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«Quería mostrar un México diferente»: Eugenio Derbez sobre Acapulco, serie de Apple TV+

Eugenio Derbez sigue ampliando su presencia en Hollywood, esta vez como productor de la serie Acapulco, la primera producción televisiva bilingüe que produce Apple TV+ y que a la vez es una suerte de spin-off del éxito taquillero Cómo ser un Latin Lover.
La serie cuenta la juventud de Máximo durante la época en la que consiguió el empleo de sus sueños en el exclusivo resort Las Colinas. Sin importar los consejos de su madre de no acudir a dicho lugar, lleno de excesos y pecado, el personaje conoce allí a su mentor, al primer amor verdadero y, sobre todo, aprenderá cómo escalar de ser un mesero de la zona de piscina a un influyente millonario.
En esta ocasión, Eugenio Derbez tiene un papel mínimo frente a la pantalla, pues tan sólo funge como narrador e hilo conductor de una historia situada en los años 80. No obstante, destaca su papel como productor ejecutivo de la serie, con el que aprovechó para luchar en contra de lo que considera concepciones erróneas de México en el extranjero.

«Han habido demasiadas series que hablan de narcos, de drogas, de criminales», sentencia Derbez. «Y en el extranjero nos ven además como el estereotipo, porque todavía hay muchos americanos que me preguntan si es verdad que hay burros y sombreros. Entonces yo quería mostrar un México diferente, la otra cara de México, el México bonito, con su música, con sus colores, con su comida, con los serviciales que somos en general en Latinoamérica. Esa fue la cara que para mí fue importante mostrar y que va para todo el mundo».
Eugenio Derbez conquistó Hollywood como productor y creador en la segunda década del milenio con su película No se aceptan devoluciones (2013), que se convirtió en la cinta de habla hispana más vista en ese territorio (superando a El Laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro). Desde entonces, ha producido y protagonizado películas como Dora y la ciudad perdida, Cómo ser un Latin Lover y ¡Hombre al agua!
En entrevista con los medios de comunicación, el actor y productor compartió que cuando llegó a trabajar a Estados Unidos, en un principio los productores le ofrecían los papeles de mecánico o jardinero, por lo que tuvo que luchar para obtener el papel de un millonario vividor, a pesar de su ascendencia latina. Cuando Cómo ser un Latin Lover comenzaba a configurarse, surgió la idea de realizar una serie que contara el pasado del personaje.

Esto presentó además una oportunidad para cambiar al personaje y darle un giro. En la serie, Máximo ya no es un trepador social, ni un gigolo. De acuerdo con Derbez, su principal conflicto es comprometer aquellos valores aprendidos en casa para poder obtener el éxito. «Decidimos alejarnos un poquito de la comedia para ganar un poco más de corazón y hacer un personaje más tridimensional», aclaró el actor.
El renovado Máximo en su versión joven es interpretado por Enrique Arrizon, quien no es nuevo para el cine nacional. Ha participado en series como Un extraño enemigo, y en la película de Michel Franco Las hijas de abril. Sin embargo, Acapulco representa su primer protagónico. A su lado está un elenco que proviene de diversos lugares de habla hispana, incluyendo a la colombiana Camila Pérez, o el español Rafael Cebrián, pues uno de los objetivos era mostrar la diversidad hispana.
«Para nosotros era muy importante reflejar una realidad porque de repente notamos que en las películas Hollywoodense comenten muchos errores», explica Derbez. «De repente ves un restaurante mexicano en donde entran y en el fondo hay una bailarina de flamenco, o están bailando tango […] confunden la cultura mexicana con la española, con la argentina. Como que de la frontera para abajo todos son mexicanos. Es muy extraño, la cosa era educarlos y metimos un poco de representación de América Latina».

El idioma, por su parte, fue otro elemento importante. Derbez señala que por lo general en las películas angloparlantes se da por hecho que en cualquier lugar del mundo se habla inglés por regla. Sin importar si el personaje está en China, Rusia o México, todos los personajes alrededor comparten el inglés y lo hablan como si fuera la lengua dominante. En Acapulco se buscó lo contrario. La serie se define a sí misma como una producción bilingüe porque los personajes constantemente hablan inglés y español. Cuando se encuentran fuera del hotel el español domina, pero dentro de Las Colinas es el inglés el que debe ser adoptado para entablar comunicación los visitantes.
Dichos visitantes, de hecho, son extravagantes. La serie muestra al Acapulco glamuroso de la década de los años 80. La bahía que era visitada por las más grandes estrellas de Hollywood, las personalidades más influyentes, o aquellos miembros de una élite privilegiada que encontraban en las playas guerrerenses su destino preferido para escapar. La producción de Acapulco construyó escenarios con colores específicos y arquitectura vanguardista de aquella época y consiguieron vehículos de aquellos años. A pesar de que varios de los actores de la serie no vivieron durante los años 80, por fortuna el equipo creativo detrás de las cámaras sí lo hizo y tomó las experiencias propias de la infancia como inspiración para el crear el entorno.
Camila Pérez y Fernando Carsa interpretan al interés amoroso y mejor amigo de Máximo, respectivamente. Ambos veinteañeros, no experimentaron los años 80, sin embargo, para ellos resultó interesante, no solo ingresar en aquella cápsula del tiempo, sino la concepción de sus personajes.

Según Carsa, su Memo en el guion está descrito como un personaje gracioso con obesidad, sin embargo, las escenas de comedia que lo involucran en ningún momento utilizan el físico del personaje como un gag. Al contrario, capítulo a capítulo se exploran sus intereses por utilizar accesorios femeninos y sobre todo por brindar un soporte incondicional a Máximo. El ejemplo del libreto incluso ayudó al actor a aceptarse tal cual como es, durante su papel debut.
«Esa fue una de las cosas que me atrajo más del personaje», dice Fernando. «A mí como actor, como persona, este cuerpo que tengo, me ayudó a aceptarme como Dios me trajo al mundo. Hay otras cosas que me hacen ser quien soy y Memo me enseñó a abrazar esas cosas que me hacen diferente, esas cosas que me hacen especial».
Los diez episodios de Acapulco ya están disponibles en Apple TV.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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Cine, azar y espectáculo, tres historias donde el juego es parte del relato
El cine siempre ha sentido una fascinación especial por el azar. Desde hace décadas, tanto los directores como los guionistas han utilizado el juego como metáfora del riesgo, del deseo de cambio y de la eterna lucha entre el control y el caos. No es casualidad, porque pocas cosas generan tanta tensión dramática como una carta girándose lentamente, una ruleta deteniéndose o una apuesta que puede cambiarlo todo.
A lo largo de la historia, numerosas películas y series han sabido integrar el casino dentro de sus tramas como un elemento narrativo que define a los personajes, las decisiones y los destinos
Casino Royale y el renacer del espía moderno
Cuando Daniel Craig debutó como James Bond en Casino Royale, la saga dio un giro más oscuro y realista. Lejos del glamour exagerado de entregas anteriores, la película apostó por mostrar a un Bond vulnerable, físico y expuesto al error.
La mítica partida de póker contra Le Chiffre es el corazón emocional del film. Cada apuesta refleja la psicología de los personajes, su capacidad para engañar, resistir la presión y leer al adversario. Aquí, el casino no es un simple escenario lujoso, sino un campo de batalla donde se libra una guerra silenciosa. Este tipo de escenas explican por qué el imaginario del juego sigue tan presente en la cultura popular. Representa decisión, valentía y consecuencias.
Rounders, el lado más humano del póker
Mucho antes de que el póker se convirtiera en un fenómeno televisivo global, Rounders ya mostraba su cara más cruda. La película sigue a jóvenes jugadores que se mueven entre partidas clandestinas, deudas peligrosas y sueños de grandeza.
Más allá de las cartas, el verdadero tema es la obsesión: personajes que creen haber encontrado en el juego una identidad, una forma de vida, incluso una vía de escape. Esta visión más íntima conecta con quienes ven el azar no solo como entretenimiento, sino como una pasión que puede volverse absorbente.
Peaky Blinders y el negocio detrás del juego
Ambientada en la Inglaterra de entreguerras, Peaky Blinders utiliza las apuestas y las casas de juego como parte esencial del ascenso criminal de la familia Shelby. Aquí, el juego no es un pasatiempo, sino una industria.
Las salas clandestinas, las carreras amañadas y las mesas privadas sirven para mostrar cómo el control del juego equivale al control del poder. Es una representación muy distinta a la de Casino Royale o Rounders, pero igual de poderosa, con el azar como negocio, no como ocio.
El juego como reflejo de nuestra relación con el riesgo
Estas historias, aunque muy distintas entre sí, comparten un punto en común, que es que el juego funciona como espejo de nuestras decisiones. Apostar es elegir. Es aceptar que no todo depende de uno mismo.
Quizá por eso el interés por este tipo de temáticas se mantiene vigente, tanto en el cine como en el entretenimiento digital. Hoy en día, muchas personas juegan a los mejores slots desde una perspectiva más casual, buscando experiencias visuales atractivas y mecánicas que prioricen la diversión por encima de la competición.
Del mismo modo que ocurre con el cine, los jugadores suelen sentirse atraídos por propuestas con identidad, estética cuidada y sensaciones reconocibles, donde valoran además de los premios, el diseño y la experiencia en su conjunto.
Un vínculo que sigue evolucionando
Desde el blanco y negro hasta las superproducciones actuales, el cine ha sabido adaptar el universo del juego a cada época. A veces lo muestra como un mundo elegante, otras como un entorno peligroso, y en ocasiones como una simple forma de evasión.
Lo interesante es que, más allá de modas, el tema sigue funcionando porque conecta con la emoción de arriesgar, la esperanza de ganar y la tensión de no saber qué ocurrirá en el siguiente instante.
Staff Cine PREMIERE Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.
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