Actualidad
El móvil en la mesilla de noche no te está “friendo” el cerebro, pero la ciencia empieza a entender por qué te impide descansar
Es prácticamente un ritual a día de hoy: conectar el móvil al cargador, configurar la alarma y dejarlo en la mesilla de noche a escasos 30 centímetros de la almohada para dormir. Según los datos, para el 95% de los adultos, dormir con el teléfono al alcance de la mano es una necesidad logística; para una creciente corriente de expertos en longevidad, es un error de cálculo biológico porque descansamos menos. Para ello, hemos analizado la bibliografía para saber exactamente el efecto que tiene tener el móvil al lado.
El culpable confirmado. Antes de entrar en el terreno pantanoso de los posibles problemas que puede generar la radiación al estar cerca nuestra, debemos señalar al “elefante en la habitación”. La evidencia más sólida que tenemos a día de hoy no culpa a las antenas de tener un mal sueño, sino a las pantallas y a lo que hacemos con ella.
Para que nos hagamos una idea, un metaanálisis sobre más de 36.000 participantes concluyó que el uso excesivo del smartphone aumenta un 228% el riesgo de tener una mala calidad de sueño.
El doble responsable. El primero es la supresión de la melatonina, puesto que la luz azul emitida por los paneles LED de los móviles engaña a nuestro cerebro haciéndole creer que aún es de día. Esto retrasa la liberación de la melatonina y fragmenta la arquitectura del sueño.
Pero no solo la luz azul es información, puesto que responder un WhatsApp o hacer doomscrolling en TikTok antes de dormir mantiene el cerebro alerta. Un estudio en estudiantes de medicina apuntaba a que el uso nocturno del móvil se correspondía con un peor descanso.
El debate de la radiación. Siempre ha sido un mantra para muchos: tener el móvil cerca es tener una gran fuente de radiación que causa muchos problemas de salud. En este caso, organismos como la OMS o ARPANSA han mantenido tradicionalmente que la evidencia de daño por campos electromagnéticos de bajo nivel es “insuficiente”. Sin embargo, no significa que sea inexistente.
Los estudios más recientes están empezando a ver los efectos no térmicos que tiene el móvil. Uno de los más interesantes se hizo con monitores de bebés que tienen una frecuencia de 2.45 GHz, similar al bluetooth o el Wifi, para simular la exposición ambiental. El resultado fue que el grupo expuesto, frente al placebo, mostró una peor calidad subjetiva de sueño y alteraciones en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, sugiriendo que las personas sensibles sí notan la “presencia” invisible del dispositivo electrónico cerca.
Modulación de ondas cerebrales. Otra investigación sobre señales 5G encontró que la exposición a las ondas de 3.6 GHz afectaba a los husos del sueño durante la fase N2, es decir, el sueño ligero que supone el 50% del tiempo total de descanso. Lo curioso de este estudio es que el efecto dependía de la genética: solo los portadores de ciertas variantes del gen CACNA1C mostraron alteraciones en el electroencefalograma.
Esto matiza las advertencias de algunos expertos, puesto que tal vez la radiación no nos afecte a todos por igual, pero para un subgrupo genéticamente predispuesto, dormir junto a una fuente de emisión continua podría estar fragmentando su fase N2, crucial para la consolidación de la memoria.
El factor del hábito. A menudo se cita el estudio de Sinha para demonizar la radiación, pero lo que realmente midió este estudio fueron los hábitos en una muestra de 566 participantes. En este caso se vio que aquellas personas con un alto uso del móvil tardaban más en dormirse, su sueño era menos eficiente y un 22,6% reportó una peor calidad de sueño.
De esta manera, la conclusión no fue que las ondas les impidieran dormir, sino que el hábito de tener el móvil cerca lleva inevitablemente a usarlo. Si está en la mesilla, lo miras. Si lo miras, te activas. Es un círculo vicioso conductual más que radiológico.
Protocolo de higiene. La pregunta en este caso es inevitable: ¿debemos envolver la habitación en papel de aluminio? No hace falta. En este caso, la física juega a nuestro favor gracias a la ley de la inversa del cuadrado: la intensidad de la radiación cae drásticamente con la distancia.
Es por ello que lo más importante es alejar el dispositivo al menos un metro de la cama, puesto que a esta distancia la exposición cae a niveles basales insignificantes, haciendo que dormir con el móvil bajo la almohada sea la peor decisión posible. Si queremos ir un poco más allá, podemos ponerlo en modo avión, aunque el mejor consejo, como apunta la Sociedad Española de Neurología, es tener una hora sagrada, donde la recomendación es dejar las pantallas una hora antes de dormir.
Imágenes | Nubelson Fernandes
En Xataka | Creíamos que el insomnio era solo no poder dormir. Ahora sabemos que son cinco trastornos distintos
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Llevaba 100 años catalogado como “chatarra” en un museo. Ahora sabemos que es la pieza que adelanta la ingeniería egipcia 2.000 años
Si pensamos en la tecnología del antiguo Egipto, las imágenes que se nos vienen a la mente son las monumentales pirámides de Giza o los grandes obeliscos del Imperio Nuevo. Sin embargo, los cimientos de esa proeza tecnológica se forjaron mucho antes, como ha apuntado un nuevo estudio arqueológico que ha identificado el taladro metálico rotatorio más antiguo de Egipto, un hallazgo que adelanta el dominio de esta herramienta en más de dos milenios y que reescribe la historia de la tecnología en el valle del Nilo.
¿Dónde se encontró? La historia de este descubrimiento, la verdad es que podría encajar en una serie llamada “CSI arqueológico”, puesto que todo comenzó con un objeto identificado como una minúscula pieza de metal que mide apenas 63 milímetros y pesa 1,5 gramos. Este fue excavado hace un siglo en la tumba 3932 del cementerio de Badari en el Alto Egipto, y desde entonces había permanecido olvidado.
Literalmente ignorado en un cajón del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge, se encontraba este objeto que llamó la atención de un equipo de investigación que decidió seguir su pista usando la tecnología más moderna.
Un taladro. Lo que en un principio se catalogó como un simple e insignificante punzón era en realidad un taladro de arco. Esta es la conclusión de este nuevo análisis exhaustivo de la pieza, donde han podido ver marcas inconfundibles de su uso mecánico como son las estrías de rotación, una curvatura específica para la tensión y restos microscópicos de cuerda de cuero.
Cómo funcionaba. Lo que hoy es un taladro que funciona conectado a la electricidad, en la antigüedad, el taladro de arco funcionaba enrollando la cuerda de un arco alrededor de un eje que sostenía la broca. De esta manera, al mover el arco hacia adelante y hacia atrás, la broca giraba a gran velocidad.
Su importancia. Tal y como apunta el investigador, los egipcios tuvieron la capacidad de dominar esta tecnología de rotación más de dos milenios antes de los primeros conjuntos de taladros que la humanidad conocía en la actualidad. Esto vuelve a demostrarnos lo avanzado que podía llegar a estar en su contexto en el arte de la construcción.
Aleación inusual. Aquí la gran pregunta está en cómo podía una herramienta tan antigua perforar materiales duros sin deformarse. Y la respuesta está en la química. En este caso, los investigadores utilizaron espectrometría de fluorescencia de rayos X portátil y vieron que el taladro no estaba formado solo de cobre, sino que era una aleación de arsénico, níquel, plomo y plata.
Una combinación que no es casual, puesto que la presencia de arsénico daba al cobre una dureza muy superior, transformando el metal en una herramienta de alto rendimiento capaz de resistir la fricción continua.
El comercio. Más allá del valor mecánico, para los historiadores también es realmente importante esta mezcla de metales porque apunta a fuertes conexiones comerciales con el Mediterráneo oriental, revelando que el Egipto predinástico no solo estaba innovando tecnológicamente, sino que estaba conectado a una red global de intercambio de materiales exóticos mucho antes de la unificación de los faraones.
La historia tecnológica. Hasta ahora, la narrativa oficial situaba el perfeccionamiento de estas herramientas rotativas de metal mucho más adelante en la línea temporal egipcia. Pero ahora, este diminuto objeto olvidado nos obliga a recalibrar nuestra comprensión del ingenio humano.
Imágenes | Martin Odler Osama Elsayed
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es el plan de Samsung para conquistar la IA en los móviles
Samsung acaba de desvelar su nueva gama alta: la nueva familia Galaxy S26 ya está aquí y llega con una propuesta conservadora pero a dos velocidades donde el modelo Ultra es el que sale mejor parado. Y también trae más inteligencia artificial que nunca. Dejando a un lado la larga lista de funciones que ya había en Galaxy AI, las que ha mejorado y novedades como ‘Now Nudge’ o la IA Agéntica, la gran sorpresa es una confirmación: Perplexity aterriza como asistente con todas las de la ley junto a lo que ya había, Bixby de la casa y Gemini de Android.
Integración total. Perplexity llega para competir de tú a tú con el asistente de la casa y el de Google en tanto en cuanto está integrado a nivel de sistema operativo. ¿Qué significa esto? Que puedes invocarlo para usarlo en apps del sistema como las Notas o el Recordatorio, pero también con algunas aplicaciones de terceros. No es una app descargada: opera en la capa de framework del dispositivo.
Y como tal, podrás invocarlo a través de ‘Hey, Plex’ (sin que aparezca el novio de Aitana) o desde el botón lateral. Este punto es más que un simple detalle: es emplear el hardware como palanca de distribución: quien controla el hardware, controla cómo accede el usuario. Un recordatorio: Google pagó una millonada a Apple para ser el motor de búsqueda en iOS.


Contexto: la asignatura pendiente de Samsung. Pocos fabricantes de móviles apuestan tanto y tan bien por la IA como la firma coreana. Samsung es la marca que más móviles vende dentro del ecosistema Android, pero la batalla del asistente la tiene perdida con Bixby. Por otro lado, tiene que integrar a Gemini por contrato.
En definitiva, Samsung no puede controlar su capa de inteligencia artificial al completo de forma soberana y esa es una dependencia estratégica peligrosa si quieres ser el mejor.
La baza de Samsung: ser una navaja suiza. Según una investigación interna de Samsung, cerca del 80% de los usuarios ya usa dos tipos de agentes de IA en su día a día, así que ha convertido la flexibilidad en un punto a favor. Como Samsung sabe que no puede ir a la guerra al mejor modelo de lenguaje sola y ganar, ha apostado por convertirse en un hub neutral, lo que permite atraer a usuarios avanzados que quieren usar lo mejor de cada casa sin fricciones.
Como declaraba Won-Joon Choi, presidente, director de operaciones y jefe de la oficina de I+D de Mobile eXperience Business de Samsung Electronics: “Nos hemos comprometido a construir un ecosistema de IA integrado, abierto e inclusivo que ofrezca a los usuarios más opciones, flexibilidad y control para realizar tareas complejas de forma rápida y sencilla. Galaxy AI actúa como un orquestador, integrando diferentes formas de IA en una experiencia única, natural y cohesiva.”


Por qué es importante. Porque con este movimiento Samsung ha cambiado las reglas: se declara a sí misma plataforma, no un asistente. Es una capa que coordina varios agentes, dejando atrás lo de “un asistente único para gobernarlos a todos”. La firma coreana se diferencia así frente al control vertical y la integración cerrada de Apple o la táctica de Google de priorizar Gemini por encima de todo y meterlo hasta en la sopa.
El movimiento es de lo más inteligente: neutraliza así su debilidad (Bixby) para transformarla en virtud. Deliberadamente deciden abrirse y dejar que sea el usuario quien elija con quién y para qué.
Por qué Perplexity y no otro. Aquí hay un elefante en la habitación que conviene recordar antes de nada: porque la IA más mainstream, ChatGPT, ya está casada con Apple. A partir de aquí, hay que tener claro que Samsung ha elegido al mejor socio estratégico posible para sus intereses corporativos en este momento. Y razones tiene unas cuantas:
- Porque ofrece una propuesta de valor diferenciada y complementaria: es un chatbot conversacional de calidad que cita fuentes, sin publicidad y respuestas verificables. Su presencia no es una redundancia de Gemini, que puede destinarse a productividad y el ecosistema de Google o Bixby, para el dispositivo.
- Un punto de partida en la negociación de lo más favorable: Perplexity es una startup que necesita alianzas para una distribución masiva frente al poderío de Google y OpenAI, cuya valoración supera el medio billón de dólares. Esto coloca a Samsung en posición de conseguir mejores condiciones.
- Ya tenía relación con la startup, cuya IA ya está presente en las TV de la marca coreanas, lo que implica que no parten de cero: sus equipos ya conocen las respectivas APIs.
- Su posicionamiento antianuncios. Samsung, que está apostando con fuerza por la privacidad, tiene aquí un argumento de peso para ofrecer una experiencia diferencial frente a Google.
Reducir la Googledependencia. Con Perplexity, Samsung diversifica sus socios sin estridencias con Google en un movimiento de geopolítica corporativa. La firma coreana tiene un acuerdo multimillonario de distribución con Google y con este giro, su posición es más ventajosa a la hora de negociar o presionar a la empresa de Mountain View: tienen a Perplexity en la recámara como tercer agente.
Portada | Eva R. de Luis
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la gran paradoja española de riesgo forestal
Parece una contradicción, pero así es como funcionan las paradojas. Y esta en concreto es tan problemática para España que en nueve de cada diez configuraciones el resultado siempre es el mismo: pase lo que pase es malo para los incendios.
¿Pero por qué? Quiero decir, ¿cómo es posible que llueva o no llueva este país siempre tenga un problema con las llamas?
El mundo a dos escalas. Si no llueve, si arrastramos semanas o meses de sequía, la humedad del material acumulado en el monte (la hierba, el matorral, la hojarasca) baja. Además, sube la temperatura del suelo y la vegetación viva empieza a estresarse. Solo falta una chispa y boom, tenemos un foco de incendio muy difícil de atajar.
Es decir, la sequía empeora el riesgo hoy. La lluvia la empeora, pero lo hace mañana.
Porque si llueve, la vegetación crece (especialmente lo que llamamos combustible fino) y aumenta la continuidad del matorral. Es biomasa, biomasa y más biomasa. Si llueve no hay riesgo, si no llueve: es material que más pronto que tarde se convertirá en pasto de las llamas.
El infierno del verano de 2025, empezó en primavera… A veces no se incide mucho en esto: las primaveras húmedas son una maravilla, pero en nuestro caso es también un peligro en potencia. No solo por lo que explicaba más arriba, sino porque (además) nadie lo gestiona.
Y eso significa que, si la tendencia sigue en el sentido en el que va, tenemos que empeza a ver los inviernos lluviosos como algo más que una forma de salvar la temporada. Hay que empezar a verlos como un recordatorio claro de que hay que invertir en prevención, planificar dispositivos, cortafuegos, gestión de combustible y todo tipo de explotaciones extensivas que ayuden a contener el problema.
Porque el cambio climático no es solo “más calor”. Hace unos días, la misma AEMET reflexionaba sobre cómo están cambiando los récords de precipitaciones. Los cambios en el paisaje y el abandono rural son una fuente permanente de problemas y el llamado “efecto látigo” no hace más que aumentarlos: fases de crecimiento y fases de secado que no dejan de ir y venir.
Así que sí, la gran paradoja española con las lluvias y los incendios es esta: pase lo que pase, en los próximos años, siempre vamos a tener problemas con los incendios.
Imagen | Karsten Winegeart
En Xataka | En China están desplegando bomberos de metal. Quizá sean más útiles que los robocamareros
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El móvil en la mesilla de noche no te está “friendo” el cerebro, pero la ciencia empieza a entender por qué te impide descansar
Es prácticamente un ritual a día de hoy: conectar el móvil al cargador, configurar la alarma y dejarlo en la mesilla de noche a escasos 30 centímetros de la almohada para dormir. Según los datos, para el 95% de los adultos, dormir con el teléfono al alcance de la mano es una necesidad logística; para una creciente corriente de expertos en longevidad, es un error de cálculo biológico porque descansamos menos. Para ello, hemos analizado la bibliografía para saber exactamente el efecto que tiene tener el móvil al lado.
El culpable confirmado. Antes de entrar en el terreno pantanoso de los posibles problemas que puede generar la radiación al estar cerca nuestra, debemos señalar al “elefante en la habitación”. La evidencia más sólida que tenemos a día de hoy no culpa a las antenas de tener un mal sueño, sino a las pantallas y a lo que hacemos con ella.
Para que nos hagamos una idea, un metaanálisis sobre más de 36.000 participantes concluyó que el uso excesivo del smartphone aumenta un 228% el riesgo de tener una mala calidad de sueño.
El doble responsable. El primero es la supresión de la melatonina, puesto que la luz azul emitida por los paneles LED de los móviles engaña a nuestro cerebro haciéndole creer que aún es de día. Esto retrasa la liberación de la melatonina y fragmenta la arquitectura del sueño.
Pero no solo la luz azul es información, puesto que responder un WhatsApp o hacer doomscrolling en TikTok antes de dormir mantiene el cerebro alerta. Un estudio en estudiantes de medicina apuntaba a que el uso nocturno del móvil se correspondía con un peor descanso.
El debate de la radiación. Siempre ha sido un mantra para muchos: tener el móvil cerca es tener una gran fuente de radiación que causa muchos problemas de salud. En este caso, organismos como la OMS o ARPANSA han mantenido tradicionalmente que la evidencia de daño por campos electromagnéticos de bajo nivel es “insuficiente”. Sin embargo, no significa que sea inexistente.
Los estudios más recientes están empezando a ver los efectos no térmicos que tiene el móvil. Uno de los más interesantes se hizo con monitores de bebés que tienen una frecuencia de 2.45 GHz, similar al bluetooth o el Wifi, para simular la exposición ambiental. El resultado fue que el grupo expuesto, frente al placebo, mostró una peor calidad subjetiva de sueño y alteraciones en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, sugiriendo que las personas sensibles sí notan la “presencia” invisible del dispositivo electrónico cerca.
Modulación de ondas cerebrales. Otra investigación sobre señales 5G encontró que la exposición a las ondas de 3.6 GHz afectaba a los husos del sueño durante la fase N2, es decir, el sueño ligero que supone el 50% del tiempo total de descanso. Lo curioso de este estudio es que el efecto dependía de la genética: solo los portadores de ciertas variantes del gen CACNA1C mostraron alteraciones en el electroencefalograma.
Esto matiza las advertencias de algunos expertos, puesto que tal vez la radiación no nos afecte a todos por igual, pero para un subgrupo genéticamente predispuesto, dormir junto a una fuente de emisión continua podría estar fragmentando su fase N2, crucial para la consolidación de la memoria.
El factor del hábito. A menudo se cita el estudio de Sinha para demonizar la radiación, pero lo que realmente midió este estudio fueron los hábitos en una muestra de 566 participantes. En este caso se vio que aquellas personas con un alto uso del móvil tardaban más en dormirse, su sueño era menos eficiente y un 22,6% reportó una peor calidad de sueño.
De esta manera, la conclusión no fue que las ondas les impidieran dormir, sino que el hábito de tener el móvil cerca lleva inevitablemente a usarlo. Si está en la mesilla, lo miras. Si lo miras, te activas. Es un círculo vicioso conductual más que radiológico.
Protocolo de higiene. La pregunta en este caso es inevitable: ¿debemos envolver la habitación en papel de aluminio? No hace falta. En este caso, la física juega a nuestro favor gracias a la ley de la inversa del cuadrado: la intensidad de la radiación cae drásticamente con la distancia.
Es por ello que lo más importante es alejar el dispositivo al menos un metro de la cama, puesto que a esta distancia la exposición cae a niveles basales insignificantes, haciendo que dormir con el móvil bajo la almohada sea la peor decisión posible. Si queremos ir un poco más allá, podemos ponerlo en modo avión, aunque el mejor consejo, como apunta la Sociedad Española de Neurología, es tener una hora sagrada, donde la recomendación es dejar las pantallas una hora antes de dormir.
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Llevaba 100 años catalogado como “chatarra” en un museo. Ahora sabemos que es la pieza que adelanta la ingeniería egipcia 2.000 años
Si pensamos en la tecnología del antiguo Egipto, las imágenes que se nos vienen a la mente son las monumentales pirámides de Giza o los grandes obeliscos del Imperio Nuevo. Sin embargo, los cimientos de esa proeza tecnológica se forjaron mucho antes, como ha apuntado un nuevo estudio arqueológico que ha identificado el taladro metálico rotatorio más antiguo de Egipto, un hallazgo que adelanta el dominio de esta herramienta en más de dos milenios y que reescribe la historia de la tecnología en el valle del Nilo.
¿Dónde se encontró? La historia de este descubrimiento, la verdad es que podría encajar en una serie llamada “CSI arqueológico”, puesto que todo comenzó con un objeto identificado como una minúscula pieza de metal que mide apenas 63 milímetros y pesa 1,5 gramos. Este fue excavado hace un siglo en la tumba 3932 del cementerio de Badari en el Alto Egipto, y desde entonces había permanecido olvidado.
Literalmente ignorado en un cajón del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge, se encontraba este objeto que llamó la atención de un equipo de investigación que decidió seguir su pista usando la tecnología más moderna.
Un taladro. Lo que en un principio se catalogó como un simple e insignificante punzón era en realidad un taladro de arco. Esta es la conclusión de este nuevo análisis exhaustivo de la pieza, donde han podido ver marcas inconfundibles de su uso mecánico como son las estrías de rotación, una curvatura específica para la tensión y restos microscópicos de cuerda de cuero.
Cómo funcionaba. Lo que hoy es un taladro que funciona conectado a la electricidad, en la antigüedad, el taladro de arco funcionaba enrollando la cuerda de un arco alrededor de un eje que sostenía la broca. De esta manera, al mover el arco hacia adelante y hacia atrás, la broca giraba a gran velocidad.
Su importancia. Tal y como apunta el investigador, los egipcios tuvieron la capacidad de dominar esta tecnología de rotación más de dos milenios antes de los primeros conjuntos de taladros que la humanidad conocía en la actualidad. Esto vuelve a demostrarnos lo avanzado que podía llegar a estar en su contexto en el arte de la construcción.
Aleación inusual. Aquí la gran pregunta está en cómo podía una herramienta tan antigua perforar materiales duros sin deformarse. Y la respuesta está en la química. En este caso, los investigadores utilizaron espectrometría de fluorescencia de rayos X portátil y vieron que el taladro no estaba formado solo de cobre, sino que era una aleación de arsénico, níquel, plomo y plata.
Una combinación que no es casual, puesto que la presencia de arsénico daba al cobre una dureza muy superior, transformando el metal en una herramienta de alto rendimiento capaz de resistir la fricción continua.
El comercio. Más allá del valor mecánico, para los historiadores también es realmente importante esta mezcla de metales porque apunta a fuertes conexiones comerciales con el Mediterráneo oriental, revelando que el Egipto predinástico no solo estaba innovando tecnológicamente, sino que estaba conectado a una red global de intercambio de materiales exóticos mucho antes de la unificación de los faraones.
La historia tecnológica. Hasta ahora, la narrativa oficial situaba el perfeccionamiento de estas herramientas rotativas de metal mucho más adelante en la línea temporal egipcia. Pero ahora, este diminuto objeto olvidado nos obliga a recalibrar nuestra comprensión del ingenio humano.
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es el plan de Samsung para conquistar la IA en los móviles
Samsung acaba de desvelar su nueva gama alta: la nueva familia Galaxy S26 ya está aquí y llega con una propuesta conservadora pero a dos velocidades donde el modelo Ultra es el que sale mejor parado. Y también trae más inteligencia artificial que nunca. Dejando a un lado la larga lista de funciones que ya había en Galaxy AI, las que ha mejorado y novedades como ‘Now Nudge’ o la IA Agéntica, la gran sorpresa es una confirmación: Perplexity aterriza como asistente con todas las de la ley junto a lo que ya había, Bixby de la casa y Gemini de Android.
Integración total. Perplexity llega para competir de tú a tú con el asistente de la casa y el de Google en tanto en cuanto está integrado a nivel de sistema operativo. ¿Qué significa esto? Que puedes invocarlo para usarlo en apps del sistema como las Notas o el Recordatorio, pero también con algunas aplicaciones de terceros. No es una app descargada: opera en la capa de framework del dispositivo.
Y como tal, podrás invocarlo a través de ‘Hey, Plex’ (sin que aparezca el novio de Aitana) o desde el botón lateral. Este punto es más que un simple detalle: es emplear el hardware como palanca de distribución: quien controla el hardware, controla cómo accede el usuario. Un recordatorio: Google pagó una millonada a Apple para ser el motor de búsqueda en iOS.


Contexto: la asignatura pendiente de Samsung. Pocos fabricantes de móviles apuestan tanto y tan bien por la IA como la firma coreana. Samsung es la marca que más móviles vende dentro del ecosistema Android, pero la batalla del asistente la tiene perdida con Bixby. Por otro lado, tiene que integrar a Gemini por contrato.
En definitiva, Samsung no puede controlar su capa de inteligencia artificial al completo de forma soberana y esa es una dependencia estratégica peligrosa si quieres ser el mejor.
La baza de Samsung: ser una navaja suiza. Según una investigación interna de Samsung, cerca del 80% de los usuarios ya usa dos tipos de agentes de IA en su día a día, así que ha convertido la flexibilidad en un punto a favor. Como Samsung sabe que no puede ir a la guerra al mejor modelo de lenguaje sola y ganar, ha apostado por convertirse en un hub neutral, lo que permite atraer a usuarios avanzados que quieren usar lo mejor de cada casa sin fricciones.
Como declaraba Won-Joon Choi, presidente, director de operaciones y jefe de la oficina de I+D de Mobile eXperience Business de Samsung Electronics: “Nos hemos comprometido a construir un ecosistema de IA integrado, abierto e inclusivo que ofrezca a los usuarios más opciones, flexibilidad y control para realizar tareas complejas de forma rápida y sencilla. Galaxy AI actúa como un orquestador, integrando diferentes formas de IA en una experiencia única, natural y cohesiva.”


Por qué es importante. Porque con este movimiento Samsung ha cambiado las reglas: se declara a sí misma plataforma, no un asistente. Es una capa que coordina varios agentes, dejando atrás lo de “un asistente único para gobernarlos a todos”. La firma coreana se diferencia así frente al control vertical y la integración cerrada de Apple o la táctica de Google de priorizar Gemini por encima de todo y meterlo hasta en la sopa.
El movimiento es de lo más inteligente: neutraliza así su debilidad (Bixby) para transformarla en virtud. Deliberadamente deciden abrirse y dejar que sea el usuario quien elija con quién y para qué.
Por qué Perplexity y no otro. Aquí hay un elefante en la habitación que conviene recordar antes de nada: porque la IA más mainstream, ChatGPT, ya está casada con Apple. A partir de aquí, hay que tener claro que Samsung ha elegido al mejor socio estratégico posible para sus intereses corporativos en este momento. Y razones tiene unas cuantas:
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- Ya tenía relación con la startup, cuya IA ya está presente en las TV de la marca coreanas, lo que implica que no parten de cero: sus equipos ya conocen las respectivas APIs.
- Su posicionamiento antianuncios. Samsung, que está apostando con fuerza por la privacidad, tiene aquí un argumento de peso para ofrecer una experiencia diferencial frente a Google.
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la gran paradoja española de riesgo forestal
Parece una contradicción, pero así es como funcionan las paradojas. Y esta en concreto es tan problemática para España que en nueve de cada diez configuraciones el resultado siempre es el mismo: pase lo que pase es malo para los incendios.
¿Pero por qué? Quiero decir, ¿cómo es posible que llueva o no llueva este país siempre tenga un problema con las llamas?
El mundo a dos escalas. Si no llueve, si arrastramos semanas o meses de sequía, la humedad del material acumulado en el monte (la hierba, el matorral, la hojarasca) baja. Además, sube la temperatura del suelo y la vegetación viva empieza a estresarse. Solo falta una chispa y boom, tenemos un foco de incendio muy difícil de atajar.
Es decir, la sequía empeora el riesgo hoy. La lluvia la empeora, pero lo hace mañana.
Porque si llueve, la vegetación crece (especialmente lo que llamamos combustible fino) y aumenta la continuidad del matorral. Es biomasa, biomasa y más biomasa. Si llueve no hay riesgo, si no llueve: es material que más pronto que tarde se convertirá en pasto de las llamas.
El infierno del verano de 2025, empezó en primavera… A veces no se incide mucho en esto: las primaveras húmedas son una maravilla, pero en nuestro caso es también un peligro en potencia. No solo por lo que explicaba más arriba, sino porque (además) nadie lo gestiona.
Y eso significa que, si la tendencia sigue en el sentido en el que va, tenemos que empeza a ver los inviernos lluviosos como algo más que una forma de salvar la temporada. Hay que empezar a verlos como un recordatorio claro de que hay que invertir en prevención, planificar dispositivos, cortafuegos, gestión de combustible y todo tipo de explotaciones extensivas que ayuden a contener el problema.
Porque el cambio climático no es solo “más calor”. Hace unos días, la misma AEMET reflexionaba sobre cómo están cambiando los récords de precipitaciones. Los cambios en el paisaje y el abandono rural son una fuente permanente de problemas y el llamado “efecto látigo” no hace más que aumentarlos: fases de crecimiento y fases de secado que no dejan de ir y venir.
Así que sí, la gran paradoja española con las lluvias y los incendios es esta: pase lo que pase, en los próximos años, siempre vamos a tener problemas con los incendios.
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