Cine y Tv
Varda por Agnès: El adiós-bienvenida de Agnès Varda

La última película de Agnès Varda está muy lejos de ser un adiós. No está hecha para ser la última de las entradas que se enlistan de forma lineal en IMDb, ni para servir de punto final paralizante, después del cual sólo hay silencio y créditos que se van para siempre a negros. No: Varda por Agnès, el documental que la cineasta presentó antes de morir a los 90 años en marzo de 2019, es más bien una bienvenida.
Tiene sentido: el primer encuentro de la realizadora con el cine a principios de los años 50 tampoco fue un “hola” común. Una veinteañera Agnès Varda hizo su primer filme, La Pointe Courte (1954), cuando no había visto ni siquiera 10 películas, según ella misma confesó después (El ciudadano Kane era una de las pocas que conocía). Fotógrafa de profesión y con estudios en historia del arte, las pulsiones artísticas que la inclinaron a tomar la cámara cinematográfica fueron muy distintas a las de sus colegas franceses de la posguerra, quienes habían alimentado su cinefilia leyendo o admirando a los grandes señores del neorrealismo italiano: Luchino Visconti, Vittorio De Sica y Roberto Rossellini, entre otros.
“Este filme me recuerda a La Terra Trema, de Visconti”, le dijo alguna vez el editor de La Pointe Courte a Varda. Su nombre era Alain Resnais y pronto se convertiría en uno de los cineastas franceses que, junto con ella y nombres como Chris Marker, Henri Colpi y otros, formarían el llamado grupo de cineastas del “Rive gauche” (orilla de la izquierda). Representarían a un clan de artistas visuales cuyos intereses estaban más alineados al documental, a la política y, sobre todo, a la literatura. La respuesta de Agnès al comentario de su colega fue simple: “¿Quién es Visconti?”.

Puede que su ópera prima contara con elementos neorrealistas –rodaje en locación, uso de actores no profesionales, retrato de la vida cotidiana de los locales, etc.–, pero lo cierto es que Varda se había topado con el cine mientras estaba fuera del cine. Sus inspiraciones y motores se encontraban más bien en sus obsesiones literarias (William Faulkner, en especial) y, sobre todo, en su deseo de explorar aquello que hasta ese momento no había podido tocar, ni en los estudios teóricos de las imágenes ni en la foto fija: el tiempo.
“La aguda sensación del paso del tiempo, así como la erosión de los sentimientos que nos oxidan y deterioran; las humillaciones no digeridas y heridas que no han cerrado. Para las heridas del alma, la fotografía no era suficiente”, escribió ella misma en su libro Varda por Agnès, publicado en 1994 en conjunto con Cahiers du Cinema. “La fotografía me parecía ya demasiado muda. Me recordaba un poco a eso de: ‘sé bella y quédate callada’”.
Eventualmente, el cine y la fotografía fija se volverían complementarios en la vasta y muy variada filmografía de Agnès Varda: una obra siempre curiosa, jovial, definida por las inquietudes personales de una artista y no tanto por las tendencias hegemónicas de la ficción y la industria. Eso no impidió, sin embargo, que también las reinventara: La Pointe Courte, con su relato de una pareja en crisis que visita una comunidad pesquera, se le adelantó por cinco años a Francois Truffaut y a Jean-Luc Godard y se convirtió en la precursora de la Nouvelle Vague.
A partir de entonces, Varda inventaría su propia existencia creativa, haciendo uso de la actividad más revolucionaria de nuestros tiempos: el divagar, el caminar. Lo hizo fuera del cauce de su tiempo, a veces delante de él, a veces unos pasos a la izquierda. Fue la “abuela” de la Nueva Ola francesa a los 30 años, pero también la que, a los 72, corrió a comprar una cámara digital Sony en un aeropuerto de Tokio en cuanto supo de su existencia. Fue la que prefirió explorar los rostros de espigadores, pescadores y hasta de sus propios vecinos; pero también la que aventó a Robert De Niro a un estanque. Fue la artista visual que en el nuevo milenio encontró felicidad en los museos, y también la que asistió a su primera exposición en la Bienal de Venecia disfrazada de patata. Fue la cineasta radical que ganó el León de Oro en 1985, pero también la que recibió un Óscar (honorario y tardío) hasta 2017. Fue el alma joven que abrió una cuenta de Instagram a sus 90 años –a pesar de estar perdiendo la vista–, y también la que nunca hizo dinero con sus películas.
“Tengo que hacer cintas de la forma en que las siento”, le dijo a The Guardian en 2018, durante una de sus últimas entrevistas. “Nunca adapté un libro famoso, y raramente trabajo con actores famosos. Una vez tuve a Catherine Deneuve en una película llamada Les Creatures. Fue mi más grande fracaso en taquilla. No me identifico con el éxito. Recibí mi Óscar honorario con modestia y alegría. Fue interesante saber que existo como cineasta en Hollywood, aunque nunca he hecho un blockbuster”.
Siempre inquieta, difícil de encasillar y juguetona, Agnès Varda ahora nos dice adiós con un irresistible “hola”.

Las playas de Agnès
Papel picado, calaveritas de azúcar, cazuelitas de barro y un gran ramo de flores de cempasúchil adornaban la tumba de Agnès Varda y del realizador Jacques Demy –su esposo y compañero de vida durante 28 años– a inicios de noviembre de 2019. La imagen que sirvió de evidencia fue compartida en redes sociales por la hija de la realizadora, Rosalie Varda, quien acababa de regresar del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), en donde se homenajeó la filmografía de Agnès y se presentó la cinta Varda por Agnès. “Mi mamá tuvo un vínculo afectivo muy fuerte con México”, recordó Rosalie, durante de la presentación. “He viajado a los lugares que eran importantes para ella y por eso debía venir aquí”.
Fue la misma Rosalie Varda quien convenció a Agnès de hacer de su última película una suerte de clase magistral: una cátedra que documentara sus reflexiones sobre su propia filmografía, sus métodos, el cine, la imagen y el arte en general. Sin embargo, el documental-autorretrato Varda por Agnès –que tomó el mismo título del libro que publicó en 1994– está lejos de ser un producto intelectual, elitista y aleccionador. “Le dije que era importante que esta cinta también pudiera ser vista por quienes no conocían su filmografía”, nos dijo Rosalie, quien fungió como productora de las dos últimas cintas de Agnès y también como directora artística de la compañía que ésta fundara en 1975, Ciné-Tamaris.
“No es una película para los profesores, los intelectuales o los cinéfilos. Es una cinta para compartir de qué forma se construye la creatividad, como si fuera un rompecabezas”, explicó Rosalie.
En el documental, Agnès deambula, nuevamente, y se convierte en una guía cálida y generosa de su propia obra. Ahí habla sobre las inquietudes que la han definido: desde lo que considera la pesadilla de un cineasta (“una sala de cine vacía”), hasta la “cinescritura”, término que ella misma acuñó para referirse a todas las decisiones que dan forma “o escriben” a un filme: desde el diálogo, la composición y la edición, hasta la elección de actores, locaciones y música (“En la escritura se le llama ‘estilo’. En el cine es ‘cinescritura’”, señaló en su libro). Asimismo, la cineasta explora las preocupaciones estéticas detrás de sus filmes más conocidos –Cléo de 5 a 7 (1962), Sin techo ni ley (1985), Los espigadores y la espigadora (2000), Rostros y lugares (2017)–, y también de algunos que no lo han sido tanto, como Jane B. For Agnès V. (1982) o Kung-fu master! (1988).

Sobre todo, el comentario que Varda hace sobre sí misma se enfoca en lo que la volvió una referencia e inspiración, es decir, en su forma de mirar. “Es una película más bien destinada a que se comprenda un poco el arte, pero en todas sus manifestaciones”, nos comenta Rosalie. “La idea no es dar una lección o un adoctrinamiento, sino tratar de dar a los demás el deseo de mirar de otra manera. Ella era una autodidacta y siempre dijo que no porque uno tuviera estudios de cine se volvía un director. No por tener una cámara uno se vuelve fotógrafo”.
“Nada es banal si se graba con empatía y amor”, dice Varda en la pantalla, mientras le habla a la audiencia de la vez que, muy emocionada, tomó su cámara digital y la usó como una herramienta de conexión: una forma de hablar con las personas sin el peligro de asustarlas con un equipo estorboso. Para ella, entender la realidad y a los lugares –un elemento clave en su cine– sólo era posible si se entendía a las personas que los habitaban.
“Creo que estamos hechos no sólo de los lugares en donde vivimos, sino de los lugares que amamos”, expresó en el libro de 1994, pero en la cinta lo reitera de forma más poética. “Si abriéramos a las personas, encontraríamos paisajes adentro. Si me abrieran a mí, seguramente encontrarían playas”.

Reciclar para la imaginación
Sentada frente a nosotros, Rosalie Varda porta un pin en el que se alcanza a leer “50/50”, la insignia del colectivo francés que hace dos años organizó la marcha de las 82 mujeres en el festival de Cannes –liderada por Cate Blanchett y Agnés Varda–, y que tiene como objetivo luchar por una mayor representación femenina en la industria de cine francesa. “Soy parte del colectivo”, nos confiesa, tan sólo horas antes de la proyección en el FICM de Una canta, la otra no (1976), el musical que nació de las propias luchas feministas de su madre en los años 70. El filme de ficción explora la amistad de dos jóvenes, Suzanne y Pomme, quienes experimentan lo que significa ser mujer en aquellos años, atravesados por los movimientos feministas.
“Agnès hizo Una canta, la otra no después de momentos muy importantes en Francia, puesto que se obtuvo el derecho a la anticoncepción y luego el derecho al aborto gratuito en hospitales. Ella tuvo la idea de hacer esa película porque ella misma formó parte activa de todos esos movimientos”, nos comenta Rosalie, quien está consciente de que la frase que cantan los personajes en el musical –“¡Mi cuerpo me pertenece a mí!”– sigue siendo un grito de lucha en muchos países, incluido México. “Sólo se puede así, avanzar día con día. La anticoncepción nunca dejará de ser una lucha, ni la violencia, ni el aborto. Siempre habrá que estar luchando, subiendo la cuesta de los siglos”.

Como mucho del cine de Varda, Una canta, la otra no cambió el discurso: mostró a la alegría, la vitalidad, la hermandad y la risa como elementos base del feminismo, a menudo malentendido como una agresión despechada. De hecho, resulta imposible separar la vivacidad y el júbilo que siempre caracterizaron a Varda –una coleccionista entusiasta de muñecas– de sus logros revolucionarios. De su paso por la historia del arte es posible concluir que hay mucho de rebeldía en el gozo, en el juego y, sobre todo, en cierto tipo de vagabundeo. Se trata de una capacidad de deambular física, mental y creativamente para inventar una existencia nueva, fuera de los esquemas verticales, patriarcales, hegemónicos y excluyentes. “Quiero ser recordada como una cineasta que, sobre todo, disfrutaba de la vida, incluyendo el dolor”, le dijo Varda a The Guardian. “Lo que pasa en mis días –trabajar, conocer personas, escuchar– me convence de que vale la pena estar viva”.
Mantener algo vivo se convirtió eventualmente en la especialidad de Varda, pues amaba el arte de reciclar; desde las papas rechazadas en una cosecha –de donde que surgió su instalación artística Patatutopia–, hasta sus propios negativos cinematográficos, con los que fabricaba pequeñas chozas colocadas en museos. “El reciclaje trae alegría, porque todo se transforma para la imaginación”, expresa la cineasta, para quien basta con mirar de forma distinta a un objeto para comenzar a reciclarlo.
La misma Varda por Agnès tiene algo de esa magia. Así como el reciclaje no es más que la transformación de algo para otorgarle un nuevo significado, Agnès Varda recoge su última lección y la convierte en un saludo: una continuación que nos abre la puerta hacia el inicio, en un ciclo vardiano sin fin. Es como si la creadora quisiera compartirse una y otra vez con aquellos que no la conocen, invitarlos a pasar por los siglos de los siglos, con el mismo mensaje: no vas tarde, has llegado justo a tiempo.
La entrada Varda por Agnès: El adiós-bienvenida de Agnès Varda se publicó primero en Cine PREMIERE.
ues de anuncios individuales.Cine y Tv
Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
.
.
.
Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
Staff Cine PREMIERE Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.
ues de anuncios individuales.
Source link
Cine y Tv
Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
También te podría interesar: Socias por accidente – Estreno, trailer y todo sobre la comedia con Barbara de Regil y Angelique Boyer

Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
ues de anuncios individuales.
Source link
Cine y Tv
Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
ues de anuncios individuales.
Source link
-
Actualidad2 días ago“Bonnie Tyler se encuentra gravemente enferma, pero estable”, confirma su equipo
-
Actualidad2 días agosus otras novedades también tienen mucho que decir
-
Deportes2 días agoAplaza grosero error del arquero la coronación de Cristiano Ronaldo y Al Nassr | Video
-
Actualidad2 días agosu receta mezcla Android, Gemini y diseño premium
-
Deportes2 días agoMundial 2026: Entrega Vasco Aguirre la prelista con 55 jugadores a la FIFA
-
Deportes2 días agoJuicio Maradona 2: El Diez suspendió medicamento para la hipertensión poco antes de su muerte | Testigos
-
Deportes2 días agoSergio Ramos acuerda la compra del Sevilla; falta aprobación del Consejo Superior de Deportes | Video
-
Musica2 días agoSpotify, ‘Tu fiesta del año’: Conoce la primera canción que escuchaste en la app
