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The Batman: La reinvención de la oscuridad

Hace unos años, en una conferencia sobre el futuro de la industria, Steven Spielberg dijo que, así como sucedió con el western, las películas de superhéroes también llegarían a su fin. El cineasta no se refería a que ya nunca más volveríamos a ver este tipo de historias o que no podrían en algún momento regresar. Más bien hablaba de «modas». De que en aquel momento lo que dominaba el panorama hollywoodense eran las películas de personas y seres con poderes cuya vida había comenzado en las páginas de una historieta.
Hoy, siete años después de aquellos comentarios (y a 24 meses de comenzada una pandemia global) las cosas han cambiado poco. Poco, pero sí han cambiado. Las historias que vemos en el mundo de los superhéroes ya no son las mismas. Lejos quedaron las premonitorias visiones de Tim Burton (Batman, 1989) y Sam Raimi (Spider-Man, 2002) que apuntaban hacia el potencial del superhéroe cinematográfico.
Pasamos muchos años fascinados con la construcción de universos y absoluta dominancia de Marvel. Kevin Feige demostró que las películas –tomando prestada la idea de las historias entrelazadas entre título y título de los cómics– podían ser más que simples chispazos aislados de buen entretenimiento. El cine de superhéroes maduró y dominó todo lo que había que dominar. Para usar una analogía de desarrollo humano: entró a la adultez. Hoy la novedad de «ser adulto» se ha convertido en reflexión. Como cualquier persona que llega a cierta edad, las películas de enmascarados se han comenzado a preguntar: ¿quién soy y por qué?
Así tenemos el Joker de Todd Philips, la serie The Boys en Amazon Prime y las burlas autoreferenciales que el personaje de Florence Pugh le hace a la Viuda Negra de Scarlett Johansson. «¿Por qué siempre aterrizas así?», le pregunta sobre la pose de superheroína que siempre adopta. «Es casi como si creyeras que alguien te está filmando». WandaVision, Spider-Man sin camino a casa y la próxima a estrenarse Dr Strange en el multiverso de la locura hacen cosas similares. Todas parecen preguntarse ¿por qué hacemos lo que hacemos, quiénes somos y por qué? Era sólo cuestión de tiempo para que esta crisis de identidad llegara a quien es, posiblemente, el superhéroe más icónico de todos: Batman.

La oscuridad puede representar lo que sea
Pero, ¿cómo presentar una visión fresca de un personaje que ha sido reinventado tres veces en los últimos diez años (las de Christopher Nolan, Zack Snyder y una adorable entrega en Lego)? Aquellas dos preguntas regresan: ¿quién soy y por qué? Batman se creó en 1939 en las páginas de una historieta llamada Detective Comics. Y eso es lo que eran: historias de un detective. Aún en nuestros días, Batman es conocido como el mejor detective del mundo… aunque en sus intervenciones en cine lo hemos visto ejercer su oficio muy poquito. El Batman que nos presenta Matt Reeves (Cloverfield, El planeta de los simos) este año es uno que lo regresa a sus raíces detectivescas y que en la mente tiene esa otra pregunta: ¿por qué hago lo que hago?
«Yo no quería un Batman novato, ni uno ya muy experimentado», nos dice el director, a quien le ofrecieron la película cuando apenas estaba terminando la segunda entrega de El planeta de los simios.
«Este es un Batman que lleva unos años activo, pero aún se está preguntando por qué. Sabe que tiene estos impulsos, pero sigue trabajando las cosas».
«Una de las primeras imágenes que conecté con esta película, cuando recién empecé a pensar en ella, fue la imagen del dibujo que hay del asesino del Zodiaco. Yo traté de imaginarme lo que sería utilizar un disfraz así en la vida real. El Zodiaco, de alguna forma, era una versión muy oscura de Batman en la vida real. Me refiero al terror que se puede dar a través del anonimato. Eso me dio una pista del tono que seguiría la historia».

Para darle vida a este Hombre Murciélago joven pero atormentado, Reeves escogió a un actor que ha vivido su propia historia de reinvención: Robert Pattinson.
¿Qué tanto puede esconder una máscara?
Luego de pasar casi una década construyéndose una carrera sólida en el cine independiente, Robert Pattinson sintió la necesidad de regresar al mundo de las superproducciones. «Por ahí de 2018 justo estaba pensando que hacía mucho tiempo que no hacía una película grande», nos dijo. «Y, de repente, llegaron juntas Tenet y Batman. ¡Es una locura! Es divertido. Tenía muchas ganas de hacer este tipo de películas enormes. Hay mucho miedo alrededor de estas cintas y eso me atraía».
Aunque el tamaño en términos de producción es enorme (y de duración, la cual casi llega a las tres horas) la trama que cuenta no es lo que típicamente veríamos en una película de superhéroes. No es una historia de origen, ni una aventura de consecuencias globales. En su lugar, nos presenta a un Batman en su segundo año defendiendo la ciudad. Reeves y su coguionista Peter Craig pasaron cinco años construyendo una historia que encajaría mejor entre la filmografía de David Fincher que junto al Hombre Murciélago de Val Kilmer. (El traje de este último, por cierto, es el que Pattinson portó para sus pruebas de cámara).
Aquí el Caballero de la Noche investigará un misterio que involucra a un enimágtico asesino conocido como Riddler (para nosotros, el Acertijo). «Pensé en el Acertijo cuando conecté a esta película con el Zodiaco, porque es lo que él hacía: dejar una serie de pistas con mensajes ocultos para burlarse de las autoridades», nos dijo Reeves. «No es una versión del Acertijo que hayamos visto antes, pero es la versión del mundo real, de un asesino que construye una especie de rompecabezas».

La historia de The Batman continuará fuera de la pantalla
Las pistas lo llevarán a un bajo mundo poblado por personajes (por ahora) menores, pero conocidos para el público: el Pingüino (Colin Farrell) y Gatúbela (Zoé Kravitz). La versión de Reeves se aleja temáticamente de las grandes franquicias que Warner ha construido en los últimos años (el proyecto comenzó como una película en solitario del Batman de Ben Affleck, pero se transformó por completo una vez que él abandonó la capucha), pero abre la puerta a una completamente nueva. Casi como respondiendo a las preocupaciones que expresó Spielberg en aquella plática sobre el futuro de la industria, Warner sabe que la clave de la sobrevivencia está en la diversificación. Así, esta historia continuará en las ya confirmadas series para HBO Max centradas en el Pingünio de Colin Farrell y otra en el departamento de policías de Ciudad Gótica.
«En el guion de Matt no hay nada de fantasía, todo está muy aterrizado», nos reveló Colin Farrell, quien aquí participa poco, pero tiene grandes planes para su futuro televisivo. «El Pingüino está escrito como un gangster, es un tipo que se está armando una carrera en el mundo del crimen organizado».
De la misma forma en que otros títulos recientes de superhéroes han buscado sus referencias visuales y temáticas en lugares inesperados –Joker en el Scorsese de los 70 y WandaVision en las comedias de los 50–, el Batman de Matt Reeves podría convivir cómodamente con Hannibal Lecter y el Zodiaco de David Fincher.

Un Batman oscuro para tiempos oscuros
«Gotham es un lugar muy distópico y oscuro. Pero la película es sobre desenmascarar falsedades, es sobre descubrir corrupción y niveles de mentiras. Hay mucha esperanza ahí. Aunque parece muy nihilista, la misión es llevarnos a la luz y alejarnos de esa red de mentiras», nos dijo Andy Serkis quien le da nuevo rostro a Alfred.
Concebida antes de la pandemia, la película tuvo que detener su rodaje al poco tiempo de comenzar cuando las actividades en el mundo se detuvieron: en aquel momento tenían sólo el 25 % de la película rodada. Al regresar al set, en otoño de 2020, el director notó que la historia de una ciudad que intenta seguir adelante a pesar de estar lidiando con múltiples tragedias simultáneas era aterradoramente cercana a la realidad. En entrevista con el New York Times, Reeves notó las similitudes entre el mundo de hoy y su visión de la ciudad de Gotham: «Gótica siempre ha sido una metáfora de nuestro mundo», le dijo al periodista Dave Itzkoff. «Hubo momentos en los que, mientras veíamos cómo sucedían las cosas desde Londres pensábamos: ‘Dios mío, ¿nuestro mundo es peor que Gotham?’».
Es imposible predecir si al cine de superhéroes aún le queda mucha o poca vida. Pero nada estará perdido si continúa esforzándose por contar historias novedosas. Aún si eso significa regresar al mero inicio.
Continúa nuestra cobertura:
Entrevista con Robert Pattinson
Entrevista con Paul Dano (Acertijo)
Nuestra crítica de The Batman.
La entrada The Batman: La reinvención de la oscuridad se publicó primero en Cine PREMIERE.
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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