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Toyota ya sabe que la brecha con Tesla y BYD tiene su origen en su cultura de empresa japonesa

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Estamos viviendo el futuro. La transición al coche eléctrico y cómo esta se está llevando a cabo va a definir lo que veremos en los próximos años. Con un entorno político cambiante, normativas de emisiones duras para Europa y un mercado chino que parece que solo mira ya de fronteras para adentro, las inversiones que se hagan y el enfoque de cómo se afronte el futuro será clave.

Ahora mismo, decir cuál va a ser el designio de una marca de coches tradicional a diez o quince años vista es poco menos que aventurado.

Los hay que dan por hecho que Tesla ha llegado a su techo, que los fabricantes chinos tienen complicado seguir rompiendo barreras (económicas y psicológicas en los consumidores) y que Toyota, muy conservadora, es la que está jugando la partida más inteligente.

Y los hay que defienden a capa y espada que Tesla ha creado una nueva forma de entender el vehículo, basada en el software. También que China lleva la delantera y que solo es cuestión de tiempo que abracemos en toda Europa las propuestas de BYD, NIO, XPeng y, por supuesto, Xiaomi. Suelen ser los mismos que señalan que Toyota sólo está dando los primeros pasos de su decadencia o, como mínimo, de un retroceso lógico dada su estrategia de marca.

Sea como sea, tendrá que pasar década y media para saber quién tiene razón. Sin embargo, sí hay que reconocer a estos últimos que, en parte, Toyota está preocupada por cómo avanzan las cosas internamente. También que está tomando medidas para solucionarlo. Y que su cultura de empresa es clave.

El software como ejemplo de un problema mayor

Contábamos hace unas semanas que en Toyota estaban preocupados por la forma de trabajar en la compañía. En su colaboración con BYD en China habían descubierto que la empresa del país vecino trabajaba a un ritmo endiablado implementando cambios en tiempo récord.

Explicaban entonces en Reuters que gran parte del secreto estaban en las pruebas que pasaba cada nuevo cambio antes de ser aprobado. Mientras que los fabricantes europeos realizaban miles de kilómetros antes de dar luz verde a cada pequeña modificación, las marcas chinas preferían ponerlo cuanto antes en la calle y, si hacía falta, aplicar cambios cuando la fase de desarrollo del vehículo estaba ya muy avanzada.

Ese choque cultural es todavía más acusado con los fabricantes chinos. Consultorías especializadas en el mercado del automóvil ya han adelantado a Toyota y el resto de fabricantes nipones que su cultura empresarial, en la que se trata de trabajar sobre un mismo concepto y mejorarlo reiteradamente en busca de la perfección, está anticuado.

Entonces la empresa Caresoft ya les animaba a agilizar los plazos y pensar los coches eléctricos desde cero y no sólo como una alternativa puramente eléctrica de sus coches de combustión. Esto les permitiría ahorrar en componentes (aplicando plástico en lugar de materiales más nobles) y eliminar directamente algunos de ellos (como refuerzos que tienen sentido para no transmitir vibraciones al interior del coche pero carecen de ellos cuando lo que mueve el vehículo es un motor de combustión).

En ese camino por adaptarse a los nuevos tiempos, Bloomberg explica que Toyota ha contratado a Code Chrysalis, una start up con sede en Tokio especializada en el desarrollo software. Esa consultora asegura que Toyota ya ha entendido la importancia que jugará el software en el futuro pero que “sigue siendo lenta”.

Code Chrysalis está organizando campamentos intensivos en Silicon Valley para mejorar los conocimientos de programación de los empleados de Toyota

Con los últimos anuncios sobre sus próximos coches eléctricos e híbridos enchufables, Toyota confirmó que habían trabajado en un software completamente renovado y anticipaban que mostrarían más detalles cuando estos coches se lancen a la calle. En la presentación del nuevo Toyota RAV4 se especificó que estábamos ante “el primer paso hacia vehículos totalmente definidos por software”.

Ya en mayo, Financial Times se hacía eco de que Toyota había puesto un empeño mayor en evolucionar su software, entendiendo que en el futuro será un valor de compra (si no lo es ya). Con las mismas, sabíamos que Toyota miraba a China, con el objetivo de evolucionar y aprender de aquellos que han revolucionado el interior de sus vehículos.

Ahora también sabemos que, de la mano de Code Crysalis, la empresa está organizando campamentos en Silicon Valley para aprender codificación de manera intensiva y luego tratar de replicar lo aprendido en sus futuros modelos. Sin embargo, en Bloomberg señalan que parte de estos empleados elegidos están desilusionados porque entienden que los esfuerzos siguen siendo insuficientes.

De hecho, el medio de comunicación señala que la división diseñada para desarrollar software no ha sido integrada directamente en la cadena de desarrollo del vehículo y que, entre manos, tienen proyectos de digitalización que afectan a toda la empresa. Para algunos de los trabajadores, la estrategia sigue siendo demasiado conservadora.

En su información, Bloomberg explica que la compañía sigue una filosofía demasiado conservadora en la que se premia sobremanera a quienes tienen un largo currículum dentro de la empresa y se valora la armonía laboral por encima de los riesgos. Ponen como ejemplo el caso de un trabajador interesado en la conducción autónoma que, sin embargo, cuando ingresó en la compañía estuvo años haciendo un trabajo de control de calidad de piezas electrónicas de poca importancia.

Es solo un ejemplo más de lo que Toyota defiende como filosofía Kaizen. Una cultura empresarial ligada directamente a una postura filosófica en la que se prefiere perfeccionar hasta la extenuación lo ya conocido antes de coger un nuevo producto y comenzar desde cero, sobre un papel en blanco.

No es casual, por tanto, que la estrategia de la compañía sea (al menos de momento) llamativamente conservadora. Toyota no deja de repetir que venderán el coche adecuado (eléctrico, híbrido enchufable o vehículo de combustión) en el mercado adecuado. Al mismo tiempo, lo que es innegable es que llevan un lustro siendo la compañía que más coches vende.

La gran duda es si dentro de década y media estaremos hablando de los primeros pasos de su estancamiento o la estrategia ganadora frente a una competencia que se lanzó a los brazos del coche eléctrico y ahora ve cómo tienen que ir poniendo parches ante esta decisión.

Foto | Toyota y BYD

En Xataka | Toyota, al asalto del coche eléctrico en Europa: un C-HR eléctrico, un bZ4X rediseñado y un Lexus que llega con sorpresa

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para los psicólogos el gran reto es “renegociar la convivencia”

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A sus 32 años, la maleta en el pasillo de la casa de sus padres no es una señal de visita, sino de mudanza. El cuarto que dejó hace un lustro sigue allí, pero él ya no es el mismo, ni sus padres tienen la misma energía. Esta escena, que se repite en miles de hogares españoles, es el rostro de la llamada “generación bumerán”. Como describe la psicoterapeuta familiar Xiomara Reina en La Vanguardia, volver al hogar no es solo una cuestión de compartir techo; es un desafío a la identidad en un momento en que “todo lo que parecía estable deja de serlo”.

La realidad estadística en España ha alcanzado un punto de inflexión crítico. Según el Consejo de la Juventud de España (CJE), la tasa de emancipación ha caído al 15,2%, el dato más bajo registrado en un segundo semestre desde que existen registros. A pesar de que la edad media para independizarse ya superaba los 30 años en informes previos, el escenario actual muestra una parálisis casi total del proyecto vital joven.

En el informe del think tank Funcas revela un cambio de paradigma histórico: hoy, solo el 43% de las mujeres y el 32% de los hombres de entre 30 y 34 años viven en pareja, una caída drástica frente al 80% que lo hacía en 1970. El resultado es un aumento de los hogares intergeneracionales. Como señala el informe, en 2024 un 6% de los hogares españoles ya albergaba al menos a tres generaciones conviviendo bajo el mismo techo, una tendencia de “emergencia” donde la familia se aglutina en espacios no siempre preparados para ello.

Una tormenta económica perfecta

¿Por qué un adulto con estudios y trabajo se ve obligado a regresar? La respuesta es puramente aritmética. El barómetro del CJE advierte que, con el alquiler a un precio récord de 1.080 euros mensuales, una persona joven asalariada tendría que destinar el 92,3% de su sueldo únicamente al arrendamiento. Si sumamos suministros básicos, el coste supera el 100% de los ingresos medios, dejando la supervivencia en manos de la ayuda familiar. 

A esto se suma la presión geográfica. Según datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que ciudades como Madrid y Barcelona están perdiendo población nacional debido a que el esfuerzo para alquilar una vivienda adecuada exige entre el 80% y el 90% de la renta familiar. Este “motor migratorio de dos velocidades” expulsa a los residentes hacia la periferia o de vuelta al hogar de origen.

Pero no solo la economía empuja el bumerán; los eventos personales “shocks” son determinantes. Aunque estudios internacionales –como el de la Universidad de Essex en Reino Unido o la encuesta de Thrivent en EEUU– analizan esta tendencia, en España el impacto es idéntico: la pérdida de empleo y las rupturas de pareja con un repunte del 8,2% en 2024, alcanzando las 86.595 disoluciones matrimoniales. Con una edad media de ruptura que ya roza los 50 años, este fenómeno no solo afecta a los jóvenes, sino que empuja a adultos de mediana edad de vuelta al hogar de unos padres octogenarios, reconfigurando por completo la estructura familiar tradicional.

El peligro de la “regresión”

Cuando el hijo adulto cruza el umbral de casa, el tiempo parece retroceder de forma peligrosa. Es lo que el diario The Guardian define como “modo adolescente”. El psicoterapeuta Satya Doyle Byock explica que este retorno puede provocar una “regresión psicológica” donde adultos de 30 o 40 años vuelven a ser hoscos, dejan de limpiar o se sienten infantilizados por unos padres que retoman automáticamente su rol de cuidadores.

Para que este regreso forzado no transforme el hogar en una olla a presión, la receta de los expertos no pasa por la resignación, sino por una renegociación activa de la realidad. Xiomara Reina advierte que el error más frecuente —y a menudo el más bienintencionado— es que los padres minimicen el dolor del hijo o intenten “animarlo” demasiado rápido. El adulto que vuelve suele cargar con una mochila pesada de frustración, derrota y una vergüenza silenciosa. Por ello, la clave reside en tratar la convivencia como un contrato entre adultos y no como un retorno a la infancia.

Es fundamental establecer lo que podríamos llamar una “Constitución” doméstica desde el primer día. No se puede dar nada por hecho; es imprescindible hablar con claridad sobre horarios de entrada, reparto de limpieza y organización de comidas. En este nuevo equilibrio, las “aportaciones simbólicas” juegan un papel psicológico esencial. Incluso si el hijo no puede pagar un alquiler de mercado, colaborar con la compra, pagar internet o encargarse de reparaciones ayuda a preservar su dignidad y evita que en los padres germine un resentimiento silencioso por sentirse servidores eternos. Finalmente, plantear la estancia como una transición con un horizonte temporal claro, revisando la situación periódicamente, permite que el hogar familiar sea una red de seguridad y no un estancamiento definitivo.

Desde la perspectiva de la salud mental, el estudio de PLOS ONE sugiere una lectura compleja: aunque vivir con los padres alivia el estrés financiero, la falta de autonomía puede empeorar los síntomas de depresión si la convivencia es conflictiva. Por otro lado, los padres “conectados” con sus hijos suelen tener mejor salud mental durante procesos de duelo o divorcios tardíos (silver splits), según el informe de Lisa Jessee y Deborah Carr

En Alemania, el concepto de “casa multigeneracional” se plantea como una solución planificada con espacios independientes. En España, el modelo es de “resistencia”. El documento del CJE sobre el Youth Test propone que las políticas públicas deben evaluarse bajo un impacto intergeneracional: la precariedad del hijo es, en última instancia, una carga para la vejez del padre.

Como reflexiona Gretchen Rubin en The Atlantic, debemos cambiar la metáfora del “nido vacío” por la de la “puerta abierta”. La familia sigue siendo la red de seguridad última. Una etapa de oportunidad para que “padres e hijos se miren desde un lugar más humano y reparen conversaciones pendientes”.

El éxito de esta convivencia forzada no depende del dinero, sino de la autoconciencia. En un país donde independizarse es “prácticamente una quimera”, el hogar de los padres se ha convertido en el último reducto de resistencia frente a un mercado que expulsa a sus jóvenes. Pero para que el bumerán no rompa el cristal de la convivencia, la clave es una sola: dejar de tratar al adulto como un niño y al padre como un servidor eterno.

Imagen | Freepik

Xataka | No es país para españoles: Madrid y Cataluña están perdiendo población nacional al tiempo que ganan extranjera

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Mazda tiene un híbrido enchufable perfecto para Europa. El problema es que para Europa es eléctrico y paga aranceles como un eléctrico

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Si hubiera que definir con una palabra esta historia, no tendría ninguna duda: rocambolesco. 

Para hacernos una idea del embrollo, vamos con unas pinceladas que iremos desgranando poco a poco: 

  • Mazda tiene un coche eléctrico chino que, realmente, tiene un motor de combustión
  • La Unión Europea ha levantado aranceles a los coches eléctricos chinos y Mazda tiene que pagar un 30% por cada uno de los que importa a Europa
  • La Unión Europea no impone aranceles a los coches chinos con motores de combustión. 
  • Esta excepción está siendo utilizada por las marcas chinas para ganar cuota de mercado en Europa. 
  • Mazda sí tiene que pagar aranceles por ese coche eléctrico que, en realidad, tiene un motor de combustión pese a que la Unión Europea no grava con aranceles adicionales a los coches chinos con motores de combustión. 

Sí, a mí también me está dando vueltas la cabeza. 

Tratemos de explicarlo. 

La historia de los aranceles

Para explicar una historia, Manolito Gafotas lo tenía claro: vayamos al principio de los tiempos. 

En octubre de 2024, después de meses avisando y tras algunas negociaciones con China, la Unión Europea levantó unos aranceles adicionales a los coches eléctricos chinos que ya venían pagando un 10% por coche vendido en Europa. Estos aranceles tienen en cuenta la supuesta ayuda estatal que China ha dado a cada marca y la predisposición de cada marca a colaborar. Es decir, no todas pagan los mismo

Esos impuestos se pusieron a todos los coches eléctricos que vinieran de China, independientemente de la marca que los importara. Esto es clave porque todas las marcas europeas que trajeran sus coches de China también tienen que pagar ya que, salvo Tesla, ninguna marca extranjera fabrica sus coches en China sin estar vinculada a una automotriz local.

Changan, que es la marca que aquí nos atañe, tiene que pagar un 20% de aranceles adicionales que se suman al 10% de aranceles de base. Es decir, por cada coche que vende en Europa tiene que pagar un sobrecoste del 30% sobre el valor del mismo. 

Esta compañía China está asociada con Mazda, quien utiliza la base de sus coches Deepal para traer a Europa el Mazda 6e y el próximo Mazda CX-6e. El primero de ellos ya lo hemos podido conducir en Xataka y, como te contamos, es un coche que arrastra algunas de las inconveniencias de su origen chino pero cuyo principal atractivo es el precio. 

Esta asociación le ha permitido a Mazda un paso muy importante. La compañía es una empresa pequeña por lo que las inversiones tienen que ir muy bien dirigidas y, viendo el abrazo que está recibiendo el coche eléctrico en Europa, han hecho cuentas y no les interesaba pagar el desarrollo íntegro de un coche propio. Pero, eso sí, tienen que cumplir con las normas de emisiones europeas si no quieren que les caiga una buena multa. 

Una opción es pagar la multa. La segunda es reducir su nivel de emisiones por debajo de los 93,6 gr/k de CO2, casi una quimera para una marca donde la electrificación es la excepción. La tercera, y más probable, es formar parte de un pool con compañías como Tesla para comprar sus créditos de emisiones. 

El Mazda 6e y el Mazda CX-6e es una muy buena noticia para la compañía ya que pone en el mercado dos coches eléctricos a un coste muy bajo para ellos y un beneficio muy alto. Por cada unidad de eléctricos vendida, la rebaja en emisiones es sustancial y aunque se queden por encima del límite tendrán que pagar menos por esos créditos de emisiones. 

Un eléctrico que no es (del todo) eléctrico 

Pero, además de estos dos ases, Mazda se guardaba un tercer as bajo la manga. Su berlina también se vende en China como eléctrico de rango extendido (EREV). Es decir, hablamos de un coche eléctrico con 200 kilómetros de autonomía eléctrica al que le apoya un motor de combustión. En este caso, un motor 1.5 de cuatro cilindros que actúa como un generador eléctrico.

El eléctrico de autonomía extendida es una solución que la propia Mazda emplea en un coche de desarrollo propio, el MX-30 REV, y es la opción que se plantea para poder sacar adelante un nuevo deportivo en sustitución del mítico MX-5. El EREV tiene la ventaja de poder recorrer centenares de kilómetros en modo completamente eléctrico con la batería adecuada y, llegado el caso, tirar del motor de combustión. 

La intención de Mazda es mejorarlo en los modelos íntegramente suyos con un motor rotativo. Así, el motor apenas ocupa espacio y añade muy poco peso a un conjunto que, irremediablemente, vendrá lastrado por el peso de la batería, lo que escama dentro de la propia empresa nipona.

Pero, ¿estamos hablando de un híbrido enchufable? En la práctica, sí. El coche utiliza el motor de combustión como generador eléctrico. Así, funciona al régimen de vueltas más eficiente en la mayoría de las situaciones, aporta electricidad a la batería y esa electricidad se envía a los motores eléctricos que son las que realmente impulsan las ruedas. La ventaja es que tienes un coche eléctrico para el día a día, con una red de seguridad en los viajes largo y, pese a todo, el tacto de par inmediato y suavidad propias de un eléctrico. 

La solución de hecho, parece una de las opciones más lógicas con el endurecimiento en las condiciones de emisiones de la Unión Europea. Y la mayoría de los coches chinos híbridos enchufables ya funcionan así en la mayoría de las ocasiones para bajar sus consumos. 

Pero en Mazda mandan un mensaje: será complicado ver esta versión en Europa. 

Y es que hay un detalle técnico que diferencia a un híbrido enchufable de un eléctrico de rango extendido. La Unión Europea hace una distinción entre ambos que no se centra en si cuenta o no con un motor de gasolina, se centra en qué energía propulsa las ruedas. 

Es decir, el Mazda 6e EREV está considerado como un eléctrico porque su motor de combustión nunca empuja las ruedas, funciona siempre como un híbrido en serie. Muchos coches chinos priorizan esta forma de trabajar pero son considerados como híbridos enchufables porque, muy puntualmente, su tecnología sí permite que el motor de combustión impulse directamente las ruedas aunque en la mayor parte de las ocasiones funcione como un generador eléctrico. 

Esta diferencia sutil hace al Mazda 6e EREV un coche eléctrico a ojos de la Comisión Europea, independientemente de que tenga o no un motor de combustión y, de hecho, el grueso de su energía llegue de la gasolina cuando la batería se agota. Eso implica que Mazda tiene que pagar un 30% de aranceles también por meter a este coche en el mercado. 

Y la paradoja de que otros coches chinos, con una técnica muy similar, no los paguen

Foto | Mazda

En Xataka | El híbrido enchufable es el caballo de Troya de China: mirábamos al coche eléctrico y su gran arma era el motor de combustión

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En su objetivo por llegar a la Luna en 2030, China ha dado un golpe en la mesa: ha demostrado el potencial de su tecnología

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En su objetivo por llegar a la Luna en 2030, China ha dado un golpe en la mesa: ha demostrado el potencial de su tecnología

La carrera por el retorno humano a la Luna ha entrado oficialmente en una nueva fase operativa con China ejecutando con éxito el primer vuelo “encendido” de su cohete pesado de nueva generación: el Long March-10 (LM-10). Un ensayo que no solo ha validado su capacidad de propulsión, sino que certifica la seguridad de su futura tripulación en el entorno más hostil del lanzamiento. 

Dónde. Este hito, realizado desde la plataforma de lanzamiento de Wenchang (Hainan), sitúa al programa lunar chino en una trayectoria firme y técnicamente verificada para cumplir su objetivo estratégico: poner al humano sobre la superficie lunar antes de 2030.

La prueba de fuego. El ensayo realizado recientemente marca un punto de inflexión, puesto que, a diferencia de las pruebas estáticas o los modelos a escala de años anteriores, este ha sido un vuelo real con ignición. El LM-10 despegó en una configuración de prototipo con el objetivo de alcanzar la máxima presión dinámica (Max-Q).

En ingeniería aeroespacial, Max-Q es el momento crítico durante el ascenso donde las fuerzas aerodinámicas sobre la estructura del vehículo son más violentas. Es el “peor escenario” posible para una emergencia y que podría atentar contra la seguridad de la tripulación, y es precisamente en ese instante cuando se envió el comando de aborto a la nave tripulada Mengzhou (la sucesora de la Shenzhou).

Hay diferencias. Lo que distingue a este ensayo de los realizados por otras potencias históricas es la sofisticación de la secuencia posterior. En un primer momento, la cápsula Mengzhou se separó del cohete y activó sus motores de escape, alejándose de la “zona de peligro” a gran velocidad, validando su capacidad para salvar a la tripulación en condiciones aerodinámicas extremas.

Por otro lado, mientras la cápsula descendía hacia un amerizaje controlado, la primera etapa del cohete LM-10 no se desechó. Por primera vez en un ensayo de estas características en China, la etapa continuó su ascenso brevemente para luego ejecutar un descenso controlado y amerizar en el mar.

Un éxito. Este éxito valida simultáneamente la integridad estructural bajo estrés máximo, la compatibilidad de las interfaces entre cohete y nave, y la capacidad de reutilización parcial del sistema, un avance tecnológico que acerca a China a la eficiencia operativa de empresas como SpaceX con Artemis. Todo esto dentro de un contexto donde China y Estados Unidos ‘luchan’ por ver quien es el primero en regresar a la Luna. 

Un cambio de concepto. El éxito de Wenchang es solo la punta de lanza de un sistema mucho más complejo conocido como el “sistema de transporte Tierra-Espacio para vuelos tripulados lunares” de la CMSA. Esta arquitectura se aleja del concepto “un solo disparo gigante” y apuesta por un esquema de dos lanzamientos y encuentro orbital.

Los tres pilares. El primero de ellos es el Long March-10, un coloso de aproximadamente 92 metros de altura capaz de colocar unas 70 toneladas en órbita baja terrestre y alrededor de 27 toneladas en órbita de transferencia lunar. Lo más interesante es que su diseño modular y la capacidad de recuperación de la primera etapa son fundamentales para la sostenibilidad económica del programa, ya que se recupera toda la estructura para siguientes pruebas y misiones. 

El segundo pilar es Mengzhou, que está diseñada para misiones de espacio profundo y es más grande y capaz que la actual Shenzhou.Su desarrollo, que comenzó conceptualmente hacia 2017-2018, ha culminado en un vehículo modular capaz de soportar la reentrada atmosférica a velocidades de retorno lunar. El tercero es un módulo de alunizaje dedicado conocido como Lanyue que espera en la órbita lunar. 

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Hoja de ruta. Esta contempla dos lanzamientos separados del LM-10: uno para transportar el módulo Lanyue y otro para la tripulación en la Mengzhou. El objetivo final es que ambos vehículos realizarán una maniobra de encuentro y acoplamiento en órbita lunar antes de que los taikonautas desciendan a la superficie.

Cronología de ambición. El camino hacia este vuelo de 2026 ha sido metódico, caracterizado por una estrategia de “pasos cortos pero rápidos” que comenzó en 2013 con las primeras discusiones y el desarrollo de prototipos. Fue en 2020 cuando se hizo un vuelo orbital de prueba de 8 días utilizando un Long March-5B y que validó el escudo térmico y los sistemas de recuperación de la cápsula.

Finalmente, ha sido este mes de febrero cuando se ha dado el vuelo con aborto en Max-Q y recuperación de la etapa. Si miramos a futuro, antes de finalizar 2026, se esperan pruebas de abandono en “cero altitud” y ensayos completos del módulo de alunizaje Lanyue, todo orientado a cumplir la ventana de lanzamiento de 2030.

Un duelo de titanes. La comparación entre Estados Unidos y China es prácticamente obligatoria en estos casos. Mientras Estados Unidos confía en la potencia bruta del SLS Block 1, un coloso de 98 metros y desechable, China apuesta por la eficiencia operativa con el Long March-10. Y aunque el cohete chino es un poco menos potente, su diseño incorpora una primera etapa reutilizable, lo que reduce costes y se acerca al modelo de sostenibilidad que SpaceX ha popularizado en Occidente, contrastando con el inmenso gasto por lanzamiento del sistema estadounidense.

Por otro lado, la NASA ha optado por un esquema híbrido y complejo: lanza a la tripulación en la cápsula Orion con el cohete gubernamental SLS, para luego acoplarse en órbita lunar con el Starship HLS, un módulo de aterrizaje comercial de SpaceX. Por el contrario, China ha elegido una “arquitectura distribuida” más pragmática: realizará dos lanzamientos separados del LM-10, uno para el módulo de alunizaje Lanyue y otro para la tripulación en la nave Mengzhou, que se encontrarán directamente en la órbita lunar.

En sus calendarios. El programa estadounidense, al depender de múltiples proveedores comerciales y tecnologías disruptivas (como el repostaje en órbita de la Starship), enfrenta una logística de alta complejidad que ha acumulado retrasos para la misión Artemis III. En cambio, el modelo centralizado y vertical de China, mantiene una hoja de ruta firme y predecible hacia el año 2030. 

De esta manera, estamos viendo a dos potencias titánicas con dos filosofías diferentes que aspiran a ser las primeras en poner a sus astronautas en el suelo de la Luna. El gran misterio está en todos los problemas que pueden surgir, como ya está sufriendo la NASA con Artemis y que podría haber alterado los planes de futuro en su misión espacial. 

Imágenes | China Manned Space Agency

En Xataka | Hay satélites en el espacio que necesitan ser “remolcados”. Y una empresa de Galicia tiene exactamente lo que se necesita

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La noticia

En su objetivo por llegar a la Luna en 2030, China ha dado un golpe en la mesa: ha demostrado el potencial de su tecnología

fue publicada originalmente en

Xataka

por
José A. Lizana

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