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Cada año se pierden millones de paquetes durante los envíos. Así que hay empresas que los están vendiendo al peso

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Solo en Estados Unidos se pierden o roban 1,7 millones de paquetes todos los días. En España los últimos datos del grupo logístico TDI revelaban que se extravían más de dos envíos por minuto. Lo curioso es donde acaban al menos parte de ellos: se revenden al peso.

Millones de paquetes perdidos. Según indican a EFE desde la patronal del sector logístico UNO, en España se envían más de 3,3 millones de paquetes al día, y los casos de extravío suponen una fracción ínfima del 0,001% (unos 3.300 al día). Un simple error en la etiqueta o falta de información centralizada puede provocar estos problemas, y ahí es donde algunas empresas los recuperan para revenderlos.

Revendiendo al peso. Servicios como Crazy Day Factory, Mi Paquete de Misterio, Merkandi, LotesDevoluciones, o King Colis se dedican exactamente a lo mismo: adquirir esos paquetes perdidos para revenderlos a menudo como parte de cajas sorpresa que se venden al peso. Como señalan en El Confidencial, en Kink Colis por ejemplo establecen un precio de 1,99 euros por cada 100 gramos en paquetes estándar y 2,79 euros en los de tipo premium.

¿Mucho ruido y pocos chollos? En la FAQ de King Colis, una startup francesa, explican que comprar este tipo de paquetes sorpresa puede ser muy rentable, porque uno “puede contrar dispositivos tecnológicos de última generación hasta ropa o accesorios de marcas reconocidas”. Sin embargo también advierten: “No todos los paquetes perdidos contienen necesariamente tesoros. ¡Hay una parte de azar!”.

No sabes lo que compras. Uno adquiere estos paquetes al peso, pero no sabe realmente lo que está comprando. Como revelaban en El Nacional, en tiendas como Mi Paquete de Misterio abren tiendas efímeras a lo largo del año en distintos municipios para dar salida a estos paquetes, pero hay un requisito clave: el paquete no se puede abrir hasta después de comprarlo.

Y eso implica riesgos. Esos paquetes perdidos no se revisan y por tanto pueden estar dañados, ser defectuosos o tener un precio mucho más bajo del que acaba pagando el comprador. En LotesDevoluciones explican que esos productos que ponen a la venta —que son devoluciones, no envíos perdidos— no pasan por un chequeo previo, lo que puede acabar provocando un efecto sorpresa decepcionante. Los paquetes se venden reempaquetados sin marcas visibles para eliminar referencias comerciales, convirtiendo la compra en una adivinanza… o una apuesta.

La psicología de la sorpresa. Las cajas sorpresa como las que nos ofrecen todos estos comercios aprovechan fenómenos conocidos de la psicología humana. Varios investigadores publicaron en junio de 2024 un estudio en el que revelaban cómo el estímulo-organismo-respuesta (S-O-R) provoca esa compra impulsiva por curiosidad sin que intervenga el pensamiento consciente. Pensamos rápido en lugar de pensar rápido, como destacó en profundidad el premio Nobel Daniel Kahneman en su célebre ‘Pensar rápido, pensar despacio‘.

Experiencia previa. En Xataka pudimos conocer este tipo de negocios el año pasado, cuando acudimos a un viejo almacén a las afueras de Madrid para intentar localizar algún chollo entre el caos de productos devueltos de Amazon que una empresa ponía a la venta. Aquí no había efecto sorpresa y la propuesta es algo distinta, pero la conclusión ya entonces era clara: no tuvimos suerte y tras horas de búsqueda salimos con las manos vacías. Encontrar chollos, sea por sorpresa o no, no es nada fácil.

Imagen | Chuttersnap

En Xataka | El fin de las devoluciones online gratis: Zara, Pull and Bear y más tiendas empiezan a cobrarlas

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Hilary Duff anuncia su regreso a la CDMX tras 18 años con su tour “The Lucky Me”

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

La cantante y actriz estadounidense Hilary Duff volverá a la Ciudad de México con su tour mundial “The Lucky Me Tour” en el Palacio de los Deportes con una fecha para el próximo año. 

Hilary Duff regresó a la música con el sencillo “Rommates” hace tres semanas y actualmente cuenta con dos millones de vistas.

Según la promotora de conciertos Ocesa, la protagonista de la serie juvenil de 2001, “Lizzie Mcguire”, traerá su nueva etapa musical a sus fanáticos mexicanos tras 18 años de haberse presentado por primera vez con su gira “Still Most Wanted Tour” en 2006, según medios especializados. 

Las compra de las entradas del concierto de Duff se podrá realizar a partir del 18 de febrero con una preventa, mientras que la venta general estará disponible a partir del 19 de febrero. El póster no detalla los horarios.

Hasta el momento, la intérprete de “So Yesterday” ofrecerá una única fecha en la CDMX para el 12 de febrero de 2027. 

¿Quién es Hilary Duff? 

La compositora y madre de 38 años de edad comenzó su carrera como actriz infantil en 1998 con la cinta “Casper y la brujita”, pero saltó a la fama internacional de la mano de Disney en 2001 luego de protagonizar la serie llamada “Lizzie Mcguire” que narraba la historia de su adolescencia junto con una versión de ella misma pero animada. 

Posterior a ello también participó en 2004 en la película “La nueva cenicienta”. Tras concluir su paso por las cintas infantiles, siguió su carrera como actriz en series como “Gossip Girl” y “Dos Hombres y Medio”. 

En ese sentido, también le siguen títulos como “La Cadete Kelly”, “El hombre perfecto”, entre otros. 

¿Con quién está casada Hilary Duff?

El primer matrimonio de Hilary Duff fue con el exjugador de Hockey canadiense, Mike Comrie, su relación culminó con un divorcio en 2016. 

Actualmente, la cantante se encuentra casada con el músico Matthew Coma desde 2019 y ha formado una familia con él. 

 

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el plan de EEUU para resucitar su industria

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En el complejo tablero de la tecnología global, el poder no solo se mide en líneas de código, sino en la capacidad de dominar elementos químicos que, hasta hace poco, pasaban desapercibidos. Ahí es donde entra el galio, un metal plateado y maleable que, como explican en el Wall Street Journal, tiene la propiedad casi mágica de licuarse con el simple calor de la palma de la mano. Sin embargo, tras esa curiosidad física se esconde el sistema nervioso de la defensa moderna: a diferencia del silicio, el galio soporta voltajes extremos y resiste el calor sin pestañear, lo que lo convierte en el material irreemplazable para los radares militares, los satélites y los sistemas de guía de misiles.

Durante décadas, el mundo dependió de un solo proveedor. Hoy, en un giro de guion digno de la Guerra Fría, Estados Unidos y sus aliados han decidido que la era de la complacencia ha terminado. El plan es tan ambicioso como insólito: extraer el tesoro tecnológico de los desechos industriales, del llamado “barro rojo”.

El mercado como arma de guerra. La crisis actual no es un accidente de la cadena de suministro, sino una estrategia de Estado. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), China aplicó durante años una táctica de manual: inundar el mercado con precios artificialmente bajos para asfixiar cualquier intento de minería en Occidente. Una vez que logró el monopolio —controlando el 99% del galio refinado en 2025—, Pekín empezó a cerrar el grifo.

En el reportaje de Wall Street Journal recuerdan que en 2023 China impuso controles de exportación y, poco después, un veto total a los envíos hacia Estados Unidos. Aunque la prohibición se levantó temporalmente, el daño ya estaba hecho: el precio del galio fuera de China se triplicó, alcanzando un récord histórico de 1.572 dólares por kilo el pasado mes de enero, según informa AlCircle. Para el Pentágono, que en sus documentos oficiales ha recuperado el término histórico de “Departamento de Guerra”, esto ya no es una cuestión comercial, sino de supervivencia nacional.

El triángulo del galio. Para romper este cerco, Washington ha dejado de mirar a las minas convencionales para poner el foco en las chimeneas de las refinerías. La estrategia se despliega en un triángulo industrial que arranca en Australia. Allí, en la refinería de Wagerup, el gigante Alcoa se ha aliado con Japón y EEUU para filtrar el galio directamente del procesamiento de bauxita. El objetivo, detallado por el Wall Street Journal, es capturar el 10% de la demanda global sin abrir una sola mina nueva. 

El esfuerzo cruza el Pacífico hasta las orillas del Misisipi, en Luisiana. La planta de Gramercy ha recibido una inyección de 150 millones de dólares del Pentágono para procesar sus montañas de “barro rojo”, un desecho de la producción de aluminio que ahora vale su peso en oro. El Financial Times subraya la ambición del proyecto: esta sola planta aspira a cubrir la demanda total de galio estadounidense. El triángulo se cierra en Tennessee, donde la surcoreana Korea Zinc lidera una inversión milmillonaria para rescatar el metal estratégico de los residuos del refinado de zinc.

¿Un mercado blindado contra Pekín? A pesar de la lluvia de millones, el camino está lleno de trampas económicas. El profesor Ian Lange, de la Escuela de Minas de Colorado, advierte en el Wall Street Journal que el mercado del galio es “peligrosamente pequeño”. Si Occidente aumenta la producción demasiado rápido, los precios podrían colapsar, haciendo que las nuevas plantas no sean rentables antes ni siquiera de empezar.

Para evitar este escenario, la Casa Blanca ha desplegado una red de seguridad financiera. Se trata del Project Vault, una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares, diseñada para garantizar la compra de estos minerales y proteger a gigantes como General Motors o Google de la volatilidad. Esta medida se alinea con la propuesta del CSIS de crear un “mercado ancla”, un mecanismo donde los aliados del G7 establezcan cuotas obligatorias de compra, blindando la producción occidental frente al dumping chino.

El futuro se escribe átomo a átomo. Ya no basta con diseñar el mejor software; ahora es imperativo poseer la materia que lo hace funcionar. Entre el “barro rojo” de Luisiana y las refinerías de Australia, Occidente intenta demostrar que puede recuperar su soberanía tecnológica. Mientras Pekín mantenga su capacidad de hundir precios a voluntad, estos proyectos dependerán del soporte vital del Estado. La gran batalla por el galio es, en última instancia, un pulso de resistencia para ver quién sostiene el suministro de los chips que moverán el mundo del mañana.

Imagen | AndrewDaGamer y Freepik

Xataka | El oro de la discordia: por qué 14 municipios de Guadalajara se han rebelado contra el plan de “soberanía mineral” de Europa

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el plan de EEUU para resucitar su industria

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En el complejo tablero de la tecnología global, el poder no solo se mide en líneas de código, sino en la capacidad de dominar elementos químicos que, hasta hace poco, pasaban desapercibidos. Ahí es donde entra el galio, un metal plateado y maleable que, como explican en el Wall Street Journal, tiene la propiedad casi mágica de licuarse con el simple calor de la palma de la mano. Sin embargo, tras esa curiosidad física se esconde el sistema nervioso de la defensa moderna: a diferencia del silicio, el galio soporta voltajes extremos y resiste el calor sin pestañear, lo que lo convierte en el material irreemplazable para los radares militares, los satélites y los sistemas de guía de misiles.

Durante décadas, el mundo dependió de un solo proveedor. Hoy, en un giro de guion digno de la Guerra Fría, Estados Unidos y sus aliados han decidido que la era de la complacencia ha terminado. El plan es tan ambicioso como insólito: extraer el tesoro tecnológico de los desechos industriales, del llamado “barro rojo”.

El mercado como arma de guerra. La crisis actual no es un accidente de la cadena de suministro, sino una estrategia de Estado. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), China aplicó durante años una táctica de manual: inundar el mercado con precios artificialmente bajos para asfixiar cualquier intento de minería en Occidente. Una vez que logró el monopolio —controlando el 99% del galio refinado en 2025—, Pekín empezó a cerrar el grifo.

En el reportaje de Wall Street Journal recuerdan que en 2023 China impuso controles de exportación y, poco después, un veto total a los envíos hacia Estados Unidos. Aunque la prohibición se levantó temporalmente, el daño ya estaba hecho: el precio del galio fuera de China se triplicó, alcanzando un récord histórico de 1.572 dólares por kilo el pasado mes de enero, según informa AlCircle. Para el Pentágono, que en sus documentos oficiales ha recuperado el término histórico de “Departamento de Guerra”, esto ya no es una cuestión comercial, sino de supervivencia nacional.

El triángulo del galio. Para romper este cerco, Washington ha dejado de mirar a las minas convencionales para poner el foco en las chimeneas de las refinerías. La estrategia se despliega en un triángulo industrial que arranca en Australia. Allí, en la refinería de Wagerup, el gigante Alcoa se ha aliado con Japón y EEUU para filtrar el galio directamente del procesamiento de bauxita. El objetivo, detallado por el Wall Street Journal, es capturar el 10% de la demanda global sin abrir una sola mina nueva. 

El esfuerzo cruza el Pacífico hasta las orillas del Misisipi, en Luisiana. La planta de Gramercy ha recibido una inyección de 150 millones de dólares del Pentágono para procesar sus montañas de “barro rojo”, un desecho de la producción de aluminio que ahora vale su peso en oro. El Financial Times subraya la ambición del proyecto: esta sola planta aspira a cubrir la demanda total de galio estadounidense. El triángulo se cierra en Tennessee, donde la surcoreana Korea Zinc lidera una inversión milmillonaria para rescatar el metal estratégico de los residuos del refinado de zinc.

¿Un mercado blindado contra Pekín? A pesar de la lluvia de millones, el camino está lleno de trampas económicas. El profesor Ian Lange, de la Escuela de Minas de Colorado, advierte en el Wall Street Journal que el mercado del galio es “peligrosamente pequeño”. Si Occidente aumenta la producción demasiado rápido, los precios podrían colapsar, haciendo que las nuevas plantas no sean rentables antes ni siquiera de empezar.

Para evitar este escenario, la Casa Blanca ha desplegado una red de seguridad financiera. Se trata del Project Vault, una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares, diseñada para garantizar la compra de estos minerales y proteger a gigantes como General Motors o Google de la volatilidad. Esta medida se alinea con la propuesta del CSIS de crear un “mercado ancla”, un mecanismo donde los aliados del G7 establezcan cuotas obligatorias de compra, blindando la producción occidental frente al dumping chino.

El futuro se escribe átomo a átomo. Ya no basta con diseñar el mejor software; ahora es imperativo poseer la materia que lo hace funcionar. Entre el “barro rojo” de Luisiana y las refinerías de Australia, Occidente intenta demostrar que puede recuperar su soberanía tecnológica. Mientras Pekín mantenga su capacidad de hundir precios a voluntad, estos proyectos dependerán del soporte vital del Estado. La gran batalla por el galio es, en última instancia, un pulso de resistencia para ver quién sostiene el suministro de los chips que moverán el mundo del mañana.

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