Cine y Tv
Pinocho: Animaciones desobedientes y Geppettos mexicanos

Para narrar el relato de una marioneta desobediente que cobra vida, Guillermo del Toro decidió utilizar marionetas que también cobraran vida. Su versión de Pinocho, aquel cuento que lo marcó desde pequeño y que ha querido llevar a la pantalla desde hace 15 años, representa el primer largometraje que el cineasta mexicano hace en stop-motion, técnica que consiste en crear la ilusión de movimiento al fotografiar objetos estáticos y presentar las imágenes en forma secuencial.
Sin embargo, los vínculos Guillermo del Toro con la animación y la creación de mundos mediante el cine artesanal se remonta a los inicios de su carrera. En 1985, cuando tenía solo 21 años, fundó la compañía Necropia junto con el tapatío Rigoberto Mora, su amigo íntimo y uno de los principales impulsores de la animación en México. Se trataba de una iniciativa especializada en maquillaje FX, animación y efectos especiales, campos aún fértiles y poco explorados de este lado de la frontera norte. Incluso en un panorama que no privilegiaba ese tipo de cine en México, mucho menos en estados fuera de la CDMX, Del Toro se las arregló para desobedecer. Tal como su Pinocho, que no necesita volverse de carne y hueso para ser un niño de verdad, Guillermo no necesitó cambiar quién era para convertirse en cineasta de verdad.
«Estaba obstinado en hacer un género que no le es natural a alguien que vive en Guadalajara, que es considerada provincia», nos cuenta Del Toro. «De mí se esperaba queme ajustara a ciertas formas de ver y hacer cine. Pero después aprendí lo esencial que es afirmarte como persona. (…) Yo he existido en una pequeña y peculiar filmografía a la que siempre le he sido fiel. Le he sido fiel a Pinocho tanto como le fui a Cronos, exactamente con la misma terquedad».
El concepto de la desobediencia se convertiría, décadas después, en un pilar narrativo para subvertir la historia de Geppetto y su marioneta. La animación Pinocho –que Del Toro dirige junto con Mark Gustafson– sigue un relato con tintes oscuros inesperados: está ambientado en una Italia fascista, en busca de soldados capaces de dejar el cuerpo en el campo de batalla porla madre patria. Pinocho es nuevo en el mundo y apenas está aprendiendo qué es la maldad y la bondad; por lo mismo no le teme a rebelarse y a burlarse del mismo Mussolini si es necesario.


El mundo y los personajes que pueblan esta versión están inspirados en el libro ilustrado de Gris Grimley, publicado en 2002, que para Guillermo presentaba a un Pinocho curioso y «no domesticado», incluso a veces cruel, como cualquier niño que aún no ha sido impactado por ningún tipo de ideología o moral.
Sin embargo, esta producción también esconde otra historia de rebeldía: la de los animadores tapatíos que, después de años de construir en colectivo una tradición de stop-motion y de convertir con sus propios esfuerzos a Guadalajara en la capital nacional de este formato, se integraron a la megaproducción de Pinocho como artistas, pero también como quienes están dando los primeros pasos hacia la internacionalización de la industria del stop-motion mexicano. La experiencia de René Castillo, Karla Castañeda, Sofía Carrillo, Luis Téllez, Juan José Medina, León Fernández, Rita Basulto, Sergio Valdivia y Mayrení Senior Seda revela claves para entender el futuro de ese arte en México y la misión que Del Toro ha emprendido de la mano de su marioneta favorita.
Mira un clip de la entrevista con Guillermo del Toro y Mark Gustafson
Hadas que dan vida
A principios de los años 90, René Castillo se dio cuenta de que lo suyo no era la administración de empresas sino la animación en stop-motion. Sin embargo, no logró encontrar escuelas en México que le permitieran aprender formalmente los secretos de este arte. El único antecedente importante del género era el trabajo que Rigo Mora y Guillermo del Toro habían realizado con su compañía Necropia, pero incluso esos proyectos le eran desconocidos, pues se trataba de una época con pocos canales de difusión, carente de internet. «Fui al DF a las escuelas de cine y nadie hacía animación. En el CUEC [Centro de Estudios Cinematográficos, hoy Escuela Nacional de Artes Cinematográficas] me dijeron: no, aquí no enseñamos caricaturas», cuenta René risueño. «Pero yo seguí buscando».
Eventualmente, después de perseguir a Rigo Mora para convencerlo de que fuera su mentor y seguir un camino autodidacta, el animador tapatío terminaría por realizar el cortometraje mexicano en stop-motion más ambicioso hasta ese entonces: Sin sostén (1998), el cual viajó a Cannes y ganó el premio Ariel a Mejor corto animado. Fue durante la posproducción de este proyecto, codirigido con Antonio Urrutia, que René recibió una llamada especial.
«Suena el teléfono y me dice: ‘Soy Guillermo del Toro. Oye, ya vi lo que están haciendo, ¡está increíble! ¡ven a mi casa!’. ¡Voy para allá! Y fui y hablamos horas sobre Sin sostén«, recuerda René.

Escuchar los inicios de René y del resto de los animadores mexicanos que trabajaron en Pinocho es empezar a entender que el stop-motion en México es de esas cosas que solo han podido crecer mediante el contagio, especialmente en un país que aún ofrece una formación en cine centralizada. A principios del la década de los 2000, René Castillo realizó el cortometraje Hasta los huesos, el más caro de la historia de la animación mexicana, por su uso de 70 personajes que presumían más de 15 mil movimientos. Su esplendor, sus figuras y sus sets despertaron la pasión de la entonces universitaria Karla Castañeda, futura ganadora del premio Ariel por su corto Jacinta, así como de Luis Téllez, quien trabajó como animador en dicho corto y que después destacaría con su corto Viva el rey (2017).
Sofía Carrillo y León Fernández, por su parte, encontraron su amor por la animación en los cursos impartidos por Juan José Medina y Rita Basulto, ganadores de su primer Ariel con el corto El octavo día, la creación.
En los últimos años, estos sietes animadores se convirtieron en los líderes del stop-motion nacional, pero su crecimiento en una misma región no fue coincidencia: colaborar desde distintos roles en sus producciones, vivir cerca, les ha permitido compartir conocimiento y ayudarse mutuamente. Sus cortometrajes, realizados principalmente con recursos estatales o propios, acumulanmás de 40 premios nacionales e internacionales, y presentan propuestas que están lejos de las nociones infantiles que se suelen asociar con el formato. La escuela tapatía se ha caracterizado por historias oscuras, de tintes surrealistas y escenarios de ensueño. Sin un estudio que les imponga pautas de mercado, el trabajo de «los siete magníficos», como han sido llamados, atiende a visiones de la animación completamente personales y libres.
Solo hay un problema: la falta de recursos, de infraestructura y de los apoyos que se necesitan en México para construir una industria de animación en stop-motion de la que germinen los ansiados largometrajes. Ahí es donde, de acuerdo con los animadores, entra Guillermo del Toro.
«Un día vino al festival de Guadalajara, no recuerdo si en 2017 o 2018, y nos invitó a desayunar», cuenta León Fernández, quien fungió como jefe de marionetas del frente mexicano para Pinocho. «Fuimos los siete. A estas alturas ya hay más animadores de stop-motion en otras regiones del país, pero en ese entonces seguíamos siendo prácticamente nosotros. Nos dijo que tenía ganas de que esto se hiciera más grande, porque hasta ese momento todos habíamos hecho solo cortos y sin recursos, con un equipo pequeño de personas. Se le ocurrió entonces, junto con la UdeG [Universidad de Guadalajara], erigir un estudio de animación en Guadalajara y arrancarlo con una secuencia de Pinocho, que era un proyecto que ya estaba aprobado. De esa forma, sería un buen empujón y una gran carta de presentación para el nuevo estudio».

Guillermo del Toro anunció la creación del nuevo estudio en 2019, durante su paso por el 34 Festival Internacional de Cine en Guadalajara. El Centro Internacional de Animación (mejor conocido por su nombre coloquial, El Taller del Chucho) tendría como objetivo apoyar la producción y el talento local, así como crear conexiones entre este y los proyectos internacionales, a fin de construir un espacio de constante formación. Los siete animadores fungirían como cabezas, encargadas a su vez de formar nuevos animadores. El estudio, además, recibiría como primer encargo animar toda una secuencia de la nueva película de Del Toro.
«Yo al inicio veía todo esto como algo fuera de la realidad, demasiado bonito para ser verdad», comparte León, mientras ríe. «No pensé que en verdad sucedería, pero después… ¡ándale que sí se va haciendo!».

Ser niños de verdad
Tres estudios de dos continentes distintos estuvieron involucrados en la creación de Pinocho. La mayoría de las unidades de animación se encontraban en ShadowMachine, ubicado en Portland, EUA, mientras que El Taller del Chucho, en Guadalajara, colaboró con seis. En ellas se animó una secuencia muy específica de la película, en la que Pinocho tiene un encuentro de ultratumba con un grupo de conejos negros y gruñones. Eso quiere decir que, cada vez que la marioneta pisa ese inframundo de orejudos, en realidad se encuentra viajando a México.

«Esa secuencia la puedes aislar del resto», explica León. «Son maquetas y marionetas que solo aparecen ahí, entonces por logística se facilitaba. Mandar una secuencia de otra locación era difícil porque son escenarios de allá que había que enviar acá. A Pinocho sí lo enviaron para acá».
Por otro lado, la fabricación de las marionetas de la película estuvo a cargo del estudio Mackinnon & Saunders, legendario creador de puppets, ubicado en Manchester, Inglaterra. Para Guillermo del Toro era importante que sus personajes fueran los más expresivos posibles, por lo que las marionetas incluyen un complejo sistema de engranajes que les permitía a los animadores un mayor control de gestos.
En este lugar en Manchester, responsable de personajes como los de El cadáver de la novia o Fantástico Sr. Fox, el mexicano León Fernández pasó un año construyendo las marionetas que El Taller del Chucho utilizaría para animar su secuencia, como si fuera un Geppetto moderno. «Me fui en 2019 y regresé en 2020. La misión era que yo las hiciera al 100 por ciento», explica. «Para 2021 ya estábamos iniciando producción y todo ese año estuvimos trabajando acá en Guadalajara hasta finales de ese año. A Portland le gustó mucho nuestro trabajo y al año siguiente nos volvieron a encargar otra secuencia, la de los créditos finales».
Para ser aceptados como parte del equipo de artistas de Pinocho, los animadores mexicanos tuvieron que hacer una prueba. Una vez aceptados, se dividieron en distintos departamentos para el frente mexicano: León en la jefatura de marionetas, Karla y Juan en dirección de arte, René y Luis como animadores, Sofía en vestuario y Rita en fotografía, desde donde trabajó con el cinefotógrafo Frank Passingham. A ellos también se unieron Mayreni Senior Seda y Sergio Valdivia, el único animador mexicano que viajó Portland para seguir participando en el rodaje desde allá.
«Mientras animábamos en una unidad, en las otras estaban preparando los sets de otra toma», platica René Castillo. «Los animadores teníamos acceso a un sistema en donde podíamos ver en tiempo real los avances de nuestros colegas en Portland. Los lunes teníamos algo llamado Animation Canteen, en donde cada quien exponía sus dudas, sus aventuras. Y era hermoso, escucharlos, ver sus retos, y luego veías sus shots. Te inspiraba».

René hace énfasis en la necesaria dimensión actoral de un animador, que se cristaliza en los llamados LAVS (live action videos). Son videos en los que los animadores se graban actuando las escenas que después deberán animar.
«Con los años entendí que en realidad un animador es un actor», comparte Castillo, quien tuvo que recrear con sus propio cuerpo los gestos de los conejos negros y del mismo Pinocho. «Veía el animatic, el story board y decía: ok, ¿cómo lo voy a actuar? Ponía mi teléfono y me grababa actuando varias veces. Toda la película se actuó primero en LAVS. Hasta que aprobaban tu lav podías transferir eso al puppet«.
Un último gesto de Guillermo del Toro hacia sus animadores conmovió a René Castillo. «En los créditos al principio siempre se ponen los nombres de los actores famosos, quienes interpretan la voz», explica. «Pero Guillermo nos incluyó a los animadores en esos créditos iniciales, mezclados con los actores. Lo cual es el mejor reconocimiento que puede hacernos a los actores, es decir, quienes estamos detrás del puppet«.
Para Karla Castañeda, la magia de de Pinocho está, como sucede en general con la animación artesanal, en su dimensión colectiva: «La fortaleza está en tantas manos, tanto talento que hubo en la producción, y en futuras producciones».
Guillermo concuerda: «En tres décadas, creo que esta es la vez en que más me he acercado a tener una familia de circo», explica en la presentación para medios del proceso detrás de la película. «Todos salimos del proyecto amándonos, casi tenemos hasta ansiedad por separación».

Pasar la estafeta
A dos años de su arranque, El Taller del Chucho prevé cerrar el año con 20 producciones trabajadas. Además, de acuerdo con la directora del espacio, Angélica Lares, más de 200 alumnos habrán pasado por sus talleres. Siete de los nueve proyectos que tiene en producción son jaliscienses, pero también están en negociación para cinco largometrajes internacionales.
Mientras tanto, varios de los siete magníficos tienen sus ojos puestos en sus respectivos largometrajes. De concretarse alguno, se trataría de la primera película mexicana en stop-motion. Ahora, solo es cuestión de esperar a ver quién llegará primero a ese anhelado estreno: la de Karla Castañeda sería producida por el mismo Del Toro; Luis Téllez lleva varios años trabajando en su largo Inzomnia, y René se ha aliado con una productora china para crear su largometraje Thingdom (el reino de las cosas), cuyo guion también recibió apoyo de Guillermo.
«Lo que Guillermo nos enseña es hay que confiar en ti», explica Castillo. «La versión de Pinocho no es la historia que cuenta Disney. Es la visión personalísima de Guillermo. Él nos dice que hay mucha competencia afuera, de estudios. En estos últimos años, la tecnología ha avanzado enormidades, y de alguna forma acerca la capacidad de hacer animación de buena calidad a muchas manos. Democratiza la animación, de alguna forma. Pero nuestra mejor oportunidad está en diferenciarnos. En contar esas historias personalísimas y no es para todo público. Es para el público que cada película encuentre. Guillermo dice eso: sé honesto, confía en ti y si es buena encontrará su público. Sé que es muy romántico pero todos estamos apuntándole a eso».
Sus ambiciones personales, sin embargo, no les hace olvidar la responsabilidad que cada uno tiene de compartir su conocimiento con las nuevas generaciones.
«Desde el inicio Guillermo ha dejado claro que lo realmente importante es adiestrar a toda la banda que viene después de nosotros, porque si juntas a todos los que nos dedicamos a esto en el mundo, realmente no somos tantos», explica León. » ¿Y cómo puedes hacer largo si no tienes al personal? No se puede. Cuando me mandaron a Manchester, me dijeron: vas y aprendes todo lo que puedas pero cuando regreses tienes la deuda moral de pasarlo todo a la banda de aquí. Y así lo hice».
De nuevo, el contagio.
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Shaken, not stirred: Las Películas Más Icónicas Para Entrar en el Universo de James Bond
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El universo cinematográfico de James Bond, el agente secreto más famoso del mundo, es tan amplio como su archivo de gadgets imposibles, villanos excéntricos y misiones imposibles. Para quienes desean iniciarse en esta saga que abarca más de seis décadas, seleccionar por dónde empezar puede ser una misión digna del MI6.
Aquí tienes una guía con las películas más emblemáticas para conocer la esencia del 007, su evolución y —por supuesto— la obra imprescindible: Casino Royale.
1. Dr. No (1962) – El nacimiento del mito
La primera película de James Bond estableció los cimientos del personaje y su universo. Con Sean Connery dando vida a un Bond magnético, elegante y peligroso, Dr. No presenta muchos elementos que se volverían clásicos: la presentación icónica, el estilo seductor, el humor seco y la mezcla perfecta entre espionaje y acción.
Por qué verla si eres nuevo:
Es el punto de partida. Si quieres entender cómo comenzó todo y por qué Bond se convirtió en un icono global, este es el lugar.
2. Goldfinger (1964) – La fórmula Bond en su máximo esplendor
Si hay una película que encapsula lo que significa “ser Bond”, es Goldfinger.
Aquí encontramos al villano memorable, el plan extravagante, el Aston Martin DB5, una banda sonora legendaria y algunas de las frases más citadas de toda la saga.
Por qué verla:
Es la película que consolidó el estilo Bond y elevó la franquicia al estatus de fenómeno cultural.
3. On Her Majesty’s Secret Service (1969) – El lado más humano del agente 007
Protagonizada por George Lazenby, esta entrega se ha revalorizado enormemente con el tiempo. Presenta un Bond más emocional, vulnerable y profundo, sin perder la acción clásica.
Por qué verla:
Es esencial para comprender que Bond no es solo acción: también tiene corazón. Además, su final es uno de los más impactantes de toda la saga.
4. The Spy Who Loved Me (1977) – El Bond más carismático y divertido
Roger Moore aportó humor, elegancia ligera y un toque de irreverencia al personaje.
The Spy Who Loved Me es considerada su mejor película, con secuencias espectaculares, la aparición de Jaws y uno de los mejores temas musicales (“Nobody Does It Better”).
Por qué verla:
Representa el Bond más “divertido blockbuster”, ideal si te gustan las películas de acción con un tono más ligero.
5. GoldenEye (1995) – El renacimiento del agente en los años 90
Con Pierce Brosnan, Bond regresó tras una pausa de seis años y lo hizo con estilo moderno, acción explosiva y un villano memorable (interpretado por Sean Bean).
Es también la película que llevó al personaje a una nueva generación, especialmente gracias al famoso videojuego de Nintendo 64.
Por qué verla:
Es un Bond moderno pero fiel a su esencia, perfecto para quienes disfrutan de acción sofisticada y estética de los 90.
6. Casino Royale (2006) – El reinicio perfecto: crudo, elegante y emocional
La película que no puede faltar en ninguna lista.
Con Daniel Craig, el personaje recibió un reboot radical, más realista, más físico y más emocional. Casino Royale explora los orígenes del 007, mostrando cómo se forja su dureza y su frialdad, sin renunciar al glamour y la intriga y, por supuesto, casinos.
La historia con Vesper Lynd añade una profundidad emocional que pocas cintas previas lograron, convirtiéndola en una de las mejores películas de toda la saga y en un punto de entrada ideal para nuevos espectadores.
Por qué verla:
Porque marca un antes y un después. Es moderna, emocionante, intensa y, al mismo tiempo, respetuosa con el legado del personaje.
La puerta de entrada a un universo de acción y estilo
El mundo de James Bond es diverso: ha cambiado de rostro, de tono y de estilo a lo largo de más de 60 años. Ya sea que busques glamour clásico, acción contemporánea o historias de espionaje profundas, hay un Bond para ti.
Si solo pudieras elegir una película para comenzar, Casino Royale sigue siendo la introducción definitiva. Pero recorrer estas seis cintas te dará una mirada amplia, rica y emocionante al universo del espía más famoso del cine.
Staff Cine PREMIERE Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.
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Así se vivió el festival de documental más grande del mundo
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El Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam, mejor conocido como IDFA, es un punto de encuentro fundamental para amantes del cine documental de todo el mundo. Cada año, reúne a cinéfilos y a profesionales del cine para disfrutar de películas de gran calidad y participar en las actividades de industria. La edición de este año se realizó del 13 al 23 de noviembre y se presentaron alrededor de 250 largometrajes y cortometrajes.
Visitar el festival por primera vez y decidir qué ver y qué hacer entre tantas opciones es retador, pero afortunadamente el programa cuenta con la etiqueta de “IDFA Hit” para destacar los eventos imperdibles. Uno de ellos fue la proyección en el Teatro Carré de Cover-Up, que retrata el trabajo de Seymour Hersh, un periodista estadounidense que por décadas ha sido un personaje incómodo en su país por su trabajo de investigación y las historias que saca a la luz. Después de la película, hubo una sesión de preguntas y respuestas con los directores: Laura Poitras, quien anteriormente dirigió Citizenfour, y Mark Obenhaus, productor, director y viejo amigo del periodista.

Otro evento con el mismo distintivo fue el estreno mundial de Gaza’s Twins, Come Back To Me, en colaboración con la oganización Oxfam. El filme es un desgarrador documental que muestra la vida de gemelos palestinos recién nacidos. A nivel cronológico, continúa donde No Other Land termina, ya que retrata la vida en Palestina en los últimos dos años, a partir de octubre de 2023.
En un festival con tanto prestigio, los estrenos mundiales son abundantes, y otro largometraje proyectado por primera vez fue Eyes of the Machine, una película que presenta el control del gobierno de China en la región de Turquestán Oriental, donde vive la etnia uigur. La protagonista del documental es Kalbinur Sidik, una mujer que huyó del país para exponer la realidad que se vive en esta comunidad, donde en su día a día tratan con “centros de orientación” y visitas obligatorias a casa.
IDFA es un festival internacional, pero la presencia de artistas de Países Bajos es esencial. La ganadora del Premio IDFA a mejor película neerlandesa fue My Word Against Mine, que retrata la introducción de una nueva terapia para pacientes que escuchan voces: el psiquiatra pide hablar con la otra persona. A través de este método, a lo largo de sesiones, pacientes y médicos logran desentrañar aspectos fundamentales de su condición.
México participó en las competencias del festival de distintas maneras, la película mexicana Nuestro cuerpo es una estrella que se expande formó parte de la competencia Envision, dedicada a cineastas que forjan nuevos lenguajes cinematográficos. Mientras que en la competencia Internacional se presentó The Shipwrecked, un filme neerlandés que reflexiona sobre la vida en México.
De manera paralela a la programación de películas, el festival cuenta con actividades dedicadas a la industria del cine de no ficción y parte del público que viaja a Ámsterdam son personas que están presentando proyectos, trabajan en asociaciones internacionales dedicadas al cine documental o distribuyen documentales en diferentes espacios en todo el mundo. Con esto en mente, IDFA ofrece pláticas que abordan distintos temas, como el diseño de audiencias y la inteligencia artificial en el cine documental.

Dentro de esta categoría de actividades de industria, se llevan a cabo los Delegation Project Showcase, donde un país presenta cinco o seis películas que están en desarrollo o filmes completados que buscan distribución. Un showcase que formó parte del programa fue “Narrativa canadiense e indígena”, que contó con proyectos como Mammoth Hunters, documental que habla sobre los lazos entre las personas y el mamut, e Inuguiniq, la historia de una cineasta y su hija que buscan reconectarse con las tradiciones de su comunidad inuit en Canadá.
Otra sección en el festival, adicional a las películas proyectadas y a las actividades de industria, es IDFA DocLab, que está dedicada al arte documentario inmersivo e interactivo. Una de las propuestas en este espacio fue Nothing to See Here, un mirador a través del cual una persona puede verse de lejos, pero las cámaras que la están grabando y las bocinas agregan pequeñas diferencias de sonido e imagen a su alrededor. Los cambios son tan sutiles que logran poner en duda cómo es que percibimos la realidad.
En este espacio, hay una sede dedicada al IDFA DocLab, también se presentó A Long Goodbye, proyecto de cine inmersivo ganador del premio por realización en la última edición de la Muestra Internacional de Arte Cinematográfico de Venecia. Esta experiencia busca acercar al usuario, a través de un visor con auriculares, al día a día de una persona que sufre demencia. No sólo a nivel artístico y visual A Long Goodbye es de gran calidad, sino que la confluencia de la temática con el medio realmente logra su objetivo y actividades cotidianas como dar de comer a un pez, en un ambiente digital, resultan incómodas.
El encanto del IDFA está en lo programado, pero especialmente en lo que surge de manera espontánea y la oportunidad de dejarse llevar por las historias al alcance durante el festival. GEN_ retrata a un doctor en el norte de Italia que atiende en su consultorio, con gran empatía, a pacientes con problemas de fertilidad y a personas que están en proceso de transición de género. ¿La línea guía del doctor? El bienestar del paciente ante todo. Después de varios días completamente dedicados al cine, este filme fue una gran sorpresa por la esperanza que contagia de manera sutil.
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La sombra del Catire: misterioso y reflexivo ajuste de cuentas
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Con una delicadeza notable, pero no por eso menos directa en los temas que quiere abordar, llega a salas de cine mexicanas la película La sombra del Catire. Se trata de una cinta que nos presenta a Benigno Cruz (Francisco Denis), un bandolero que, a merced de paisajes desolados y desérticos, deberá enfrentar los demonios de su pasado, todo mientras se pregunta cuál es su legado.
En entrevista con Cine PREMIERE, el protagonista, Denis, y el director, Jorge Hernández Aldana, diseccionan la cinta y nos cuentan por qué, según su criterio, sigue siendo importante narrar este tipo de historias que muestran la importancia de poner en perspectiva lo que hemos sido, con el objetivo de mejorar lo que seremos.

Esta es una cinta que habla muy bien de algo que sucede al llegar a una edad adulta: que muchas veces las personas que ya han vivido una vida muy larga, con muchas experiencias, se quedan guardados muchos sentimientos. Jorge, ¿para ti cómo fue llegar a la decisión de abordar este tema de la represión de los sentimientos? Y para Francisco, ¿cómo fue interpretarlo?
Jorge Hernández Aldana: Por un lado, a mí me gusta hacer películas que hagan a la gente sentir cosas. A veces son cosas que no son comunes y justamente descubrir nuevos sentimientos, yo digo que es como un ejercicio. Es como cuando vas al gimnasio y empiezas a estirar un músculo que no sabías que podías usar. Al principio te duele, pero ya sientes que está ahí, y una vez que lo ejercitas, te sientes como una persona nueva. Yo creo que con las emociones también es así. Las películas nos permiten explorar vidas de otras personas y hacer crecer nuestra experiencia de estar vivos.
Un poco la idea comienza por ahí, y también muy sencillamente por el hecho de querer ser padre y proyectarme yo a futuro qué tipo de padre puedo ser. Los artistas, la gente que creamos obras, a veces tenemos una manera muy extraña de crear obras a partir de nuestras propias experiencias. Esta es una manera en la que yo lo hago: parto de mi propia experiencia y mis propias dudas sobre ser padre, y hago una historia completa sobre la familia y qué significa una familia.
Francisco Denis: En cuanto al trabajo de interpretación, algo similar fue importante para mí: conectar también con imágenes mías, con emociones mías, con mi pasado. También estoy quizás en una etapa de mi vida parecida a la de Benigno, en donde mirar hacia atrás y ver el camino recorrido es fundamental para seguir adelante. No es que esté terminando, pero sí es el hacer una parada y reflexionar sobre el camino recorrido. Creo que Benigno está en esa etapa quizás más avanzada, en donde él está consciente de que está viviendo en una especie de limbo entre la vida y la muerte. Entonces, tiene que saldar cuentas. Es un leitmotiv viejo en el cine, además.
¿Por qué creen ustedes que en esta época sean necesarias películas, o cualquier tipo de arte, que hable de la redención y por qué les atrae ese tema?
JH: Me parece una gran pregunta y una inquietud muy importante, yo también me lo pregunto. Para mí, es importante no perder de vista una visión del mundo donde tengamos un acuerdo entre lo que es ético y moral. Y no solo eso, que también tengamos las herramientas necesarias para lidiar con las consecuencias de nuestras propias acciones. Yo creo que, sobre todo, se trata de eso.
Primero, de que nunca es tarde para adquirir esas herramientas y poder tener algo de paz. Y segundo, porque siento que las hemos ido perdiendo con la inmediatez de la vida que estamos viviendo hoy en día. Nos cuesta [lidiar con esto], y creo que parte de la polarización que se está viviendo en el mundo viene a partir de la intolerancia con el otro y una falta de capacidad nuestra de lidiar con nuestras propias emociones y frustraciones.

También es la convención del western, porque es un western latinoamericano, es una cosa poco vista también. Estamos muy contentos porque creemos que hicimos una película que no se parece a otra. Hicimos una película nuestra, de nuestra tripa, de nuestra experiencia de vida, que no se parece a nada más. La intención justo es explorar estos temas a profundidad en la medida que sea posible, y compartir esa experiencia con el espectador.
FD: Es un poco de lo que decíamos hace rato: hay momentos en la vida donde quizás te das cuenta de que has cometido errores y es tarde para pedir perdón; ya sucedieron, las acciones tienen consecuencias. Pero quizás hay algo al final de ese último impulso, antes de pasar a otro lado, de solucionar de alguna manera eso que no pudiste hacer en algún momento. Y creo que todo eso le pertenece a todo ser humano; es decir, la carga de la vida, ese bulto que cargamos a medida que vamos viviendo. Y pues no toca más que enfrentarlo.
JH: Yo nada más quiero agregar una cosa: pienso que son tiempos de muchas cosas nuevas que estamos viendo que están sucediendo, que pensamos que no iban a suceder. Y creo que aquí lo importante es que la película te recuerda que todo lo que hagas, te va a encontrar en algún momento en tu futuro.
Continúa leyendo: La sombra del Catire: misterioso y reflexivo ajuste de cuentas
Francisco, esta película es un estudio de personaje. Es muy reflexiva y se enfoca mucho en las vivencias de Benigno, pero también tiene esta contraparte de que las personas con las que interactúa en su camino lo forman y también lo hacen ser quien es. Le dan otra perspectiva de la vida, ya sea con esta venta que tiene que hacer o cómo sobrevivir con su soledad. ¿Cómo te enfrentaste a esta propuesta que es sobre tu personaje, pero también una composición de varias vidas más?
FD: Gracias por la pregunta. A ver, creo que efectivamente el trabajo del actor tiene varias capas, varios niveles. Hay un primer nivel de acercamiento que es la palabra, ese guion que está escrito ahí, que te marca un poco hacia dónde va esto. Pero, en definitiva, creo que se termina de componer en el sitio donde vas a rodar, con la gente que vas a rodar, con los otros actores y, sobre todo, en el momento en que dicen: «acción».

Todo lo demás es una preparación. Y en el caso de Benigno fue una preparación muy física, de bajar de peso, de estar en el sitio durante un mes, un mes y medio, dos meses antes. Es un sitio, además, que determina muchísimo el comportamiento de los personajes que ahí viven. Es un desierto, hay espinas por todos lados, y donde la gente digamos que se expresa de una manera muy sintética, muy reducida, porque el calor es tal que lo demás sería como un desperdicio casi.
Entonces, esa preparación termina cuando el director dice acción. Ahí es donde lo inesperado cobra vida. Sucedió varias veces en el rodaje de Benigno que la magia sucedió sin prepararla. Es decir, tanto Jorge como director, y el director de foto, que es también el camarógrafo, y yo, empezamos a bailar con eso que estaba pasando. Y yo creo mucho en eso, no solamente en el cine, yo hago mucho teatro. Y creo que esa magia sucede cuando tú estás abierto a que cualquier cosa es posible, y eso, gracias al tipo de cine que hace Jorge, fue posible.
José Roberto Landaverde Me fascina escribir, escuchar, leer y comentar todo lo relacionado con el cine. Me encanta la música y soy fan de The Beatles, Fleetwood Mac y Paramore. Mis películas favoritas son Rocky y Back to the Future y obvio algún día subiré los “Philly Steps” y conduciré un DeLorean. Fiel creyente de que el cine es la mejor máquina teletransportadora, y también de que en la pantalla grande todos nos podemos ver representados.
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