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Mundos enmarcados: cronología e historia del póster cinematográfico

La historia del póster cinematográfico tiene un origen lleno de vacíos y anonimatos, ya que, contrario a lo que se puede pensar, la práctica de promocionar películas mediante afiches no nació con el fin de deleitar al público con sus diseños e imágenes hipnotizantes. En realidad, cuando surgió la idea de plasmar en hojas de papel fotografías alusivas a las grandes atracciones cinematográficas nunca se pensó en atraer a oleadas de coleccionistas (que hoy hacen filas masivas en convenciones para comprar pósters limitados). Los nombres de las personas encargadas de los diseños importaban poco o nada. En los inicios del séptimo arte lo único relevante era… vender los espectáculos que se montaban en la sala.

Suena triste que todo haya comenzado como una simple táctica de mercadotecnia, pero así fue. En la última década de los 1800, el ámbito fílmico aún era un territorio nuevo, pero lo que ya era un estándar era la publicidad impresa (vía The Artifice): desde teatros hasta escuelas, si querías que tu oferta fuera tomada en cuenta, la mejor opción era volantear o decorar los lugares de interés con pancartas.
Esto no pasó desapercibido para Johann Alois Senefelder, un aspirante a abogado oriundo de Praga, quien, tras la muerte de su padre, abandonó su sueño para convertirse en dramaturgo y actor –en aquel entonces, el entretenimiento era un sector dominante en la economía europea–. Un día, por accidente, descubrió lo que hoy se conoce como litografía, pues necesitaba escribir una lista y sólo contaba con una lámina de piedra y un bolígrafo. Al verter ácido sobre la lámina notó que lo que había trazado quedó impreso. Poco después, el proceso fue utilizado por el diseñador francés Jules Chéret, quien en 1890 debutaría una pintura cuyo objetivo era fungir como invitación para una función con linterna mágica, en la que se mostraría la cinta Projections Artistiques. Por esta razón, al artista se le considera el padre de la historia del cartel de cine (vía Filmmaker IQ).

Más o menos por esa época, Thomas Edison patentó en Norteamérica el formato de cartel más utilizado, conocido como “One-Sheet” –literalmente «una cuartilla”–, el cual tiene una orientación vertical y mide 69x102cm (haz click aquí para consultar más tamaños utilizados en otros países).
Pero eso sólo fue el inicio.
NOTA: Para comenzar esta cronología, habrá un salto de tiempo considerable
El cartel a través del tiempo
Desde que Chéret presentó su obra, una gran cantidad de artistas empezaron a prestar sus servicios a la comunidad cinematográfica. Desafortunadamente, muchos han permanecido en el anonimato, pues las pinturas realizadas en la época viajaban de cine en cine hasta que eran desechadas (reciclarlas resultaba poco viable).
En México, por ejemplo, es sabido que la primera película que contó con un afiche fue Santa, de 1932, dirigida por Antonio Moreno (vía Archivo General de la Nación). Sin embargo, no se conoce el nombre de la persona que realizó el diseño.

1940-50
Durante estas décadas se le comenzó a dar más valor al diseño gráfico en EE. UU. El National Screen Service se hizo cargo de distribuir los carteles en todo el país. Comenzaron a ser posibles las reimpresiones, por lo que se inventó un formato de numeración formado por: [AÑO/NÚMERO DE SERIE]. El estilo en el diseño que predominaba enfatizaba a los personajes, utilizaba tipografías grandes y gruesas, así como colores llamativos.
Bill Gold ostentaba el título del diseñador gráfico estadounidense más importante de la época. Su cartel más reconocido fue el que realizó para Casablanca (1942).

1960
Psicodelia y conceptualización. Aquí lo que importaba era el color brillante, así como también imágenes y símbolos que nos dieran a entender la trama de la película. Menos es más. Fueron esenciales las obras de Elaine y Saul Bass, como In Harm’s Way (1964).

1970
Por un breve tiempo, la técnica preferida consistió en utilizar fotografías de las escenas y el reparto. El arte para Carrie (1976) ejemplifica la tendencia.

1980
Los pósters en esta década comenzaron a tomar la forma que conocemos hoy. Por primera vez se le daría la misma importancia a la tipografía, las imágenes y los créditos, razón por la cual cada vez es más común una mezcla que, directa o indirectamente, reconoce la gran labor de todas las personas involucradas en una producción.
Un gran ejemplo de esto es lo hecho por Drew Struzan (Back to the Future).

Actualidad
A mediados de la década de los 2000, la historia del cartel de cine en Estados Unidos daría un giro definitivo, pues el National Screen Service cerraría sus puertas al ser absorbido por la empresa Technicolor. En el presente, son los propios estudios los que se encargan de manejar los materiales de acompañamiento.
Ahora se está aplicando un estilo con cierto dejo de minimalismo, pero que combina algunas de las técnicas anteriores, como es el caso del trabajo de Akiko Stehrenberger para Portrait of a Lady on Fire.

También te podría interesar: Pósters de películas a los que les faltó más diseño
Anatomía del póster: elementos más importantes
Lo que no puede faltar en un afiche:
Arte o iconografía clave
Es la imagen o figura en la que se basa toda la campaña de la producción, o bien, algo que nos atrape inmediatamente –por ejemplo, la bicicleta voladora y la luna en E.T.–.
Si no hubiera nada más en el póster bastaría con lo anterior para dejarnos enganchados.

Tagline o frase
Es un pequeñísimo resumen de la esencia de un filme, en una línea. Lo equivalente al balazo periodístico, aunque diseñado especialmente para aquellos que eligen la mejor aventura para experimentar en la sala oscura. Consiste, pues, en narrar algo con pocas palabras. En ocasiones dicho conjunto de palabras llega a ocupar todo el espacio destinado a la promoción, pero también puede ser bastante pequeño en comparación a todo lo demás.
Los ejemplos más ilustrativos: cuando Superman (1978) nos hizo “creer que un hombre puede volar”, cuando Red Social nos hizo ver que “no llegas a 500 millones de amigos sin hacerte de algunos enemigos” o cuando Alien nos recordó que “en el espacio nadie te puede oír gritar”.

Logotipo y tipografía
El nombre de la cinta nos debe atraer por sí solo, pero… ¿qué pasa si esto es complicado? No parece que las palabras “Parque Jurásico” tengan el poder de atraer al público por sí mismas, por ejemplo, en un boleto o en una marquesina. Sin embargo, cuando se acompañan de ese gran círculo rojo que rodea la aterradora silueta del esqueleto de dinosaurio, las cosas cambian.
En la historia del cartel de cine, destacan también los trabajos realizados para Star Wars o Wonder Woman.

Créditos
Para resaltar la importancia de todas las personas involucradas en la creación de una película no basta con crear secuencias de créditos de entrada y salida. Claro, en celuloide y en digital los resultados pueden ser maravillosos, pero lo cierto es que en papel también resultan cautivadores. Se pueden presentar de diferentes maneras, como alrededor del póster, pero lo usual es colocar los nombres del elenco, así como también de quien haya dirigido la cinta, en la parte superior, o también optar por usar únicamente los apellidos en letras grandes, dependiendo de qué tan conocidos sean quienes integran el equipo.
En la parte inferior se colocan el resto de los roles dentro de la producción, como quienes compusieron la música, escribieron el guion. También se deben incluir identificaciones de las compañías que hicieron posible la realización.

Críticas y recepción en festivales
Hay que aclarar que este es un elemento que no siempre está presente, pero su efectividad ya ha sido probada en varias ocasiones. Vivimos en una época en la que es casi imposible escapar de las opiniones ajenas con respecto a casi cualquier tema, incluyendo el cine. Si las críticas para una película son favorables, y si esta ha sido premiada alrededor del mundo, el público indudablemente irá a verla. Por eso, en la actualidad, algunos carteles incluyen un bombardeo de citas de reseñas, así como también sellos de excelencia en festivales internacionales, todo con el fin de crear expectativa.
Como ejemplo, este arte de Lady Bird, de Greta Gerwig.

Esquemas de color
La industria fílmica norteamericana, al parecer, ya cuenta con un sistema que, si bien no es oficial, es identificado con frecuencia por quienes ya tienen experiencia en el ámbito del diseño (vía Vanity Fair y The Wrap). Estos son algunos de los esquemas de color más utilizados para promocionar géneros específicos.
- Azul claro

Predomina en películas sobre naturaleza, principalmente documentales o con alusión a las vacaciones o algún tema motivacional.
- Amarillo

Es común en pósters de películas independientes, puesto que este es el color más llamativo. Si se necesita promoción de bajo presupuesto, esta técnica es la indicada: no requiere de mucho diseño y funciona de manera infalible, ya que nada pasará desapercibido.
- Blanco
Prácticamente cada afiche para comedia romántica cuenta con un fondo blanco. ¿Por qué? Para hacer énfasis en que tiene un tono ligero. Por si esto fuera poco, nos obliga a enfocar nuestra atención en quienes integran el elenco.

- Azul oscuro, negro y anaranjado

Ya sea por separado o combinados, estos colores están siempre presentes en películas de acción, que prometen un sinfín de adrenalina.
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Esta fue una breve historia sobre el cartel de cine. ¿Les gustaría decorar su casa con todas estas obras?
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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Cine, azar y espectáculo, tres historias donde el juego es parte del relato
El cine siempre ha sentido una fascinación especial por el azar. Desde hace décadas, tanto los directores como los guionistas han utilizado el juego como metáfora del riesgo, del deseo de cambio y de la eterna lucha entre el control y el caos. No es casualidad, porque pocas cosas generan tanta tensión dramática como una carta girándose lentamente, una ruleta deteniéndose o una apuesta que puede cambiarlo todo.
A lo largo de la historia, numerosas películas y series han sabido integrar el casino dentro de sus tramas como un elemento narrativo que define a los personajes, las decisiones y los destinos
Casino Royale y el renacer del espía moderno
Cuando Daniel Craig debutó como James Bond en Casino Royale, la saga dio un giro más oscuro y realista. Lejos del glamour exagerado de entregas anteriores, la película apostó por mostrar a un Bond vulnerable, físico y expuesto al error.
La mítica partida de póker contra Le Chiffre es el corazón emocional del film. Cada apuesta refleja la psicología de los personajes, su capacidad para engañar, resistir la presión y leer al adversario. Aquí, el casino no es un simple escenario lujoso, sino un campo de batalla donde se libra una guerra silenciosa. Este tipo de escenas explican por qué el imaginario del juego sigue tan presente en la cultura popular. Representa decisión, valentía y consecuencias.
Rounders, el lado más humano del póker
Mucho antes de que el póker se convirtiera en un fenómeno televisivo global, Rounders ya mostraba su cara más cruda. La película sigue a jóvenes jugadores que se mueven entre partidas clandestinas, deudas peligrosas y sueños de grandeza.
Más allá de las cartas, el verdadero tema es la obsesión: personajes que creen haber encontrado en el juego una identidad, una forma de vida, incluso una vía de escape. Esta visión más íntima conecta con quienes ven el azar no solo como entretenimiento, sino como una pasión que puede volverse absorbente.
Peaky Blinders y el negocio detrás del juego
Ambientada en la Inglaterra de entreguerras, Peaky Blinders utiliza las apuestas y las casas de juego como parte esencial del ascenso criminal de la familia Shelby. Aquí, el juego no es un pasatiempo, sino una industria.
Las salas clandestinas, las carreras amañadas y las mesas privadas sirven para mostrar cómo el control del juego equivale al control del poder. Es una representación muy distinta a la de Casino Royale o Rounders, pero igual de poderosa, con el azar como negocio, no como ocio.
El juego como reflejo de nuestra relación con el riesgo
Estas historias, aunque muy distintas entre sí, comparten un punto en común, que es que el juego funciona como espejo de nuestras decisiones. Apostar es elegir. Es aceptar que no todo depende de uno mismo.
Quizá por eso el interés por este tipo de temáticas se mantiene vigente, tanto en el cine como en el entretenimiento digital. Hoy en día, muchas personas juegan a los mejores slots desde una perspectiva más casual, buscando experiencias visuales atractivas y mecánicas que prioricen la diversión por encima de la competición.
Del mismo modo que ocurre con el cine, los jugadores suelen sentirse atraídos por propuestas con identidad, estética cuidada y sensaciones reconocibles, donde valoran además de los premios, el diseño y la experiencia en su conjunto.
Un vínculo que sigue evolucionando
Desde el blanco y negro hasta las superproducciones actuales, el cine ha sabido adaptar el universo del juego a cada época. A veces lo muestra como un mundo elegante, otras como un entorno peligroso, y en ocasiones como una simple forma de evasión.
Lo interesante es que, más allá de modas, el tema sigue funcionando porque conecta con la emoción de arriesgar, la esperanza de ganar y la tensión de no saber qué ocurrirá en el siguiente instante.
Staff Cine PREMIERE Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.
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Entrevista con Stellan Skarsgård, nominado al Óscar 2026
Después de haber recibido el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes y reconocimientos y alabanzas que fueron coronadas con múltiples candidaturas al Premio de la Academia, la película Valor sentimental se coloca como favorita en al menos dos categorías: Mejor película internacional y Mejor actor de reparto para Stellan Skarsgård, quien interpreta al frío y distante cineasta Gustav Borg.
Durante la pasada edición del Festival de Cine de Cannes, Cine PREMIERE tuvo la oportunidad de entrevistar al actor sueco sobre su relación con su personaje, los cineastas como maniáticos peculiares y hasta el estado del cine contemporáneo.
Cine Premiere: Sabemos que tuviste un derrame cerebral alrededor de la época en la que estabas haciendo la segunda temporada de Andor y de lo difícil que fue volver a la actuación. ¿Qué tanto batallaste para hallarte a ti mismo delante de la cámara para Valor sentimental?
Stellan Skarsgård: No me gusta la idea de enfatizar que sobreviví o que estoy luchando con las secuelas de un derrame… En aquella época también estaba haciendo Duna 2 y en ocasiones tenía problemas para recordar mis líneas y para ello usaba apoyos visuales, como el prompter o un apoyo auditivo. También lo hice en ésta película. Quizá por ello me volví mejor actor, porque ¡los tres proyectos que hice después de ese ataque se convirtieron en grandes éxitos! (risas) Pero realmente no creo que eso me haya hecho mejor, no me gusta el efecto que tuvo en mí.

CP: Has trabajado con varios cineastas a lo largo de tu carrera, me preguntaba si basaste tu interpretación o tomaste algún gesto de alguno de ellos para tu papel en Valor sentimental…
SS: No para ésta película. El problema es que si quieres hacer algo “basado” en alguien más, se tiende más bien a hacer una parodia de la persona y no quería hacer eso. Quería que mi personaje se sintiera como un ser humano auténtico. Lo interpreté como si fuese un panadero, plomero o cualquier otra profesión u oficio. Pero lo específico de su labor tiene que ver con la relación que tiene con sus hijas, porque está obsesionado como cualquier otro director.
No hay directores “normales”… Todos son maniáticos de alguna manera, pero yo soy actor y me encanta estar en el set con otras personas. Esa pasión, esa adicción es muy difícil de vivir cuando tienes una familia. Yo tengo 8 hijos y solo trabajo 4 meses al año y Gustav (mi personaje) no tiene los problemas que yo tengo, yo soy más moderno que él. Gustav está peleando con roles tradicionales masculinos. Tiene esa creencia arraigada de que el padre es mejor, que sabe más, pero realmente eso no es necesariamente cierto.
CP: Uno de los detalles más llamativos de tu personaje es su incapacidad para lidiar con aspectos de la vida cotidiana muy simples. Como aquella escena con la toalla de la cocina o cuando no sabe dónde colgar la ropa…
SS: Sí, esos detalles estaban en el guión. Joachim no deja escapar nada…
CP: Decías anteriormente que los cineastas son “maniáticos”, en ese sentido, ¿qué tipo de maniático es Joachim Trier?
SS: Es el maniático más dulce y encantador. Es muy rígido en algunos aspectos de su película pero no permite que eso destruya su relación con las personas. El otro Trier (Lars Von Trier) es un tipo de maniático diferente, pero ambos son personas sumamente gentiles en el set. Es maravilloso trabajar con ellos porque la atmósfera incita a la creatividad y hay confianza suficiente para poder proponer cosas. En el set de Joachim no hay por ejemplo jerarquías por que somos un equipo relativamente pequeño…algo muy escandinavo (risas)…¡que se jodan las jerarquías!
CP: ¿Qué tan fácil fue para ti establecer un buen rapport con Elle Fanning o Renate Reisnve, considerando que son mucho más jóvenes y cercanas en edad a tus hijos?
SS: Diría que fue tan simple como lo es con cualquier actor, realmente. Se construye una relación cercana en solo segundos. Desde luego que tienes que confiar en ellos y viceversa, ¡pero yo confío en todos! (risas) Y esas chicas me conocen bien, no me tienen miedo (risas)
CP: En la película se hace burla de los junkets, de Netflix, incluso del cine mismo. ¿Cuál es tu postura personal sobre el estado del cine actual?
SS: La industria siempre ha dependido del dinero, dado que es muy caro hacer películas. Ahora las decisiones están basadas en ganancias, pero no hay una conexión real entre lo que haces y el mundo financiero y eso es atemorizante. Aquello que no encaja en moldes preconcebidos desaparece y cuando se trata de arte, se vuelve peligroso…
CP: Uno de los chistes más celebrados del festival fue cuando le regalas en la película a un niño DVDs de La maestra de piano de Michael Haneke e Irreversible de Gaspar Noé. ¿Tú hubieras metido alguna película en la que hayas trabajado?
SS: ¡Desde luego! Y aunque es un gran chiste, creo que revela algo importante sobre mi personaje. No sigue las reglas de la sociedad, no las reconoce. Pero yo pienso igual, puedo enseñarle a mis hijos una película pornográfica sin problema. Las convenciones sociales dirían que estoy loco. Hace un par de años en Nueva York me tocó presenciar un debate en el que se discutía a qué edad se debería decir a los niños ¡que las hamburguesas están hechas de vacas! Totalmente demencial…
Jorge Negrete Cofundador y crítico en la página web Butaca Ancha. Escribe de cine en medios como Tierra Adentro, Animal Político, Forbes y Algarabía. Considera que cada película, independientemente de donde venga y quien la haga, tiene algo importante que decir.
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