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El silicio-carbono parece ser santo grial en baterías. He hablado con un ingeniero de Honor para comprobarlo

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A los smartphones se les lleva pidiendo desde hace años algo que no parecía tan complicado: que su batería dure más de dos días. Resulta que sí era complicado, y que los fabricantes han tenido que esperar a que madure la única tecnología que, por el momento, hace que esto sea posible. Esta tecnología es el silicio-carbono, y compañías como Honor fueron pioneras en su implementación en teléfonos comerciales.

El Honor Magic5 Pro, lanzado en 2023, fue el primer smartphone de gama alta en incorporarla. Tres años después, la tendencia de la industria no deja lugar a dudas: this is the way ese es el camino. Tras el lanzamiento del Honor 600, en Xataka hemos tenido oportunidad de hablar con Lun Lu, uno de los ingenieros del departamento de baterías de Honor. Y sí, nos ha contado cositas

Por qué sí 

Honor 600
Honor 600

Uno de los mayores limitantes del ser humano tiene que ver con los “y si”, seguidos de una consecuencia negativa. En el caso de las baterías de silicio-carbono, ningún fabricante se atrevió a implementarlas de forma comercial. Hasta que Honor decidió acompañar su “y si…” de una consecuencia positiva. Le pregunto a Lu en qué momento lo tuvieron claro, cuándo supieron que era el momento correcto para dar el salto al silicio-carbono.

Me cuenta que un año antes, en 2021, sintieron que ya estaban listos y tuvieron claro que la tecnología estaba madura. Empezaron a destinar recursos para diseñar la arquitectura y empezar a hablar con sus socios para la producción masiva.

Esta es, precisamente, una de las claves que hace tan lento el proceso. La química de estas baterías, los cambios que necesitan hacerse a nivel de diseño, las medidas de seguridad que requiere su implementación… es un proceso de ingeniería lento y delicado. Y esto responde a mi pregunta de por qué cree que algunos de los fabricantes occidentales (Apple, Google) no están aún en el barco

Pero… de qué estamos hablando exactamente

Tenemos claro que Honor fue la pionera en introducir el silicio-carbono pero… ¿de qué estamos hablando exactamente? ¿Cómo le podríamos explicar a alguien que no tiene ni idea de tecnología qué son este tipo de baterías y qué aportan?

Lu lo explica sin complicación alguna: estamos ante un gran avance mediante el cual podemos introducir baterías con mucha más energía en el mismo tamaño. En otras palabras, donde antes cabían determinos mAh, ahora caben muchos más. En las baterías de silicio-carbono se puede almacenar mucho más litio por gramo que en las tradicionales, hasta diez veces más a nivel teórico.

En el nuevo Honor 600, sin ir más lejos, han introducido una batería de 6.400mAh en un cuerpo de tan solo 7.8mm. Es mucho más delgado que la mayoría de sus rivales directos con baterías de 5.000mAh, y en nuestro análisis ha llegado a los tres días de uso.

Sí, pero

Si el camino hacia el silicio-carbono solo estuviese rodeado de flores, no habría dudas sobre su implementación. Pero todo tiene letra pequeña. Preguntamos sobre los mayores retos a la hora de implementar esta tecnología. Y la respuesta es clara: su seguridad, sin espacio para la discusión. 

Introducir silicio complica mucho la estabilidad interna de la celda, ya que su expansión volumétrica al absorber iones de litio es considerable y el miedo a posibles hinchados está presente en la industria. Zhua cuenta que diseñar este tipo de baterías es un reto, pero que el departamento tiene en cuenta cada una de las limitaciones y posibles problemáticas de esta tecnología con vistas al largo plazo, ya que Honor sabe que la tendencia en la industria gira hacia mantener el mismo móvil durante unos cuantos años.

Otra duda bastante recurrente con estas baterías tiene que ver con los ciclos que soportan. Durante los últimos años, una de las obsesiones ha sido lograr que las baterías tradicionales no se degraden en exceso pasados los 1.000 ciclos (aproximadamente lo que haríamos en un par de años de uso intenso). 

Aunque no desvela todos sus secretos, Lu cuenta que Honor lleva años investigando cómo paliar la degradación temprana del silicio-carbono, optimizando los procesos de fabricación para llevarlos al mínimo. Los chips E1 y E2, implementados en la familia Magic y encargados a la gestión energética (co-procesadores que acompañan a la CPU principal), se encargan de controlar la carga y descarga en tiempo real, ajustar el consumo según temperatura, voltaje y uso, e intentar mejorar el rendimiento en frío. 

La última gran limitación tiene que ver con lo que Lu considera “un gran problema”, y responde a mi pregunta de cómo lidia un fabricante como Honor con tener que fabricar un dispositivo con una batería destinada a China y otra destinada a Europa. La Unión Europea tiene controles y restricciones estrictas con las importaciones de baterías, y esto está frenando los avances que desarrolla China.

“Nos gustaría proporcionar baterías con la tecnología más avanzada y la mayor densidad energética por todo el mundo, pero las regulaciones no pueden discutirse. Lo que podemos hacer ahora mismo es algo limitado, porque las regulaciones son una línea roja que no podemos cruzar.”

Desde la barra del bar

La batería de los teléfonos es uno de los componentes más sujeto a conversaciones de barra de bar.

  • “La carga rápida es mala”.
  • “Es mejor cargar hasta el 80%.”
  • “Las baterías de silicio carbono no tienen casi silicio”.

Afirmaciones que a veces se hacen sin conocer el sustento científico que las respalda (o no). Así que aprovecho para preguntar a Lu acerca de algunos mitos recurrentes y la dirección en la que van estas baterías.

A la primera pregunta, me deja bastante claro que a día de hoy no hay diferencia entre cargar de forma rápida y cargar de forma lenta. Hay algo de cierto en el mito: la carga rápida sin control es perjudicial, pero el diseño actual de baterías y cargadores tiene en cuenta este problema.

Respecto a la famosa regla 80-20%, es algo totalmente probado. No hay problema en cargar al 100%, pero mantener la batería en este rango ayuda a alargar la vida útil de la misma. Es aventurado dar un dato concreto sobre cuántos ciclos podemos ganar, ya que dependerá del uso, pero esta franja es el punto dulce de menor estrés en una batería de silicio-carbono. De hecho, la tendencia en los últimos años ha sido la de limitar por software la carga para que el dispositivo no llegue al 100%.

Algunas pinceladas del futuro

Finalizando la entrevista, pregunto acerca del futuro. Aunque estamos en el mejor punto en los últimos años, siempre hay margen para la mejora. La dirección clara para los próximos años es aumentar la cantidad de silicio. Actualmente estamos, en el mejor de los casos, rondando el 30% en las baterías más densas, así que aún queda trabajo.

Además, pese a que el silicio-carbono nos esté trayendo tantas alegrías, la industria sigue buscando nuevos materiales que mejoren lo presente. Al preguntarle a Lu cómo sería el unboxing del mejor móvil de Honor dentro de cinco años, fijándose en qué batería lleva, su deseo es claro: una batería de estado sólido.

Imagen | Xataka

En Xataka | Justo cuando las baterías estaban rompiendo todos los récords llegaron los móviles ultra-finos. China tiene una lección para ellos

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La explosión nuclear que cambió el mundo también creó un material que no existe en ningún otro lugar del universo conocido

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El 16 de julio de 1945, la primera detonación de una bomba atómica —conocida como la prueba Trinity— cambió el curso de la historia y dejó una huella imborrable en el desierto de Nuevo México. La explosión del dispositivo de plutonio liberó una energía equivalente a 21 kilotones de TNT, suficiente para vaporizar la torre de prueba de 30 metros, los kilómetros de cables de cobre que conectaban los instrumentos de grabación y la propia arena del desierto. Todo este material, arrastrado por la inmensa bola de fuego, llovió en forma de fragmentos vítreos fundidos, creando una forma única de materia conocida hoy como trinitita.

La gran mayoría de esta trinitita es de un clásico color verde, pero existe una variante mucho más rara denominada “trinitita roja”, cuyo color se atribuye a la presencia de óxido de cobre formado cuando las líneas de transmisión se vaporizaron en la explosión. Es precisamente en el interior de esta rara variante donde los científicos han descubierto estructuras cristalinas inéditas. Las violentas condiciones de la detonación sometieron a los materiales a temperaturas de alrededor de 1.500 °C y presiones extremas de 5 a 8 gigapascales. La materia se vaporizó, se mezcló y se enfrió tan sumamente rápido —en cuestión de segundos— que los átomos no tuvieron tiempo de organizarse en estructuras estables, forjando formas de materia que nunca habían existido en nuestro planeta.

Un hallazgo sin precedentes. Casi 80 años después de aquella primera explosión nuclear, un equipo de investigación internacional liderado por Luca Bindi, geólogo de la Universidad de Florencia, ha logrado identificar un nuevo material oculto en estas muestras. Tal y como explica la investigación, se trata de un “clatrato”: una red química con forma de jaula que atrapa otros átomos en su interior. Este nuevo cristal está construido con jaulas de silicio de 12 y 14 caras que encierran átomos de calcio, cobre y pequeñas cantidades de hierro. Representa la primera vez que se confirma cristalográficamente la presencia de un clatrato entre los productos sólidos de una explosión nuclear.

Que este descubrimiento llegue ahora, en 2026, no es casualidad. Las muestras de trinitita roja son escasísimas y difíciles de obtener, y solo los avances recientes en técnicas de difracción de rayos X a escala nanoscópica han permitido identificar estructuras tan diminutas dentro de microgotas metálicas incrustadas en el vidrio. La tecnología, sencillamente, no estaba antes a la altura del material.

El cuasicristal que llegó primero. La historia se vuelve aún más fascinante porque este descubrimiento se suma a otro hallazgo monumental realizado por el mismo equipo en 2021: la identificación de un cuasicristal en la misma trinitita roja. A diferencia de los cristales ordinarios —como la sal o el cuarzo, que poseen un patrón atómico que se repite con precisión—, los cuasicristales rompen las reglas de la cristalografía clásica. Sus átomos están ordenados, pero sin repetirse periódicamente, lo que genera simetrías que un cristal convencional tiene prohibidas. 

El encontrado en Trinity exhibe una simetría icosaédrica de cinco pliegues y está compuesto por silicio, cobre, calcio y hierro. No solo es el cuasicristal creado por el ser humano más antiguo que se conoce: tiene la increíble propiedad de que su momento exacto de creación quedó indeleblemente grabado en los registros históricos.

El papel decisivo del cobre. Lo más elegante del nuevo estudio es el mecanismo que explica por qué en la misma explosión se formaron dos estructuras tan distintas. La clave estuvo en la concentración de cobre disponible durante el enfriamiento. 

En las microzonas donde los niveles de cobre eran bajos —alrededor del 10 al 11%— las condiciones permitieron que la estructura de jaula del clatrato se estabilizara. Donde había más cobre, esa misma estructura colapsaba y los átomos se reorganizaban en la geometría prohibida del cuasicristal. Dos destinos radicalmente distintos, separados por una diferencia microscópica de composición química, en el mismo instante y el mismo lugar.

El poder de los laboratorios naturales. Descubrir estas arquitecturas a escala microscópica es revolucionario porque, como explica Terry C. Wallace, director emérito del Laboratorio Nacional de Los Álamos y coautor de la investigación del cuasicristal, estas estructuras requieren entornos extremos que rara vez existen en la Tierra: choques, temperaturas y presiones colosales, comparables solo a los impactos de hipervelocidad de meteoritos o a las propias detonaciones nucleares. Eventos destructivos que, paradójicamente, actúan como laboratorios capaces de producir lo que ningún laboratorio convencional puede replicar.

Una herramienta para la seguridad global. Más allá de la ciencia de materiales, este tipo de investigaciones tiene aplicaciones directas en el campo de la no proliferación nuclear. Comprender el diseño de los programas de armas nucleares de otros países es un enorme desafío forense. Los científicos suelen rastrear gases y residuos radiactivos en las zonas de prueba, pero esas firmas decaen inevitablemente con el paso del tiempo.

Los cristales formados en el sitio del estallido, en cambio, son prácticamente eternos. Las muestras de trinitita roja aún conservan isótopos radiactivos que permiten calcular con gran precisión variables como la distancia exacta al hipocentro de la explosión. Wallace lo resume con claridad: si la ciencia logra establecer una explicación termodinámica precisa de cómo se forman estos cristales, se podría obtener una imagen completa de la bomba y los materiales utilizados, dotando al mundo de una nueva herramienta para vigilar explosiones nucleares ilícitas. Una marca de tiempo que no se puede falsificar ni borrar.

El paradójico legado de Trinity. El estudio de la trinitita demuestra cómo la materia es capaz de reorganizarse de maneras asombrosas bajo condiciones inimaginablemente hostiles. Resulta una paradoja casi poética que un evento diseñado para la destrucción haya dejado, 80 años después, un legado oculto de perfección geométrica microscópica que hoy es útil para el futuro humano.

Este descubrimiento no solo es una ventana a la creación de materiales y tecnologías energéticas de vanguardia, sino que funciona como una brújula para futuras investigaciones. Tal como concluyen los expertos en su publicación académica, examinar los restos de otros fenómenos naturales extremos y fugaces, como las fulguritas forjadas por el impacto de los rayos o las rocas sometidas a los cráteres de meteoritos, podría seguir revelando configuraciones de la materia insólitas. 

Aún hoy, ocultas bajo las cicatrices de la destrucción, aguardan estructuras que continúan desafiando nuestra comprensión fundamental del universo.

Imagen | PNAS y Unsplash

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En 1972 Italia quiso meter una ciudad entera en un edificio de un kilómetro. Medio siglo después sigue pagando las consecuencias

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El mismo año en que comenzaba la construcción del complejo Corviale, las autoridades estadounidenses iniciaron la demolición de Pruitt–Igoe, un gigantesco complejo de vivienda pública que había sido presentado apenas dos décadas antes como el futuro de la ciudad moderna. La coincidencia fue casi simbólica: mientras un país derribaba una de sus grandes utopías urbanísticas, otro empezaba a construir una nueva.

Una ciudad dentro de un edificio. Durante los años setenta, Italia creyó que podía resolver varios problemas urbanos de una sola vez. Roma crecía a gran velocidad, los barrios periféricos se multiplicaban y la vivienda pública se enfrentaba a una demanda cada vez mayor. La respuesta fue el Corviale, una gigantesca estructura residencial de casi un kilómetro de longitud concebida para albergar a unas 8.500 personas. 

Su arquitecto, Mario Fiorentino, no imaginó simplemente un bloque de viviendas, sino una auténtica ciudad lineal donde las calles serían pasillos, las plazas surgirían de los espacios comunes y los servicios cotidianos convivirían con los hogares. Aquella visión pretendía demostrar que la arquitectura podía reorganizar la vida urbana desde sus cimientos.

Corviale 5581484963
Corviale 5581484963

Una utopía que nunca llegó a completarse. El problema apareció antes incluso de que el proyecto terminara de construirse. La empresa encargada de las obras quebró en 1982 y gran parte de los elementos esenciales del diseño original jamás llegaron a materializarse. La famosa planta intermedia destinada a comercios, oficinas, servicios y espacios comunitarios quedó vacía y acabó siendo ocupada por familias que buscaban un lugar donde vivir. 

Lo que debía convertirse en el corazón social del complejo terminó transformándose en un laberinto de viviendas improvisadas. Muchos de los equipamientos previstos tampoco llegaron a construirse, dejando incompleta la infraestructura que debía convertir el edificio en una ciudad autosuficiente.

Corviale 5581475097
Corviale 5581475097

Cuando la arquitectura condiciona la vida cotidiana. Con el paso de los años, Corviale empezó a demostrar que los edificios no son simples contenedores donde vive la gente. Sus largos corredores, sus escasos accesos, la compleja circulación interior y la enorme escala del conjunto comenzaron a influir en la forma en que los residentes se relacionaban entre sí

Los ascensores se averiaban constantemente, obligando a miles de personas a recorrer grandes distancias para entrar o salir de sus casas. El sistema centralizado de calefacción provocó conflictos entre residentes, ocupantes irregulares y administraciones sobre quién debía asumir los costes. Algunos investigadores llegaron a describir el edificio como una pequeña ciudad cuyos problemas de gobernanza estaban directamente vinculados a sus características físicas.

Corviale 5581481121
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Del símbolo del futuro al símbolo del fracaso. A medida que el deterioro avanzaba, Corviale empezó a acumular una reputación cada vez más negativa. Para muchos se convirtió en el ejemplo perfecto de los excesos del urbanismo monumental de posguerra. Sus críticos lo describían como un monstruo de hormigón, una prisión residencial o una muestra de cómo ciertas ideologías urbanísticas habían ignorado las necesidades reales de las personas. 

Las ocupaciones ilegales, los problemas de mantenimiento, la presencia de actividades delictivas y el abandono institucional reforzaron esa percepción. Durante años surgieron propuestas para derribarlo por completo y sustituirlo por barrios tradicionales de menor escala, conectados mediante calles, plazas y edificios más próximos a las dimensiones humanas.

Giuditto Miele Alla Cerimonia Di Inizio Lavori Del Complesso Corviale
Giuditto Miele Alla Cerimonia Di Inizio Lavori Del Complesso Corviale

Giuditto Miele en la ceremonia de colocación de la primera piedra del complejo Corviale

La batalla por decidir su destino. Sin embargo, Corviale nunca fue demolido. A diferencia de muchas otras grandes urbanizaciones europeas de posguerra, logró sobrevivir a los intentos de derribo. Parte de la explicación reside en su creciente valor simbólico. Lo que para unos era un fracaso urbanístico, para otros representaba una pieza irrepetible de la historia arquitectónica italiana. 

El edificio terminó obteniendo protección patrimonial y pasó a formar parte del debate nacional sobre qué hacer con las grandes utopías del siglo XX. La discusión dejó de centrarse únicamente en si el proyecto había funcionado o no para convertirse en una pregunta más compleja: cómo transformar una estructura tan gigantesca sin destruirla.

Medio siglo de reformas para corregir una idea. Las últimas décadas han estado marcadas por una sucesión casi constante de proyectos de regeneración. Concursos internacionales, asociaciones vecinales, arquitectos y administraciones públicas han intentado adaptar el complejo a las necesidades actuales. Algunas intervenciones han regularizado espacios ocupados, otras han rehabilitado zonas comunes y varias buscan recuperar la escala peatonal mediante nuevos espacios públicos y áreas verdes. 

Ningún otro conjunto residencial de Roma ha recibido una inversión pública tan intensa y prolongada. La paradoja en este caso es más que evidente: el edificio que nació para simplificar la vida urbana se ha convertido en una de las operaciones de regeneración más complejas de la ciudad.

Consecuencias de una gran apuesta. La historia del Corviale sigue fascinando porque trasciende la arquitectura. Es el relato de una época que creyó que los problemas sociales podían resolverse mediante grandes soluciones físicas y de una ciudad que continúa lidiando con las consecuencias de aquella apuesta. El edificio, por cierto, sigue en pie, habitado por miles de personas y sometido a continuas transformaciones. 

Para algunos demuestra los límites de las grandes visiones urbanísticas, para otros, la capacidad de una comunidad para adaptarse a un proyecto inacabado. Lo cierto es que medio siglo después, Roma sigue dedicando recursos, tiempo y energía a gestionar una estructura concebida para funcionar como una ciudad completa. 

Y quizá esa sea la prueba más clara de que Corviale nunca dejó de ser exactamente eso: una urbe encerrada dentro de un edificio.

Imagen | Wikimedia, Umberto Rotundo, Alessandro Pace

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China no puede comprar los mejores chips de Nvidia. Así que Alibaba ha decidido conectar los suyos y venderlos como si fueran uno solo

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Alibaba no quiere que su infraestructura de inteligencia artificial (IA) siga dependiendo de las tecnologías de Nvidia. Poco a poco las mayores compañías de tecnología de China están asumiendo la petición que el Gobierno de Xi Jinping les hizo a principios de octubre de 2024: en la medida de lo posible debían utilizar chips producidos en China. Diez meses después esta recomendación se transformó en una exigencia.

Y es que los centros de datos que pertenecen al Estado en todo el país debían utilizar al menos un 50% de circuitos integrados chinos en sus servidores. Este escenario favorece sobre todo a Huawei, Moore Threads y Cambricon Technologies porque son los principales fabricantes de GPU para IA de China, pero también viene de maravilla a Alibaba. De hecho, Alibaba Cloud, su filial de computación en la nube, ha dado un paso hacia delante muy importante.

Hace unos días presentó un nuevo chip para IA, el Zhenwu M890, y oficializó un itinerario muy ambicioso que describe qué soluciones va a desarrollar durante los próximos tres años. Esta GPU ha sido diseñada por T-Head, la división de semiconductores que Alibaba fundó en 2018. Incorpora 144 GB de memoria HBM3 y alcanza una velocidad de transferencia de interconexión entre chips de hasta 800 GB/s. Como estamos a punto de descubrir, esta última prestación es esencial en la estrategia que ha puesto a punto Alibaba para competir en el mercado del hardware para IA.

Alibaba se va a gastar 53.000 millones de dólares en su infraestructura

Según Alibaba, el rendimiento de su chip Zhenwu M890 triplica el de su predecesor. Además, ha sido diseñado para rendir bien tanto durante el entrenamiento de los modelos de IA de vanguardia como durante la inferencia. Un apunte importante: la inferencia es a grandes rasgos el proceso computacional que llevan a cabo los modelos de lenguaje con el propósito de generar las respuestas que corresponden a las peticiones que reciben.

Alibaba quiere competir de tú a tú con Nvidia en el despliegue de infraestructuras para centros de datos

No obstante, hay otro dato relevante que merece la pena que no pasemos por alto: en operaciones de precisión media (FP16) el chip Zhenwu M890 alcanza 0,6 petaflops, un rendimiento equiparable al de la GPU A100 de Nvidia y tres veces superior al del chip H20. Por otro lado, el chip de interconexión ICN Switch permite enlazar hasta 128 GPU M890 para que trabajen al unísono. Alibaba asegura que esta arquitectura consigue que estas GPU funcionen como un único chip, lo que, sobre el papel, le permitirá competir de tú a tú con Nvidia en el despliegue de infraestructuras para centros de datos.

En lo que se refiere al itinerario que seguirá hasta 2028, esta compañía china ha anticipado que planea lanzar el Zhenwu V900 durante el tercer trimestre de 2027. Según Alibaba, implementará una arquitectura de computación paralela propia notablemente mejorada, tendrá un rendimiento tres veces superior al del chip M890, se apoyará en 216 GB de memoria y alcanzará una velocidad de transferencia de interconexión de 1.200 GB/s. El Zhenwu J900 llegará durante el tercer trimestre de 2028 con otro salto arquitectónico de mayor calado.

Este roadmap refleja que Alibaba va con todo. De hecho, también ha anunciado que va a respaldar este plan con una inversión en infraestructura de 380.000 millones de yuanes (unos 53.000 millones de dólares) durante los próximos tres años. Es el mayor compromiso de este tipo en la historia de la compañía. Además, T-Head está planificando su salida a bolsa para financiar un programa de inversión en infraestructura más agresivo, lo que la colocaría en competencia directa con Cambricon Technologies y la línea Ascend de Huawei en el mercado doméstico de chips para IA.

Imagen | Alibaba

Más información | Alibaba | ChinaDaily

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