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estos son algunos de sus problemas

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Instalar las actualizaciones más recientes refuerza la seguridad de nuestros dispositivos y nos permite aprovechar los últimos cambios. Ahora bien, puede que determinada actualización nos dé más de un quebradero de cabeza. Esto es lo que algunos usuarios de Windows 11 24H2 (también conocida como Windows 11 2024) están experimentando por estos días.

Después de su despliegue inicial en los canales de desarrollo, Microsoft lanzó Windows 11 24H2 para todos los usuarios a principios de octubre. Se trata de una actualización de características que incluye una variedad de novedades, entre ellas, funcionalidades de inteligencia artificial para ordenadores PC Copilot+ y mejoras a nivel de conectividad inalámbrica.

Windows 11 24H2, una actualización con varios problemas

La llegada de Windows 11 24H2 ha llegado acompañada de una oleada de quejas por parte de ciertos usuarios. Muchas cosas no funcionan como deberían. Veamos algunos de los fallos más frecuentes que pueden producirse tras actualizar a la última versión del sistema. Recordemos, eso sí, que actualizar no quiere decir necesariamente que aparezcan estos problemas.

El puntero del ratón desaparece. Uno de los inconvenientes asociados a la actualización es que el puntero del ratón desaparece en aplicaciones basadas en Chromium como Google Chrome o Microsoft Edge. Windows Latest cuenta que problema aparece cuando se intenta interactuar con un campo de entrada de texto, algo realmente molesto al ahora de utilizar el ordenador.

Comprobador de archivos de sistema no funciona correctamente. Se supone que el Comprobador de archivos de sistema analiza Windows y restaura archivos faltantes para solucionar problemas. Pero utilizar esta herramienta puede ser un problema en sí mismo, ya que puede quedarse atrapada en un bloque infinito donde repara los archivos una y otra vez.

El caché que no desaparece. Tras actualizar a Windows 11 24H2, el sistema dejará un caché de la actualización de 8,63 GB. Eliminarlo debería ser tan sencillo como recurrir a la herramienta de liberar espacio en disco. Pero hay un problema reconocido por Microsoft: aunque los archivos hayan sido eliminados, la herramienta sigue diciendo que los 8,63 GB deben ser liberados.

Problema con un sistema de trampas. Easy Anti-Cheat, una de las tantas soluciones diseñadas para evitar tramposos en los juegos, no está funcionando bien en la última versión de Windows 11. El error que se presenta al intentar utilizar este software es una pantalla azul, pero se trata de un problema que no parece demasiado generalizado, al menos según Microsoft.

Windows 11 24H2 tarda mucho tiempo en instalarse. Quizás no es un problema en sí, pero a la hora de instalar Windows 11 24H2 deberás armarte de paciencia. En PC World cuentan que esta actualización suele tardar aproximadamente una hora en instalarse, y en algunos casos demorarse mucho tiempo más. Esto dependerá el tipo de ordenador en cuestión.

La última versión de Windows 11 también tiene otros problemas, muchos de los cuales puedes encontrar en la página Problemas conocidos y Notificaciones. Microsoft, por ejemplo, está impidiendo que algunos usuarios de equipos Asus (ASUS X415KA y X515KA) puedan instalar la actualización después de que se detectaran pantallas azules de la muerte.

Antes de instalar cualquier versión de Windows o de hacer cualquier cambio importante en el sistema operativo es recomendable tener una copia de seguridad del sistema. Si tenemos una copia completa del sistema, lo que también se conoce como una imagen, podremos restaurar todo nuestro sistema a un punto anterior tras una actualización con problemas.

Imágenes | Clint Patterson

En Xataka | Documentar las actualizaciones software tiene mucha miga: bienvenidos al maravilloso mundo de las notas de la versión

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el agotamiento es el nuevo síntoma de un sistema roto

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“No me da la vida”. Esta frase, repetida casi como un mantra diario, se ha convertido en la excusa universal para cancelar una quedada con amigos, posponer una llamada o justificar un correo sin responder. Lo que antes era un cansancio puntual tras una semana dura, hoy es, como apunta la periodista Ana Morales en su libro Estado civil: cansada, un estilo de vida que hemos normalizado por completo. 

Sin embargo, detrás de esta aparente cotidianidad se esconde una fractura social y de salud pública sin precedentes: una epidemia de estrés crónico y burnout que está pasando factura a nuestros cuerpos, a nuestras mentes y a nuestra forma de relacionarnos.

La radiografía del colapso. En España, los datos dibujan una realidad asfixiante. El 40% de los trabajadores de nuestro país vincula su estrés, ansiedad o depresión directamente a su empleo. Para poner en contexto la magnitud del problema: la media europea se sitúa en un 29% y solo cuatro países de todo el continente —Grecia, Finlandia, Chipre y Polonia— nos superan en estos índices de angustia laboral. Pese a la gravedad de estas cifras, se sigue poniendo el peso en la resiliencia individual en lugar de invertir recursos en soluciones organizacionales y estructurales.

Pero este colapso no es, ni mucho menos, una anomalía ibérica; se trata de una auténtica tendencia global imparable. A nivel internacional, una abrumadora mayoría de la población adulta confiesa vivir ahogada por factores puramente cotidianos: el 70% señala la economía general como una fuente muy o algo significativa de estrés en su vida, el 63% apunta al dinero y las finanzas, y el 55% a las responsabilidades familiares. El impacto es tan profundo que el estrés devora cientos de miles de millones al año en las economías de Occidente, mermando no solo la productividad, sino la calidad de vida de toda una generación.

Cuando el perfeccionismo se vuelve un verdugo. A menudo, la sociedad juzga el agotamiento bajo una lupa moral. La psicóloga Teresa (@unraticoconteree) advierte que lo que llamamos “pereza” es, en realidad, agotamiento emocional derivado de pasar demasiado tiempo en “modo automático” cuidando de todos menos de uno mismo.

Este desgaste se nutre de la autoexigencia, un rasgo tradicionalmente aplaudido en nuestra sociedad. Sin embargo, clínicas y especialistas en psicología advierten que una autoexigencia desmedida supedita nuestra autoestima a nuestros logros. Quienes la padecen desarrollan un diálogo interno crítico, miedo paralizante al fracaso, rumiación excesiva y pensamiento dicotómico. El resultado final es un perfeccionismo tóxico en el que ningún logro parece suficiente, generando una sensación constante de insatisfacción y bloqueos emocionales.

La “crisis del cuarto de vida”. El impacto de este ritmo de vida es especialmente crudo en las generaciones millennial y zeta. A esto se le conoce como la “Quarter-Life Crisis” (Crisis del cuarto de vida), un periodo de transición que ocurre entre mediados de los 20 y principios de los 30 años. Según Newport Institute, esta crisis se manifiesta a través de la confusión de identidad, el miedo al futuro y la sensación de quedarse atrás frente a los logros de los demás. Es una etapa donde el “miedo a perderse algo” (FOMO) choca de frente con la desilusión.

Desde portales de psicología señalan que estos jóvenes enfrentan un cóctel tóxico de recesiones, crisis climática y secuelas de la pandemia. Además, los adolescentes han sustituido consumos de alcohol o tabaco por adicciones conductuales como el doomscrolling, aislándose frente a la pantalla. En la universidad, el burnout estudiantil se traduce en cinismo y un fuerte sentimiento de incompetencia.

La brecha de género: ellas se queman más. Tanto en las aulas como en los despachos, el agotamiento tiene un sesgo de género innegable. Las investigaciones muestran que las estudiantes universitarias femeninas tienen un riesgo significativamente mayor de sufrir agotamiento, deterioro cognitivo y deterioro emocional en comparación con sus compañeros masculinos.

En el trabajo, la cosa no mejora. Hay estudios que muestran que casi la mitad de las mujeres en puestos directivos llegan al burnout, mientras que en los hombres esa cifra es bastante menor. Y no es casualidad, ya que las mujeres cargan con mucho más que sus responsabilidades laborales. Llegan a casa y siguen trabajando, solo que sin que nadie lo llame trabajo. Según la psicóloga Bárbara Tovar, las mujeres arrastran un mandato cultural histórico de entrega y sacrificio para demostrar su valía, lo que las lleva a sentir culpa cada vez que intentan descansar o desconectar.

Un cuerpo en guerra constante. El estrés, desde una perspectiva evolutiva, es un mecanismo de supervivencia diseñado para salvarnos la vida ante peligros inminentes, activando la liberación de adrenalina y cortisol. El problema es que el depredador de hoy no es un león, sino la hipoteca, el trabajo o la incertidumbre. Cuando el estrés se vuelve crónico, el organismo entra en un estado de “carga alostática”, un desgaste brutal a nivel cardiovascular, metabólico e inmunitario. El cuerpo desarrolla resistencia a los glucocorticoides y el sistema inmune se desploma, reduciéndose drásticamente las células NK (nuestra primera línea de defensa contra virus y tumores) y los linfocitos T. 

Por si fuera poco, se desencadena un bucle de neuroinflamación que altera el cerebro y facilita el desarrollo de la depresión. Las investigaciones médicas llevan cinco décadas estudiando el burnout. Hoy sabemos que la distinción clásica entre burnout (agotamiento por el trabajo) y depresión clínica es cada vez más difusa; instituciones como Mayo Clinic o la Universidad de Navarra enfatizan que el burnout no debe tratarse solo como un fracaso del empleado para gestionar su estrés; es una responsabilidad compartida con la organización, derivada de cargas de trabajo inasumibles, falta de control y mala comunicación. 

Del silencio digital a la obsesión por el confort. Ante la asfixia, surgen los “maximalistas del silencio”, quienes mantienen el modo “No Molestar” permanentemente. Es un acto de higiene mental: cada interrupción en el móvil causa un “hipo cognitivo” y el cerebro puede tardar 23 minutos en recuperar la concentración profunda. 

En paralelo llega el cozymaxxing, una tendencia viral para crear refugios de confort extremo y luces tenues que activan el sistema nervioso parasimpático para reducir el cortisol. Sin embargo, la ciencia advierte contra modas extremas como el “ayuno de dopamina” radical, que carece de base neurobiológica. En su lugar, proponen la “dopamina lenta” (leer o cocinar) y priorizar la “regularidad” del sueño sobre la obsesión de las ocho horas para evitar el “jet lag social”.

El descanso como acción preventiva. La academia es clara: necesitamos transitar del riesgo psicosocial a la acción preventiva. La educación emocional, tanto en las aulas como en los centros de trabajo, se presenta como una estrategia vital para cuidar la salud mental y prevenir el desgaste.

En última instancia, la nueva ambición de las generaciones que sufren este colapso ya no es llegar más lejos, ni acumular roles ni demostrar a toda costa que “pueden con todo”. Ante la promesa rota de que el esfuerzo infinito es igual a recompensa asegurada, el paradigma está cambiando. Descansar, poner límites, renunciar a estar siempre disponibles y permitirse no hacer nada se están erigiendo, irónicamente, como los actos más radicales, políticos y necesarios de nuestro tiempo.

Imagen | Magnific

Xataka | Los adolescentes ya no fuman, beben, se drogan o tienen mucho sexo entre ellos: ahora simplemente miran el móvil

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la RAM apunta a encarecerse todavía más

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Durante años hemos aceptado que los móviles fueran subiendo de precio a cambio de mejores cámaras, mejores pantallas, procesadores más rápidos y diseños, por decirlo de alguna manera, cada vez más refinados. También hemos empezado a asumir que la IA integrada en el dispositivo no llega gratis: suele exigir más potencia, más almacenamiento y más memoria. La sorpresa es que uno de los próximos golpes puede venir precisamente de ahí, de la RAM móvil, un componente que suele pasar desapercibido, pero pero muy presente en el coste real de cada smartphone que llega al mercado.

La señal más clara llega desde la LPDDR5X, una de las memorias móviles más relevantes del mercado actual y que ya venía de un movimiento poco habitual. Según los datos de TrendForce, este tipo de memoria registró en el primer trimestre de 2026 una subida intertrimestral de entre el 58% y el 63%. Se trata del mayor incremento trimestral de su historia. Lo llamativo es que ese salto no parece haber cerrado el ciclo: la previsión para el segundo trimestre apunta a una escalada todavía más intensa.

Si nos enfocamos en la previsión para el segundo trimestre, cambia la escala del problema. Una proyección atribuida a TrendForce, compartida Jukan Choi, apunta a que los precios de contrato de la DRAM móvil crecerán entre un 93% y un 98% en términos intertrimestrales durante ese periodo. Dicho de otra forma: no hablamos de una subida más dentro de un mercado tensionado, sino de un salto cercano a duplicar el precio en apenas tres meses. Para la industria del smartphone, una cifra así no es ruido de fondo.

Cabe señalar que TrendForce trabaja con informes de pago dirigidos principalmente a inversores institucionales, analistas y compañías del sector, así que el documento completo no está disponible abiertamente. La parte relevante para este artículo ha trascendido a través de Choi, analista de semiconductores en Citrini Research. El experto acumula más de 100.000 seguidores en X y sus comentarios han sido citados por medios como The Economist, que los incluyó en un artículo sobre el impacto de la IA en la electrónica de consumo.

El impacto en el precio de la RAM en los teléfonos móviles

Aquí no estamos hablando del precio que ve un usuario cuando busca memoria en una tienda. La DRAM móvil se negocia en otro terreno: el de los contratos entre fabricantes de memoria, como Samsung, SK Hynix o Micron, y grandes clientes que compran enormes volúmenes para integrar esos chips en sus productos. Este mundo lo integran marcas de móviles, fabricantes de servidores y otros OEM. Por eso el dato importa: no describe una compra puntual, sino el coste base con el que la industria empieza a fabricar sus próximos dispositivos.

La subida tampoco aparece de la nada. SemiAnalysis apuntó a comienzos de abril de 2026 que los precios de la DRAM podrían más que duplicarse durante este año y volver a registrar otro incremento de doble dígito en 2027. La misma firma señalaba que el precio de contrato de la LPDDR5 había subido más de 3 veces desde el primer trimestre de 2025, y que probablemente superaba los 10 dólares/GB en el mercado abierto durante el primer trimestre de 2026. Es decir, el segundo trimestre no inaugura la tensión: la acelera.

Los precios de la DRAM podrían más que duplicarse durante este año y volver a registrar otro incremento de doble dígito en 2027.

El telón de fondo es la IA. La memoria HBM, clave para alimentar las GPU que sostienen muchos centros de datos de inteligencia artificial, sigue en una situación de escasez estructural y absorbe buena parte de la inversión del sector. La consecuencia es sencilla de entender: si buena parte del dinero, la capacidad productiva y la atención de los fabricantes se dirige a esa memoria de alto ancho de banda, queda menos margen para aliviar la tensión en otras familias de DRAM. Entre ellas está la memoria móvil, que ahora compite en una cadena de suministro mucho más exigida.

A eso se suma otro detalle importante: la memoria de clase smartphone ya no vive solo dentro del smartphone. NVIDIA utiliza LPDDR5X en sus procesadores Grace y Vera, diseñados para sistemas de servidor vinculados a IA. La lectura para el mercado móvil es clara: una tecnología utilizada en teléfonos y dispositivos compactos también forma parte de arquitecturas que compiten por recursos en el centro de la carrera por la inteligencia artificial.

Memoria Samsung
Memoria Samsung

La diferencia con el mundo del PC ayuda a entenderlo mejor. Si montamos un ordenador, podemos elegir cuánta RAM comprar, buscar una oferta e instalar el módulo nosotros mismos. Con los móviles no funciona así: compramos un dispositivo completo, con la memoria ya integrada y sin margen real para intervenir después. Eso hace que la subida de la LPDDR no se vea de forma directa, pero no significa que desaparezca. Queda incorporada al coste de fabricar el teléfono y, desde ahí, puede terminar influyendo en el precio que pagamos.

Counterpoint ayuda a convertir ese encarecimiento en una cifra mucho más fácil de visualizar. Para una configuración de gama alta, con 16 GB de LPDDR5X HKMG y 512 GB de almacenamiento UFS 4.1, la firma proyectaba un aumento del BOM de entre 100 y 150 dólares para el segundo trimestre de 2026. Hablamos del coste de materiales, no del precio de venta, así que no conviene trasladar esa cifra de forma mecánica al consumidor. Aun así, es una señal que no pasa desapercibida.

La mala noticia, por tanto, no es que todos los móviles vayan a subir de precio de forma automática ni en la misma proporción. Eso dependerá de cada fabricante, de sus contratos, de sus márgenes y de cómo configure cada gama. Pero el factor está ahí: si la memoria móvil se encarece con esta fuerza, el coste de fabricar un smartphone cambia inevitablemente. Y en un mercado que ya venía acostumbrándonos a precios cada vez más exigentes, la RAM se perfila como otro obstáculo para quienes esperaban una bajada de precios a corto plazo.

Imágenes | PR MEDIA | Samsung

En Xataka | Apple había sido capaz de mantener precios pese a la loquísima subida de la memoria RAM. Eso se ha terminado

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una vulnerabilidad acaba de sacudir casi todas sus versiones

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Linux tiene fama de sistema robusto. No invulnerable, claro, pero sí especialmente resistente, hasta el punto de haberse convertido en una de las bases silenciosas de Internet, de los servidores empresariales y de muchos entornos donde la seguridad es parte del contrato. Por eso una vulnerabilidad como CopyFail resulta especialmente seria: no hablamos de un fallo menor en una aplicación aislada, sino de un problema en el kernel que puede permitir que alguien que ya ejecuta código con pocos permisos acabe obteniendo acceso root.

CopyFail. La vulnerabilidad, identificada como CVE-2026-31431, salió a la luz cuando la firma Theori hizo públicos los detalles del fallo y el código de explotación tras haber avisado cinco semanas antes al equipo de seguridad del kernel de Linux. Ese matiz temporal es importante porque el kernel ya había recibido parches en varias ramas, desde 7.0 hasta 5.10.254. Lo que no había ocurrido todavía, al menos de forma generalizada, era su traslado efectivo a muchas distribuciones Linux.

De qué estamos hablando. CopyFail es una escalada local de privilegios. No significa que cualquiera pueda atacar desde fuera una máquina Linux sin más, sino que alguien que ya puede ejecutar código dentro del sistema con permisos limitados, por ejemplo desde una cuenta normal, un servicio web comprometido, un contenedor o un trabajo de CI/CD, puede intentar escalar hasta root. En Linux, root es la cuenta con control administrativo completo. Por eso el riesgo no está en la primera puerta de entrada, sino en lo que ocurre justo después: un acceso acotado puede convertirse en control del sistema.

Un exploit demasiado fiable. Hay otro elemento que explica la alarma. Muchas vulnerabilidades del kernel dependen de condiciones muy concretas para funcionar, como una corrupción de memoria que puede variar según la versión, la distribución o incluso la máquina. CopyFail parte de un fallo lógico en la API criptográfica del kernel, y eso cambia el terreno. Los investigadores de Bugcrowd explican que al tratarse de un fallo lógico, el exploit no depende de ajustes internos tan específicos, un rasgo que reduce la fricción para los atacantes y complica el trabajo de los defensores.

El parche. El caso también deja una lección sobre cómo se coordinan las vulnerabilidades en Linux. Como mencionamos arriba, Theori comunicó el fallo al equipo de seguridad del kernel cinco semanas antes de darlo a conocer públicamente. El problema es que, para la mayoría de los usuarios, las correcciones no llegan directamente, sino a través de distribuciones que empaquetan, prueban y publican sus propios parches o mitigaciones. Cuando el exploit se hizo público, ese proceso aún no había terminado en muchas distribuciones o versiones, dejando una ventana de exposición difícil de ignorar.

Situación actual. Con los días, parte del ecosistema ha empezado a cerrar la brecha, pero no de una forma uniforme. Al momento de publicar este artículo, distribuciones como Debian, Arch, Fedora, SUSE y Amazon Linux ya habían publicado parches o avisos para determinadas ramas, mientras que Ubuntu insistía en actualizar el sistema y aplicar mitigaciones si el kernel corregido aún no estaba disponible o no se había cargado tras un reinicio.

Imágenes | Xataka con Nano Banana

En Xataka | El Banco Central Europeo le ha echado un vistazo a Mythos y ha tomado una decisión: prepararse para el peor de los escenarios

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