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Runway promete superarla con su último modelo Gen-4 y desafía a Sora de OpenAI
Que los modelos generativos están logrando imágenes y vídeos cada vez más impactantes no es ninguna sorpresa. Hace unos años, producir algo similar habría requerido un gran esfuerzo manual. Pero conviene no perder de vista una realidad: aunque esta tecnología avanza a gran velocidad, todavía arrastra limitaciones importantes que dificultan su uso en ciertos entornos profesionales.
Uno de los grandes desafíos para los creadores es mantener la coherencia visual en los resultados. En proyectos ambiciosos, la IA generativa suele tener dificultades para representar de forma consistente a un mismo personaje u objeto en distintos planos o entornos. Aunque los cambios pueden parecer sutiles, no siempre son fáciles de gestionar. Eso sí, hay quienes trabajan para resolverlo.
Runway Gen-4 llega con la coherencia como pieza clave
Runway vuelve a la carga. La startup con sede en Nueva York ha presentado Gen-4, su nuevo modelo de generación de vídeo. La gran novedad: una mejora significativa en la coherencia visual, uno de los puntos débiles de modelos como Sora de OpenAI. Con este avance, la idea es que los creadores puedan construir narrativas más largas sin pelearse con los saltos visuales entre planos.
Gen-3 Alpha, el modelo anterior, ya ofrecía un nivel notable de detalle y control. Pero con Gen-4, la propuesta sube de nivel. Ahora es posible generar personajes, ubicaciones y objetos coherentes a lo largo de múltiples escenas. Una vez definida la apariencia, el estilo y la atmósfera, el modelo mantiene esos elementos sin cambios, fotograma a fotograma, y en múltiples escenas.


Gen-4 permite utilizar referencias visuales combinadas con instrucciones para generar imágenes y vídeos con estilos, ubicaciones y temas coherentes. Además de esta continuidad, el modelo busca destacar por su capacidad para crear vídeos dinámicos, con movimientos realistas y una consistencia notable en personajes, objetos y estilo. Según Runway, su comprensión del mundo es “la mejor de su clase”.
El mejor ejemplo lo encontramos en el vídeo que acompaña este artículo, uno de los muchos compartidos por Runway para mostrar las capacidades de Gen-4. Si afinamos la vista, es evidente que se trata de escenas sintéticas, tanto en la imagen como en el movimiento. Aun así, representa un salto notable para producciones audiovisuales que estén dispuesta a aceptar este tipo de estética.
Gen-3 Alpha ya había hecho su aparición en producciones como ‘House of David’, de Amazon Prime Video, y en anuncios de Puma. Ahora, Gen-4 empieza a desplegarse en las cuentas de pago de Runway, permitiendo generar clips de cinco y diez segundos en resolución 720p. Los precios van desde 15 hasta 95 dólares mensuales, con una opción Enterprise para empresas, cuyo coste no se ha revelado.
Imágenes | Runway
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Japón lleva años deseando tener menos turistas. Ahora teme que China esté haciendo sus deseos realidad
A Japón se le ha atragantado el turismo extranjero. Y es comprensible. La debilidad del yen, la reactivación de la demanda tras el parón pandémico y la enorme popularidad que ha alcanzado el país en redes ha disparado su flujo de visitantes a niveles récord, agitando el debate sobre el sobreturimo y generando malestar en algunos destinos particularmente congestionados, como Kioto, Nara u Osaka. Para frenarlo se habla ya de una subida de impuestos. Incluso hay ciudades buscando formas de reducir el flujo de turistas internacionales.
Ahora, por razones que poco o nada tienen que ver con el mercado turístico, Japón se está encontrando con el desplome de demanda en su gran mercado: China. La pregunta es si eso es una bendición o una amenaza para su economía.
Empacho de turistas. Los datos son incontestables. Japón se ha convertido en uno de los destinos más populares entre quienes planifican sus vacaciones. El año pasado el país recibió 42,7 millones de visitantes extranjeros, un récord absoluto que pulveriza el dato de 2024, cuando se quedó a las puertas de los 37 millones.
Más allá de la comparativa interanual, el dato es interesante por dos motivos. Primero, porque nunca antes la Organización de Turismo de Japón (ONTJ) había contabilizado más de 40 millones de visitantes anuales. Segundo, porque el dato deja muy atrás los 31,9 millones de 2019, último ejercicio previo a la pandemia. Si nada cambia, el Gobierno plantea alcanzar los 60 millones esta década, lo que se traducirá en una potente inyección de recursos en la economía nipona. Solo en 2025 los viajeros extranjeros se gastaron más de 60.000 millones de dólares.


Algo más que dinero. El problema es que ese flujo de turistas no solo se traduce en aviones llenos, hoteles con el cartel de ‘no quedan plazas’ y hosteleros y comerciantes satisfechos por sus ventas. El boom de turismo internacional ha generado tensiones en algunos destinos especialmente congestionados, dejando episodios casi casi surrealistas, como el vivido en Kioto. Allí las autoridades han tenido que prohibir a los “turistas paparazzi” el acceso a uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad. El motivo: que no atosiguen a las geishas.
No es la única prueba de las tensiones que están aflorando por la saturación turística. En Fujikawaguchiko las autoridades, incapaces de contener a las hordas de viajeros ansiosos por “cazar” el mejor selfie, optaron por instalar una valla que tapa las vistas del Fuji. En Fujiyoshida acaban de cancelar su festival de sakura porque satura la ciudad de visitantes que colapsan el tráfico, se cuelan en las casas y dejan basura en los parques. Y en Yamanashi decidieron hace ya años empezar a cobrar por ascender al Fuji para preservar la mítica montaña.
Y llegó la crisis de Taiwán. Caprichos de la geopolítica y diplomacia internacional, Japón acaba de encontrarse con que ese flujo récord de visitantes podría recibir un severo varapalo. Y todo a cuenta de algo que poco o nada tiene que ver con el mercado turístico: Taiwán. Para entenderlo hay que remontarse al 7 de noviembre, cuando la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, advirtió durante un debate parlamentario que Japón no duraría en movilizar sus fuerzas de autofedensa en caso de que China entrase a la fuerza en Taiwán.
Aunque el Gobierno nipón asegura que su postura sigue siendo la misma de siempre, lo cierto es que las palabras de Takaichi rompieron la “ambigüedad estratégica” que ha mantenido Japón durante décadas. Y eso no gustó ni un pelo en China. La relación entre Pekín y Tokio se tensó hasta tal punto que el gigante asiático respondió con algo más que quejas diplomáticas: canceló conciertos de artistas japoneses, pospuso el estreno de películas, reclamó los pandas cedidos a zoológicos nipones y restringió sus valiosas exportaciones de tierras raras.
¿Qué tiene que ver con el turismo? Que en su respuesta a Japón, Pekín también jugó una de sus grandes bazas económicas: la turística. Las autoridades chinas aconsejaron a sus ciudadanos que evitasen Japón e incluso se cancelaron decenas de rutas aéreas con el país. En noviembre la BBC informó de que algunas aerolíneas chinas estaban ofreciendo a sus clientes el reembolso de sus vuelos con destino Japón. Semejante movimiento no tendría mayor importancia si no fuera porque China es uno de los principales sustentos del sector turístico nipón. El gigante asiático es uno de sus grandes mercados emisores, junto con Corea.
Según la Organización Nacional de Turismo de Japón, en 2024 China fue el segundo principal origen de los turistas que visitaron Japón. Concentró alrededor del 19% de toda la demanda, solo por detrás de Corea (24%). El dato se completa además con el 7,3% de Hong Kong y el elevado peso que tiene también Taiwán en el turismo japonés. El flujo procedente del gigante asiático es clave sin embargo por otra razón: como recuerda The New York Times, China no solo mueve muchos turistas sino que sus turistas gastan mucho en Japón.
Adiós turistas chinos. Aunque el conflicto abierto entre China y Japón es reciente sus efectos no han tardado en notarse en la industria turística. TNYT asegura que en diciembre el flujo de viajeros chinos ya se desplomó un 45% con respecto al mismo mes de 2024. Y la situación no parece que vaya a mejorar en los próximos meses: Japón se ha caído de la lista de los destinos más codiciados por los chinos para disfrutar de sus vacaciones del Año Nuevo Lunar. Hay quien ya advierte que los hoteles japoneses acogerán un 60% menos de chinos.
¿Por qué es importante? Más allá de los porcentajes, ese ‘pinchazo’ del mercado chino supone un varapalo para un sector (el turismo japonés) que hasta hace poco parecía imbatible. A pesar de lo popular que sigue siendo Japón en el resto del mundo y de los datos récord que cosecha, su balance de gasto turístico entrante registró una caída del 2,8% durante los últimos tres meses de 2025.
No es un porcentaje elevado, pero representa el primer retroceso en más de cuatro años. En noviembre Bloomberg ya advertía que rifirrafe diplomático con China amenazaba con costarle al sector turístico de Japón unos 1.200 millones en ingresos. Si el dato no fuera contundente de por sí, llega en un momento sensible, en el que Japón busca la forma de impulsar su economía. Por supuesto, el nuevo escenario también tiene sus beneficiarios. La vecina Corea del Sur se perfila ya como el destino predilecto para los chinos que planifican sus vacaciones.
Imágenes | Kian hao Ng (Unsplash) e Ishaan Sen (Unsplash)
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El Gobierno de México dice que la crisis del sarampión es un “problema global”. Los datos dicen que es una crisis autoinfligida
México está atravesando un momento bastante crítico en lo que al sarampión se refiere, puesto que los contagios no paran de aumentar en diferentes puntos del país e incluso con varias decenas de fallecidos por la infección. Y aquí la pregunta que nos podemos hacer es bastante obvia: ¿Cómo es posible que esto haya ocurrido con una enfermedad que prácticamente estaba bajo control?
Las declaraciones. En las oficinas de la Secretaría de Salud de México han encontrado un paraguas retórico para la tormenta que les está cayendo encima, apuntando al “contexto global”. Según la narrativa oficial, el repunte de sarampión que atraviesa el país es simplemente el eco local de una tendencia que también se está viviendo en otros países, por lo que puede servir como consuelo político no ser el único país en atravesar esta crisis.
El problema de esa defensa es que, cuando uno deja de mirar el mapamundi y hace zoom en los datos nacionales de cada país, la excusa se desmorona. Todo esto porque México no está sufriendo el sarampión “como todos los demás” sino que lo está sufriendo con una intensidad y una letalidad que evidencian grietas estructurales en su propio sistema de salud pública.
El sarampión está aquí. Para entender la defensa del Gobierno mexicano, primero hay que concederles la parte de razón que tienen. El sarampión, una enfermedad de la que muchos se habían olvidado por su alto control, ha tenido un revival desagradable en los últimos años. Para que nos hagamos una idea, la propia OMS registró más de 552.000 casos sospechosos en 179 países durante 2025, lo que se acompañó de unas coberturas de vacunación que fueron decayendo globalmente mientras el mundo miraba casi exclusivamente al COVID-19.
De esta manera, es un hecho que el virus está circulando y, en los países americanos, la Organización Panamericana de la Salud ya alertó de un gran aumento en los casos de sarampión entre 2024 y 2025 en las diferentes regiones.
La excepción mexicana. Sin embargo, escudarse en la tendencia global para explicar lo que ocurre en suelo mexicano es hacer trampas al solitario. La clave en este caso está en las cifras del mes de febrero, que pintan un escenario bastante desproporcionado respecto a sus vecinos.
Para que nos hagamos una idea, México acumula más de 9.400 casos confirmados desde finales de 2025 hasta mediados de 2026. Y para ponerlo en contexto, en todo 2025 América sumó 14.891 casos, por lo que México no es una estadística más, sino que es el epicentro del problema en el hemisferio, concentrando gran parte de los contagios de Norteamérica.
Su mortalidad. Mientras que en otros países los diferentes brotes se van conteniendo, en México el número de fallecimientos se cuenta por decenas. Ahora mismo en México se contabilizan 29 fallecimientos en siete estados, y el dato más preocupante viene de Chihuahua, que acumula 21 de estas muertes, seguido por una situación preocupante en la Ciudad de México con dos fallecimientos y Jalisco, que aglutina el 60% de los casos de 2026.
El problema extra es que no son focos aislados, sino que hay transmisión activa en 32 estados y 335 municipios, por lo que el virus se mueve con una libertad que sugiere que los cortafuegos epidemiológicos han fallado.
Las razones. Si el virus es el mismo para todos, ¿por qué México se lleva la peor parte? La respuesta no está en el extranjero, sino en la gestión interna de los últimos años. La prensa local aquí apunta a un desmantelamiento de los sistemas de vigilancia y también a un colapso en el sistema de vacunación rutinario que ha afectado a los niños de 1 a 4 años.
Ahora mismo las autoridades sanitarias presumen de haber aplicado millones de dosis de vacuna contra el sarampión, la rubéola o la parotiditis, pero la realidad a pie de calle es distinta. En este caso, las coberturas en zonas rurales han caído muy por debajo del 95% necesario para la inmunidad de rebaño y también influye la alta movilidad poblacional, la desinformación antivacunas y una respuesta tardía que priorizó la narrativa política sobre la contención sanitaria.
Imágenes | Jezael Melgoza
En Xataka | El mito de los 37º: cada vez tenemos más claro que no existe una temperatura “normal” del cuerpo
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España lleva mes y medio lidiando con el clima de Reino Unido. Y eso obliga a repensar cómo construimos nuestras carreteras
Carreteras cortadas, adelantamientos prohibidos y nuevas restricciones de velocidad, corrimientos de tierra que se llevan por delante un coche en marcha o baches que se convierten en socavones con el paso continuado de los vehículos. Las carreteras en España han sufrido de lo lindo con un mes y medio en el que una sucesión de borrascas apenas ha dado respiro.
Pero, ¿la culpa es de las inversiones o es que no estamos preparados para este clima?
Baches, socavones y carreteras cortadas. Hemos vivido un inicio de 2026 donde se han acumulado las noticias de nevadas intensas y lluvias continuadas. Y eso ha repercutido en nuestra forma de movernos. En algunos casos, los aeropuertos se han visto obligados a detener su actividad, los trenes se han paralizado por el viento y, en carretera, hemos tenido problemas de todo tipo.
En redes sociales se han popularizado los vídeos donde una retahíla de coches sufre las consecuencias de un socavón. O las declaraciones de quienes afirman que en un mismo área de servicio se ha tenido que rescatar a un buen puñado de coches por reventones como consecuencia del mal estado de las carreteras.
Hay informaciones que apuntan a todo tipo de carreteras: las gestionadas por el Estado, las que son de titularidad autonómica y las que son de titularidad municipal. Hemos tenido reclamaciones para todos.
Un suceso inesperado. Más allá del dinero dedicado a nuestras carreteras, lo que parece claro es que se ha dado una tormenta perfecta: viales que debieran ser mejor mantenidos y una sucesión de temporales para los que nuestras carreteras no están preparadas.
Si echamos la vista atrás, en los primeros 40 días del año llovió en España el triple de la media registrada entre 1991 y 2020. La cifra registrada no sólo confirma que los pantanos se han llenado, también pone en duda hasta qué punto España está convirtiéndose en un país lluvioso. Y, sobre todo, cómo podemos prepararnos ante un cambio climático con episodios meteorológicos más extremos, repetidos con mayor frecuencia y más alejados al clima típico de nuestro país.
¿Estamos preparados? Lo cierto es que nuestras carreteras están preparadas para otra cosa. En España, las carreteras se basan en la normativa PG3 que bebe de las directrices europeas. La mayor parte de las mismas responden a las premisas dirigidas a construir carreteras en climas cálidos. De hecho, la siguiente categoría es para una zona térmica “media” y la siguiente se considera “templada”.
Esto es importante porque como contaba Francisco José Lucas Ochoa, director técnico y de desarrollo de negocio en Repsol en su cuenta de Twitter, hace algún tiempo, en estas carreteras se utiliza un betún que es más duro y aguanta mejor las altas temperaturas. En los climas más húmedos se utiliza un betún más blando, como en Reino Unido, pero éste puede reblandecerse y derretirse si hace mucho calor. ¿Nuestra desventaja? Que el asfalto resiste mejor las altas temperaturas pero es más frágil, se rompe con mayor facilidad.
Esta estructura en nuestra carretera nos deja, en la mayor parte del país (porque las carreteras de alta montaña son ligeramente diferentes), carreteras menos permeables al paso del agua. Y es que el objetivo principal nunca ha sido resistir a la humedad, ha sido resistir al calor extremo y la fatiga por el paso de numerosos vehículos, ya que España es el segundo país de Europa con mayor tráfico de vehículos pesados.
¿Qué consecuencias tiene? Los asfaltos pensados para climas secos que tienen que sufrir un castigo constante de la lluvia y la humedad son más propensos a acumular agua y favorecer el aquaplaning.
Pero cuando la absorción de agua es continua, los problemas son mayores. Si el suelo recibe una cantidad de agua constante, llega un punto en el que las capas que están por debajo del asfalto se mantienen húmedas de manera constante. Esto altera su capacidad para repartir las cargas, lo que es básico cuando tienes un asfalto más rígido o menos elástico como el nuestro.
Ese reparto limitado en las cargas favorece la fractura de la capa superior, generando baches que terminan por convertirse en socavones tanto por la acción de los propios vehículos como el castigo que imparte la caída constante de agua, ahondando todavía más en la profundidad del hueco que queda expuesto. Además, el asfalto ve limitada su vida útil.
Donde no llueve y donde sí llueve. El problema añadido es que este tren de borrascas ha dejado muchísima lluvia allí donde las carreteras están directamente pensadas para soportar un tráfico intenso de vehículos circulando en un clima seco y cálido. Andalucía y Extremadura han enfrentado lluvias propias de Cantabria pero, curiosamente, en Cantabria apenas ha llovido.
En Reino Unido, donde la problemática del agua en la carretera sí es una constante, la construcción de las carreteras juegan con la porosidad del asfalto, con el objetivo de que el suelo sea capaz de beberse el máximo de agua posible. Una técnica que se aplica al propio firme pero en el que también se tienen en cuenta las cunetas para que el agua acumulada no se infiltre y, como decíamos, cambie el reparto de cargas ideal. Este tipo de asfalto está acotado en España a zonas muy concretas, con un tráfico limitado y bajo riesgo de nieve y huelo.
En los climas húmedos y fríos, por ejemplo, tienen que lidiar con un asfalto que también es más rígido pero sin perder de vista la acumulación de agua. Allí el problema no es tanto esta última como lo es la formación de hielo y el paso de vehículos equipados con neumáticos con clavos en según qué carreteras. Si la carretera fuera igual de porosa que en Reino Unido, el agua se acumularía en los pequeños huecos del firme y se helaría, convirtiendo la carretera en una pista de patinaje.
¿Hay solución? Sí y parece que está en marcha. Desde 2021, el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX) coordina el Grupo de Trabajo Transversal sobre Cambio Climático y Resiliencia en Carreteras. Este grupo está analizando cuál es la situación actual de las carreteras españolas y las infraestructuras como puentes, túneles o acueductos y qué inversiones hay que realizar para adaptarlas a la nueva realidad meteorológica de nuestro país.
Además, en colaboración con CEDEX y JASPERS (iniciativa de la Comisión Europea) también está en marcha el primer Plan de Adaptación al Cambio Climático para toda la Red de Carreteras del Estado (RCE) impulsado por INECO para atender a estas reformas estructurales y no estructurales.
El proyecto analizará si es necesario construir las carreteras de nuestro país con nuevos tipos de mezcla, que enfrenten mejor la climatología extrema, no sufran tanto envejecimiento prematuro y rindan mejor cuando las condiciones son adverdas.
Una rémora. Con todo, no hay que perder de vista que España ha ido reduciendo sus inversiones en el mantenimiento de nuestras carreteras desde que explotara la burbuja de 2008. Según la Asociación Española de la Carretera (AEC), se necesita una inversión de casi 13.500 millones de euros para poner el firme español a punto considerando que el 52% de los kilómetros españoles se encuentran en mal estado. Cifras que incluso la DGT da por válidas.
Foto | UME
En Xataka | El tiempo que se tarda en llegar a una autovía en cualquier punto de España, en un revelador mapa
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