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Netflix presenta todas sus novedades para 2026, y hay un género que es indiscutible ganador
Hemos tenido la ocasión de asistir a la presentación de los planes de Netflix en España para 2026. Salvo un par de éxitos muy concretos, como la película de ‘Peaky Blinders’ o la cuarta temporada de ‘Los Bridgerton’, la presentación se centró en las producciones españolas. Y dos cosas nos llamaron la atención: la apuesta decidida que la plataforma hace por las superproducciones con equipo técnico y artístico de aquí y el fuerte peso que tiene el true crime en el conjunto. Revisemos estas novedades.
Netflix y el audiovisual español
Desde que Netflix nos llevó a visitar sus platós e instalaciones en las afueras de Madrid, nos quedó bien claro que la plataforma no estaba aquí para ser un segundo plato en el panorama del cine y las series. Por aquel entonces estaba en pleno rodaje ‘La sociedad de la nieve‘, una película que dio prestigio internacional a las producciones de la compañía en España. Netflix quiere sostener esta fama y lo hace poniendo sobre la mesa películas y series con repartos y equipos de primerísima línea. Estos fueron algunos de los proyectos presentados:
- El problema final: Con Jose Coronado, Maribel Verdú y Martiño Rivas, basado en una novela de Pérez-Reverte.
- Gracias, equipo: Comedia con Maribel Verdú, Pedro Casablanc y Alexandra Jiménez
- Salvador: Thriller de Daniel Calparsoro con Luis Tosar y Claudia Salas
- Berlín y la Dama del Armiño: Segunda temporada del spin-off de La casa de papel, esta vez ambientado en Sevilla y con Andrés de Fonollosa, Inma Cuesta, Michelle Jenner, Joel Sánchez y Tristán Ulloa
- 53 domingos: Película de Cesc Gay con Carmen Machi, Javier Gutiérrez, Alexandra Jiménez y Javier Cámara
- En nombre de otro: Película de Oriol Paulo (‘Contratiempo’) con Mario Casas y Blanca Suárez.
- Toda la verdad de mis mentiras: Basada en una novela de Elísabet Benavent, con Daniel Ibáñez e Itziar Manero
Puente de realidad
Antes de entrar en la curiosa tendencia que están siguiendo muchas de las producciones españolas de Netflix, su inmersión en el true crime, detengámonos en un documental y una serie firmemente anclados en lo real.
- Rafa: No pudimos ver ningún avance de esta serie, pero promete ser el documental definitivo de Rafa Nadal, presentando facetas nunca vistas de su carrera y personalidad.
- Aquel: Nada menos que Raphael hizo acto de presencia ante los periodistas, presentando una serie que documenta su carrera, con dos actores, Javier Morgade y Carlos Santos, dando vida al intérprete en edades distintas. El propio cantante dio carta de legitimidad oficial a la serie, y habló de lo satisfecho que estaba con el resultado, la ambientación y lo que cuenta.
El atractivo del true crime
A ninguna plataforma se le escapa que el true crime es uno de los géneros más seguidos de la actualidad. La propia Netflix ya ha incidido en el true crime hispano con series como ‘El caso Asunta‘, ‘¿Dónde está Marta?’, ‘El cuerpo en llamas‘ y muchas otras. Consciente del atractivo comercial de este tipo de historias, muchas de las propuestas para 2026 de Netflixpertenecen al género, incluyendo tanto ficción como documentales.
- El crimen de Pazos: Tristán Ulloa vuelve a Galicia tras ‘El caso Asunta’, aunque esta vez al otro lado de la ley. En ella dará vida a un sargento de la Guardia Vivil convencido de que un hombre ha intentado matar a su mujer pese a las apariencias de que eran una pareja perfecta y de que ella ha sido víctima de un intento de robo. Produce Bambú Producciones, que ya hizo lo propio con ‘El caso Asunta’.
- El niño: Mariano Barroso firma esta adaptación de la novela de Fernando Aramburu, donde el autor contaba la historia de Nicasio, un octogenario que acostumbra a subir los jueves al cementerio de Ortuella para visitar la tumba de su nieto, uno de los muchos niños que fallecieron en una explosión de gas en un colegio en octubre de 1980. Este suceso, que conmocionó al pueblo vasco, mostrará cómo el accidente cambió muchas vidas en su día.
- Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo: Una película documental de Jon Sistiaga y Juanjo López, que abordará los dos días en los que España entera se movilizó intentando frenar el asesinato de Miguel Ángel Blanco, una muerte en diferido que dejó una profunda huella. Este documental recuerda aquel momento y cómo significó el principio del fin para ETA.
- Lobo: Volvemos a Galicia y a Tristán Ulloa, aunque esta vez en un papel secundario frente al protagonismo de Luis Tosar. Lo harán en una miniserie que indagará en el caso real de Manuel Blanco Romasanta, sastre itinerante que pasó a la historia como el primer asesino en serie documentado de España, en la Galicia rural del siglo XIX. Durante su defensa alegó ser un hombre lobo, y la abundante documentación que hay sobre el caso sustenta el desarrollo de esta nueva serie.
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40 millones de dólares en lingotes de oro
A veces una investigación deja una imagen tan potente que amenaza con tapar el detalle más importante. En este caso, la imagen es la de unos agentes del FBI entrando en una casa de Virginia y encontrando más de 300 lingotes de oro de un kilo (unos 40 millones de dólares), junto a unos 2 millones de dólares en efectivo y cerca de 35 relojes de lujo. La pregunta inmediata es evidente: qué hacía todo eso allí. La respuesta, por ahora, no está en la acusación formal. Según NPR, David J. Rush se enfrenta, por ahora, a un cargo mucho más limitado: presunto robo de dinero público por pagos de licencia militar obtenidos, supuestamente, mediante declaraciones falsas.
Todo empezó dentro de la propia CIA. Según una declaración conjunta de la CIA y el FBI, una investigación interna de la agencia identificó posibles infracciones legales y llevó a su director, John Ratcliffe, a remitir el asunto al FBI. La búsqueda en la vivienda de Rush se produjo el 18 de mayo y el arresto llegó el día 19.
La clave del caso. El hallazgo empuja a pensar en una causa enorme, pero la acusación presentada hasta ahora es mucho más limitada. The New York Times señala que Rush solo está acusado de haber inflado sus credenciales académicas y de haber cobrado pagos de licencia militar por decenas de miles de dólares. También habría afirmado falsamente que seguía en la Reserva de la Marina después de haber sido dado de baja. Y aquí está la parte curiosa: esos bienes forman parte de la investigación, pero no son todavía el núcleo formal de la imputación.
Una pieza importante. NPR lo describe como antiguo empleado de la CIA de nivel Senior Executive Service, una categoría asociada a puestos de alto rango dentro de la Administración federal. No hablamos, por tanto, de un nombre menor dentro del relato que dibujan las fuentes. Hablamos de alguien situado en un nivel que no pasa desapercibido.
El agujero sin explicar. La gran pregunta no es solo cómo acabaron esos bienes en una casa privada, sino por qué se habían solicitado en primer lugar. Rush empezó a pedir divisas extranjeras y decenas de millones de dólares en lingotes bajo el argumento de que eran necesarios para asuntos laborales. La CIA revisó después un espacio de almacenamiento asociado a él y solo localizó parte del efectivo. A esto se le suma que la agencia todavía no había encontrado registros que justificaran la necesidad de manejar una suma tan extraordinaria.
Un currículum en entredicho. El FBI también mira hacia atrás, mucho antes de las solicitudes de fondos y del registro en Virginia. El hombre habría incluido en varias candidaturas a la CIA estudios en Clemson University y Rensselaer Polytechnic Institute, además de méritos militares que ahora están bajo sospecha. Las dos universidades, según la declaración jurada citada por la radio pública estadounidense, no encontraron registros de que hubiera asistido a clase. Algo parecido ocurre con su perfil como supuesto piloto: los documentos revisados no respaldarían que hubiera superado evaluaciones ni que contara con licencia.
El caso. Rush sigue bajo custodia del U.S. Marshals Service tras ver rechazada su petición de libertad bajo fianza, y aún no ha presentado una declaración formal. Los registros judiciales citados indican que renunció a una vista preliminar y que la audiencia de detención fue pospuesta hasta el 5 de junio. De momento, una incógnita todavía no tiene respuesta pública: si el oro fue solicitado para una operación, para un proyecto interno o para otra finalidad que aún no conocemos.
Imágenes | Xataka con Grok
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‘Star Citizen’ ha logrado alcanzar los 1.000 millones de dólares de financiación. No tenemos ni idea de cuándo se lanzará
Hay videojuegos que se retrasan, videojuegos que cambian de rumbo y videojuegos que parecen vivir en una categoría propia. ‘Star Citizen’ pertenece claramente a esta última. Lo que hemos visto durante más de una década no es solo el desarrollo de un ambicioso simulador espacial, sino un fenómeno difícil de encajar en los moldes habituales de la industria: miles y miles de jugadores financiando una promesa que sigue creciendo sin que exista todavía una fecha cerrada para su lanzamiento comercial completo.
Una cifra difícil de ignorar. La página oficial de Roberts Space Industries sitúa la financiación de ‘Star Citizen’ en 1.011.412.026 dólares, con 6.560.271 Star Citizens registrados en el momento de la captura aportada. No hablamos de una estimación ni de una cifra reconstruida desde fuera, sino del contador público del propio proyecto. Ese dato permite entender mejor la magnitud del fenómeno: una comunidad que no solo ha seguido de cerca cada avance, sino que también ha sostenido económicamente una de las apuestas más ambiciosas y prolongadas del videojuego moderno.
Catorce años de espera. El origen del proyecto ayuda a entender por qué este caso se ha convertido en algo tan singular. ‘Star Citizen’ empezó a tomar forma en 2012, cuando Chris Roberts, conocido por ‘Wing Commander’, cofundó Cloud Imperium Games junto a Sandi Roberts y apostó por financiar el desarrollo directamente con la comunidad. El juego apuntaba originalmente a 2014, una referencia que hoy sirve para medir la distancia entre aquella primera ambición y el estado actual del proyecto.
El desarrollo abierto como combustible. El estudio no ha mantenido el interés solo con una promesa inicial, sino mostrando el proceso casi en directo. Hemos visto un desarrollo acompañado por retransmisiones semanales, blogs, hojas de ruta y acceso temprano a la alpha, una forma de trabajar que ha convertido a la comunidad en parte visible del proyecto. Sandi Roberts también apunta a ese vínculo cuando habla de los AMA en Reddit, los foros y los eventos ‘Bar Citizens’, encuentros organizados por los propios fans.
No está acabado, pero tampoco vacío. Conviene separar dos ideas que a menudo se mezclan. ‘Star Citizen’ no tiene todavía una versión comercial completa, pero quienes apoyan el proyecto ya pueden jugar en PC a una alpha con contenido disponible. En ese estado actual, el proyecto permite dedicarse a la caza de recompensas, la minería, el transporte industrial a gran escala, el rescate médico y la recuperación de naves.
Naves, promesas y miles de dólares. El modelo de financiación también tiene una cara especialmente llamativa. Muchas de las aportaciones de mayor valor están vinculadas a naves asociadas al juego, con opciones que pueden empezar en 15 dólares y otras que ascienden a miles. El ejemplo más reciente es el Anvil Odin, una nave de más de 5.000 dólares. Además, hay un matiz importante: es una “concept pledge”, así que todavía no está disponible en el juego.
La recta final sigue sin fecha. En paralelo a ‘Star Citizen’, Cloud Imperium también trabaja en ‘Squadron 42’, una campaña para un jugador ambientada en el mismo universo y con un reparto que incluye a varias figuras. En declaraciones a Variety, Chris Roberts aseguró que el equipo está en las fases finales, aunque sin calendario cerrado. Ahí está la gran incógnita: el proyecto ha alcanzado una escala enorme, pero seguimos sin saber cuándo llegará su versión 1.0.
Imágenes | Roberts Space Industries
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Si pensabas que la zona azul de tu ciudad era cara, espera a ver lo que cuesta amarrar un yate en el GP de Fórmula 1 en Mónaco
El Gran Premio de Mónaco es, con diferencia, la carrera más glamurosa del Campeonato Mundial de Fórmula 1. No tanto por el hecho de que cada una de sus curvas guarda un recuerdo de los pilotos más laureados, sino por el enorme escaparate de lujo y opulencia al celebrase junto a uno de los puertos más exclusivos del mundo.
No cualquiera puede acceder a los espacios más exclusivos del GP de Mónaco. Más allá de las gradas VIP, el verdadero epicentro del lujo está en los yates amarrados frente al circuito.
El amarre de un superyate durante ese fin de semana cuesta un auténtico dineral, solo asumible por los más ricos del mundo. De hecho, ni siquiera grandes fortunas del mundo, como Jeff Bezos, tienen asegurado un puesto entre los pocos privilegiados que pueden permitirse ver la carrera de Fórmula 1 desde la cubierta de su superyate.
Tres millones por un asiento en primera fila
Durante la semana del Gran Premio, Port Hercule deja de ser un puerto al uso y se convierte en punto de encuentro para las mayores fortunas del planeta y sus yates. Que te guste o no la Fórmula 1 es secundario.
La semana previa al Gran Premio ya comienza el desfile de enormes superyates, como el Symphony de Bernard Arnault, fundador de LVMH, que tomar posiciones destacadas en el puerto monegasco. El medio especializado Yatch Harbour estimó que la prueba de 2017 reunió en Port Hercule yates valorados en más de 2.000 millones de euros.

Superyate Kismet, de 122 metros de eslora
No obstante, no tener un yate propio no es excusa para no disfrutar de un asiento en primera “fila” de mar para disfrutar de la única carrera del Campeonato que puede verse desde la cubierta de un lujoso superyate.
El alquiler de yates durante la semana de la prueba de la carrera se dispara. El portal de alquiler de embarcaciones de lujo Cecil Wright ofrece ese tipo de servicios y te permite alquilar el Kismet, una verdadera mansión flotante por el módico precio de tres millones de euros por una semana.
Mientras que en las calles de Montecarlo los motores de los monoplazas exprimen al máximo sus prestaciones, en el interior del Kismet pueden acomodarse hasta 12 huéspedes en ocho suites. El yate está equipado con hasta el más mínimo detalle para que los huéspedes solo tengan que relajarse en su spa de inspiración balinesa, que incluye hammam, sauna y cámara de crioterapia, ducha de efecto cascada y bañera de cromoterapia, gimnasio y estudio de yoga.

Una de las cubiertas del Kismet
Además, permite vivir toda la emoción de la carrera desde cualquiera de los jacuzzis de sus lujosas cubiertas, y todo ello atendido por una tripulación de 36 personas.
“Aparcar” en un GP de Mónaco
Una vez alquilado el superyate adecuado para pasar inadvertido entre milmillonarios y miembros de la realeza, solo resta encontrar un amarre para el Kismet. Port Hercule es el único puerto con la profundidad adecuada para el amarre de superyates de esa categoría.
Este puerto ofrece unos 700 amarres, pero el lugar más cotizado es la llamada Trackside Zone, donde los barcos quedan situados junto a Quai des États-Unis, Quai Jarlan y los dos primeros puestos de Quai U. Es decir, en la línea de amarre más cercana al circuito, donde los monoplazas pasan a solo unos pocos metros de estos yates.
Según la tabla de tarifas del Puerto de Mónaco, el precio del amarre se calcula en base a lo cerca que está de la pista y los metros de eslora del superyate.
Atracar un yate en el puerto de Monaco durante la carrera van desde los 5.668 euros para yate de menos de 19 metros en la zona de Puerto de Fontvieille, la más alejada y sin visión de la pista, hasta triplicar su precio a medida que nos vamos acercando a la pista, con un precio de amarre de 16.087 euros para el mismo yate de 19 metros.

La Zona 1 de amarre está al final de la recta del túnel, justo cuando los monoplazas deben frenar
Pasar de la zona 2 de amarre, desde la que puede verse la chicane de la zona de la Piscina, a la Trackside Zone (zona 1) implica un incremento de precio del 25,7%.
Durante el Gran Premio de Mónaco, amarrar un superyate como el Kismet, de 122 metros de eslora, en la Trackside Zone (zona 1) puede costar unos 160.000 euros solo en concepto de atraque durante la semana del Gran Premio.
Su elevado precio queda justificado por que su proximidad convierte a la Trackside Zone en una especie de grada flotante. Los yates quedan frente a una de las partes más reconocibles del trazado, justo donde los monoplazas salen del túnel y se lanzan hacia la zona de la Nouvelle Chicane, una de las imágenes clásicas del Gran Premio de Mónaco.
Es un punto donde los pilotos deben reducir su velocidad para trazar la curva y encararse hacia el tramo de la Piscina, por lo que los millonarios los ven pasar a menor velocidad y los monoplazas pueden observarse con más detalle. Sin duda, la forma más millonaria de ver una carrera de Fórmula 1.
Imagen | Flickr (CaterhamF1)
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