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Elton John perdió la vista tras enfrentar una infección ocular
Reuters.- El cantante británico Elton John, de 77 años, comunicó el domingo al público de un teatro que había perdido la vista.
La estrella de “Tiny Dancer” y “Rocket Man“, uno de los artistas más vendedores de todos los tiempos, asistió a la presentación de un espectáculo en el West End londinense, pero dijo que no había podido ver la representación.
“Como algunos de ustedes saben, he tenido problemas y ahora he perdido la vista. No he podido ver la representación, pero la he disfrutado”, dijo John, según el Daily Mail.
John dijo en los últimos meses que una infección ocular le había dejado sin poder ver por el ojo derecho y que el izquierdo “no era el mejor”, lo que significaba que ya no podía leer ni ver nada, y ponía en riesgo su capacidad para grabar nueva música en el futuro.
John acudió el domingo a la alfombra roja de la presentación de “Devil Wears Prada” (“El diablo viste de Prada” o “El diablo viste a la moda”), un musical basado en la exitosa novela para la que ha escrito la partitura.
“Me cuesta verlo, pero me encanta oírlo, y esta noche ha sonado muy bien”, declaró.
Dirigiéndose a los presentes en el teatro, dio las gracias a su marido David Furnish por ser su “roca”.
John, que saltó a la fama a principios de la década de 1970 y cuyas canciones de rock dirigidas al piano y baladas como “Candle in the Wind” le han mantenido en el estrellato desde entonces, realizó una gira de despedida entre 2018 y 2023, y desde entonces se ha centrado en su familia.
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Podemos cambiar un poco la historia”: Guillermo del Toro en el tributo en Cannes “El laberinto del fauno
EFE.- En 2006, la película hispanomexicana “El laberinto del fauno” fue la última de la competencia oficial en ser mostrada. Recibió 23 minutos de ovación, algo que casi se repite este lunes cuando el Festival de Cine de Cannes exhibió la película del mexicano Guillermo del Toro como tributo por los 20 años de su estreno.
La cinta, restaurada en 4K, sirvió para abrir la sección Cannes Classics del festival de la Costa Azul francesa —un apartado dedicado a celebrar la historia del cine y del propio certamen— solo unas horas antes de la gran ceremonia inaugural, que tuvo lugar esa misma noche con el neozelandés Peter Jackson como protagonista para recoger una Palma de Oro de Honor.
“Podemos darnos al amor o al miedo. Nunca, nunca, nunca hay que darse al miedo“, dijo este martes Del Toro (Guadalajara, 1964) al público del auditorio Debussy del Palacio de Festivales que se puso de pie para recibir al director mexicano en el homenaje que se le hizo por el 20 aniversario de su película estrenada en el certamen francés.
Tras recordar lo extremadamente difícil que fue para él sacar adelante aquel proyecto, Del Toro señaló que ahora la película, que narra una historia fantástica en medio de la cruda realidad de las secuelas de la Guerra Civil Española, le parece aun más “pertinente”.
Añadió que para vencer al “miedo” existe la “esperanza”.
Cambiar un poco la historia
“El laberinto del fauno” sirvió para invocar una idea “renovada” del cine clásico, según explicó el delegado general del festival, Thierry Frémaux, al presentar la proyección, ya que la película sólo tiene dos décadas pero ya forma parte de la historia del cine.
“Fue el último (filme) hace 20 años y es el primero este año”, comentó Frémaux.
“Fue la última y todo el mundo se había ido, y ahora todo el mundo está todavía llegando”, le recriminó entre risas el director mexicano.
Con emoción, el realizador de títulos como “La forma del agua” (2017) rememoró que todo estaba en contra para hacer esta historia sobrenatural ambientada en los años posteriores a la Guerra Civil española, que nadie quería producirla y que llegó al límite para presentarla a la edición del Festival de Cannes de 2006.
“Fue la segunda peor experiencia filmando de mi vida —admitió—, la primera fue hacer “Mimic” con los Weinstein” dijo en referencia a los productores Bob y Harvey Weinstein.
Añadió que no podría haber hecho “El laberinto del fauno” sin los actores, admitió, y en especial mencionó a la española Ivana Baquero, quien interpretó a la niña Ofelia y que encabezaba el reparto compuesto por figuras como Sergi López y Ariadna Gil.
Emocionado, Del Toro recordó que le sorprendieron los aplausos en el estreno de gala en Cannes, que duraron tanto “como ir de casa al trabajo”, porque no estaba acostumbrado.
“No podemos cambiar la historia, pero podemos cambiarla un poco“, invitó con un mensaje de esperanza, en especial en una era en la que no hay que “resistirse” al hecho de que cualquiera puede hacer arte con una aplicación del móvil.
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enviar un robot con una sorpresa de 300 kilos
En 1944, durante el levantamiento de Varsovia, algunos combatientes polacos improvisaron pequeños vehículos teledirigidos cargados de explosivos para intentar destruir posiciones alemanas sin exponer directamente a sus hombres. Aquellas máquinas rudimentarias apenas podían avanzar entre los escombros y muchas acababan inutilizadas antes de llegar al objetivo… pero dejaron una idea flotando que el campo de batalla tardaría décadas en recuperar: quizá algún día las primeras tropas en entrar en un edificio enemigo no serían soldados.
La nueva forma de asaltar un edificio. Durante décadas, limpiar un edificio ocupado por el enemigo implicaba una de las tareas más brutales y peligrosas de cualquier guerra: avanzar por habitaciones, escaleras y sótanos mientras cada puerta podía esconder una emboscada. Contaban en Forbes que Ucrania está empezando a cambiar completamente esa lógica. En Kostiantynivka, tropas rusas escondidas en un bloque abandonado esperaban probablemente drones llegando desde el cielo.
Lo que apareció fue algo distinto: un vehículo terrestre no tripulado que entró por la parte trasera cargado con 300 kilos de explosivos antes de detonar el edificio. La operación, coordinada con otros robots terrestres y drones de apoyo, resume perfectamente hacia dónde está evolucionando la guerra urbana. Ucrania ya no solo utiliza drones para observar o lanzar pequeñas granadas: está convirtiendo robots kamikaze sobre ruedas en herramientas de asalto capaces de sustituir parcialmente a la infantería en las misiones más suicidas del frente.
Guerra de máquinas coordinadas. El aspecto más importante de esta evolución no es únicamente el robot explosivo, sino la forma en la que empieza a combinarse con drones aéreos, sensores y sistemas de reconocimiento. Ucrania está desarrollando una especie de “guerra mixta robótica” donde cada máquina cumple una función distinta. Los drones aéreos localizan objetivos, vigilan rutas y ofrecen visión general del combate, y los robots terrestres avanzan pegados al terreno llevando ametralladoras, minas, suministros o enormes cargas explosivas directamente hasta posiciones rusas.
Esa cooperación resuelve muchas de las limitaciones individuales de cada sistema. Los drones que vuelan tienen rapidez y visión, pero apenas pueden transportar peso. Los robots terrestres son lentos y vulnerables, pero pueden mover cargas capaces de destruir un sótano entero o abrir brechas imposibles para un FPV convencional. El resultado es un campo de batalla donde máquinas diferentes empiezan a actuar como una unidad coordinada que reemplaza cada vez más tareas tradicionalmente reservadas a soldados.
Robots para ahorrar soldados. Detrás de esta transformación existe también una realidad mucho más dura: Ucrania necesita reducir al máximo la exposición de su infantería. Tras años de guerra de desgaste contra un ejército ruso más numeroso, cada asalto urbano se ha convertido en un coste humano extremadamente difícil de asumir. Por eso los robots terrestres están pasando rápidamente de ser herramientas experimentales a convertirse en una necesidad táctica real.
Inicialmente se utilizaban sobre todo para transportar munición, evacuar heridos o limpiar minas, pero la presión del frente y la proliferación de drones han acelerado su evolución hacia funciones ofensivas directas. Zelenski, de hecho, ya ha pedido decenas de miles de UGVs para este año y el objetivo declarado de Kiev es automatizar incluso buena parte de la logística del frente. En otras palabras: Ucrania está intentando sustituir progresivamente a personas por máquinas allí donde las probabilidades de supervivencia empiezan a ser demasiado bajas.
El terror del “Baba Yaga”. Ya hemos hablado de él antes. En paralelo a estos robots terrestres, Ucrania también ha desarrollado una dimensión psicológica cada vez más sofisticada alrededor de sus drones aéreos. El caso más simbólico es el del Vampire, el famoso hexacóptero bautizado por los rusos como “Baba Yaga”. Su sonido nocturno se ha convertido en una auténtica herramienta de terror en el frente. En Sumy, por ejemplo, un Vampire logró rescatar a dos soldados ucranianos capturados después de localizar a sus captores, identificarlos mediante cámaras térmicas y bombardearlos mientras huían.
Más allá de la espectacularidad del episodio, el dron representa algo mucho más importante: la combinación entre tecnología barata, facilidad de uso y una enorme flexibilidad operativa. Por unos pocos miles de euros, Ucrania dispone de una plataforma capaz de lanzar minas antitanques, transportar suministros, resistir interferencias electrónicas y coordinarse con otros sistemas robóticos sobre el terreno. La consecuencia es que los soldados rusos empiezan a enfrentarse a una amenaza constante que puede aparecer desde el cielo, desde una ventana o desde una calle aparentemente vacía.
El campo de batalla del futuro. La guerra de Ucrania está acelerando una transformación militar que otros ejércitos estudiarán durante años. Lo más llamativo no es solo la proliferación de drones, sino cómo estas plataformas están empezando a sustituir físicamente funciones completas de combate. Un robot terrestre cargado con explosivos entrando en un edificio fortificado era hace pocos años una imagen propia de laboratorios militares o películas de ciencia ficción, pero ahora forma parte de operaciones reales en ciudades destruidas del Donbás.
Al mismo tiempo, la combinación entre fibra óptica, navegación resistente a interferencias y coordinación entre máquinas está haciendo cada vez más difícil neutralizar estos sistemas con guerra electrónica convencional. Ucrania sigue perdiendo muchos de estos robots frente a drones FPV rusos, pero incluso eso refuerza la lógica industrial del conflicto: destruir máquinas resulta más asumible que perder soldados experimentados.
Si se quiere también, poco a poco, la guerra urbana empieza a parecerse menos a las batallas del siglo XX y más a un entorno saturado de sistemas autónomos donde las primeras unidades que entran en contacto con el enemigo ya no son personas, sino robots cargados de explosivos observados a distancia desde una pantalla.
Imagen | X
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Claude ha ayudado a un hombre a recuperar 400.000 dólares en bitcoin que perdió hace 11 años. Se colocó y olvidó la contraseña
Un usuario de X llamado Cprkrn contaba recientemente su odisea con final (muy) feliz en X. En 2015 compró cinco bitcoins (BTC) cuando el precio rondaba los 250 dólares. En un arrebato de euforia universitaria decidió que su contraseña debía ser un manifiesto antisistema y la cambió a la frase ““lol420fuckthePOLICE!*:)”. El problema es que lo hizo totalmente colocado, y cuando se levantó a la mañana siguiente se dio cuenta de que su dinero se había esfumado. Empezó entonces una odisea para intentar recordar esa contraseña. Una con final feliz.
Once años de desesperación. Durante once años, esos cinco bitcoins permanecieron perdidos mientras su valor no paraba de incrementarse. Hoy en día su valor ronda los 400.000 dólares, y nuestro protagonista no ha ido parando de ver cómo esta fortuna se le había escapado entre los dedos. Para intentar recuperar la contraseña lo intentó todo, sobre todo ataques de fuerza bruta para intentar adivinar la contraseña con miles de combinaciones. Revisó carpetas antiguas que tenía guardadas sin éxito, y entonces se le ocurrió algo: recurrir a Claude.
Claude no hackeó su monedero, solo fue un detective espectacular. Lo que acabó haciendo Cprkrn fue pedirle a Claude que analizara 1 GB de copias de seguridad de iCloud, notas de Apple antiguas, correos y archivos de sistema olvidados y que tenía guardados en un ordenador que había usado en la universidad. El reto no era “crackear” la contraseña, sino encontrar el rastro de cómo se había podido crear.
Orden dentro del caos. Lo que hizo Claude fue organizar todos esos datos que estaban dispersos para convertirlos en un perfecto archivo estructurado que poer analizar. Tras evaluar toda la información, el modelo de IA se dio cuenta de que estaba intentando abrir el archivo equivocado. Localizó un archivo llamado wallet.dat anterior al cambio de contraseña que provocó la pesadilla, y lo cruzó con una frase mnemotécnica que el usuario había anotado en una vieja libreta que él había descartado. Eso permitió reconstruir esa contraseña, y en menos de una hora Cprkrn había recuperado su fortuna y volvía a tener acceso a su monedero BTC.
El dinero a salvo. Lo primero que hizo tras descubrir esa contraseña fue mover esos bitcoins a otro monedero seguro para evitar problemas: cada conversación que tenemos con Claude u otros chatbots queda registrada en los servidores de esas empresas en texto plano, así que Cprkrn se cubrió las espaldas para impedir que esa información acabase usándose para evitar sustos.
Bendito Darío. La alegría por haber recuperado esos cinco bitcoins llevaron a este usuario a publicar un mensaje en Twitter contando toda la aventura. En dicho mensaje prometió que llamaría a su futuro hijo “Darío” en honor al CEO de Anthropic, Darío Amodei.
Agujas en el pajar. La historia demuestra que los grandes modelos de lenguaje son herramientas extraordinarias para encontrar agujas en pajares. Las herramientas tradicionales ayudaban, pero la capacidad de la IA para analizar información y encontrar patrones es una vez más asombrosa. Esta anécdota se une por ejemplo al reciente auge de modelos como Claude Mythos Preview para encontrar vulnerabilidades de seguridad que parecía imposible encontrar. De nuevo todo se basa en esa capacidad de estos modelos para “entender” los datos que se le suministran, organizarlos y extraer lo que se necesita de ellos.
Ser un Diógenes digital tiene premio. Durante años la práctica recomendada para quienes iban cambiando de equipo o actualizándolo era “borra/formatea lo antiguo, empieza de cero con lo nuevo”. Esta historia cambia el enfoque, porque en la era de la IA los datos desordenados de hace 15 o 20 años no son basura digital: pueden ser un tesoro que nos ayude a revisar nuestro pasado y desvelar datos que nosotros ya no recordamos. La historia, eso sí, contrasta con la de James Howells, que durante años luchó por intentar recuperar el disco duro con miles de bitcoins que acabó en un vertedero. Él acabó rindiéndose tras la negativa de la justicia de darle permiso para buscar ese disco duro.
Imagen | Kanchanara
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