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es que se están quedando sin cobre

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Este comienzo de año ha sacudido los cimientos de la economía global. Entre la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y una volatilidad geopolítica sin precedentes, el cobre —uno de los minerales clave para el futuro energético— ha escalado hasta un máximo histórico, superando los 13.000 dólares por tonelada.

Esta escalada no es una fluctuación pasajera. Como detalla Bloomberg, estamos ante una “tormenta perfecta” donde un ajuste severo de la oferta combinado con un apetito por el riesgo desbocado. El mercado ha entrado en una fase de backwardation (donde el precio inmediato es mayor al futuro), una señal técnica que, según los analistas, apunta a una escasez física real y desesperada.

Centros de datos: el agujero negro del metal. Si bien la construcción y la energía siempre han sido los pilares del consumo de cobre, la inteligencia artificial ha cambiado la escala del problema. Según un análisis del empresario Frank Holmes, un centro de datos convencional consume entre 5.000 y 15.000 toneladas de metal. Sin embargo, un centro de “hiperescala” —necesario para entrenar modelos de IA— puede requerir hasta 50.000 toneladas por instalación.

Además, destaca una realidad incómoda para 2030, año en el que los centros de datos podrían devorar más de medio millón de toneladas de cobre anualmente. Aquí reside el gran problema, ya que la demanda de las tecnológicas es absolutamente inelástica. Como explica Holmes, a los gigantes del silicio les da igual si el cobre cuesta 10.000 o 20.000 dólares porque el metal representa menos del 0,5% del costo total de un proyecto de IA. Ellos pagarán lo que sea, vaciando los almacenes y dejando al resto de las industrias (construcción, electrodomésticos, motor) sin suministro.

Una oferta que se desmorona. Mientras la demanda vuela, la producción está en crisis. Según un reportaje de Financial Times, el precio ha subido casi un tercio desde octubre impulsado por interrupciones en minas clave como el complejo Grasberg en Indonesia. A esto se suma la huelga de Mantoverde en Chile, que ha sido el detonante final. Aunque solo aporta el 0,5% de la producción mundial, su cierre gradual ha recordado al mercado que ya no existen “colchones” de seguridad.

La situación es estructural. Como ha señalado Reuters, el breakeven para desarrollar nuevas minas ya supera los 13.000 dólares por tonelada. Sin precios récord, no hay incentivo para excavar. Analistas de Citi estiman un déficit de 308.000 toneladas para este año, mientras que ING Group proyecta que para 2026 la brecha llegará a las 600.000 toneladas.

La geopolítica del “cuello de botella”. El tablero mundial muestra una fractura peligrosa. China ha jugado una carta maestra porque solo posee el 4% de las reservas mundiales, pero controla el 49% del refinado global. Pekín está comprando concentrados de Chile y chatarra de EEUU para procesarlos y devolverlos al mercado como productos acabados. Quien controle el refinado, controlará la transición tecnológica.

En el otro lado, la administración de Donald Trump ha introducido el caos con los aranceles. Según Bloomberg, el temor a gravámenes inminentes ha provocado un “inventario desarticulado”. Los almacenes de EEUU están en niveles récord con 450.000 toneladas, mientras que en las bolsas de Londres y Shanghái las existencias se han desplomado más de un 55%. El cobre está en el lugar equivocado para el resto del mundo.

El “Efecto Venezuela”. La reciente captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha añadido una capa de incertidumbre geopolítica. Aunque la atención de Trump se ha centrado en el petróleo, el CSIS (Center for Strategic and International Studies) se pregunta si Venezuela es un objetivo de minerales críticos.

El país posee reservas potenciales de oro, coltán y bauxita. Sin embargo, como explica la experta Luisa Palacios, el sector minero venezolano está devastado por la ilegalidad y la falta de inversión. El CSIS advierte que, a pesar del actual control estadounidense, la “sobrecarga legal” de las expropiaciones pasadas y el estado de la infraestructura impedirán que el capital occidental reconstruya la industria de forma inmediata. No obstante, para el mercado del cobre, la toma de Venezuela es el mensaje definitivo: Washington ha pasado a la acción directa y está dispuesto a asegurar por la fuerza el suministro de recursos estratégicos. 

Un problema de décadas. La industria se enfrenta a una realidad física infranqueable. El tiempo medio para poner en marcha una nueva mina de cobre es de 17 a 19 años, por lo que no hay una solución rápida que pueda responder al crecimiento exponencial de la IA en los próximos dos años.

Ante esto, las empresas buscan alternativas. Glencore y Schneider Electric están impulsando la “circularidad del cobre” mediante el reciclaje. Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía sugiere usar aluminio para aplicaciones menos críticas, aunque su eficiencia es menor. Otros intentos son más exóticos, como los centros de datos bajo el mar que prueba China o las instalaciones en cuevas subterráneas para ahorrar refrigeración, aunque la necesidad de cables de cobre sigue siendo la misma.

El regreso a la materia La paradoja de nuestra era es total. En el siglo de la computación cuántica, el destino de la economía global depende de la capacidad de unos mineros en Chile o Indonesia para extraer metal de rocas cada vez más pobres. La “nube”, por muy etérea que parezca, está atada a la tierra por un cable de cobre.

Como apunta el analista de Benchmark, Albert Mackenzie, es posible que la especulación haya inflado los precios, pero la tendencia de fondo es incuestionable. Sin cobre, la transición verde se detiene y la inteligencia artificial se queda sin “cuerpo”. El futuro digital, en última instancia, sigue siendo analógico y de color rojizo.

Imagen | Unsplash y Unsplash

Xataka | El precio del cobre alcanzó máximos por un arancel que no fue. El resultado: la caída más grande en casi 40 años

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El próximo tratamiento contra la depresión podría estar en los ojos. Ya han probado con éxito unas lentillas inteligentes en ratones

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La depresión que resiste a los fármacos es uno de los mayores desafíos de la medicina actual, puesto que cuando los antidepresivos no funcionan, la psiquiatría y la neurología tienen que recurrir a terapias como la electroconvulsión. Ahora, un equipo de investigadores ha dado un giro radical a este asunto al desarrollar unas lentes de contacto inteligentes capaces de tratar la depresión estimulando el cerebro a través de la retina. 

Un estudio publicado en la revista Cell muestra unos muy buenos resultados en modelos de ratón con el uso de estas lentillas que han permitido revertir el fenotipo depresivo con una capacidad comparable a la del antidepresivo fluoxetina, o más conocido como Prozac. 

No es invasivo. Para entender el hito que supone este estudio, hay que mirar primero las terapias actuales que pasan por usar la conocida como Estimulación Magnética Transcraneal para poder hacer una neuromodulación no invasiva para pacientes con depresión resistente a los fármacos. También se está estudiando la posibilidad de hacer estimulaciones eléctricas transcraneales por corriente continua. 

Pero el problema de estas terapias que están en el último escalón de la psiquiatría es que llegar a las regiones profundas del cerebro sin recurrir a la cirugía es extremadamente difícil. Y es que uno de los riesgos de aplicar un campo eléctrico fuerte desde el exterior para llegar a la profundidad del cerebro puede acabar dañando parte del cerebro. 

La solución. Ante este inconveniente físico es donde entra la tecnología de interferencia temporal. Tal y como detalla una revisión hecha en 2025, esta estimulación es una gran estrategia, puesto que consiste en aplicar dos corrientes eléctricas de alta frecuencia que no afectan al tejido cerebral superficial. 

De esta manera, al cruzarse en las zonas profundas del cerebro, la diferencia de frecuencia crea una nueva onda de baja frecuencia que sí estimula las neuronas objetivo. Es un concepto funcional que fue demostrado por primera vez en ratones y que permite acceder a lo más profundo de nuestra anatomía sin bisturí. 

Unas lentillas. Bajo este principio es donde ahora se está buscando la forma de aplicarlo de una manera cómoda para el paciente y es donde entra en juego el uso de lentillas equipadas con electrodos fabricados con óxido de galio y platino. Aquí se aprovecha la conexión anatómica directa que existe entre el ojo y el cerebro a través del nervio óptico para conseguir transmitir esta estimulación a través de la retina que permite enviar señales de interferencia temporal hasta las redes neuronales implicadas en la depresión. 

La aplicación. En la investigación simplemente se aplicó esta estimulación durante 30 minutos al día a lo largo de tres semanas en los roedores. Lo que se consiguió aquí es una restauración de las oscilaciones cerebrales saludables y una mejoría conductual que, según los investigadores, es equiparable a la obtenida mediante la administración de fluoxetina en estos mismos modelos animales. 

Cautela. Aquí hay que tener en cuenta que esta es la primera vez que se usan unas lentillas para tratar un trastorno cerebral, y aunque el diseño del dispositivo es un alarde de la ingeniería, hay que ser cautos. Como suele ocurrir con estos avances, el paso del laboratorio al paciente va muy lento por la necesidad de numerosos ensayos para valorar el efecto y la seguridad en humanos. Pero la idea ahora mismo ya está sobre la mesa y solo hay que esperar que la ciencia siga avanzando. 

Imágenes | rawpixel.com en Magnific

En Xataka | Decimos que estamos “deprimidos” por encima de nuestras posibilidades: dónde termina y dónde empieza la enfermedad

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el bloqueo de Ormuz está a punto de provocar serios problemas a Samsung y TSMC

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El cierre del estrecho de Ormuz por el conflicto con Irán ha puesto patas arriba a toda la industria tecnológica y energética, más allá de toda la tensión geopolítica que ha ido arrastrando. Se trata de un terremoto que recorre toda la cadena de suministro de semiconductores, incluyendo componentes clave que a priori no tenemos en mente, pero que son esenciales para la producción de todo tipo de microchips. Desde los gases más especializados hasta disolventes, minerales y, en esencia, toda materia prima crítica que ahora es bastante más complicada y cara de obtener.

Materia prima. Aparte del silicio, hay otras materias primas esenciales para la fabricación de chips que últimamente están siendo muy difíciles de obtener. Tal y como cuentan desde Bloomberg, la producción de estos chips requiere decenas de materiales tan específicos como gases ultrapuros, ácidos, disolventes, resinas… Muchos de los cuales provienen de una región geográfica muy concreta: Oriente Medio.

El bloqueo del estrecho de Ormuz ha cortado de golpe el suministro de buena parte de ellos, y aunque los grandes fabricantes como TSMC y Samsung tienen algo de inventario acumulado, el margen se estrecha con cada semana que pasa.

El Helio no tiene sustituto. El helio es quizás el material más crítico de todos. Se usa para enfriar obleas durante el grabado de circuitos, en los procesos de litografía EUV y para mantener la estabilidad térmica del silicio. No tiene sustituto. Qatar producía aproximadamente un tercio del suministro mundial, pero los ataques iraníes sobre sus instalaciones energéticas en Ras Laffan y Mesaieed han paralizado prácticamente toda su producción.

Según Bloomberg, una restauración completa podría tardar hasta cinco años. Corea del Sur importaba en torno al 65% de su helio de Qatar, lo que convierte a Samsung y SK Hynix en los fabricantes más vulnerables. Y es que los chips de memoria requieren mucho más helio que los chips lógicos.

Bromo, ácido sulfúrico y disolventes. Más allá del helio, el bloqueo también está afectando a otros materiales igual de críticos. El gas de bromuro de hidrógeno de alta pureza, esencial para los procesos de grabado, escasea. El ácido sulfúrico de alta pureza, usado para limpiar obleas y eliminar fotorresistentes una vez impresos los circuitos, también está enfrentándose a restricciones.

Tal y como explican en The Guardian, el Golfo exporta alrededor del 45% del azufre mundial, la materia prima de la que se obtiene. Y luego están los disolventes para fotorresistentes, como el PGMEA, que se obtiene del nafta, un derivado del petróleo crudo que antes llegaba en buena medida desde Irán.

Inventarios. Los grandes fabricantes han salido a decir que, de momento, tienen reservas suficientes para aguantar varios meses. El gobierno surcoreano confirmó en abril que los inventarios de bromo y helio cubrían varios meses de producción. TSMC, por su parte, contaba que no espera impacto inmediato, aunque advertía que los precios de ciertos gases y químicos probablemente subirán.

El problema es que muchos de estos materiales tienen una vida útil limitada, ya que no se pueden almacenar indefinidamente. El helio líquido se evapora durante el transporte (especialmente ahora que los barcos deben rodear África), y los disolventes para fotorresistentes caducan una vez abiertos. Jonathan Colehower, director general del departamento de Operaciones Globales y Cadena de Suministro de UST, contaba a PC Gamer que empresas como Samsung “venían operando con inventarios muy ajustados” siguiendo el modelo justo a tiempo, y que “esto no estaba en su radar”.

Concentración geográfica. Una de las lecciones más duras de esta crisis es que la cadena de suministro tecnológica tiene puntos de estrangulamiento muy concretos. Y es que no se trata solo de que el Golfo produzca petróleo; es que produce materiales muy específicos en instalaciones muy concretas que no tienen equivalente fácil en otro lugar.

Jenna Ingram, directora de Inteligencia Proactiva en Exiger, contaba a PC Gamer que los fabricantes que antes compraban helio en el Golfo ahora compiten por el mismo volumen limitado que producen Canadá y Estados Unidos, que ya tenían sus propios clientes. Cabe añadir que China acaba de restringir sus exportaciones de ácido sulfúrico y que Rusia ha impuesto controles temporales sobre las exportaciones de helio, por lo que el panorama se complica aún más.

Quién aguantará y quién no. En este escenario, el tamaño importa mucho. Los grandes (TSMC, Samsung, SK Hynix) tienen poder de compra suficiente para colarse al principio de la cola cuando hay escasez, pagar primas por materiales de alta pureza y tirar de relaciones estratégicas si hace falta. Los más pequeños, no. Según Gartner, si la situación se prolonga, podría llegar a afectar también a la industria de la IA.

Para los consumidores, el pronóstico no es para nada esperanzador. Y es que lo más probable es que las prioridades de suministro favorezcan a la infraestructura de IA sobre la electrónica de consumo.

Cuánto durará esto. “Creo que en el mejor de los casos estamos ante otros 12 o 18 meses de dificultades. No creo que esto se resetee de la noche a la mañana,” explicaba al medio Derek Lemke, Vicepresidente sénior de Inteligencia a nivel de producto en Exiger. Colehower, por su parte, explica que “una buena parte del daño no es solo una interrupción del suministro, sino infraestructuras dañadas” que hay que reconstruir. Y, sobre todo, subraya que “los precios son pegajosos. Suben, pero raramente bajan.”

Imagen de portada | Harrison Broadbent

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El gran desafío de Ozempic es el efecto rebote. La ciencia ya tiene dos prometedoras soluciones para evitarlo

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El auge de medicamentos como Ozempic, Wegovy o Mounjaru ha transformado por completo el panorama clínico y social de la pérdida de peso, haciendo que muchas personas no duden en pedir a su médico de cabecera que se lo recete para poder perder peso y también regular la glucemia. Los resultados durante el tratamiento son innegables, pero la gran pregunta que plantea sobre las consultas médicas es qué ocurre exactamente cuando se interrumpe la medicación.

Lo que sabemos. Uno de los puntos más temidos de este tipo de tratamientos está en el ‘efecto rebote’ que provoca que, en el momento de dejar el tratamiento y si no se han ajustado los hábitos alimentarios, se vaya a ver un gran aumento de peso. Esto es algo que provoca que mucha gente vea que este tratamiento solo da unos meses de ‘delgadez’, pero la ciencia trata ahora de evitar este efecto. 

El rebote. Un exhaustivo análisis publicado en The BMJ puso por fin cifras exactas a este fenómeno para que se pueda hablar con propiedad a los pacientes. Y lo que se ha visto tras analizar a 9.300 participantes es que los pacientes recuperan una media de 0,4 kilos al mes tras suspender el tratamiento. 

A este ritmo, el retorno al peso inicial antes de comenzar la terapia se produce en apenas 1,7 años. Pero esto también se viene acompañado de una pérdida del escudo cardiovascular a los 1,4 años. 

La solución. Una de ellas pasa por tomar una pastilla diaria conocida como orforglipron, que no es más que un agonista del receptor GLP-1 no peptídico, lo que hace que se pueda tomar de manera oral y no a través de inyecciones subcutáneas. Aquí la idea es utilizar el tratamiento inyectable, que es más potente, durante las primeras semanas para luego hacer una transición a esta pastilla diaria para consolidar los resultados sin el efecto rebote. 

Esto no solo mejora enormemente la comodidad del paciente, sino que facilita la producción masiva, ya que no se depende de los problemáticos ‘bolígrafos’ que contienen la semaglutida, y ayuda a mantener la señalización de saciedad a nivel cerebral sin el impacto invasivo de la aguja. 

Una bacteria. La segunda línea de investigación apunta al microbioma intestinal, al analizar la suplementación con la bacteria Akkermansia muciniphila MucT pasteurizada como herramienta para evitar el efecto rebote tras una dieta hipocalórica. Una bacteria que es una vieja conocida en el ámbito de la nutrición por su papel en la integridad de la barrera intestinal. 

Tras hacer los análisis, se vio que el grupo de pacientes que recibió el suplemento bacteriano registró una recuperación de peso de apenas el 13,6%, frente al 32,9% del grupo de control. Pero más allá de la báscula, se ha visto que con esta bacteria se muestra una notable preservación de la sensibilidad a la insulina, un factor crucial para evitar el desarrollo de diabetes tipo 2 y mantener el metabolismo lipídico bajo control.

El futuro. Estamos sin duda ante el inicio de un cambio de paradigma, puesto que la narrativa médica está pasando de la “guerra contra los kilos” a corto plazo a la gestión crónica y sostenible. Pero lógicamente, para que esto llegue al mercado, hay que esperar (y no poco) a tener mejores resultados y sobre todo que se ensaye en humanos. 

Imágenes | stefamerpik en Magnific

En Xataka | Creíamos que Ozempic era solo para adelgazar. La ciencia está viendo que puede acabar con el alcoholismo

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