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Crear un compilador de C costaba 2 millones de dólares y tardaba 2 años. Claude Opus 4.6 lo ha hecho en dos semanas por 20.000 dólares

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Estamos ante un punto de inflexión tecnológico. Uo en el que la ingeniería software, una de las tareas técnicas más complejas y exigentes de la historia, poco a poco se está convirtiendo en la “killer app” de la IA. Es evidente que los modelos de IA generativa no son perfectos, pero no paramos de ver una evolución extraordinaria. ¿El último ejemplo? El compilador de C que se ha programado Claude Opus 4.6 él solito. 

Qué ha pasado. Nicholas Carlini, investigador en Anthropic, contaba ayer cómo “he estado experimentando con una nueva forma de supervisar models de lenguaje que hemos llamado “equipos de agentes””. Lo que ha hecho es lograr ue varios agentes de programación trabajen en paralelo usando el recién estrenado Claude Opus 4.6, y gracias a eso ha desarrollado con 16 de esos agentes algo excepcional: un compilador de código C.

Hola, CCC. En Anthropic lo han llamado Claude’s C Compiler (CCC), y han publicado el código, completamente generado por Opus 4.6, en GitHub. El proyecto consta de 100.000 líneas de código Rust que se han generado en dos semanas con un coste de API de 20.000 dólares. Y funciona: con él han compilado un kernel Linux 6.9 funcional en x86, ARM y RISC-V.

Antes eran (al menos) dos millones de dólares y dos años. Lo que ha logrado este experimento es demostrar cómo el desarrollo software puede ser mucho más barato y rápido gracias al uso de estos agentes. Aunque no hay datos fáciles de conseguir sobre cuánto tiempo y dinero costaron compiladores en el pasado, la dimensión de estos productos era enorme, como ocurre en el caso de Microsoft Visual C++, por ejemplo. Es difícil saber cuánto costó, pero se estima que pudo implicar a unas 15-20 personas trabajando durante cinco años. Eso son muchas horas/hombre y mucho dinero para desarrollar y pulir ese compilador. La estimación de dos años y dos millones de dólares de hecho sea hasta demasiado optimista.

Otro ejemplo. Históricamente construir un compilador de C desde cero era considerado como una de las cimas de la ingeniería de sistemas. No solo se requería un conocimiento profundo de la arquitectura de procesadores, sino miles de horas/hombre para gestionar la optimización y la generación del código máquina. En los años 90 la empresa Cygnus Solutions (clave en el desarrollo del compilador gcc) llegó a invertir más de 250 millones en una década para mantener y portar herramientas de compilación. El coste real no estaba solo en las líneas finales de código, sino en incontables horas analizando patrones de CPU y memoria para que el binario resultante fuera eficiente.

Lejos de ser perfecto, pero… El propio Carlini explicaba en el post que este compilador tenía serias limitaciones y por ejemplo “no tiene compilador x86 de 16 bits que es esencial para iniciar Linux fuera del “modo real”, y tampoco tiene su propio ensamblador ni su linker“. Es probable que esté lejos de los compiladores maduros, pero aun así el logro sigue siendo excepcional y apunta a ese futuro en el que incluso desarrollos muy complejos pueden ser asumibles con IA. Serán caros, sin duda, pero su desarrollo total probablemente sea una fracción de lo que costaban hace unos años.

Cursor ya lo demostró. Antes de que Anthropic sacara pecho con su compilador programado con IA, Cursor completó un proyecto similar y combinó agentes GPT-5.2 en su plataforma de desarrollo para crear un navegador funcional en una semana. En total la IA programó tres millones (¡!) de líneas de código en Rust, y aunque de nuevo estaba lejos de ser perfecto o de competir con Chrome, demostraba la capacidad actual de estos sistemas agénticos de programación.

Punto de inflexión (sobre todo, para Anthropic). Para los expertos de SemiAnalysis lo Claude Code, máximo exponente actual de esta nueva era de programación impulsada por IA, es un cambio de paradigma: “Creemos que Claude Code es el punto de inflexión para los agentes de IA y es un vistazo al futuro de cómo funcionará la IA”. Esta prestigiosa newsletter augura un 2026 excepcional para Anthropic, y tanto es así que creen que “superará de forma dramática a OpenAI”. 

Tú pide, la IA programa. Si has probado el vibe coding, seguro que coincides conmigo: la IA permite hacer cosas que jamás hubieras soñado. Lo que hice hace unas semanas con Immich me lo dejó claro, y sigo experimentando con la IA y programando cosas “a medida” que me solucionan problemas y necesidades reales. Sí, por ahora son para mí y por tanto no son grandes y complejos sistemas que necesiten llevarse a producción como ocurre en entornos profesionales, pero tengo claro que eso poco a poco se está haciendo y se hará más. De hecho, tanto OpenAI como Anthropic han destacado cómo en el desarrollo de sus últimos modelos parte del trabajo lo han hecho, paradójicamente, esos mismos modelos, que se han retroalimentado. Y el resultado está en producción y lo usan millones de personas. Algo está cambiando. Y es algo gordo.

En Xataka | OpenAI tiene un problema: Anthropic está triunfando justo donde más dinero hay en juego

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Hilary Duff anuncia su regreso a la CDMX tras 18 años con su tour “The Lucky Me”

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

La cantante y actriz estadounidense Hilary Duff volverá a la Ciudad de México con su tour mundial “The Lucky Me Tour” en el Palacio de los Deportes con una fecha para el próximo año. 

Hilary Duff regresó a la música con el sencillo “Rommates” hace tres semanas y actualmente cuenta con dos millones de vistas.

Según la promotora de conciertos Ocesa, la protagonista de la serie juvenil de 2001, “Lizzie Mcguire”, traerá su nueva etapa musical a sus fanáticos mexicanos tras 18 años de haberse presentado por primera vez con su gira “Still Most Wanted Tour” en 2006, según medios especializados. 

Las compra de las entradas del concierto de Duff se podrá realizar a partir del 18 de febrero con una preventa, mientras que la venta general estará disponible a partir del 19 de febrero. El póster no detalla los horarios.

Hasta el momento, la intérprete de “So Yesterday” ofrecerá una única fecha en la CDMX para el 12 de febrero de 2027. 

¿Quién es Hilary Duff? 

La compositora y madre de 38 años de edad comenzó su carrera como actriz infantil en 1998 con la cinta “Casper y la brujita”, pero saltó a la fama internacional de la mano de Disney en 2001 luego de protagonizar la serie llamada “Lizzie Mcguire” que narraba la historia de su adolescencia junto con una versión de ella misma pero animada. 

Posterior a ello también participó en 2004 en la película “La nueva cenicienta”. Tras concluir su paso por las cintas infantiles, siguió su carrera como actriz en series como “Gossip Girl” y “Dos Hombres y Medio”. 

En ese sentido, también le siguen títulos como “La Cadete Kelly”, “El hombre perfecto”, entre otros. 

¿Con quién está casada Hilary Duff?

El primer matrimonio de Hilary Duff fue con el exjugador de Hockey canadiense, Mike Comrie, su relación culminó con un divorcio en 2016. 

Actualmente, la cantante se encuentra casada con el músico Matthew Coma desde 2019 y ha formado una familia con él. 

 

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el plan de EEUU para resucitar su industria

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En el complejo tablero de la tecnología global, el poder no solo se mide en líneas de código, sino en la capacidad de dominar elementos químicos que, hasta hace poco, pasaban desapercibidos. Ahí es donde entra el galio, un metal plateado y maleable que, como explican en el Wall Street Journal, tiene la propiedad casi mágica de licuarse con el simple calor de la palma de la mano. Sin embargo, tras esa curiosidad física se esconde el sistema nervioso de la defensa moderna: a diferencia del silicio, el galio soporta voltajes extremos y resiste el calor sin pestañear, lo que lo convierte en el material irreemplazable para los radares militares, los satélites y los sistemas de guía de misiles.

Durante décadas, el mundo dependió de un solo proveedor. Hoy, en un giro de guion digno de la Guerra Fría, Estados Unidos y sus aliados han decidido que la era de la complacencia ha terminado. El plan es tan ambicioso como insólito: extraer el tesoro tecnológico de los desechos industriales, del llamado “barro rojo”.

El mercado como arma de guerra. La crisis actual no es un accidente de la cadena de suministro, sino una estrategia de Estado. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), China aplicó durante años una táctica de manual: inundar el mercado con precios artificialmente bajos para asfixiar cualquier intento de minería en Occidente. Una vez que logró el monopolio —controlando el 99% del galio refinado en 2025—, Pekín empezó a cerrar el grifo.

En el reportaje de Wall Street Journal recuerdan que en 2023 China impuso controles de exportación y, poco después, un veto total a los envíos hacia Estados Unidos. Aunque la prohibición se levantó temporalmente, el daño ya estaba hecho: el precio del galio fuera de China se triplicó, alcanzando un récord histórico de 1.572 dólares por kilo el pasado mes de enero, según informa AlCircle. Para el Pentágono, que en sus documentos oficiales ha recuperado el término histórico de “Departamento de Guerra”, esto ya no es una cuestión comercial, sino de supervivencia nacional.

El triángulo del galio. Para romper este cerco, Washington ha dejado de mirar a las minas convencionales para poner el foco en las chimeneas de las refinerías. La estrategia se despliega en un triángulo industrial que arranca en Australia. Allí, en la refinería de Wagerup, el gigante Alcoa se ha aliado con Japón y EEUU para filtrar el galio directamente del procesamiento de bauxita. El objetivo, detallado por el Wall Street Journal, es capturar el 10% de la demanda global sin abrir una sola mina nueva. 

El esfuerzo cruza el Pacífico hasta las orillas del Misisipi, en Luisiana. La planta de Gramercy ha recibido una inyección de 150 millones de dólares del Pentágono para procesar sus montañas de “barro rojo”, un desecho de la producción de aluminio que ahora vale su peso en oro. El Financial Times subraya la ambición del proyecto: esta sola planta aspira a cubrir la demanda total de galio estadounidense. El triángulo se cierra en Tennessee, donde la surcoreana Korea Zinc lidera una inversión milmillonaria para rescatar el metal estratégico de los residuos del refinado de zinc.

¿Un mercado blindado contra Pekín? A pesar de la lluvia de millones, el camino está lleno de trampas económicas. El profesor Ian Lange, de la Escuela de Minas de Colorado, advierte en el Wall Street Journal que el mercado del galio es “peligrosamente pequeño”. Si Occidente aumenta la producción demasiado rápido, los precios podrían colapsar, haciendo que las nuevas plantas no sean rentables antes ni siquiera de empezar.

Para evitar este escenario, la Casa Blanca ha desplegado una red de seguridad financiera. Se trata del Project Vault, una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares, diseñada para garantizar la compra de estos minerales y proteger a gigantes como General Motors o Google de la volatilidad. Esta medida se alinea con la propuesta del CSIS de crear un “mercado ancla”, un mecanismo donde los aliados del G7 establezcan cuotas obligatorias de compra, blindando la producción occidental frente al dumping chino.

El futuro se escribe átomo a átomo. Ya no basta con diseñar el mejor software; ahora es imperativo poseer la materia que lo hace funcionar. Entre el “barro rojo” de Luisiana y las refinerías de Australia, Occidente intenta demostrar que puede recuperar su soberanía tecnológica. Mientras Pekín mantenga su capacidad de hundir precios a voluntad, estos proyectos dependerán del soporte vital del Estado. La gran batalla por el galio es, en última instancia, un pulso de resistencia para ver quién sostiene el suministro de los chips que moverán el mundo del mañana.

Imagen | AndrewDaGamer y Freepik

Xataka | El oro de la discordia: por qué 14 municipios de Guadalajara se han rebelado contra el plan de “soberanía mineral” de Europa

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el plan de EEUU para resucitar su industria

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En el complejo tablero de la tecnología global, el poder no solo se mide en líneas de código, sino en la capacidad de dominar elementos químicos que, hasta hace poco, pasaban desapercibidos. Ahí es donde entra el galio, un metal plateado y maleable que, como explican en el Wall Street Journal, tiene la propiedad casi mágica de licuarse con el simple calor de la palma de la mano. Sin embargo, tras esa curiosidad física se esconde el sistema nervioso de la defensa moderna: a diferencia del silicio, el galio soporta voltajes extremos y resiste el calor sin pestañear, lo que lo convierte en el material irreemplazable para los radares militares, los satélites y los sistemas de guía de misiles.

Durante décadas, el mundo dependió de un solo proveedor. Hoy, en un giro de guion digno de la Guerra Fría, Estados Unidos y sus aliados han decidido que la era de la complacencia ha terminado. El plan es tan ambicioso como insólito: extraer el tesoro tecnológico de los desechos industriales, del llamado “barro rojo”.

El mercado como arma de guerra. La crisis actual no es un accidente de la cadena de suministro, sino una estrategia de Estado. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), China aplicó durante años una táctica de manual: inundar el mercado con precios artificialmente bajos para asfixiar cualquier intento de minería en Occidente. Una vez que logró el monopolio —controlando el 99% del galio refinado en 2025—, Pekín empezó a cerrar el grifo.

En el reportaje de Wall Street Journal recuerdan que en 2023 China impuso controles de exportación y, poco después, un veto total a los envíos hacia Estados Unidos. Aunque la prohibición se levantó temporalmente, el daño ya estaba hecho: el precio del galio fuera de China se triplicó, alcanzando un récord histórico de 1.572 dólares por kilo el pasado mes de enero, según informa AlCircle. Para el Pentágono, que en sus documentos oficiales ha recuperado el término histórico de “Departamento de Guerra”, esto ya no es una cuestión comercial, sino de supervivencia nacional.

El triángulo del galio. Para romper este cerco, Washington ha dejado de mirar a las minas convencionales para poner el foco en las chimeneas de las refinerías. La estrategia se despliega en un triángulo industrial que arranca en Australia. Allí, en la refinería de Wagerup, el gigante Alcoa se ha aliado con Japón y EEUU para filtrar el galio directamente del procesamiento de bauxita. El objetivo, detallado por el Wall Street Journal, es capturar el 10% de la demanda global sin abrir una sola mina nueva. 

El esfuerzo cruza el Pacífico hasta las orillas del Misisipi, en Luisiana. La planta de Gramercy ha recibido una inyección de 150 millones de dólares del Pentágono para procesar sus montañas de “barro rojo”, un desecho de la producción de aluminio que ahora vale su peso en oro. El Financial Times subraya la ambición del proyecto: esta sola planta aspira a cubrir la demanda total de galio estadounidense. El triángulo se cierra en Tennessee, donde la surcoreana Korea Zinc lidera una inversión milmillonaria para rescatar el metal estratégico de los residuos del refinado de zinc.

¿Un mercado blindado contra Pekín? A pesar de la lluvia de millones, el camino está lleno de trampas económicas. El profesor Ian Lange, de la Escuela de Minas de Colorado, advierte en el Wall Street Journal que el mercado del galio es “peligrosamente pequeño”. Si Occidente aumenta la producción demasiado rápido, los precios podrían colapsar, haciendo que las nuevas plantas no sean rentables antes ni siquiera de empezar.

Para evitar este escenario, la Casa Blanca ha desplegado una red de seguridad financiera. Se trata del Project Vault, una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares, diseñada para garantizar la compra de estos minerales y proteger a gigantes como General Motors o Google de la volatilidad. Esta medida se alinea con la propuesta del CSIS de crear un “mercado ancla”, un mecanismo donde los aliados del G7 establezcan cuotas obligatorias de compra, blindando la producción occidental frente al dumping chino.

El futuro se escribe átomo a átomo. Ya no basta con diseñar el mejor software; ahora es imperativo poseer la materia que lo hace funcionar. Entre el “barro rojo” de Luisiana y las refinerías de Australia, Occidente intenta demostrar que puede recuperar su soberanía tecnológica. Mientras Pekín mantenga su capacidad de hundir precios a voluntad, estos proyectos dependerán del soporte vital del Estado. La gran batalla por el galio es, en última instancia, un pulso de resistencia para ver quién sostiene el suministro de los chips que moverán el mundo del mañana.

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