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Hace un siglo Dinamarca construyó una isla para defender su capital. Ahora está llena de turistas y se vende por diez millones
El mundo ha arrancado 2026 pendiente de una isla vinculada al Reino de Dinamarca, pero Groenlandia no es la única ínsula dependiente de Copenhague que acapara titulares. En el estrecho de Øresund hay una pequeña isla danesa que en las últimas semanas también ha despertado interés por su historia, estatus y (sobre todo) titularidad. Su nombre es Flakfortet y en este caso, a diferencia de Groenlandia, no habría el menor problema en que Donald Trump la controlara. Eso sí, antes necesitaría pasar por caja y desembolsar 10 millones de euros.
El motivo: Flakfortet es en realidad una antigua fortificación militar levantada sobre una isla artificial y en manos privadas que acaba de salir a la venta.
¿Qué ha pasado? Que el mercado inmobiliario danés ha incorporado una pieza poco convencional: un fuerte marítimo levantado sobre una isla artificial. Eso es lo que anuncia en su página Lintrup & Norgart, una firma danesa especializada en bienes raíces que desde hace unas semanas publicita la venta de la fortaleza Flakfortet, situada en el estrecho de Øresund. La propiedad se ofrece por 74,5 millones de coronas danesas, equivalente a unos 10 millones de dólares.
“La isla dispone de instalaciones modernas y estructuras históricas y recibe la visita de miles de personas cada año”, destaca la agencia. El anuncio ha llamado la atención de medios como el diario alemán Bild, el medio especializado Yacht o la cadena pública danesa TV2, que precisa que el complejo alcanza los 30.000 metros cuadrados (m2) y hay alrededor de 10.000 construidos. Entre sus instalaciones, la isla incluye un amplio puerto deportivo y un helipuerto.


¿Pero qué es Flakfortet? Un vestigio de la Primera Guerra Mundial. Y un enorme y pintoresco recordatorio del convulso arranque del siglo XX. Flakfortet es una fortaleza marítima erigida a su vez sobre Saltholmrev, una isla artificial construida con toneladas y toneladas de piedra, hormigón y arena en el estrecho de Saltholm. De hecho se sitúa entre la isla de Saltholm y Copenhague.
Flakfortet no fue fruto de un capricho ni la megalomanía. Se impulsó a principios del siglo XX, tras el Acuerdo de Defensa de 1909 con el que se intentó mejorar las fortificaciones (terrestres y marítimas) que protegen Copenhague de los ataques enemigos. Para ser más exactos sus obras se desarrollaron entre 1910 y 1916.
¿Y para qué se utilizó? La idea era blindar la vecina Copenhague por vía marítima. De ahí que Flakfortet se proyectase como un auténtico fortín, capaz de acoger alrededor de medio millar de soldados y equipado con potentes cañones. Danmarks Nationalleksikon recuerda que en su día estuvo dotado con obuses, media docena de cañones y artillería antiaérea. Sin embargo su rol durante las dos grandes conflagraciones del siglo pasado fue más bien modesto.
De hecho el estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914, con el proyecto todavía sin completar, frustró los planes de dotarlo de modernos obuses. En los años 40 estuvo ocupado por la Wehrmacht y en los 50 volvió a manos danesas, aunque sin demasiado éxito. A finales de esa misma década cerró como fuerte naval antiaéreo y durante parte de los 60 acogió al Escuadrón HAWK 541 de la Fuerza Aérea Danesa. Con el tiempo acabó alquilándose a la Unión de Vela de Copenhague y acabó reconvertido, ya en los 70, en puerto deportivo.
¿Y en las últimas décadas? Su pasado militar ha quedado atrás. Después de que el ejército danés decidiese abandonar el fuerte las armas se desmantelaron y las casamatas se abandonaron. A medida que avanzaba el siglo XX los soldados dieron paso a marineros que llegaban a bordo de veleros, turistas y amantes de la historia fascinados por el pasado de la fortificación. El siguiente gran capítulo de su crónica se escribió en 2021, cuando Dinamarca vendió la isla a Malmökranen AB, una empresa sueca que la adquirió por alrededor de 400.000 euros.
Quizás no parezca mucho dinero, pero la compañía tuvo que invertir bastante más para remodelar las instalaciones y modernizar sus servicios, lo que incluye un restaurante, una planta desalinizadora que surte a la isla de agua potable y generadores. Esas mejoras, sumadas a un servicio de ferry que comunicó la isla con Copenhague y el interés que despierta el pasado militar del fuerte, explica que Flakfortet atraiga hasta 50.000 visitantes en temporada alta.
¿Buen negocio, no? Si le preguntamos a Malmökranen ahora mismo el negocio parece pasar más por la venta de la isla que por su gestión directa. Y no es algo nuevo. En 2015 el complejo ya buscó comprador sin demasiado éxito. Más de una década después sus dueños han decidido intentarlo de nuevo, pidiendo incluso más dinero por unas instalaciones que disponen de puerto y helipuerto.
La agencia encargada de la venta espera que la isla atraiga el interés de firmas especializadas en inversiones o millonarios en busca de una propiedad “apartada y tranquila”. Tampoco descartan que el propio Estado danés decida recuperar Flakfortet por considerarla “una infraestructura crítica” y su ubicación.
Si finalmente es un particular quien se hace con sus riendas deberá tener presente que no puede hacer lo que quiera con el antiguo fortín: desde 2002 está considerado un monumento histórico, con lo que cualquiera obra de calado debe tener el OK de Patrimonio. La isla debe mantenerse además abierta al público.
Imágenes | Wikipedia y Google Earth
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no a todo el uso militar
La carrera por dominar la inteligencia artificial se ha ido estrechando hasta dejar a un puñado de actores capaces de competir al más alto nivel. Anthropic forma parte de ese grupo reducido junto a nombres como OpenAI o Google, y sus modelos Claude han ganado terreno en ámbitos como la programación. En ese gran momento, sin embargo, la compañía se enfrenta a una decisión delicada: mantener ciertos límites en el uso militar de su tecnología, aun a costa de tensar su relación con el Departamento de Defensa de Estados Unidos.
El estándar que lo cambia todo. Según Axios, citando a un alto funcionario de la administración, el Pentágono está presionando a cuatro laboratorios punteros de IA para que permitan el uso de sus modelos para “todos los fines lícitos”, incluso en áreas especialmente sensibles como el desarrollo de armas, la recopilación de inteligencia o las operaciones en el campo de batalla. Anthropic, sin embargo, no habría aceptado esas condiciones tras meses de negociaciones difíciles, lo que ha llevado al Departamento de Defensa a plantearse revisar su relación con la compañía.
Las líneas que no quiere cruzar. Frente a esa exigencia amplia, los liderados por Dario Amodei han dejado claro que mantienen límites concretos. La compañía insiste en que dos ámbitos siguen fuera de discusión. Un portavoz afirmó al mencionado medio que la empresa sigue “comprometida a utilizar IA de vanguardia en apoyo de la seguridad nacional de EEUU”, pero matizó que las conversaciones con el Departamento de Defensa se han centrado en “nuestros límites estrictos en torno a las armas totalmente autónomas y la vigilancia doméstica masiva”, y que esas cuestiones no se “relacionan con las operaciones actuales”.
El episodio que terminó de elevar la tensión. The Wall Street Journal aseguró, citando a personas con conocimiento del tema, que Claude se utilizó la una operación militar de EEUU en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro a través de la relación con Palantir. En ese mismo texto, desde la compañía de IA respondieron que no pueden hacer comentarios sobre si su tecnología se utilizó en una operación militar específica, clasificada o no. Y añadió que cualquier uso, ya sea en el sector privado o en el Gobierno, debe cumplir sus políticas de uso.
Lo que está en juego. Más allá de ese episodio, Axios informó de que desde el ámbito militar estadounidense “todo está sobre la mesa”, incluida la posibilidad de reducir o incluso romper la relación con Anthropic. El mismo alto funcionario citado por el medio añadió que, si se opta por ese camino, tendría que haber “una sustitución ordenada”, lo que sugiere que el proceso demandaría cierta cantidad de tiempo. WSJ aporta otro dato interesante: el año pasado se firmó un contrato de 200 millones de dólares entre Anthropic y el Departamento de Defensa.
El fondo de la disputa. En un momento en el que las compañías de IA buscan consolidar ingresos, justificar valoraciones y demostrar utilidad en entornos críticos, la relación con el sector de defensa es un escaparate y una fuente de negocio de primer orden. Al mismo tiempo, también es un terreno donde los límites éticos y estratégicos se vuelven más visibles. La decisión de Anthropic de mantener ciertas restricciones puede reforzar su identidad como empresa orientada a la seguridad, pero también limitar su acceso a contratos millonarios.
Imágenes | Anthropic | Oleg Ivanov
En Xataka | Los centros de datos en el espacio prometen salvar el planeta. Y también arruinar la órbita terrestre
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la NASA acaba de clasificar el incidente de 2024 en su nivel más alto
Cuando la NASA puso en marcha el programa Commercial Crew, lo hizo con una idea clara: asociarse con empresas privadas que diseñaran y operaran sus propias naves bajo contratos de precio fijo. Boeing y SpaceX forman parte de ese esquema desde su origen, con el objetivo de garantizar acceso tripulado regular a la órbita baja. El vuelo de prueba tripulado del Starliner en junio de 2024 debía completar el proceso de validación técnica de la cápsula de Boeing antes de su certificación, pero las anomalías detectadas durante la misión alteraron por completo el plan inicial. Ahora, al clasificar oficialmente ese ensayo como un “Incidente Tipo A”, NASA sitúa lo ocurrido en el nivel más alto de su escala de incidentes y reconoce que la magnitud del episodio va más allá de un simple contratiempo técnico.
Lo que ocurrió en 2024. El 5 de junio de 2024, el CST-100 Starliner despegó rumbo a la Estación Espacial Internacional en su primer vuelo tripulado con los astronautas de la NASA Butch Wilmore y Suni Williams a bordo. La misión estaba prevista inicialmente para durar entre ocho y catorce días como ensayo integral del sistema. Sin embargo, durante la aproximación se detectaron fugas de helio y fallos en los propulsores, y la NASA explicó que se produjo una pérdida de maniobrabilidad mientras la tripulación se acercaba a la estación, aunque se recuperó el control antes del acoplamiento. La estancia terminó extendiéndose hasta 93 días y, tras revisar los datos de vuelo y realizar pruebas en tierra, la agencia espacial decidió que el vehículo regresara en septiembre de 2024 sin los astronautas, que finalmente volvieron a la Tierra en marzo de 2025 a bordo de la misión Crew-9 de SpaceX.
Un informe demoledor. El equipo independiente de investigación, constituido en febrero de 2025, examinó los factores técnicos, organizativos y culturales que contribuyeron a los problemas del vuelo de prueba. Según sus conclusiones, existió una combinación de fallos de hardware, vacíos en los procesos de cualificación, errores de liderazgo y disfunciones culturales que generaron condiciones de riesgo incompatibles con los estándares de seguridad del programa de vuelos tripulados de la agencia. La NASA ha indicado que acepta este documento como informe final y que el trabajo para identificar la causa raíz técnica continúa.
Qué significa “Type A mishap” (Incidente Tipo A). La NASA utiliza esta categoría como el nivel más alto dentro de su sistema de incidentes. Recordemos que esta definición incluye supuestos como daños superiores a 2 millones de dólares, la pérdida de control o destrucción de un vehículo o la pérdida de vidas humanas. En el caso del vuelo del Starliner no hubo heridos y, según la agencia, la misión recuperó el control antes del acoplamiento, pero sí se produjo una pérdida de maniobrabilidad durante la aproximación y daños financieros asociados. La designación reconoce que existió potencial para un percance de gran magnitud y que las condiciones generadas no pueden despacharse como un simple desajuste técnico.

SpaceX Dragon 2
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, fue explícito al abordar la dimensión cultural del problema. “Es la toma de decisiones y el liderazgo lo que, si no se controlan, podría crear una cultura incompatible con los vuelos espaciales tripulados”, declaró en la rueda de prensa. El responsable de la agencia sostuvo que la clasificación como “Type A mishap” busca “poner las cosas en claro” y garantizar que lo ocurrido quede registrado de forma adecuada para el aprendizaje futuro. También admitió que permitir que el propio programa se auto-investigara inicialmente fue “incompatible con la cultura de seguridad de la NASA”, una práctica que, según explicó, se ha decidido corregir.
La respuesta de Boeing. En un comunicado difundido tras la publicación del informe, la compañía afirmó que sigue “comprometidos con la visión de la NASA de tener dos proveedores de tripulación comercial” y agradeció a la agencia la investigación. Boeing sostiene que en los 18 meses transcurridos desde el vuelo de prueba ha avanzado en acciones correctivas para abordar los desafíos técnicos detectados y ha impulsado cambios culturales dentro del equipo.
Imágenes | NASA
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la división entra en una nueva etapa
Un viernes por la noche solemos estar pendientes de otras cosas, no de un movimiento que reconfigure el liderazgo de Xbox. Sin embargo, eso es lo que nos hemos encontrado: la retirada de Phil Spencer, la dimisión de Sarah Bond como presidenta de Xbox y un nuevo nombre al frente de Microsoft Gaming. La información, publicada por IGN, apunta a un relevo que pocos anticipaban públicamente. Y cuando hablamos de las dos caras más visibles de la división en la última década, no hablamos de un simple ajuste interno, sino de un punto de inflexión.
En detalle. Phil Spencer dejará su cargo como CEO de Microsoft Gaming el lunes 23 de febrero de 2026, según fuentes familiarizadas con el asunto citadas por el mencionado medio. En el correo enviado al personal, el propio Spencer explica que la conversación comenzó meses atrás: “El otoño pasado, le dije a Satya que estaba pensando en dar un paso atrás y comenzar el siguiente capítulo de mi vida”. La transición, sostiene, se diseñó con antelación. En paralelo, como decimos, Sarah Bond ha presentado su dimisión como presidenta de Xbox. No se ha planteado como una sucesión natural ni como un relevo escalonado, sino como una salida que coincide con la retirada de Spencer.
La nueva jefa. El nombre que toma el timón es Asha Sharma, hasta ahora presidenta de CoreAI, el área centrada en producto e inteligencia artificial dentro de Microsoft. Como muestra su perfil de LinkedIn, se incorporó a la compañía en 2024 y anteriormente fue VP of Product and Engineering en Meta y COO de Instacart, además de formar parte del consejo de The Home Depot. Su perfil viene del ámbito de producto y plataformas a gran escala, más que de una trayectoria pública vinculada a la gestión histórica de Xbox.
El rediseño no se queda en la dirección ejecutiva. Matt Booty, hasta ahora responsable de Xbox Game Studios, asciende a Chief Content Officer y trabajará estrechamente con Sharma. No es un cambio menor: pasa a desempeñar un papel central en la estrategia de contenidos en un momento en el que la cartera de estudios y franquicias es uno de los activos más visibles de la división.
Tres compromisos. En su primer mensaje al equipo, Sharma estructura su hoja de ruta en tres ejes claros. El primero es directo: “Primero, grandes juegos. Todo comienza aquí”. Habla de personajes inolvidables, historias que nos hagan sentir y excelencia creativa, y promete empoderar a los estudios, invertir en franquicias icónicas y respaldar nuevas ideas. En ese marco encuadra la promoción de Booty, a quien define como alguien que entiende “el oficio y los desafíos de construir grandes juegos”.
El segundo eje pasa por lo que denomina “el regreso de Xbox”, con una reafirmación explícita del papel de la consola en la identidad de la marca tras 25 años. El tercero mira al “futuro del juego”, con nuevos modelos de negocio y herramientas compartidas para desarrolladores y jugadores en un entorno donde el juego vive a través de dispositivos diversos.
Balance y lo que viene. La transición, al menos sobre el papel, se ha diseñado con meses de antelación y con un traspaso ordenado. Spencer seguirá en un rol asesor durante el verano, pero el liderazgo formal cambiará de manos el lunes 23 de febrero de 2026. A partir de ahora, el foco se desplazará hacia la ejecución: cómo se concreta la apuesta por grandes juegos, qué peso real tendrá la consola en la estrategia y cómo se integrará la expansión multiplataforma. El relevo está definido; empieza la etapa que tendremos que medir en hechos.
Imágenes | Xbox
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