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Xbox anticipa cambios más allá de Project Helix
Ayer Nintendo cerró el no-E3. La feria de videojuegos tal y como la conocíamos murió hace unos años, pero su espíritu sigue vivo en forma de conferencias que se aglutinan en la primera mitad de junio y en las que las compañías muestran las novedades que llegarán a sus plataformas a lo largo de los próximos meses. PlayStation, la mencionada Nintendo, el Summer Game Fest o el PC Game Show han sido algunas de ellas, pero si hay una que está llamando la atención, esa es la de Xbox.
Y resulta que no está dando de qué hablar por sus juegos (muchos viejos conocidos que ahora, simplemente, tienen fecha), sino por el cambio de estrategia tras la llegada de Asha Sharma como nueva CEO de la división de videojuegos de Microsoft. Porque donde antes había juegos propios que saldrían hasta para PlayStation, ahora hay una vuelta a las exclusividades en consola. Y dentro de esas consolas se encuentra una Project Helix que, supuestamente, será la nueva máquina de Microsoft y que no lo va a tener fácil.
Hasta el punto de que se están replanteando qué tiene que ser Project Helix, cuánto debería costar o si estamos preparados para consolas tan caras. Y Asha Sharma añade una cuestión más: un modelo de negocio que nunca habríamos esperado y que podría arrancar este mismo año.
Vamos poco a poco porque hay bastante que desgranar.
Del “¿se puede arreglar Xbox?” a un una Project Helix que llega en el peor momento posible
Después de una conferencia como la que vimos el domingo, es lógico que surjan preguntas. Toda la conversación está girando alrededor del asunto de la vuelta a las exclusivas, implicando que una Microsoft a la que le cuesta mantener stock de sus propias consolas abandona un parque de consolas de Sony que supera, por varias decenas de millones de unidades, al instalado de Xbox.
Los juegos de Microsoft en PS5 funcionan a nivel comercial, con ejemplos destacados como ‘Forza Horizon 5‘ y, sobre todo, ‘Sea of Thieves‘. Pero Sharma quiere que Xbox se convierta en la número uno del gaming y considera que ese camino pasa por el regreso de las exclusivas. Es una maniobra algo extraña porque esos primeros escogidos serán ‘Gears of War E-Day‘ (que posteriormente nos enteramos que hasta hace unos pocos días estaba previsto para PS5) y ‘Clockwork Revolution‘.
Otros como ‘Halo: Campaign Evolved‘ para este 28 de julio o los futuros ‘State of Decay 3‘, ‘Fable‘ y ‘Senua‘ sí verán la luz en la consola de Sony. Si nada vuelve a cambiar, claro está. Matt Booty, jefe de la división de juegos de Xbox, avisó en la conferencia que cada caso se revisará de forma individual, dando a entender que tampoco tienen muy claro qué juegos sí llegarán a otras consolas y cuáles no.
“¿Crees que se puede arreglar Xbox?” – Pregunta de Asha Sharma a Matthew Ball
Pero, de la manera que sea y más allá de los propios videojuegos, hay otra cosa flotando en el ambiente. Sabemos que Xbox está trabajando en su nueva consola, la mencionada Helix. Será una especie de híbrido entre consola y PC, algo que tiene mucho sentido si tenemos en cuenta el negocio de Microsoft y, sobre todo, que Steam está preparando exactamente lo mismo con su Steam Machine.
Hace unas semanas, Asha Sharma comentó que el hardware existía y están cerrando los detalles para poder enviar los kits de desarrollo (necesarios para empezar a desarrollar los juegos) a los estudios de videojuegos a comienzos del año que viene. También ‘amenazó’ con el precio, apuntando que Project Helix no será una máquina barata porque la situación con los componentes es la que es.
Un hardware que tendrá una buena cantidad de memoria y de almacenamiento será muy, muy caro. Lo estamos viendo en móviles, routers y hasta en la Raspberry Pi, pero lo que nos ha metido miedo a muchos es el relanzamiento de una Steam Machine con un sobreprecio de casi 300 euros. Tras estar meses agotada por rotura de stock debido al suministro de componentes, la máquina volvió con varios cientos de euros de sobreprecio.
Esta situación no auguraba nada bueno ni para una Steam Machine que, supuestamente, llegará este verano… ni para una PS6 y Project Helix que deberíamos ver en algún momento de 2027. Visto todo el necesario contexto, vamos con Matthew Ball.
Ball es el nuevo jefe de estrategia de Xbox. Responde ante una Sharma que le preguntó una cosa antes de ficharlo: ¿se puede arreglar Xbox? Ball cree que sí, premiando a los jugadores que se han quedado en Xbox con esa vuelta de las exclusivas como modo de “validar la inversión histórica” de esos jugadores. Hay que recordar que alguien que compre un ‘Forza Horizon 6‘ en PS5 también es jugador de Xbox, por ejemplo, pero bueno.
Sobre Helix, Ball apunta en una entrevista que no tendría sentido para la compañía salir del negocio del hardware y que están realizando esa vuelta a las exclusivas, precisamente, para reforzar su plataforma. Ahora bien, también apuntala lo que ya dijo Sharma: la próxima Xbox llegará en un contexto en el que el ‘boom’ de la IA ha disparado el coste de los componentes.
“Creo que empezaremos a ver modelos de negocio radicalmente diferentes y que nunca habríamos esperado que comenzaran a andar en un momento más adelante este mismo año” – Asha Sharma
Además de señalar que no pueden producir consolas al mismo ritmo que se demandan (de ahí esa rotura de stock en muchos mercados, con Xbox Series X mostrando un sobreprecio porque no son unidades que venda Xbox directamente), apunta algo interesante: están peleando para que el diseño de la consola no quede comprometido por la situación, pero a la vez intentando que sea asequible en un contexto de costes altos que prevén que se mantenga durante, al menos, los próximos dos años y medio.
Es decir: necesitan lanzar una nueva máquina, pero que no sea tan cara como sería la visión original que tenían para Helix. A su vez, debe ser más potente que las actuales, pero quizá no tanto porque, si no, se iría de precio. Esto es algo que la propia Asha Sharma, en una entrevista distinta, también comenta.
La CEO opina que las audiencias masivas no gastarán “miles de dólares en una nueva generación de consolas”. Eso va en la línea de lo que Ball deja entrever a la hora de decir que se están replanteando la situación y lo que lanzarán, pero dice algo más: “creo que empezaremos a ver modelos de negocio radicalmente diferentes y que nunca habríamos esperado que comenzaran a andar en un momento más adelante este mismo año”.
Y es ahí, en esas palabras de Sharma, donde está la salsa.
“Nuevos modelos de negocio radicalmente diferentes”
Hasta aquí, estaba repasando declaraciones oficiales y la situación del mercado, por lo que todo lo que comente a partir de ahora se basará en eso de “modelos de negocio radicalmente diferentes”. Entendiendo que se refiere a algo rompedor en el segmento de las consolas, y viendo cómo está la situación, sólo se me ocurren dos cosas.
La primera es que lancen una máquina con un precio muy atractivo, pero que los usuarios busquen comprar porque será la única en la que podrán acceder a esos juegos exclusivos y ese ecosistema que la nueva dirección de la marca busca reconstruir. Esto implicaría vender a pérdidas, algo que hay marcas que hacen o han hecho en el pasado, pero que en esta situación implicaría ir a pérdidas en un hardware que, de base, será bastante caro.
Porque no es lo mismo ir como iba Sony con PS3, a pérdidas en una máquina que al usuario le seguía costando 600 euros, que ir a pérdidas con una máquina que al usuario le cueste 800 o 900 euros. Es mucho dinero para arriesgarse con un lanzamiento así, sobre todo cuando no estamos en la misma situación que en 2006 en la que no había tantos medios de entretenimiento contra los que compitieran las consolas.
La segunda es mantener una estrategia de dos máquinas en el mercado, pero que una sea virtual. Xbox ya ha lanzado esa estrategia de una máquina muy potente para los entusiastas (Xbox Series X) y una menos capaz y sin soporte físico para los que quieran acceder a una biblioteca 100% digital (Xbox Series S).
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El cambio sería que Xbox Series X sería ahora la menos potente y la que Microsoft seguiría vendiendo de forma física, siendo ese Project Helix, simplemente, una consola en la nube, algo similar a GeForce Now de Nvidia. Y me explico.
Con Game Pass puedes jugar a la biblioteca por streaming y Microsoft se ha ido moviendo para que no sólo puedas jugar en la nube a los juegos del catálogo por suscripción, sino también a tus propios juegos digitales. Con una Project Helix que sea un servicio en la nube al que acceder desde cualquier dispositivo, Microsoft no tendría que empaquetar un hardware, sino simplemente usar la potencia de sus servidores y centros de datos.
Así, si quiero jugar un futuro ‘Halo’, puedo hacerlo en mi Xbox Series X, pero también a través de Game Pass en una suscripción más cara para jugarlo con mayor calidad en esa Helix a través de streaming. Ya ocurre en el PC, con una Nvidia que ofrece varios escalones de GeForce Now, cada uno con un hardware “virtual” al que acceder, siendo la opción más potente la más cara.
Eso resuena con la idea de ese “modelo de negocio radicalmente diferente” de la que habla Sharma y permitiría que Xbox pudiera seguir compitiendo en un escenario en el que estamos viendo que no podemos comprar hardware a buen precio porque o no hay o es, sencillamente, carísimo. Y más adelante, si la crisis se resuelve, empaquetar eso en forma de consola.
Al final, este segmento del artículo es especulación pura y dura, pero no creo que me esté tirando tanto el pisto atendiendo tanto a la situación como al modelo que está siguiendo una Nvidia que parece muy cómoda en este escenario del juego por streaming al no tener competencia.
Porque Game Pass funciona bien por streaming, pero los juegos se siguen ejecutando en una Xbox Series X que no puede competir contra las RTX 5080 que Nvidia pone a tu disposición en su GeForce Now.
De la manera que sea, sólo el tiempo lo dirá, pero lo que está claro es que Asha Sharma tiene claro que quiere volver a los buenos tiempos de Xbox… y que quiere hacerlo en el momento más complicado.
Imágenes | Fortune Conversations (editada)
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Taylor Swift sorprende en el estreno de “Toy Story 5”: interpreta tema que compuso para la película
Reuters.- La superestrella del pop Taylor Swift hizo una aparición sorpresa el martes en Hollywood, en el estreno de la película de animación “Toy Story 5”.
Swift se sentó al piano con un vestido largo en el escenario del Dolby Theatre e interpretó “I Knew It, I Knew You”, la canción que compuso para la nueva entrega de “Toy Story”. La cantante dijo que es fan de la saga desde hace mucho tiempo.
“Significa mucho para mí ser una pequeña parte de estas películas”, dijo.
A continuación, Swift presentó a otro invitado inesperado: Randy Newman, compositor de las bandas sonoras y de muchas de las canciones más populares de las películas de “Toy Story”. La pareja interpretó a dúo “You’ve Got a Friend in Me” (“Yo soy tu amigo fiel” en Hispanoamérica, “Hay un amigo en mí” en España), uno de los éxitos de Newman de la primera película de 1995.
Anteriormente, Swift posó en la alfombra roja junto a Tom Hanks, Joan Cusack y otros miembros del reparto de voces de “Toy Story”.
“Toy Story 5” será estrenada por Pixar Animation Studios, una empresa de Walt Disney DIS.N, el 19 de junio.
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En dos días, en Netflix, la primera película stop-motion hecha en México llega con el sello de Guillermo del Toro
Hay proyectos que se fabrican literalmente con los ahorros de toda una vida. ‘Soy Frankelda’, el primer largometraje de animación stop motion producido íntegramente en México y que viene con el sello de la producción de Guillermo del Toro, llega a Netflix este 12 de junio con más de cien marionetas construidas a mano, cuatro años de trabajo artesanal. El inicio de su historia se remonta a 2021 y a una miniserie antológica semidesconocida.
Fue en ese año cuando el estudio mexicano Cinema Fantasma, fundado por los hermanos Arturo y Roy Ambriz, estrenó en HBO Max (no disponible en España) ‘Los sustos ocultos de Frankelda’, una miniserie antológica de stop motion protagonizada por una escritora fantasma que narra historias de terror a los niños. El éxito de la serie propició el salto al largo, inicialmente como un especial de 30 minutos, que creció hasta convertirse en una película de dos horas. Los hermanos Ambriz terminaron financiando la producción con sus propios ahorros.
Conoceremos a Francisca Imelda en el México del siglo XIX, escritora de relatos de terror cuyos textos son ignorados y desestimados por su entorno. Forzada al silencio, adopta el seudónimo de Frankelda y continúa escribiendo hasta que un atormentado príncipe de apariencia sobrenatural, Herneval, la guía en un viaje a su propio subconsciente. Convertida en fantasma, descubre que los monstruos que inventó han cobrado vida y amenazan el equilibrio entre la ficción y la realidad. Tal y como explicaba Roy Ambriz: “Cuando Mary Shelley publicó sus libros tuvo que hacerlo bajo el nombre de su esposo, Percy Shelley. Entonces nos preguntamos: ¿cuántas Mary Shelley habría habido en México?”.
Tras ver un montaje provisional, Del Toro felicitó a los creadores y apadrinó el proyecto. El director ya estaba en contacto con los hermanos desde 2015 y el cortometraje ‘Revoltoso’, que produjo. En ‘Soy Frankelda’ ejerció de asesor creativo. Es un papel en el que el director encaja a la perfección, ya que no solo ganó el Oscar con su propia versión de ‘Pinocho’ para Netflix, sino que ha apoyado el arte del stop motion de formas muy diversas, como con la creación, junto a la plataforma y la escuela de animación parisina Gobelins, de un estudio-laboratorio de stop-motion.
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compañías operadas por agentes de IA
La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una fuerza que ya está reordenando empresas, infraestructuras, empleos, ciencia y poder económico. Lo que hemos visto hasta ahora probablemente sea solo una parte del cambio, pero ya basta para colocar a los gobiernos ante una decisión difícil: regular demasiado pronto puede frenar innovación, no hacer nada puede abrir riesgos difíciles de contener. En ese terreno intermedio, lleno de incertidumbre, muchos países buscan su sitio con las herramientas que tienen.
Esa decisión, sin embargo, no se toma desde el mismo punto de partida en todo el planeta. La IA de vanguardia exige una combinación difícil de replicar: capital abundante, acceso a chips, centros de datos, talento especializado, empresas capaces de escalar productos globales y energía suficiente para sostener esa infraestructura. Estados Unidos y China juegan buena parte de esa partida desde el centro del tablero. Argentina, en cambio, no cuenta con esa misma escala tecnológica, financiera e industrial, así que su margen de maniobra pasa necesariamente por otro lugar.
Argentina no parece estar intentando construir su propia OpenAI desde cero, ni disputarle a las grandes potencias la capa más sofisticada de la IA. Lo que empieza a dibujarse es otra estrategia: convertir al país en un lugar atractivo para que proyectos, infraestructuras y nuevas formas empresariales vinculadas a esta tecnología puedan instalarse con menos obstáculos. Ahí entran piezas menos espectaculares que un modelo de frontera, pero muy relevantes para esta economía: energía, suelo, incentivos, trámites, sociedades y reglas de funcionamiento.
La fórmula de Argentina para entrar en el mundo de la IA
La visión del presidente argentino quedó condensada en un artículo de opinión publicado en Financial Times. Milei defendió allí que la IA necesita espacio para desarrollarse antes de quedar atrapada por normas que considera prematuras, y vinculó esa idea con la historia de la responsabilidad limitada en el capitalismo moderno. Desde ese marco, propuso una figura para compañías operadas por agentes de IA o robots, acompañada de un impuesto de sociedades reducido y reglas atractivas para accionistas. Como podemos ver, el planteamiento combina desregulación, ingeniería societaria y una llamada abierta a la inversión.
El respaldo jurídico está en un proyecto de ley del Poder Ejecutivo Nacional argentino, fechado el 29 de mayo de 2026, que reforma la Ley General de Sociedades. La clave no es solo que mencione la IA, sino dónde la coloca: dentro del marco que regula cómo nacen, funcionan y responden las empresas. El texto introduce una figura llamada Sociedad Automatizada, pensada para sociedades que desarrollen su objeto mediante sistemas algorítmicos autónomos o agentes de inteligencia artificial. Es decir, la propuesta lleva la IA al terreno societario, no solo al debate tecnológico.
El artículo 14 define esa figura con bastante claridad. “La Sociedad de cualquiera de los tipos previstos en esta ley que desarrolle su objeto social, mediante sistemas algorítmicos autónomos o agentes de inteligencia artificial, sin requerir trabajadores en relación de dependencia ni recursos humanos para su operación ordinaria será considerada una Sociedad Automatizada”. La declaración de automatización, no obstante, deberá constar expresamente en el estatuto y la denominación tendrá que incluir la expresión “Automatizada”.
El proyecto también intenta resolver una pregunta inevitable: qué ocurre si esos sistemas causan daños. Su respuesta inicial está en el propio artículo 14, donde se establece que “la sociedad automatizada responde con su patrimonio frente a terceros por los daños causados por sus sistemas algorítmicos autónomos o agentes de inteligencia artificial”. La fórmula mantiene el problema dentro de una lógica conocida del derecho societario: quien responde es la empresa, no el algoritmo como si fuera una persona. Sobre el papel, por tanto, la automatización no elimina la responsabilidad, sino que la canaliza a través de la sociedad.

Javier Milei durante su intervención en la CPAC 2025
La pregunta es si esa respuesta alcanza para todos los escenarios que pueden abrirse. El mismo proyecto permite que los socios fijen libremente la cifra del capital social, de modo que el patrimonio disponible para responder ante terceros puede convertirse en una pieza decisiva. También queda por ver cómo se probaría la cadena de decisiones cuando intervienen sistemas autónomos, proveedores externos, accionistas, administradores y posibles beneficiarios reales. En una empresa tradicional ya puede ser difícil reconstruir responsabilidades; en una sociedad operada mediante agentes de IA, esa tarea puede volverse bastante más compleja.
La discusión no termina en la responsabilidad por daños. El proyecto combina una fuerte autonomía estatutaria, límites a la capacidad de los registros para condicionar lo previsto por la ley, legajos registrales públicos sin información contable o económica y margen para que las relaciones internas de ciertas sociedades se sometan a derecho extranjero, aunque sin afectar a terceros ni a materias excluidas por el propio texto. Tomados por separado, esos elementos pueden explicarse como herramientas de agilidad empresarial. Leídos en conjunto, también pueden hacer de Argentina un lugar especialmente atractivo para actores externos que busquen operar con menos fricción.
Milei no menciona Stargate Argentina en su artículo de opinión, pero el anuncio ayuda a entender el tipo de país que el Gobierno quiere proyectar. OpenAI y Sur Energy lo presentaron como una posible gran infraestructura de IA en Argentina, con una comunicación muy ambiciosa alrededor de inversión, energía y capacidad de cómputo, justo las piezas que cualquier economía necesita para entrar en esta nueva fase tecnológica. Aun así, la cautela es obligatoria: lo que tenemos documentado es una carta de intención para explorar el proyecto. Hasta donde hemos podido verificar, no consta una ubicación definitiva, una fecha de obra ni una construcción iniciada.
La medida de esta apuesta no estará en lo llamativa que resulte la figura legal, sino en sus efectos. Una reforma así puede abrir actividad económica y atraer proyectos que quizá no llegarían con un marco más rígido. Pero también puede quedarse en una ventaja formal si la mayor parte del valor se decide, se financia y se explota fuera del país. El punto, por tanto, no es solo cuántas sociedades se crean o cuántos anuncios se acumulan, sino cuánto beneficio real termina quedándose en Argentina.
La apuesta de Milei, por tanto, no se juega solo en el texto de una reforma societaria. Se juega en algo más difícil de medir: si Argentina consigue convertir esa apertura en capacidades propias o si acaba ofreciendo un marco cómodo para que otros desplieguen tecnología, capital y riesgos desde fuera. La IA obliga a tomar decisiones, y no hacer nada también es una decisión. La cuestión es si esta puerta legal servirá para entrar en la nueva economía o para quedarse en el umbral mientras otros marcan el paso.
Imágenes | Javier Milei (X) | Gage Skidmore
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