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El rudo y el niño: una fórmula para salvar la inocencia

La fórmula del niño y el antihéroe rudo, mejor conocida con el nombre de «badass and child duo«, es uno de los tropos más populares en la ficción. La fascinación que provoca es comprensible al tratarse de dos mundos radicalmente opuestos que se cruzan hasta tornarse inseparables. Alianzas espectaculares y emotivas, que además están dotadas de una fortísima carga simbólica, pues el objetivo central de salvar al pequeño invariablemente conduce a la redención del guardián.
En la teoría, la fórmula del niño y el antihéroe rudo aplica para todos aquellos individuos cuya existencia violenta es interrumpida temporalmente para ayudar a un pequeño en una situación de peligro extremo. Tal sería el caso de Eliot Ness (Kevin Costner) y George Stone (Andy García) exponiéndose para salvar una carriola cayendo en medio de un tiroteo en la mítica secuencia de las escaleras vista en Los intocables (1987). Más impactante es cuando la fórmula es mostrada en estado puro, con personajes cuya rudeza extrema les torna mortíferos, que dejan todo atrás para centrarse en la protección de infantes con los que no guardan ningún vínculo inicial y que están dispuestos a aprovechar todas sus habilidades para alcanzar el objetivo… aun cuando esta tarea les cueste la vida.

El niño
El valor simbólico de los niños en peligro varía según las propiedades de cada narrativa. Jenny Matrix (Alyssa Milano) en Commando (1985) no es más que un macguffin que requiere ser rescatado por John Matrix (Arnold Schwarzenegger); el deceso de Will Castle (Marcus Johns) en The Punisher (2004) sirve como detonante para que Frank Castle (Thomas Jane) se convierta en un violento vigilante; la brutal revelación en torno a David (Michael Caloz) de Screamers: Asesinos cibernéticos (1995) adentra en un mundo tan corrupto que ha visto distorsionada toda su inocencia.
Los infantes de la fórmula del niño y el antihéroe rudo tienden a compartir atributos de personalidad. Se trata de pequeños cuya pureza pende de un hilo ante la posesión de alguna característica especial que es codiciada por un mundo violento que no vacilará en corromperlos para obtener un beneficio. Su fragilidad infantil es enfatizada con una serie de arquetipos de edad, género y soledad, pero también es continuamente desafiada con una fortísima personalidad, conocimientos puros sobre el bien y el mal, así como una serie de valores morales bien establecidos.
La fórmula es fundamental para entender la confianza ciega que permitirá la conexión emocional entre el niño y el badass o antihéroe rudo. Esto porque los pequeños pueden distinguir la bondad que los propios protectores consideran perdida, pero también de aceptar que la agresividad de sus métodos es necesaria para garantizar la supervivencia.
El protector
Más que simple héroes de acción, los guardianes concebidos en la fórmula del niño y el antihéroe rudo suelen ser una rama del one-man army o «ejército de una sola persona». Ambos comparten características como la soledad en el campo de batalla, las habilidades de combate que les permiten salir avante hasta de las situaciones más extremas, así como las imperfecciones propias de un pasado turbulento. La gran diferencia radica en que, mientras el one-man army tiene autorizada la búsqueda con fines egoístas, el badass en cuestión realiza un viaje que parte del individualismo a la abnegación más pura al arriesgarlo todo por un infante con el que rara vez tiene vínculo alguno.
La misión nunca es sencilla. No sólo por los villanos a vencer, sino porque la fórmula siempre dicta que el trabajo impacte de lleno la vida de un antihéroe rudo acostumbrado a la soledad y renuente a vigilar la conducta del niño acompañante como si de una niñera se tratase. Irónicamente, la personalidad del pequeño en cuestión, que tantos dolores de cabeza representa en un inicio, no sólo conquista al conflictuado adulto, sino que se gana su respeto y admiración hasta que termina viéndolo como un igual. O incluso como algo más.
Aunque el encargo suele partir de promesas materiales, la aceptación de la tarea sólo es posible porque estos antihéroes tienen propiedades ocultas que ellos mismos desconocen o que consideraban perdidas tras años de una existencia violenta. Heroicidad, nobleza e incluso una sensibilidad impropia de su rudeza que les convierte en guardianes de una inocencia en peligro, pero también en un símbolo es esperanza. El reflejo de un mundo oscuro que alcanza la redención tras abrazar una pureza al borde del abismo. Sujetos de armas tomar que centran sus esfuerzos en el resguardo de niños, ignorantes que con esto están salvándose a sí mismos.
Los mejores representantes de la fórmula del niño y el antihéroe rudo
Dick Tracy / Kid (Dick Tracy, 1990)

Los integrantes de la fórmula del niño y el antihéroe rudo no suelen tener una relación previa, por lo que es común que el adulto se refiera al pequeño simplemente como niño o chico. Tal fue el caso de Kid, un ladronzuelo cuya labor es entorpecida por el detective, quien lejos de arrestarlo, busca un modo de reconducirlo para que se convierta en un ciudadano de bien. El tropo no se cumple en su totalidad porque la misión central de Tracy no es la protección del muchacho, pero aun así funciona porque el héroe considera la salvación del pequeño como un rescate simbólico de una ciudad pervertida por el dominio de ‘Big Boy’ Caprice. El niño corresponde al ayudarle en una situación de vida o muerte, convirtiéndose así en su único apoyo cuando todo parece perdido. La relación se estrecha tanto que ambos terminan integrando una familia al lado de Tess Trueheart, pareja sentimental del personaje titular y con el redimido pillo adoptando el nombre de Dick Tracy Jr.
Robert ‘Butch’ Haynes / Philip Perry (Un mundo perfecto, 1993)

Otra versión modificada surgida de dos reos que escapan de prisión y toman a un niño como rehén y que empieza a tomar forma cuando uno de ellos, ‘Butch’ Haynes, mata al otro para evitar que haga daño al pequeño. Un crimen que se vuelve considerablemente más complejo cuando la autoridad que toma el caso rememora el pasado del delincuente, quien fuera maltratado por su padre hasta que encontró refugio en el encierro de la cárcel. El sujeto no tiene la mínima intención de dañar al chico, pero se ve obligado a huir para garantizar su propia seguridad; lejos de padecer miedo, el niño toma el viaje como aventura lejos de una familia cuyo fervor religioso le ha privado de experiencias tan básicas como celebrar la Navidad o el Halloween. Esto hace que ambos encuentren consuelo uno en el otro, con el adulto descubriendo un mundo de inocencia perdida y el infante gozando de una libertad desconocida que se ve plasmada en un modesto disfraz de Gasparín.
Arya Stark / Sandor Clegane ‘el Perro’ (Game of Thrones, 2011)

Es bien sabido que en el juego de tronos se gana o se muere. Sin embargo, existen ocasiones en que la brutalidad y la intriga que caracterizan a los Siete Reinos se difuminan ante el surgimiento de alianzas improbables. Tal es el caso de Sandor Clegane, quien luego de renunciar a ser el perro de los Lannister, centró sus esfuerzos en la seguridad, primero de Sansa Stark y luego de la pequeña Arya. Fue con esta última con la que pasó más tiempo al tratar de llevarla a casa con la mira puesta en una recompensa económica, pero los percances del camino propiciaron una extraña conexión basada en el respeto, pero manchada de resentimiento. Esto provocó que la joven loba lo abandonara a su suerte luego de que el guerrero quedara malherido tras una cruenta batalla con Brienne de Tarth, lo que no impidió que ambos se reencontraran en vísperas de la batalla final por Westeros, esta vez como iguales.
Ellen Ripley / Rebecca ‘Newt’ Jorden (Aliens, 1986)

A diferencia de su antecesora, Aliens no es una película de terror, sino de acción, lo que concedió nuevos valores simbólicos para Ellen Ripley, quien dejó de ser una sobreviviente para convertirse en toda una guerrera. La conversión inicia cuando la oficial del Nostromo acepta ir a LV-426 para asegurarse de que las criaturas ahí sean exterminadas y continúa cuando se cruza con una pequeña cuya familia fue aniquilada por los extraterrestres y con la que forma un lazo inmediato. El círculo se completa cuando la niña es capturada y la heroína no duda en rescatarla con un exoesqueleto de carga que le permite librar un combate cuerpo a cuerpo con la feroz reina de la colonia alienígena. Aunque logró su cometido, los esfuerzos fueron en balde a largo plazo, pues la chica perdió la vida en los primeros minutos de Alien 3 (1992), en la que es considerada una de las decisiones más controvertidas de toda la franquicia.
Theo Faron / el bebé (Niños del hombre, 2006)

Es común que los infantes de la fórmula del niño y el antihéroe rudo tengan alguna característica que les haga deseables para el mal. En el caso de Niños del hombre, se trata de su existencia misma. Aquí, un bebé que ni siquiera ha nacido es un símbolo de esperanza para una humanidad corrupta, pero también significa poder para los movimientos políticos que desean aprovecharlo para sus intereses. La protección corre a cargo de Theo Faron, antiguo activista que ha perdido la vocación y quien es buscado por su exesposa para el resguardo de quien parece ser una simple inmigrante, cuando realmente lleva consigo al futuro del ser humano.
Din Djarin a.k.a. Mando / Grogu (The Mandalorian, 2019)

Aquellos pequeños que guardan una gran conexión con la Fuerza han jugado un rol fundamental para la galaxia lejana. Mientras Anakin Skywalker selló su propia caída tras asesinarlos a sangre fría, Mando alcanzó la redención tras resguardar a uno de los remanentes del Imperio. Este último caso ha sido motivo de sorpresa y alabanza, al tratarse de un mandaloriano que opera como cazarrecompensas y que ha demostrado ser sumamente respetuoso con sus códigos. Ni siquiera esto impidió romper sus propias reglas al encariñarse con ‘el niño’ que responde al nombre de Grogu. O como él mismo dijera en un amenazante mensaje a Moff Gideon, “significa más para mí de lo que nunca sabrás”. Su heroísmo promete ser clave para el porvenir de todos al tratarse de un ser que, a pesar de su fragilidad infantil, está dotado de un enorme poderío.
Logan / Laura (Logan, 2017)

Uno de los atributos más importantes de Wolverine es su empeño por resguardar a los indefensos. El cómic plasmó la cualidad con Jubilee, mientras que su salto cinematográfico hizo lo propio con Rogue. La imagen quedó sellada en el imaginario colectivo con Logan, que muestra al personaje titular resignado a la extinción mutante, hasta que la pequeña y muy feroz Laura, concebida a partir de una muestra de su ADN, le permite comprender el valor de una familia y un legado. El resguardo de la chica a territorio seguro donde podría crecer con normalidad sin ser entrenada como un arma viviente resultó en la muerte cinematográfica del guerrero, quien aprovechó su último aliento para dar una importante lección de vida a la que terminó considerando como una auténtica hija: “no seas para lo que te crearon”.
Leon / Mathilda (El perfecto asesino, 1994)

Luc Besson siempre ha mostrado un gran interés en la exploración de la inocencia en un mundo corrupto, siendo El perfecto asesino la mejor exponente de la tendencia. Una película sobre una niña cuya familia es ejecutada y que encuentra protección, consuelo y guía con un peculiar asesino a sueldo con el que intentará consumar su venganza, aun cuando éste se empeñe en que la pequeña no pierda el rumbo de su vida. Más significativo aún es que mientras la chica es educada en las artes de matar, ella educará a su propio mentor en temas de la vida cotidiana, lo que resultará en el surgimiento de una singular familia plasmada en una modesta planta que busca un sitio para echar raíces.
T-800 / John Connor (Terminator 2: El juicio final, 1991)

El T-800 se convirtió en uno de los villanos más temibles del cine con Terminator (1984), mientras que la secuela alteró diametralmente su concepción al mostrarlo como uno de los grandes héroes de todos los tiempos. Una máquina diseñada para matar y reprogramada para la protección absoluta de un John Connor destinado a convertirse en el líder de la resistencia humana tras el ascenso de Skynet. Su letalidad no le impide estar en todo momento con el joven, de quien aprende toda clase de expresiones, pero también el valor de la vida y el significado de una lágrima. “Al ver a John con la máquina, de repente fue tan claro”, asegura Sarah Connor. “El exterminador nunca se detendría. Nunca lo dejaría, y nunca lo lastimaría, nunca le gritaría, ni se emborracharía y lo golpearía, ni le diría que estaba demasiado ocupado para pasar tiempo con él. Siempre estaría ahí. Y moriría para protegerlo. De todos los futuros padres que vinieron y se fueron a lo largo de los años, esta cosa, esta máquina, fue el único que estuvo a la altura. En un mundo loco, fue la elección más sensata”.
Reuben ‘Rooster’ Cogburn / Mattie Ross (Temple de acero, 1969; 2010)

El western es el género que mejor ha ejemplificado un mundo que pierde su pureza ante el paso de la civilización. Quizá por ello no sorprende que también haya dado al que es considerado el mejor ejemplo de la fórmula del niño y el antihéroe rudo. Rooster es un veterano de la Guerra Civil y cuya posterior carrera como mariscal en territorio indio se caracterizó por la rudeza y el exceso de alcohol; Mattie es una niña cuyo padre fue asesinado en un viaje de negocios. Sus caminos se cruzan cuando la pequeña se percata de que nunca encontrará justicia con apoyo de la ley y decide contratar a Cogburn para ejecutarla de su propia mano. El trayecto es difícil para ambos, no sólo por la complejidad propia de la misión, sino por sus personalidades que colisionan en todo momento: ella se muestra desesperada por hallar al responsable, él se niega a cambiar su modo de trabajo. Al final ambos encuentran el modo de trabajar juntos en una relación, no sólo de respeto, sino de franco aprecio que alcanza su punto más alto con los esfuerzos del cowboy por salvar a la chica de una muerte segura tras la mordedura de una serpiente. Aunque las adaptaciones (la de 1969 con John Wayne y la de 2010 de los hermanos Coen) tienen distintos desenlaces, ambas coinciden en mostrar el enorme agradecimiento de la pequeña ante un hombre cuya oscura reputación no le ha impedido darlo todo de sí para ayudarla a encontrar la paz.

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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
Staff Cine PREMIERE Este texto fue ideado, creado y desarrollado al mismo tiempo por un equipo de expertos trabajando en armonía. Todos juntos. Una letra cada uno.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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