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La NASA acaba de superar un hito con el X-59. Lo que viene después apunta a cambiar la aviación comercial
La aviación comercial lleva décadas persiguiendo una promesa difícil: volar más rápido que el sonido sin convertir ese avance en un problema para quienes están en tierra. El obstáculo no es solo la velocidad, sino las ondas de choque que genera un avión supersónico y que pueden percibirse como un estampido sónico. El X-59 nace para poner a prueba una alternativa: alcanzar esas velocidades con una firma acústica que NASA espera que sea mucho más discreta. NASA no está hablando todavía de rutas comerciales, pero sí de un paso pensado para abordar una de las grandes barreras de este tipo de vuelos.
El avance más reciente llegó el pasado viernes, cuando el X-59 superó por primera vez la velocidad del sonido durante un vuelo de prueba dentro de la misión Quesst. Según la NASA, el piloto Jim “Clue” Less despegó y aterrizó en la base Edwards de la Fuerza Aérea, en California, en una misión de 81 minutos. El avión alcanzó una velocidad máxima aproximada de Mach 1.1, que la agencia sitúa en este vuelo en unos 1.150 km/h, a una altitud de unos 13.200 metros. Fue un hito importante, pero todavía dentro de una fase de ensayos centrada en comprobar sus cualidades de vuelo.
La prueba del vuelo supersónico más discreto entra en su fase decisiva
Lo importante, por tanto, no será solo lo que ocurra dentro del avión, sino lo que se escuche desde abajo. Quesst está concebida para demostrar una tecnología capaz de suavizar ese fenómeno hasta convertirlo en un golpe sonoro más leve. La siguiente parte del plan pasa por volar sobre comunidades estadounidenses y recoger la reacción de las personas expuestas a ese sonido. Después, la agencia compartirá esos resultados con reguladores nacionales e internacionales para que sirvan como base en futuros estándares de ruido basados en datos.
Por eso el primer vuelo supersónico no es un punto de llegada, sino el inicio de una fase más exigente. El siguiente paso llegará en los días posteriores: un primer ensayo en “condiciones de misión”, con una velocidad de crucero de Mach 1.4, que la NASA sitúa en torno a 1.490 km/h, y una altitud de unos 16.800 metros. El dato importa porque esas son las condiciones de base que la agencia contempla para los futuros vuelos sobre zonas habitadas en Estados Unidos. Antes de preguntar a la gente qué ha escuchado, el avión tiene que demostrar que puede operar de forma estable en ese régimen.
Detrás del X-59 no hay solo una forma llamativa ni una apuesta aislada por recuperar el vuelo supersónico. La NASA recuerda que lleva más de siete décadas estudiando este campo, con especial atención al ruido asociado a estos vuelos y a las formas de hacerlo más discreto. La misión Quesst combina simulaciones avanzadas, pruebas en túneles de viento, fotografía schlieren y dinámica de fluidos computacional para anticipar cómo se comporta el aire alrededor del avión. La fase actual tiene que comprobar algo muy concreto: si todo ese diseño funciona en vuelo con un avión supersónico a escala real.


El objetivo final no es que el X-59 acabe transportando pasajeros, sino que sus datos ayuden a abrir una puerta que lleva décadas prácticamente cerrada. La información recopilada será compartida con reguladores nacionales e internacionales para contribuir a nuevos estándares de ruido basados en datos, no solo en la experiencia histórica de los grandes estruendos asociados al vuelo supersónico. La agencia también plantea entregar herramientas de diseño y tecnología para futuros aviones supersónicos más silenciosos. Si el plan funciona, los fabricantes tendrían más confianza para explorar conceptos comerciales capaces de volar rápido sin molestar tanto en tierra.
Como podemos ver, el X-59 ha cruzado una línea importante, pero la misión Quesst todavía tiene por delante sus pruebas más relevantes. Primero deberá acercarse a las condiciones previstas para esos vuelos de prueba sobre zonas habitadas, y después llegará la comprobación que realmente importa para el futuro del programa: saber si ese golpe sonoro resulta aceptable. Ahí se jugará buena parte del valor de los datos de NASA.
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te explico cómo hacerlo, cómo activar tu clave de privacidad y el obstáculo que encontré
Puede que llevemos meses hablando de los nombres de usuario en WhatsApp, pero una cosa es leer sobre una función que está por llegar y otra muy distinta es verla aparecer en nuestra propia cuenta. Este lunes, WhatsApp, de Meta, abrió la reserva de identificadores antes de que puedan usarse de forma general, y lo primero que hice fue intentar apartar el mío. Al principio no pude hacerlo, pero unas horas después la opción ya estaba ahí. Y entonces empezó lo interesante: reservarlo era fácil, elegirlo no tanto.
En el artículo publicado más temprano ya explicamos el alcance de la función: los nombres de usuario no sustituyen al número de teléfono para crear la cuenta, pero sí añaden una forma más privada de iniciar ciertos contactos. Esta vez el enfoque es más práctico: qué me encontré dentro de la aplicación, qué pasos seguí para reservar mi identificador y qué detalle me obligó a cambiar de plan cuando probé con la opción más evidente.
Cómo reservé mi nombre de usuario en WhatsApp
En mi caso, el recorrido empezó desde la pantalla principal de WhatsApp, en la barra inferior de la aplicación. A la derecha de Chats aparece la pestaña Tú, que es donde WhatsApp agrupa el acceso al perfil y a varios ajustes de la cuenta. Desde ahí entré en Cuenta y después en Nombre de usuario, una opción que ya aparecía dentro del menú. Como se ve en las capturas, el camino no está escondido, pero sí exige saber dónde mirar si todavía no hemos recibido un aviso claro dentro de la app.


La siguiente pantalla deja poco margen para la duda sobre el estado de la función. WhatsApp no dice que los nombres de usuario ya puedan usarse sin más, sino que “estarán disponibles pronto” y que, mientras tanto, podemos reservar el nuestro. También resume la promesa de privacidad con una explicación sencilla: el nombre de usuario servirá para mantener oculto el número ante personas que todavía no lo conocen. Ese matiz es relevante para no confundir reserva con disponibilidad completa. Lo que tenemos delante, por ahora, es una forma de apartar un identificador antes del despliegue general.
Al pulsar en Crear nombre de usuario, lo primero que hice fue probar con mi nombre propio. Es una reacción bastante natural cuando una plataforma abre la reserva de identificadores: antes de complicarnos con números, guiones o combinaciones, intentamos quedarnos con la forma más limpia posible. En mi caso, escribí Javier y esperé la validación de WhatsApp. La respuesta no fue exactamente la que esperaba.


El mensaje era bastante concreto: “Este nombre de usuario solo está disponible en WhatsApp Business.” Es decir, no parecía un caso normal de identificador ocupado, sino una disponibilidad condicionada al tipo de cuenta. En la práctica, eso introduce un matiz interesante para quienes intenten reservar nombres muy simples, especialmente nombres propios, porque algunos, aparentemente, pueden quedar fuera de una cuenta personal aunque aparezcan asociados a otra vía. En mi caso no tenía sentido dar el salto a WhatsApp Business.
Después probé con otra opción lógica: mi apellido. Era una alternativa razonable, porque seguía siendo fácil de recordar y encajaba bien con la idea de compartir un identificador personal sin recurrir a una combinación demasiado larga. Esta vez WhatsApp sí mostró un aviso mucho más convencional: “El nombre de usuario no está disponible”. Ahí el problema ya no era el tipo de cuenta, sino la disponibilidad pura y dura, algo esperable en una función que llega a un servicio con una base de usuarios enorme.
En ese punto tocaba decidir si seguía probando combinaciones o si elegía una opción razonable y continuaba con el proceso. Opté por lo segundo. El nombre que terminé reservando no era el más limpio ni el que habría elegido en un mundo ideal, pero cumplía con lo que necesitaba: identificarme con claridad y servir como dato de contacto sin exponer mi número de teléfono. Después de aceptar el identificador, WhatsApp mostró el mensaje que esperaba ver: “Nombre de usuario reservado”.
La reserva no termina del todo en esa pantalla, porque WhatsApp también permite ajustar quién podrá contactarnos mediante el nombre de usuario. En el apartado Contactarme por nombre de usuario encontré dos opciones, y la que venía marcada por defecto era Todos. Es decir, si dejaba la configuración tal cual, cualquier persona que conociera mi identificador podría usarlo para iniciar ese primer contacto. Para una función que se presenta precisamente como una capa de privacidad, creo ese ajuste merece revisarse antes de dar el proceso por cerrado.
La otra opción disponible era Personas que conocen mi clave. Al seleccionarla, WhatsApp genera una clave que funciona como segundo filtro para ese primer contacto por nombre de usuario. La idea es sencilla: no basta con que alguien conozca nuestro identificador, también tendría que conocer esa clave para poder iniciar la conversación por esa vía.


Aquí hay un detalle importante que conviene no pasar por alto. En mi experiencia, no basta con entrar en Personas que conocen mi clave y ver la clave que genera WhatsApp. Si después volvemos atrás o cerramos la aplicación sin más, el ajuste no queda aplicado y la configuración sigue en Todos. Para que realmente funcione ese filtro adicional hay que pulsar en Guardar clave. Solo entonces la clave queda registrada y puede consultarse más adelante desde el mismo apartado.
Dicho esto, hay que tener en cuenta que hablamos de un despliegue gradual. Si entras en WhatsApp, sigues la misma ruta y todavía no aparece Nombre de usuario, no significa que estés haciendo algo mal ni que tu cuenta tenga ningún problema. En mi caso, la opción no estaba disponible al conocer la noticia y apareció unas horas después. Lo más recomendable es mantener la aplicación actualizada en iOS o Android y volver a comprobarlo más adelante, porque WhatsApp irá activando la reserva de forma progresiva.
También conviene recordar que no todos los nombres entran en esta reserva en las mismas condiciones. Meta ha explicado que pequeñas empresas y organizaciones podrán reclamar nombres existentes en Instagram o Facebook, algo que tiene sentido dentro de su propio ecosistema, porque ambas redes forman parte de la misma compañía que WhatsApp. La empresa también ha reservado nombres de figuras públicas para evitar apropiaciones oportunistas.
Mi experiencia, en resumen, fue bastante sencilla, pero no tan automática como esperaba. Reservar el nombre de usuario apenas lleva unos minutos cuando la opción aparece en la cuenta, aunque conviene asumir que la primera elección quizá no estará disponible o no podrá reservarse desde una cuenta personal. El segundo punto está en la privacidad: si queremos limitar quién puede contactarnos por esta vía, hay que activar la clave y guardarla correctamente.
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Sello discográfico de Bad Bunny regala un boleto de 4 mil dólares a jueza de la Corte Suprema de EU
EFE.- La jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos Sonia Sotomayor reveló en su declaración financiera anual, publicada este lunes, que recibió entradas valoradas en 4 mil 333 dólares para un concierto del cantante puertorriqueño Bad Bunny, un obsequio del sello discográfico Rimas Entertainment.
Aunque la declaración, divulgada por el poder judicial, no identifica directamente al artista ni el espectáculo, señala que la magistrada recibió boletos para conciertos organizados por el sello musical de Bad Bunny y, de acuerdo con el medio estadounidense Político, un viaje privado de Sotomayor a Puerto Rico en agosto pasado coincide con las fechas de los conciertos.
Las declaraciones financieras de los magistrados permiten conocer los ingresos, regalos y reembolsos recibidos fuera de sus funciones judiciales y se publican en un contexto de creciente escrutinio sobre las normas éticas que rigen al máximo tribunal de Estados Unidos.
Este mismo lunes, Sotomayor denunció la decisión de la Corte Suprema de ampliar el poder de destitución del presidente Donald Trump sobre los líderes de las agencias federales, calificándola de fallo “profundamente desestabilizador” que desataría el caos en la gobernabilidad.
Al leer su voto particular desde el estrado el lunes, Sotomayor criticó a los seis jueces conservadores por su adhesión a una “teoría ejecutiva unitaria“, que, según ella, se produjo a expensas de las leyes, la historia y los precedentes que establecen la independencia entre ciertas agencias federales.
Sotomayor, de ascendencia puertorriqueña y nacida en el distrito neoyorquino del Bronx, fue nominada al Tribunal Supremo por el expresidente Barack Obama en 2009, convirtiéndose en la primera jueza latina en integrar el máximo tribunal estadounidense.
Durante el segundo mandato de Trump, Sotomayor se ha consolidado como una de las principales voces disidentes del ala liberal del Supremo, al oponerse a fallos que ampliaron los poderes presidenciales, restringieron la capacidad de los jueces federales para bloquear medidas del Ejecutivo y facilitaron la destitución de funcionarios de agencias independientes.
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Apple tiene un plan para su problema de memoria. El único problema es que pasa por una empresa en la lista negra de EEUU, según FT
La tormenta perfecta azota el mercado de la memoria y sacude a la electrónica de consumo como pocas veces habíamos visto. Este tramo del año se ha convertido en un mal momento para actualizar el ordenador, comprar una consola o incluso ampliar la RAM de un sobremesa gaming con un módulo nuevo. Los efectos también alcanzan a unidades de almacenamiento y otros componentes que hasta hace no tanto parecían más o menos previsibles. Mirando hacia atrás, aquel problema con las tarjetas gráficas durante el auge de la minería de criptomonedas empieza a parecer, para muchos usuarios, casi pequeño al lado de lo que estamos viendo ahora.
Durante meses, algunos grandes fabricantes han intentado ganar tiempo con una herramienta que el usuario no ve: inventario. Lenovo es un buen ejemplo. Según declaraciones de su director financiero, Winston Cheng, recogidas por Bloomberg TV y citadas después por varios medios, la compañía llegó a tener existencias de memoria y otros componentes críticos alrededor de un 50% por encima de lo habitual para amortiguar el golpe de la escasez y de las subidas de precios. Esa clase de colchón ayuda a resistir mejor que otros, pero también tiene un límite cuando el mercado sigue apretando.
La memoria se ha convertido en un problema de Apple, de precios y de geopolítica
Y ahí es donde entra Apple. No hablamos de una compañía pequeña atrapada por una subida puntual de costes, sino de una de las empresas con más poder de negociación de toda la industria tecnológica. Su cadena de suministro lleva años funcionando con una precisión extraordinaria, apoyada en acuerdos enormes, proveedores globales y una capacidad de compra que muy pocos pueden igualar. Precisamente por eso resulta tan significativo que, según Financial Times, Apple también estaría buscando nuevas vías para aliviar la presión de la memoria.
La vía que ha salido a la luz es especialmente delicada. Según el periódico económico británico, Apple está presionando a la Administración Trump para conseguir autorización, o al menos una señal favorable, que le permita comprar chips de memoria a CXMT, un fabricante chino señalado por el Pentágono por sus supuestos vínculos con el Ejército Popular de Liberación. El medio añade que la compañía se acercó al Departamento de Comercio hace más de un mes y que también ha buscado apoyos en otros puntos de Washington. El objetivo sería aliviar la presión financiera provocada por el encarecimiento de la memoria.
Si llevas tiempo siguiendo a Apple, probablemente ya lo sepas: este tipo de movimientos casi nunca se hacen públicos. La compañía no suele explicar sus operativas internas de compra, ni mucho menos sus conversaciones con proveedores o administraciones. Financial Times atribuye la información a seis personas familiarizadas con el asunto, una base relevante para tomarla en serio, pero no estamos ante una confirmación oficial de Apple, de la Casa Blanca ni del Departamento de Comercio.
Para entender la dimensión del movimiento hay que ubicar bien a CXMT. No estamos hablando de una marca de RAM de consumo que el usuario elige en una tienda, sino de ChangXin Memory Technologies, un fabricante chino de DRAM fundado en 2016. La compañía se presenta como proveedor de chips para móviles, PC, tabletas, servidores y otros equipos, memoria que luego puede acabar integrada en productos terminados. En el caso de Apple, por tanto, el debate no va de una marca visible, sino de quién suministra una pieza interna especialmente sensible.
La búsqueda de alternativas no sale de la nada. No es ningún secreto que la industria de la memoria está muy concentrada en Micron, Samsung y SK Hynix, los proveedores de DRAM en los que se apoya Apple para sus dispositivos. Cuando el mercado está equilibrado, esa dependencia puede gestionarse con contratos, volumen y planificación. Cuando los precios suben con fuerza, en cambio, cada proveedor adicional cuenta. CXMT aparece ahí como una posible vía para sumar capacidad.
La industria de la memoria está muy concentrada en Micron, Samsung y SK Hynix.
Como hemos visto, lo que hay detrás no es solo una subida aislada de precios, sino un cambio de prioridades. La fiebre por la IA ha colocado a la memoria avanzada en el centro del negocio de los centros de datos, especialmente la HBM, necesaria para alimentar aceleradores y servidores de alto rendimiento. Esa demanda ha contribuido a una escasez prolongada de memoria tradicional para electrónica de consumo. Por eso el problema se siente en productos muy distintos: no porque todos usen la misma memoria, sino porque compiten, directa o indirectamente, por una capacidad industrial limitada.
En Apple, esa presión ha terminado llegando al escaparate. La compañía elevó alrededor de un 20% los precios de MacBooks e iPads y atribuyó el movimiento a unos precios de memoria “insostenibles”. El mismo medio sostiene que la decisión tuvo un impacto bursátil inmediato: 263.000 millones de dólares menos de capitalización, la segunda mayor caída diaria de Apple. Conviene leer esas cifras juntas, porque cuentan algo más amplio que una subida concreta: cuando la memoria se dispara, incluso una empresa acostumbrada a proteger sus márgenes empieza a trasladar tensión al producto final.
La expresión “lista negra” ayuda a entender la gravedad del asunto, pero puede llevar a una conclusión demasiado rápida. CXMT está en la lista 1260H del Pentágono por sus presuntos vínculos con el Ejército Popular de Liberación, una etiqueta muy sensible en plena rivalidad tecnológica entre EEUU y China. Sin embargo, según Financial Times, esa designación no impide automáticamente que Apple compre chips a CXMT o a YMTC.
El asunto es lo que ocurriría si EEUU endurece la posición después. El periódico económico británico cuenta que el Departamento de Comercio ya había incluido a CXMT en un paquete de compañías chinas candidatas a entrar en la Entity List, una lista comercial mucho más restrictiva, pero que la Casa Blanca pidió esperar por las negociaciones con Pekín. Ese antecedente explica por qué la compañía querría una señal política antes de moverse. No basta con que una puerta esté abierta hoy si mañana puede cerrarse con Apple dentro.
John Moolenaar, presidente republicano del comité de la Cámara sobre China, dijo al mismo diario que asociarse con una compañía militar china sería “un grave error”. También sostuvo que ayudar al “Partido Comunista Chino” a dominar cadenas de suministro críticas haría a la economía y a la industria tecnológica de EEUU más dependientes de China. La frase resume bien el conflicto: para Apple puede ser una salida de suministro, pero para parte de Washington sería una concesión estratégica.
No sería la primera vez que Apple se encuentra en una posición parecida. En 2022, la compañía ya recibió críticas cuando estudió comprar chips de memoria a YMTC para iPhones destinados al mercado chino. Entonces, Marco Rubio, que era el republicano de mayor rango en el comité de Inteligencia del Senado, dijo al mismo medio que Apple estaba “jugando con fuego”. También advirtió de que la empresa se expondría a un nivel de escrutinio federal inédito si seguía adelante. Aquel episodio funciona ahora como precedente: la memoria china no es un asunto nuevo para Apple, pero el contexto es más tenso.
La paradoja es que todo esto nace de un componente que durante años parecía condenado a pasar desapercibido. La memoria estaba ahí, dentro de los dispositivos, como una parte más de la ficha técnica, hasta que la IA, la escasez, los precios y la rivalidad entre EEUU y China la han convertido en una pieza mucho más visible. Apple busca margen en un mercado cada vez más estrecho, pero la posible salida también tiene un precio estratégico. Y eso resume bien el momento: incluso los componentes más silenciosos pueden acabar en el centro de una disputa global.
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En Xataka | Creíamos que habíamos pasado lo peor de la crisis de las memorias. Estábamos totalmente equivocados
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