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no hay una “epidemia” de ególatras sino de un mal uso de la psicología

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Hace décadas, el término narcisismo rara vez salía de un manual clínico o de una consulta de psiquiatría. Hoy, basta con abrir TikTok para encontrar un ejército de expertos autoproclamados dando consejos sobre cómo identificar a un narcisista basándose en señales tan vagas como una “mirada muerta” mientras se aplican el maquillaje, o advirtiendo sobre la “agresividad pasiva”.

Vivimos en la era del diagnóstico de sofá. “Últimamente ‘ser narcisista’ es una de las palabras más usadas en las redes sociales y entre conversaciones de amistades”, nos confirma en entrevista para Xataka Sandro Espinosa, psicólogo especializado en terapia focalizada en la emoción y trauma. Sin embargo, lo que hoy usamos como un insulto de moda para describir a una “mala persona” o a un “exnovio egoísta”, en realidad dista mucho de su significado clínico original.

Según explica Espinosa, en la psicoterapia clásica, la palabra narcisismo no hace referencia a nada negativo per se. “Se entiende como la valoración que asignamos a nuestra propia imagen”, una especie de autoconcepto que desarrollamos a lo largo de la vida. Virgil Zeigler-Hill, profesor citado por el New York Times, coincide: el término se ha convertido en una “etiqueta general para una amplia gama de comportamientos desagradables o frustrantes”, perdiendo su matiz científico.

La era del “meme” psicológico

El salto de la clínica a la cultura pop ha tenido un precio. Para Sandro Espinosa, la popularización de estos términos ha provocado que se distorsionen hasta perder su connotación psicológica, convirtiéndose en “un meme o una etiqueta moral”.

El fenómeno es tentador. Según explica el psicólogo, utilizamos la etiqueta “narcisista” para definir a “alguien que me ha hecho daño y no supo quererme”. Esto ofrece un alivio inmediato a la supuesta víctima. Sara Pallarés, psicóloga del Instituto Enric Corbera citada por La Vanguardia, advierte que “parece que está de moda” poner este tipo de etiquetas. “Todo el mundo tiene una pareja narcisista, un padre narcisista… Todos lo usan para justificar sus traumas actuales”, señala Pallarés, alertando de que esta postura a menudo esconde una falta de coraje para resolver lo propio.

El peligro de este autodiagnóstico masivo es doble. Por un lado, Espinosa advierte sobre los “falsos positivos”: creer que alguien tiene un trastorno basándose en un vídeo de 60 segundos. Por otro lado, la realidad estadística es tozuda: el Trastorno de la Personalidad Narcisista (TPN) es raro. Según datos recogidos por Mayo Clinic, se estima que afecta solo a entre el 1% y el 2% de la población adulta. Sin embargo, en redes sociales, parecería que estamos rodeados.

Entonces, ¿por qué nos obsesiona tanto etiquetar al otro como un monstruo enfermo? La respuesta, según los expertos, tiene más que ver con nosotros que con ellos. “Ver el mundo en blanco y negro siempre nos va a ofrecer un alivio y una sensación de control”, explica Sandro Espinosa. Al etiquetar al otro como narcisista, convertimos una relación compleja en “una historia simple de un villano y una víctima”.

Esta simplificación tiene una función psicológica muy potente: la inocencia moral total. Espinosa detalla que, si el otro es un “enfermo” o un “monstruo”, entonces “yo no tengo que revisar mis dinámicas relacionales”. Me limpia de culpa y convierte al otro en agresor, permitiéndome “seguir en el mundo sin necesidad de hacer una autocrítica sana”.

La psicóloga Sara Pallarés lanza una pregunta incómoda a quienes se refugian en esta etiqueta: “Oye, ¿y tú qué tienes que ver con esto? ¿Qué responsabilidad tienes?”. Según Pallarés, al culpar exclusivamente al perfil narcisista, la persona pierde la oportunidad de sanar y entender porque acabó en esa situación.

Además, existe un fenómeno de identificación masiva. Espinosa alude al Efecto Forer (el mismo principio que hace que creamos en los horóscopos): cualquier descripción vaga y cargada de emoción sobre ser “víctima de un narcisista” nos atrae porque nos ofrece un relato donde somos moralmente inocentes y merecedores de cuidado.

No es lo mismo ser un “capullo” que tener un trastorno

Es crucial distinguir entre un mal carácter y una patología. Sandro Espinosa ofrece una clave para diferenciarlos: la intensidad, la frecuencia y la duración. “Todos a veces podemos ser egoístas, crueles, inmaduros y no tenemos un trastorno”, aclara.

El psicólogo utiliza una metáfora visual para describir la verdadera estructura del trastorno narcisista: imagina una escultura de vidrio. Por fuera, se ve la imagen grandilocuente, soberbia y carismática. Pero “dentro de esa figura, en el núcleo de la misma, veríamos a un niño que se está tapando los ojos o los oídos con las manos, que está avergonzado, que se siente humillado”. La grandiosidad es solo una máscara compensatoria para tapar un dolor insoportable.

En el reportaje del New York Times desglosan que no todos los narcisistas son iguales. Existen subtipos como el narcisista grandioso (seguro, busca estatus), el narcisista vulnerable (hipersensible, ansioso, defensivo) y el antagonista (competitivo y hostil). 

No obstante, un punto clave es la empatía. Mientras que en redes se dice que carecen de ella, se hace mención al concepto de “empatía tipo Splenda”: una empatía artificial o instrumental. Espinosa coincide y matiza que, en consulta, se debe distinguir si la persona realmente siente el dolor del otro o si usa la empatía de forma instrumental, “al servicio de su necesidad de ser deseado”.

Además, en Thought Catalog mencionan tácticas específicas como la “inducción de celos”, donde estos perfiles provocan celos deliberadamente para ganar poder y control sobre la pareja. Espinosa añade que, de hecho, las personas con este trastorno suelen ser “muy envidiosas” y que esa envidia nace de una “rabia defensiva”.

Lejos de la demonización, los expertos abogan por humanizar el espectro. “El narcisismo siempre es una dimensión. Todos tenemos rasgos narcisistas”, recuerda Espinosa. Todos necesitamos a veces ser mirados y reconocidos.

Incluso aquellos con el diagnóstico sufren. En un reportaje de Eldiario.es recogen testimonios de personas diagnosticadas que describen la enfermedad como vivir en un mundo ilusorio para protegerse de sentirse “lo peor”. El estigma es tal que muchos ocultan su diagnóstico por miedo a ser vistos como abusadores, cuando a menudo son personas vulnerables que necesitan ayuda para gestionar sus emociones.

Desde el portal médico Mayo Clinic subrayan que detrás de esa máscara de ultra confianza, hay una fragilidad extrema ante la crítica más leve. Espinosa añade que estas personas tienen mucha dificultad para hacer autocrítica real porque, al hacerlo, “rápidamente conectan con sus sentimientos de inferioridad profunda y entonces huyen de ahí”.

La realidad detrás de los dogmas virales

Frente a la narrativa catastrofista de las redes sociales, la ciencia y la experiencia clínica ofrecen una visión mucho más matizada y esperanzadora, desmintiendo la idea de que estamos ante monstruos inmutables o una plaga generacional.

Uno de los mensajes más repetidos y dañinos en internet es que el narcisista “nunca cambia”. Sandro Espinosa es tajante al respecto: “No es cierto. Un trastorno narcisista de la personalidad puede cambiar y tiene capacidad de retorno”. Esta afirmación clínica se ve respaldada por la investigación académica. Un meta-análisis publicado en el Psychological Bulletin, que examinó datos de más de 37.000 participantes, concluyó que el narcisismo disminuye de forma normativa a lo largo de la vida, desde los 8 hasta los 77 años. Es decir, la tendencia natural del ser humano al madurar es volverse menos narcisista.

Tampoco es cierto que estemos viviendo una “epidemia de narcisismo” sin precedentes, alimentada por una supuesta juventud ególatra. A pesar de la alarma social, un estudio masivo citado por Psyche, que analizó a más de 500.000 personas, no encontró evidencia de que los jóvenes de hoy sean más narcisistas que los de generaciones pasadas. De hecho, los datos sugieren que las conductas antisociales han disminuido y las prosociales han aumentado. Sandro Espinosa añade que, si bien las redes sociales y la cultura del like nos ofrecen “parches emocionales” y una mirada validante donde refugiarnos, no son una fábrica que cree el trastorno por sí misma; este tiene raíces mucho más profundas en el temperamento y la crianza.

Al final, la obsesión por diagnosticar al otro nos distrae del verdadero trabajo personal. La sanación no pasa por señalar con el dedo, sino por una mirada mucho más valiente hacia uno mismo y hacia la naturaleza humana.

Para el experto, el verdadero cambio ocurre cuando dejamos de necesitar esa máscara. “No necesito crecer para dejar de ser insuficiente, sino que yo soy suficiente con quien soy”, concluye Espinosa, recordándonos que la meta final, tanto para quienes sufren el trastorno como para quienes conviven con él, es construir una identidad basada en el cariño y no en la defensa constante.

Imagen | Freepik

Xataka | Siempre habíamos pensado que solo los humanos teníamos imaginación. Hasta que descubrimos al mono que “toma café”

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Unitree está haciendo con los robots lo mismo que DJI hizo con los drones: convertirse en algo inevitable

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Hace no mucho nos maravillábamos con lo que eran capaces de hacer los robots cuadrúpedos. Hoy, los robots humanoides acaparan todos los focos y las acrobacias que son capaces de ejecutar dejan por los suelos lo que en su día nos parecía impresionante. Aunque hay varias empresas en la carrera de los robots humanoides, hay una que está liderando esta transformación y está a un paso de hacerse con el dominio global: Unitree Robotics. Su estrategia sigue a pies juntillas lo que otros gigantes como DJI o BYD hicieron anteriormente.

10.000 unidades. Es la cifra clave para entender la ventaja de Unitree en el emergente mercado de los robots humanoides. Tesla y Figure nos han sorprendido al mostrar de lo que son capaces sus robots, pero ninguna ha logrado algo clave: ponerlos a la venta en masa. Según Semianalysis, en las próximas semanas Unitree habrá distribuido 10.000 unidades de sus robots. 

Crecimiento imparable. El imperio de Unitree comenzó con robots cuadrúpedos y no fue hasta 2023 cuando introdujeron su primer humanoide, el Unitree H1. El crecimiento financiero de los últimos años refleja perfectamente esta explosión: en 2022 facturaban 122 millones de yuanes (unos 15,5 millones de euros) y en 2025 facturaron 1.167 millones de yuanes sólo en los primeros nueve meses, casi 150 millones de euros. La combinación de soluciones de alto rendimiento a precios competitivos ha hecho que Unitree sea la primera empresa en empezar a democratizar una tecnología que hasta hace poco era terreno de la ciencia ficción. 

El camino que DJI inició. Lo está haciendo Unitree con la robótica es lo mismo que hizo en su día DJI con los drones. En 2013, lanzaron el DJI Phantom, un producto muy barato e incompleto, pero en aquel momento las alternativas eran drones de juguete o drones profesionales con un coste muy superior, DJI estaba creando el mercado de los drones de consumo. Con cada nueva generación fueron añadiendo funciones y abriendo más submercados, desde investigación,  profesionales de la foto y el vídeo y por supuesto aficionados. 

Integración vertical. Es la estrategia clave de DJI y otros gigantes chinos como BYD. Se trata de controlar al máximo la cadena de suministro, fabricando los componentes críticos de forma que les permite iterar técnicamente mucho más rápido y, a la larga, abaratar los costes drásticamente. Además, DJI se aprovechó del enorme ecosistema de electrónica chino, en el que los precios bajaron muchísimo en poco tiempo. Cuentan en Semianalysis que los GPS pasaron de costar 800 dólares en 2003 a menos de 14 dólares en 2013, los controladores de vuelo costaban 2.000 dólares en 2006 y en 2011 sólo 400 dólares. 

DJI empezó fabricando el componente más caso y complejo, el controlador de vuelo, y BYD hizo lo mismo con las baterías. Así se comieron el mercado, controlando los componentes críticos y creando una estructura de costes inalcanzable para cualquier competidor.

La estrategia de Unitree. La empresa, que por cierto fue fundada por un exempleado de DJI, está siguiendo el camino de DJI en cuanto a que fabrican el componente crítico (el actuador, que es lo que se encarga de mover las extremidades del robot) y han abierto nuevos mercados para la robótica. Primero perfeccionaron y abarataron los cuadrúpedos, y después dieron el salto a los humanoides. Su primer modelo, el Unitree H1, costaba unos 90.000 dólares, pero hoy el Unitree G1 se puede conseguir por sólo 13.500 dólares. 

Por el camino se han topado con muchos problemas, como el sobrecalentamiento cuando el robot sostenía peso durante unos minutos, pero el hecho de controlar muchas de las piezas clave les ha permitido iterar rápidamente y solventarlo. Dicho de otro modo, puede que no sea el mejor robot, es su capacidad para mejorarlo la que no tiene rival.

El bloqueo del Pentágono. Ayer mismo contábamos que EEUU ha añadido más empresas chinas a su lista negra, entre las que se encuentra Unitree. El motivo que han dado es que consideran que está vinculada directamente con el ejército chino. Estar en esta lista significa que, a partir de ahora, el Pentágono tiene prohibido contratar directamente a estas empresas y a partir del año que viene tampoco podrán hacerlo a través de terceros. Todas las empresas de la lista compiten directamente con otras empresas estadounidenses, por lo que parece haber una intención de frenar sus avances. Quizás lleguen tarde. 

Imagen | Xataka con Magnific

En Xataka | La robótica humanoide es llamativa, pero China tiene claro cuáles son los robots que dan dinero

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mi mayor miedo era que todos se pasaran a los eléctricos. Me siento muy solo

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Que Akio Toyoda presida una compañía con la que prácticamente comparte nombre no es una casualidad. El presidente de Toyota es el nieto de Sakichi Toyoda, fundador de una  Toyoda Automatic Loom Works, una empresa de telares fabricados a máquina. Esa compañía abrió en los años 30 del siglo pasado su división de coches con Kiichiro Toyoda al frente. El hijo mayor levantó un imperio que ahora preside Akio Toyoda. 

No es casual tampoco que Akio Toyoda haya mamado la pasión por el automóvil desde niño. Y eso, ahora, define por completo su posición al frente de la compañía. 

“Me siento muy solo”. “Soy el único que lo hace. Me siento muy solo”. Esas son las palabras que Akio Toyoda ha respondido a Auto Express, un medio inglés que ha podido mantener una conversación con el presidente de Toyota en relación a los pasos que está dando la compañía. 

De lo que habla Akio Toyoda es de su defensa del motor de combustión. “Hace tres o cuatro años, era el único que decía que le encanta su olor, que le encanta su sonido, que le encantan los motores y que quería mantener los empleos de los proveedores de motores”. Toyoda asegura que se siente muy solo en esta defensa. 

El mayor miedo. Preguntado sobre cuál es su peor temor en la industria del automóvil, Toyoda lo tiene claro: “que todo el mundo se estuviera pasando al coche eléctrico, era mi mayor miedo”. Y el motivo, asegura, no tiene nada que ver con llegar tarde a la tecnología o que el camino tomado por Toyota no fuera el correcto

“Si solo busco cuadrar las cuentas y conseguir rentabilidad o si solo busco la neutralidad de carbono… eso no es interesante”, ha defendido Toyoda. “Si alguien me dice, ‘eh, habéis llegado demasiado tarde, deberíais haber saltado antes al eléctrico’, bueno, somos personas que aman los coches y esas personas, incluso yo mismo, tienen que pelear dentro de las empresas“, ha recalcado. 

El eléctrico de Toyota. La relación de Toyota con el coche eléctrico está siendo poco menos que tumultuosa. Los dirigentes siempre han defendido que el coche eléctrico no será el futuro del automóvil. O, al menos, no será la posición dominante en todos los mercados, lo que ha marcado su línea de negocio hasta ahora. 

Y es que el Toyota Bz4X era hasta hace muy poco el único coche de la compañía. Llegó, además, con problemas de fabricación y un precio demasiado alto que enterró sus posibilidades en el mercado. Con una actualización, la compañía ha conseguido disparar sus ventas y el Toyota C-HR eléctrico también busca dar un buen impulso a esta parte de su tecnología. 

Además, la empresa ha ido anunciando nuevos lanzamientos para los próximos años y tiene una hoja de ruta claramente marcada para la producción de baterías de estado sólido. Decisiones que parecen ir en contra de lo dicho por su propio presidente y que explican esas declaraciones en las que dice que el mismo tiene que luchar dentro de su compañía. 

A cada mercado, lo suyo. La decisión de Toyota tiene que ver mucho con la practicidad. Cuando la Unión Europea anunció una hoja de ruta para prohibir los motores de combustión, buena parte de sus fabricantes se lanzaron a los brazos del coche eléctrico y anunciaron que paraban el desarrollo de estos motores

Toyota, al contrario, siguió apostando por los híbridos, consciente de que seguirían siendo muy importantes en el futuro. El tiempo les ha dado la razón en parte porque la Unión Europea ha abierto ligeramente la mano pero, sobre todo, porque nuestro mercado es una parte muy pequeña de las ventas mundiales de automóviles. 

Para Toyota, Estados Unidos sigue siendo un mercado gigantesco donde el año pasado vendió 2,5 millones de coches. Es el mismo mercado que ha paralizado la promoción del coche eléctrico. Solo en Japón vende los mismos coches que en toda Europa. Y en China, aunque ha intentado ir por libre, sigue teniendo la obligación de asociarse con una marca local por lo que el rendimiento de los eléctricos allí lanzados es menor.

Una alternativa. Toyota defiende que el coche eléctrico no pasará de un 30% de cuota de mercado. No sabemos si Akio Toyoda ha cambiado su percepción desde que hiciera esa declaración pero siempre ha dejado claro que las baterías de estado sólido son las que de verdad pueden cambiar el juego. Hasta entonces, y como otras marcas japonesas, Toyota sigue investigando nuevas alternativas.

De ellas, el hidrógeno aseguran que es la más interesante. De momento, su Toyota Mirai (el coche de pila de combustible) sigue siendo excepcional en Europa y en Estados Unidos se enfrenta a demandas por publicidad engañosa. El alto coste para trasladar el hidrógeno con seguridad hasta una estación de servicio y, antes, producirlo encarecen demasiado el producto que sigue sin tener ventajas claras. 

Pero Toyota ha encontrado otro camino a seguir estudiando: quemar hidrógeno. Esto, aseguran, permite hacer funcionar un motor de combustión sin expulsar CO2 (aunque sí otras sustancias contaminantes como NOx) y a su vez mantener el sonido y las sensaciones propias de este tipo de propulsores. Aunque es todavía menos eficiente que la pila de hidrógeno, eso parece darle igual a Toyoda. 

Una defensa. Y llegados a este punto, voy a hacer una defensa de Akio Toyoda. El presidente de Toyota, una compañía que inventó una nueva forma de trabajar y que perfeccionó al máximo el just in time y con ellos sus ganancias, tiene razón a la hora de defender que no todo se debe hacer pensando en la rentabilidad. 

Toyota se ha convertido en una de las pocas marcas que sigue lanzando coches puramente pasionales sin ningún objetivo concreto. No hay un coche como el Toyota GR Yaris en el mercado, hace años aprovecharon su colaboración con Subaru para lanzar el Toyota GT86 (luego GR86) e invirtieron junto a BMW para lanzar el nuevo Toyota Supra. En los últimos meses hemos conocido que lanzan un nuevo y espectacular coche de carreras adaptado para la calle, el Toyota GR GT. Hace unos días presentaron una edición especial radicalmente deportiva del Toyota Corolla que no llegará a Europa. 

Todos estos lanzamientos no producen un impacto directo en las cuentas de la compañía pero sí generan afición entre los clientes potenciales. Son vehículos halo que dan valor a la compañía en sí misma. Stellantis, con Carlos Tavares al frente, ha demostrado que pensar únicamente en las cuentas a final de mes induce a cometer errores como los motores PureTech por ahorrar unos euros y diluye el estatus de marcas como Maserati, Lancia o Alfa Romeo. Compañías cuya supervivencia pasan por un carácter propio y diferencial pero que sin producto alternativo a todo lo que ya se hace en el mercado, pierden valor.

Hay que mirar las cuentas, sí, porque eso es lo que da de comer. Pero, por suerte, el coche sigue teniendo un componente pasional al que Akio Toyoda no está dispuesto a renunciar. Y eso, a largo plazo, también da de comer.

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En Xataka | “No sobreviviremos”: Toyota quiere meter el turbo para igualar el ritmo de las marcas chinas

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tienen cinco días para abrirse a los rivales

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Si hay algo que no gusta nada a la Comisión Europea es que las empresas tecnológicas usen su poder para crear monopolios. Lleva años combatiendo activamente estas prácticas con persecuciones y multas históricas. El objetivo es favorecer la competencia y cuando Meta introdujo su chatbot de IA en WhatsApp, se colocó bajo la lupa de la Comisión. Ahora, han tomado una decisión histórica: ordenar a Meta que abra WhatsApp a cualquier chatbot rival.

Y eso abre la puerta, por ejemplo a que un Mistral o un ChatGPT puedan colarse en WhatsApp.

En corto. Este martes 9 de junio, la Comisión Europea ordenó al gigante estadounidense a restaurar el acceso gratuito a WhatsApp para asistentes de IA de la competencia. Se trata de revertir una situación que Meta ha ido haciendo más y más complicada para la competencia desde octubre de 2025. 

Hoy, requerimos que Meta restablezca el acceso a WhatsApp para los asistentes de IA de la competencia mientras investigamos si las restricciones pueden infringir las reglas de competencia de la UE – Teresa Ribera, de la Comisión Europea

Antes, otras empresas tenían acceso a la API de WhatsApp, pero Meta cambió sus condiciones para bloquear los servicios de IA rivales en la plataforma, algo que se empezó a aplicar el 15 de enero de este año. Había llegado su propio chatbot de IA y no querían que nadie le pisara lo fregado. 

La Comisión no empezó a investigar esto de la nada, sino a raíz de las quejas de varias empresas de asistentes de IA que denunciaban que Meta estaba aprovechando su posición de poder y dominio de las plataformas de mensajería para ‘colar’ a todos un único chatbot: el suyo.

Histórico. Meta tiene cinco días hábiles para restaurar ese acceso a los rivales y, casi tan importante como la medida de cara al usuario (que podrá elegir qué sistema de IA usa en WhatsApp), es la forma en la que se ha tomado. Porque supone la primera medida cautelar antimonopolio que la Unión Europea establece desde 2019 debido a que la investigación, realmente, no ha terminado.

La comisaria de competencia de la Unión Europea, Teresa Ribera, apuntó que esta orden cautelar es necesaria para que la competencia entre empresas sea justa en estos mercados en rápida evolución. Asegura que, de no tomarse una medida así, los daños serían “casi imposibles de reparar” y asegura que siguen revisando si las restricciones que Meta aplicó pueden vulnerar las leyes de competencia de la UE… o no. Es decir, la Comisión Europea lleva seis meses investigando este caso y no han terminado, pero ya han tomado la decisión de ordenar a WhatsApp que abra su API.

Respuesta de Meta. No sólo la Comisión Europea entró al trapo: Meta ya estaba siendo investigada por el mismo motivo por parte de la autoridad de competencia de Italia. Desde entonces, la compañía ha realizado algunas acciones para evitar que llegara una orden como esta, ofreciendo acceso a sus rivales mediante el pago de una tarifa y, hace apenas unas semanas, ofreciendo acceso gratuito a la API hasta cierto umbral para, cuando lo superaban, empezar a cargar por su uso.

Ni los denunciantes ni la Comisión aceptaron esas medidas porque consideraban que, en la práctica, era exactamente lo mismo que ya estaba aplicando Meta: no era un acceso libre, sino que, además, había que pagar por integrarse en la plataforma.

“Esto permitirá acceso gratuito a OpenAI y a algunas de las empresas más grandes del mundo. Es una extralimitación regulatoria subvencionada por las muchas empresas europeas que pagan” – Portavoz de Meta

Evidentemente, a Meta no le está haciendo ni pizca de gracia esta situación, apuntando que la UE está utilizando su poder para permitir que algunas de las empresas más grandes del mundo usen su producto WhatsApp Business (de pago) de forma gratuita. Afirman que Europa está siguiendo el juego a OpenAI. Los denunciantes, como The Interaction Company, sí parecen satisfechos.

Ahora… qué. Pues hay tres opciones. O Meta cede y abre su API para que cualquiera pueda entrar en WhatsApp como chat de IA (como cuando Google en su navegador nos pregunta qué buscador queremos usar por defecto en lugar de asumir que queremos el suyo, vaya) o paga una multa. Esa multa no es pequeña: hasta el 10% de su facturación anual global si no cumple con esas medidas provisionales.

La tercera opción es que Meta recurra la orden cautelar ante los tribunales de la Unión Europea. 

Lo de Apple. Como decimos, la decisión de la Comisión Europea es histórica porque es una medida cautelar mientras aseguran que deben seguir estudiando el caso. Dan sólo cinco días a Meta para que abra sus herramientas y que la competencia se les ‘cuele’ en casa y luego a esperar para ver si se ratifica la decisión o si la Comisión da marcha atrás. 

De la manera que sea, es algo que llega justo cuando Apple ha vuelto a elevar el tono contra Europa tras la presentación de la nueva Siri AI al anunciar que muchas de sus funciones no estarán disponibles en iPadOS 27 y en iOS 27 debido a las políticas antimonopolísticas de la UE. Pero, al igual que ocurre con Meta, no es una pelea por la privacidad (como quiere vender Apple), sino una por el control de su plataforma y su producto para que no haya competencia y nadie más pueda jugar.

En Xataka | No, Meta AI de WhatsApp no se puede desactivar, pero así puedes hacer que moleste lo mínimo

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