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Hacía cuatro años que no tocaba un móvil plegable y he flipado con lo nuevo de Samsung

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Por circunstancias del trabajo (y de la vida), desde finales el verano de 2021 no tenía un móvil plegable en mi mesa de análisis. Fue entonces cuando analicé el Samsung Galaxy Z Fold3 y el Samsung Galaxy Z Flip3, dos modelos que ya en su día me pareció que habían mejorado bastante con respecto a sus predecesores.  Desde hace un par de días estoy en Nueva York con motivo del Galaxy Unpacked y lo confirmo: he flipado con los nuevos Galaxy Fold7 y Flip7. Tanto, que me han hecho cambiar de opinión.

Este Fold sí

Samsung Galaxy Zfold3 Zfold7
Samsung Galaxy Zfold3 Zfold7

Samsung Galaxy Z Fold3 y Galaxy Z Fold7

Aunque con el Fold3 ya habían refinado el diseño, me seguía pareciendo bastante ladrillo. Cuando lo plegaba, la sensación era de tener dos móviles en la mano, no uno. De hecho, esto era lo que menos me convencía de este formato. Al final no vamos a desplegar el móvil cada vez que lo queramos mirar y el grosor plegado era muy incómodo. Además, la pantalla exterior era demasiado alargada y el formato resultaba extraño. Por todo esto me gustaba mucho más el concepto del Flip: plegar para transportarlo, pero cuando queremos usarlo lo abrimos y tenemos en la mano un móvil normal.

Cuando vi el Galaxy Fold7 desplegado tuve que mirar dos veces para asegurarme, pero lo mejor vino al plegarlo y comprobar que ya se siente como un smartphone normal, sin formato extraño ni un grosor imposible. De hecho, estando plegado podría pasar por cualquier Galaxy S si no nos fijamos en el borde.

El Fold7 tiene un grosor de 8,9 milímetros cuando está plegado, solamente 0,7 milímetros más que el Galaxy S25 Ultra. Si lo comparamos con el último modelo que había probado, el salto es brutal: el Fold3 tenía un grosor de 16 milímetros plegado y pesaba 271 gramos. Ha adelgazado 7 milímetros y 56 gramos, que se dice pronto.

La pantalla externa que merecía el Flip

Samsung Galaxy Zflip3 Zfold7
Samsung Galaxy Zflip3 Zfold7

Samsung Galaxy Z Flip3 y el Samsung Galaxy Z Flip7

Cuando probé el Flip3, el formato me convenció mucho más que el del Fold; hacía años que no podía meter un móvil en el bolsillo sin que sobresaliera casi la mitad. Sin embargo, aunque era muy cómodo para transportarlo, tenía un problema: con el móvil cerrado no podíamos hacer casi nada. Aquel modelo ya había ampliado la pantalla de las primeras generaciones, pero seguía siendo una pequeña ventana donde podíamos ver las notificaciones y poco más.

El salto con el Flip7 es brutal, tanto en tamaño como en calidad. La pantalla ocupa todo el frontal y se ha perforado para colocar las cámaras, alcanzando las 4,1 pulgadas en diagonal y una resolución de 1.048×948. Además la tasa de refresco es de 120Hz. Por su parte, el Flip3 tenía una pequeña pantalla de 1,9 pulgadas con resolución 260×512. Lo malo es que las funciones aún están limitadas, es decir que no podemos usar cualquier app desde aquí.

El salto con el Flip7 es brutal, tanto en tamaño como en calidad. La pantalla ocupa todo el frontal.

El diseño también ha mejorado y es más delgado y ligero, pero aquí la diferencia no es tan abismal como con el Fold. Desplegado tiene un grosor de 6,5 milímetros y en el Flip3 era de 6,9 milímetros, Donde más se nota es al cerrarlo, pasando de los 17 milímetros del Flip3 a sólo 13,7 milímetros. El secreto está en la bisagra que por fin pliega la pantalla totalmente sin dejar un espacio.

Como decía, el Flip era mi favorito, pero viendo la evolución de ambos modelos en estos cuatro años, he cambiado de opinión. Mis quejas del Fold se han solucionado, mientras que el Flip no ha mejorado tanto y se ha quedado un poco estancado. Si tuviera que elegir un plegable hoy, sería el Fold sin duda.

La competencia ha espoleado a Samsung

No sería justo comparar a Samsung  sólo consigo misma y con la ventaja que le dan cuatro años de evolución. Aunque fueron pioneros, otras marcas entraron en el mercado de los plegables más tarde y consiguieron mejorar esos aspectos negativos de los que a Samsung le ha costado desprenderse. Un ejemplo es la pantalla externa del Flip, que por fin ocupa todo el frontal pero es algo que ya vimos hace un año en el Motorola Razr 50 Ultra.

En cuanto al grosor, si sólo lo comparamos con el Fold3, la diferencia es abismal, pero la realidad es que por el camino ha habido marcas que se han adelantado a Samsung. Honor nos sorprendió hace más de un año con el Honor Magic V2 y sus 9,9 milímetros de grosor (plegado). También tenemos el OPPO N5 anunciaroHace apenas unos días, Honor anunciaba el Honor Magic V5 que baja hasta los 8,8 milímetros y le ha robado al Fold7 la posibilidad de anunciarse como plegable más fino del mundo. En su lugar, es “el Fold más delgado hasta la fecha”. Algo es algo.

Lo malo de renovar cada año

El efecto sorpresa en los lanzamientos de nuevos móviles hace tiempo que nos abandonó. Cada vez son más los móviles continuistas que apenas cambian con respecto a la generación anterior y a menudo nos preguntamos si tiene sentido mantener esta frecuencia de lanzamientos. Tiene sentido desde el punto de vista de estrategia empresarial, pero si lo que buscamos es que haya cambios sustanciales, no lo tiene.

Lo que me ha pasado a mí tras estos cuatro años alejada de los plegables es el ejemplo perfecto. Hablaba con compañeros de profesión que han seguido todas las presentaciones de los plegables de Samsung y a ellos no les parecía tan innovador. La delgadez del Fold7 era lo más comentado, pero poco más. Al final va a resultar que el secreto para que volvamos a flipar con los móviles nuevos es pasarnos unos cuantos años “en coma”.

Imágenes | Amparo Babiloni, Xataka

En Xataka | Hace 10 años, Samsung era el patito feo del software en Android. Ahora es el ejemplo a seguir

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Despiden en redes al cantante Yeison Jiménez, fallecido en accidente aéreo en Colombia; decretan tres días de luto

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EFE.- La muerte del cantante de música popular Yeison Jiménez, de 34 años, quien pereció junto con otras cinco personas en un accidente de avión ocurrido el sábado en el departamento de Boyacá, tiene consternada este domingo a Colombia mientras avanzan las investigaciones para esclarecer las causas del siniestro.

La vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, lamentó la muerte del artista en el accidente de la aeronave, un bimotor Piper Navajo, de propiedad del cantante.

“Expreso mis sentidas condolencias y mi solidaridad a las familias, amigos y seguidores del cantante Yeison Jiménez”, escribió en X la vicepresidenta.

Autoridades locales y regionales y políticos de distintos partidos también expresaron en redes sociales su pesar por el fallecimiento de Jiménez, un hombre de origen humilde que en su infancia trabajó en Corabastos, el principal mercado de productos agroalimentarios de Bogotá, y que encontró la muerte cuando estaba en la cúspide de su carrera.

“Con profundo dolor despedimos a un hijo de Corabastos. Yeison Jiménez llevó en su historia el esfuerzo, las madrugadas y la dignidad del mercado”, manifestó esa entidad en un mensaje en su cuenta de X.

https://x.com/FranciaMarquezM/status/2010365810984804371?s=20

Últimas imágenes del fallido vuelo

La fiscalía general informó que abrió “una indagación relacionada con el siniestro de la aeronave particular”, que se estrelló al intentar despegar del aeropuerto de Paipa, Boyacá, y cayó en un campo cercano al final de la pista.

El avión bimotor quedó calcinado tras el accidente, en el que murieron también el mánager del artista, Jefferson Osorio, otros integrantes de su equipo de trabajo y el piloto de la aeronave.

Tras el accidente ha circulado un video grabado desde el interior de la aeronave segundos antes de despegar y subido a sus redes sociales por Weisman Mora, fotógrafo del artista, también fallecido, en el que se ve al piloto chateando en su celular durante la maniobra de despegue.

En la imagen se ve también el panel de control de la aeronave con aparentes mensajes de advertencia sobre una posible falla eléctrica que al parecer el piloto no notó, lo que ha dado lugar a especulaciones sobre lo sucedido.

El cantante tenía previsto presentarse la noche del sábado en una fiesta popular del municipio de Marinilla, en Antioquia, donde lo esperaba su banda.

Los organizadores hicieron un minuto de silencio y un homenaje simbólico a la hora en que estaba programada su presentación.

Tras las labores de rescate y atención de la emergencia, realizadas por organismos de socorro, autoridades aeronáuticas y unidades de la Policía Nacional, los cuerpos de los seis ocupantes fueron trasladados a la sede del Instituto Nacional de Medicina Legal en Bogotá.

Los suyos se despiden

En Manzanares, departamento de Caldas, tierra natal del artista, la alcaldía decretó tres días de luto y el izado de la bandera a media asta.

“Yeison Jiménez, a lo largo de su trayectoria artística, se consolidó como una de las figuras más representativas de la música popular colombiana, alcanzando reconocimiento a nivel nacional e internacional, llevando con orgullo el nombre de Manzanares y del departamento de Caldas a múltiples escenarios, y convirtiéndose en un referente cultural para las nuevas generaciones”, expresó el gobierno municipal en un comunicado divulgado en X.

El equipo de trabajo de Jiménez también publicó un texto en el que agradeció las múltiples muestras de apoyo recibidas y expresó su solidaridad con las familias de las demás personas fallecidas en el accidente.

“Hoy no sólo despedimos a un artista; despedimos a un hijo, un hermano, un amigo, un ser humano lleno de sueños y valentía, que convirtió su historia en esperanza para miles de personas”, señaló el mensaje, en el que subrayó que su legado permanecerá en la música regional colombiana.

Artistas como Carlos Vives, Silvestre Dangond y Fonseca también se despidieron de Jiménez en redes sociales, donde resaltaron su legado musical y expresaron solidaridad con su familia y allegados.

Jiménez se había consolidado como una de las figuras más influyentes de la música popular en Colombia con éxitos como “Sublime mujer”, “Aventurero”, “Vete”, “Ni tengo ni necesito” y “Mi venganza”, entre otros.

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cómo aprendimos a cuidar lo que vive en una pantalla

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Treinta años después de su lanzamiento en Japón, el Tamagotchi sigue siendo reconocible al primer vistazo. La forma de huevo, los tres botones, la pantalla que apenas muestra unos cuantos píxeles animados. Todo parece sacado directamente de los años noventa y, sin embargo, no estamos ante un objeto congelado en el tiempo. Bandai ha seguido empujando nuevas versiones y el producto continúa encontrando público, tanto entre quienes lo recuerdan de su infancia como entre nuevas generaciones que no vivieron su auge original.

Ese recorrido, desde fenómeno global a icono cultural persistente, no se explica solo como una moda que vuelve. El Tamagotchi instaló una relación distinta con un dispositivo: en su versión original no se usaba cuando apetecía, sino cuando lo reclamaba. Cuidar, alimentar, limpiar y asumir consecuencias formaban parte del trato, con un elemento radical para un juguete electrónico de la época: no había botón de pausa que te rescatara del descuido. Lo que hoy interpretamos como “economía de la atención” todavía no tenía nombre, pero la mecánica ya estaba ahí.

Un juguete japonés que enseñó a convivir con lo digital

Desde el punto de vista funcional, el Tamagotchi es una simulación básica de cuidado y crecimiento encapsulada en un objeto de bolsillo. El dispositivo ejecuta un conjunto de reglas que determinan el estado de la criatura digital, reglas que el usuario solo puede modular parcialmente mediante acciones concretas y repetidas en el tiempo. No hay una curva de aprendizaje compleja ni un final claramente definido, y ahí reside parte de su singularidad frente a otros juguetes electrónicos de su época. Lo importante no es “ganar”, sino sostener el vínculo.

El interés no está en dominar el sistema, sino en convivir con él. Esa lógica, deliberadamente abierta, permitió que el Tamagotchi trascendiera el marco habitual del juguete electrónico y se integrara en la rutina diaria de quienes lo usaban. No se trataba de sentarse a jugar, sino de asumir una presencia que podía exigir intervención a lo largo del día, con independencia del contexto. Es una distinción pequeña sobre el papel, pero enorme en la práctica, porque desplaza el juego de un “rato” a una relación continuada.

Para entender por qué este producto aparece en Japón en 1996, conviene mirar el contexto industrial sin convertirlo en una explicación cultural cerrada. Bandai operaba en un mercado maduro de juguetes y licencias, y a mediados de los noventa buscaba formatos capaces de conectar con un público joven que ya convivía con lo electrónico. Japón, además, era un entorno especialmente habituado a objetos personales portátiles, desde reproductores hasta consolas, y a personajes convertidos en iconos cotidianos. Todo eso no “causó” el Tamagotchi, pero sí lo hizo más legible.

Tamagotchi
Tamagotchi

La clave es que el Tamagotchi no se apoyaba en una franquicia conocida ni en una historia previa. Su atractivo se sostenía en una idea sencilla, portátil y fácil de comunicar, reforzada por una estética cercana a la cultura visual japonesa del momento, donde lo pequeño y lo expresivo ya formaban parte del paisaje. Esa combinación ayudó a que el concepto se adoptara con rapidez y, sobre todo, a que se compartiera con naturalidad. No como un aparato raro, sino como un objeto personal que se llevaba encima.

Aunque a menudo se habla del Tamagotchi como un invento singular, su origen es el resultado de una colaboración muy concreta. Akihiro Yokoi, presidente de WiZ, planteó el concepto inicial de una mascota virtual portátil y lo presentó a Bandai a mediados de los noventa. Allí, Aki Maita, responsable del proyecto dentro de la compañía, fue quien transformó esa idea en un producto viable desde el punto de vista técnico y comercial. Esa doble autoría importa porque evita el relato fácil del genio solitario y describe mejor cómo nacen muchos fenómenos de consumo.

El concepto inicial era el de de una mascota virtual portátil.

El proceso incluyó pruebas con usuarios reales antes de su lanzamiento, algo poco habitual en el desarrollo de juguetes electrónicos de la época. Esos ensayos permitieron ajustar tanto el diseño como el enfoque del producto y revelaron un dato clave para Bandai: el interés surgía con fuerza entre adolescentes, especialmente chicas, lo que influyó en la estética final y en la manera de presentarlo. No es un detalle menor, porque explica por qué el Tamagotchi se convirtió en un objeto social y visible, no en un dispositivo que se escondía.

Si hablamos del nombre, podemos decir que tampoco fue un detalle menor ni una ocurrencia tardía. “Tamagotchi” nace de una combinación deliberada entre tamago, la palabra japonesa para “huevo”, y watch, en referencia a un objeto que se consulta a menudo, adaptado fonéticamente en Japón. Esa elección revela cómo se pensó el producto desde el principio. No como un juguete que se usa de manera puntual, sino como algo que se lleva encima y se mira con frecuencia.

Tamagotchi 2
Tamagotchi 2

Como decimos, en el modelo original, el dispositivo no ofrecía control total al usuario. No había forma de congelar el sistema ni de proteger a la criatura de las consecuencias del descuido, y esa dureza estaba integrada en la propuesta. La asimetría, en la que el usuario respondía más de lo que mandaba, alteraba la relación tradicional entre jugador y juguete y elevaba el coste emocional del abandono.

Bandai asumió desde el inicio que esa falta de indulgencia formaba parte de la experiencia. El Tamagotchi no estaba diseñado para complacer, sino para exigir constancia y generar implicación. Esa lógica, que hoy asociamos a dinámicas digitales mucho más sofisticadas, fue clave para que el vínculo con la criatura se sintiera menos instrumental y más cercano a una responsabilidad cotidiana.

Tamagotchi Official Shop In Harajuku 20121019 2
Tamagotchi Official Shop In Harajuku 20121019 2

Cuando el Tamagotchi salió de Japón, lo hizo como suelen hacerlo los fenómenos difíciles de anticipar: más rápido de lo que el mercado podía absorber. En mayo de 1997 llegó a Estados Unidos y, a partir de ahí, se extendió a otros mercados, incluidos países europeos, en un periodo muy corto. Bandai pasó de gestionar un lanzamiento doméstico a lidiar con un producto global, con problemas de abastecimiento, reventa y una presencia constante en medios que no siempre sabían cómo encajar aquel juguete en categorías conocidas.

La popularidad trajo consigo tensiones inesperadas. El dispositivo empezó a aparecer en aulas, exámenes y actividades donde no estaba invitado, y en muchos centros se optó por restringirlo o prohibirlo por las interrupciones que generaba. Esa reacción, lejos de frenar el fenómeno, contribuyó a amplificarlo, porque confirmaba que el Tamagotchi ya no era solo un juguete: era un asunto social. En muy poco tiempo se convirtió en un marcador generacional, algo de lo que se hablaba y que se veía, no un entretenimiento privado.

Tamagotchi Store
Tamagotchi Store

Cuando la fiebre inicial empezó a diluirse a finales de los noventa, el Tamagotchi no desapareció. Cambió de fase. Bandai optó por reactivarlo con iteraciones técnicas que alteraban la experiencia sin romper su lógica, y ahí aparece un primer salto clave: la conectividad entre dispositivos, inicialmente mediante infrarrojos, que permitía interacción directa entre mascotas. El producto seguía siendo reconocible, pero encontraba una razón nueva para volver, sin depender únicamente del recuerdo.

Ese movimiento marcó un patrón que se repetiría con el tiempo. Cada nueva oleada introducía un cambio tecnológico concreto, como el salto al color, nuevas pantallas o formatos distintos, que servía para atraer a una generación diferente sin borrar la anterior. El Tamagotchi dejaba de ser un fenómeno puntual para convertirse en una marca capaz de reactivarse periódicamente, con ajustes graduales en lugar de reinvenciones agresivas.

Tama Blog Back To School 0824
Tama Blog Back To School 0824

Treinta años después, el Tamagotchi no se sostiene únicamente como un recuerdo de los noventa. Bandai ha señalado un repunte en la tracción comercial de la marca en los últimos años, impulsado en buena medida por el público adulto que lo conoció en su infancia, y lo ha acompañado con nuevas líneas y lanzamientos.

El entorno en el que hoy existe el Tamagotchi no se parece en nada al de finales de los noventa. Las mascotas virtuales se han multiplicado en forma de aplicaciones móviles y de juguetes conectados que integran sensores, conexión permanente y, en algunos casos, funciones basadas en IA. En ese contexto, el Tamagotchi no puede competir por realismo ni por amplitud de funciones, y tampoco parece interesado en hacerlo.

La estrategia, más que tecnológica, es de posicionamiento. En lugar de maximizar capacidades y acercarse a un “compañero inteligente”, el Tamagotchi se mantiene como un dispositivo con reglas claras y una experiencia acotada, incluso cuando incorpora conectividad en modelos recientes. No es una renuncia a lo moderno, sino una forma de preservar su identidad frente a un ecosistema saturado de pantallas y servicios. Su atractivo reside en esa mezcla de sencillez, tangibilidad y previsibilidad, no en prometer una relación perfecta.

Imágenes | Antonio Rubio | BANDAI (1, 2, 3)

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Hemos aceptado que el deporte es “medicina” para el cuerpo. Ahora la ciencia está descubriendo sus efectos secundarios

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El ejercicio físico puede llegar a ser recetado como un fármaco en las consultas de los médicos, aunque no esté empaquetado en una simple pastilla que nos tomamos. Esto se debe a que la evidencia que tiene detrás ha dejado más que claro que hacer deporte puede prevenir una gran cantidad de enfermedades crónicas e incluso tener una muy buena vejez. Pero detrás de todo esto, también hay una parte negativa detrás de haecr ejercicio físico

Sus efectos secundarios. Si aceptamos el ejercicio como un fármaco, debemos aceptar también que todo fármaco tiene un prospecto, unas tomas concretas y por supuesto unos efectos adversos. 

Es por ello que como sociedad tenemos el problema de haber comenzado a vender el hecho de “hacer ejercicio” de manera genérica, ignorando la letra pequeña que tiene esta tarea, como reconoce la propia Fundación Española del Corazón. Y que tiene una solución muy sencilla: la personalización de los ejercicios físicos por paciente. 

El problema de la metáfora. El eslogan de “ejercicio como medicina” es sin duda una excelente campaña de marketing dentro del mundo de la salud pública, pero para la ciencia hay varios flecos importantes. Como apuntan diferentes estudios científicos, el ejercicio no actúa como un fármaco clásico, puesto que no tiene una respuesta predecible en un paciente como si ocurre como una pastilla. Esto obliga a pensar siempre que el efecto puede ser muy diferente en cada persona. 

De esta manera, al llamar el ejercicio como fármaco podemos invisibilizar la diversidad de las respuestas individuales. Y es que no hay una “pastilla de sentadillas” universal, puesto que hacer este ejercicio en una persona concreta puede ser muy beneficioso, pero en otra puede ser el origen de una patología por sobrecarga. Y todo porque nos arrojamos al ejercicio sin planificar cómo hacerlo, puesto que lo vemos muy sencillo coger unas pesas y comenzar a sacar bíceps.

Los números del daño. Solemos escuchar que es un gran peligro mantenerse sentado en el sillón, y es una verdad porque son muchas las enfermedades relacionadas con el sedentarismo. Pero según los diferentes estudios hechos en Estados Unidos, las personas que cumplen o exceden las recomendaciones de ejercicio moderado o vigoroso presentan entre un 44 y un 66% de probabilidades de presentar lesiones musculoesqueléticas que los sujetos que se mantienen inactivo. 

Además de esto, aunque la salud cardiovascular mejora con el ejercicio físico porque el corazón reduce su frecuencia cardiaca, por ejemplo, el “coste de mantenimiento” del cuerpo físico aumenta drásticamente con la cantidad de ejercicio hecho. 

Una cuestión de sesgos. Sin duda, este es uno o de los puntos más críticos que revela la literatura científica ante la falta de transparencia en los ensayos clínicos relacionados con el ejercicio. Esto es algo que se vio en un análisis donde se englobaron 103 ensayos sobre la artrosis de rodilla, donde se encontró que el 6% de los participantes sufrieron daños directos por este ejercicio. 

Pero lo más preocupante no es la cifra, sino la baja información: muchos pacientes que abandonan los estudios por dolor o malestar no son clasificados como “víctimas de efectos adversos”, lo que genera una percepción de seguridad artificialmente alta. Este problema se repite en la oncología, donde el lema “exercise is medicine in oncology” convive con eventos adversos no triviales que han obligado a proponer sistemas de monitorización mucho más estrictos para proteger a los pacientes.

Nos pasamos a veces. El problema de fondo en este caso sin duda es recomendar programas intensivos o complejos sin una relación clara beneficio/daño frente a una alternativa que es mucho más simple. 

Pero, por otro lado, también caemos en el fenómeno de “prevención cuaternaria” haciendo que la medicina se centre en evitar el daño de sus propias intervenciones al medicalizar en exceso, anulando los beneficios del ejercicio físico.

El consenso necesario. De esta manera, los autores que popularizaron el concepto de ‘ejercicio como medicina’ reconocen explícitamente que el ejercicio no está exento de riesgos. Incluso la propia OMS en sus guías mantiene que la inactividad es el mayor riesgo poblacional, pero hay letra pequeña que se debe tener en cuenta: 

  • El ejercicio se debe ‘recetar’ comenzando por una intensidad baja, y no optar por la máxima intensidad desde el primer día. Esto hace que una persona que ha pasado años en un sofá comience a cargar mucho peso, por ejemplo, y acabe lesionada. 
  • El dolor no siempre es malo, y hay que educar al paciente para que vea que la fatiga por el gimnasio no se tiene que medicalizar con pastillas. 
  • Hay que evaluar a los pacientes con riesgo cardiaco para evitar que el ejercicio incontrolado agrave la situación. 

Estar supervisados. La conclusión en este caso es que el ejercicio obviamente es necesario y sin duda es una de las prácticas que pueden prevenirnos la aparición de muchas enfermedades. Pero siempre hay que tener conocimiento de lo que hacemos. Cargar el cuerpo con una gran cantidad de ejercicio desde el minuto 0 puede provocar lesiones importantes o el agravamiento de enfermedades que ya haya presentes. 

De esta manera, la posibilidad de estar en un gimnasio con entrenadores que puedan asesorar sobre la curva de progresión que se debe seguir puede ser una interesante idea para tener el beneficio del ejercicio sin las consecuencias de hacerlo de manera agresiva. 

Imágenes | Jonathan Borba

En Xataka | Hacer cardio o entrenar la fuerza: para la ciencia no hay debate sobre cuál es el ejercicio idóneo a partir de los 50

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