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El problema de Japón no es que esté dejando de tener bebés a una velocidad récord. Es que lo hace 17 años antes de lo que debería

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Si hay una forma de salir del pozo demográfico, Japón todavía no la ha encontrado. Y no por falta de empeño. A pesar de todos sus esfuerzos, de la imaginación e inversión millonaria que ha destinado a políticas de natalidad, su balance de nacimientos sigue siendo desastroso. El último lo acaba de publicar el Gobierno y muestra que en 2025 nacieron en Japón 15.179 bebés menos que en 2024. Es el décimo año consecutivo de declive, un nuevo mínimo histórico y sobre todo un escenario en el que Japón no esperaba verse hasta 2042.

La pregunta es: ¿Está dispuesto Tokio a cubrir ese descalabro de natalidad con un mayor flujo migratorio, la tabla demográfica que mantiene a flote otros países?

¿Qué ha pasado? Que Japón ha recibido un duro baño de realidad demográfica, algo que empieza a ser habitual. El Ministerio de Salud acaba de publicar el balance de natalidad de 2025, un documento que deja poco margen para el optimismo. A lo largo del año pasado nacieron en el país 705.809 bebés, un mal dato se mire por donde se mire. Representa el registro más bajo desde que se empezaron a elaborar estadísticas, en 1899, y sobre todo confirma que la natalidad lleva diez años consecutivos a la baja… sin perspectiva de mejora.

En términos anuales, esos 705.809 nacimientos suponen un descenso del 2,1% con respecto a 2024. Si echamos la vista más atrás, a la última década, la caía es de alrededor del 30%. La única buena noticia es que el dato mejora (ligeramente) algunas previsiones lanzadas por la prensa japonesa hace unos meses y que la velocidad a la que cae la natalidad parece estar ralentizándose poco a poco. Al menos es inferior a la del período 2022-2024, cuando superaba el 5% anual.

¿Tan mala noticia es? Sí. Por varias razones. La principal es que la crisis demográfica japonesa está agravándose mucho más rápido de lo que creía el Gobierno, que hace años ya se preparó para un escenario pesimista.

En 2023 el Instituto Nacional de Investigación de Población y Seguridad y Seguridad Social (IPSS) publicó un informe en el que calculaba que el número de nacimientos anuales no descendería a 700.000 hasta 2042. La realidad es que el país ya se movió en esa franja en 2025, 17 años de lo esperado. Es más, el IPSS calculaba que en 2025 nacerían 774.000 bebés. El dato real que hoy conocemos (705.809) se aproxima más a su proyección más pesimista (681.000).

¿Por qué es un problema? Porque Japón está comprobando que, pese a sus múltiples intentos, no ha logrado taponar su brecha demográfica. No es solo que caiga su natalidad, es que el crecimiento vegetativo (diferencia entre nacimientos y muertes) da claras señales de alarma. Aunque las defunciones se han reducido un 0,8%, la población japonesa se contrajo el año pasado en 899.845 personas. 

Medios como Nikkei o The Japan Times han publicado en las últimas horas análisis que advierten del paulatino envejecimiento del país y (sobre todo) la presión que ejerce sobre su sistema de seguridad social y las pensiones.

¿Algo habrá positivo, no? Más o menos. Las estadísticas dejan algunas lecturas positivas o que muestran posibles caminos a seguir, aunque con matices. Por ejemplo, en 2025 los matrimonios aumentaron ligeramente con respecto al año anterior (1,1%) hasta sumar 505.656. La pregunta es si ese repunte es fruto de la resaca de la pandemia, cuando muchas parejas pospusieron sus bodas.

Otro dato curioso es que hay territorios que parecen haber dado con la tecla demográfica correcta: en Tokio los nacimientos aumentaron cerca de un 1,3% el año pasado, hasta sumar 88.518, y se calcula que su área metropolitana acapara casi un tercio (el 30%) de todos los alubramientos registrados en el país.

¿Cuál es la solución? La gran pregunta. Lo difícil es responderla. Japón ha probado con incentivos económicos y laborales, programas para formar parejas… De todo para impulsar su natalidad, un objetivo al que ha destinado millones y millones. Le ha servido de poco. Hay quien cree que ante ese escenario una posible tabla de salvación es replantearse la política inmigratoria nacional.

 “Negarnos a aceptar un flujo adecuado de migrantes no solo es ignorar la realidad económica, sino renunciar a nuestro futuro colectivo”, apuntaba hace poco a El Mundo Akito Tanaka, de la Red de Solidaridad con los Migrantes.

“Las políticas que están limitando cada vez más la entrada de trabajadores extranjeros están agravando precisamente este problema”, insiste Tanaka, quien advierte que Japón se enfrenta a “una encrucijada demográfica sin precedentes”. Los últimos datos del Ministerio de Salud dejan de hecho una idea interesante: los 705.809 bebés registrados en Japón en 2025 no solo se corresponden con nacimientos de padres de origen nipón, también incluye a los extranjeros.

¿Cuál es la posición de Tokio? No parece muy dispuesto a apostar por los extranjeros para reflotar su población. De hecho ayer mismo trascendió que la agencia de inmigración de Japón ha endurecido las directrices que deben cumplir los solicitantes de residencia permanente. En la práctica los cambios hacen más difícil cumplir los requisitos para obtener la visa, para la que es clave demostrar una buena conducta y autosuficiencia financiera, entre otras condiciones.

No es exactamente una novedad. Se sabe desde hace meses que el Gobierno de la conservadora Sanae Takaichi planeaba duplicar el tiempo de estancia mínimo que deben permanecer los extranjero en Japón para optar a la ciudadanía.

¿Puede cambiar? En plena avalancha de turismo internacional (lo que ha generado múltiples tensiones entre visitantes foráneos y población autóctona) la presencia de extranjeros se ha vuelto un tema relevante en la política japonesa. De hecho tras tomas las riendas del Gobierno, Takaichi no tardó en impulsar una política migratoria que gira en torno a una normativa con un nombre elocuente: “Ley para una sociedad de coexistencia ordenada con extranjeros”. Sus últimos resultados en las urnas muestran que su posición no disgusta al electorado.

Imagen | Andrew Leu (Unsplash)

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‘Star Citizen’ ha logrado alcanzar los 1.000 millones de dólares de financiación. No tenemos ni idea de cuándo se lanzará

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Hay videojuegos que se retrasan, videojuegos que cambian de rumbo y videojuegos que parecen vivir en una categoría propia. ‘Star Citizen’ pertenece claramente a esta última. Lo que hemos visto durante más de una década no es solo el desarrollo de un ambicioso simulador espacial, sino un fenómeno difícil de encajar en los moldes habituales de la industria: miles y miles de jugadores financiando una promesa que sigue creciendo sin que exista todavía una fecha cerrada para su lanzamiento comercial completo.

Una cifra difícil de ignorar. La página oficial de Roberts Space Industries sitúa la financiación de ‘Star Citizen’ en 1.011.412.026 dólares, con 6.560.271 Star Citizens registrados en el momento de la captura aportada. No hablamos de una estimación ni de una cifra reconstruida desde fuera, sino del contador público del propio proyecto. Ese dato permite entender mejor la magnitud del fenómeno: una comunidad que no solo ha seguido de cerca cada avance, sino que también ha sostenido económicamente una de las apuestas más ambiciosas y prolongadas del videojuego moderno.

Catorce años de espera. El origen del proyecto ayuda a entender por qué este caso se ha convertido en algo tan singular. ‘Star Citizen’ empezó a tomar forma en 2012, cuando Chris Roberts, conocido por ‘Wing Commander’, cofundó Cloud Imperium Games junto a Sandi Roberts y apostó por financiar el desarrollo directamente con la comunidad. El juego apuntaba originalmente a 2014, una referencia que hoy sirve para medir la distancia entre aquella primera ambición y el estado actual del proyecto.

El desarrollo abierto como combustible. El estudio no ha mantenido el interés solo con una promesa inicial, sino mostrando el proceso casi en directo. Hemos visto un desarrollo acompañado por retransmisiones semanales, blogs, hojas de ruta y acceso temprano a la alpha, una forma de trabajar que ha convertido a la comunidad en parte visible del proyecto. Sandi Roberts también apunta a ese vínculo cuando habla de los AMA en Reddit, los foros y los eventos ‘Bar Citizens’, encuentros organizados por los propios fans.

No está acabado, pero tampoco vacío. Conviene separar dos ideas que a menudo se mezclan. ‘Star Citizen’ no tiene todavía una versión comercial completa, pero quienes apoyan el proyecto ya pueden jugar en PC a una alpha con contenido disponible. En ese estado actual, el proyecto permite dedicarse a la caza de recompensas, la minería, el transporte industrial a gran escala, el rescate médico y la recuperación de naves. 

Naves, promesas y miles de dólares. El modelo de financiación también tiene una cara especialmente llamativa. Muchas de las aportaciones de mayor valor están vinculadas a naves asociadas al juego, con opciones que pueden empezar en 15 dólares y otras que ascienden a miles. El ejemplo más reciente es el Anvil Odin, una nave de más de 5.000 dólares. Además, hay un matiz importante: es una “concept pledge”, así que todavía no está disponible en el juego.

La recta final sigue sin fecha. En paralelo a ‘Star Citizen’, Cloud Imperium también trabaja en ‘Squadron 42’, una campaña para un jugador ambientada en el mismo universo y con un reparto que incluye a varias figuras. En declaraciones a Variety, Chris Roberts aseguró que el equipo está en las fases finales, aunque sin calendario cerrado. Ahí está la gran incógnita: el proyecto ha alcanzado una escala enorme, pero seguimos sin saber cuándo llegará su versión 1.0.

Imágenes | Roberts Space Industries

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Si pensabas que la zona azul de tu ciudad era cara, espera a ver lo que cuesta amarrar un yate en el GP de Fórmula 1 en Mónaco

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El Gran Premio de Mónaco es, con diferencia, la carrera más glamurosa del Campeonato Mundial de Fórmula 1. No tanto por el hecho de que cada una de sus curvas guarda un recuerdo de los pilotos más laureados, sino por el enorme escaparate de lujo y opulencia al celebrase junto a uno de los puertos más exclusivos del mundo.

No cualquiera puede acceder a los espacios más exclusivos del GP de Mónaco. Más allá de las gradas VIP, el verdadero epicentro del lujo está en los yates amarrados frente al circuito.

El amarre de un superyate durante ese fin de semana cuesta un auténtico dineral, solo asumible por los más ricos del mundo. De hecho, ni siquiera grandes fortunas del mundo, como Jeff Bezos, tienen asegurado un puesto entre los pocos privilegiados que pueden permitirse ver la carrera de Fórmula 1 desde la cubierta de su superyate.

Tres millones por un asiento en primera fila

Durante la semana del Gran Premio, Port Hercule deja de ser un puerto al uso y se convierte en punto de encuentro para las mayores fortunas del planeta y sus yates. Que te guste o no la Fórmula 1 es secundario.

La semana previa al Gran Premio ya comienza el desfile de enormes superyates, como el Symphony de Bernard Arnault, fundador de LVMH, que tomar posiciones destacadas en el puerto monegasco. El medio especializado Yatch Harbour estimó que la prueba de 2017 reunió en Port Hercule yates valorados en más de 2.000 millones de euros.

Kismet
Kismet

Superyate Kismet, de 122 metros de eslora

No obstante, no tener un yate propio no es excusa para no disfrutar de un asiento en primera “fila” de mar para disfrutar de la única carrera del Campeonato que puede verse desde la cubierta de un lujoso superyate.

El alquiler de yates durante la semana de la prueba de la carrera se dispara. El portal de alquiler de embarcaciones de lujo Cecil Wright ofrece ese tipo de servicios y te permite alquilar el Kismet, una verdadera mansión flotante por el módico precio de tres millones de euros por una semana.

Mientras que en las calles de Montecarlo los motores de los monoplazas exprimen al máximo sus prestaciones, en el interior del Kismet pueden acomodarse hasta 12 huéspedes en ocho suites. El yate está equipado con hasta el más mínimo detalle para que los huéspedes solo tengan que relajarse en su spa de inspiración balinesa, que incluye hammam, sauna y cámara de crioterapia, ducha de efecto cascada y bañera de cromoterapia, gimnasio y estudio de yoga.

Cubierta Del Kismet
Cubierta Del Kismet

Una de las cubiertas del Kismet

Además, permite vivir toda la emoción de la carrera desde cualquiera de los jacuzzis de sus lujosas cubiertas, y todo ello atendido por una tripulación de 36 personas.

“Aparcar” en un GP de Mónaco

Una vez alquilado el superyate adecuado para pasar inadvertido entre milmillonarios y miembros de la realeza, solo resta encontrar un amarre para el Kismet. Port Hercule es el único puerto con la profundidad adecuada para el amarre de superyates de esa categoría.

Este puerto ofrece unos 700 amarres, pero el lugar más cotizado es la llamada Trackside Zone, donde los barcos quedan situados junto a Quai des États-Unis, Quai Jarlan y los dos primeros puestos de Quai U. Es decir, en la línea de amarre más cercana al circuito, donde los monoplazas pasan a solo unos pocos metros de estos yates.

Según la tabla de tarifas del Puerto de Mónaco, el precio del amarre se calcula en base a lo cerca que está de la pista y los metros de eslora del superyate.

Atracar un yate en el puerto de Monaco durante la carrera van desde los 5.668 euros para yate de menos de 19 metros en la zona de Puerto de Fontvieille, la más alejada y sin visión de la pista, hasta triplicar su precio a medida que nos vamos acercando a la pista, con un precio de amarre de 16.087 euros para el mismo yate de 19 metros.

Detalle De Port Hercule
Detalle De Port Hercule

La Zona 1 de amarre está al final de la recta del túnel, justo cuando los monoplazas deben frenar

Pasar de la zona 2 de amarre, desde la que puede verse la chicane de la  zona de la Piscina, a la Trackside Zone (zona 1) implica un incremento de precio del 25,7%.

Durante el Gran Premio de Mónaco, amarrar un superyate como el Kismet, de 122 metros de eslora, en la Trackside Zone (zona 1) puede costar unos 160.000 euros solo en concepto de atraque durante la semana del Gran Premio.

Su elevado precio queda justificado por que su proximidad convierte a la Trackside Zone en una especie de grada flotante. Los yates quedan frente a una de las partes más reconocibles del trazado, justo donde los monoplazas salen del túnel y se lanzan hacia la zona de la Nouvelle Chicane, una de las imágenes clásicas del Gran Premio de Mónaco.

Es un punto donde los pilotos deben reducir su velocidad para trazar la curva y encararse hacia el tramo de la Piscina, por lo que los millonarios los ven pasar a menor velocidad y los monoplazas pueden observarse con más detalle. Sin duda, la forma más millonaria de ver una carrera de Fórmula 1.

En Xataka | Madrid lleva años peleando por su Gran Premio de F1. Los ricos herederos de Ozempic también quieren un Gran Premio en su pueblo

Imagen | Flickr (CaterhamF1)

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son perfectos si buscas ahorrar y recortar una suscripción

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Spotify, HBO Max y Apple TV son solo tres de las suscripciones que pago religiosamente todos los meses. Aquí ocurre lo de siempre: una sola cuesta poco, pero cuando empiezas a sumarlas, el gasto mensual duele en el bolsillo. Por eso mismo, llevo un tiempo pensando en recortar alguna suscripción, pero es difícil porque, aunque parezca que no, las uso todas. Entonces, la solución es buscar una suscripción dos en uno que me permita quitar al menos una de ellas.

Esto es algo complicado en las plataformas de streaming, aunque no tanto en herramientas que uso en mi día a día. Tengo un almacenamiento en la nube y una VPN desde hace tiempo por separado, pero, ¿por qué no coger un servicio que incluya ambas cosas? Por eso mismo, son tres los servicios que cumplen con esto y me han convencido.

Internxt

La primera opción que incluye ambos servicios es Internxt, una compañía de origen español. Es un servicio de almacenamiento en la nube seguro con cifrado de extremo a extremo, por lo que ni la propia compañía puede acceder a tus datos. Además, es de código abierto, así que cualquier persona puede auditarlo a través de GitHub, lo que garantiza su transparencia.

Sus tres planes incluyen almacenamiento y VPN. El más barato parte de los 9,99 euros al mes, aunque si usamos el código ‘XATAKA’, el primer mes nos saldrá por solo 1,57 euros. A cambio, tendremos 1 TB de almacenamiento en la nube, VPN cifrada y, de paso, antivirus.

Internxt – Un mes de prueba

El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces

NordVPN

Con NordVPN vamos en sentido contrario: es una VPN que incluye almacenamiento en la nube en alguno de sus planes. Es una de las mejores VPN que hay actualmente, ofreciendo un servicio que, además de muy seguro, también es rápido y con más de 9.400 servidores repartidos por todo el mundo. Además, con una sola cuenta, puedes tener VPN en hasta 10 dispositivos.

Para poder tener almacenamiento en la nube con NordVPN, es necesario que elijamos el plan ‘Completo’ o el plan ‘Ultra’. El primero es el más económico e incluye, además de 1 TB de almacenamiento en la nube, gestor de contraseñas y protección contra llamadas fraudulentas. Si cogemos su plan mensual, el precio es de 18,19 euros, aunque la forma más económica a largo plazo es elegir su plan de 24 meses: de esa forma, al mes solo nos costará 4,79 euros.


Plan Completo mensual de NordVPN (plan de 2 años)

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Proton

Para terminar, tenemos Proton. Es otro servicio europeo que tiene varias herramientas diferentes como correo, VPN o almacenamiento en la nube, entre otras. Tenemos la posibilidad de contratar algunos de estos por separado, pero en este caso la suscripción que nos interesa es Proton Unlimited. ¿Por qué? Porque, básicamente, es un servicio que lo engloba todo.

Esta suscripción incluye, además de una VPN (que también es considerada como una de las mejores), 500 GB de almacenamiento en la nube, la posibilidad de tener hasta 15 direcciones de correo electrónico cifradas, gestor de contraseñas e incluso herramientas de ofimática para crear y editar documentos de texto u hojas de cálculo. Su precio es 12,99 euros al mes, aunque si elegimos su suscripción anual, el precio baja a 9,99 euros al mes.


Proton Unlimited (un año)

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Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.

Imágenes | Štefan Štefančík, Internxt, Proton, NordVPN

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