternativa real. La ambición de Intel es total, ya que apuntan que su tecnología de unión de módulos DRAM permite ofrecer de dos a tres veces la capacidad de los módulos HBM a la vez que es hasta un 60% más económico de producir.
Todo parece una ventaja y no parece una mala tecnología cuando gigantes consolidados en la creación de memoria HBM como Samsung también están investigando cómo superar las limitaciones de las conexiones en la memoria DRAM apilada.

El prototipo | Foto de PCWatch
Ambición. Y, casi tan importante como la presentación del prototipo de ZAM, es la propia alianza. Intel lleva muchos años lejos del mercado de la memoria. Lo intentó en los 80 y, de nuevo, años más tarde con su tecnología Optane -que murió estrepitosamente sin hacerse el más mínimo hueco en el mercado-. Por otra parte, SoftBank representa a un Japón que tuvo la delantera en este sector en los 80, pero que se vio eclipsado por las compañías emergentes surcoreanas. De hecho, a las memorias de Intel se la comieron las japonesas… y a las japonesas las surcoreanas.
SAIMEMORY tiene detrás no sólo a esos tiburones, sino a otras empresas japonesas como Fujitsu, Shinko Electric Industries, PowerChip Semiconductor Manufacturing o la Universidad de Tokio. Y si la memoria ZAM funciona a nivel comercial, no sólo será una buena noticia para aliviar las cadenas de producción de memoria (quizá así se alivie también el mercado doméstico totalmente destruido por las necesidades de los centros de datos), sino que marcará el nacimiento de un nuevo y ambicioso jugador que busca romper la hegemonía del tridente que lidera en estos momentos.
Lo veremos, eso sí, en unos años, ya que SAIMEMORY planea terminar los prototipos en el año fiscal 2027 y empezar la comercialización en 2029.
Imagen | Samsung, Maxence Pira
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Los países están desesperados por subir sus tasas de natalidad. Tienen un arma sencillísima de aplicar: el teletrabajo
El envejecimiento de la población es uno de los problemas más acuciantes para las grandes economías de todo el mundo. La tasa de natalidad es un pilar en la economía de un país, ya que de ella depende la economía, el mercado laboral, la educación y la sanidad, entre otras muchas políticas.
Cuando los gobiernos hablan de “crisis de natalidad“, casi siempre recurren al mismo repertorio de soluciones: cheques bebé, deducciones fiscales o ayudas a la guardería. El problema es que, después de años aplicándolas, la fecundidad en la mayoría de países ricos sigue por los suelos. Sin embargo, un nuevo estudio plantea una nueva perspectiva: ¿y si la solución para el problema de natalidad estuviera en la forma en la que se trabaja? En ese escenario, el teletrabajo aparece como una palanca sorprendentemente potente.
Teletrabajar para tener más hijos. Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Stanford ha descubierto que ofrecer flexibilidad laboral y teletrabajo mejora la tasa de fecundidad en parejas en las que uno de los miembros teletrabaja.
Los investigadores no midieron el número de nacimientos (natalidad), sino el indicador de fecundidad. Es decir, el número de hijos que los participantes dicen que planean tener. El resultado es difícil de ignorar porque alguien que no dispone de tiempo libre o que considera que no podría asumir la crianza de un hijo, ni se plantea tenerlo. Es decir, no existe esa predisposición, lo cual no ayuda a que la tasa de natalidad crezca.
Según el estudio, pasar de no tener opción de teletrabajo a teletrabajar cinco días por semana, se asocia con un aumento aproximado de 0,13 hijos por mujer en términos de fecundidad prevista. Eso equivale a un incremento de entre el 7% y el 8% sobre la media del grupo analizado.
Natalidad y fecundidad no son lo mismo. Cabe destacar que hablar de natalidad y fecundidad representa escenarios diferentes, y esa confusión puede distorsionar el debate.
La natalidad es el número de nacimientos que ocurren en un país durante un periodo concreto. Es el dato más habitual al hablar de natalidad ya que determina en, términos reales, el número de nacimientos anuales, y permite confrontarlo con el número de defunciones para fijar el equilibrio demográfico.
La fecundidad, en cambio, es un indicador de fondo. Representa el número de hijos que tiene (o se espera que tenga) una mujer a lo largo de su vida. Se suele expresar como Tasa Global de Fecundidad (TGF).
La diferencia entre ambos conceptos es importante. Mientras la tasa de natalidad puede variar año a año (por ejemplo, adelantando decisiones o como respuesta a determinadas políticas) sin cambiar la tendencia estructural, la tasa de fecundidad es una métrica a largo plazo: indica si una mujer se plantea tener un solo hijo (no importa el año) o más.
Motivados para tener hijos. Ejemplos como Corea de Sur o Japón dejan constancia de lo complicado, y lo caro, que resulta cambiar una tendencia de natalidad a la baja. Es por eso que el incremento de esa intención de tener hijos, sin hacer ninguna inversión ni aplicar políticas fiscales adicionales, es muy llamativa.
Los resultados del estudio plantean que, tal vez, el camino no sea subsidiar el nacimiento de más niños, sino que la organización del trabajo de los padres sea compatible con su crianza.
No es por dinero: es por tiempo. Durante años, la respuesta política ha sido bastante predecible. Tener hijos es caro, así que hay que poner dinero encima de la mesa para aligerar esa carga. El problema es que, aunque en la mayoría de hogares necesitan dos sueldos para subsistir, el recurso realmente escaso es el tiempo para cuidar de los hijos.
El teletrabajo, y la flexibilidad horaria han reducido esa fricción diaria ya que implica menos tiempo en desplazamientos, mayor control sobre horarios y, sobre todo, mayor capacidad de reacción ante imprevistos para el cuidado de los hijos. El informe ‘Women in the Workplace’ elaborado por McKinsey mostraba que la falta de flexibilidad horaria obliga a muchas mujeres a reducir su jornada o estancar su carrera profesional.
Este punto, las conclusiones de los investigadores de Stanford encajan con los datos que Pew Research obtuvo en una encuesta anterior: incluso con las dificultades para conciliar familia y trabajo, la mayoría de los encuestados consideraban que era necesario seguir trabajando y no querían sacrificar su carrera profesional. Lo que necesitaban era un empleo que no incompatibilice la vida laboral y el cuidado de los hijos.
Necesita inversión, pero sale barato. El estudio concluye que para igualar la tasa de fecundidad que consigue el teletrabajo, sería necesario aplicar políticas fiscales e incentivos con un coste muy superior. Una guardería subvencionada puede mejorar la situación, pero ninguna de esas medidas facilita el cuidado de los hijos en el día a día, ni incentiva a las familias a tener más hijos que les compliquen todavía más la logística. La disponibilidad horaria y la flexibilidad del teletrabajo sí lo hace.
Esto no significa que la implantación del teletrabajo sea gratis. Tiene costes organizativos para las empresas, no se puede teletrabajar en todos los sectores y puede generar desigualdades entre empleados cuyos puestos sí permiten el teletrabajo y quienes no.
Imagen | Pexels (Anastasia Shuraeva)
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Cuando los dramas médicos parecían de capa caída, apareció ‘The Pitt’. Y eso ha obligado a Netflix a tomar decisiones
The Pitt’ se ha convertido en uno de los mayores éxitos de crítica y público de HBO Max en los últimos tiempos. Y Netflix ha reaccionado al descubrimiento de su rival incorporando a su catálogo las 15 temporadas completas de ‘Urgencias’. No es un caso aislado. Se han estrenado seis nuevos dramas médicos durante la temporada 2024-2025 en diferentes cadenas y plataformas. El patrón sugiere que el formato largo e intenso recupera parte del espacio que las temporadas cortas, al estilo de las series de prestigio de HBO, habían impuesto en la última década.
El fenómeno. La serie creada por R. Scott Gemmill está arrasando: un 93% en Rotten Tomatoes, dos Globos de Oro (Mejor serie dramática y Mejor actor), cinco Emmy (con trece nominaciones)… y las cifras de audiencia están siendo igual de contundentes: la primera temporada promedió 10 millones de espectadores por episodio, pero la segunda está multiplicando por tres ese dato. Todo un bombazo que está generando una previsible onda expansiva.
El por qué del éxito. Sus virtudes técnicas y artísticas, sobra decirlo, son muy notables, con su retrato febril de una noche en Urgencias, mezclando casos intrascendentes con auténticos desafíos médicos a vida o muerte, aderezados con circunstancias que complican cada temporada (tiroteos, avalanchas de enfermos, apagones). Pero el formato también explica parte del éxito: cada episodio representa una hora dentro de un turno de 15 horas en Urgencias, es decir, quince capítulos para un único día laboral.
La estructura en tiempo real, una reformulación de ’24’ en formato clínico, permite seguir casos médicos que se superponen mientras el personal lidia con falta de recursos y decisiones éticas bajo presión. Profesionales de emergencias en webs que recaban opiniones de espectadores, como IMDB, han destacado la precisión técnica de la serie, un detalle poco frecuente en el género. Casey Bloys, director ejecutivo de HBO Max, explicó que el modelo de producción de ‘The Pitt’ permite estrenar temporadas con doce meses de diferencia, frente a los 24 meses que requieren series como ‘La Casa del Dragón‘. “Este modelo podría aplicarse a futuras producciones”, declaró.
‘Urgencias’ en Netflix. Como respuesta, Netflix ha incorporado a su parrilla las 15 temporadas completas de ‘Urgencias’. Mientras su genuina sucesora alcanza cifras récord, Netflix recupera el título que estableció las reglas del género tres décadas antes. ‘Urgencias’ se emitió en NBC entre 1994 y 2009 y Michael Crichton, novelista y médico, escribió el guion original en 1974 basándose en su experiencia como estudiante en el Hospital General de Boston. Los estudios lo rechazaron durante años por considerarlo demasiado técnico y rápido, pero cuando finalmente llegó a la pantalla gracias a la producción de Spielberg, el programa acumuló 124 nominaciones a los Emmy, récord histórico para una serie, y ganó 23 estatuillas, incluida mejor serie dramática en 1996.
La influencia de ‘Urgencias’ en series posteriores es indicutible. ‘Anatomía de Grey’ (en Disney+) adoptó su estructura de casos semanales combinados con arcos dramáticos largos; ‘House’ (en Netflix, Prime Video, Movistar y SkyShowtime) tomó el enfoque procedimental aplicado a diagnósticos complejos; y ‘The Good Doctor’ (en Netflix, Movistar y Prime Video) heredó el equilibrio entre medicina y drama personal.
Avalancha de médicos. Hasta seis nuevos dramas médicos han llegado a streaming en los últimos meses, algunas gracias al éxito de ‘The Pitt’, otras siendo más o menos contemporáneas al estreno de la primera temporada de la serie de HBO Max. Fox estrenó ‘Doc’ (Movistar), que alcanzó 15,6 millones de espectadores en sus primeros 11 días. NBC lanzó dos propuestas: ‘Mentes brillantes’ (Movistar), centrada en casos neurológicos complejos, y ‘St. Denis Medical’, una comedia en formato de falso documental. CBS desarrolló ‘Watson’ (Movistar), donde el legendario compañero de Sherlock Holmes investiga misterios médicos en lugar de crímenes.
Netflix produjo ‘Pulso’, su primer drama médico en lengua inglesa, ambientado en un centro de traumatología de Miami. La plataforma también estrenó ‘Héroes de guardia’, una serie coreana sobre un traumatólogo que intenta reorganizar un hospital universitario. Ambos proyectos llegaron en 2025, el mismo año que ‘The Pitt’ se consolidaba en HBO Max. Algunos analistas apuntan a que la pandemia de COVID-19 centró la atención colectiva en los trabajadores sanitarios y los sistemas de salud. Cinco años después, superado el trauma, nos podemos permitir frivolizar las dinámicas de Urgencias con tramas casi detectivescas.
Por qué vuelven a triunfar. La crítica apunta a un par de posibles motivos para que este tipo de dramas vuelvan a las parrillas. Por una parte, es una alternativa (especialmente ‘The Pitt’) al formato predominante en los últimos tiempos de “historia completa que se desarrolla en ocho capítulos”. Aquí tenemos, en muchos casos, multitud de microhistorias/pacientes (en el caso de ‘The Pitt’ a veces casi son sketches) que comienzan y terminan en un mismo episodio, una estructura tradicional de la televisión pero que no suele verse en series de éxito.
La fórmula también permite algo poco frecuente en la televisión actual: ver a profesionales competentes resolviendo problemas. Cada episodio presenta casos médicos nuevos mientras los arcos personales avanzan en segundo plano. El espectador sabe que el Dr. Robinavitch salvará vidas la noche que nos ocupa, aunque su trauma personal tarde quince episodios en resolverse. La combinación de casos que se resuelven de forma inmediata y el desarrollo lento para una trama secundaria también bebe de series como ‘Urgencias’ o ‘House’.
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opiniones, primera toma de contacto y fotos
Si el mercado español del automóvil fuera una guerra, el coche chino tiene un campo de batalla favorito: el híbrido enchufable. El último en llegar es el Omoda 7 SHS, una versión que complementa una gama SUV de la compañía y que está mucho más cerca en rendimiento de su hermano mayor, el Omoda 9, que del pequeño, el Omoda 5.
Lo hace, como siempre, con un menú inacabable de equipamiento, con unas ofertas comerciales de inicio que lo dejan como uno de los coches más interesantes del segmento. Pero también con unos niveles de acabados muy buenos en su interior y una calidad de rodadura que también está a la altura.
Ficha técnica del Omoda 7 SHS
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Omoda 7 shs |
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|---|---|
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TIPO DE CARROCERÍA. |
SUV de cinco plazas |
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MEDIDAS Y PESO. |
4,66 metros de largo, 1,875 metros de ancho, 1,670 metros de alto. 2,720 metros de distancia entre ejes. 1.945 kg |
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MALETERO. |
537 litros. |
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POTENCIA MÁXIMA. |
279 CV |
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CONSUMO WLTP. |
2,3 l/100 km 92 km de autonomía eléctrica |
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DISTINTIVO AMBIENTAL. |
Cero emisiones. |
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AYUDAS A LA CONDUCCIÓN (ADAS). |
19 ayudas ADAS a la conducción, incluido control de crucero adaptativo. Cámara de 540º. |
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OTROS. |
Software propio compatible con Android Auto y Apple CarPlay. Pantalla de 15,6 pulgadas (deslizable en el acabado superior. Cuadro de instrumentos de 8,8 pulgadas y Head-Up Display. Carga inalámbrica para el teléfono móvil de 50W. Asientos delanteros eléctricos calefactables. Equipo de sonido Sony con ocho altavoces y cuatro zonas. Asistente de voz que identifica la posición del pasajero. |
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HÍBRIDO ELÉCTRICO. |
No. |
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HÍBRIDO enchufable. |
Sí. Un motor de combustión 1.5 turbo de 143 CV y dos motores eléctricos. 279 CV de potencia combinada. |
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eléctrico |
No. |
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precio y lanzamiento |
Ya disponible desde 42.900 euros antes de las ayudas del Plan Auto+. Omoda iguala la aportación máxima del Plan Auto+. Precio con campaña de salida y ayudas: desde 32.900 euros. |
Apuesta ganadora
El híbrido enchufable está de moda en nuestro país. Según datos de ANFAC, en 2024 sus ventas crecieron un 111%. En enero de 2026, el crecimiento respecto al mismo mes del año anterior fue del 66,70% pese a que las ayudas a la compra que luego han cristalizado en el Plan Auto+ eran desconocidas.
En ambos casos, tanto en el global del año pasado como en enero de 2026, tres coches chinos ya se han colado entre los más vendidos en España. La receta es simple. Al contrario que los eléctricos, los híbridos enchufables no pagan aranceles en su entrada a Europa. Eso les permite posicionarse como la mejor opción si uno busca un coche atiborrado de equipamiento.
Eso se ha traducido en un aumento de ventas de coches de hibridación enchufable en el grupo Omoda-Jaecoo. Nos aseguran que el pasado mes de diciembre, el 50% de sus ventas ya las representaron los híbridos enchufables y los eléctricos. De la mitad restante, el 25% correspondieron a híbridos no enchufables. Es de esperar, por tanto, un aumento de ventas este año con una gama más completa y variada que, sobre todo, opta por los segmentos que más crecen en España.
Con el Omoda 5 de gasolina como entrada a la gama, que ya se ha acompañado de la versión híbrida, y con el Omoda 9 SHS como vehículo bandera de la compañía, el Omoda 7 SHS llega para cubrir el hueco intermedio. En medio de su construcción, la gama parecía partirse en dos, con un Omoda 5 asequible pero muy resultón y una bestia en su zona alta de más de 500 CV.
La nueva propuesta de Omoda se acerca más a esta última opción que a la anterior. Por imagen del producto por fuera pero, sobre todo, por dentro.
Frente al conductor tenemos un cuadro de instrumentos de 8,8 pulgadas y un Head-Up Display disponible en el acabado superior. En la zona central tenemos una pantalla enorme de 15,6 pulgadas que se desliza (en el acabado superior). Y es que cuenta con un motorcillo eléctrico y un mecanismo deslizante a modo de cinta para que, si queremos, podamos enviarlo a la posición de nuestro pasajero y sea él el que maneje la música o seleccione el destino. Como curiosidad, si el conductor pone la marcha atrás, la pantalla vuelve a su zona central para que tenga a la vista las imágenes de las cámaras.


Pero el Omoda 7 SHS no es solo esta curiosidad, su equipamiento básico (Pure) ya incluye el cargador inalámbrico de 50W refrigerado, el volante calefactable, faros delanteros y traseros Full LED, 19 sistemas ADAS, o sensores de aparcamiento traseros, así como Apple CarPlay y Android Auto inalámbricos.
El acabado Premium añade el mencionado Head-Up Display y la pantalla mecanizada, altavoces Sony con ocho altavoces y audio activo en cuatro zonas, cancelación activa de ruido en el interior del coche, cámara “panorámica de 540º” (se puede ver lo que hay bajo el vehículo), asientos delanteros eléctricos y calefactados, maletero eléctrico y el techo panorámico.
Pero lo que me parece mejor, todo el interior está a la altura. El habitáculo está lleno de plásticos blandos allí donde llega al mano, el volante tiene buen tacto y, sobre todo, hay un buen número de botones físicos bien repartidos en la zona cercana al conductor y con buenos ajustes. El control del climatizados, de los modos de conducción y al selección entre el funcionamiento eléctrico o híbrido tiene mandos de buena calidad. Solo le pongo el punto negativo al control de los retrovisores que sigue obligando a pasar por la pantalla.


Todas estas buenas sensaciones se repiten en marcha. El Omoda 7 SHS utiliza el esquema de híbrido enchufable que ya hemos visto en otros modelos del grupo: motor de combustión 1.5 turbo que se acompaña con dos motores eléctricos. Uno de ellos es el que toma las riendas en la mayor parte de las ocasiones, funcionando en su mayoría como un híbrido en serie para mejorar consumos y ofrecer un tacto propio de eléctrico. Sin embargo, el motor de combustión también puede empujar las ruedas puntualmente si se le exige mayor potencia.
Este complejo sistema está gestionado por una transmisión de una sola relación y aportan un máximo de 279 CV cuando trabajan a pleno rendimiento todos los componentes.
Ese empuje se deja sentir en carretera abierta. En el Omoda 7 SHS no cuesta tanto desperezar el motor de combustión como en otros coches del grupo y eso repercute en una mejor aceleración. Incluso solo con el motor eléctrico ya contamos con un buen chorro de potencia para adelantar con seguridad. Pero además, cuando el motor de combustión funciona a tope, se deja notar menos su presencia que en otras alternativas dentro del grupo.
Todo ello repercute en un confort de marcha superior que, además, viene mejorado por una mejor calibración de la dirección y el pedal del freno. Estos dos elementos son configurables y han ganado mucha presencia para atender el feedback de los clientes y las quejas recurrentes de la prensa. En mi opinión, la mejor opción es activar su dureza al máximo pero ya en su punto más bajo es evidente la mejoría.
En cuanto a los sistemas de conducción autónoma o los consumos, no tuvimos oportunidad de sacar una idea clara de los mismos. Respecto a este último, el Omoda 7 SHS homologa 92 kilómetros de autonomía completamente eléctrica y un consumo de 2,6 litros/100 km.


Todo ello suma una propuesta muy convincente para quien esté buscando un coche híbrido enchufable para la familia (527 litros de maletero) por algo más de 30.000 euros. Ahora mismo, su PVP de salida es de 42.900 euros para la versión Pure y 45.900 euros para la Premium. Pero la cifra final, prometen, está muy lejos de estos números.
La compañía cuenta con sus propias campañas de descuentos, con rebajas en el precio (además, en febrero de 2026 cuando se está lanzando el coche ofrecen el acabado Premium al precio del Pure) y cubren al máximo las ayudas del Plan Auto+. Así, independientemente del dinero recibido por parte del Estado, la compañía compensa hasta alcanzar 4.500 euros de descuento. Eso deja al coche en un precio de salida que puede ser de 32.900 euros.
La mejor idea, con todos estos condicionantes, es acudir a un concesionario oficial para recibir una propuesta individualizada pero, independientemente de esto, es muy complicado encontrar rivales con este nivel de equipamiento y tecnología híbrida enchufable que ronden los 35.000 euros o se sitúen por debajo.
Fotos | Xataka
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