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una telaraña de 100 metros cuadrados donde dos especies enemigas viven en paz

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El miedo a las arañas es una de las fobias más comunes. Tanto que hay videojuegos que te permiten cambiar el diseño de las arañas por el de otros animales y hasta se investiga cómo recrearlas de formas menos aterradoras. Con esto quiero decirte que, si te dan repelús, lo que han descubierto en una cueva entre Albania y Grecia será el nuevo escenario de tus pesadillas: la mayor tela de araña del mundo, una megaciudad que tiene más de 111.000 arañas.

Y lo más curioso no tiene nada que ver con la dimensión de la estructura.

En corto. Hace unos días, en la revista Subterranean Biology, un equipo de investigadores describió su gran descubrimiento: en la Cueva del Azufre entre Albania y Grecia, habían dado con una megaciudad de arañas. Realmente, el hallazgo inicial lo realizaron espeleólogos de la Sociedad Espeleológica Checa en 2022, pero científicos de la Universidad de Transilvania fueron los que visitaron y documentaron la cueva estos últimos años.

Lo que más llama la atención es un escenario de pesadilla: una estructura de ‘seda’ que cubre unos 106 metros cuadrados y en la que viven la friolera de 111.000 arañas. Se encuentra a unos 50 metros de la entrada de la cueva, en una zona de oscuridad permanente y muy estrecha, y los investigadores creen que hay miles de telarañas individuales con forma de embudo que se han ido uniendo para crear la estructura.

Aranas
Aranas

La colonia. Sólo por eso, el hallazgo es digno de mención, pero lo más interesante no es el tamaño, sino las responsables. Si hablásemos de una sola especie pues vale, sería impresionante por las dimensiones, pero aquí lo relevante es que son dos especies las que conviven en la megaciudad:

Lo curioso es que las dos son especies solitarias y nunca antes se había documentado que formaran colonias. Además, en condiciones normales, la Tegenaria domestica cazaría a la Prinerigone vagans, bastante más pequeña, pero los investigadores se dieron cuenta de que ambas convivían en paz.

Paraíso. ¿El motivo? Puede que la oscuridad total esté inhibiendo los sentidos de las arañas, permitiendo la coexistencia, pero que el ambiente sulfúrico tóxico puede que también esté jugando un papel. Lo que tienen claro es que el ecosistema está perfectamente engrasado:

  • No hay fotosíntesis al no haber luz, por lo que los microorganismos que están presentes son bacterias que oxidan el azufre, convirtiendo compuestos inorgánicos en materia orgánica que se pega en las paredes.
  • Hay larvas de quironómidos que se alimentan de estas biopelículas.
  • De las larvas, salen los Tanytarsus albisutus, los mosquitos que no pican y que forman densos enjambres en un arroyo interior y del que se estima que hay 2,4 millones de individuos.
  • Por accidente, caen en las redes de la megaciudad arácnida y estiman que cada araña toca a 200 mosquitos, por lo que están bien alimentadas, no tienen la necesidad de cazar o abandonar la estructura y siguen ampliando la colonia.
arañas
arañas

Las dos especies en amor y compañía

Implicaciones. Uno de los investigadores, István Urák, ha comentado que a menudo piensan que conocen completamente una especie “hasta el punto de que creemos que entendemos todo sobre ella, pero aun así pueden darse descubrimientos inesperados”. Y no lo dice porque las dos especies convivan, sino porque han realizado análisis de ADN que han revelado que las poblaciones de la Cueva de Azufre son distintas genéticamente a la de sus congéneres que habitan la superficie.

Esto significa una cosa: en la línea evolutiva, las de superficie han ido por un lado y las de la cueva por otro, manteniéndose lo suficientemente aisladas como para evolucionar de otra forma y adaptarse específicamente al hostil entorno que habitan. Esas diferencias se traducen en que la diversidad microbiana es menor en las arañas cavernícolas y las hembras producen menos huevos por saco que las de la superficie, posiblemente porque como no tienen depredadores, no tienen que producir tantos descendientes.

Una mina. El equipo de Urák está trabajando en un estudio de seguimiento que podrá arrojar más luz sobre estas arañas, pero además de la megaciudad de seda, otros equipos han documentado otra treintena de especies de invertebrados que se han adaptado a este entorno tan peculiar. Entre ellos, otra araña: la Metellina merianae que, al contrario que las otras dos, prefiere vivir en soledad.

Y, al margen de la curiosidad y hasta del interés científico, los investigadores han subrayado la importancia de proteger esta colonia. Por eso, no se ha compartido la ubicación exacta de la cueva, pero la situación es compleja porque se encuentra en la frontera entre Albania y Grecia y habría que ver qué país tiene potestad para su protección. Al final, se han desarrollado de forma muy específica y cualquier elemento externo que se introduzca puede ser un contaminante.

Más allá del rechazo que a muchos nos producen las arañas, este descubrimiento pone sobre la mesa que, incluso en condiciones tan hostiles como una cueva sin luz, con poco oxígeno y presencia de gases tóxicos, la vida no sólo se abre camino, sino que especies “enemigas” pueden formar comunidades enormes que viven en harmonía. 

Por el bien de las Prinerigone vagans, que nunca falten los mosquitos…

Imágenes | Marek Audy, Subterranean Biology

En Xataka | Hemos editado genéticamente una araña para que produzca una tela roja fluorescente. Y las implicaciones son prometedoras

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Íbamos a convertir la basura en energía limpia. Ahora el sector del biogás se enfrenta a su mayor reto: convencer a los vecinos

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Puede que España esté despuntando como gran potencia en energía solar y eólica, pero hay otras energías verdes que se le atragantan. El estado español no está teniendo olfato para el biogás. O mejor dicho: no le huele bien, en el sentido más literal de la palabra. Sin embargo, el sector ha pasado prácticamente de cero a cien en tiempo récord: en apenas dos años hay más de 200 proyectos de biogás sobre la mesa en diferentes fases de tramitación. Y traen consigo un problema: el biogás es la energía verde que nadie quiere cerca de casa.

El problema: transición energética vs. rechazo social. En la hoja de ruta de la transición energética de España (el PNIEC 2030), que tiene como objetivo final que el estado logre la neutralidad de emisiones para 2050, el biogás tiene su papel. Pero para hacerlo posible es requisito indispensable construir y poner en marcha plantas. 

Y aquí choca con una muralla de rechazo social en forma de plataformas ciudadanas, no tanto a la tecnología en sí, sino al modelo de implantación. Razones no faltan: desde el clásico miedo al mal olor a la falta de planificación territorial empresas promotoras que presentan proyectos sin pisar el territorio y hablar con quien vive allí, el gigantismo de algunas instalaciones o la sombra de las macrogranjas como argumentos, como explican para El País el profesor emérito de Ingeniería Ambiental de la Universidad Politécnica de Catalunya Xavier Flotats y el biólogo e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales Fernando Valladares.

Por qué es importante. Que el biogás figure en la estrategia de transición energética de España implica que, tarde o temprano, va a materializarse; la clave ahora está en el cómo. Es, además, una vía directa hacia la soberanía energética que sustituye al gas natural. Basta echar un vistazo al mapa del precio de la electricidad en Europa para entenderlo: los países que dependen de combustibles fósiles importados sufren la volatilidad de los precios, mientras que quienes han apostado por alternativas propias logran una mayor independencia y estabilidad. 

Pero su valor va más allá de la energía. Estas plantas generan fertilizantes orgánicos que sustituyen a los químicos derivados del petróleo y ofrecen una solución real a la gestión de residuos. Los purines o los restos agrícolas se van a producir igual, con planta o sin ella; la diferencia es que el biogás permite convertirlos en un recurso en lugar de dejarlos como un problema medioambiental.

Contexto. Una planta de biogás es esencialmente un estómago donde bacterias descomponen los residuos orgánicos sin oxígeno, lo que se conoce como digestión anaeróbica. De aquí se obtienen dos productos: un gas rico en metano y un abono. En función del gas obtenido, la planta es de biogás a secas o biometano: el biogás es metano combinado con dióxido de carbono casi a partes iguales, de modo que es un combustible “flojo” que suele quemarse in situ para generar electricidad o calor local. Sin embargo, las plantas de biometano añaden un paso de refinado (retirar el dióxido de carbono), para obtener un gas similar al gas natural fósil.

En Europa, el sector del biogás es una industria consolidada con más de 19.000 plantas, de las cuales casi la mitad están en Alemania. Una imagen dice más que mil palabras: este mapa de plantas de biometano de Europa  del Gas Infrastructure Europe evidencia la densidad en estados como Alemania o Dinamarca frente al desierto español.

El dilema ecologista. Para el ingeniero Xavier Flotats, el rechazo generalizado es una contradicción:”Para algunos activistas, es mejor que un vertedero esté emitiendo metano a la atmósfera antes que llevar los residuos a una planta de biogás para hacer algo provechoso con ellos”. Y profundiza explicando que aunque ese digestato saliente tiene en peso el 95% de la composición de entrada, su composición cambia, se mineraliza y se convierte en fertilizante.

Valladares asegura que las plantas de biogás son greenwashing en tanto en cuanto el proceso no hace desaparecer los residuos, solo quitan el 5%. Y que “No se pueden entender las plantas de biogás sin las macrogranjas industriales de aves, cerdos y vacas”. Para el biólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, las únicas plantas viables son pocas, pequeñas, seguras y caras. Marina Gros, representante de Ecologistas en Acción reconoce que “existen discrepancias dentro de la organización porque hay debate, hay visiones diferentes”. Y de hecho, han publicado una guía para evaluar caso por caso.

El elefante en la habitación. Bajo el dilema del biogás subyace inevitablemente la controversia de las macrogranjas: ante un eventual despliegue de plantas se daría la realidad de parte del biogás producido en el estado dependería de sus purines. Hay quien ve esto como aprovechar un problema ya existente, pero para otras personas supone un lavado de cara a un tipo de ganadería industrial diseñada para maximizar la productividad a menor coste frente al bienestar animal y el equilibrio ambiental del territorio.

Separar el grano de la paja. Ante este aluvión de proyectos, los expertos coinciden en la importancia de distinguir los planes sostenibles de los que no lo son. Algunas señales que marcan que un proyecto es razonable pasan por elegir una ubicación próxima a los residuos que gestiona y operar a escala comarcal, con un plan de utilización del digestato como fertilizante local y un diseño que garantice la estanqueidad total. 

Por el contrario, existen señales que son auténticas red flags: que la planta esté lejos de los residuos pero cerca de gasoductos, la ausencia de planes para el digestato, la recepción de residuos en fosas abiertas, la competición con otras plantas por la materia prima o una lógica de macroplanta industrial desvinculada del territorio.

En Xataka | Una extraña fuente de energía está poniendo en riesgo la unidad de Europa en materia energética: el estiércol

En Xataka | El as bajo la manga que tiene España para crecer aún más en el panorama de las renovables: biometano

Portada | Spencer DeMera y Eli DeFaria

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Tori Spelling, de “Beverly Hills, 90210”, sufre accidente automovilístico en California; hay siete menores heridos

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EFE.- Tori Spelling, la estrella de “Beverly Hills, 90210”, sufrió un accidente automovilístico en una carretera de California cuando viajaba con siete niños el jueves pasado, y tuvieron que ser trasladados a un hospital para atender sus heridas, según confirmó este domingo su portavoz a NBC.

La actriz, de 52 años, conducía un vehículo en el que viajaban siete menores, cuatro de ellos son sus hijos y los otros tres amigos de los niños, el jueves por la tarde en la ciudad de Temecula, ciudad del sur de California.

Spelling tiene cinco hijos con su exmarido Dean McDermott; sus edades actuales oscilan entre los 9 y 19 años. No está claro quiénes viajaban con ella.

Según la versión del portavoz, otro conductor impactó el vehículo de Spelling, tras supuestamente pasar un semáforo en rojo por exceso de velocidad.

El Departamento del Alguacil del condado de Riverside que acudió a la escena dijo a la televisión que encontró en la escena a los dos vehículos con daños y todos los ocupantes fueron llevados a hospitales cercanos.

La actriz, hija del productor de televisión Aaron Spelling, y los siete niños recibieron tratamiento por lesiones que incluían cortes, moretones, contusiones y conmociones cerebrales, según TMZ, que reportó primero el accidente.

La causa de la accidente sigue bajo investigación.

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el motivo son las leyes de la física

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Seguro que ya sabes (la publicidad online te lo está recordando día sí, día también) que con un sencillo prompt puedes generar un videojuego. La IA te lo hace, pero lo que no puede hacer es jugarlo. La razón no es que los juegos sean difíciles en abstracto: es que el mundo real obedece a las mismas leyes físicas en todas partes, y los videojuegos no.

Hacer, no jugar. La paradoja es llamativa: con herramientas como Cursor o Claude, un prompt genera un clon de un juego clásico funcional. ‘Asteroids’, por ejemplo. Sin embargo, ese mismo sistema no superaría ni el primer nivel de su propia creación. Julian Togelius, director del Game Innovation Lab de la Universidad de Nueva York y cofundador de la empresa de testing Modl.ai, lleva meses investigando por qué, y lo ha desgranado en una entrevista

Programar no es un juego. Togelius define la programación desde un punto de vista estructural: un juego muy bien diseñado. Cada línea de código viene con un enunciado claro, un criterio de éxito verificable y feedback de posibles fallos, y el programa indica exactamente dónde y por qué ha fallado. Los LLM (modelos de lenguaje) han sido entrenados con cantidades masivas de código y afinados mediante aprendizaje por refuerzo para resolver exactamente ese tipo de problemas. Programar es, en términos de estructura de tarea, un juego excepcionalmente “bien portado”, como lo define Togelius. Por eso hay tanta gente que encuentra divertido programar.

Sin embargo, los videojuegos son otra historia: el espacio de acción se rige por reglas más arbitrarias, el feedback puede ser inmediato o retrasarse horas en llegar, el razonamiento espacial es indispensable y el margen de error es mucho más reducido. Cuando a un modelo de IA  se le pide que juegue a algo, el resultado documentado en el paper que realizó Togelius es inequívoco: “fracaso absoluto”.

Con guía, por favor. Gemini 2.5 Pro completó ‘Pokémon Azul’ en mayo de 2025, pero tardó considerablemente más que cualquier jugador humano, cometió errores repetitivos y dependió de software auxiliar para lograrlo. La revista TIME analizó por qué los mejores sistemas de IA siguen teniendo dificultades con ‘Pokémon’. Y eso que es de los pocos títulos que logran acabar. Lo consiguen porque estos sistemas cuentan con APIs específicas para consultar guías estratégicas. Que ‘Pokémon’ o ‘Minecraft’ (otro título que las IAs pueden navegar) sean dos de las franquicias más documentadas de la historia del videojuego, con millones de horas de walkthroughs disponibles en internet, es la clave de que lo consigan con mayor facilidad.

La clave está en la física. Pero… ¿por qué un modelo de lenguaje puede escribir un ensayo sobre física cuántica y a la vez fracasar tanto en ‘Halo’ como en ‘Space Invaders’? La respuesta de Togelius es que “esos dos juegos son más diferentes entre sí, en cierto sentido, que dos ensayos académicos distintos.” Visto de otra forma: los videojuegos son muy heterogéneos. Cada uno inventa sus propias reglas, su propia lógica de espacio, su propio sistema de recompensas. Las mecánicas de un juego de plataformas son absolutamente distintas a las de un ‘Tetris’. El razonamiento espacial (dónde están los objetos, cómo se mueven, cómo se relacionan) no aparece en los datos de preentrenamiento de los modelos de lenguaje porque es inabarcable de un juego a otro.

Sin embargo, observemos una tarea aparentemente más difícil que jugar a ‘Super Mario’: conducir un coche autónomo. Y eso sí lo hacen bien las IAs. La diferencia con los juegos es que el mundo real obedece a las mismas leyes físicas en cualquier parte del planeta. El asfalto se comporta igual en San Francisco que en Shanghái, los semáforos siguen los mismos principios, el vehículo siempre responde igual. Como señala Togelius, “conducir es mucho más homogéneo que el conjunto de los videojuegos.” Aprende a conducir y podrás hacerlo en cualquier punto del planeta. Aprende a jugar a ‘Doom’ y no tendrás ni idea de cómo jugar a ‘Age of Empires’.

El criterio definitivo. Por eso Togelius propone los videojuegos como criterio para determinar el éxito de una IA: hay que calibrar si un agente capaz de aprender a completar cualquier juego del top 100 de Steam en aproximadamente el mismo tiempo que un jugador humano hábil, sin acceso a documentación previa ni integración específica. A ese baremo (que no exige ganar a la primera, sino aprender al ritmo humano) no existe hoy ningún sistema que se acerque.

Cabecera | Foto de Erik Mclean en Unsplash

En Xataka | La IA entró en los videojuegos como experimento. Hoy más del 80% de los desarrolladores ya no saben producir sin ella

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una telaraña de 100 metros cuadrados donde dos especies enemigas viven en paz

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El miedo a las arañas es una de las fobias más comunes. Tanto que hay videojuegos que te permiten cambiar el diseño de las arañas por el de otros animales y hasta se investiga cómo recrearlas de formas menos aterradoras. Con esto quiero decirte que, si te dan repelús, lo que han descubierto en una cueva entre Albania y Grecia será el nuevo escenario de tus pesadillas: la mayor tela de araña del mundo, una megaciudad que tiene más de 111.000 arañas.

Y lo más curioso no tiene nada que ver con la dimensión de la estructura.

En corto. Hace unos días, en la revista Subterranean Biology, un equipo de investigadores describió su gran descubrimiento: en la Cueva del Azufre entre Albania y Grecia, habían dado con una megaciudad de arañas. Realmente, el hallazgo inicial lo realizaron espeleólogos de la Sociedad Espeleológica Checa en 2022, pero científicos de la Universidad de Transilvania fueron los que visitaron y documentaron la cueva estos últimos años.

Lo que más llama la atención es un escenario de pesadilla: una estructura de ‘seda’ que cubre unos 106 metros cuadrados y en la que viven la friolera de 111.000 arañas. Se encuentra a unos 50 metros de la entrada de la cueva, en una zona de oscuridad permanente y muy estrecha, y los investigadores creen que hay miles de telarañas individuales con forma de embudo que se han ido uniendo para crear la estructura.

Aranas
Aranas

La colonia. Sólo por eso, el hallazgo es digno de mención, pero lo más interesante no es el tamaño, sino las responsables. Si hablásemos de una sola especie pues vale, sería impresionante por las dimensiones, pero aquí lo relevante es que son dos especies las que conviven en la megaciudad:

Lo curioso es que las dos son especies solitarias y nunca antes se había documentado que formaran colonias. Además, en condiciones normales, la Tegenaria domestica cazaría a la Prinerigone vagans, bastante más pequeña, pero los investigadores se dieron cuenta de que ambas convivían en paz.

Paraíso. ¿El motivo? Puede que la oscuridad total esté inhibiendo los sentidos de las arañas, permitiendo la coexistencia, pero que el ambiente sulfúrico tóxico puede que también esté jugando un papel. Lo que tienen claro es que el ecosistema está perfectamente engrasado:

  • No hay fotosíntesis al no haber luz, por lo que los microorganismos que están presentes son bacterias que oxidan el azufre, convirtiendo compuestos inorgánicos en materia orgánica que se pega en las paredes.
  • Hay larvas de quironómidos que se alimentan de estas biopelículas.
  • De las larvas, salen los Tanytarsus albisutus, los mosquitos que no pican y que forman densos enjambres en un arroyo interior y del que se estima que hay 2,4 millones de individuos.
  • Por accidente, caen en las redes de la megaciudad arácnida y estiman que cada araña toca a 200 mosquitos, por lo que están bien alimentadas, no tienen la necesidad de cazar o abandonar la estructura y siguen ampliando la colonia.
arañas
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Las dos especies en amor y compañía

Implicaciones. Uno de los investigadores, István Urák, ha comentado que a menudo piensan que conocen completamente una especie “hasta el punto de que creemos que entendemos todo sobre ella, pero aun así pueden darse descubrimientos inesperados”. Y no lo dice porque las dos especies convivan, sino porque han realizado análisis de ADN que han revelado que las poblaciones de la Cueva de Azufre son distintas genéticamente a la de sus congéneres que habitan la superficie.

Esto significa una cosa: en la línea evolutiva, las de superficie han ido por un lado y las de la cueva por otro, manteniéndose lo suficientemente aisladas como para evolucionar de otra forma y adaptarse específicamente al hostil entorno que habitan. Esas diferencias se traducen en que la diversidad microbiana es menor en las arañas cavernícolas y las hembras producen menos huevos por saco que las de la superficie, posiblemente porque como no tienen depredadores, no tienen que producir tantos descendientes.

Una mina. El equipo de Urák está trabajando en un estudio de seguimiento que podrá arrojar más luz sobre estas arañas, pero además de la megaciudad de seda, otros equipos han documentado otra treintena de especies de invertebrados que se han adaptado a este entorno tan peculiar. Entre ellos, otra araña: la Metellina merianae que, al contrario que las otras dos, prefiere vivir en soledad.

Y, al margen de la curiosidad y hasta del interés científico, los investigadores han subrayado la importancia de proteger esta colonia. Por eso, no se ha compartido la ubicación exacta de la cueva, pero la situación es compleja porque se encuentra en la frontera entre Albania y Grecia y habría que ver qué país tiene potestad para su protección. Al final, se han desarrollado de forma muy específica y cualquier elemento externo que se introduzca puede ser un contaminante.

Más allá del rechazo que a muchos nos producen las arañas, este descubrimiento pone sobre la mesa que, incluso en condiciones tan hostiles como una cueva sin luz, con poco oxígeno y presencia de gases tóxicos, la vida no sólo se abre camino, sino que especies “enemigas” pueden formar comunidades enormes que viven en harmonía. 

Por el bien de las Prinerigone vagans, que nunca falten los mosquitos…

Imágenes | Marek Audy, Subterranean Biology

En Xataka | Hemos editado genéticamente una araña para que produzca una tela roja fluorescente. Y las implicaciones son prometedoras

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Íbamos a convertir la basura en energía limpia. Ahora el sector del biogás se enfrenta a su mayor reto: convencer a los vecinos

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Puede que España esté despuntando como gran potencia en energía solar y eólica, pero hay otras energías verdes que se le atragantan. El estado español no está teniendo olfato para el biogás. O mejor dicho: no le huele bien, en el sentido más literal de la palabra. Sin embargo, el sector ha pasado prácticamente de cero a cien en tiempo récord: en apenas dos años hay más de 200 proyectos de biogás sobre la mesa en diferentes fases de tramitación. Y traen consigo un problema: el biogás es la energía verde que nadie quiere cerca de casa.

El problema: transición energética vs. rechazo social. En la hoja de ruta de la transición energética de España (el PNIEC 2030), que tiene como objetivo final que el estado logre la neutralidad de emisiones para 2050, el biogás tiene su papel. Pero para hacerlo posible es requisito indispensable construir y poner en marcha plantas. 

Y aquí choca con una muralla de rechazo social en forma de plataformas ciudadanas, no tanto a la tecnología en sí, sino al modelo de implantación. Razones no faltan: desde el clásico miedo al mal olor a la falta de planificación territorial empresas promotoras que presentan proyectos sin pisar el territorio y hablar con quien vive allí, el gigantismo de algunas instalaciones o la sombra de las macrogranjas como argumentos, como explican para El País el profesor emérito de Ingeniería Ambiental de la Universidad Politécnica de Catalunya Xavier Flotats y el biólogo e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales Fernando Valladares.

Por qué es importante. Que el biogás figure en la estrategia de transición energética de España implica que, tarde o temprano, va a materializarse; la clave ahora está en el cómo. Es, además, una vía directa hacia la soberanía energética que sustituye al gas natural. Basta echar un vistazo al mapa del precio de la electricidad en Europa para entenderlo: los países que dependen de combustibles fósiles importados sufren la volatilidad de los precios, mientras que quienes han apostado por alternativas propias logran una mayor independencia y estabilidad. 

Pero su valor va más allá de la energía. Estas plantas generan fertilizantes orgánicos que sustituyen a los químicos derivados del petróleo y ofrecen una solución real a la gestión de residuos. Los purines o los restos agrícolas se van a producir igual, con planta o sin ella; la diferencia es que el biogás permite convertirlos en un recurso en lugar de dejarlos como un problema medioambiental.

Contexto. Una planta de biogás es esencialmente un estómago donde bacterias descomponen los residuos orgánicos sin oxígeno, lo que se conoce como digestión anaeróbica. De aquí se obtienen dos productos: un gas rico en metano y un abono. En función del gas obtenido, la planta es de biogás a secas o biometano: el biogás es metano combinado con dióxido de carbono casi a partes iguales, de modo que es un combustible “flojo” que suele quemarse in situ para generar electricidad o calor local. Sin embargo, las plantas de biometano añaden un paso de refinado (retirar el dióxido de carbono), para obtener un gas similar al gas natural fósil.

En Europa, el sector del biogás es una industria consolidada con más de 19.000 plantas, de las cuales casi la mitad están en Alemania. Una imagen dice más que mil palabras: este mapa de plantas de biometano de Europa  del Gas Infrastructure Europe evidencia la densidad en estados como Alemania o Dinamarca frente al desierto español.

El dilema ecologista. Para el ingeniero Xavier Flotats, el rechazo generalizado es una contradicción:”Para algunos activistas, es mejor que un vertedero esté emitiendo metano a la atmósfera antes que llevar los residuos a una planta de biogás para hacer algo provechoso con ellos”. Y profundiza explicando que aunque ese digestato saliente tiene en peso el 95% de la composición de entrada, su composición cambia, se mineraliza y se convierte en fertilizante.

Valladares asegura que las plantas de biogás son greenwashing en tanto en cuanto el proceso no hace desaparecer los residuos, solo quitan el 5%. Y que “No se pueden entender las plantas de biogás sin las macrogranjas industriales de aves, cerdos y vacas”. Para el biólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, las únicas plantas viables son pocas, pequeñas, seguras y caras. Marina Gros, representante de Ecologistas en Acción reconoce que “existen discrepancias dentro de la organización porque hay debate, hay visiones diferentes”. Y de hecho, han publicado una guía para evaluar caso por caso.

El elefante en la habitación. Bajo el dilema del biogás subyace inevitablemente la controversia de las macrogranjas: ante un eventual despliegue de plantas se daría la realidad de parte del biogás producido en el estado dependería de sus purines. Hay quien ve esto como aprovechar un problema ya existente, pero para otras personas supone un lavado de cara a un tipo de ganadería industrial diseñada para maximizar la productividad a menor coste frente al bienestar animal y el equilibrio ambiental del territorio.

Separar el grano de la paja. Ante este aluvión de proyectos, los expertos coinciden en la importancia de distinguir los planes sostenibles de los que no lo son. Algunas señales que marcan que un proyecto es razonable pasan por elegir una ubicación próxima a los residuos que gestiona y operar a escala comarcal, con un plan de utilización del digestato como fertilizante local y un diseño que garantice la estanqueidad total. 

Por el contrario, existen señales que son auténticas red flags: que la planta esté lejos de los residuos pero cerca de gasoductos, la ausencia de planes para el digestato, la recepción de residuos en fosas abiertas, la competición con otras plantas por la materia prima o una lógica de macroplanta industrial desvinculada del territorio.

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Tori Spelling, de “Beverly Hills, 90210”, sufre accidente automovilístico en California; hay siete menores heridos

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EFE.- Tori Spelling, la estrella de “Beverly Hills, 90210”, sufrió un accidente automovilístico en una carretera de California cuando viajaba con siete niños el jueves pasado, y tuvieron que ser trasladados a un hospital para atender sus heridas, según confirmó este domingo su portavoz a NBC.

La actriz, de 52 años, conducía un vehículo en el que viajaban siete menores, cuatro de ellos son sus hijos y los otros tres amigos de los niños, el jueves por la tarde en la ciudad de Temecula, ciudad del sur de California.

Spelling tiene cinco hijos con su exmarido Dean McDermott; sus edades actuales oscilan entre los 9 y 19 años. No está claro quiénes viajaban con ella.

Según la versión del portavoz, otro conductor impactó el vehículo de Spelling, tras supuestamente pasar un semáforo en rojo por exceso de velocidad.

El Departamento del Alguacil del condado de Riverside que acudió a la escena dijo a la televisión que encontró en la escena a los dos vehículos con daños y todos los ocupantes fueron llevados a hospitales cercanos.

La actriz, hija del productor de televisión Aaron Spelling, y los siete niños recibieron tratamiento por lesiones que incluían cortes, moretones, contusiones y conmociones cerebrales, según TMZ, que reportó primero el accidente.

La causa de la accidente sigue bajo investigación.

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el motivo son las leyes de la física

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Seguro que ya sabes (la publicidad online te lo está recordando día sí, día también) que con un sencillo prompt puedes generar un videojuego. La IA te lo hace, pero lo que no puede hacer es jugarlo. La razón no es que los juegos sean difíciles en abstracto: es que el mundo real obedece a las mismas leyes físicas en todas partes, y los videojuegos no.

Hacer, no jugar. La paradoja es llamativa: con herramientas como Cursor o Claude, un prompt genera un clon de un juego clásico funcional. ‘Asteroids’, por ejemplo. Sin embargo, ese mismo sistema no superaría ni el primer nivel de su propia creación. Julian Togelius, director del Game Innovation Lab de la Universidad de Nueva York y cofundador de la empresa de testing Modl.ai, lleva meses investigando por qué, y lo ha desgranado en una entrevista

Programar no es un juego. Togelius define la programación desde un punto de vista estructural: un juego muy bien diseñado. Cada línea de código viene con un enunciado claro, un criterio de éxito verificable y feedback de posibles fallos, y el programa indica exactamente dónde y por qué ha fallado. Los LLM (modelos de lenguaje) han sido entrenados con cantidades masivas de código y afinados mediante aprendizaje por refuerzo para resolver exactamente ese tipo de problemas. Programar es, en términos de estructura de tarea, un juego excepcionalmente “bien portado”, como lo define Togelius. Por eso hay tanta gente que encuentra divertido programar.

Sin embargo, los videojuegos son otra historia: el espacio de acción se rige por reglas más arbitrarias, el feedback puede ser inmediato o retrasarse horas en llegar, el razonamiento espacial es indispensable y el margen de error es mucho más reducido. Cuando a un modelo de IA  se le pide que juegue a algo, el resultado documentado en el paper que realizó Togelius es inequívoco: “fracaso absoluto”.

Con guía, por favor. Gemini 2.5 Pro completó ‘Pokémon Azul’ en mayo de 2025, pero tardó considerablemente más que cualquier jugador humano, cometió errores repetitivos y dependió de software auxiliar para lograrlo. La revista TIME analizó por qué los mejores sistemas de IA siguen teniendo dificultades con ‘Pokémon’. Y eso que es de los pocos títulos que logran acabar. Lo consiguen porque estos sistemas cuentan con APIs específicas para consultar guías estratégicas. Que ‘Pokémon’ o ‘Minecraft’ (otro título que las IAs pueden navegar) sean dos de las franquicias más documentadas de la historia del videojuego, con millones de horas de walkthroughs disponibles en internet, es la clave de que lo consigan con mayor facilidad.

La clave está en la física. Pero… ¿por qué un modelo de lenguaje puede escribir un ensayo sobre física cuántica y a la vez fracasar tanto en ‘Halo’ como en ‘Space Invaders’? La respuesta de Togelius es que “esos dos juegos son más diferentes entre sí, en cierto sentido, que dos ensayos académicos distintos.” Visto de otra forma: los videojuegos son muy heterogéneos. Cada uno inventa sus propias reglas, su propia lógica de espacio, su propio sistema de recompensas. Las mecánicas de un juego de plataformas son absolutamente distintas a las de un ‘Tetris’. El razonamiento espacial (dónde están los objetos, cómo se mueven, cómo se relacionan) no aparece en los datos de preentrenamiento de los modelos de lenguaje porque es inabarcable de un juego a otro.

Sin embargo, observemos una tarea aparentemente más difícil que jugar a ‘Super Mario’: conducir un coche autónomo. Y eso sí lo hacen bien las IAs. La diferencia con los juegos es que el mundo real obedece a las mismas leyes físicas en cualquier parte del planeta. El asfalto se comporta igual en San Francisco que en Shanghái, los semáforos siguen los mismos principios, el vehículo siempre responde igual. Como señala Togelius, “conducir es mucho más homogéneo que el conjunto de los videojuegos.” Aprende a conducir y podrás hacerlo en cualquier punto del planeta. Aprende a jugar a ‘Doom’ y no tendrás ni idea de cómo jugar a ‘Age of Empires’.

El criterio definitivo. Por eso Togelius propone los videojuegos como criterio para determinar el éxito de una IA: hay que calibrar si un agente capaz de aprender a completar cualquier juego del top 100 de Steam en aproximadamente el mismo tiempo que un jugador humano hábil, sin acceso a documentación previa ni integración específica. A ese baremo (que no exige ganar a la primera, sino aprender al ritmo humano) no existe hoy ningún sistema que se acerque.

Cabecera | Foto de Erik Mclean en Unsplash

En Xataka | La IA entró en los videojuegos como experimento. Hoy más del 80% de los desarrolladores ya no saben producir sin ella

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