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La sociedad no va a tolerar que solo unas pocas empresas hagan todo el aprendizaje

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Que últimamente no están las cosas muy allá en la industria tech es una realidad (según en qué lado estés, claro). La economía en torno a la exacerbada demanda de los centros de datos de IA se ha desvirtualizado tanto que ya no sorprende que una gran tecnológica se haya gastado decenas de miles de millones de dólares en otro gran acuerdo. Y como consecuencia de ello, la escasez de componentes está haciendo cada vez más complicada la compra de productos tecnológicos por parte del consumidor.

Así que sí, se podría decir que las cosas no están muy allá. Pero también hay algo de comedia en que Satya Nadella, CEO de Microsoft, salga para señalar esto mismo. Y es que la compañía precisamente contribuye en gran medida a la situación que estamos viviendo. En una entrevista para el Wall Street Journal, Nadella advierte que el modelo actual de desarrollo de la IA no es sostenible ni legítimo ante la sociedad.

De qué va esto. Nadella lleva tiempo advirtiendo de que la IA tiene que generar un impacto real para justificar los recursos que consume. Ya lo hizo el pasado mes de enero en el Foro Económico Mundial de Davos, donde alertó de que si los tokens de IA no mejoran resultados tangibles en salud, educación o productividad, se perdería “el permiso social” para seguir destinando energía y dinero a su desarrollo.

Recientemente, en un discurso similar, se ha atrevido a señalar quienes, según él, están concentrando demasiado poder.

Concentración. Para Nadella, un pequeño grupo de empresas (las que construyen los modelos más avanzados, como OpenAI, Anthropic o Google) está acumulando el valor generado por la IA mientras, al mismo tiempo, agita el miedo. Y es que la conversación durante los últimos años ha girado en temas como la pérdida masiva de empleos, los riesgos existenciales sobre su uso y sobre cómo estas empresas exigen recursos casi ilimitados para seguir creciendo.

“No puedes decir que todos los empleos de cuello blanco van a desaparecer, que esto podría ser un arma, y al mismo tiempo usar todo el poder disponible para construir centros de datos”, contaba el ejecutivo al WSJ. La sociedad no va a tolerar que unos pocos modelos y unas pocas empresas “hagan todo el aprendizaje del mundo”, continuaba. “No basta con la narrativa porque ahora tenemos que demostrar con hechos”, insistía al medio.

A quién apunta sin nombrar. Nadella no menciona empresas concretas en la entrevista, pero el contexto lo dice todo. Dario Amodei, CEO de Anthropic (y socio de Microsoft con un acuerdo multimillonario firmado el año pasado) predijo en 2025 que la IA podría eliminar la mitad de los empleos de nivel inicial antes de 2029. Sam Altman, CEO de OpenAI (otro socio histórico de Microsoft, en el que la compañía ha invertido miles de millones) también ha hecho advertencias similares sobre el empleo, aunque recientemente reconoció haberse equivocado en sus predicciones. Ambas compañías han protagonizado tensiones con el Gobierno de los Estados Unidos en torno a la seguridad de sus modelos.

Lo que Microsoft está haciendo. Nadella señala también en la entrevista que Microsoft ha lanzado una serie de modelos de bajo coste para abaratar el acceso a la IA para sus clientes empresariales, y ha presentado Copilot Cowork, un agente de IA autónomo que permite al usuario elegir entre distintos modelos (incluidos los más baratos) según la tarea.

El WSJ señala en su artículo además que la compañía está valorando si alojar en su plataforma una versión de DeepSeek, compañía que hace no mucho puso patas arriba a la industria tecnológica con su modelo R1 (también es una empresa acusada por OpenAI y Anthropic de haber copiado sus modelos).

La visión que propone. Para Nadella, el futuro de la IA pasa por un modelo más distribuido, es decir, empresas que usen sus propios datos, con acceso a una variedad de modelos a distintos precios, sin depender de un puñado de proveedores. Define las compañías del futuro como “sistemas de aprendizaje continuo” que combinan conocimiento humano e IA.

En esta visión de Nadella, el capital de una empresa no serían solo sus activos, sino también su capacidad de procesar y aprender, algo que llama “token capital”. Y advierte de que proteger la propiedad intelectual será clave para que las empresas no se conviertan en meras ejecutoras de lo que dicten los grandes modelos.

Entre líneas. La postura de Nadella tiene también una lectura estratégica. Y es que Microsoft no ha logrado desarrollar un modelo propio que compita con los más avanzados de OpenAI, Anthropic o Google. Además, según comparte el WSJ, sus usuarios de Copilot han empezado a preferir alternativas, según datos de la firma de análisis Recon Analytics. Sin un modelo de cabecera propio, le conviene que el mercado se mueva hacia la variedad y la competencia de precios, y no hacia la consolidación en torno a los modelos más potentes (que son, precisamente, los de sus socios).

Imagen de portada | Microsoft y M Rezaie

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Hace 80 años un destructor estadounidense atacó lo que creía un submarino enemigo. Acabamos de descubrir que era un barco hundido

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En junio de 1942 ocurrió algo sin precedentes en la historia moderna de Estados Unidos: alguien les invadió. En plena Segunda Guerra Mundial, las tropas japonesas desembarcaron en la isla de Attu, en el extremo oeste de Alaska. Lo que tuvo lugar entonces fue una gélida y fugaz batalla que se saldó con la muerte de más de 3.000 personas en menos de tres semanas. 

Frente a operaciones archiconocidas y reproducidas en el cine hasta la saciedad en el frente europeo o el Pacífico Sur, la batalla de Attu fue y es una gran desconocida. Ochenta años después,  los restos de esa batalla seguían hundidos en el fondo marino de las islas Aleutianas. Hasta hace nada

El hallazgo. En julio de 2024, un equipo de arqueología financiado por la agencia oceanográfica estadounidense NOAA y el Servicio de Parques Nacionales de EEUU realizó la primera exploración submarina a fondo en las aguas de Attu. Allí encontraron dos naufragios de la Segunda Guerra Mundial: por un lado, el Kotohira Maru, un carguero militar japonés hundido el 5 de enero de 1943 por bombarderos B-24. Por otro, el SS Dellwood, un buque cablero estadounidense que encalló en un pináculo submarino siete meses después, el 20 de julio de 1943. Ambos pecios yacen separados apenas 25 kilómetros el uno del otro. 

Por qué es importante. Porque la batalla de Attu probablemente es la campaña bélica menos estudiada de la guerra y este hallazgo constituye solo el principio de una investigación más profunda. Más allá de recuperar esta historia militar, este descubrimiento pone en primera línea otra tragedia poco conocida: la que sufrió el pueblo indígena Saskinax̂ de Attu. 

Tras la ocupación, los Saskinax̂ fueron deportados a Japón, pero cuando terminó la guerra les prohibieron volver: Attu se había convertido en una base militar estadounidense. De los 41 prisioneros enviados a Japón, solo 25 sobrevivieron y la mayoría terminó realojada en otra isla.

Contexto. Pese a ser una batalla breve y casi desconocida, fue de lo más encarnizada: la proporción de bajas estadounidenses con respecto a las japonesas fue la segunda más alta de la guerra, solo superada por la famosa batalla de Iwo Jima, según explica el equipo de investigación.

El Kotohira Maru fue bombardeado cuando intentaba abastecer a las tropas aisladas en Attu: llevaba madera, víveres, combustible y materiales de construcción, esenciales para la supervivencia de los soldados japoneses, que soportaban condiciones climáticas durísimas (está prácticamente en el Ártico) y casi sin árboles. Por su parte, el SS Dellwood encalló mientras tendía cable de comunicaciones entre islas.

En detalle. Para encontrar los barcos, los investigadores arrastraron desde su embarcación un sonar de alta resolución capaz de “fotografiar” el fondo marino con una precisión de centímetros. Cuando el sonar detectaba algo de interés, enviaban un dron submarino a investigarlo de cerca con cámara de vídeo. En cinco días de trabajo inspeccionaron más de 1.000 objetivos en el fondo.

Pero quizá lo más llamativo no fue lo que encontraron, sino lo que resolvieron. En mayo de 1943, el destructor USS Phelps atacó a lo que creía que era un submarino japonés cerca de la bahía de Holtz. Estaban equivocados: este estudio ha desvelado que lo que el destructor había detectado como un submarino era en realidad el casco del Kotohira Maru depositado en el fondo marino.

Sí, pero. El estudio tiene ciertas limitaciones. Las fuertes corrientes submarinas dificultaron el trabajo del robot submarino teledirigido, especialmente sobre el Kotohira Maru, lo que dejó amplias zonas del pecio sin documentar. El equipo reconoce que necesitan un robot más potente para completar el trabajo.

Quedan también preguntas sin responder. Sin ir más lejos, la identidad de la tripulación del Kotohira Maru sigue siendo un misterio: los archivos solo confirman que dos personas fueron rescatadas, una cifra que los propios autores del estudio consideran improbablemente baja. Y nadie ha abordado aún un asunto espinoso: quién tiene soberanía legal sobre estos pecios de guerra

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Portada | US Navy y Exploration of Alaska’s World War II Submerged Heritage: The Kotahira Maru and SS Dellwood Wreck Sites off Attu Island

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“Toy Story 5” arrasa durante su segundo fin de semana en cines: suma 585 mdd a nivel mundial

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AP.- En un revés para las renovadas operaciones cinematográficas de DC de Warner Bros., “Supergirl” no fue rival en absoluto para “Toy Story 5” en los cines de Norteamérica y se estrenó en un lejano segundo lugar.

La película de Pixar se mantuvo en el número uno de la taquilla con 70 millones de dólares en ventas de entradas en el mercado nacional y otros 89.1 millones en el extranjero, según estimaciones del estudio difundidas el domingo, tras un debut casi récord para una película animada.

El estreno de The Walt Disney Co. ha acumulado rápidamente 585 millones de dólares en todo el mundo en dos semanas, lo que la convierte en uno de los mayores éxitos del año.

“Supergirl”, en cambio, no logró despegar. Se estrenó con 38 millones de dólares en salas de Estados Unidos y Canadá. Sumó 30 millones de dólares en mercados internacionales.

El spinoff de superhéroes de Craig Gillespie es el segundo estreno en la gran pantalla de James Gunn y Peter Safran, quienes fueron elegidos para dirigir DC Studios a finales de 2022. Su primer lanzamiento, “Superman” de 2025, recaudó 618 millones de dólares en todo el mundo, un arranque lo bastante sólido para Gunn y Safran.

Pero “Supergirl” fracasó tanto con la crítica como con el público. Obtuvo malas reseñas (56% de aprobación en Rotten Tomatoes) y una calificación “B-” en CinemaScore por parte de las audiencias.

El flojo fin de semana de estreno de “Supergirl” la deja por detrás de debuts decepcionantes de tropiezos de DC como “The Flash” (55 millones de dólares en 2023) y “The Green Lantern” (53 millones de dólares en 2011), y apenas por delante de “Joker: Folie à Deux” (37,7 millones de dólares en 2024).

David A. Gross, quien dirige la firma de consultoría cinematográfica FranchiseRe, señaló que las películas de superhéroes ya no atraen al cine como lo hacían antes de la pandemia. Hay menos estrenos al año, y la venta en taquilla del género ha caído unos tres mil 500 millones de dólares anuales respecto de sus máximos de 2017-2019.

Tras enormes éxitos como “Wonder Woman” (822 millones de dólares en 2017) y “Captain Marvel” (mil 130 millones de dólares en 2019), las películas de superhéroes encabezadas por mujeres también han sufrido un bajón.

“Escucharás explicaciones generales como ‘el público perdió el interés’. Sí, lo perdió”, afirmó Gross. “Pero nadie ha podido explicar por qué ocurrió tan repentina y completamente. ¿Por qué las superheroínas en particular, después de sus comienzos sensacionales? Nosotros tampoco lo entendemos”.

El tropiezo de “Supergirl”, que costó 170 millones de dólares, llega mientras Warner Bros. Discovery, la empresa matriz del estudio cinematográfico, se prepara para ser adquirida por Paramount Skydance.

El próximo estreno de DC es “Clayface”, una versión de horror corporal del personaje de DC, que se lanzará en octubre. La continuación de “Superman” de Gunn, “Man of Tomorrow”, está actualmente en producción. Tiene fecha para julio de 2027.

Por otra parte, el fenómeno de terror de micropresupuesto “Obsession” sigue mostrando una resistencia inusualmente fuerte. Quedó en tercer lugar del fin de semana con 9.8 millones de dólares en su séptimo fin de semana en cartelera. La película de Curry Barker, realizada por menos de 1 millón de dólares, ya ha recaudado 233.9 millones de dólares en el mercado nacional para Focus Features, además de 108.9 millones a nivel internacional.

Esa permanencia, sin embargo, no se ha materializado para el thriller de ciencia ficción de Steven Spielberg “El Día de la Revelación”. En su tercer fin de semana en cartelera para Universal Pictures, cayó al quinto lugar con 8,1 millones de dólares en salas del mercado nacional. El relato de ovnis de Spielberg ha recaudado 193.7 millones de dólares en todo el mundo en tres semanas.

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El calentamiento global ha pisado el acelerador a un ritmo sin precedentes y cada vez estamos más cerca del punto de no retorno

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En los últimos años estamos viendo cómo el clima está cambiando de manera radical, y la realidad es que sabemos bien que el sistema climático de la Tierra está acumulando calor a un ritmo sin precedentes. Y no es una estimulación que nos hacemos en nuestra cabeza, sino que es la conclusión principal de la cuarta edición del informe Indicators of Global Climate Change. 

Las cifras no dejan mucho margen de maniobra, puesto que, según el panel de más de 70 investigadores de 56 instituciones de todo el mundo que han participado en el análisis, las actividades humanas han empujado el calentamiento global hasta los 1,37 °C en 2025. Y lo más preocupante de todo es que, si la tendencia actual se mantiene, la proyección matemática indica que cruzaremos la temida línea de los 1,5 °C en aproximadamente cuatro años.

Un ritmo inédito. El análisis, sustentado en una inmensa red de observación terrestre y alineado con los datos del programa Copernicus y repositorios institucionales como NASA Earthdata, muestra que el ritmo de calentamiento inducido por el hombre se mantiene en un máximo histórico de unos 0,27 °C por década.

¿Por qué? El informe señala una combinación letal, como por ejemplo unos niveles récord de gases de efecto invernadero y, paradójicamente, una caída continua en las emisiones de dióxido de azufre. Esto último es importante porque, al reducirse los aerosoles de azufre, se ha “desenmascarado” parte del efecto de calentamiento de los gases de efecto invernadero, que antes quedaba mitigado.

Como explica Piers Forster, autor principal del estudio y director del Priestley Centre for Climate Futures de la Universidad de Leeds, la clave para entender la magnitud de la crisis está en el desequilibrio energético de la Tierra puesto que este indicador mide a qué velocidad se acumula el calor en el sistema. En palabras del investigador: 

“Sin la influencia humana, debería ser cercano a cero, pero ha estado creciendo desde la década de 1970 y ahora está en un nivel récord, duplicándose en las últimas décadas”

El contador de carbono. Quizá el dato más urgente que arroja el consorcio científico para la toma de decisiones a corto plazo es la actualización del presupuesto de carbono restante. Este concepto define la cantidad total de dióxido de carbono que la humanidad todavía puede emitir a la atmósfera antes de que sobrepasar el límite de los 1,5 °C sea inevitable.

A partir de principios de 2026, ese remanente estimado era de apenas 130 gigatoneladas de CO₂. Si tenemos en cuenta que en el año 2024 las emisiones globales de gases de efecto invernadero alcanzaron un máximo histórico de 56,8 Gt de CO₂ equivalente, las matemáticas nos dicen que al ritmo actual, ese presupuesto se agotará por completo en unos tres años.

Océanos bajo presión. Más allá de la temperatura media del aire en superficie, los indicadores climáticos actualizados retratan un impacto transversal en todos los biomas. Algo que hemos repetido bastante es que los océanos son el gran sumidero térmico del planeta, y el informe introduce un indicador de seguimiento crítico para monitorizarlos, que son los días de olas de calor marinas.

A nivel global, el año 2025 experimentó 65 días bajo estas condiciones anómalas, lo que significa que es una cifra que se ha triplicado desde 1991, perturbando gravemente el intercambio de carbono entre el océano y la atmósfera, alterando los niveles de acidez y amenazando infraestructuras costeras y hábitats marinos.

El nivel del mar sigue su avance continuo, alimentado por el derretimiento del hielo terrestre y la expansión térmica de unas aguas más cálidas. Los registros consolidados muestran un récord de 23 centímetros de aumento desde 1901 y la tasa actual de subida ronda los 1,8 mm por año y, lejos de estabilizarse, se está acelerando a pasos agigantados.

Imágenes | Marcin Jozwiak 

En Xataka | Tres días y por encima del percentil 95: la regla de oro de AEMET para declarar una “ola de calor” en España

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