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Por qué no es nada recomendable conectar el cargador al móvil antes de conectarlo a la corriente
Poner el móvil a cargar es un gesto que hacemos prácticamente todos los días y que es algo aparentemente muy simple. Pues bien, resulta que lo estamos haciendo mal. Hay un detalle clave que muchos pasamos por alto y que puede tener consecuencias negativas tanto para el cable como para el puerto del móvil.
Hay muchas recomendaciones para cuidar la salud de la batería, como evitar descargarla al máximo o cargarla al 100%, pero hay otro factor que no se suele tener en cuenta y es el orden en el que conectamos el cable.
El orden de los factores sí altera el producto
Y si no que se lo digan a mi compañero Álex Alcolea, el propietario del cable Lightning de la foto bajo estas líneas. Que los pines se hayan vuelto negros no es un problema de suciedad, sino un problema de orden. Álex solía conectar el cable al móvil y después a la corriente, lo que genera un breve pico de tensión que va directo al conector. Por una vez no pasa nada, pero si lo hacemos de forma continuada el resultado es un cable frito.

Así quedó el cable Lightning de nuestro compañero Alejandro Alcolea después de varios meses
Es un fenómeno habitual en cualquier tipo de enchufe: lo conectas y se produce una sobretensión. Si el cable ya está conectado al móvil cuando esto sucede, puede crearse un pequeño arco eléctrico donde hacen contacto las clavijas. Este pequeño chispazo, puede provocar que los pines del cable se dañen y, con el tiempo, la carga empiece a fallar o tengamos que mover el cable para que haga contacto.
Si te estás preguntando si existe la posibilidad de freír tu móvil con este hábito, que no cunda el pánico. Los smartphones cuentan con protecciones internas para evitar que se dañen si hay un pico de tensión y además estamos hablando de un pico brevísimo.
El orden recomendable para cargar el móvil
Evitar que ese pequeño chispazo pueda acabar dañando los conectores es tan sencillo como invertir el orden, es decir, conectar el cargador al enchufe y después conectarlo a nuestro móvil. De esta forma, el pico de tensión se queda contenido en el cargador y no se produce cuando conectamos el móvil.
Fabricantes como Huawei y Samsung recomiendan seguir este orden para evitar posibles daños:
- Enchufar el cargador a la toma de corriente.
- Conectar el cable al cargador (si va separado).
- Por último, conectar el cable al móvil.
Qué hacer si tu móvil no carga
Si tu cable o el puerto de carga de tu móvil están empezando a fallar, el orden de carga podría ser un posible motivo. Para saberlo, comprueba si los pines del cable están ennegrecidos como los de la foto del principio, aunque si es un USB-C es más difícil verlo ya que están en el interior.
Lo más común es que se haya acumulado suciedad en el puerto de carga y ésta no deje que el cable conecte bien. Si es el caso, puedes limpiarla usando un palillo de madera, siempre con mucho cuidado de no dañar el puerto de carga.
También puede que tu móvil no cargue porque haya entrado humedad en el puerto. En este caso intenta sacar el líquido dando golpecitos contra tu mano y deja el móvil en un sitio donde haya corriente de aire, nunca introduzcas nada para sacar el líquido ya que puedes hacer que entre aún más.
Si el problema no es del cable ni del puerto, es posible que sea de la batería, por lo que tocará pasar por el servicio técnico.
Imagen de portada | Iván Linares para Xataka
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Google va a construir un megacentro de datos en un estado donde la sequía es atroz. Su plan para refrigerar: usar aire
El estado norteamericano de Texas lleva años lidiando con olas de calor, sequías y una presión creciente sobre sus acuíferos, lo que lo convierte sobre el papel en uno de los peores sitios para montar un centro de datos. Pues bien, Wilbarger County en Texas es justo el lugar elegido por Google para montar su próximo data center. Pero la big tech esconde un as en la manga: no va a usar agua para refrigerar, sino aire.
Contexto. De forma breve, un centro de datos es una instalación industrial repleta de servidores donde se almacena y procesa información que se transmite por internet, como las respuestas de la IA o tus fotos de Google. Y si tu ordenador personal requiere de refrigeración cuando lleva tiempo trabajando con cierta intensidad para disipar el calor, más de lo mismo con los servidores, que operan 24/7. Lo habitual en estas plantas es usar sistemas de disipación térmica con agua, ya sea con enfriadoras, evaporación o refrigeración directa con inmersión, soluciones eficientes térmicamente hablando, pero problemáticas si el agua escasea.
¿El problema? Que Texas es un horno que no está para bollos: su sequía es acuciante. Pero Texas no es un sitio ajeno para Google: lleva más de 15 años en ese estado, donde tiene centros operativos en Midlothian y Red Oak y ya tiene previsto construir otros dos campus en Armstrong y Haskell Counties. Va muy en serio.
El proyecto. El data center de Wilbarger County va a reducir tanto el uso de agua que restringirá su aplicación a usos básicos del campus como cocinas y servicios. ¿Cómo? Google no ha proporcionado detalles de la tecnología, solo que será refrigeración avanzada por aire. Refrigerar con aire en un escenario tan cálido implica un mayor consumo energético, de modo que el problema pasa a ser ahora la electricidad. Lo que Google propone es un modelo “Power first”. En pocas palabras: el centro de datos va de la mano de su propia planta de generación eléctrica renovable.
El socio energético de Google para este proyecto es AES, uno de los mayores productores de renovables en EEUU, con quien tiene un acuerdo de compraventa de energía a 20 años a un precio pactado. Así ganan ambos: AES tiene estabilidad para construir las plantas y Google tiene el suministro y el precio garantizado. Además, según Google, ya tienen el terreno y la interconexión firmados, lo que ahorra burocracia y lanza el proyecto a la fase de construcción.
Por qué es importante. Porque según las estimaciones del EESI, un centro de datos de tamaño medio puede llegar a consumir 416 millones de litros al año solo a la disipación térmica, el equivalente a mil hogares. Y si hay escasez de agua, destinarla a satisfacer las necesidades de un centro de datos resulta difícilmente justificable.
El proyecto de Wilbarger resuelve esto con refrigeración por aire, eliminando el bien preciado del agua de la ecuación, pero también de la propia red eléctrica: Google se lo guisa y Google se lo come (con ayuda de AES). Habida cuenta de que la demanda de computación no deja de crecer, un modelo que no consume agua ni sobrecarga la red se erige como una solución a un problema de gestión de recursos.
En cifras. Para Google, Wilbarger County no es una planta piloto y su envergadura así lo demuestra:
- 0 litros de agua destinados a refrigeración.
- El proyecto proporcionará 7.800 MW de energía a la red de Texas.
- El acuerdo entre la tecnológica y la energética es a 20 años.
- Google anunció una partida de inversión de 40.000 millones de dólares para Texas en noviembre de 2025 y ha proporcionado un fondo de 30 millones de dólares para impulsar iniciativas energéticas en Texas de 2026 a 2028.
No será fácil. Aunque Google ha sido críptico a la hora de informar sobre cómo será la tecnología, su capacidad y necesidades, la realidad es que al refrigerar con aire en un clima cálido, la presión pasa a la red eléctrica. Por otro lado y aunque este proyecto concreto marque la dirección a una posible solución para este problema, habrá que ver si se puede escalar y cómo, porque cada vez hay más centros de datos y el clima cada vez es más extremo.
Portada | Google Datacenters y Ganapathy Kumar
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La lluvia en Sevilla es una maravilla y ahora también se convierte en energía con los nuevos paneles solares del CSIC
Si hay una energía renovable que ha despuntado en los últimos años, esa es la solar, como puede verse en este gráfico de la Agencia Internacional de la Energía. Sin embargo, la energía solar sigue teniendo sus limitaciones: hace falta espacio (de ahí que haya proyectos en lagos y en mar abierto) y por supuesto, depende de que haya sol. Sí, poner baterías puede amortiguar ese suministro irregular (aquí España es toda una potencia), pero un equipo de investigación de la Universidad de Sevilla con el CSIC ha dado una vuelta de tuerca a los paneles fotovoltaicos clásicos y ahora pueden generar electricidad con la lluvia.
Contexto. Los paneles solares pierden eficacia cuando no cae pleno sol cae sobre ellos, ya sea porque hay nubes o llueve. Por tanto, el escenario ideal es a mediodía en un día soleado, pero spoiler: esto pasa menos veces de las que necesitas enchufar algo.
Eso por no hablar de dispositivos que necesitan aporte de energía continua y autónoma, pase lo que pase en la red eléctrica. La opción de las baterías permite satisfacer el suministro a demanda y aunque ahora están a su precio mínimo, sigue implicando comprar otro componente, considerar su vida útil y su gestión como residuo.
El invento. Como explica el CSIC, han desarrollado un dispositivo híbrido que permite captar la energía procedente tanto del sol como de la lluvia, y además hacerlo a la vez. ¿Cómo? Con una lámina más fina que el cabello humano (100 nanómetros) superpuesta sobre las celdas solares.
Funciona en dos frentes a la vez: por un lado como encapsulante protector de las celdas solares de perovskita, mejorando su durabilidad en condiciones adversas. Por otro, como nanogenerador triboeléctrico: convierte el impacto de las gotas de lluvia en electricidad por efecto de la fricción. Así es capaz de producir hasta 110 voltios, suficiente para encender LEDs o alimentar sensores.
Por qué es importante. Porque si esta tecnología se comercializa, abrirá las puertas a que aquellos dispositivos electrónicos completamente autónomos puedan funcionar sin baterías ni enchufes. Es el caso de la implementación de IoT en el exterior o zonas remotas sin acceso a la red eléctrica. Sirva como ejemplo de uso en aplicaciones en infraestructuras rurales o agricultura, como sensores ambientales, estaciones meteorológicas, señalización urbana o alumbrado auxiliar.
La innovación no es solo generar energía de la lluvia, sino integrarlo todo en una única capa delgada que resuelve el principal talón de Aquiles de la perovskita: su degradación ambiental. De hecho, ya ciencia ya había probado hasta con la taurina de los pulpos.
Cómo lo han hecho. Para llevar a cabo este dispositivo emplearon una tecnología de plasma para depositar la tecnología de plasma de forma similar a la que se implementa en pantallas de móvil.
Para la base, celdas de perovskita, un material con mejor eficiencia y menor coste que el silicio tradicional, pero frágil ante condiciones como la humedad. El uso de materiales triboeléctricos no es nuevo: ya hace unos años a un equipo de investigación de la Universidad de Hong Kong se le ocurrió algo similar: la generación de electricidad por el simple rozamiento de las gotas al impactar, como la electricidad estática que se genera al frotar un globo.
Sí, pero. Aunque técnicamente hablando han generado electricidad, la realidad es que es de alto voltaje pero de baja intensidad, lo que en la práctica no sirve ni para cargar un móvil. Y aunque la perovskita queda reforzada con esta láimina, a largo plazo sigue siendo menos duradera que el silicio, por lo que todavía tiene asignaturas pendientes.
Asimismo, queda el gran reto de salir del laboratorio y validar estos experimentos en entornos reales. En caso de poder escalar la producción a nivel industrial, llegaría otro reto: mantener los costes bajos.
En Xataka | Europa produce más electricidad limpia que fósil por primera vez. Lo difícil empieza ahora
Portada | Lara John
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Europa ha llegado al fin del invierno con las reservas de gas agotadas. Un país tiene un modelo para salvarla: España
Este invierno que está llegando a su fin está siendo más frío de lo previsto, algo que como hemos visto ha causado estragos. Sin ir más lejos, ha habido aviones que no han podido volar por falta de anticongelante. Si hablamos de gas para calefacciones, el almacenamiento también ha llegado a los números rojos: los Países Bajos tienen una reserva de aproximadamente el 12%, Alemania y Francia rondan el 21%, según datos de AGSI.
En ese escenario bajo mínimos, hay dos países que se salen de la norma: España y Portugal, con unas reservas del 56,87% y un 76,7%, respectivamente. Eso sí, la diferencia en capacidad es abismal: 3,57 TWh del primero por 35,9 TWh del segundo. No es algo casual: es que el estado español tiene una infraestructura particular que le ha llevado a este punto.
El contexto. El conflicto entre Ucrania y Rusia que empezó en 2022 aceleró la independencia del viejo continente del gas ruso. Entre las medidas de Bruselas, una norma de emergencia por la cual todos los estados miembros de la UE debían empezar el invierno con sus reservas de gas al 90% para asegurar el suministro.
Sin embargo, en 2025 la UE decidió mantener ese objetivo del 90% pero relajando la norma para optimizar costes. Esta mayor flexibilidad unida a un invierno más duro de lo previsto ha traído un fin de invierno con unas reservas que marcan mínimos en el último lustro.
El crudo invierno europeo. A mediados de enero los depósitos cayeron por debajo del 50%. Si el invierno termina con una capacidad del 30%, Europa tendrá que inyectar 60.000 millones de metros cúbicos de gas. Para hacernos a la idea, aproximadamente el consumo anual de gas de toda Alemania.
En resumen, Europa tiene que rellenar sus depósitos en verano y va a necesitar muchísimo gas importado para hacerlo, lo que implica salir al mercado y enfrentarse a otros competidores y la logística de traerlo hasta aquí en un escenario geopolítico cada vez más complicado.
La estrategia española. El sistema de almacenamiento de gas español se sustenta en dos pilares: el almacenamiento subterráneo y la regasificación de GNL. La segunda pata es providencial, en tanto en cuanto es donde España marca la diferencia y además, es toda una potencia. De hecho, España posee el 35% de toda la capacidad de almacenamiento de GNL de la UE, como recoge Sedigas.
Su enorme capacidad de regasificación posibilita la diversificación de origen, con EEUU como primer proveedor con un el 44,4% del gas total y otros 15 países distintos después, según datos de Enagás. España dispone de una infraestructura de siete plantas que hace posible la recepción de barcos GNL con diferentes procedencias, asegurando así el suministro en caso de que por cualquier percance (problemas técnicos, conflictos, decisiones políticas) alguno falle.
España empezó el invierno tomando decisiones. Pese a que la estrategia anterior le hace partir con ventaja frente a otros estados miembro, España adoptó una estrategia conservadora al afrontar este invierno 25/26 ajustando para concentrar las reservas en enero y febrero, los más fríos y con más demanda. Una decisión de gestión para no desperdiciar ese colchón antes de tiempo.
Acertó de pleno: en enero el consumo de gas subió un 10,2% respecto al año anterior, con un aumento del 30% en el destinado para generar electricidad porque las renovables aportaron menos de lo esperado.
España juega en otra liga. Gracias a su infraestructura, España ya no solo consume gas: lo reexporta. Se ha convertido en un hub para redistribuir gas hacia Europa como una suerte de plataforma logística energética, aportando valor geopolítico y económico a un estado que, por su situación geográfica, está aislado (lo que por ejemplo en el terreno eléctrico le juega una mala pasada)
¿Hay riesgo real? Si bien es cierto que no entra dentro de lo esperable que haya desabastecimiento generalizado, sí que hay riesgos localizados en Europa. Como sintetiza El Economista, España tiene precedentes de niveles similares, como 2016, 2017, 2019, 2022, donde no se vio comprometido el suministro.
Eso sí, habrá que ver qué pasa con la demanda de GNL en verano a nivel global, porque puede encarecer notablemente la reposición europea. En cualquier caso, España llegará mejor a ese momento que la mayoría. El escenario no es demasiado halagüeño en estos momentos precisamente, con el estrecho de Ormuz cerrado y la crisis diplomática entre España y EEUU, su principal proveedor.
Portada | Pronor
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