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desarmar a Corea del Sur frente al nuevo “juguete” nuclear del Norte

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Lo contamos hace unos días. Hay infraestructuras militares tan escasas y sofisticadas que en todo el planeta apenas existen un puñado de ellas. Algunas están diseñadas para detectar misiles a distancias gigantescas y cuestan una fortuna, otras se instalan en países aliados a miles de kilómetros de donde se fabrican. Cuando varias de esas piezas desaparecen del tablero al mismo tiempo, la seguridad de regiones enteras puede empezar a depender de movimientos que ocurren en la otra punta del mundo.

Una guerra que se come los escudos del planeta. La ofensiva contra Irán ha desencadenado un efecto dominó estratégico que va mucho más allá de Oriente Próximo. Tras los ataques iraníes contra infraestructuras críticas estadounidenses, Washington se encontró con un problema inesperado: varios de sus sistemas de alerta y seguimiento más sofisticados (esos radares únicos capaces de detectar y coordinar la defensa contra misiles balísticos) quedaron dañados o destruidos, reduciendo drásticamente la capacidad de vigilancia. 

De los ocho radares más avanzados de ese tipo que posee Estados Unidos, cuatro quedaron fuera de juego. Eso significa que otro golpe similar podría dejar a Washington prácticamente ciego frente a nuevas oleadas de misiles o drones. Ante ese riesgo, la prioridad pasó a ser proteger las bases estadounidenses desplegadas en el Golfo y el Levante. El resultado ha sido una decisión que revela hasta qué punto la guerra contra Irán está tensando la arquitectura global de defensa: Estados Unidos ha comenzado a retirar sistemas antimisiles de Asia para reforzar su escudo en Oriente Próximo.

El plan B. La solución adoptada por el Pentágono ha sido mover piezas desde uno de los tableros más sensibles del planeta: la península coreana. Durante años, el sistema THAAD desplegado en Corea del Sur fue presentado como la pieza clave para interceptar misiles norcoreanos antes de que alcanzaran Seúl o las bases estadounidenses. Aquella decisión provocó protestas locales y tensiones con China y Rusia debido al potente radar asociado al sistema. 

Ahora, casi una década después, partes de ese escudo están siendo desmontadas y cargadas en aviones de transporte rumbo a Oriente Próximo. Y no solo eso, porque el traslado no se limita al THAAD. También se estudia mover baterías Patriot y otros activos defensivos hacia bases estadounidenses en Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos para protegerlas de posibles represalias iraníes con drones y misiles. Para Seúl, la escena resulta extremadamente inquietante: defensas diseñadas para detener ataques del Norte se están enviando a miles de kilómetros de distancia para sostener una guerra en otro continente.

THAAD
THAAD

THAAD

El coste estratégico de una guerra. Recordaban en el Guardian que la retirada de esos sistemas ha generado una ola de inquietud en Corea del Sur y Japón, dos de los pilares de la arquitectura militar estadounidense en Asia. Corea del Sur alberga unos 28.500 soldados estadounidenses y depende en gran medida del paraguas defensivo de Washington para equilibrar el arsenal nuclear norcoreano. Aunque el gobierno surcoreano insiste en que su capacidad de disuasión sigue intacta, muchos analistas temen que Pyongyang interprete el movimiento como una oportunidad para probar los límites de la alianza. 

Japón, por su parte, observa con la misma preocupación cómo destructores estadounidenses con base en Yokosuka se desplazan hacia el mar Arábigo, mientras en Tokio crece el debate sobre si las bases estadounidenses en el país pueden terminar implicadas en conflictos ajenos al teatro asiático. La pregunta que flota en ambas capitales es incómoda: hasta qué punto la guerra contra Irán está drenando recursos militares que estaban destinados a contener a Corea del Norte o a China.

Hyunmoo 3 Missile Carrier
Hyunmoo 3 Missile Carrier

El misil de crucero Hyunmoo-3 se exhibe durante el desfile del 65º aniversario militar de Corea del Sur

Pyongyang y una lección. Recordaban esta semana en la CNN que, en Corea del Norte, los acontecimientos han reforzado una convicción que lleva décadas guiando su estrategia: el arma nuclear es el único seguro de vida real frente a Washington. El destino de líderes que abandonaron o nunca desarrollaron armas nucleares (desde Gadafi hasta los recientes bombardeos contra Irán que acabaron con su líder supremo) se repite constantemente en la propaganda norcoreana como advertencia. 

Para Kim Jong Un, la conclusión parece sencilla, porque renunciar a la bomba significa abrir la puerta a operaciones de cambio de régimen. Por eso, mientras Estados Unidos concentra su atención en Oriente Próximo, Pyongyang acelera su programa nuclear y continúa desarrollando misiles capaces de transportar cabezas nucleares hasta el territorio continental estadounidense. Corea del Norte ya posee, de hecho, decenas de ojivas y suficiente material para producir muchas más, lo que cambia por completo el cálculo de riesgos para cualquier potencia que contemple una intervención militar directa.

El nuevo “juguete” nuclear. En paralelo, el Norte ha presentado uno de los proyectos más ambiciosos de su modernización militar: el destructor Choe Hyon, un buque de 5.000 toneladas que representa el salto más importante de su marina en décadas. Durante sus primeras pruebas en el mar, el barco lanzó misiles de crucero estratégicos bajo la supervisión directa de Kim Jong Un y mostró una batería de hasta 104 misiles de distintos tipos gracias a un sistema de lanzamiento vertical ampliado. 

El régimen pretende construir al menos diez buques de esta clase en los próximos años y convertir su armada en una fuerza capaz de proyectar poder más allá de la península. El programa incluye además la integración progresiva de armamento nuclear en las fuerzas navales, un cambio que ampliaría las plataformas desde las que Pyongyang podría lanzar ataques nucleares.

Kim y el ejemplo iraní. La guerra en Irán también ha reabierto en Pyongyang un debate estratégico más amplio. Kim Jong Un y su círculo más cercano están analizando cada fase de la operación estadounidense: desde la capacidad para localizar líderes enemigos hasta la rapidez con la que Washington puede pasar de la diplomacia a la acción militar. 

En ese sentido, posiblemente el recuerdo del fracaso de la cumbre de Hanoi en 2019 sigue pesando en ese cálculo. En aquel momento, Kim creyó que un acuerdo con Trump estaba cerca y regresó a casa sin nada. Desde entonces, Corea del Norte ha reforzado su asociación con Rusia, enviando munición y tropas para la guerra en Ucrania a cambio de combustible, alimentos y posiblemente tecnología militar. Sin embargo, la falta de intervención directa de Moscú o Pekín en defensa de Irán ha demostrado que incluso los aliados estratégicos tienen límites cuando estalla una crisis real.

Un mundo con frentes mezclándose. Si se quiere también, el resultado de todo esto es algo así como una paradoja estratégica, porque una guerra en Oriente Próximo está reconfigurando el equilibrio militar en Asia oriental. Mientras Washington traslada interceptores y radares hacia el Golfo para cubrir el vacío dejado por los ataques iraníes, Corea del Norte acelera su modernización militar y China observa cada movimiento desde el espacio con una constelación de más de mil satélites de inteligencia. 

Para los analistas militares, la gran incógnita es cuánto tiempo puede Estados Unidos sostener simultáneamente varios frentes sin hacer mella en su red global de defensa. Porque si algo ha dejado claro esta crisis es que el planeta ya no funciona por conflictos aislados: un radar destruido en Oriente Próximo puede terminar alterando el equilibrio nuclear en la mismísima península coreana.

Imagen | DPRK, U.S. Missile Defense Agency, Teukwonjae707

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Las tres muertes por hantavirus en un crucero sugieren algo problemático para otra cosa: la colonización del espacio

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Lo sucedido en el crucero argentino en el que han fallecido tres personas por hantavirus es muy triste y, por supuesto, debe investigarse. No obstante, se están leyendo muchas noticias en las que se utiliza para traernos a la mente amargos recuerdos pandémicos y generar un revuelo innecesario. El riesgo para la población general es extremadamente bajo, como no han tardado en asegurar muchísimos expertos. 

Sin embargo, sí que demuestra lo peligroso que puede ser dejar circular un patógeno en un lugar cerrado y en movimiento, como un barco. Incluso podemos ir un paso más allá ahora que la carrera espacial está de moda: ¿qué ocurriría si pasa algo así en una nave espacial?

No podría pasar. Por lo general, el hantavirus es transmitido por roedores, como ratas y ratones. Generalmente, el contagio en humanos se produce por la inhalación de partículas contaminadas (normalmente polvo) con sus heces u orina. Esto significa que, en la mayoría de casos, el contagio es una zoonosis. El virus pasa de un animal a un humano. Eso en el espacio sería imposible. Las naves espaciales se monitorizan bajo lupa, sería imposible que un ratón entrase sin ser visto. 

Sí que es cierto que hay un tipo específico de hantavirus, el de los Andes, en el que se han documentado casos por contacto de humano a humano. Sin embargo, según ha explicado a Science Media Centre el investigador del Centro de Investigación Viral del MRC-Universidad de Glasgow  Liam Brierley, el contacto debe ser muy muy estrecho. El contacto en las naves espaciales, donde unas pocas personas deben pasar mucho tiempo juntas en un espacio reducidísimo, sí que sería muy estrecho. Pero que no cunda el pánico. 

Esterilidad y cuarentenas. Cada uno de los módulos que componen las naves espaciales se montan en salas blancas, bajo condiciones estrictas de esterilidad. Así, se previene que haya microorganismos, patógenos o no, que viajen al espacio adheridos a sus superficies. Con respecto a los astronautas, se someten a todo tipo de exámenes médicos para comprobar que no están infectados con ningún patógeno. Además, antes de viajar al espacio deben pasar un tiempo en cuarentena. Así, se evita que a la hora de comenzar el trayecto estén empezando a incubar algo que no pueda detectarse en los exámenes médicos. 

No siempre fue así. En realidad, las cuarentenas comenzaron a implementarse después de que los astronautas de las misiones Apolo 7, 8 y 9 tuviesen que lidiar con un resfriado en el espacio. Aunque ninguno enfermó de gravedad, sí que refirieron que los síntomas fueron especialmente molestos en este ambiente tan diferente. Por eso, se decidió tomar aún más medidas para evitar que algo así pueda pasar.

The Apollo 7 Prime Crew Gpn 2000 001160
The Apollo 7 Prime Crew Gpn 2000 001160

La tripulación del Apolo 7 tuvo que lidiar con un resfriado.

No todos los microorganismos se quedan en tierra. Es imposible despojar a un ser humano de todos los microorganismos que viven en su cuerpo. La microbiota es el conjunto de microorganismos que se encuentran naturalmente en nuestro organismo. Muchos de ellos son beneficiosos para nosotros, ya que nos protegen de los patógenos o nos ayudan a llevar a cabo procesos como la digestión. Todos estos microorganismos viajan con nosotros siempre, por lo que es imposible separarnos de ellos. Y aunque se pudiera, sería peligroso hacerlo.

Otros que no se pueden evitar. Tampoco se pueden esquivar los virus latentes, como el del herpes zóster. Una vez que una persona pasa la infección, estos se quedan dormidos en el organismo. Puede que nunca vuelvan a dar la cara o que lo hagan, normalmente en un momento en el que se debilita el sistema inmunitario. Se ha visto que las reactivaciones de este tipo de virus son bastante comunes en el espacio y lo cierto es que no es raro, ya que este afecta al sistema inmunitario a muchos niveles.

Tres pilares básicos. La microgravedad, las radiaciones cósmicas y el estrés de estar en un lugar tan inhóspito son los tres principales motivos por los que el sistema inmunitario se ve afectado por los viajes espaciales.

Cada cosa en su lugar. Los microorganismos que son totalmente inocuos en la microbiota de una persona sí que pueden ser dañinos para otro individuo, ya sea por estar inmunodeprimido o porque sus defensas no están bien entrenadas contra ese enemigo. Es algo que, por ejemplo, pasa con muchos microorganismos de la piel. También se debe tener en cuenta que hay microorganismos que son inocuos en unos órganos, pero dañinos en otros. Ocurre por ejemplo cuando las bacterias del sistema digestivo pasan al urinario. Cuidado con la dirección en la que te limpias al ir al baño. 

Microbiome
Microbiome

No nos podemos desprender de nuestra microbiota. Y menos mal.

Patógenos mazados. Ya hemos visto que es muy difícil que los microorganismos patógenos viajen al espacio. Pero sí que puede darse el caso de que un microorganismo aparentemente inocuo se presente donde no debe. O puede que deje de ser inocuo por las condiciones espaciales. 

Se sabe que las radiaciones cósmicas, las condiciones extremas de temperatura o la microgravedad pueden influir en los genes que expresa un microorganismo. Por ejemplo, en bacterias patógenas, como Salmonella typhimurium, se ha observado que en el espacio expresan un patrón genético muy distinto al que utilizan en la Tierra. Además, se vuelven más virulentas cuando están fuera del planeta. No sabemos si algún microorganismos aparentemente inocuo podría también desarrollar cierta virulencia por este cambio de ambiente.

La vista puesta en el futuro. Que ocurriese algo de esto hoy por hoy sería rarísimo. Sin embargo, hay dos escenarios del futuro en las que, quizás, podría darse una de estas situaciones. Por un lado, que se introduzcan microorganismos en las naves deliberadamente. Por ejemplo, podría haber microorganismos que transformen el regolito lunar en suelo cultivable. Habría que ver si vale la pena correr el riesgo de subirlos a una nave espacial. Por otro lado, en un futuro los viajes espaciales estarán mucho más a la orden del día. Puede que entonces no haya tantísimos controles como ahora o que, de tantos, alguno falle. 

Igual que la globalización ha llevado a que algunos patógenos viajen más deprisa por el mundo, no sería raro que pasase algo parecido en el espacio. Estamos especulando, pero vale la pena pensar en ello con suficiente antelación. Al fin y al cabo, siempre valdrá más la pena prevenir que curar. Sobre todo si se trata de evitar una epidemia espacial. De todos modos, insistimos, esto no es más que una especulación sobre qué podría ocurrir: hoy por hoy, que no cunda el pánico. 

Imagen | NASA/Magnific | NASA | Ethan Hillman et al

En Xataka | Chernóbil se llenó de hongos tras el accidente nuclear. Gracias a ellos descubrimos una “nueva forma de fotosíntesis”

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El silicio-carbono parece ser santo grial en baterías. He hablado con un ingeniero de Honor para comprobarlo

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A los smartphones se les lleva pidiendo desde hace años algo que no parecía tan complicado: que su batería dure más de dos días. Resulta que sí era complicado, y que los fabricantes han tenido que esperar a que madure la única tecnología que, por el momento, hace que esto sea posible. Esta tecnología es el silicio-carbono, y compañías como Honor fueron pioneras en su implementación en teléfonos comerciales.

El Honor Magic5 Pro, lanzado en 2023, fue el primer smartphone de gama alta en incorporarla. Tres años después, la tendencia de la industria no deja lugar a dudas: this is the way ese es el camino. Tras el lanzamiento del Honor 600, en Xataka hemos tenido oportunidad de hablar con Lun Lu, uno de los ingenieros del departamento de baterías de Honor. Y sí, nos ha contado cositas

Por qué sí 

Honor 600
Honor 600

Uno de los mayores limitantes del ser humano tiene que ver con los “y si”, seguidos de una consecuencia negativa. En el caso de las baterías de silicio-carbono, ningún fabricante se atrevió a implementarlas de forma comercial. Hasta que Honor decidió acompañar su “y si…” de una consecuencia positiva. Le pregunto a Lu en qué momento lo tuvieron claro, cuándo supieron que era el momento correcto para dar el salto al silicio-carbono.

Me cuenta que un año antes, en 2021, sintieron que ya estaban listos y tuvieron claro que la tecnología estaba madura. Empezaron a destinar recursos para diseñar la arquitectura y empezar a hablar con sus socios para la producción masiva.

Esta es, precisamente, una de las claves que hace tan lento el proceso. La química de estas baterías, los cambios que necesitan hacerse a nivel de diseño, las medidas de seguridad que requiere su implementación… es un proceso de ingeniería lento y delicado. Y esto responde a mi pregunta de por qué cree que algunos de los fabricantes occidentales (Apple, Google) no están aún en el barco

Pero… de qué estamos hablando exactamente

Tenemos claro que Honor fue la pionera en introducir el silicio-carbono pero… ¿de qué estamos hablando exactamente? ¿Cómo le podríamos explicar a alguien que no tiene ni idea de tecnología qué son este tipo de baterías y qué aportan?

Lu lo explica sin complicación alguna: estamos ante un gran avance mediante el cual podemos introducir baterías con mucha más energía en el mismo tamaño. En otras palabras, donde antes cabían determinos mAh, ahora caben muchos más. En las baterías de silicio-carbono se puede almacenar mucho más litio por gramo que en las tradicionales, hasta diez veces más a nivel teórico.

En el nuevo Honor 600, sin ir más lejos, han introducido una batería de 6.400mAh en un cuerpo de tan solo 7.8mm. Es mucho más delgado que la mayoría de sus rivales directos con baterías de 5.000mAh, y en nuestro análisis ha llegado a los tres días de uso.

Sí, pero

Si el camino hacia el silicio-carbono solo estuviese rodeado de flores, no habría dudas sobre su implementación. Pero todo tiene letra pequeña. Preguntamos sobre los mayores retos a la hora de implementar esta tecnología. Y la respuesta es clara: su seguridad, sin espacio para la discusión. 

Introducir silicio complica mucho la estabilidad interna de la celda, ya que su expansión volumétrica al absorber iones de litio es considerable y el miedo a posibles hinchados está presente en la industria. Zhua cuenta que diseñar este tipo de baterías es un reto, pero que el departamento tiene en cuenta cada una de las limitaciones y posibles problemáticas de esta tecnología con vistas al largo plazo, ya que Honor sabe que la tendencia en la industria gira hacia mantener el mismo móvil durante unos cuantos años.

Otra duda bastante recurrente con estas baterías tiene que ver con los ciclos que soportan. Durante los últimos años, una de las obsesiones ha sido lograr que las baterías tradicionales no se degraden en exceso pasados los 1.000 ciclos (aproximadamente lo que haríamos en un par de años de uso intenso). 

Aunque no desvela todos sus secretos, Lu cuenta que Honor lleva años investigando cómo paliar la degradación temprana del silicio-carbono, optimizando los procesos de fabricación para llevarlos al mínimo. Los chips E1 y E2, implementados en la familia Magic y encargados a la gestión energética (co-procesadores que acompañan a la CPU principal), se encargan de controlar la carga y descarga en tiempo real, ajustar el consumo según temperatura, voltaje y uso, e intentar mejorar el rendimiento en frío. 

La última gran limitación tiene que ver con lo que Lu considera “un gran problema”, y responde a mi pregunta de cómo lidia un fabricante como Honor con tener que fabricar un dispositivo con una batería destinada a China y otra destinada a Europa. La Unión Europea tiene controles y restricciones estrictas con las importaciones de baterías, y esto está frenando los avances que desarrolla China.

“Nos gustaría proporcionar baterías con la tecnología más avanzada y la mayor densidad energética por todo el mundo, pero las regulaciones no pueden discutirse. Lo que podemos hacer ahora mismo es algo limitado, porque las regulaciones son una línea roja que no podemos cruzar.”

Desde la barra del bar

La batería de los teléfonos es uno de los componentes más sujeto a conversaciones de barra de bar.

  • “La carga rápida es mala”.
  • “Es mejor cargar hasta el 80%.”
  • “Las baterías de silicio carbono no tienen casi silicio”.

Afirmaciones que a veces se hacen sin conocer el sustento científico que las respalda (o no). Así que aprovecho para preguntar a Lu acerca de algunos mitos recurrentes y la dirección en la que van estas baterías.

A la primera pregunta, me deja bastante claro que a día de hoy no hay diferencia entre cargar de forma rápida y cargar de forma lenta. Hay algo de cierto en el mito: la carga rápida sin control es perjudicial, pero el diseño actual de baterías y cargadores tiene en cuenta este problema.

Respecto a la famosa regla 80-20%, es algo totalmente probado. No hay problema en cargar al 100%, pero mantener la batería en este rango ayuda a alargar la vida útil de la misma. Es aventurado dar un dato concreto sobre cuántos ciclos podemos ganar, ya que dependerá del uso, pero esta franja es el punto dulce de menor estrés en una batería de silicio-carbono. De hecho, la tendencia en los últimos años ha sido la de limitar por software la carga para que el dispositivo no llegue al 100%.

Algunas pinceladas del futuro

Finalizando la entrevista, pregunto acerca del futuro. Aunque estamos en el mejor punto en los últimos años, siempre hay margen para la mejora. La dirección clara para los próximos años es aumentar la cantidad de silicio. Actualmente estamos, en el mejor de los casos, rondando el 30% en las baterías más densas, así que aún queda trabajo.

Además, pese a que el silicio-carbono nos esté trayendo tantas alegrías, la industria sigue buscando nuevos materiales que mejoren lo presente. Al preguntarle a Lu cómo sería el unboxing del mejor móvil de Honor dentro de cinco años, fijándose en qué batería lleva, su deseo es claro: una batería de estado sólido.

Imagen | Xataka

En Xataka | Justo cuando las baterías estaban rompiendo todos los récords llegaron los móviles ultra-finos. China tiene una lección para ellos

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Murcianos y castellano-manchegos llevan años peleándose para nada. Pase lo que pase con el trasvase, lo que realmente estamos perdiendo es el tiempo

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En el fondo, esta es la historia de un engaño. Desde 2019, el Tribunal Supremo ha venido diciendo exactamente lo mismo: la aplicación de la Directa Marco europea del Agua obliga a España a cambiar la forma en la que gestiona sus trasvases. Y no lo ha dicho una vez, no: si hablamos del trasvase del Tajo, lo ha dicho, al menos, seis veces

Pese a eso, las distintas administraciones llevan años interpretando un melodrama político que ha impedido diseñar un sistema que minimice los problemas que la directiva pueda crear. Y el resultado es que murcianos y castellano-manchegos llevan años peleándose para nada.

Por suerte o por desgracia, esta carrera hacia delante parece que se acaba el 5 de mayo.

¿Qué ocurre el 5 de mayo? Si todo sale según lo previsto, el 5 de mayo el Supremo decidirá el futuro del Trasvase Tajo- Segura y el Plan Hidrológico del Tajo 2022-2027. Ese día, el alto tribunal decidirá qué ocurre con el recurso del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura, el último gran proceso judicial que permanece abierto contra los cambios  que el Gobierno aprobó en 2025 para adaptarse a la normativa. 

Es, por así decirlo, la última bala jurídica que le queda a los regantes del este peninsular. 

¿Y qué podemos esperar? Poco. El propio presidente del sindicato, Lucas Jiménez, ha admitido públicamente ‘ánimos fríos’ y ‘sin grandes expectativas’, dado el sentido de los pronunciamientos previos. 

Y es que, llegados a este punto, el tema que se debate es si los nuevos caudales ecológicos (que, según la Universidad de Alicante, conllevarán una merma media de 105 hm³/año a partir de 2027) entran en vigor ya o puede ser escalonado. Pero, la impopularidad de la medida en amplias zonas del país, ha hecho que todo se vaya postergando. 

Hasta el punto que la Audiencia Nacional acaba de admitir a trámite el recurso de Castilla-La Mancha por la inacción del Ministerio al publicar las nuevas reglas: de hecho, si mañana se tumba el recurso de Scrats, no habrá normas para aplicar el trasvase. 

¿Y entonces? El conflicto entrará en una nueva fase: ante la eventual desestimación y con los recortes de trasvase consolidados jurídicamente, solo queda discutir detalles técnicos y las medidas de compensación. 

No hay que olvida que el Trasvase abastece a casi 150.000 hectáreas de regadío en Murcia, Alicante y Almería. Se trata de un agua que ya está concedida de facto a los regantes y el Estado tendrá que compensarlos. Aunque, de los 1.450 millones de euros que comprometió Moncloa para amortiguar el golpe parece que solo se ha ejecutado en torno a un 5%

La historia que nunca acaba. Llevamos décadas peleando sobre el agua en España y hemos sido incapaces de crear un sistema que reordene el país (y lo adapte al agua real). Casi al contrario: desde hace más de 30 años, nunca ha sido así. 

Como explicaban en Datadista, “desde la profunda sequía de los años noventa, cada periodo seco ha servido para implantar medidas de emergencia […] o permitir prácticas que no se eliminaron al volver las lluvias, se emplearon para ampliar regadíos, aumentando el problema  de sobreexplotación y contaminación de acuíferos y los humedales a los  que alimentan”. Y la factura de todo eso es la que estamos pagando ahora.

Imagen | Trent Haddock

En Xataka | Los embalses del Tajo han alcanzado su nivel máximo. La respuesta de las autoridades ha sido vaciarlos de inmediato

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