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desarrollar unas gafas en conjunto
Miércoles, 19:00h de la tarde española. Un buen día para un Galaxy Unpacked. La compañía se ha centrado en presentar los Samsung Galaxy S25, S25+ y S25 Ultra, aunque ha tenido hueco para adelantar algunos de sus planes relacionados con la realidad aumentada.
Samsung ha reafirmado su asociación con Google para fabricar unas gafas AR en conjunto, tal y como declara TM Roh, presidente de Samsung Mobile, a Bloomberg.
No hay noticias sobre sus características o disponibilidad, más allá de que “intentarán alcanzar la calidad y la disponibilidad que deseamos lo antes posible”. La noticia llega de la mano de uno de los anuncios más recientes de Google en lo referente a realidad mixta: Project Moohan.
Este es el plan de Google y Samsung para plantar cara a Meta, valiéndose de la plataforma Android XR, un sistema basado en Android y especialmente pensado para dispositivos de realidad mixta.
Con Oculus en el mercado y Vision Pro como la alternativa de Apple, el proyecto de Samsung y Google pondría sobre la mesa a un tercer rival de referencia para marcar un camino: una nueva plataforma que podría dar vida a un futuro gran ecosistema.
Imagen | Google
En Xataka | Realidad Aumentada: qué es y en qué se diferencia con la Realidad Virtual
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Se vende como la meta dorada, pero para algunos es un abismo existencial
Leo tiene 79 años y sigue trabajando en la tienda de frutos secos que abrió hace 51 junto con su marido. Amadeo, un “tabernero” de 96, puede que sea el hostelero en activo más longevo de España; después de toda una vida trabajando, sigue diciendo con orgullo que está enamorado del gremio y que lo suyo es “un juego” que le alimenta espiritualmente.
Estas dos historias se han hecho virales en el perfil en redes sociales de @comilonestv, que lleva tiempo recuperando historias de personas que “han pasado toda una vida trabajando” y continúan haciéndolo a pesar de haber superado la edad de jubilación. Los comentarios que acompañan a estos vídeos recogen una mezcla de asombro y admiración, pero sobre todo dejan claro que estos casos representan una realidad no tan reducida en España —decenas de usuarios mencionan ejemplos similares en sus ciudades y entornos cercanos— .
El momento de la jubilación suele imaginarse como una meta deseada tras décadas de trabajo: una etapa asociada a más libertad, tiempo propio y la posibilidad de retomar aficiones o descubrir otras nuevas. Sin embargo, para una parte de la población, la llegada de la jubilación no implica una ruptura total con su profesión. Mientras algunas personas se desvinculan completamente de su actividad laboral, otras optan por mantener cierto vínculo con ella o incluso deciden continuar trabajando más allá de la edad de retiro.
El peso económico
El paso de cobrar una nómina a recibir una pensión implica, en muchos casos, una reconfiguración de la economía en muchas casas. El dinero aparece entonces como una de las posibles motivaciones entre aquellas personas que eligen seguir trabajando cuando llega la oportunidad de jubilación.
Esta tendencia se ha disparado en la última década en Estados Unidos, donde estudios señalan cómo ha crecido el número de trabajadores de 65 años o más que permanecen en el mercado laboral. De hecho, algunas estadísticas señalan que en 2024 algo más del 22% de adultos de más de 65 seguían empleados, ya fuera a tiempo completo o parcial.
Mientras, en España, la última Encuesta de Población Activa (EPA) de 2025 ha situado el empleo entre los mayores de 65 años en máximos históricos, pasando de un 5% a un 14% en los últimos diez años. Detrás de este aumento hay múltiples factores, pero el económico aparece de forma recurrente en quienes deciden prolongar su vida laboral.
Antonio, médico de 67 años que sigue ejerciendo en el ámbito privado tras jubilarse del sistema público —y que prefiere mantener su identidad reservada— , asegura que “el tema económico suele pesar mucho” en esta decisión. Especialmente, explica, porque muchas personas llegan a la jubilación con hijos todavía dependientes económicamente. “Es muy raro que a los 65 años la gente tenga a sus hijos ya colocados, emancipados y todos los gastos pagados”, señala.
Asegura que la situación ha cambiado mucho respecto a generaciones anteriores: “Antes cuando los padres se jubilaban los hijos ya estaban emancipados. Ahora no”. El retraso en la emancipación y el aumento del coste de vida hacen que muchas familias sigan teniendo cargas económicas importantes incluso después de alcanzar la edad de retiro, lo que según Antonio hace que en el sector sanitario sea “tan común” mantener la actividad: “Es muy raro el que a los 65 años dice: ‘Me llevo los zuecos y el fonendo para siempre’”.
Sin embargo, reducir este fenómeno únicamente a una cuestión económica sería simplificarlo demasiado para Gema Pérez Rojo, catedrática de la Universidad CEU San Pablo y psicóloga colegiada por el Colegio Oficial de Psicología de Madrid. Aunque el dinero pesa —y mucho en algunos casos—, la psicóloga cree que es una decisión multifactorial y “rara vez es solo por dinero”.
Una decisión con diferentes “aristas”
Las razones para seguir trabajando llegada la edad de jubilación rara vez responden a un único motivo. Para Antonio, de hecho, son varias: menciona los ingresos económicos, pero también la necesidad de mantenerse activo y evitar el aburrimiento —“¿Qué hago yo en mi casa 24 horas sin ninguna actividad profesional?”—, seguir sintiéndose útil, conservar una rutina, continuar ejerciendo una profesión que define como vocacional o “esperar” a su pareja, que aún no tiene edad para jubilarse.
Rosa María Álvarez Barral, psicóloga en activo en Venezuela, tampoco cree que exista un “perfil concreto” de persona que elija continuar su actividad laboral más allá de los 65 años. A su juicio, se trata de una decisión en la que se mezclan factores motivacionales, sociales y económicos.
“El trabajo hace que uno se sienta importante, valioso, distraído y que siga teniendo desafíos interesantes”, explica. Además, sostiene que la profesión puede convertirse en una parte importante de la identidad personal y aportar reconocimiento social, especialmente en personas con trayectorias largas o prestigio dentro de su sector.
“La jubilación se vende a menudo como la meta dorada de la existencia, pero psicológicamente es un territorio complejo. No es solo un cambio de horario; es una metamorfosis de la propia identidad”. Así explica la catedrática Pérez Rojo cómo la llegada de la jubilación puede ser “para unos un puerto de paz y para otros un abismo existencial”.
Durante la vida laboral, la profesión es parte de nuestra carta de presentación. Y tras décadas dedicadas a un puesto, Pérez Rojo, que también forma parte del grupo de investigación Envejecimiento (BUENAVEJEZ), advierte cómo el “autoconcepto se fusiona con el rol”. De manera que, “al jubilarse no solo se deja un empleo, se deja una identidad”. La psicóloga Álvarez Barral habla de “simbiosis” o “matrimonio”: una “sensación de que tu identidad está ligada a tu profesión”.
Es el caso de Nacho Valbuena, un periodista que a pesar de haberse jubilado hace tres años, sigue colaborando con medios de comunicación de manera muy activa. Para él, la vocación ha sido clave y la edad no ha representado un impedimento, ya que asegura no poder vivir sin ejercer el periodismo: “No pienso en la edad, tendré 90 años y seguiré con esta profesión (…) Se lleva muy dentro”.
Y es que el tipo de empleo resulta determinante a la hora de afrontar la transición hacia la jubilación. Quienes han desempeñado “trabajos con alta carga de estrés físico o mental o puestos monótonos” suelen recibir el retiro como “una auténtica liberación y un rescate de su salud”. Sin embargo, según señala Pérez Rojo, quienes han ocupado puestos de alta responsabilidad, prestigio o fuerte vocación, “tienden a vivirlo como una pérdida afectiva y de estatus”.
De oficio a hobby
Epifanía Martín—o Epi, como prefiere que la llamen— se jubiló hace cuatro años, y después de toda una vida dedicada a la confección, ha transformado su oficio en su hobby. “No es que no quiera desvincularme de mi profesión, es que mi profesión también forma parte de la vida cotidiana (…) Muchas veces tienes que coser”. Aun así, reconoce que le “encanta” y que le ayuda a relajarse cuando está “un poco más intranquila o preocupada”.
Ha sustituido el horario fijo de su trabajo por el de las clases de costura que Epi da en la asociación de vecinos de su barrio, donde enseña a otras mujeres “una profesión que se está perdiendo”. Aunque pudiera parecerlo, recalca que ni esas clases ni lo que cose ahora “tiene nada que ver” con sus años en activo: “Ya no hago trajes como solía hacer, ahora hago cosas chiquititas que me apetecen. Disfruto mucho más de mi profesión. Aunque me encantaba mi trabajo, no echo nada de menos trabajar”.
Epi señala a Xataka que es “bastante común” mantenerse activo entre “modistas y costureras”: “La gente que cose o ha cosido en su profesión, sigue haciéndolo. Además, suele ser habitual tener cosas que hacer como arreglar un bajo o ayudar a alguien con algún arreglo (…) Desde luego que se hace, hasta que te lo permitan las manos, tu tiempo o tu salud”.
Mantenerse ligado a la profesión suele ser común en algunos sectores. Según señala Nacho Valbuena, el periodismo es otro ejemplo, como también lo son algunos oficios como la carpintería y la herrería, o las profesiones artísticas. Según señala Pérez Rojo, “el jubilado que mantiene la actividad como afición experimenta ‘motivación intrínseca”. Es decir, mantiene la estimulación cognitiva, la destreza manual y la satisfacción del logro, pero elimina el “estresor del rendimiento obligatorio: “Es la transición perfecta: quedarse con el disfrute del ocio y desechar la presión del empleo”.
En definitiva, alcanzar la edad de jubilación no siempre implica querer detenerse por completo. Para algunas personas, dejar de trabajar supone también abandonar una rutina, una identidad y una forma de sentirse útiles. Mientras unos optan por romper de forma tajante con su vida laboral, otros prefieren transformar esa relación con el trabajo: reducir el ritmo, mantener una actividad parcial o convertir el oficio en una dedicación más flexible y menos exigente.
Porque, más allá de lo económico, la jubilación también obliga a redefinir qué hacer con el tiempo, con la vocación y con una parte importante de quién se ha sido durante décadas.
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Si bloqueas una IA porque crees que es peligrosa, estás en el oscurantismo medieval
La frase “este modelo de IA es tan peligroso que sería un error hacerlo público” es algo más viejo que las primeras versiones públicas de ChatGPT. Esa narrativa de la IA “peligrosa” tiene más de marketing que de realidad, pero no deja de ser el discurso que empresas como Anthropic y OpenAI empujan cada vez que lanzan un nuevo modelo.
Porque no deja de ser una herramienta (que se está bebiendo los recursos mundiales, pero una herramienta) y Yann LeCun tiene un mensaje para esas compañías.
Si de verdad creen que es peligrosa, viven en el oscurantismo medieval.
Narrativa del miedo = bobadas
El pasado 10 de abril, Anthropic liberó Claude Mythos Preview. La compañía afirmó que era el mejor modelo de IA jamás creado y era algo que sólo ellos podían decir porque pocos, muy pocos tenían acceso a dicho modelo. Los análisis y pruebas de compañías como Mozilla apuntaban que sí, era realmente asombroso en entornos como el de la ciberseguridad. No revolucionario, pero sí una herramienta muy capaz.
Y claro, si caía en malas manos, esa herramienta podía usarse para reventar sistemas y encontrar vulnerabilidades (algo que explotaron esas empresas que tenían acceso). Era “demasiado potente”, según Anthropic, una narrativa del miedo que el propio Gobierno de Estados Unidos se encargó de potenciar con la prohibición de que los que no fueran ciudadanos estadounidenses, incluidos trabajadores de Anthropic, pudieran usar el modelo comercial: Fable 5.
Según el padrino de la IA, todo eso es una pamplina.


Yann LeCun es uno de los nombres más célebres del panorama de la inteligencia artificial. Fue en 2013 cuando la otrora Facebook puso a este académico del deep learning y machine learning al frente del barco de la IA de la compañía. En los 80, LeCun desarrolló un algoritmo para entrenar redes neuronales artificiales, y desde entonces se ha labrado una carrera tanto dentro del ámbito educativo como en el privado.
En Vivatech, LeCun participó en un coloquio con Steven Levy, periodista de Wired, y discutieron sobre varios asuntos relacionados con el presente y futuro de la IA. En el escenario, LeCun dejó claro cuál es su postura sobre los actuales modelos de lenguaje (los LLMs) y lo que opina sobre esa narrativa del miedo.
Levy y Yann hablaban sobre el modelo chino más enfocado al open source cuando el ‘gurú’ comentó que “mucha gente, particularmente aquellos cercanos al gobierno de Estados Unidos, creen que la IA no puede ser open source porque ese escenario ya está ocupado por las compañías chinas. Son modelos buenos y baratos, algunos gratuitos de usar, y en mitad de eso tenemos compañías como Anthropic”.
LeCun no ha tenido problemas en el pasado a la hora de referirse a rivales en este campo y, en este caso, argumentó que “Anthropic, y otros pocos, son un lobby que, esencialmente, quieren que la IA no sea open source porque creen que es una tecnología intrínsecamente peligrosa”. Entonces, Yann se puso a enumerar cambios que realmente han tenido un peso en la historia de la humanidad como los avances que dieron paso a nuevas edades. Pero… ¿la IA?
“Así que, ¿qué es hoy la IA? Como mínimo, es una manera de diseminar conocimiento. De momento, no es una forma de generar nuevo conocimiento y la única forma que tienen de funcionar es mediante repositorios de conocimiento humano y permiten que la gente tenga acceso sencillo a esos repositorios. Así que, es básicamente eso, una forma más de hacer que la gente sea más inteligente gracias a que puede acceder al conocimiento humano”.
“Anthropic, y otros pocos, son un lobby que, esencialmente, quieren que la IA no sea open source porque creen que es una tecnología intrínsecamente peligrosa”
Para LeCun, estos LLMs son una Wikipedia vitaminada, pero si no se ha cortado en el pasado hablando de rivales y jugadores en materia de IA, tampoco lo hizo en la feria parisina. “Si vas a bloquear una herramienta pensando que es muy peligrosa, estás en el oscurantismo medieval”, aseguró el académico. Levy apostilló apuntando que básicamente “eso de descubrirnos una herramienta y luego quitárnosla de las manos es un comportamiento más típico de la iglesia católica llamando “hereje” a Galileo por sus teorías.”
Porque, para LeCun, todo se resume en una palabra distinta a “peligro”: “control”. “Esta es la forma en la que ellos controlan el mensaje y lo que la gente puede o no puede hacer con sus herramientas. Si compras un boli, no quieres que la compañía que te lo vende te diga qué puedes escribir con él. Hay un límite con lo que las compañías pueden decirte sobre el uso de sus herramientas”.
Al final, aquí LeCun no está teniendo en cuenta que estas compañías con modelos propietarios (cualquiera con un servicio propietario, en realidad) sí pueden dictar qué haces con las herramientas que licencias y cuándo pueden cortar el grifo. Lo estamos viendo hasta con videojuegos que las empresas te quitan de tu SSD cuando consideran que ya no debes tenerlo, pero ese es otro tema.
“Si compras un boli, no quieres que la compañía que te lo vende te diga qué puedes escribir con él”
Yann terminó su argumento apuntando que compartir conocimiento es cultura, que eso es bueno y que, aunque haya una contraparte negativa (compartir cultura también puede llevar a la radicalización), lo que no hay que hacer es controlar qué puede hacer la gente con las herramientas de IA. “Hay una gran arrogancia y complejo de superioridad en la idea de que sólo unos pocos son capaces de controlar la IA y restregárselo a las masas que no tienen acceso”.
Si los LLMs no son la respuesta, cuál es
En su intervención, LeCun dejó claro que, para él, los LLMs no son el grial (como sí vendieron varios de los CEOs de empresas de IA que pasaron por los paneles de Vivatech). Estos modelos de lenguaje son una Wikipedia en esteroides y un “teclado” predictivo vitaminado. Hay dos cosas que Yann reconoce que los LLMs hacen muy bien: matemáticas y código, pero la revolución llegará con los verdaderos agentes y la IA física.
Para LeCun, lo que no estamos consiguiendo con los LLMs son dos cosas. “La primera es que, si quieres construir un sistema agéntico como aquellos de los que todo el mundo habla, no puedes hacerlo fiable sin que tenga la capacidad de anticipar el resultado y las consecuencias de sus acciones. La mayoría de nosotros tenemos la capacidad. Quizás algunos políticos no”.
“Pero nosotros somos ciertamente capaces de anticipar el resultado derivado de nuestras acciones para planificar una secuencia de acciones con las que cumplir una serie de tareas. Eso es lo que es un modelo de mundo”. LeCun comenta que hay que trabajar en modelos que predigan el estado futuro del mundo con la fórmula t + 1 en el que “1” puede ser 10 milisegundos, un segundo, un minuto o diez años. “Ese es un modelo de mundo”.
Ahí está la complicación, ya que las empresas quieren llegar a ello a través de modelos de lenguaje que, como ya ha comentado, no dejan de ser teclados predictivos venidos a más y “nunca pueden predecir exactamente qué palabra seguirá a una secuencia de palabras”. Y, si no pueden hacer eso, no pueden predecir los datos del mundo real.
Pone como ejemplo la creación de vídeo. Argumenta que puede grabar una panorámica del escenario y el público, pero que si se para en cierto punto y pide a una IA que reconstruya lo que queda, fallará. Lo considera “un problema matemáticamente intratable porque no sabemos cómo representar distribuciones sobre un número infinito de resultados plausibles” y afirma que la idea es que la IA debería encontrar una representación abstracta de las observaciones y hacer predicciones en ese espacio de representación abstracta, pero “no intentar reconstruir todos los detalles que, en realidad, no son predecibles”.
Precisamente, LeCun lleva trabajando en eso desde que salió de Meta. Confesó que se ha tirado 15 años trabajando en la idea de un aprendizaje autosupervisado mediante la predicción de vídeo, pero que falló durante la primera década. Después se le ocurrió dejar de perseguir esos modelos generativos que intentan predecir a nivel de pixel para pasar a ese trabajo abstracto y es donde está viendo progresos.
El problema es que no hay nada claro ahora mismo sobre este hecho y es más, en un panel que se celebró a continuación, CEOs de empresas de IA criticaron la postura de Yann, apuntando que menos decir lo que no está bien y más dar soluciones.
Pero bueno, más allá del “pique” que pueda haber, y más a título personal, fue un gusto escuchar a Yann LeCun y Steven Levy dialogando, y soltando dardos, sobre este campo al que tanto le queda por delante.
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El videojuego es inasequible en muchos casos tal como lo hemos concebido de manera tradicional
Seguramente no sea la primera vez que escuches que el sector del videojuego mueve más dinero que el cine. Así es, según apuntan los datos, aunque con ciertos matices. Sin embargo, la industria gaming no lo está teniendo fácil ahora mismo, sobre todo por la situación con los despidos, el cierre de estudios, la crisis de componentes o sus dificultades para llegar a nuevo público.
Opiniones. Asha Sharma, la nueva directora ejecutiva de Xbox, tiene opiniones al respecto, y asegura que el gaming tradicional se ha vuelto inaccesible para muchos. Sus declaraciones vienen en un momento especialmente delicado para su propia compañía. Y razón no le falta, pues la crisis de componentes y el estado de la industria en general está provocando que cada vez sea más prohibitivo comprar hardware o juegos. Pero por otra parte, no está de más recordar que precisamente Microsoft es una compañía que también contribuye al paupérrimo estado de esta industria. El último ejemplo lo tenemos en la última subida del precio de sus consolas.
Paralelamente, también hay que decir que nos encontramos en un punto en el que tenemos más juegos (y muy buenos) que nunca, incluso títulos que no nos suponen ningún coste de base.
El videojuego tradicional peligra. En una entrevista con Entertainment Weekly, la CEO de Xbox contaba que el videojuego “es inasequible en muchos casos, tal como lo hemos concebido de manera tradicional”. No se trata solo del precio del hardware, sino también, según ella misma señaló, de “la economía de la atención y la competencia de las suscripciones”. Es una suma de factores lo suficientemente importante como para estar expulsando a jugadores de sus ecosistemas favoritos. Aunque Xbox tiene muchos más problemas que ese.
Cómo está el panorama en Xbox. Sharma, que venía del mundo de la IA, llegó a Xbox hace apenas unos meses sin experiencia previa en la industria del videojuego. Eso provocó cierto rechazo en redes sociales, pero sus primeras decisiones, como recuperar el nombre Xbox para la división de juegos de Microsoft, dar detalles de su próxima consola, bajar el precio de Game Pass (siendo todavía mucho más caro que hace unos años) o volver (a medias) a los exclusivos de consola como Gears of War: E-Day, le han dado algo de crédito.
Xbox quiso creer que el Showcase de este año iba a convertirse en un momento de reafirmarse. Sin embargo, semanas después llegó la otra cara: con un comunicado interno que la propia compañía hizo público, y que en él se hablaba de caída de ingresos, de la crisis de componentes de hardware, y de como ésta se ha ido “sobreextendido” en la ejecución de su estrategia. Además, los rumores acerca de otra oleada de despidos masivos y del cierre de estudios se van acumulando, aunque Xbox no los ha confirmado oficialmente.
El problema traspasa fronteras. Que la cosa esté así de regular no es algo exclusivo de Xbox. La industria al completo arrastra tensiones estructurales. Los componentes electrónicos están más caros que nunca debido a la alta demanda de los centros de datos de IA, y las plataformas compiten por el tiempo y el dinero de los usuarios en un entorno cada vez más saturado de suscripciones.
En este contexto, el precio de entrada para jugar, ya sea una consola, un PC de gama media o simplemente mantenerse al día con todos los servicios, se ha disparado. “Es una fórmula muy difícil. Es un negocio muy exigente, pero creo que es un negocio muy especial” reconoce Sharma.
La apuesta de Xbox para abrir el juego. Todd Green, responsable de King (la empresa propietaria de Candy Crush que Microsoft adquirió junto a Activision Blizzard en 2023) explicaba en la misma entrevista que su filosofía es “tratar a todo el mundo como importante, independientemente de si se describe a sí mismo como jugador o no”. Candy Crush, con cientos de millones de usuarios, representa exactamente ese modelo, ya que es un título accesible, gratuito en su forma más básica, y sin barrera de entrada.
Lo que está en juego. Si nos referimos solamente a facturación, y pese a que la comparación sea un poco petecander, el videojuego supera con creces al cine. Según la Entertainment Software Association, los consumidores estadounidenses gastaron 60.700 millones de dólares en videojuegos en 2025, frente a los cerca de 8.870 millones que se recaudaron en taquilla ese mismo año. Pero esos números globales no reflejan necesariamente lo que vive el jugador medio.
El reto de Xbox, y de la industria en general, es encontrar la manera de que ese crecimiento no se concentre solo en los extremos, es decir, el jugador ocasional de móvil y el entusiasta con presupuesto ilimitado, dejando a todo el mundo en medio sin una opción razonable.
Qué viene ahora. Sharma ha dejado claro que su visión para Xbox va más allá de las consolas, pues quiere convertir la división en la mayor empresa de entretenimiento del mundo, y eso pasa también con adaptaciones de sus franquicias en cine y televisión, como ya ocurre con Fallout y Minecraft, y próximamente con Gears of War o Sea of Thieves. Pero antes va a tener que resolver muchos temas pendientes.
Imagen de portada | Xbox
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