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Un fan fiction de Harry Potter fue tan exitoso que cambió los nombres de sus protagonistas. Y gracias a ello ganó 3 millones de dólares

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Un fanfic de Harry Potter acaba de convertirse en uno de los lanzamientos editoriales más exitosos del año. ‘Alchemised‘, la novela debut de SenLinYu, vendió 300.000 ejemplares durante su primera semana en librerías y alcanzó el número uno en la lista de bestsellers de ‘The New York Times’. Pero el verdadero impacto llegó días antes de su publicación, cuando Legendary Entertainment pagó más de 3 millones de dólares por los derechos cinematográficos, estableciendo un récord para una novela de debut.

Cómo se hizo. La historia detrás del libro es tan notable como sus cifras: ‘Alchemised’ se tituló originariamente ‘Manacled’, y era un fanfiction que mezclaba el universo de Harry Potter con ‘El cuento de la criada‘ de Margaret Atwood, centrándose en la relación entre Hermione Granger y Draco Malfoy. Durante 18 meses, SenLinYu transformó su historia viral (que acumuló millones de lecturas en el repositorio de fanfictions Archive of Our Own) en una obra completamente original, eliminando todos los rastros de propiedad intelectual de J.K. Rowling y Atwood del texto, pero intentando preservar el núcleo de la narración. El resultado: Novela Debut Favorita de 2025 en los Goodreads Choice Awards.

De qué va. Alchemised sigue a Helena Marino, una alquimista y sanadora que despierta tras 14 meses como prisionera de guerra de los nigromantes, bando victorioso en una guerra civil devastadora. Helena descubre que su mente ha sido alterada mágicamente, borrando recuerdos cruciales de una parte de su vida que ni siquiera recuerda poseer. El libro tiene un enfoque violento y oscuro, y por eso SenLinYu rechaza la etiqueta de “romance” pese al componente amoroso: “No escribí este libro con la idea de que fuese visto como algo aspiracional”, afirma.

El pasado de la autora. El atractivo del libro radica precisamente en esa oscuridad sin concesiones. SenLinYu, de ascendencia japonesa, inyecta en su fantasía elementos basados en los horrores reales de la guerra (su abuela materna estuvo en campos de concentración estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial) y ha querido recuperar perspectivas históricas ignoradas, particularmente las experiencias de mujeres soviéticas en el frente oriental. Esa combinación de fantasía épica y crítica antibelicista ha conectado con lectores que buscan narrativas más maduras y perturbadoras que las habituales en el género.

El caso paradigmático. El camino de fanfiction a fenómeno editorial tiene un antecedente ineludible: ‘Cincuenta sombras de Grey’. En 2009, E.L. James comenzó a publicar capítulos de ‘Master of the Universe’ en Fanfiction.net, reimaginando la relación entre Edward Cullen y Bella Swan de ‘Crepúsculo’, sin vampiros pero con un multimillonario dominante. La reacción de los lectores fue tan positiva que James autopublicó la historia en 2011 tras eliminar las referencias explícitas a la saga de Stephenie Meyer y renombrar a los protagonistas como Christian Grey y Anastasia Steele.

El salto llegó en marzo de 2012, cuando Random House adquirió los derechos de la novela en un contrato de siete cifras. El resultado fueron más de 150 millones de ejemplares vendidos globalmente y una trilogía cinematográfica que recaudó 1.300 millones de dólares en taquilla mundial. Ya entonces Jennifer Bergstrom, ejecutiva de Simon & Schuster, declaró que “el fanfiction se ha convertido definitivamente en parte de lo que publicamos. Esto está cambiando la industria en un momento en que la edición tradicional más lo necesita”. Por primera vez, las grandes editoriales reconocían públicamente que las comunidades online de escritores aficionados eran una cantera de talento legítima.

Otros éxitos. El éxito de ‘Cincuenta sombras’ no fue un caso aislado. Anna Todd escribió en 2013 una historia sobre Harry Styles de One Direction en Wattpad, publicandolo en formato serial bajo el título ‘After’. La historia acumuló más de 1.000 millones de lecturas en la plataforma antes de que Simon & Schuster le ofreciera un contrato con el que vendió más de 10 millones de copias y generó cinco películas. Más recientemente, Ali Hazelwood transformó su fanfiction de Star Wars centrado en Rey y Kylo Ren en ‘La hipótesis del amor’, que pronto será adaptada al cine.

El trayecto hasta aquí. Esta transformación del fanfiction en bestseller no habría sido posible sin el ecosistema digital que la sustenta. Archive of Our Own alberga más de 13 millones de obras y se ha convertido en el archivo más importante de escritura transformativa. ‘Manacled’ de SenLinYu era la segunda historia más leída en toda la historia de la web cuando fue retirada en enero de 2025, habiendo acumulado más de 10 millones de visitas y 84.000 kudos (el equivalente a “me gusta”). 

Este fenómeno ha obligado a la industria editorial tradicional a replantear sus métodos de captación de talento. Agentes literarios y editores rastrean ahora sistemáticamente Wattpad, Archive of Our Own y Fanfiction.net, identificando historias de alto impacto antes de ofrecer contratos. Eliminar referencias a propiedad intelectual ajena es ahora un proceso normalizado, y gracias a ello, corrientes como los videos sobre ‘Manacled’ acumularon millones de visualizaciones años antes de que ‘Alchemised’ llegara a librerías. Toda una marea de público antes de la publicación oficial del libro.

En Xataka | J.K. Rowling contra el fandom: Cómo el universo de Harry Potter perdió la magia

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el plan de EEUU para resucitar su industria

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En el complejo tablero de la tecnología global, el poder no solo se mide en líneas de código, sino en la capacidad de dominar elementos químicos que, hasta hace poco, pasaban desapercibidos. Ahí es donde entra el galio, un metal plateado y maleable que, como explican en el Wall Street Journal, tiene la propiedad casi mágica de licuarse con el simple calor de la palma de la mano. Sin embargo, tras esa curiosidad física se esconde el sistema nervioso de la defensa moderna: a diferencia del silicio, el galio soporta voltajes extremos y resiste el calor sin pestañear, lo que lo convierte en el material irreemplazable para los radares militares, los satélites y los sistemas de guía de misiles.

Durante décadas, el mundo dependió de un solo proveedor. Hoy, en un giro de guion digno de la Guerra Fría, Estados Unidos y sus aliados han decidido que la era de la complacencia ha terminado. El plan es tan ambicioso como insólito: extraer el tesoro tecnológico de los desechos industriales, del llamado “barro rojo”.

El mercado como arma de guerra. La crisis actual no es un accidente de la cadena de suministro, sino una estrategia de Estado. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), China aplicó durante años una táctica de manual: inundar el mercado con precios artificialmente bajos para asfixiar cualquier intento de minería en Occidente. Una vez que logró el monopolio —controlando el 99% del galio refinado en 2025—, Pekín empezó a cerrar el grifo.

En el reportaje de Wall Street Journal recuerdan que en 2023 China impuso controles de exportación y, poco después, un veto total a los envíos hacia Estados Unidos. Aunque la prohibición se levantó temporalmente, el daño ya estaba hecho: el precio del galio fuera de China se triplicó, alcanzando un récord histórico de 1.572 dólares por kilo el pasado mes de enero, según informa AlCircle. Para el Pentágono, que en sus documentos oficiales ha recuperado el término histórico de “Departamento de Guerra”, esto ya no es una cuestión comercial, sino de supervivencia nacional.

El triángulo del galio. Para romper este cerco, Washington ha dejado de mirar a las minas convencionales para poner el foco en las chimeneas de las refinerías. La estrategia se despliega en un triángulo industrial que arranca en Australia. Allí, en la refinería de Wagerup, el gigante Alcoa se ha aliado con Japón y EEUU para filtrar el galio directamente del procesamiento de bauxita. El objetivo, detallado por el Wall Street Journal, es capturar el 10% de la demanda global sin abrir una sola mina nueva. 

El esfuerzo cruza el Pacífico hasta las orillas del Misisipi, en Luisiana. La planta de Gramercy ha recibido una inyección de 150 millones de dólares del Pentágono para procesar sus montañas de “barro rojo”, un desecho de la producción de aluminio que ahora vale su peso en oro. El Financial Times subraya la ambición del proyecto: esta sola planta aspira a cubrir la demanda total de galio estadounidense. El triángulo se cierra en Tennessee, donde la surcoreana Korea Zinc lidera una inversión milmillonaria para rescatar el metal estratégico de los residuos del refinado de zinc.

¿Un mercado blindado contra Pekín? A pesar de la lluvia de millones, el camino está lleno de trampas económicas. El profesor Ian Lange, de la Escuela de Minas de Colorado, advierte en el Wall Street Journal que el mercado del galio es “peligrosamente pequeño”. Si Occidente aumenta la producción demasiado rápido, los precios podrían colapsar, haciendo que las nuevas plantas no sean rentables antes ni siquiera de empezar.

Para evitar este escenario, la Casa Blanca ha desplegado una red de seguridad financiera. Se trata del Project Vault, una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares, diseñada para garantizar la compra de estos minerales y proteger a gigantes como General Motors o Google de la volatilidad. Esta medida se alinea con la propuesta del CSIS de crear un “mercado ancla”, un mecanismo donde los aliados del G7 establezcan cuotas obligatorias de compra, blindando la producción occidental frente al dumping chino.

El futuro se escribe átomo a átomo. Ya no basta con diseñar el mejor software; ahora es imperativo poseer la materia que lo hace funcionar. Entre el “barro rojo” de Luisiana y las refinerías de Australia, Occidente intenta demostrar que puede recuperar su soberanía tecnológica. Mientras Pekín mantenga su capacidad de hundir precios a voluntad, estos proyectos dependerán del soporte vital del Estado. La gran batalla por el galio es, en última instancia, un pulso de resistencia para ver quién sostiene el suministro de los chips que moverán el mundo del mañana.

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En el reportaje de Wall Street Journal recuerdan que en 2023 China impuso controles de exportación y, poco después, un veto total a los envíos hacia Estados Unidos. Aunque la prohibición se levantó temporalmente, el daño ya estaba hecho: el precio del galio fuera de China se triplicó, alcanzando un récord histórico de 1.572 dólares por kilo el pasado mes de enero, según informa AlCircle. Para el Pentágono, que en sus documentos oficiales ha recuperado el término histórico de “Departamento de Guerra”, esto ya no es una cuestión comercial, sino de supervivencia nacional.

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El esfuerzo cruza el Pacífico hasta las orillas del Misisipi, en Luisiana. La planta de Gramercy ha recibido una inyección de 150 millones de dólares del Pentágono para procesar sus montañas de “barro rojo”, un desecho de la producción de aluminio que ahora vale su peso en oro. El Financial Times subraya la ambición del proyecto: esta sola planta aspira a cubrir la demanda total de galio estadounidense. El triángulo se cierra en Tennessee, donde la surcoreana Korea Zinc lidera una inversión milmillonaria para rescatar el metal estratégico de los residuos del refinado de zinc.

¿Un mercado blindado contra Pekín? A pesar de la lluvia de millones, el camino está lleno de trampas económicas. El profesor Ian Lange, de la Escuela de Minas de Colorado, advierte en el Wall Street Journal que el mercado del galio es “peligrosamente pequeño”. Si Occidente aumenta la producción demasiado rápido, los precios podrían colapsar, haciendo que las nuevas plantas no sean rentables antes ni siquiera de empezar.

Para evitar este escenario, la Casa Blanca ha desplegado una red de seguridad financiera. Se trata del Project Vault, una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares, diseñada para garantizar la compra de estos minerales y proteger a gigantes como General Motors o Google de la volatilidad. Esta medida se alinea con la propuesta del CSIS de crear un “mercado ancla”, un mecanismo donde los aliados del G7 establezcan cuotas obligatorias de compra, blindando la producción occidental frente al dumping chino.

El futuro se escribe átomo a átomo. Ya no basta con diseñar el mejor software; ahora es imperativo poseer la materia que lo hace funcionar. Entre el “barro rojo” de Luisiana y las refinerías de Australia, Occidente intenta demostrar que puede recuperar su soberanía tecnológica. Mientras Pekín mantenga su capacidad de hundir precios a voluntad, estos proyectos dependerán del soporte vital del Estado. La gran batalla por el galio es, en última instancia, un pulso de resistencia para ver quién sostiene el suministro de los chips que moverán el mundo del mañana.

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