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hubo una “zona híbrida” de 4.000 kilómetros
Durante años teníamos en nuestra mente una narrativa bastante clara de lo que había ocurrido con nuestros antepasados. El relato concreto es que los Homo sapiens salieron de África, se encontraron con unos cuantos neandertales en algún lugar de Oriente Próximo, tuvieron un par de encuentros fortuitos de pulsos de hibridación y siguieron su camino para conquistar el mundo.
Un cambio. Sin embargo, un nuevo estudio masivo que acaba de aparecer en el servidor de preimpresión bioRxiv sugiere que esa imagen es demasiado simplista. No fueron encuentros puntuales, sino que fue una interacción continua a lo largo de una inmensa “zona híbrida” que abarcó desde el Próximo Oriente hasta Asia Central y Europa.
Para llegar hasta aquí, el estudio ha analizado una cantidad sin precedentes de ADN antiguo para dibujar el mapa más detallado hasta la fecha de cómo nos mezclamos con nuestros primos extintos. Y el resultado es un gradiente de mestizaje que se extiende por casi 4.000 kilómetros.
Mucho volumen. El estudio no se ha limitado a unos pocos huesos que se hayan encontrado de manera aislada, sino que han utilizado simulaciones informáticas y un conjunto de datos de 1.264 de paleogenomas. Algo que corresponde a miles de individuos con una antigüedad superior a los 10.000 años.
Su conclusión. Los patrones de ADN neandertal que llevamos hoy en día en nuestro material genético no se explican bien con modelos de “pulsos aislados”, sino que la simetría encontrada entre los genomas de Europa y Asia indica que hubo un contacto prolongado.
De esta manera, a medida que los humanos modernos se expandían fuera de África, que es lo que conocemos como Out of África, hace unos 60.000 años, fueron empujando una frontera demográfica. En ese frente de avance, el flujo génico fue moderado pero constante. Es por ello que no fue un evento de un día, sino un proceso geográfico largo.
El cómo. Para entender esto hay que mirar estudios complementarios que apuntan a que la clave está en los gradientes espaciales. Para visualizar el concepto, podemos imaginar una ola que avanza como si fueran los sapiens que se iban moviendo y encontrándose con los neandertales. Pero la clave es que la ascendencia neandertal no es uniforme.
Esto quiere decir que los primeros sapiens en Europa contaban con un nivel alto de ADN neandertal, pero posteriores expansiones, como la llegada de los agricultores neolíticos desde Anatolia, “aguaron” esa herencia neandertal, especialmente en Europa, creando una diferencia notable con las poblaciones de Asia. Aquí es donde el estudio presentado en este 2026 confirma que solo un modelo de expansión persistente con flujo génico puede explicar por qué encontramos señales de mestizaje a casi 4.000 km del punto de origen en el Próximo Oriente.
¿Cuándo ocurrió? Aquí es donde la cosa se pone interesante al cruzar los datos con otros estudios recientes, como el publicado en Nature en 2024. Y es que aunque la zona fue amplia, la ventana de tiempo fue crítica.
El análisis de más de 300 genomas humanos tempranos apunta a una “ventana única” de hibridación principal hace entre 47.000 y 43.000 años. Esto excluye teorías anteriores que sugerían múltiples pulsos muy antiguos. Y para ir un poco más allá, hubo un momento, cuando nuestra especie estaba asegurando su dominio en Eurasia, en el que la barrera entre especies se difuminó en una franja geográfica enorme.
Un mapa de interacciones. Lo que sugiere este cuerpo de investigación es que la zona híbrida abarca casi todos los yacimientos neandertales conocidos como Eurasia occidental, por lo que implica interacciones geográficamente extensas.
No obstante, como suele ocurrir en ciencia, hay que mantener la cautela. Este estudio aún tiene que pasar una revisión completa y tiene limitaciones al basarse en supuestos demográficos y que no modela la selección natural que tenemos en el mundo genético. Aun así, la imagen es cada vez más nítida: no somos el resultado de una especie que reemplazó a otra de golpe. Somos, en parte, el resultado de una larga frontera de contacto donde, durante milenios, la línea entre “ellos” y “nosotros” fue mucho más borrosa de lo que creíamos.
Imágenes | Marc Tremblay
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Si la pregunta es cómo se hicieron las pirámides de Egipto, la ciencia tiene una idea: sistemas hidráulicos
El antiguo Egipto es reconocido por ser una de las primeras civilizaciones hidráulicas de la historia: tenían un dominio de canales de riego, diques y transportes que fue esencial para erigir y mantener un reino centralizado durante más de tres mil años en una franja fértil rodeada de desierto. Los egipcios levantaron en el período del Reino Antiguo (c. 2700–2200 a.C.) siete pirámides enormes que representan aproximadamente 25 millones de toneladas de roca cortada, transportada y ajustada en menos de 150 años. Cómo lo hicieron sigue siendo un misterio.
En ese periodo los faraones mandaron mover bloques de piedra a un ritmo equivalente a 50 toneladas por hora de forma sostenida durante décadas. Hay varias hipótesis, pero ninguna es lo suficientemente satisfactoria para explicar ese rendimiento, especialmente al principio. El origen de todo está en Saqqara: la Pirámide Escalonada del faraón Zoser es la más antigua de las grandes pirámides y la primera construida íntegramente en piedra tallada. Es precisamente ahí donde un equipo multidisciplinar propone por primera vez que el agua fue el motor de su construcción.
La hipótesis hidráulica. Lo que el equipo de investigación liderado por Xavier Landreau propone es una suerte de ascensor hidráulico formado por tres grandes estructuras del complejo de Zoser. El Gisr el-Mudir funcionaba como presa de retención, la Fosa Seca meridional era el depósito de decantación y los pozos gemelos (conectados por un túnel subterráneo de 200 metros) constituían el mecanismo de elevación: un flotador enorme que habría subido los bloques desde el interior de la pirámide en ciclos de llenado y vaciado.
El agua procedente de los wadis del desierto era canalizada y filtrada antes de llegar a los pozos verticales. Al llenarse, el agua elevaba por flotabilidad una plataforma sobre la que descansaban los bloques, permitiendo depositarlos en los niveles superiores sin necesidad de rampas externas y con menos esfuerzo de mano de obra.
Por qué es importante. En primer lugar, porque aporta una explicación funcional coherente para tres estructuras de Saqqara cuyo propósito no estaba del todo claro. El análisis aúna hidrología, arqueología e ingeniería civil para integrar todos estos elementos en un sistema unificado y con lógica, lo que posiblemente convierte al complejo de Saqqara en la infraestructura hidráulica más antigua de la historia.
Si la hipótesis se confirma, dejaría atrás la creencia hegemónica de rampas y una gran cantidad de mano de obra como solución universal para construir pirámides. Un sistema de elevación hidráulica implica una gestión eficiente de recursos, energía y logística, al reducir notablemente la mano de obra. Además, implica un conocimiento aún más avanzado de hidráulica. La siguiente pregunta es clara: ¿hay más pirámides de Egipto construidas así?
Contexto. Saqqara está en una meseta caliza al oeste del Nilo. Como mapeó el equipo de investigación, al oeste del complejo existía una cuenca hidrográfica potencial de 400 kilómetros cuadrados vinculada al wadi Taflah, un antiguo afluente del Nilo ya documentado en mapas del siglo XVIII. Este punto es importante porque aunque hoy es una meseta desértica, los estudios de sedimentos del propio complejo evidencian que durante el reinado de Zoser la zona recibía escorrentías estacionales intensas, con suficiente energía cinética como para depositar sedimentos de origen hídrico en el interior de las estructuras. En definitiva, que había agua disponible y en cantidad.
Otras hipótesis históricas. Las teorías más consolidadas sobre la construcción de las pirámides apuntan a rampas con distintas geometrías combinadas con palancas y trineos. Para Giza por ejemplo, Jean-Pierre Houdin propuso una rampa interior en espiral. Para Saqqara, estudios recogidos en el propio paper sugieren que la Fosa Seca fue la principal cantera de caliza, con rampas cortas en cada lado como mecanismo de abastecimiento. En cuanto a los pozos gemelos, la interpretación dominante hasta ahora era funeraria: la tumba real de Zoser y la morada de su ka. En cuanto a la fosa seca, se consideraba cantera o que tenía función ritual.
Cómo lo han hecho. Este equipo de investigación no ha excavado nada: ha combinado imágenes satelitales de Airbus Pléiades, modelos de elevación del IGN francés y el SIG QGIS para reconstruir la paleohidrología del entorno. A partir de aquí, generaron modelos 3D de la arquitectura interna del complejo con software comercial bastante popular como SolidWorks o SketchUp. En cuanto al mecanismo hidráulico, desarrollaron un modelo numérico propio deliberadamente simple para estimar el consumo de agua y la capacidad de carga del sistema.
Sí, pero. Usar datos ya existentes ha sido al mismo tiempo su mayor fortaleza y también su mayor virtud, como el equipo reconoce. Es decir, aunque su estudio integra topografía de cuenca, hidráulica y arquitectura interna, no han accedido a los pozos ni han datado los sedimentos de forma directa. Por otro lado, desde la perspectiva del estudio de Egipto, afirmar que los pozos no son funerarios contradice décadas de interpretación consolidada. Por otro lado arroja una pregunta estructura: si quienes hicieron las primeras pirámides de Egipto dominaban esta tecnología hidráulica, ¿por qué las pirámides tras Giza son cada vez más pequeñas y pobres?
Portada | Charles J. Sharp
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es tu amígdala “hipertrofiada” reseteando tu cerebro
Cuando se está triste o estresado, es fácil soltar un suspiro profundo casi de manera automática, que llama mucho la atención a los que están a nuestro alrededor, que entienden al momento que algo ‘malo’ nos está ocurriendo. Y no es porque haya una falta de oxígeno, ni tampoco un reflejo de los pulmones, sino que tiene un origen que podría estar en la propia amígdala de nuestro cerebro.
Qué sabemos. Recientemente, la neurocientífica y divulgadora Nazareth Castellanos apuntó a la hipertrofia de la amígdala como una de las causas de estos suspiros relacionados con el estrés. Y aquí la bibliografía le da la razón a la hora de hablar de que nuestro cerebro ‘engorda’ por culpa del estrés y nos obliga a suspirar, aunque con algunos matices.
La amígdala no es más que una pequeña estructura en forma de almendra que actúa como un gran radar de amenazas en nuestro cerebro, y es la responsable, por ejemplo, de que tengamos miedo. En condiciones normales, su actividad está perfectamente regulada, pero ante el estrés crónico y la ansiedad constante se altera su función y su estructura, haciendo que cualquier mínima cosa nos pueda generar ansiedad.
Y aunque el término “hipertrofia de la amígdala” es una gran formulación divulgativa para entender lo que está pasando, la ciencia permite hablar de un aumento de la actividad y de su volumen, como se vio en diferentes estudios de imagen que apuntaban a que un aumento del volumen en los primeros años de vida se vincula directamente a una mayor intensidad de los síntomas.
El suspiro. Pero… ¿Qué tiene que ver el aumento de la amígdala con la respiración si son elementos que están muy alejados? Para entenderlo, debemos tener muy presente que cuando la amígdala aumenta bastante sus funciones, tiene una función de “secuestro” de la respuesta emocional, y uno de sus primeros rehenes es el sistema respiratorio.
¿Por qué? Según explican los investigadores y divulgadores, en un estado de ansiedad la amígdala provoca una prolongación anormal de la pausa que hacemos justo después de exhalar el aire. Es una especie de “apnea inducida” o bloqueo respiratorio temporal. Y para compensar este desajuste y esa pausa que existe tras expulsar el aire, el cuerpo se reequilibra y se traduce físicamente en un suspiro profundo y largo.
De esta manera, no es que nos falte el aire cuando estamos estresados, sino que es la amígdala hiperactiva influyendo directamente en los patrones respiratorios relacionados con el estado de ánimo. Y esto es algo que de manera literal no se encuentra en un manual de neurología, pero que sí tiene una base científica importante para apuntar que una hiperactivación de la amígdala altera nuestra respiración.
Imágenes | freepik
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una isla artificial con una estructura de madera y piedra más antigua que Stonehenge
En varias zonas rurales de Escocia existe desde hace siglos una vieja tradición: cuando el nivel de algunos lagos baja tras épocas de sequía o tormentas, a veces aparecen brevemente extrañas filas de piedras y maderas oscuras que los vecinos llaman “las huellas de los antiguos”. Durante mucho tiempo se pensó que eran simples restos naturales… hasta que los arqueólogos descubrieron que muchos pertenecían en realidad a construcciones humanas ocultas bajo el agua desde hace miles de años.
La isla artificial escondida bajo las aguas de Escocia. A comienzos de mayo ocurrió algo insólito en Escocia: reapareció una pequeña isla artificial levantada hace más de cinco mil años con madera, ramas y piedra, anterior incluso a Stonehenge. Lo que hoy parece apenas un islote rocoso perdido en un lago de la isla de Lewis escondía bajo el agua una compleja estructura humana construida durante el Neolítico, una época en la que las comunidades británicas todavía estaban dando sus primeros pasos hacia grandes proyectos colectivos.
El hallazgo no solo obliga a replantear la antigüedad de los llamados “crannogs” escoceses, sino también la capacidad organizativa de sociedades que ya eran capaces de transformar completamente un paisaje acuático miles de años antes de las grandes construcciones megalíticas más famosas de Europa.
Una plataforma de madera de antes de las pirámides. Al parecer, los arqueólogos descubrieron que el islote de Loch Bhorgastail comenzó originalmente como una enorme plataforma circular de madera de unos 23 metros de diámetro cubierta con capas de ramas y vegetación. Con el paso de los siglos, distintas generaciones fueron ampliando y reforzando la estructura añadiendo nuevas capas de piedra y brushwood hasta transformarla en la pequeña isla visible actualmente.
Las dataciones sitúan la primera fase de construcción entre 3800 y 3300 antes de Cristo, es decir, varios siglos antes de las fases más conocidas de Stonehenge y muchísimo antes de las pirámides egipcias. La investigación demuestra además que aquellas comunidades neolíticas no solo levantaban monumentos funerarios o círculos de piedra, sino que también eran capaces de modificar lagos enteros para construir espacios artificiales aislados del continente.

La plataforma de madera del crannog, por debajo de la línea de flotación
Bajo el agua apareció un camino de piedra perdido. Uno de los descubrimientos más llamativos fue la localización de una calzada de piedra sumergida que conectaba la isla con la orilla del lago. Hoy permanece oculta bajo el agua, pero en el pasado permitía acceder fácilmente a la plataforma artificial antes de que cambiasen los niveles del lago y el entorno natural.
Los investigadores creen que este acceso demuestra que la isla no era una simple estructura simbólica perdida en mitad del agua, sino un lugar utilizado regularmente por comunidades enteras. El hecho de que la construcción fuese modificada y reutilizada durante miles de años (desde el Neolítico hasta la Edad del Hierro) indica además que el lugar mantuvo una importancia especial durante generaciones enteras.

Fragmentos de una vasija neolítica hallados cerca del crannog
Restos de banquetes y reuniones. No solo eso. Alrededor de la isla aparecieron cientos de fragmentos de cerámica neolítica pertenecientes a cuencos y vasijas, muchas de ellas todavía conservando restos de comida adheridos a las superficies interiores. Los arqueólogos creen que aquello apunta a actividades comunitarias relacionadas con reuniones, preparación de alimentos y posibles banquetes rituales.
La enorme cantidad de trabajo necesaria para construir una isla artificial en mitad de un lago también sugiere la existencia de sociedades mucho más organizadas de lo que normalmente se imagina para esa época. No eran pequeños grupos improvisados sobreviviendo de forma aislada, sino comunidades capaces de coordinar mano de obra, recursos y planificación durante largos periodos de tiempo.

Vista aérea del crannog de Loch Bhorgastail, que ilustra el contexto del sitio y la interfaz tierra-agua en la que se aplican métodos de prospección terrestres y subacuáticos integrados
Otra forma de explorar el pasado bajo el agua. Gran parte del avance ha sido posible gracias a una nueva técnica desarrollada específicamente para estudiar zonas de aguas muy poco profundas, un entorno especialmente problemático para la arqueología porque los métodos terrestres y submarinos suelen fallar precisamente en esa franja intermedia.
Los investigadores combinaron drones, cámaras estancas y sistemas de estereofotogrametría capaces de generar modelos tridimensionales continuos tanto sobre el agua como bajo ella. El resultado ha permitido reconstruir digitalmente la isla completa y documentar estructuras invisibles desde la superficie con una precisión de centímetros. Hasta ahora, muchos de estos entornos eran considerados una especie de “zona ciega” para la arqueología.
Escocia podría esconder cientos. El caso de Loch Bhorgastail es especialmente importante porque los investigadores creen que existen cientos de crannogs repartidos por los lagos escoceses y que muchos podrían ocultar orígenes mucho más antiguos de lo que se pensaba.
Durante décadas se creyó que la mayoría pertenecían a la Edad del Hierro o a épocas medievales, pero descubrimientos recientes están empujando sus orígenes miles de años atrás, hasta el Neolítico. Eso abre la posibilidad de que bajo las aguas tranquilas de muchos lagos escoceses permanezcan escondidas más plataformas artificiales, caminos sumergidos y restos de actividades humanas realizadas en una época sorprendentemente temprana de la historia europea.
La isla cambia la imagen de las sociedades neolíticas británicas. Lo más fascinante del hallazgo es que obliga a abandonar la imagen simplificada de las comunidades neolíticas como grupos dispersos y técnicamente limitados. Construir una isla artificial de madera y piedra en mitad de un lago requería planificación, conocimiento del entorno acuático, transporte de materiales y cooperación social a gran escala.
Y todo eso estaba ocurriendo en Escocia hace más de cinco mil años, antes incluso de que se levantaran algunos de los monumentos prehistóricos más famosos del planeta. Bajo las aguas oscuras de un lago aparentemente normal, ha aparecido una prueba extraordinaria de hasta qué punto aquellas sociedades antiguas eran mucho más complejas y ambiciosas de lo que se creía.
Imagen | University of Southampton
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