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una IA que te sigue de un dispositivo a otro sin perder el hilo
Motorola ha presentado en el Lenovo Tech World 2026 su primer plegable tipo ‘fold’, una línea ultra-premium llamada Signature y, sobre todo, Motorola Qira: una plataforma de IA (la llaman “inteligencia ambiental personal”) compartida con su matriz Lenovo que funciona en smartphones, tablets y ordenadores manteniendo el contexto entre todos ellos.
Por qué es importante. La apuesta de Lenovo y Motorola en IA es algo distinto: que la IA sea la misma en todos tus dispositivos. Suena a obviedad, pero no lo es tanto. Qira mantiene el contexto, los datos y la conversación. Empiezas algo en el móvil por la mañana y lo continúas en el portátil por la tarde sin repetir nada.
La jugada ataca el principal problema de productividad actual: cambiar entre aplicaciones y dispositivos a menudo rompe el flujo de trabajo. Cada cambio implica volver a explicar qué necesitas.
Entre líneas. Esta es claramente una respuesta de Lenovo a las fortalezas del ecosistema Apple. Apple tiene buena parte de su ventaja en la sincronización entre iPhone, iPad y Mac mediante software propietario, y ahora Lenovo intenta replicarlo con la IA como hilo conductor.
La diferencia está en la ejecución.
- Apple controla hardware y software.
- Lenovo depende de Android y Windows, sistemas de terceros.
- Su única baza para crear esa experiencia fluida es que la IA sea el pegamento.
En detalle. Qira no es un chatbot más. Es una “inteligencia ambiental” (el naming es de Motorola) integrada a nivel de sistema operativo, siempre presente sin necesidad de abrir una app. Se invoca con “Hey Qira”, con una tecla dedicada o tocando el elemento permanente en pantalla. Funciona incluso sin conexión usando IA local.
La propuesta se sustenta en tres atributos:
- Presencia: Está ahí, puede sugerir cosas de forma proactiva o esperar a que la llames.
- Acciones: Ejecuta tareas entre aplicaciones y dispositivos sin que tengas que gestionar cada paso.
- Percepción: Construye una base de conocimiento unificada (con tu consentimiento) que incluye tus interacciones, recuerdos y documentos en todos los dispositivos.
Los casos de uso. Lenovo y Motorola han definido funciones concretas donde Qira debería brillar:
- “Próximo paso” te sugiere acciones según lo que estés haciendo y te ayuda a cambiar de dispositivo sin perder el hilo.
- “Escribe por mí” redacta correos, documentos o mensajes directamente donde trabajas, adaptándose a tu tono.
- “Ponme al día” resume lo que ocurrió mientras no estabas y te ayuda a retomar tareas.
- “Presta atención” transcribe y traduce reuniones en tiempo real, captura puntos clave y genera resúmenes.
La privacidad. El procesamiento ocurre prioritariamente en el dispositivo para mantener los datos locales. Los servicios en la nube son opcionales y requieren consentimiento explícito. Lenovo insiste en que Qira nunca recopila datos sin permiso del usuario.
El contexto. Ningún fabricante ha conseguido todavía que sus dispositivos “hablen entre sí” de forma natural mediante IA. Samsung lo ha intentado con Galaxy AI, Google con Gemini y Microsoft con Copilot. Todos tropiezan con lo mismo: sus asistentes no recuerdan lo que hiciste en otro dispositivo. Son estupendos en un dispositivo pero dejan de serlo cuando cambiamos de uno a otro.
Ahí sí brillan las aplicaciones específicas (ChatGPT, Gemini, Claude, Grok…), pero no tienen la integración a nivel de sistema que sí proponen Qira, Galaxy AI y compañía.
- Qira unifica bajo un mismo nombre las soluciones dispersas que han llegado hasta ahora: moto ai (la minúscula imperativa es cosa de Motorola), Lenovo AI Now, Creator Zone y Learning Zone.
- La plataforma integra colaboraciones con Microsoft 365, Copilot, Qualcomm, Intel, Perplexity y Google.
- Motorola no tiene una gran cuota en el segmento premium, si Qira funciona bien podría ser un argumento para atraer clientes.
Qira llegará en el primer trimestre de 2026 a dispositivos Lenovo “seleccionados” y después a móviles Motorola compatibles. Todavía no han comunicado el listado de modelos que la recibirán.
El enfoque es pragmático: mejor integrar lo que ya funciona que competir con OpenAI o Google en la creación de modelos fundacionales donde difícilmente iban a poder rascar algo. Qira no es un modelo propio, sino una plataforma que conecta distintos servicios de IA según la tarea.
Profundiza. Más allá de Qira, hay una lectura estratégica: Lenovo está intentando convertirse en el fabricante de referencia para quien no quiere Apple pero tampoco confiarse solo en Google. Es un hueco difícil de ocupar.
Todos fracasaron porque crear ecosistemas requiere años de inversión, ganar desarrolladores comprometidos y llegar a usuarios dispuestos a cambiar de hábitos.
Lenovo tiene músculo financiero y Motorola conserva prestigio de marca. Pero necesitará que Qira funcione de verdad.
Imagen destacada | Motorola, Unsplash, Xataka
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Mañana regresa a Prime Video uno de los principales héroes de acción de la plataforma, aunque lo hace en un formato inesperado
Cuando Amazon cerró ‘Jack Ryan de Tom Clancy’ en julio de 2023, la cuarta y última temporada dejó un personaje con las cuentas saldadas. John Krasinski había pasado cinco años encarnando a un analista de la CIA perpetuamente desubicado en un mundo que le sobrepasaba. Pocos esperaban que volviera tan pronto al personaje y, sobre todo, que lo hiciera de esta forma: ‘Jack Ryan: Guerra encubierta’, la primera película derivada de la serie, llega este miércoles 20 de mayo a Prime Video.
Cuando Amazon estrenó la serie en 2018, el streaming aún era un fenómeno incipiente. Amazon necesitaba un producto de acción de alto presupuesto, y optó por este conocido analista de la CIA que ya había tenido cuatro intérpretes previos: Alec Baldwin, Harrison Ford, Ben Affleck y Chris Pine. Krasinski se quedó con el personaje durante toda la singladura televisiva, lo que permitió desarrollar al personaje con mayor detalle que sus anteriores encarnaciones. La serie fue un éxito: el 37% de los usuarios de Prime Video visionaron la serie durante el primer mes.
En 2024, Amazon MGM Studios anunció la producción de una película que continuaría la serie. La última vez que vimos a Ryan protagonizar un largometraje fue en ‘Jack Ryan: Operación Sombra’ en 2014, con Chris Pine. Aquí, a Krasinski le acompaña Sienna Miller como agente del MI6. La trama sigue a Ryan, retirado de la acción pero arrastrado de vuelta cuando descubre una unidad de operaciones clandestinas corrupta conocida como Proyecto Starling.
La película llega en un momento peculiar para Prime Video. La plataforma ha construido en los últimos años un ecosistema de acción muy sólido, con series como ‘Fallout’, ‘The Boys’ y, sobre todo, ‘Reacher’, epítome de ese subgénero de thrillers y acción “para padres” al que también pertenece Jack Ryan. La tercera temporada de ‘Reacher’ acumuló 54,6 millones de espectadores globales en sus primeras dos semanas. No es de extrañar que Amazon ya haya sugerido que ‘Guerra encubierta’ no es un final, sino un nuevo capítulo.
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La misión conjunta entre Europa y China ya está en el espacio. Lo verdaderamente importante llega ahora
Por fin, a pesar del aplazamiento del pasado mes de abril, SMILE se ha lanzado con éxito. La misión que une a China y Europa para estudiar cómo interaccionan los vientos solares con la magnetosfera terrestre partió del Puerto Espacial de Kurú, en la Guayana Francesa, a las 03:52 GMT (05:52, hora peninsular española). Por delante le quedan al menos 3 años de trabajo, pero antes de empezar con su labor deberá dar algunos pasos previos.
Viaje a la órbita final. Durante los primeros 25 días de la misión, SMILE deberá encender sus motores 11 veces. Esto le va a permitir alargar gradualmente su órbita alrededor de los polos terrestres, hasta alcanzar los 121.000 km sobre el Polo Norte y los 5.000 km sobre el Polo Sur. Una vez en su órbita final, alrededor del 13 de junio, llegará el momento de poner a punto todos sus instrumentos.
El despliegue final. Remotamente, desde Tierra, los ingenieros de la misión comprobarán que todos los instrumentos de SMILE funcionan adecuadamente. Para eso, algunos deben cambiar su conformación. Concretamente, será necesario desplegar el brazo del magnetómetro y abrir el obturador de la cámara de rayos X y la tapa de la cámara ultravioleta. Cada uno de estos puntos es esencial para el buen desarrollo de la misión.
Las primeras imágenes. Una vez comprobados los experimentos, SMILE comenzará con su trabajo. Las primeras imágenes se enviarán a la Tierra para su análisis tres meses después.
La misión. SMILE estudiará la interacción de la actividad solar con el escudo que utiliza la Tierra para protegerse de ella. Aunque otras misiones han realizado tareas similares, será la primera vez que se tomen imágenes globales de dicha interacción, tanto en rayos X como en ultravioleta.
Esto nos aportará un conocimiento mejor que el actual sobre las tormentas solares y cómo afectan a nuestro planeta. Y es que no solo nos dibujan auroras preciosas en el cielo. También pueden afectar a las telecomunicaciones, a veces de forma preocupante. Es importante entenderlas y saber predecir en la medida de lo posible los efectos perjudiciales que podrían provocar.
Al menos tres años. La duración nominal de la misión será de 3 años. Esto significa que está diseñada para alcanzar sus objetivos principales en este tiempo. La inversión económica de las agencias espaciales europea y china se ha centrado en garantizar esta duración. Sin embargo, eso no quiere decir que dentro de tres años se vaya a desorbitar la nave o que se vayan a apagar todos sus instrumentos. Si sigue funcionando adecuadamente, se podría alargar mucho su vida útil.
El caso de Cluster. Cluster fue una misión de la ESA cuyo objetivo era también medir el entorno magnético de la Tierra. En cierto modo, se podría considerar una predecesora de SMILE. Su lanzamiento se produjo en el año 2000 y permaneció activa hasta 2024. Sin embargo, su duración nominal inicialmente era de 2 años. Una vez llegada la fecha de jubilación, se comprobó que Cluster estaba totalmente en forma, por lo que se decidió invertir en ella durante mucho más tiempo.
Quizás pase algo parecido con SMILE. De momento, habrá que ir paso a paso. Para empezar, debe llegar a su órbita operativa. Una vez allí, empieza la magia. O mejor dicho: la ciencia.
Imagen | ESA
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China acaba de darles una misión mucho más ambiciosa
Cada vez que le pedimos algo a una IA, la escena parece casi invisible: escribimos una frase, recibimos una respuesta y seguimos adelante. Pero detrás de esa aparente ligereza hay edificios llenos de servidores, sistemas de refrigeración funcionando sin descanso y una demanda eléctrica que no deja de crecer. La nube, por mucho que la llamemos nube, tiene suelo, cables, calor y consumo. Y precisamente por eso empieza a cobrar sentido una idea que hace no tanto sonaba a experimento extraño: sacar parte de esa infraestructura de tierra firme y llevarla al mar.
China ya lo está llevando al terreno comercial. MERICS señala que el país ha presentado el primer centro de datos submarino comercial en Hainan y un módulo alimentado por energía eólica marina en Shanghái, dos movimientos que apuntan en una misma dirección: comprobar si esta arquitectura puede dejar de ser una rareza técnica y convertirse en una pieza aprovechable dentro de su despliegue digital. La novedad no está solo en sumergir servidores, sino en plantearlos como una posible respuesta a tres tensiones que ya pesan sobre la infraestructura de la IA: energía, refrigeración y suelo.
Hainan es la primera pieza de ese salto. Las pruebas piloto del centro de datos submarino de Hainan empezaron en 2023, primero con servicios de almacenamiento para el puerto de libre comercio de la isla y operadores de telecomunicaciones, antes de extenderse a empresas cloud y de IA. El proyecto no juega en la liga de los grandes centros de datos terrestres, pero sí tiene una escala suficiente para dejar de ser una simple maqueta: cada cabina está situada a 35 metros bajo el agua, cuenta con 24 racks y puede albergar hasta 500 servidores. Su valor está precisamente ahí: demostrar que China está intentando convertir una idea experimental en una infraestructura comercial real.
Shanghái como escaparate energético. Si Hainan representa el salto comercial, Shanghái añade la pieza que hace que la historia sea más ambiciosa: la integración directa con energía eólica marina. Este proyecto está frente a Lingang, donde CGTN sitúa una plataforma submarina ya operativa y conectada directamente a un parque eólico marino cercano. La inversión total prevista es de 1.600 millones de yuanes, unos 235 millones de dólares según esa fuente, y la instalación parte de una fase piloto de 2,3 MW, mientras que el proyecto completo está previsto que alcance los 24 MW.
Refrigerar sin pelear contra el entorno. Esa es la promesa técnica que explica buena parte del interés por estos centros de datos submarinos. El medio estatal chino recuerda que las instalaciones terrestres pueden dedicar hasta el 40% de su electricidad a refrigeración, un problema especialmente visible cuando hablamos de racks cada vez más densos. Bajo el mar, la idea cambia: aprovechar el agua como disipador natural de calor. En Shanghái, por ejemplo, la temperatura media del mar ronda los 15 grados Celsius.
La otra mitad de la ecuación está en la energía. El centro de Shanghái está conectado mediante un cable compuesto fotoeléctrico a un parque eólico marino de 200 MW, con más de 50 turbinas, y más del 95% de su electricidad procede de energía renovable. Si el proyecto alcanza su escala completa, se calcula que podría ahorrar 61 millones de kWh al año y reducir de forma notable sus emisiones de carbono.
También hay desafíos. MERICS advierte de que estos centros de datos plantean retos importantes: sellar los módulos, lidiar con la corrosión del agua marina, operar en un entorno de alta presión y asumir que el mantenimiento puede exigir sacar módulos enteros a la superficie. Esto no es ningún secreto. Acceder al hardware sumergido en caso de un fallo es uno de los puntos más sensibles.
Microsoft ya había probado el camino. El antecedente más conocido es Project Natick, una iniciativa con la que Microsoft sumergió un centro de datos frente a las islas Orcadas, en Escocia, y lo recuperó en 2020 tras dos años de funcionamiento bajo el agua. La prueba sirvió para demostrar que la idea podía funcionar técnicamente, pero no terminó convirtiéndose en una línea comercial.
La lectura no es una solución mágica. Como podemos ver, China está probando otra forma de repartir las piezas del problema. Hainan muestra el intento de llevar los centros de datos submarinos al terreno comercial; Shanghái añade una ambición más amplia, conectarlos con energía eólica marina y orientarlos hacia cargas cada vez más exigentes. Los centros de datos bajo el mar parecían una rareza tecnológica. Ahora, al menos en China, empiezan a parecer una apuesta industrial con una misión mucho más ambiciosa.
Imágenes | Shanghai Hailanyun Technology
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