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Christian Nodal se reafirma como favorito de los tapatíos en concierto en el Telmex

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Christian Nodal conquista de nuevo Guadalajara. Con un Auditorio Telmex casi a reventar -pero sin el lleno total-, el cantante sinaloense dejó en claro una vez más el cariño desmedido que le tiene el público tapatío, pues a pesar de que se presentó en la Perla Tapatía hace menos de un año en las Fiestas de Octubre, y aunque tuvo un concierto en el Telmex hace un año exacto también, el recinto estaba a reventar con fanáticos eufóricos que gritaron, entonaron y recitaron cada uno de los versos de dolor, desamor y despecho que se han vuelto insignia característica del artista de 27 años. 

No había espacio ni butaca vacía en el Telmex. Nodal, que apareció en el escenario vestido de negro sencillo, arrojando una tejana que desapareció muy rápido entre las manos alzadas del público, inició la noche con una tanda de sus éxitos más reconocibles; “No te contaron mal”, “Ay, ay, ay”, y “Se me olvidó”. “Arriba Guadalajara, Jalisco”, gritó Nodal. “Qué guapa estás,  Guadalajara”.

Nodal dio poco espacio para las palabras, pero en cambio arrojó apenas sin descanso una canción tras otra. “La que se fue se fue”, “El amigo” y “Amé” fueron coreadas en su totalidad. Uno de los momentos más aplaudidos en la noche fue la aparición del rapero “El Cachorro”, que prestó su voz para cantar “Botella tras botella”, y por supuesto, no podían faltar sus canciones infalibles, como “Probablemente” y “Dime cómo quieres”, que no contó con la aparición sorpresiva de Ángela Aguilar

Nodal llega a Guadalajara en medio de su gira “Pa’l Cora”, y que además representa un capítulo nuevo e importante en su carrera -cumple 10 años de trayectoria-, y apenas el pasado jueves estrenó su material discográfico más reciente, “Bandera Blanca”, en el que regresa a sus raíces “mariacheñas”, luego de una época convulsa en su vida en la que se ha visto sumido en polémica tras polémica.

Nodal sabe cómo ganarse al público, y en realidad ni siquiera lo necesita: con muy poco lograba gritos eufóricos y declaraciones de amores desesperadas que brotaban como racimos de sus innumerables fanáticas de todas las edades, las cuales conformaban la mayoría de la audiencia presente en el Telmex. “Lo vi en las Fiestas de Octubre el año pasado, lo vi aquí mismo hace un año, y aquí estoy otra vez”, dijo, con una sonrisa enorme, Vianca, de 28 años, con una tejana diamantada, y el rostro de Nodal impreso en el pecho. “A donde vaya yo voy, yo no me lo pierdo por nada”, aseguró. Pero también el público masculino no oculta su afición. “Yo soy bien fan de mi ‘compa’, no hay cotorreo donde no pongamos sus rolitas”, dijo Yahir, de 31 años, acompañado de su grupo de amigos.

Además de las canciones más nuevas, recién salidas de “Bandera Blanca”, el concierto fue un recorrido por los éxitos diversos que lo han consolidado como una de las figuras más importantes del regional mexicano con sus escasos 27 años. La noche terminó entre gritos, versos y copas. “Guadalajara, quién se la va a amanecer conmigo”, gritó Nodal.

MF

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Música: Ringo Starr: El ritmo detrás de la leyenda

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Durante décadas, la historia de The Beatles pareció escribirse alrededor de dos nombres: John Lennon y Paul McCartney. Después llegaron las reivindicaciones de George Harrison como compositor. En ese reparto de protagonismos, Ringo Starr quedó durante mucho tiempo relegado al papel del baterista simpático o del músico que simplemente mantenía el ritmo. Sin embargo, la historia de la música terminó corrigiendo esa lectura. Hoy, los bateristas más influyentes del mundo coinciden en una idea: sin Ringo Starr, el sonido de The Beatles difícilmente habría sido el mismo.

Su manera de tocar cambió la batería dentro del rock. No buscaba impresionar con velocidad ni llenar cada compás de golpes. Prefería construir canciones. Sus patrones rítmicos eran discretos, pero profundamente musicales; sencillos en apariencia, aunque difíciles de imitar. Décadas después, músicos reconocidos siguen citándolo como una influencia decisiva.

Hoy, 7 de julio, Richard Starkey -el hombre que el mundo conoce como Ringo Starr- celebra 86 años.

Mucho antes de los estadios repletos y la beatlemanía, Richard Starkey fue un niño enfermizo que pasó buena parte de su infancia en hospitales. Nació el 7 de julio de 1940 en Dingle, un barrio obrero de Liverpool, y creció bajo el cuidado de su madre, Elsie, tras la separación de sus padres. A los seis años sufrió una grave peritonitis y permaneció casi un año hospitalizado; a los trece contrajo tuberculosis y pasó cerca de dos años en un sanatorio.

Fue durante esa larga convalecencia cuando tomó por primera vez unas baquetas en un taller de rehabilitación. No era una vocación, sino una forma de ocupar el tiempo, pero aquel descubrimiento marcaría su vida. Al salir del hospital había perdido demasiados años de escuela, comenzó a trabajar en distintos oficios y aprendió batería de forma autodidacta. Sin saberlo, el futuro Ringo Starr acababa de encontrar su camino.

A finales de los años cincuenta, Liverpool vivía el auge del rock and roll gracias a los discos que llegaban de Estados Unidos. Richard comenzó tocando con el Eddie Clayton Skiffle Group y poco después se unió a Rory Storm and the Hurricanes, una de las bandas más populares de la ciudad antes de la irrupción de The Beatles.

Fue durante esa etapa cuando nació el nombre que terminaría haciéndose famoso en todo el planeta. Richard acostumbraba utilizar numerosos anillos en las manos, un detalle que llamaba la atención sobre el escenario. Sus compañeros comenzaron a llamarlo “Rings”. Con el tiempo el apodo derivó en “Ringo”. El apellido artístico apareció poco después. “Starr” hacía referencia tanto a la palabra inglesa star como al gusto del baterista por realizar pequeños solos que anunciaba como “Starr Time”.

Mientras Rory Storm and the Hurricanes recorría clubes británicos y realizaba temporadas en Hamburgo, Alemania, Ringo comenzó a cruzarse con otra banda de Liverpool que también buscaba abrirse camino: The Beatles. Los encuentros fueron frecuentes en los escenarios alemanes. Allí conoció a John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Pete Best. La admiración fue mutua desde el principio. Lennon y McCartney quedaron impresionados por la precisión con la que Ringo sostenía el pulso de las canciones; él, por su parte, observaba cómo aquel cuarteto empezaba a desarrollar una personalidad distinta a la del resto de grupos de la ciudad.

Con el paso del tiempo surgieron colaboraciones esporádicas. En varias ocasiones Ringo sustituyó temporalmente a Pete Best durante algunas presentaciones cuando éste no podía asistir. Para 1962, el productor George Martin había comenzado a trabajar con The Beatles. Aunque reconocía el potencial del grupo, mantenía reservas sobre el desempeño de Pete Best en el estudio de grabación. John, Paul y George ya compartían esa inquietud. Buscaban un baterista con mayor solidez técnica y una capacidad especial para escuchar al resto de la banda.

La elección resultó casi natural. El 18 de agosto de 1962, Ringo Starr aceptó oficialmente la invitación para integrarse a The Beatles. Pete Best fue despedido pocos días antes. La decisión provocó una fuerte reacción entre algunos seguidores de Liverpool. Best gozaba de enorme popularidad y varios conciertos fueron escenario de protestas donde podían leerse pancartas con la frase “Pete forever, Ringo never”.

Aquella resistencia desapareció en cuestión de meses. Con Ringo detrás de la batería, The Beatles encontró la estabilidad que necesitaba. Apenas unas semanas después grabaron “Love Me Do”, el sencillo que marcaría el comienzo de una transformación irreversible dentro de la música popular. Desde el principio, su estilo llamó la atención por una característica poco común: era zurdo, pero tocaba una batería montada para diestros. Esa condición modificó de forma natural la colocación de los acentos y produjo patrones rítmicos diferentes a los habituales.

Mientras muchos bateristas buscaban destacar mediante la velocidad, Ringo prefería construir arreglos que dialogaran con las melodías de Lennon y McCartney. Cada golpe parecía responder a la canción antes que al lucimiento individual. Por eso su influencia terminó siendo mucho mayor de lo que durante años se le reconoció. Basta escuchar la introducción de “Come Together”, los cambios de “A Day in the Life”, la intensidad creciente de “Rain” o la energía de “Ticket to Ride” para comprender que su batería nunca funcionó como simple acompañamiento. Era otra voz dentro de la composición.

Años después, Paul McCartney resumiría esa cualidad con una frase que terminó convirtiéndose en consenso entre músicos e historiadores: Ringo siempre tocaba exactamente lo que la canción necesitaba.

Un hombre de pocas complicaciones

Quienes han trabajado con Ringo suelen describirlo como el más relajado de los cuatro Beatles. Le apasiona la fotografía, el dibujo y la pintura. Desde hace años produce obras gráficas que posteriormente destina a causas benéficas. 

También practica meditación, promueve campañas por la paz y mantiene una filosofía resumida en la frase que se convirtió en su sello personal: “Peace and Love”. Cada 7 de julio invita a personas de distintas partes del mundo a pronunciar esas palabras al mediodía como una celebración colectiva de la concordia.

Otro aspecto menos conocido es que aprendió a tocar aprovechando una limitación física. Al ser zurdo y utilizar una batería diseñada para diestros, desarrolló acentos y soluciones rítmicas que terminaron distinguiendo su estilo.

Ringo Starr, acompañado por sus amigos Joe Walsh, Van Dyke Parks, David Lynch, Jenny Lewis, Matt Sorum, Peter Asher, Don Was y Edgar Winter, durante la celebración de su cumpleaños “Peace and Love”, el 7 de julio de 2017, en Los Ángeles, California. AFP

Un músico rodeado de amigos

Existe otro aspecto que explica la permanencia de Ringo Starr: su capacidad para reunir músicos. En 1989 creó la All Starr Band, un proyecto que continúa hasta la actualidad y cuya propuesta consiste en integrar artistas reconocidos de distintas generaciones para interpretar tanto canciones de Ringo como los grandes éxitos de cada integrante. 

Por la agrupación han pasado figuras como Warren Ham, Joe Walsh, Dr. John, Billy Preston, Peter Frampton, Steve Lukather, Todd Rundgren, Gregg Rolie, Sheila E., Colin Hay, Edgar Winter y Hamish Stuart, entre muchos otros. Más que una banda convencional, la All Starr Band terminó convirtiéndose en una celebración permanente de la historia del rock.

Cambió el ritmo del rock

A lo largo de los años, estudios especializados, bateristas profesionales y críticos han reconocido la sofisticación escondida detrás de la aparente sencillez en la técnica de Starr. De hecho, su mayor virtud consistía en escuchar antes de tocar. Cada redoble, cada pausa y cada cambio de ritmo estaban pensados para fortalecer la canción y no para exhibir la técnica del intérprete.

Ese enfoque terminó influyendo en generaciones enteras de músicos. Dave Grohl, Phil Collins, Stewart Copeland, Max Weinberg, Questlove y cientos de bateristas más han reconocido públicamente la importancia de Ringo Starr en su formación. Quizá esa sea su mayor herencia. Demostró que la batería no necesita ocupar el primer plano para transformar una canción. Basta encontrar el ritmo adecuado para que todo lo demás ocurra.

Ocho décadas después de su nacimiento, Richard Starkey sigue ocupando un lugar único dentro de la historia del rock. Fue el hombre que sostuvo el pulso de la banda más influyente del siglo XX y, al mismo tiempo, un músico capaz de construir una trayectoria propia sin renunciar nunca a la sencillez que definió su carácter. Mientras nuevas generaciones descubren el catálogo de The Beatles, la batería de Ringo continúa marcando el compás de una revolución musical cuyo eco permanece intacto.

La voz inesperada de The Beatles

Aunque John Lennon y Paul McCartney concentraban la mayor parte de las composiciones del grupo, Ringo Starr también terminó ocupando un lugar especial frente al micrófono. Su voz cálida, cercana y desprovista de cualquier pretensión técnica ofrecía un contraste con las armonías del resto de la banda, razón por la que, casi desde el principio, los otros Beatles reservaron para él al menos una canción en cada álbum.

Su primera interpretación llegó con “Boys”, incluida en el disco “Please Please Me” (1963), una versión del tema grabado originalmente por The Shirelles. Poco después llegaron “I Wanna Be Your Man”, escrita por Lennon y McCartney; “Matchbox”, “Honey Don’t”, “Act Naturally”, “What Goes On” y “Good Night”, esta última elegida por John Lennon para cerrar el “Álbum Blanco” con una delicada despedida interpretada por la voz más serena del grupo.

Sin embargo, fueron dos canciones las que terminaron identificándolo para siempre. La primera fue “Yellow Submarine”. Publicada en 1966 dentro del álbum “Revolver”, la pieza fue concebida por Lennon y McCartney pensando desde el inicio en la personalidad de Ringo. Su manera relajada de cantar, casi como si estuviera contando una historia, convirtió la canción en un himno generacional que más tarde inspiraría la película animada del mismo nombre.

La segunda llegó un año después. “With a Little Help from My Friends”, incluida en “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, colocó a Ringo en el centro del escenario. La letra describe a un cantante que recibe apoyo de sus amigos para enfrentar la vida, una idea que parecía escrita para él dentro de la dinámica del grupo. La interpretación terminó convirtiéndose en uno de los momentos más queridos del catálogo beatle y ha sido versionada por decenas de artistas, entre ellos Joe Cocker, cuya lectura en Woodstock alcanzó categoría legendaria.

También interpretó “Don’t Pass Me By”, la primera composición completamente escrita por él que apareció en un álbum de “The Beatles”. Más tarde llegarían “Octopus’s Garden”, incluida en “Abbey Road”, y diversas contribuciones menores como compositor. Aunque nunca produjo canciones con la frecuencia de Lennon, McCartney o Harrison, su sensibilidad melódica quedó reflejada en piezas sencillas que conservan un encanto particular.

Después de The Beatles

La separación de la banda en 1970 obligó a cada uno de sus integrantes a construir un camino propio. Para Ringo, el desafío consistía en demostrar que podía sostener una carrera más allá del papel de baterista. Su primer trabajo importante fue “Sentimental Journey” (1970), un homenaje a las canciones que escuchaba durante su infancia. Poco después publicó “Beaucoups of Blues”, donde exploró el country estadounidense. Ambos discos mostraban ya una característica que acompañaría toda su trayectoria: la ausencia de interés por seguir las modas del momento. Prefería grabar la música que realmente disfrutaba.

El gran éxito comercial llegó con “Ringo” (1973), considerado por muchos el mejor álbum de su carrera como solista. El disco reunió una circunstancia irrepetible: contó con la participación de John Lennon, Paul McCartney y George Harrison, aunque nunca coincidieron todos en el estudio al mismo tiempo. Canciones como “Photograph”, escrita junto con Harrison, y “You’re Sixteen” alcanzaron el primer lugar de las listas estadounidenses. A partir de entonces llegaron discos como “Goodnight Vienna”, “Ringo’s Rotogravure”, “Stop and Smell the Roses”, “Time Takes Time”, “Vertical Man”, “Liverpool 8”, “Y Not”, “Postcards from Paradise”, “What’s My Name”, “Zoom In”, “EP3” y “Rewind Forward”, publicado en 2023.

Una carrera irrepetible

Ringo Starr ingresó por primera vez al Salón de la Fama del Rock and Roll en 1988 como integrante de The Beatles. Veintisiete años después, en 2015, volvió a recibir el mismo reconocimiento, esta vez por su trayectoria como solista, una distinción reservada para muy pocos músicos. 

En 2018 recibió uno de los mayores honores del Reino Unido cuando el príncipe Guillermo lo nombró Caballero del Imperio Británico. Desde entonces puede utilizar oficialmente el título de Sir Richard Starkey. A ello se suman nueve premios Grammy, un Grammy a la Trayectoria, diversos doctorados honoríficos y reconocimientos por su labor humanitaria.

CT

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Filarmónica de Jalisco dedicará concierto a Manuel de Falla a 150 años de su natalicio

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En el quinto programa de la Orquesta Filarmónica de Jalisco de su temporada en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, dedicarán su concierto al compositor español Manuel de Falla, por el 150 aniversario de su natalicio.

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Manuel de Falla llevó a la orquesta la tradición popular española, por lo que este concierto incluirá algunas de sus obras, titulado “El Amor Brujo”, el domingo 12 de julio a las 13:00 horas, en la Sala Plácido Domingo del Conjunto.

José Luis Castillo dirigirá este concierto donde estará como invitada la mezzosoprano Guadalupe Paz.

Manuel de Falla es considerado el creador de un lenguaje que llevó al escenario el cante con la danza andaluza, la lírica popular y la fuerza dramática del rito.

Por ello el concierto tiene en el repertorio “El sombrero de tres picos”, el ballet estrenado en 1919, basado en la obra de Pedro Antonio de Alarcón. La pieza narra, con tono ligero y espíritu de comedia, el intento de una figura de autoridad por seducir a una molinera casada, en una trama de enredos, burlas y danzas que evocan el ambiente andaluz de finales del siglo XVIII.

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Serán dos suites las que presentará la orquesta de esta obra, considerada uno de los paisajes más representativos del ballet, con ritmos y formas populares como el fandango, las seguidillas, la farruca y la jota.

La mezzosoprano Guadalupe Paz interpretará las “Siete canciones populares españolas”, ciclo compuesto en 1914 en el que Falla trabajó la canción tradicional. Las piezas son “El paño moruno”, “Seguidilla murciana”, “Asturiana”, “Jota”, “Nana”, “Canción” y “Polo”,

Y el cierre será con la icónica obra del compositor “El Amor brujo”, en su versión de 1925, que derrocha la pasión amorosa, con una presencia vocal distinta a la primera versión de la obra de 1915, con una presencia distinta gracias a la voz, y que refuerza su carácter sombrío y desgarrador.

Los boletos, disponibles en conjuntosantander.com, tienen un costo de 200 a 600 pesos. 

JM

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La canción clásica que duerme a los bebés en menos de 15 minutos

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Cuando las noches sin dormir pasan factura a los padres, la solución definitiva podría estar escondida en una simple lista de reproducción. Una melodía clásica se ha vuelto viral porque, sorprendentemente, logra que los bebés caigan rendidos en minutos, cambiando por completo las rutinas de miles de familias.

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El nuevo rey de las cunas: Antonio Vivaldi

Durante décadas, las familias de todo el mundo han confiado ciegamente en las composiciones de Wolfgang Amadeus Mozart para calmar a sus recién nacidos. El famoso efecto asociado a su nombre prometía desde una mayor estimulación cerebral hasta un descanso profundo, convirtiéndolo en el aliado indiscutible de las madrugadas más difíciles y agotadoras.

Sin embargo, las redes sociales han coronado recientemente a un nuevo y sorprendente protagonista en el delicado arte de las canciones de cuna. Miles de padres y madres están compartiendo asombrados cómo el segundo movimiento de El Invierno, una de las obras maestras indiscutibles de Antonio Vivaldi, logra lo que a menudo parecía una misión imposible.

Los testimonios que circulan en internet coinciden en un detalle verdaderamente fascinante: la asombrosa rapidez con la que actúa esta pieza musical en los niños. Las familias aseguran con alegría que, al reproducir esta melodía específica, los pequeños logran conciliar el sueño en menos de quince minutos, una tendencia que ha trascendido las pantallas para convertirse en el tema de conversación principal en parques y escuelas infantiles.

¿Por qué funciona esta melodía mágica?

El éxito arrollador de esta composición no es fruto de la casualidad ni de la magia, sino que responde a características musicales muy concretas que benefician el sistema nervioso. Se trata de una pieza sumamente lenta, repetitiva y suave, diseñada magistralmente sin sobresaltos ni cambios bruscos de volumen que puedan alterar al oyente durante su proceso de relajación.

Este ritmo constante resulta casi hipnótico para los bebés, transmitiendo una profunda sensación de calma y seguridad desde los primeros acordes de los violines. Al escucharla, los pequeños logran regular su propia respiración de manera natural y disminuir su estado de activación, dos pasos fundamentales para entregarse al descanso sin resistencia.

La sincronización de la respiración del bebé con el compás pausado de la música crea un ambiente de serenidad que imita la tranquilidad del vientre materno. Es una forma de relajación profunda a través de la música clásica que, según cuentan los que la han probado con éxito, funciona de maravilla incluso en los momentos de mayor crisis o llanto inconsolable.

Incluso los profesionales de la salud están notando los efectos sumamente positivos de esta tendencia musical en sus consultas diarias con las familias. El reconocido matrón Emilio Bastida ha confirmado la eficacia de este método, señalando con entusiasmo que los bebés “se quedan rapidísimo durmiendo” cuando se exponen a estas notas, respaldando así la experiencia empírica de miles de hogares.

Consejos para dormir a bebés

Para que esta estrategia funcione de manera óptima, es de vital importancia integrarla adecuadamente en la rutina de sueño diaria del pequeño. No basta simplemente con presionar el botón de reproducción en el teléfono; el entorno físico debe acompañar la experiencia auditiva para maximizar los beneficios de la música y crear un verdadero santuario de descanso.

  • Preparar el ambiente con mimo: Atenuar las luces de la habitación principal, cerrar las persianas para evitar distracciones visuales y asegurar que la temperatura sea agradable antes de que suene la música.
  • Ajustar el volumen adecuado: Reproducir la melodía a un nivel muy bajo, simulando un susurro de fondo que acompañe el ambiente, pero que no abrume los sensibles oídos del bebé en pleno desarrollo.
  • Mantener una constancia férrea: Utilizar la misma pieza de Antonio Vivaldi todos los días exactamente a la misma hora para que el cerebro del niño la asocie de inmediato con el momento de dormir.
  • Evitar las pantallas luminosas: Si se usa un dispositivo móvil o tableta para poner la música, es fundamental mantener la pantalla apagada o completamente fuera del campo visual del pequeño para no sobreestimular su sistema nervioso.
  • Acompañar con presencia amorosa: Permanecer cerca de la cuna durante los primeros minutos, ofreciendo caricias suaves o un balanceo rítmico que complemente a la perfección la cadencia de la melodía clásica.

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Al repetir este proceso noche tras noche, la melodía se convierte en una señal inconfundible que le indica al cuerpo del bebé que ha llegado el momento de desconectar, devolviendo la paz y la tranquilidad a toda la familia.

Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor.
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AS

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