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el ‘milagro’ de las refinerías que ha salvado nuestras vacaciones
Durante más de dos décadas, Europa se acostumbró a una anomalía histórica: cruzar el continente por menos dinero del que cuesta el taxi al aeropuerto. Sin embargo, el estallido de la Tercera Guerra del Golfo ha roto el frágil hilo del que colgaba la aviación low-cost: el petróleo barato y la estabilidad geopolítica.
Con el 40% del suministro de queroseno europeo atrapado en el golfo Pérsico, los fantasmas de aviones en tierra y cancelaciones masivas sobrevolaron el inicio de la temporada alta. Pero el apocalipsis aéreo parece que no se materializará este verano por un rescate in extremis de las refinerías europeas. Y aunque las vacaciones de verano de 2026 parecen a salvo, el precio a pagar transformará nuestra forma de volar para siempre.
A grandes males, grandes remedios. Para entender la magnitud del problema, EUobserver aporta un dato demoledor: antes del conflicto, Europa importaba 500.000 barriles diarios de queroseno, y el 75% de esas importaciones provenía de Oriente Medio. Ante la amenaza de desabastecimiento, la industria ha reaccionado forzando la máquina con decisiones excepcionales. Las refinerías suelen tener una flexibilidad muy limitada para alterar lo que extraen de cada barril de crudo. Sin embargo, como revela Financial Times, operadores como la española Repsol han configurado sus plantas para exprimir un rendimiento mucho mayor, aumentando la producción de queroseno entre un 20% y un 25% respecto al año pasado y retrasando paradas técnicas de mantenimiento.
Por ello, Europa ha tenido que buscar nuevos proveedores a contrarreloj. Reino Unido llegó a multiplicar por diez sus importaciones de queroseno desde Estados Unidos en abril, según The Times, mientras que también se ha recurrido a Nigeria. Pero aquí surge un problema técnico: como explica EUobserver, Europa utiliza habitualmente el combustible “Jet A-1” (que resiste hasta -47 °C sin congelarse), mientras que EEUU refina el “Jet A” (que se congela a -40 °C). En una medida de urgencia histórica, la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA) ha dado luz verde para que los aeropuertos europeos usen y mezclen el combustible estadounidense, advirtiendo únicamente de extremar precauciones en rutas muy frías.
Además, las propias aerolíneas han adoptado estrategias puramente logísticas. De hecho, se está popularizando el tankering, una práctica que consiste en cargar combustible de más en el aeropuerto de origen para poder realizar el vuelo de vuelta sin necesidad de repostar en destinos donde el queroseno escasea o tiene precios prohibitivos.
El impacto directo en el pasajero. El esfuerzo industrial mantiene los aviones volando, pero la factura la pagará el usuario. Llenar el depósito de un gigante como el Airbus A380 ha pasado de costar unos 211.000 dólares a más de 340.000 dólares, detalla Business Insider. No solo eso, sino que el modelo de negocio de las tarifas ultrabaratas se tambalea. Willie Walsh, director general de la IATA, reconoció en declaraciones a la BBC que, aunque algunas aerolíneas han lanzado descuentos puntuales para estimular la demanda, a medio plazo unas tarifas más altas son “inevitables”, ya que las compañías no pueden absorber estos sobrecostes. Y avisa que aunque Ormuz se abriera mañana, el daño logístico hará que los precios sigan altos hasta el año que viene.
De hecho, los billetes ya son un 24% más caros que en 2025 impulsados por un queroseno que llegó a tocar un récord de 1.904 dólares por tonelada en abril, según Financial Times. Además, aerolíneas como Virgin Atlantic ya han añadido recargos por combustible de hasta 360 libras por vuelo, mientras que otras en EEUU están encareciendo las tarifas por facturar equipaje, apunta Business Insider.
Un nuevo laberinto: las indemnizaciones. A nivel global, las aerolíneas han eliminado 9,3 millones de asientos de sus programaciones de verano (un recorte del 4%), eliminando las rutas cortas menos rentables. El Grupo Lufthansa, por ejemplo, ha cancelado 20.000 vuelos, según recoge The Japan Times.
Pero cuidado con los derechos del pasajero. Hay un matiz legal crucial en la Unión Europea: si tu vuelo se cancela por una falta física y real de suministro de combustible, se considera “fuerza mayor” y no tienes derecho a compensación económica. Sin embargo, si la aerolínea lo cancela simplemente porque el combustible está muy caro y el vuelo ya no le es rentable, sí se considera bajo su control y podrías tener derecho a indemnizaciones de hasta 600 euros.
Entonces, ¿hay que preocuparse por las vacaciones? El mensaje oficial de la industria es unánime: el verano está salvado. Analistas consultados por Reuters señalan que las aerolíneas, operadores turísticos como TUI y aeropuertos están restando importancia a los temores de escasez para proteger las reservas de billetes, que son vitales para sus ingresos anuales. A esto ayuda que los aeropuertos europeos hicieron los deberes y aumentaron sus reservas de queroseno en más de un 60% durante el mes de abril. Además, como apunta el CEO de Wizz Air en Financial Times, unos precios tan altos atraen a barcos de todo el mundo, lo que “hace que el mercado se vuelva creativo”.
Sin embargo, el verdadero peligro llega en invierno. La temporada alta aguanta porque los aviones van llenos y el turista asume el coste. Pero, como advierten los traders en el Financial Times, el otoño será un auténtico “test de estrés”. Si el conflicto continúa y los precios siguen por las nubes cuando la demanda de viajes caiga en invierno, muchas rutas dejarán de ser viables y podrían desaparecer temporalmente. Además, las aerolíneas europeas aguantan mejor ahora mismo gracias al hedging (compras de combustible a precio cerrado hechas hace meses o años), una práctica que las aerolíneas estadounidenses abandonaron tras la crisis de 2008. Cuando esas coberturas europeas expiren, el golpe será total.
La excepción ibérica: España como potencia refinera. En medio de la tormenta europea, España vive una realidad muy distinta. La ministra de Energía, Sara Aagesen, aseguró a Reuters hace un mes que el suministro nacional no solo es robusto, sino que el país se encuentra en una situación “privilegiada”.
Mientras que Europa ha cerrado 35 refinerías desde 2009 perdiendo el 20% de su capacidad, España hizo el camino contrario. Según El Economista, empresas como Repsol, Moeve y BP invirtieron en el pasado 15.000 millones de euros en actualizar sus plantas, yendo a contracorriente de las señales políticas. De esta manera, España cuenta hoy con ocho refinerías que suponen el 13% de la capacidad de toda la Unión Europea. Su extrema flexibilidad les permite procesar hasta 30 tipos mensuales de crudo provenientes de 20 países (principalmente de América y África, sorteando así el veto de Oriente Medio).
Gracias a esto, España cubre por sí sola el 80% de su demanda interna. Lejos de sufrir escasez, el país batió su récord histórico de producción en marzo con 60.000 toneladas de Jet A-1, convirtiéndose en un hub logístico salvavidas para el resto de aerolíneas europeas. Los datos de Exolum lo confirman: las salidas de carburante de aviación en España subieron un 7,3% en abril.
El acelerón forzoso. La crisis no solo ha reconfigurado las rutas y los precios, sino que está acelerando la transición ecológica por pura necesidad de supervivencia. Las refinerías españolas, como destacan en El Español, están girando bruscamente hacia los biocombustibles avanzados (SAF o biojet). Repsol espera producir más de 2 millones de toneladas de productos renovables para 2030; mientras que Moeve operará este año en el sur de Europa la mayor planta de biocombustibles de segunda generación, creados a partir de aceites de cocina usados y residuos agroalimentarios.
A fin de cuentas, la guerra en Oriente Medio le ha recordado a Occidente que la magia de coger un avión de forma improvisada un fin de semana dependía de cadenas de suministro globales extremadamente vulnerables. Las refinerías han logrado ejecutar una pirueta industrial extraordinaria para que las aerolíneas salven la temporada de 2026. Pero cuando el polvo se asiente, el pasajero se encontrará con un mapa aéreo distinto: más estacional, con menos rutas, impulsado progresivamente por aceites reciclados y, definitivamente, mucho más caro.
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Teams podrá saber si estás en la oficina por el WiFi
La presencia en el trabajo dejó hace tiempo de depender solo de estar sentado en una mesa. Ahora también vive en calendarios compartidos, estados de Teams, reuniones programadas y pequeñas señales que usamos todos los días casi sin pensarlo. Microsoft quiere añadir una capa más a ese mapa invisible del trabajo híbrido. No hablamos simplemente de saber si alguien está ocupado o disponible, sino de acercar la ubicación física a las herramientas que usamos para coordinarnos. Y ahí es donde una función aparentemente práctica empieza a tocar una fibra mucho más sensible.
La novedad concreta. La idea es que ese cambio de “hoy trabajo desde la oficina” no dependa siempre de que lo marquemos a mano. La función se llama workplace check-in via WiFi y está pensada para Teams y Microsoft Places. La escena es fácil de imaginar: llegas a la oficina, abres el portátil, te conectas a una red corporativa configurada por la empresa y el sistema puede actualizar tu ubicación laboral durante la jornada. Microsoft lo plantea como una forma de mantener al día esa información sin obligar al empleado a tocar su estado cada vez que cambia de plan.
Cómo funciona. Microsoft no está hablando de seguir el móvil del empleado por la ciudad como si fuera un GPS, sino de una señal generada dentro de un entorno laboral concreto. La empresa debe registrar previamente las redes de sus oficinas en Microsoft Places, con sus SSID y, para asociarlas a edificios concretos, los BSSID de los puntos de acceso WiFi. La documentación de Microsoft añade otro límite importante: esta detección requiere la aplicación de escritorio de Teams en Windows o macOS, no las versiones web o móvil. Si el dispositivo no está conectado a una red configurada como ubicación de trabajo, Microsoft señala que la persona aparecerá como “Remote”, es decir, en remoto.
Una herramienta de coordinación. No se trata solo de poner una etiqueta de “oficina” junto al nombre de alguien, sino de hacer que esa información sirva para coordinar mejor al equipo, según Microsoft. La compañía pone ejemplos muy cotidianos: saber quién está presencialmente para tomar un café, reservar una mesa cerca de los compañeros o convertir una reunión prevista como remota en un encuentro cara a cara. También puede mantener actualizado el plan de trabajo y hacer check-in en una reserva de escritorio ya existente.
El matiz del control. Microsoft insiste en que esta función no se activa por defecto para toda la plantilla. El check-in está desactivado de inicio en cada tenant y debe ser habilitado por los administradores, que pueden configurar la experiencia como opt-in u opt-out. La compañía afirma que cada empleado conserva el control sobre si funciona en su dispositivo y cómo se utiliza, y que además hacen falta permisos de ubicación a nivel del sistema operativo. También señala que el usuario puede modificar sus ajustes en cualquier momento, definir manualmente su ubicación laboral o sobrescribirla si hace falta.
¿Y en la práctica? Microsoft dice que el empleado conserva capacidad de decisión, pero el trabajo corporativo rara vez ocurre en un entorno neutro. Muchas empresas, especialmente en Windows, gestionan los portátiles, las políticas de Teams, los permisos del sistema operativo y la configuración de Microsoft 365 desde capas administrativas que el usuario no controla del todo. Eso no permite concluir que esta función pueda imponerse ignorando al empleado, porque la propia Microsoft insiste en lo contrario. Sí nos obliga, en cambio, a leer la promesa de control con una cautela evidente: dependerá del despliegue real.
Por qué importa. El anuncio de Microsoft no viene acompañado de una lista pública de países ni de una fecha cerrada para cada organización. La compañía habla de un despliegue para empresas con Microsoft Places más adelante este año, mientras su documentación técnica aún describe el check-in por red inalámbrica como una función en en vista previa. Para usarlo, cada empresa tendrá que preparar su tenant, que en la práctica es el entorno de Microsoft 365 que administra cada compañía, configurar edificios y añadir las redes corporativas aprobadas. El punto de fondo está en la escala: Teams no es una herramienta menor dentro del escritorio corporativo, sino una plataforma con más de 320 millones de usuarios activos mensuales.
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la NASA y los videojuegos lo usan más de un siglo después de su descubrimiento
Había llovido a cántaros aquella mañana del 16 de octubre de 1943, así que cuando escampó Sir William Rowan Hamilton se terminó su whiskey (de whisky nada, que para eso era irlandés) y le dijo a su frágil mujer que si salían a dar una vuelta por Dublín. Llevaba años trabajando en un problema matemático relacionado con los números complejos sin éxito, y decidió que era buena idea airearse.
Eso hizo. Pasearon, hablaron del futuro de sus hijos y mientras cruzaban el Broom Bridge a Sir William se le encendió la bombilla de repente. “¡Helen!”, exclamó, “¡no necesito multiplicar tripletas: puedo usar cuádruplos!”. Helen no se enteraba de nada, claro, pero en aquel momento nacieron los cuaterniones, una extensión de los números reales que más de un siglo u medio después son críticos para las misiones espaciales de la NASA y también para la industria de los videojuegos. Bien por Sir William.
Digno sucesor de Sir Isaac Newton
Sir William Rowan Hamilton (Dublín, 1805-1865) despuntó desde la niñez. A los trece años ya hablaba varios idiomas europeos, pero también persa, árabe, sánscrito o malayo. Cuando tenía 8 años su fama ya era notable, y la gira del prodigio americano del cálculo, Zerah Colburn, le dio la oportunidad de probar su brillantez. Aquel niño estadounidense de 9 años le aplastó en una prueba de aritmética mental, y al pequeño Hamilton aquello le señaló el camino. Seguiría estudiando idiomas, pero a lo que quería era dedicarse a las matemáticas.


En 1823 aquel joven logró el primer puesto entre 100 candidatos en los exámenes del Trinity College. La prestigiosa universidad irlandesa pronto descubrió la brillantez de Hamilton, que ya en su época de estudiante escribió parte de su tratado sobre óptica, la conocida “Teoría de los Sistemas de Rayos“.
Aquello fue clave para que en 1827 acabara ocupando el puesto de Astrónomo Real de Irlanda, una cátedra bien pagada y que era inaudito que acabara en manos de un subgraduado. No solo eso: le daba a Hamilton la oportunidad de investigar con total libertad, algo que no hubiera podido hacer en un hipotético puesto de profesor del Trinity College.
Su trabajo en el campo de la óptica acabaría mezclándose con el de la dinámica y el álgebra en la década de 1830. Su trabajo con varios colegas le llevó a perseguir un objetivo muy especial: intentar generalizar los números complejos con el fin de representar rotaciones y movimientos de vectores en el espacio tridimensional. Si lo lograba, contaría con una herramienta muy potente para formular las leyes básicas de la física y describir el movimiento de cuerpos rígidos en el espacio.
En 1833 presentó un artículo a la Real Academia Irlandesa en el que definía operaciones de suma y maltiplicación de parejas de números reales. Fue el primer matemático en tratar los números complejos como pares ordenados (Gauss lo había hecho antes, pero sin publicar sus descubrimientos) y su visión estaba muy relacionada con la física.


Para tratar de avanzar en ese campo, Hamilton trató de estudiar lo que llamó la “Teoría de las Tripletas”, números hipercomplejos referidos al espacio tridimensional del mismo modo que los números complejos se referían al espacio de dos dimensiones.
Fue aquello lo que le llevó al descubrimiento de los cuaterniones. Las tripletas no guardaban las propiedades comunes de los números complejos al intentar multiplicarlas y su obsesión con el problema era tal que hasta sus hijos acabaron preguntándole todas las mañanas lo mismo: “Bueno papá, ¿puedes ya multiplicar tripletas?”, a lo que él contestaba: “no, por ahora solo puedo sumarlas y restarlas”.
Y entonces llegó aquel paseo. Hamilton describiría aquel momento feliz de descubrimiento repentino en una carta a uno de sus hijos quince años después de que ocurriera:
“Mañana será el decimoquinto cumpleaños de los cuaterniones. Surgieron a la vida, o a la luz, ya crecidos, el 16 de octubre de 1843, cuandome encontraba caminando con la Sra. Hamilton hacia Dublín, yllegamos al Puente de Broughman. Es decir, entonces y ahí, cerré el circuito galvánico del pensamiento y las chispas que cayeron fueron las ecuaciones fundamentales entre i, j, k; exactamente como las he usado desde entonces.
Saqué, en ese momento, una libreta de bolsillo, que todavía existe, e hice una anotación, sobre la cual, en ese mismo preciso momento, sentí que posiblemente sería valioso el extender mi labor por al menos los diez (o podían ser quince) años por venir. Es justo decir que esto sucedía porque sentí, en ese momento, que un problema había sido resuelto, un deseo intelectual aliviado, deseo que me había perseguido por lo menos los quince años anteriores. No pude resistir el impulso de coger mi navaja y grabar en una piedra del Puente Brougham la fórmula fundamental con los símbolos i, j, k:
i2=j2=k2=ijk=−1
que contenían la solución del Problema, que desde entonces sobrevive como inscripción.
Hamilton llamó a un cuádruplo con esas reglas de multiplicación un cuaternión, y dedicó el resto de su vida a estudiarlos, desarrollarlos y a enseñárselo a estudiantes y académicos.
Cuaterniones en el espacio, cuaterniones en los videojuegos
El estudio de los cuaterniones ha derivado en otros muchos descubrimientos matemáticos, pero su aplicación ha sido sorprendente más de un siglo y medio después de aquel paseo. De hecho los cuaterniones se utilizan en computadoras de vuelo o en estudios de simulación en los que están involucrados grandes cámbios en el ángulo a la hora de monitorizar la altitud de la nave espacial.
El uso de los cuaterniones elimina problemas como la singularidad de Euler y permite utilizar tan solo cuatro parámetros, además de ser ideales para control digital de errores.


De hecho los llamados cuaterniones unitarios permiten contar con una notación matemática para representar las orientaciones y las rotaciones de objetos en tres dimensiones, y por ello son ampliamente utilizados en robótica o navegación mecánica orbital de satélites y se usan en misiones de la NASA desde hace décadas.
Esa misma capacidad de representar rotaciones en el espacio es clave para el desarrollo de videojuegos 3D e incluso la animación: varios motores hacen uso de estos sistemas para representar esas rotaciones y llevarlas al mundo virtual con precisión. Insistimos. Bien por Sir William.
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La solución de Nvidia para reducir a cero el consumo de agua en centros de datos apunta a ser una genialidad: usar agua caliente
Nvidia ha anunciado un sistema de refrigeración líquida muy especial. Sobre todo, porque el concepto de “refrigeración” se confunde un poco aquí. La empresa se las ha ingeniado para reinventar este tipo de sistemas, y según sus responsables “el reto del consumo de agua para los centros de datos está prácticamente solucionado”. Es mucho decir… ¿o no?
Refrigeración jacuzzi. Los propios ingenieros de Nvidia comienzan la descripción de su sistema hablando de cómo en los jacuzzis el agua suele estar a entre 38 y 40 ºC, una temperatura que hace que la mayoría de la gente aguante unos 15 minutos en ellos. Y lo curioso es que los nuevos servidores de IA de Nvidia pueden usar refrigeración líquida con agua que está aún más caliente: hasta 45 ºC (113 ºF). Esa es precisamente la clave de que todo el sistema sea eficiente.
Adiós a los ventiladores. La nueva arquitectura Rubin de Nvidia presume de ser la primera en el mundo con un sistema de refrigeración líquida de principio a fin. En Nvidia sellan las placas de los servidores y eliminan los ruidosos ventiladores que disparan los niveles de ruido por encima de los 85 decibelios.
Física elemental. El concepto que sostiene esta idea es contraintuitivo, pero también genial. Los chips generan tanto calor que un líquido compuesto por un 75% de agua y un 25% de propilenglicol entrando a 45 ºC es capaz de absorber esa carga térmica disipada por estos chips. El fluido absorbe ese calor y acaba saliendo del circuito a unos 55 ºC sin que el rendimiento del procesador se degrade en absoluto.
Bien por los 45 ºC. La clave está en que Nvidia parte de esa temperatura de partida del agua, que es de 45º. En un circuito de refrigeración líquida en los PCs el líquido suele estar a entre 25 y 30 ºC. Aquí Nvidia logra que con esa temperatura inicial la diferencia térmica con el aire exterior sea lo suficientemente alta como para que el sistema funcione de forma pasiva en la mayoría de climas templados. El calor se expulsa mediante gigantescos radiadores externos.
Solo se necesita agua en el primer llenado. Más interesante aún es el hecho de que ese circuito de agua solo se debe llenar una vez para toda la vida útil de la planta, al menos en teoría. Con eso se logra eliminar los sistemas tradicionales que usan torres de refrigeración por evaporación. Dichos sistemas consumen enormes cantidades de agua, y según Nvidia eso hace que se pueda recortar el consumo de agua de los centros de datos casi en un 100%.
Pero. Aunque la idea de Nvidia es prometedora, la empresa solo habla de lo que pasa dentro de las cuatro paredes de los centros de datos. El impacto a nivel interno en el centro de datos es extraordinario, pero ¿qué asa fuera? El problema, explican en TechCrunch, está en que los centros de datos necesitan muchísima energía, y tanto la generación de esa energía como la creación de los propios chips que se usan en los centros de datos puede doblar o triplicar al propio consumo del centro de datos como tal.
La factura del gas y el carbón. Aunque las energías renovables están cada vez cubriendo una mayor parte de las necesidades en estos centros de datos, el uso del carbón y el gas natural seguirá siendo muy notable en estas instalaciones. Según la International Energy Association (IEA), estas dos fuentes seguirán representando el 40% del total usado en centros de datos de IA hasta al menos 2030. Y la generación de ambos tipos de energía hace necesarias vastas cantidades de agua: las plantas de gas natural utilizan 1,17 litos de agua por cada kWh de electricidad que generan. Las de carbón son aún peores, y necesitan 2,2 litros por kWh.
Buena noticia, pero no tan buena. El sistema ideado por Nvidia puede solventar el problema dentro de los centros de datos e incluso es prometedor a la hora de reducir los niveles de ruido generados por estas instalaciones. Sin embargo sigue habiendo retos igual de importantes para lograr que el consumo de agua en otras fases de ese ciclo no esa tan colosal. Es un buen paso, sin duda, pero el margen de mejora sigue siendo notable en este ámbito.
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