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La oscura historia de Wewelsburg, el castillo que los nazis quisieron convertir en ‘El Centro del Mundo’

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Alemania tiene algunos de los castillos más bellos de Europa. Los de Eltz, Hohenzollern o Neuschwanstein no pueden faltar en la ruta de los amantes de este tipo de construcciones. El que puedes ver en la foto principal está algo más oculto en estas listas. Es más sobrio y, definitivamente, mucho más bonito desde una vista aérea, pero aun así es una construcción renacentista impresionante que corona el valle de Alme.

Puede que no se le dé tanto bombo por algún tabú, ya que, durante la Segunda Guerra Mundial, este palacio fue el Centro del Mundo del nazismo, un complejo que sirvió como lugar de culto de las SS y que demostraba la obsesión de Himmler con lo esotérico.

Wewelsburg. Renania del Norte-Westfalia es uno de los 16 estados de Alemania. En él, tenemos Düsseldorf como capital, pero también ciudades que da gusto visitar, como Bonn, Colonia, Leverkusen o Aquisgrán, entre otras. Esta última fue el lugar en el que se coronaba a los reyes alemanes, pero justo en el lado contrario de la región, tenemos Wewelsburg. Y, en él, su castillo.

Wewelsburg 1616
Wewelsburg 1616

Un grabado de 1616

Construido en 1609 con planta triangular, su historia fue turbulenta desde el principio. Construido sobre fortificaciones anteriores, durante la Guerra de los Treinta Años, los suecos lo arrasaron y destruyeron gran parte de la estructura. En 1650, lo reconstruyeron, añadiendo las cúpulas que hoy muestran sus tres torres, y se estima que se usó para encerrar prisioneros militares y quemar brujas.

Himmler entra en juego. Durante los siglos XVIII y XIX, el castillo estuvo prácticamente abandonado. En 1802 pasó a manos del estado de Prusia y se usó como almacén de grano y, a comienzos del siglo XX, se le dio una nueva vida como salón de actos, restaurante, albergue para excursionistas y museo. Sin embargo, en 1933, la cosa se volvió mucho más oscura. Heinrich Himmler ya era el líder de las temibles SS, la rama paramilitar del Partido Nazi, y estaba buscando una sede para la organización en un lugar simbólico de Alemania.

Alquiler vitalicio. Tras algunas negociaciones fallidas, un líder nazi de la región animó a Himmler a visitar el castillo de Wewelsburg, y el líder nazi se enamoró. En su primera visita, decidió hacerse con el castillo y, tras unas difíciles negociaciones, en 1934 se acordó un arrendamiento por 100 años.

¿El precio? Un Reichsmark anual. Es muy complicado hacer la conversión debido a que la economía de preguerra en Alemania fue muy distinta a la de otras partes del mundo, pero equiparándolo a 4,2 dólares de la época, serían casi 100 dólares actuales teniendo en cuenta la inflación. Como digo, es complicado hacer el cálculo.

Wewelsburg
Wewelsburg

Por todo lo alto. Las cosas cambiaron mucho en Wewelsburg desde la llegada de los nazis. En 1935 se prohibió cualquier tipo de visita pública al castillo, por lo que se perdió su anterior valor social, y se renombró como SS-Schule Haus Wewelsburg, o “Escuela de las SS, Casa de Wewelsburg”. El Völkischer Beobachter —”El Observador Popular”—, que era el periódico oficial del NSDAP y cuyo director en ese momento era Alfred Rosenberg, otro de los autores principales de la ideología nazi, publicó lo siguiente:

“Desde hoy, las SS del NSDAP se han hecho cargo de la antigua y desafiante fortaleza de Wewelsburg, situada en un lugar histórico de la antigua región de Sajonia, para que en el futuro sirva como Reichsführerschule de las SS. Esto significa que a Wewelsburg, que tiene una larga historia y un significado glorioso en la historia de Alemania, también se le asignó un lugar de importancia histórica en el Tercer Reich. Aquí se deben formar los hombres que están llamados a ocupar un puesto de liderazgo en las SS en su integridad ideológica, mental y físicamente. Deben servir como modelos y líderes para desfilar frente al núcleo de la juventud alemana sana.”

“En la antigua sala de caballeros del castillo, que fue testigo silencioso pero elocuente de muchos grandes acontecimientos a lo largo de muchos siglos, el barón von Solemacher, administrador del distrito de Büren, al que pertenece Wewelsburg, entregó el castillo al Reichsführer de las SS. Se centró especialmente en la historia de Wewelsburg y destacó que el nuevo destino del castillo era digno de la orgullosa tradición. Con sinceras palabras de agradecimiento y alegría, el Reichsführer Himmler asumió el castillo como Reichsführerschule de las SS. Durante su trabajo en este lugar histórico, los líderes de las SS que aquí se formarían tomarían conciencia de la responsabilidad que debían asumir ante la historia alemana. En su discurso, el Reichsführer Himmler elogió especialmente la belleza natural de este castillo y su afortunada ubicación.”

1944
1944

El triangulito pequeño que vemos un poco a la izquierda en la zona central es el castillo. Los edificios en negro forman parte de los planes para crear fortificaciones en el pueblo

Planes vs realidad. La idea, pues, era que Wewelsburg fuera una academia con todas las de la ley para formar a los alumnos en ideología y política de los nuevos miembros de las SS. Pero los planes fueron cambiando y, de esa formación más global, se pasó a una mucho más específica. Así, se educaba a los jóvenes científicos de las SS en teorías e investigaciones pseudocientíficas y todo eso que interesaba tanto a Himmler: prehistoria germánica, estudio del folclore y de la genealogía, estudio de las runas, las doctrinas raciales y el culto al pasado.

Y aquí entra en juego ese sobrenombre de “El Centro del Mundo”. Las SS iban a ser la vanguardia ideológica del nazismo para adoctrinar al resto de la población y, como en ese castillo se agrupaban miembros de todos los estratos del grupo paramilitar y era el epicentro de festivales y ceremonias para bautizar a los nuevos miembros de alto rango, el de Wewelsburg era el punto más importante para el Tercer Reich.

Simbolismo y espiritualidad. En un reportaje publicado hace unos años por BBC, Kirsten John-Stucke —actual directora del Kreismuseum Wewelsburg—, afirmó que Himmler no eligió este castillo por casualidad. Himmler ya estaba más que obsesionado con el ocultismo y que el castillo estuviera cerca del bosque de Teutoburgo en el que, 2.000 años antes, las tribus germánicas habían derrotado al ejército romano, era algo que entusiasmaba al líder de las SS.

John-Stucke comentó que “para él y para las SS era muy importante tener esos lazos con el pasado, pues podían decir eso de ‘somos similares a los guerreros germánicos'”. Hubo reformas en el castillo: se creó un edificio para la guardia de las SS, se construyó un campo de concentración a unos 600 metros del castillo y la idea que Hermann Bartels —arquitecto de Himmler— tenía en la cabeza era la de crear una red de castillos por todo el pueblo.

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Maqueta del campo

Los nazis de la mesa redonda. Pero más importante, Himmler estaba obsesionado con la Edad Media alemana y, sobre todo, con la figura de Enrique I. Como hizo él, aspiraba a que el Tercer Reich conquistara las tierras del este y, para dotar de una apariencia más medieval al palacio renacentista, ordenó quitar el recubrimiento en yeso y crear un foso. Inútil, sólo estético, pero bueno, había que darse un capricho.

Era su Camelot y el simbolismo —que Karl Maria Wiligut también le metió en la cabeza— llevó a que se diseñara una gran sala conocida como Obergruppenführersaal, o “Sala de los jefes de los grupos superiores” que hacía referencia a los 12 generales de más alto rango de las SS con 12 nichos para ventanas y puertas y 12 columnas. Todo muy… imperial, con el Sol Negro en el suelo de mármol que simbolizaba el punto central, o el kilómetro 0, del Imperio Mundial Germánico.

Schwarze Sonne Obergruppenfuhrersaal Ss Generals Hall
Schwarze Sonne Obergruppenfuhrersaal Ss Generals Hall

La Obergruppenführersaal

Si no lo tengo yo, no lo tendrá nadie. Todo estaba perfectamente orquestado, pero no todo iba a ser invadir países y exterminar a su población, por lo que los aliados contraatacaron y los fondos y estrategias que se destinaban a Wewelsburg no se completaron. Tras la derrota en Stalingrado, se paralizaron los trabajos de construcción no bélicos y el campo de concentración aledaño, que se había convertido en uno independiente al mismo nivel que el de Sachsenhausen o Dachau, se redujo. Se utilizó como campo de entrenamiento para “alemanes étnicos” y para las Juventudes Hitlerianas. Necesitaban carne de cañón, vaya.

En abril de 1945, Alemania no tenía nada que hacer y Himmler demostró hasta qué punto llegaba su tóxica relación con el castillo. Las tropas estadounidenses estaban a las puertas —pese al foso de Himmler— y el mandatario alemán ordenó a los últimos ocupantes del castillo que lo volaran por los aires. Al final, el castillo se quemó, pero parte de la estructura como los muros exteriores y la torre norte permanecieron sin demasiados daños. Los norteamericanos llegaron, se encontraron el campo de concentración, rescataron a 42 supervivientes y también se toparon con el castillo muy dañado.

Lidiando con el pasado. Está claro que el castillo de Wewelsburg fue una de las piedras angulares del Tercer Reich. Si la guerra hubiera durado más, los aliados hubiesen tardado algo más en llegar al corazón de Alemania o si las cosas hubiesen sido diferentes en favor de los nazis, quizá el pueblo de Wewelsburg que conocemos hoy sería tremendamente diferente. Pero el país debió seguir adelante y se decidió restaurar el castillo.

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Parte de la colección permanente en el museo del castillo

Tras estar en manos nazis, el palacio de Wewelsburg pasó a manos del distrito de Büren, quien lo reformó en 1948. En el 50 volvió a ser algo que aportaba a la sociedad: tanto el albergue juvenil como el museo local se trasladaron de nuevo al castillo y se erigió un monumento contra la violencia y la guerra en la Cripta de la Torre Norte. También se realizan trabajos de investigación y más exposiciones se abrieron en el castillo, pero quizá la exposición más importante fue la llamada “Ideología y terror de las SS“.

Muestra, no escondas. En el reportaje de BBC, John-Stucke comenta que es mejor “mostrar las salas que esconderlas”. “Para nosotros es muy importante dejar que los visitantes entren en las salas por su cuenta. Tratamos de educar a la gente sobre la historia, la violencia y el terror de las SS”, comenta la directora. También tienen muchos objetos originales, como manuales o uniformes nazis que no muestran de forma completa. “Por ejemplo, en un uniforme, puedes ver que hay una esvástica en el brazo, pero sólo una parte de ella”, comenta.

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Gente leyendo en la sala de los generales, sobre el Sol Negro

No quieren que se convierta en un lugar de culto y hay letreros con información que tapan deliberadamente parte de esos objetos. Contextualizan todos los objetos, pero cuando muestran algo de los prisioneros, lo muestran al completo.

Al final, es una exposición para mostrar la degeneración de esta sección paramilitar ubicada en lo más profundo del corazón del mundo nazi, un edificio que, ahora, trata de aportar algo tanto a la región como a quien quiera visitarlo.

Imágenes | Dominio público, Carsten Steger, Wolfram Czeschick, Templermeister, KreisMuseum Wewelsburg

En Xataka | Cuando Hitler envió a científicos al Himalaya para buscar el origen de la raza aria

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Hilary Duff visitará México, Ximena Sariñana de gira y Poncho Denigris organiza Ring Royale

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la ciencia de la productividad dice que no solo importan las pulgadas

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A mí me ha pasado y puede que a ti también: tienes un monitor y notas que ya no es suficiente. Podrías dar un saltito y cambiarlo por uno un poco más grande, pero sumarle únicamente pulgadas a la ecuación no va a cambiar la cosa demasiado. Para cambiar nuestra experiencia, necesitamos algo diferente, como apostar por un monitor ultrawide o sumar un monitor más a nuestro setup.

¿Cuál es la mejor opción para ti? Ambas están genial, pero puede que las dos no se adapten a tus necesidades de la misma manera. Por eso mismo, vamos a echar un vistazo a las ventajas e inconvenientes que tienen estas dos configuraciones para que sepas qué elegir según tus prioridades.

Elegir un monitor ultrawide

Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash
Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash

Un monitor ultrawide es más grande que uno convencional, pero no podemos quedarnos solo con eso. Estos monitores suelen tener en su mayoría un formato 21:9, lo que se traduce en que son más anchos. Eso hace que tengamos un espacio horizontal más alargado, lo que es una maravilla para la productividad

Y no solo eso: al ser una única pantalla, no hay ningún tipo de barrera o marco que corte la experiencia visual, algo ideal para trabajar con líneas de código largas u hojas de cálculo con infinidad de columnas. También tres ventanas con documentos o aplicaciones abiertas a la vez. Todo tu espacio de trabajo, sin interrupciones. Y para jugar, son lo más porque tienes un campo de visión más grande y la inmersión que dan no es comparable a la de un monitor normal.

A esta pantalla alargada hay que sumarle otro factor, que es la curvatura. Hay opciones de monitores ultrawide planos, aunque si te animas a dar el salto, yo te recomendaría optar por uno curvo. La razón es muy fácil de entender: la pequeña curva del monitor ayuda a que puedas verlo entero de un vistazo. ¿Qué implica esto? Que no tienes que girar la cabeza, algo que agradecerás cuando termines tu jornada. Además, el ultrawide te permite trabajar centrado y con la columna recta. Con dos monitores, tu “centro” serán los marcos de ambos. Por tanto, más movimientos de cuello.

Otro elemento más que juega a favor de los ultrawide: la Ley de Fitts. Esta, en resumidas cuentas, predice que el tiempo necesario para moverse a un objetivo depende de la distancia y el tamaño del mismo. ¿Y cómo se aplica esto a los monitores? Con dos de ellos, vamos a tener los marcos como una “barrera” de separación entre ambos que el cerebro va a entender como una interrupción. Eso no ocurre con el ultrawide, puesto que el ratón y todo se va a mover de forma fluida por toda la pantalla. Sin un salto continuo de un monitor a otro, la carga cognitiva se reduce y eso es genial para que haya menos fatiga.

No es la razón principal para elegir uno de estos monitores, pero tengo amigos que se han decantado por un ultrawide porque prefieren un espacio más minimalista y ordenado. Al final, es una experiencia visual continua que colocas en tu escritorio que, claro está, también tiene su lado negativo: necesitas un fondo de escritorio amplio.

Me dejo para el final dos contras más que, sin ser un drama, yo valoraría mucho antes de decantarme por esta opción. Como es una pantalla, si un día arrancas el ordenador y el monitor no enciende, te quedarás sin nada (ahí tener dos monitores gana claramente). Además, al tener muchos más píxeles que un monitor panorámico de toda la vida, vas a necesitar una tarjeta gráfica medio potente si no quieres que tus juegos caigan por debajo de 60 FPS.

Elegir dos monitores

Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash
Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash

La otra cara de la moneda: dos monitores, uno al lado del otro. Si tuviera que definir esta configuración con una palabra, sería versatilidad. Para construir un setup con dos pantallas, podemos lanzarnos a comprarlas ambas o simplemente adquirir una y sumarla a la que ya tenemos, ya sea idéntica o de un tamaño y características diferentes. Y no solo eso: también podemos cambiar su altura a nuestro antojo o girar una de ellas para ponerla vertical. Esto último es genial para leer documentos largos o echar un vistazo a las redes sociales mientras que, a la vez, tienes otra pantalla en horizontal para tener una experiencia normal.

Yo trabajo con dos monitores desde hace años y es mi elección porque ofrece la sensación de tener dos espacios separados. Por ejemplo, suelo tener abierto en una pantalla un documento donde escribo y el correo o el Slack en la otra. A cambio, sí que hay una cosa en la que los ultrawide ganan por goleada: te vas a encontrar un marco de por medio y te va a tocar mover más el cuello.

Me voy a detener en esto último un momento. Es muy necesario que los dos monitores estén bien colocados, algo que no es tan sencillo como suena. Si son idénticos es más fácil, pero puede ser una odisea como sean de diferentes tamaños o fabricantes. Dentro de lo posible, yo tiraría de un soporte para monitores, aunque eso engorda la cuenta. Y es mejor no escatimar ahí, puesto que van a tener que soportar el peso de los monitores todo el tiempo.

Lo bueno y lo malo de ambas opciones, frente a frente

monitor ultrawide

dos monitores

LO BUENO  🟢

Trabajas sin marcos en medio. Es ideal para editar vídeo (timeline infinito) o tener 3 columnas de texto legibles, y ayudan a no forzar el cuello

Te permite tener dos espacios de trabajo separados

LO MALO 🔴

No son para todos los escritorios: necesitas un soporte robusto, fondo de mesa y una buena tarjeta gráfica

Implican más movimiento de cuello y hay marcos negros en medio

Ideal para:

Tener todos tus documentos o apps en una misma pantalla para verlos de un vistazo

Más versatilidad: puedes poner uno en vertical (ideal para programar o leer redes) y el otro en horizontal

Echamos cuentas para ver qué te puede compensar más

Como ves, ambas configuraciones te van a ayudar a mejorar tu productividad. Si las dos “hacen lo mismo”, entonces, ¿cómo sabes cuál es mejor para ti? Son las diferencias de cada una las que tienes que conocer, sumadas al uso que le vas a dar al monitor (o monitores), puesto que no va a existir una gran diferencia de precio entre ambas opciones. Vamos a ver unos casos concretos para que sea más fácil de entender.

Si tu prioridad es tener un espacio de trabajo único donde puedas tener dos o tres aplicaciones y documentos abiertos a la vez, entonces me lanzaría a por un monitor ultrawide. ¿Por qué? Porque el formato 21:9 hace que esto sea mucho más sencillo. Y también más sano para tus cervicales.

  • Uso real: Quieres tener un espacio amplio en el que puedas ver todas tus cosas de un solo vistazo sin mover el cuello.
  • ¿Qué obtienes?: Un único monitor que te hará ganar en limpieza visual y que te permitirá tener un espacio de trabajo más ordenado.

Sin embargo, puede que prefieras tener dos espacios de trabajo separados que vayan de la mano. También que, puntualmente, te venga mejor tener una pantalla en posición vertical. Ahí los dos monitores ganan por goleada.

  • Uso real: Buscas la experiencia que te da tu monitor normal por duplicado.
  • ¿Qué obtienes?: Una configuración muy versátil que te permitirá trabajar de formas diferentes cada vez que lo necesites. Y si uno se te rompe, no te quedas vendido.

En resumen:

👉 Elige un monitor ultrawide si: quieres un espacio de trabajo único en una pantalla que puedas ver sin necesidad de mover el cuello.

👉 Elige dos monitores si: prefieres dos espacios separados que puedas usar (o mover) según necesites y no te importa que la experiencia se corte.

Modelos recomendados

Monitor ultrawide: LG 34WR50QK-B

De elegir ahora mismo un monitor ultrawide enfocado a productividad y para alguna partida esporádica, me quedaría con este de LG. Tiene 34 pulgadas con curvatura 1800R, lo que, como comenté más arriba, facilita mucho poder ver toda la pantalla de un vistazo sin mover el cuello. Además, tiene resolución QHD, que es lo más común y equilibrado para no gastar una fortuna.

Tiene 100 Hz, lo que hace que movernos entre aplicaciones y documentos sea más fluido, lo que también ayuda a que haya menos fatiga visual al final de la jornada. También puede venir bien para alguna partida ocasional (aunque no es un monitor pensado para jugar) y tiene un puerto USB-C, lo que nunca está de más para conectar el móvil, por ejemplo.


LG 34WR50QK-B – Monitor UltraWide Curvo, 34″, QHD: (3440x1440px), 21:9, ADM FreeSync Premium, Multiposición, Negro

El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces

Dos monitores: Samsung S40GD

Si te decantas por los dos monitores y vas a comprar dos iguales (que es lo ideal), me tiraría a por este Samsung S40GD. Es una opción de 24 pulgadas con resolución Full HD y una tasa de refresco idéntica al anterior de 100 Hz. Es cierto que tiene menor resolución que el anterior, pero no es tan importante al ser una pantalla tan pequeña.

Para trabajar con doble monitor, me parece genial: al usar panel IPS, ofrece muy buenos ángulos de visión, por lo que, los coloques como los coloques, vas a tener buena visibilidad. De hecho, para tener doble monitor, no apostaría por un monitor con panel VA por eso mismo, puesto que los vas a ver mal desde ciertos ángulos. También ofrece tanto HDMI como DisplayPort, lo que es ideal para conectar dos en caso de que tu PC tenga pocas opciones de conectividad.

Eso sí, al meter dos de estos monitores Samsung en el carrito, también agregaría un soporte doble como este de la marca Bontec: hace que la cuenta final suba, aunque a cambio te dará más opciones para colocarlos y te ayudará a reducir los movimientos de cuello.


SAMSUNG S40GD Essential Monitor 24″, Full HD, IPS Panel, Tasa de Refresco 100Hz, Eye Saver Mode, Super Slim Design, Less Screen Flickering, Altavoces Integrados, Contectividad Múltiple LS24D406GAUXEN

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¿Quieres ver más modelos?

Si no te convence ninguno de estos dos monitores, puedes consultar nuestra guía de monitores ultrawide o esta otra centrada en monitores para trabajar.

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Imágenes | Jose García, Markus Spiske, Mehmet Ali Peker

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¿Cuál es la mejor opción para ti? Ambas están genial, pero puede que las dos no se adapten a tus necesidades de la misma manera. Por eso mismo, vamos a echar un vistazo a las ventajas e inconvenientes que tienen estas dos configuraciones para que sepas qué elegir según tus prioridades.

Elegir un monitor ultrawide

Kadyn Pierce Ao9hfn6rdx4 Unsplash
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Un monitor ultrawide es más grande que uno convencional, pero no podemos quedarnos solo con eso. Estos monitores suelen tener en su mayoría un formato 21:9, lo que se traduce en que son más anchos. Eso hace que tengamos un espacio horizontal más alargado, lo que es una maravilla para la productividad

Y no solo eso: al ser una única pantalla, no hay ningún tipo de barrera o marco que corte la experiencia visual, algo ideal para trabajar con líneas de código largas u hojas de cálculo con infinidad de columnas. También tres ventanas con documentos o aplicaciones abiertas a la vez. Todo tu espacio de trabajo, sin interrupciones. Y para jugar, son lo más porque tienes un campo de visión más grande y la inmersión que dan no es comparable a la de un monitor normal.

A esta pantalla alargada hay que sumarle otro factor, que es la curvatura. Hay opciones de monitores ultrawide planos, aunque si te animas a dar el salto, yo te recomendaría optar por uno curvo. La razón es muy fácil de entender: la pequeña curva del monitor ayuda a que puedas verlo entero de un vistazo. ¿Qué implica esto? Que no tienes que girar la cabeza, algo que agradecerás cuando termines tu jornada. Además, el ultrawide te permite trabajar centrado y con la columna recta. Con dos monitores, tu “centro” serán los marcos de ambos. Por tanto, más movimientos de cuello.

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No es la razón principal para elegir uno de estos monitores, pero tengo amigos que se han decantado por un ultrawide porque prefieren un espacio más minimalista y ordenado. Al final, es una experiencia visual continua que colocas en tu escritorio que, claro está, también tiene su lado negativo: necesitas un fondo de escritorio amplio.

Me dejo para el final dos contras más que, sin ser un drama, yo valoraría mucho antes de decantarme por esta opción. Como es una pantalla, si un día arrancas el ordenador y el monitor no enciende, te quedarás sin nada (ahí tener dos monitores gana claramente). Además, al tener muchos más píxeles que un monitor panorámico de toda la vida, vas a necesitar una tarjeta gráfica medio potente si no quieres que tus juegos caigan por debajo de 60 FPS.

Elegir dos monitores

Markus Spiske Wtwygdnbgts Unsplash
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La otra cara de la moneda: dos monitores, uno al lado del otro. Si tuviera que definir esta configuración con una palabra, sería versatilidad. Para construir un setup con dos pantallas, podemos lanzarnos a comprarlas ambas o simplemente adquirir una y sumarla a la que ya tenemos, ya sea idéntica o de un tamaño y características diferentes. Y no solo eso: también podemos cambiar su altura a nuestro antojo o girar una de ellas para ponerla vertical. Esto último es genial para leer documentos largos o echar un vistazo a las redes sociales mientras que, a la vez, tienes otra pantalla en horizontal para tener una experiencia normal.

Yo trabajo con dos monitores desde hace años y es mi elección porque ofrece la sensación de tener dos espacios separados. Por ejemplo, suelo tener abierto en una pantalla un documento donde escribo y el correo o el Slack en la otra. A cambio, sí que hay una cosa en la que los ultrawide ganan por goleada: te vas a encontrar un marco de por medio y te va a tocar mover más el cuello.

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Lo bueno y lo malo de ambas opciones, frente a frente

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Sin embargo, puede que prefieras tener dos espacios de trabajo separados que vayan de la mano. También que, puntualmente, te venga mejor tener una pantalla en posición vertical. Ahí los dos monitores ganan por goleada.

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En resumen:

👉 Elige un monitor ultrawide si: quieres un espacio de trabajo único en una pantalla que puedas ver sin necesidad de mover el cuello.

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Monitor ultrawide: LG 34WR50QK-B

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Dos monitores: Samsung S40GD

Si te decantas por los dos monitores y vas a comprar dos iguales (que es lo ideal), me tiraría a por este Samsung S40GD. Es una opción de 24 pulgadas con resolución Full HD y una tasa de refresco idéntica al anterior de 100 Hz. Es cierto que tiene menor resolución que el anterior, pero no es tan importante al ser una pantalla tan pequeña.

Para trabajar con doble monitor, me parece genial: al usar panel IPS, ofrece muy buenos ángulos de visión, por lo que, los coloques como los coloques, vas a tener buena visibilidad. De hecho, para tener doble monitor, no apostaría por un monitor con panel VA por eso mismo, puesto que los vas a ver mal desde ciertos ángulos. También ofrece tanto HDMI como DisplayPort, lo que es ideal para conectar dos en caso de que tu PC tenga pocas opciones de conectividad.

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