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La controversial y legendaria presentación de Bob Dylan en el Newport Folk Festival

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Lo que necesitas saber:

La presentación de Bob Dylan en el Newport Folk Festival de 1965 es un momento icónico de la música popular. Acá les contamos la historia.

Hay momentos que definitivamente cambiaron para siempre la historia de la música y que son clave para entender muchas de las cosas que ahora escuchamos. Y uno de ellos, sin temor a equivocarnos, fue la presentación de Bob Dylan en el Newport Folk Festival de 1965, el día en que sacudió y electrificó tanto al público como al mundo.

Antes de este set, Robert Allen Zimmerman –como en realidad se llama el cantautor estadounidense– ya había tocado en Newport. Como breve contexto, este es el evento más importante del folk en todo el mundo, donde se han presentado los artistas más grandes del género y en su momento, fue uno de los primeros festivales de música moderna en Estados Unidos.

La controversial y legendaria presentación de Bob Dylan en el Newport Folk FestivalLa controversial y legendaria presentación de Bob Dylan en el Newport Folk Festival
Bob Dylan durante su primera presentación en el Newport Folk Festival/Foto: Getty Images

La primera vez de Bob Dylan en el Newport Folk Festival fue en 1963, cuando apenas había lanzado su álbum debut homónimo y para muchos, aún era una joven promesa con un espíritu rebelde. Y es que no es para menos, si fue una figura clave del renacimiento de la música folk estadounidense y lo llamaron el “vocero de una generación” que estaba harta de que nadie hablara de las problemáticas sociales de la época.

Un año después, Dylan regresó al mismo evento donde además de presentarse por su cuenta, también compartió el escenario en un par de ocasiones con Joan Baez, quien para ese momento ya era una estrella consolidada dentro de la escena. Además, estaba recibiendo apoyo de estrellas del género, como Pete Seeger e incluso el mismísimo Johnny Cash.

El cambio de Dylan del formato clásico del folk al sonido del rock y blues

1964 fue un año clave para la carrera de Bob Dylan. Por un lado publicó una de sus canciones más famosas y representativas, “The Times They Are a-Changin’”, pero también empezó a explorar con otras formas y temas de composición. Fue así como llegó Another Side of Bob Dylan, su cuarto álbum de estudio en el que dejó de lado las canciones de protesta (lo cual provocó la crítica de figuras influyentes en la comunidad del folk).

La gran mayoría se quejó porque Dylan parecía haber olvidado lo que realmente lo llevó a convertirse en un artista reconocido para concentrarse en la fama. Sin embargo, en lugar de volver para evitar perder a fans y aliados en la industria, todas esas personas que lo criticaron no imaginaban lo que sucedería en 1965, cuando Bob definitivamente decidió olvidarse de la guitarra acústica para darle de lleno a los sonidos eléctricos.

El primer paso para este cambio llegó con Bringing It All Back Home, su quinto material discográfico cuyo lado uno presenta a Bob Dylan siendo respaldado por una banda de rock, mientras que el lado dos lo presenta acompañado solo de una guitarra acústica. Después vino “Like A Rolling Stone”, uno de sus clásicos en el que ya había abandonado por completo el sonido folk, aunque no tenía idea de lo que pasaría con esta evolución musical a la hora de tocar en vivo.

La presentación de Dylan en el Newport Folk Festival de 1965

El sábado 24 de julio de 1965, Bob Dylan se presentó en el Newport Folk Festival en un formato tradicional. Es decir, tocó tres canciones acústicas (“All I Really Want to Do”, “If You Gotta Go, Go Now” y “Love Minus Zero/No Limit”) tan solo con su guitarra. Aunque tuvo el recibimiento esperado por parte del público y la gente del festival, hubo algo que presuntamente le molestó de aquel show.

De acuerdo con Jonathan Taplin, un miembro del staff de Newport que después trabajó directamente con Dylan, el músico estadounidense decidió desafiar al festival tocando con una banda. Todo esto por considerar que el organizador, Alan Lomax, había hecho comentarios condescendientes sobre la Paul Butterfield Blues Band cuando los presentó antes de tocar, debido a que era la primera vez que una banda de blues y rock se presentaba en ese escenario “sagrado” para los fans del folk.

Es por eso que en una mansión de George Wein (otro organizador del Newport Folk Festival) Bob Dylan juntó a los miembros principales de dicha banda (Mike Bloomfield en la guitarra principal, el bajista Jerome Arnold y al baterista Sam Lay) con otros músicos como Al Kooper en el órgano y Barry Goldberg en el piano. Todos ensayaron un set de tres canciones, las cuales estaban a punto de hacer enojar a un montón de personas.

Finalmente, el domingo 25 de julio de 1965, era el momento de una de las presentaciones más icónicas e importantes en la carrera de Dylan. Luego de ser presentado, Bob apareció en el escenario con toda la banda y en lugar de su clásica guitarra acústica, de inmediato se colgó una Fender Stratocaster para arrancarse con “Maggie’s Farm”.

Desde los primeros acordes de esa canción (la cual estaba tocando por primera vez en vivo) se escuchó una reacción mixta por parte del público, entre abucheos e incluso aplausos, los cuales continuaron a lo largo de “Like a Rolling Stone”. Bob Dylan y su banda tocaron “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry”, y abandonaron el escenario, dejando a los asistentes del Newport Folk Festival con la boca abierta, sin saber lo que acababan de ver.

Los gritos de enojo y las ovaciones se escuchaban de fondo. Sin embargo, Peter Yarrow, el maestro de ceremonias del festival, regresó al micrófono para pedirle a Dylan que siguiera tocando. El músico volvió con su guitarra acústica, pero le faltaba una armónica, es por eso que se le hizo fácil pedirle prestada una al público de Newport, quienes respondieron con una lluvia de armónicas que inundaron el escenario.

Bob Dylan tocó “Mr. Tambourine Man” y “It’s All Over Now Baby Blue” en formato acústico. A pesar de que la gente le aplaudió y pidió más, el cantautor no regresó, pero, ¿por qué estaba tan enojado el público con él como para abuchearlo? ¿Qué les molestó y por qué fue tan controversial esta presentación? Bueno, pues hay una cuantas teorías al respecto.

Las teorías detrás del enojo del público durante la presentación de Dylan

Se cree que los abucheos de los fans de Newport eran porque no les gustaba que Dylan tocara una guitarra eléctrica. Esto tendría sentido, pues en aquella época y como ya comentábamos antes, aquellos que siguieron a Bob desde sus inicios estaban enojados porque desde su punto de vista, “se había vendido” y olvidado del folk para pasarse al rock, género que tenía mucha popularidad.

Sin embargo, hubo más personas que estuvieron en el festival que tienen otras versiones de los hechos. Según Al Kooper –quien acompañó a Bob Dylan en ese show–, la gente andaba furiosa por la duración del set, pues solo tocaron tres rolas en formato eléctrico, no por el hecho de que el músico haya decidido presentarse con una banda de rock.

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Al Kopper afirmó que la gente no le molestó que Dylan apareciera en formato eléctrico en el Newport Folk Festival/Foto: Getty Images

Esa misma teoría la apoyó Bruce Jackson, otro director del Newport Folk Festival, quien vio la presentación de Dylan de 1965 en vivo y en 2002, revisó una cinta de audio. Jackson declaró que el abucheo era para Peter Yarrow, quien molestó a la multitud cuando intentó mantener el set de Bob en la duración acordada (o sea, de unos cuantos minutos). Bruce también está de acuerdo con que no encontró nada que indique que a la multitud no le gustaba lo que estaban escuchando.

Otro factor que supuestamente encabritó a la gente en Newport fue la mala calidad del sonido. Se dice que esa fue la razón por la que Pete Seeger (quien además de ser una de las figuras reconocibles del festival, también era un gran amigo de Bob Dylan) declaró que no le gustó la presentación. Es más, existe la leyenda urbana de que el propio músico quería cortar los cables del audio para que no se escuchara más (pues presuntamente le estaba molestando a su padre, Charles Seeger).

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Otros opinan que fue el sonido el que hizo enojar al público de Newport durante el show de Bob Dylan/Foto: Getty Images

Sin embargo, todas estas historias no se han confirmado. De hecho, Seeger dijo que solo quería cortar el sonido porque buscaba que la audiencia escuchara las letras de Dylan correctamente, pues pensaba que eran importantes. Aunque parece que los asistentes tampoco estaban ayudando en mucho, pues de acuerdo con el dúo musical, Ian & Sylvia, la gente andaba enojada en general, pues sintieron que fueron hostiles con otros artistas de aquella edición (incluidos ellos).

Bob Dylan regresó al Newport Folk Festival después de 37 años

De cualquier manera, “el daño ya estaba hecho”, pues Bob Dylan siempre pensó que el público del Newport Folk Festival desaprobó su nuevo sonido. Lo cual reafirmó en diciembre de 1965 cuando declaró que lo abuchearon y no entendía como había personas que pagaban un boleto para ir a un concierto y gritarle a los artistas. Es más, el recibimiento pesado continuó durante la gira que hizo en Reino Unido ese mismo año, donde lo llamaron “Judas” por supuesta traición.

En cualquier caso, la aparición de Dylan en Newport provocó una respuesta negativa por parte de la élite del folk, quienes lo criticaron a más no poder por ese cambio que en su momento fue muy radical. A pesar de eso, Bob no se bajó del barco e incluso consolidó su nuevo estilo musical en trabajos posteriores. Sobre todo con su siguiente material discográfico, el legendario Highway 61 Revisited.

Más allá de la polémica, la presentación de Bob Dylan en el Newport Folk Festival de 1965 es una de las presentaciones más importantes de todos los tiempos, pues marcó un antes y después en la historia de la música. En ella, el cantautor demostró que no quería encasillarse en un solo género ni como un artista de folk. Es por eso que la situación lo obligó a hacer un cambio drástico casi de un día para otro.

Con el paso del tiempo y aunque en su momento muchos pegaron ‘el grito en el cielo’, la etapa eléctrica de Dylan ha llegado a ser reconocida por la crítica y los fans como una de las mejores de su enorme carrera. Tanto así que los expertos consideran esa presentación como el día en que nación un nuevo género musical: el folk rock.

Y a pesar del “mal trago” que se llevó en aquella ocasión, el músico y el festival hicieron las pases 37 años después, cuando Bob Dylan regresó el 3 de agosto de 2002 a Newport para dar un show como headliner donde repasó la gran mayoría de sus éxitos.

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Música: Cuca, 36 años de hacer rock con furia

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En una sala de ensayo tapizada de historia musical -donde los muros parecen amplificadores visuales cubiertos de pósters de AC/DC, The Who, Black Sabbath, Queen y Alice Cooper- tres figuras con lentes oscuros reciben la tarde como si fuera parte del ritual. Son José Fors, Carlos Avilez y Nacho “El Implacable” González, que este 7 de marzo celebrarán 36 años de trayectoria en el Teatro Estudio Cavaret. El ambiente huele a cables y distorsión: un santuario donde el tiempo parece no avanzar y el rock tampoco envejece.

La conversación con EL INFORMADOR arranca con la pregunta inevitable: ¿cómo se siente una banda que, tras modas, géneros y revoluciones musicales, sigue de pie? Fors responde con voz serena pero firme, como si cada palabra estuviera afinada: “Son 36 años de rock and roll, creo que es lo que nos ha mantenido unidos como músicos. Un amor muy especial hacia el rock pesado que sabemos que no hay muchas bandas en México que le entren a este género… también ahí hemos tenido el ejército al lado de nosotros, muy agradecidos a todos los fans”.

El azar como brújula

Para Avilez, el secreto está en la espontaneidad. “En realidad nunca fue del todo planeado. Cuando Cuca empezaba queríamos ir en una dirección y terminamos yendo en otra. Todo se fue dando de manera más bien espontánea… el público, el contrato con la disquera. Hemos sido muy afortunados, 36 años tocando el mismo viejo rock and roll y todavía aquí en la batalla”.

Esa naturalidad se vuelve hilo conductor en su historia. Desde los primeros ensayos hasta los discos y giras, el grupo nunca persiguió tendencias; más bien, dejó que el camino los encontrara. Quizá por eso su permanencia resulta atípica en una industria donde los estilos se consumen con rapidez.

Cuando el rock era cuesta arriba

Nacho González recuerda los finales de los ochenta y principios de los noventa como una época áspera para el género. “El rock and roll le era difícil, siempre ha sido difícil porque no había tantos lugares para tocar… los lugares pequeños muy mal pagados y los grandes difíciles de entrar. Era un reto grabar porque no cualquiera grababa en esa época”.

El impulso llegó gracias a coincidencias decisivas: músicos que llevaron sus demos, aliados inesperados y oídos atentos dentro de la disquera Culebra. “Les encantó el pedo y salimos La Casta, Santa Sabina, Cuca y La Lupita. Esa época estuvo muy chida porque era una gira de medios desde el Norte hacia el Sur y había mucha difusión”.

Fors complementa la memoria con una escena primaria del nacimiento de la banda. “Platicábamos Carlos y yo, decíamos: ¿dónde está el rock and roll de AC/DC, de Deep Purple, de Black Sabbath, de Led Zeppelin? Quién sabe dónde esté, pero está aquí, hay que sacarlo”.

Aquella convicción definió el ADN del grupo: rock clásico con voz propia, sin concesiones al brillo fácil.

Personajes que nacieron de la calle

Las letras irreverentes y los personajes que habitan sus canciones no surgieron de la vida cotidiana. Fors lo cuenta con humor. “El mamón de la pistola lo viví en una farmacia, un cuate me enseñó la pistola porque según él lo vi feo… también pienso mucho en los chistes de Pepito para hacer las canciones”. 

Influencias como Frank Zappa e Iggy Pop le enseñaron a escribir “sin pelos en la lengua”, cuidando incluso la musicalidad de las palabras.

González recuerda el momento en que escuchó por primera vez aquellas composiciones ya terminadas. “Oí ‘La pucha asesina’ y dije: ‘Wow, esto va más allá de lo que imaginé’. Fue un encantamiento mágico”. 

La rapidez con que trabajaban entonces -grabando bases un día y escuchando canciones completas al siguiente- marcó el tono de una etapa creativa explosiva.

El sonido del ataque

El bajo de Avilez, grave y rugoso, es parte esencial de la identidad sonora del grupo. Su origen fue una circunstancia doméstica. “El primer bajo que tuve me lo regaló mi mamá y tenía las cuerdas muy levantadas. Había que darle mucho ataque para que sonara, cuando pude comprar un buen bajo ya tenía la costumbre. Se quedó sin querer como un estilo”.

Ese concepto del ataque -la fuerza física aplicada al instrumento- terminó siendo un rasgo compartido. “Todos teníamos mucho ataque. Nacho es el baterista más poderoso… la potencia de la voz no se discute. Íbamos por la misma línea sin decirlo”.

Canciones que sobreviven a la banda

La conversación se acerca al final con una idea que mezcla orgullo y resignación: la certeza de que las canciones vivirán más allá de quienes las tocaron. “Cuca ha sido una banda intermitente y en esas pausas no falta la banda de covers tocando canciones, no falta la rocola en el bar. Eso es lo que va a permanecer finalmente: la música”.

Fors sonríe y añade una observación que parece un premio invisible. “Lo más bonito es que el público se sigue viendo joven, la mayor parte tiene menos edad que Cuca”.

Cuando termina la charla, los músicos regresan a sus instrumentos. La puerta se cierra y el ensayo comienza. Antes de despedirse, prometen que el concierto durará no menos de dos horas.

Mirar atrás para seguir adelante

Aunque siguen activos, los integrantes reconocen su gusto por el pasado musical. “Somos muy retro y nos gusta mucho la onda de los 70 para atrás, fácil el 80% de lo que escuchamos es música de esos tiempos”, dice Avilez. Según él, el rock vive ahora en una especie de subsuelo cultural: emerge, se vuelve moda y luego regresa a la oscuridad, “como las cucarachas”.

Fors coincide y añade una reflexión sobre la era digital. “Extraño los acetatos, el CD, el objeto, ahorita hay tanta información y tantas bandas que es difícil estar al día. Somos retro y seguimos escuchando las bandas con las que iniciamos”. Para ellos, la raíz sigue siendo el blues y el rock and roll clásico, la materia prima de cualquier innovación.

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Música: Cuca, 36 años de hacer rock con furia

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En una sala de ensayo tapizada de historia musical -donde los muros parecen amplificadores visuales cubiertos de pósters de AC/DC, The Who, Black Sabbath, Queen y Alice Cooper- tres figuras con lentes oscuros reciben la tarde como si fuera parte del ritual. Son José Fors, Carlos Avilez y Nacho “El Implacable” González, que este 7 de marzo celebrarán 36 años de trayectoria en el Teatro Estudio Cavaret. El ambiente huele a cables y distorsión: un santuario donde el tiempo parece no avanzar y el rock tampoco envejece.

La conversación con EL INFORMADOR arranca con la pregunta inevitable: ¿cómo se siente una banda que, tras modas, géneros y revoluciones musicales, sigue de pie? Fors responde con voz serena pero firme, como si cada palabra estuviera afinada: “Son 36 años de rock and roll, creo que es lo que nos ha mantenido unidos como músicos. Un amor muy especial hacia el rock pesado que sabemos que no hay muchas bandas en México que le entren a este género… también ahí hemos tenido el ejército al lado de nosotros, muy agradecidos a todos los fans”.

El azar como brújula

Para Avilez, el secreto está en la espontaneidad. “En realidad nunca fue del todo planeado. Cuando Cuca empezaba queríamos ir en una dirección y terminamos yendo en otra. Todo se fue dando de manera más bien espontánea… el público, el contrato con la disquera. Hemos sido muy afortunados, 36 años tocando el mismo viejo rock and roll y todavía aquí en la batalla”.

Esa naturalidad se vuelve hilo conductor en su historia. Desde los primeros ensayos hasta los discos y giras, el grupo nunca persiguió tendencias; más bien, dejó que el camino los encontrara. Quizá por eso su permanencia resulta atípica en una industria donde los estilos se consumen con rapidez.

Cuando el rock era cuesta arriba

Nacho González recuerda los finales de los ochenta y principios de los noventa como una época áspera para el género. “El rock and roll le era difícil, siempre ha sido difícil porque no había tantos lugares para tocar… los lugares pequeños muy mal pagados y los grandes difíciles de entrar. Era un reto grabar porque no cualquiera grababa en esa época”.

El impulso llegó gracias a coincidencias decisivas: músicos que llevaron sus demos, aliados inesperados y oídos atentos dentro de la disquera Culebra. “Les encantó el pedo y salimos La Casta, Santa Sabina, Cuca y La Lupita. Esa época estuvo muy chida porque era una gira de medios desde el Norte hacia el Sur y había mucha difusión”.

Fors complementa la memoria con una escena primaria del nacimiento de la banda. “Platicábamos Carlos y yo, decíamos: ¿dónde está el rock and roll de AC/DC, de Deep Purple, de Black Sabbath, de Led Zeppelin? Quién sabe dónde esté, pero está aquí, hay que sacarlo”.

Aquella convicción definió el ADN del grupo: rock clásico con voz propia, sin concesiones al brillo fácil.

Personajes que nacieron de la calle

Las letras irreverentes y los personajes que habitan sus canciones no surgieron de la vida cotidiana. Fors lo cuenta con humor. “El mamón de la pistola lo viví en una farmacia, un cuate me enseñó la pistola porque según él lo vi feo… también pienso mucho en los chistes de Pepito para hacer las canciones”. 

Influencias como Frank Zappa e Iggy Pop le enseñaron a escribir “sin pelos en la lengua”, cuidando incluso la musicalidad de las palabras.

González recuerda el momento en que escuchó por primera vez aquellas composiciones ya terminadas. “Oí ‘La pucha asesina’ y dije: ‘Wow, esto va más allá de lo que imaginé’. Fue un encantamiento mágico”. 

La rapidez con que trabajaban entonces -grabando bases un día y escuchando canciones completas al siguiente- marcó el tono de una etapa creativa explosiva.

El sonido del ataque

El bajo de Avilez, grave y rugoso, es parte esencial de la identidad sonora del grupo. Su origen fue una circunstancia doméstica. “El primer bajo que tuve me lo regaló mi mamá y tenía las cuerdas muy levantadas. Había que darle mucho ataque para que sonara, cuando pude comprar un buen bajo ya tenía la costumbre. Se quedó sin querer como un estilo”.

Ese concepto del ataque -la fuerza física aplicada al instrumento- terminó siendo un rasgo compartido. “Todos teníamos mucho ataque. Nacho es el baterista más poderoso… la potencia de la voz no se discute. Íbamos por la misma línea sin decirlo”.

Canciones que sobreviven a la banda

La conversación se acerca al final con una idea que mezcla orgullo y resignación: la certeza de que las canciones vivirán más allá de quienes las tocaron. “Cuca ha sido una banda intermitente y en esas pausas no falta la banda de covers tocando canciones, no falta la rocola en el bar. Eso es lo que va a permanecer finalmente: la música”.

Fors sonríe y añade una observación que parece un premio invisible. “Lo más bonito es que el público se sigue viendo joven, la mayor parte tiene menos edad que Cuca”.

Cuando termina la charla, los músicos regresan a sus instrumentos. La puerta se cierra y el ensayo comienza. Antes de despedirse, prometen que el concierto durará no menos de dos horas.

Mirar atrás para seguir adelante

Aunque siguen activos, los integrantes reconocen su gusto por el pasado musical. “Somos muy retro y nos gusta mucho la onda de los 70 para atrás, fácil el 80% de lo que escuchamos es música de esos tiempos”, dice Avilez. Según él, el rock vive ahora en una especie de subsuelo cultural: emerge, se vuelve moda y luego regresa a la oscuridad, “como las cucarachas”.

Fors coincide y añade una reflexión sobre la era digital. “Extraño los acetatos, el CD, el objeto, ahorita hay tanta información y tantas bandas que es difícil estar al día. Somos retro y seguimos escuchando las bandas con las que iniciamos”. Para ellos, la raíz sigue siendo el blues y el rock and roll clásico, la materia prima de cualquier innovación.

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Música: Ángela González lanza sus nuevos sonidos en FIM GDL

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La compositora española Ángela González llegará por primera vez a México para presentarse dentro del Showcase Focus España que se realizará en el marco de la Feria Internacional de la Música de Guadalajara (FIM GDL), a celebrarse del 25 de febrero al 1 de marzo. 

Su participación coincide con una etapa marcada por la preparación y próxima salida de su tercer disco, “Ya no es tan gracioso”, un proyecto que, según explica para EL INFORMADOR surgió sin una planeación previa como álbum.

“El disco no nace de querer hacer un disco, sino que yo iba enviando canciones a mi mánager durante todo este año”, relató González. La compositora explicó que el proceso fue acumulativo y espontáneo, hasta que la cantidad de temas permitió pensar en un lanzamiento de mayor formato. “En un momento le planteé la posibilidad de hacer un EP a piano y voz y él me dijo: ‘Bueno, si ya tenemos canciones suficientes para hacer un disco’. Yo no lo había pensado hasta ese momento”, señaló.

Las canciones que integran “Ya no es tan gracioso” fueron escritas de manera independiente, sin una intención inicial de construir una narrativa unitaria. “Es un batiburrillo de emociones que no pretendían conformar ningún álbum”, afirmó. 

Aun así, el conjunto terminó por tomar forma tras un proceso de selección que implicó dudas y descartes. “Teníamos como unas 20 canciones de esta última etapa y me quedé con 14 y decidí 10. Una vez decididas, me he arrepentido bastante”, confesó entre risas.

La compositora reconoció que gran parte de sus canciones surgen con rapidez, lo que le genera cuestionamientos sobre su propio trabajo. “Yo no sé si es síndrome del impostor o simplemente el decir: ‘Si la has hecho en media hora no puede ser buena’. Es como pensar que no le has dedicado el tiempo suficiente”, explicó. 

Sin embargo, también reconoció que ese es su método habitual de composición y que intervenir demasiado después puede romper la sinceridad del momento inicial. “Cuando luego tomo una canción y digo: ‘no me convence esta frase, le voy a dar una vuelta’, ya siento que no estoy en la onda que estaba cuando la escribí”, añadió.

Sobre el escenario, González considera que las canciones adquieren otras posibilidades. La cercanía con el público y el intercambio directo permiten que cada presentación sea distinta. 

En ese sentido, su participación en FIM GDL representa una oportunidad relevante dentro de su trayectoria. “Me siento súper agradecida. Lo que más siento es que esto es un montón para mí y que lo voy a disfrutar muchísimo”, expresó sobre su visita a Guadalajara y su encuentro con el público mexicano.

Fuerza de conexión

La compositora reflexionó también sobre la capacidad de la música para conectar con personas de contextos distintos. “Al final somos todos iguales. No hay más de diez problemas distintos. Si no lo has vivido tú, lo ha vivido tu madre, tu hermana o tu prima”, señaló. 

Para González, la música funciona como un medio que permite que esas experiencias compartidas se comprendan desde otro lugar. “Las palabras toman una dimensión diferente cuando se cantan”, remató la intérprete.

Encuentro de propuestas con acento ibérico

La participación de Ángela González en FIM GDL se inscribe dentro de una edición que busca reforzar el intercambio musical entre países. En su onceava edición, la feria reunirá proyectos de México, Argentina, Colombia, Ecuador, República Dominicana, España, Chile y Canadá, con un énfasis particular en la escena española.

Uno de los ejes principales es Focus España – Casa PortAmérica presenta, un programa curado por la Fundación PortAmérica en colaboración con el Ministerio de Cultura y financiado por la Unión Europea a través de NextGenerationEU. Este apartado tiene como objetivo fortalecer el vínculo cultural y profesional entre México y España y consolidar a FIM GDL como una plataforma para la proyección internacional de artistas españoles en América Latina.

La delegación española está integrada por Musgö, Repion, Marilia Monzón, Inazio, Siloé y Ángela González, proyectos provenientes de distintos circuitos de la música contemporánea. A este enfoque se suma el programa Sounds from Spain, con la participación de Colectivo Da Silva, Mr. Kilombo, Avenida y Marisa Valle Roso, lo que amplía la presencia de la industria musical española dentro de la feria.

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