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No me decidía entre el Google Pixel 9 Pro y el iPhone 16 Pro. Ahora lo tengo más claro que nunca

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Si me preguntas cómo tiene que ser el móvil perfecto lo tengo clarísimo:

  • Tamaño compacto.
  • Cámara espectacular.
  • Rendimiento impecable.
  • Software limpio con varios años de actualizaciones.
  • Batería suficiente para aguantar la jornada intensa de uso.

No pido más -no pido poco- y, pese a ello, es bastante difícil encontrar lo que busco. Algunas de las alternativas Android más ambiciosas en hardware suelen tener cámaras que no terminan de convencerme. Del mismo modo, suelen ir de la mano de ROMs muy completas, pero alejadas de lo que busco.

Es por ello que, durante los últimos años, he utilizado el iPhone como mi móvil personal. Los Pixel siempre me han hecho ojitos pero, siendo honesto, nunca han estado a la altura de lo que pido. Este año las cosas han cambiado.

He comparado el Pixel 9 Pro con el iPhone 16 Pro. Son dos teléfonos que tendría con gusto en el bolsillo pero, si solo pudiese quedar uno… ¿cuál sería? Voy a tratar de responder a esta pregunta.

Ficha técnica de los iPhone 16 Pro y Google Pixel 9 Pro

apple iphone 16 pro

Google pixel 9 pro

dimensiones y peso

149,6 x 71,5 x 8,3 mm

199 g

152,8 x 72 x 8,5 mm

199 g

pantalla

Super Retina XDR 6,3″

ProMotion 120 Hz

2.868 x 1.320 px

460 ppp

2.000 nits

Contraste 2.000.000:1

6,34″ Super Actua OLED

2.856 x 1.280 px

2.000 nits (HDR) / 3.000 nits (brillo máximo)

120 Hz

HDR10+

procesador

Apple A18 Pro

Google Tensor G4

ram

8 GB

16 GB

almacenamiento

128 / 256 / 512 GB / 1 TB

256 GB / 512 GB  / 1 TB UFS

cámaras traseras

48 megapíxeles, f/1.78

48 megapíxeles ultra gran angular, f/2.2

12 megapíxeles teleobjetivo 5x, f/2.8

50 megapíxeles, f/1.68

48 megapíxeles ultra gran angular, f/2.2

48 megapíxeles teleobjetivo 5x, f/2.8

cámara frontal

12 MP f/2.2

42 MP

batería

N.d.

Carga rápida de 30W

Carga inalámbrica de 25W

4.700 mAh

Carga rápida 45 W

Carga inalámbrica 23 W

sistema operativo

iOS 18

Android 14

conectividad

5G (sub-6 GHz)
LTE Gigabit con MIMO 4×4 y LAA
WiFi 7
Bluetooth 5.3
Chip de banda ultraancha
NFC

5G (sub-6 GHz)

LTE Gigabit con MIMO 4×4 y LAA

WiFi 7

Bluetooth 5.4

Chip de banda ultraancha

NFC

otros

IP68
Sonido estéreo
FaceID

Botón de acción

Control de cámara

IP68

Sonido estéreo

Lector de huellas en pantalla

Reconocimiento facial 2D

precio

Desde 1.219 euros 

Desde 1.099 euros

Google Pixel 9 Pro – Smartphone Android Desbloqueado con Gemini, Sistema de cámara Trasera Triple, batería con una autonomía de 24 Horas y Pantalla Super Actua de 6,3″ – Porcelana, 256GB

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión


Apple iPhone 16 Pro (128 GB) – Titanio Color Deseado

* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión

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Consejo ofrecido por la marca

El tamaño soñado, por fin en un Pixel

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Un Pixel pequeño con las mismas especificaciones que el modelo grande y un iPhone 16 Pro con el mismo teleobjetivo que el Pro Max. Dos fantasías cumplidas. Este año, ambas compañías han puesto toda la carne en el asador, y por fin podemos comprar uno de los reyes de Android en tamaño compacto, al igual que sucede con el iPhone.

A nivel de diseño he de mojarme: el Google Pixel 9 Pro me parece mucho más atractivo. El gris, desde mi punto de vista, está mejor logrado. El módulo de cámara es peculiar, pero muy interesante y, en definitiva, es un móvil con bastante más personalidad. El iPhone 16 Pro está muy bien rematado, pero tras tantos años viendo el mismo diseño, se acaban echando en falta novedades.

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El peso es idéntico en ambos, aunque el Pixel es ligeramente más alto. Si les doy la vuelta, me encuentro ante dos de las mejores pantallas que hay en el mercado. La diferencia es que, por fin, el Pixel tiene un mejor panel que el iPhone. La calibración de ambos es muy similar, quizás algo más precisa en el móvil de Apple.

Por primera vez, el Pixel tiene un panel notablemente superior al del iPhone a nivel de brillo máximo. Y se nota.

Pese a ello, el brillo máximo es superior en el Pixel. Hablamos de 2.000 nits de brillo HDR y 3.000 nits para un 5% de la pantalla en automático. El iPhone repite las cifras del 14 Pro: 1.600 nits en HDR y 2.000 nits pico. En mi experiencia, el Pixel mantiene mejor el brillo máximo.

En años anteriores, se sentía claramente cómo el panel del Pixel era bueno, pero no sobresaliente. Este año las tornas han cambiado por completo. Por fin tenemos un Pixel, pequeño, y con una pantalla de 10.

Rendimiento y experiencia de usuario: las tornas cambian

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Ay, Google. Qué bien funciona el Pixel 9 Pro corriendo Android Stock, pero qué poco confío en que el Google Tensor G4 sea capaz de soportar los siete años de actualizaciones que promete Google. Y es que esto es clave para mí: en la gama alta no se trata de que el teléfono funcione bien al sacarlo de la caja, se trata de que siga funcionando como el primer día varios años después.

Lo importante no es el rendimiento cuando sacamos el móvil de la caja. Es lo que sucede años después

Llevo usando Google Pixel desde el 2 XL hasta el 8 Pro. Desde el 2 XL hasta el Pixel 6, todos han sufrido, y mucho, conforme han ido superando los tres años de vida. Algo que no sucedía en ningún caso con los iPhone.

iPhone 16 pro

google pixel 9 pro

PROCESADOR

A18 Pro

Tensor G4

RAM

8 GB

16 GB

GEEKBENCH 6 (SINGLE/MULTI)

3.106/7.799

1.833/3.521

3D MARK Wild Life Unlimited

16.809

9.263

3D MARK Wild Life Stress Unlimited

16.906/8.538

9.220/5.505

PCMARK WORK

12.397

De hecho, ni siquiera hace falta esperar a que pasen esos años. El iPhone 16 Pro rinde mucho mejor que el Pixel. Sí, abriendo WhatsApp, Instagram y X los dos vuelan, pero no es ese el uso que yo le doy a un gama alta. Procesamiento de imágenes RAW, exportación de archivos 4K en apps de vídeo, traspaso de archivos -especialmente importante esto, porque el Pixel ni siquiera tiene memoria UFS 4.0-… Todo funciona más lento en el Pixel.

Sucede algo similar en autonomía. En uso ligero, los dos superan las siete horas de pantalla sin demasiado problema. La clave viene cuando les damos caña. He notado al iPhone 16 Pro especialmente eficiente a la hora de grabar contenidos en LOG, disparar en RAW, e incluso en juegos de gran peso. El Pixel no se drena en exceso, pero dura algo menos.

Ecosistema y fotografía: dos mundos distintos

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Sí, tranquilo. Lo del “ecosistema Apple” a mí también me pone un poco nervioso. Todo funciona mejor cuando todos nuestros productos son de la misma compañía -faltaría más-, pero hay vida más allá. Esto no quita que el Apple Watch se lleve mejor con el iPhone que cualquier WearOS con el Pixel –incluido el Pixel Watch-. Si usas Mac la compatibilidad es sencillamente espectacular -vinculación automática de llamadas, portapapeles universal, AirDrop, etc-. Estamos en 2024 y no es necesario aclarar esto, pero suma.

El asunto del ecosistema no acaba tan solo con la integración con otros productos Apple. La clave aquí es que cuando uno busca un móvil “Pro”, espera que haya aplicaciones “Pro”. Es algo que en Android no sucede. Me explico.

En iOS hay menos apps que en Android, pero las apps especializadas suelen ser de una calidad mayor

Halide
Halide

ProRAW vs Halide -Process Zero-. A día de hoy no tenemos nada similar en Android.

Si somos apasionados de la fotografía móvil, el Pixel nos permite disparar en RAW. Pero es un RAW con apilamiento de imágenes -dispara varias imágenes para lograr más nitidez y HDR-, no un RAW prácticamente bruto, desde el sensor. El iPhone dispara un RAW similar, pero si no nos gusta tenemos aplicaciones como Halide para lograr un RAW sin apilar.

A nivel de grabación de vídeo, hay una diferencia sustancial: LOG. La grabación de archivos en curva logarítmica nos permite evitar el procesado del fabricante para pasar a grabar casi en bruto, sin procesado. Aplicaciones como la de Blackmagic -disponible en Android, pero sin LOG en el Pixel ya que este móvil no lo soporta-, permiten incluso grabar con un LUT de conversión ya preaplicado.

El iPhone graba a 4K 120 FPS, tiene un modo cine muchísimo mejor y, tanto en estabilización como a nivel de calidad, está un par de años por delante de lo que consigue Google en el Pixel.

Pixel Vs Iphone
Pixel Vs Iphone

Google Pixel 9 Pro | iPhone 16 Pro.

Captura De Pantalla 01 10 2024 A 15 55 16 P M
Captura De Pantalla 01 10 2024 A 15 55 16 P M

Google Pixel 9 Pro | iPhone 16 Pro. Las sombras del Pixel son bastante más azuladas.

Si nos vamos a los resultados fotográficos, las diferencias con la cámara principal son prácticamente inapreciables salvo que empecemos a ampliar bastante. La cámara del iPhone ofrece fotografías algo menos sobreprocesadas, aunque no ha habido salto alguno respecto a la generación anterior. De hecho, es una cámara algo más oscura en las sombras.

Captura De Pantalla 01 10 2024 A 16 04 29 P M
Captura De Pantalla 01 10 2024 A 16 04 29 P M

Google Pixel 9 Pro | iPhone 16 Pro. El iPhone es pobre a nivel de color y nitidez.

Captura De Pantalla 01 10 2024 A 16 05 11 P M
Captura De Pantalla 01 10 2024 A 16 05 11 P M

En el ultra gran angular las cosas cambian. El del iPhone 16 Pro es sencillamente malo, mientras que el Google Pixel 9 Pro se defiende bastante bien. Sigue siendo la cámara más débil del conjunto, pero es más que aprovechable.

Captura De Pantalla 01 10 2024 A 16 07 52 P M
Captura De Pantalla 01 10 2024 A 16 07 52 P M

Google Pixel 9 Pro | iPhone 16 Pro.

Captura De Pantalla 01 10 2024 A 16 09 06 P M
Captura De Pantalla 01 10 2024 A 16 09 06 P M

El trabajo con los teleobjetivos de cinco aumentos es muy similar en ambos. En el caso del Pixel, las sombras quedan algo más apagadas, aunque el look es quizás más atractivo que el del iPhone. Ninguno de los dos brilla especialmente en nitidez, pero contar con un teleobjetivo de cinco aumentos en móviles compactos es un sueño hecho realidad.

En resumidas cuentas, a nivel fotográfico tenemos dos propuestas tan similares como distintas. En mi caso, la balanza se inclina por la mejor calidad de grabación de vídeo del iPhone, así como por las apps disponibles para sacarle partido.

Google Pixel 9 Pro vs iPhone 16 Pro, cuál me compraría

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El Google Pixel 9 Pro cuesta, de partida, 1.199 euros. El iPhone 16 Pro cuesta 1.219 euros. En otras palabras, cuestan prácticamente lo mismo. Con el Google Pixel 9 Pro tenemos una mejor pantalla y 16 GB de memoria RAM. Tenemos también 256 GB de partida, configuración que si queremos igualar en el iPhone nos costaría 1.349 euros. El ultra gran angular es mejor que el del iPhone y, si el ecosistema Android es nuestra zona de confort, este es de lejos el mejor teléfono compacto que se puede comprar ahora mismo.

Sobre iOS vs Android, más allá de las apps, es una guerra en la que prefiero no entrar. Es una elección puramente personal y subjetiva que, en mi caso, se decanta por iOS y el ecosistema Apple dada la mejor integración.

Si nos decantamos por el iPhone nos llevamos un móvil con un procesador notablemente mejor, una cámara principal con un vídeo muy por encima de la del Pixel y un ecosistema de aplicaciones bastante más rico para ciertos usos muy específicos, “Pro”. Este último punto es decisivo para mí, las apps profesionales lo son todo a la hora de usar un móvil de gama alta.

Teniendo en cuenta que el precio es casi idéntico, en mi caso particular, sigo considerando al iPhone como la compra más acertada. Si pago por uno de los móviles más caros del momento, también exijo el mejor procesador del momento. En caso de que el teléfono tan solo estuviese conmigo un par de años a capricho, este sería un año estupendo para disfrutar del mejor Pixel hasta la fecha.

Imagen | Xataka

En Xataka | He probado los iPhone 16 y 16 Pro. Tengo clarísimo cuál me compraría

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He pasado un mes jugando frente a un monitor curvo de 52 pulgadas. Y ahora lo quiero pero no solo para jugar

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Lo primero que hice cuando llegó el LG UltraGear 52G930B a casa fue buscar un escritorio lo suficientemente grande para que cupiera. No es una broma. El monitor tiene 120 cm de ancho y la curva de 1000R proyecta los extremos del panel hacia el usuario, así que la profundidad de mesa que necesita es mayor de lo que la anchura sugiere a primera vista.

Lo segundo que hice fue preguntarme si la Nvidia RTX 4070 del PC de pruebas iba a ser suficiente para moverlo como se merece. La respuesta corta es que sí, pero con matices que ya iremos viendo.

El LG UltraGear de 52 pulgadas es uno de los monitores gaming más grandes del mundo. En casi todos los sentidos. 52 pulgadas, relación de aspecto 21:9, resolución 5K2K de 5.120 x 2.160 píxeles y una curva de 1000R que a primera vista parece exagerada y que después de muy pocos días resulta ser la decisión más interesante de todo el producto. Anota su precio de lanzamiento porque igual acabas enamorándote sin remedio: 1.799 euros.

Lo primero: esto no cabe en cualquier escritorio

Antes de hablar de imagen o de cómo es jugar con este inmenso monitor curvo hay una conversación que hay que tener, y es la del espacio físico. No porque quiera ser aguafiestas, sino porque es la primera decisión real que condiciona todo lo demás.

Con 120 cm de anchura y una curva que empuja los laterales hacia el usuario, el LG 52G930B necesita un escritorio de al menos 80 cm de profundidad para que se pueda usar a una distancia razonable

En mi caso lo instalé en una mesa de escritorio de solo 60 cm y los extremos del panel quedaban demasiado cerca, obligándome a girar la cabeza más de lo deseable para alcanzar los bordes del campo visual. En una mesa alternativa de 80 cm de profundidad la experiencia es mejor, pero es aconsejable irnos a una distancia de casi un metro. Para quien tenga un setup de sobremesa convencional, medir antes de comprar no es un consejo: es un requisito.

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Incluso en escritorios amplios, el LG ocupa bastante espacio

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El soporte que incluye LG es sólido, ajustable en altura, giro e inclinación y con una presencia física coherente con el tamaño del panel. Me ha gustado mucho que no se recurra a un soporte alargado y sea tan compacto. No se pierde estabilidad, no nos transmite inseguridad y gracias a ello no perdemos casi todo el espacio de la mesa como pasa con otros soportes. 

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El acabado general del monitor es el negro mate habitual de la gama UltraGear, sin excesos de iluminación RGB, encontrándonos apenas con unas tiras LED y el logo. Los controles se limitan a un solo botón de tipo joystick que una vez asumidos los gestos y pulsaciones, nos permite acceder a las numerosas opciones de configuración, encendido, fuentes y ajustes con cierta comodidad y rapidez. 

Los puertos están en la parte posterior con orientación hacia abajo, lo que facilita el cableado una vez instalado, pero requiere acceder por detrás para conectar o desconectar algo. Tenemos dos HDMI 2.1 y un DisplayPort 2.1, más un pequeño hub USB-A. También contamos con USB-C 4 (5.120 x 2.160@200Hz) y salida/entrada de auriculares. 

La curva de 1000R: el argumento que lo cambia todo jugando (y la limitación que hay que asumir)

Dejar que un monitor de 52 pulgadas con curvatura 1000R entre a casa es una experiencia impactante. Incluso si ya eras usuario de monitores curvos. La diferencia entre una curvatura 1800R y el 1000R del LG 52G930B es más grande de lo que el número sugiere. No es solo que la curva sea más pronunciada: es que a esta diagonal, con estos 120 cm de ancho, la curvatura de 1000R convierte literalmente la pantalla en algo que se siente como un arco alrededor de nosotros. De cerca, la palabra inmersión se queda muy corta.

La curvatura 100OR y el tamaño enorme de la pantalla hacen que el LG 52G930B te envuelva literalmente de manera física

En un panel plano de 52 pulgadas en formato 21:9, la diferencia de distancia entre el centro del panel y los extremos supera los 40 cm si tenemos en cuenta una distancia de uso razonable de 70 cm. Eso obliga a los ojos a enfocar constantemente a distancias distintas al barrer la pantalla de lado a lado, generando fatiga en sesiones largas.

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Un solo control de tipo joystick basta para encender y controlar las opciones del panel, que son numerosas

La curva de 1000R compensa ese gradiente acercando los extremos hacia el plano focal natural del ojo. El resultado se nota al instante: la superficie entera del panel se percibe a una distancia homogénea, y la imagen se integra en el campo visual de una manera que ningún panel plano  puede replicar.

En juegos de mundo abierto, los que más suelo jugar, la diferencia es inmediata y difícil de ignorar. La inmersión es total y el realismo entra en otra dimensión.

En juegos de mundo abierto, la sensación de libertad, espacio para explorar e inmersión en la escena es brutal con este LG UltraGear 52G930B. Mejor que con gafas VR

Tras las primeras pruebas con títulos casi aleatorios, el primer juego al que le dediqué tiempo fue Red Dead Redemption 2. Los territorios que ya he recorrido en él parecen ahora nuevos. Desde el primer galope por las Heartlands de New Hanover este monitor cambió la experiencia previa. La pradera abierta con las manadas de bisontes en los extremos del encuadre, los nubarrones que se acumulan en el horizonte anunciando la tormenta que llegará en diez minutos de juego… 

Quizás sea por ser terreno conocido, pero es tan sencillo quedarse parado literalmente durante un par de minutos mirando el amanecer sobre el río Dakota sin hacer nada que me ha parecido un juego nuevo. Ese tipo de momento que en un monitor convencional uno acelera para llegar a la siguiente misión y que aquí de pronto merece que te detengas.

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Para un uso cómodo se necesita al menos una distancia de casi un metro en el escritorio

La pradera ocupa literalmente el campo visual periférico. Los árboles en los extremos del encuadre están donde esperarías verlos si estuvieras mirando un paisaje real. Es difícil de describir sin caer en exageración, pero la sensación de estar dentro del mundo en lugar de mirarlo a través de una ventana es aquí más real que en ningún otro producto que haya probado para jugar. Para mí supera incluso a la experiencia jugando con gafas de realidad virtual.

Algo parecido ocurre con los títulos de conducción, otra de mis pasiones cuando juego. En Forza Horizon 5, el capó del coche y los laterales de la carretera ocupan el espacio exacto donde el cerebro espera ver los bordes de una ventana de coche real.

En títulos de acción más directa, la curvatura tiene una implicación diferente: los enemigos en los extremos del campo visual son perceptibles con el rabillo del ojo antes de que los habría visto en un panel plano convencional de la misma diagonal.

En juegos competitivos de tipo shooter, el mayor campo de visión teórico de la curvatura no compensa la pérdida de tiempo de reacción por el mayor espacio a barrer visualmente

Con 52 pulgadas, un panel plano dejaría los extremos del encuadre tan alejados del eje central de visión que el cerebro los procesaría como periferia pura. Como hemos dicho ya, la curva de 1000R acerca físicamente esos extremos hacia el plano focal del ojo, de manera que quedan dentro de un ángulo de visión más próximo al cono central, donde la respuesta visual al movimiento es más inmediata y el reconocimiento de lo que se mueve llega antes.

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Con esa idea de “ventaja competitiva teórica” animé a mi adolescente mayor, jugador empedernido de Valorant y Counter Strike a probar el monitor panorámico de LG. La emoción inicial le duró un par de partidas.

Ese “mayor campo de visión” no compensaba, según él, su monitor habitual de 24 pulgadas, pues tenía demasiado espacio que barrer activamente y perdía tiempo de reacción necesario en este tipo de juegos competitivos.

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Muy a mi pesar, dediqué parte de las horas de análisis de este LG UltraGear de 52 pulgadas a tareas de escritura, edición de textos, redes sociales y demás labores que realizo en mi día a día delante de una pantalla de 27 pulgadas conectada a mi portátil de trabajo. 

Y la inmensidad del espacio de trabajo de este panel 5K tan grande es una enorme ventaja, tan solo mancillada por el ligero efecto de arco que se puede apreciar en el contenido que debe aparecer perfectamente recto en un panel plano. A la larga, a algunas personas, puede resultarles incómodo. Para estos casos, mejor una curvatura 1800R o 2300R.

La imagen: un panel VA que sabe lo que hace y 240 Hz a exprimir

Uno de los puntos interesantes de esta pantalla de LG es la elección de un panel VA. Pero no es un panel VA de hace cinco años. Aquí tenemos un contraste nativo de 4.000:1 y brillo de 400 nits que, unido al numerosas tecnologías de mejora de imagen como Deep Black Pro y certificaciones como DisplayHDR 600, ofrecen una estupenda experiencia jugando y consumiendo contenido por complicadas que sean las escenas nocturnas, los interiores oscuros o cualquier contenido con fondos negros. Eso sí, conviene regular los modos de estas ayudas según el contenido para sacarle siempre el mejor partido.

La resolución 5K2K en un panel de 52 pulgadas no nos ofrece la misma nitidez que en diagonales más comerciales como 32 pulgadas y 4K. Pero a la distancia adecuada no te das cuenta

Otro gran argumento del LG 52G930B es su ficha técnica asociada al mundo gaming. Hablamos de un panel de 240 Hz, con bajos tiempos de respuesta e input lag por debajo de los habituales en los monitores ultrapanorámicos. En los juegos en que la respuesta a los inputs de ratón es clave, he apreciado una inmediatez que no esperaba de un panel de este tamaño. Tampoco temas por notar motion blur alguno.

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Con esa cifra de 240 Hz y tecnología FreeSync Premium, el monitor de LG te pide contar con una gráfica de última generación y nivel para poder sacarle partido. Mi equipo habitual cuenta con una RTX 4070, una gráfica notable para 1440p y razonablemente capaz en 4K, pero en una resolución de 5.120 x 2.160 píxeles se queda claramente corta para los títulos AAA más exigentes sin recurrir a herramientas de escalado, las cuales LG introduce en esta pantalla con ayuda de la IA. 

Por ponerle cifras, en Red Dead Redemption 2 con ajustes máximos, la media no superó los 50 fps mejorables gracias a la sincronización adaptativa. Pero los 240 Hz del panel solo se aprovechan de manera sostenida en títulos menos exigentes o con una RTX 5090. Si compras este monitor con una GPU de generación anterior o de gama media disfrutarás de él perfectamente, pero estarás pagando por un techo de rendimiento que no puedes alcanzar.

El apartado visual, de sobresaliente en cobertura de color DCI-P3 y calibración de fábrica perfecta, se complementa con un sonido integrado de dos altavoces de 10W cada uno que me ha convencido. Suelo jugar con auriculares, pero tanto para jugar como con contenido multimedia, los altavoces aprovechan las dimensiones físicas de la carcasa del monitor para ofrecer una potencia y una presencia de bajos que no esperas de unos altavoces de monitor, contando además con que la curva dirige físicamente el sonido hacia la posición en la que nos encontramos.

El monitor para entrenar que no sabía que necesitaba

En semanas complejas de trabajo o cuando el tiempo no acompaña, mis salidas en bicicleta tienen un enclave menos glamuroso que las sierras y carreteras secundarias de Murcia. En mi caso no es un rodillo, sino una Bkool de la que disfruto gracias a aplicaciones de simulación como Zwift o, en mi caso, Rouvy.

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Rouvy trabaja con vídeo real grabado sobre el asfalto de las rutas que simula. No es un mundo generado por ordenador (también existe esa opción), sino grabaciones en vídeo de carreteras reales, con sus texturas, su luz, sus curvas y sus referencias de paisaje, que se reproducen sincronizadas con la potencia y la cadencia que estás desarrollando en ese momento sobre la bicicleta. El resultado en cualquier pantalla es razonablemente convincente. En el LG 52G930B es otra cosa.

Que usar un simulador de ciclismo en este LG panorámico y curvo de 52 pulgadas fuera una experiencia tan satisfactoria no entraba en mis cálculos

A un metro de distancia, con el panel en 5K nativo y a pantalla completa, el asfalto de la ruta ocupa literalmente todo el campo visual. No hay marco, no hay escritorio, no hay nada alrededor que recuerde que estás en una habitación al menos cuando tus pulsaciones se sitúan por encima de 150 ppm y el oxígeno empieza a ser un bien de lo más preciado.

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La curva de 1000R, que en otros contextos hemos visto que puede generar dudas sobre si aporta o no aporta valor a la experiencia con este monitor LG, aquí tiene una justificación muy clara: la pantalla envuelve el campo de visión de manera que los bordes del camino, la vegetación lateral y el horizonte quedan exactamente donde mi cerebro espera encontrarlos cuando pedaleo de verdad por una carretera.

Pedalear una etapa del Stelvio o el Angliru en Rouvy con este monitor no es ver un vídeo mientras pedaleas. Es otra cosa, y es difícil volver a la pantalla de antes después de haberlo probado.

LG 52G930B-B – Monitor Gaming Ultragear, 51.6″, VA, 5K2K, (5121×2160), 21:9, 240Hz, 1ms, FreeSync Premium, Plano, Pivotable/Altura Ajustable, Negro

El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces

Imágenes | Xataka

Este dispositivo ha sido cedido para prueba por parte de LG. Puedes consultar cómo hacemos las reviews en Xataka y nuestra política de relaciones con empresas.

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España tiene un carné solo para coches automáticos y cada vez más gente lo elige

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Sacarse el carnet de conducir sin pasar por el embrague y el cambio de marchas ya es una realidad al alcance de cualquiera que quiera aprender a conducir en España. Se trata del permiso B limitado a vehículos automáticos, una modalidad que cada vez eligen más alumnos de autoescuela, pero que también genera muchas dudas sobre cómo funciona o cómo solicitarlo. Por eso bajo estas líneas te contamos todos los detalles.

El mismo permiso, pero con un matiz: solo automáticos

Pese a lo que mucha gente cree, no existe un carnet nuevo o independiente para coches automáticos. Nosotros nos hemos acercado a algunas autoescuelas para preguntar acerca de ello y, tal y como explican, el permiso es el mismo de toda la vida, el B, solo que en el documento se añade una anotación que indica que el titular únicamente puede circular con vehículos de cambio automático.

Como cabe esperar, quien se saca el carnet con un coche de marchas manual, en cambio, queda habilitado para conducir los dos tipos de transmisión sin ninguna restricción.

Esa anotación se conoce popularmente como “código 78” y aparece impresa en el reverso de la tarjeta, junto a la categoría del permiso. En España, la Instrucción 2019/C-134 de la DGT, algo ya marcado en el Reglamento General de Conductores, dice así: “si el aspirante realiza el examen práctico con un vehículo de cambio automático, esa circunstancia debe quedar reflejada en el permiso y solo habilitará para conducir coches de esas características”.

Por qué cada vez se pide más

El auge de este tipo de permiso va de la mano del propio mercado del automóvil. Hace dos décadas, el cambio automático era casi una rareza en las carreteras españolas; hoy, en cambio, cada vez son más los modelos (sobre todo eléctricos e híbridos, que no llevan embrague) que se comercializan exclusivamente con esta transmisión.

Según comparte El Periódico, de los 600.000 permisos de categoría B que se expiden cada año en España, entre 33.000 y 37.000 llevan ya esta limitación al automático, lo que sitúa el código 78 entre el 5,5% y el 6,2% del total. Sin embargo, tal y como apunta el medio, desde el sector de las autoescuelas la cifra que manejan ronda el 10% de los carnets que se sacan.

palanca de cambio
palanca de cambio

Palanca de cambio en un Volvo CX60

Preguntando a varias autoescuelas, afirman que esta modalidad lleva implementada unos cuantos años. Por otro lado, Raül Viladrich, presidente de la Federació d’Autoescoles de Catalunya, contaba a El Periódico que la demanda arrancó entre 2018 y 2020, aunque matizaba que sigue siendo muy inferior a la del carnet tradicional.

También es un caso de cambio generacional, pues cada vez son más los jóvenes que ven el cambio manual como algo del pasado y que, directamente, no tienen intención de conducir nunca un coche con embrague.

Cómo se obtiene y qué diferencia hay con el examen tradicional

El proceso de aprendizaje es idéntico al del carnet B convencional, es decir, vas a la autoescuela, te examinas del teórico, tienes tus clases prácticas y un examen final, con la única diferencia de que tanto las clases como la prueba de circulación se realizan con un vehículo de transmisión automática.

Tampoco tienes que tomar la decisión en el primer momento en el que te matriculas, ya que puedes empezar con un coche manual y, si lo decides, puedes pasarte al automático en cualquier momento.

Es justo lo que nos cuenta una exalumna, Elena García, quien se decantó por la modalidad del automático. Elena cuenta que optó por esta vía porque el coche que había en su casa ya era automático, así que le pareció “la mejor opción” aprender directamente con el tipo de vehículo que después iba a utilizar. Aun así, explica que llegó a iniciar las prácticas con coche manual, pero que, tras quince o veinte clases, decidió cambiarse al automático.

Según relata, en su autoescuela la opción automática existía y se ofrecía, aunque en un primer momento le recomendaron directamente el manual. Elena reconoce que, casi un año después de sacarse el carnet, no tener acceso a coches manuales no le preocupa. Y es que en su entorno más cercano solo dispone de vehículos automáticos y, cuando viaja o necesita alquilar un coche, siempre encuentra opciones de coche automático sin complicaciones.

Qué pasa si conduces un coche manual con este permiso

Básicamente que, si te pillan, multa al canto. “Tienen prohibido conducir otro tipo de coche que no sea automático”, asegura Sergio Olivera, presidente de la Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE) a El Periódico. Y es que quien tiene el carnet con esta anotación y utiliza un vehículo con cambio manual se enfrenta a una sanción de 500 euros y a la pérdida de cuatro puntos del carnet. La Ley de Tráfico considera esta situación una infracción muy grave, equiparable a circular sin el permiso.

En el caso de que te hayas sacado el carnet solo con un coche automático, pero quieres conducir uno manual, actualmente es obligatorio volver a pasar por un examen práctico, esta vez con un coche de cambio manual, sin necesidad de repetir la parte teórica.

Menos trámites para quitar la restricción

Esta exigencia, sin embargo, tiene fecha de caducidad. Y es que existe ya una directiva europea, aprobada a finales de 2025, que pretende sustituir el examen práctico completo por un curso de formación de solo siete horas en una autoescuela para poder obtener el permiso B sin ninguna limitación de transmisión.

Según explicaba Viladrich a El Periódico, ese curso podrá realizarse tanto durante el propio proceso de obtención del carnet como más adelante, y su entrada en vigor se espera, en principio, para 2029, aunque todavía no hay una fecha cerrada para su aplicación en España.

Este modelo, de hecho, ya funciona en otros países europeos. En Francia, Alemania o Suiza los conductores con esta limitación pueden eliminarla mediante una formación específica, sin tener que volver a examinarse desde cero.

El futuro es automático

Hace apenas diez años, los coches automáticos suponían alrededor de un 20% de las matriculaciones en España; actualmente, las estimaciones apuntan a un porcentaje superior al 50%, coincidiendo con la consolidación de los vehículos eléctricos e híbridos, que no incorporan cambio manual.

Con todo, España sigue siendo, junto a Italia y otros países mediterráneos, uno de los territorios donde el cambio manual conserva más peso, a diferencia de otras regiones como Reino Unido, Estados Unidos o China, donde el automático es ya mayoritario o casi total.

Imagen de portada | Art Markiv

En Xataka | Pese a toda la polémica, Ferrari ha conseguido algo impactante con el Luce: vender todas sus unidades en China

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cómo la tecnología china ha pasado de ser sinónimo de barata y mala a premium

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Todos en algún momento nos hemos sentido decepcionados al encontrarnos la etiqueta ‘Made in China’ en algo que habíamos comprado; es sinónimo de baratija, de producto copiado y de baja calidad, o mejor dicho era. Desde hace unos años China ha dado un empujón cualitativo y nos ha convencido de que sus móviles, sus coches o sus electrodomésticos no son una imitación barata, son productos de primer nivel que se miden de tú a tú con los producidos en occidente. El cambio de percepción ha sido enorme, pero sobre todo lo que no ha sido es casual. 

Para profundizar sobre la transformación China, hemos hablado con  Julio Ceballos, consultor de negocio en China y autor de varios libros sobre cultura y estrategia china, y Patrick McGee, autor del libro ‘Apple in China’.

Los inicios: la cultura de la copia o ‘shanzhai’

Fue un término que surgió a mediados de los 2000 para referirse a pequeños fabricantes que se dedicaban a copiar productos electrónicos venidos de occidente, como los iPhone. No se les podía calificar ni de fábricas, sino más bien pequeños talleres que, con pocos recursos, lograban imitar productos exitosos como los iPod o los iPhone. 

Los shanzhai se ayudaban entre sí, compartían diseños, pedían a los mismos proveedores y así generaban una comunidad más fuerte.  De esta cultura de la copia salieron modelos como el HiPhone 5 que, efectivamente, era una copia flagrante del iPhone 5, pero costaba tan sólo 35 dólares. 

En Occidente mirábamos con desprecio este tipo de imitaciones descaradas, pero ¿Cómo se veía esto desde dentro de China? Julio Ceballos nos cuenta que en China “la vivencia era más ambivalente. Por un lado, sí existía el estigma y la conciencia de que esa etiqueta colocaba al país en el escalón bajo de la cadena de valor. Pero por otro, en el ecosistema emprendedor local se veía como una forma pragmática de supervivencia y aprendizaje”. 

Hoy, China tiene marcas de renombre y una cadena de suministro inigualable, pero a principios de los 2000 no tenía nada de eso y la cultura de la copia era como una especie de campo de entrenamiento. “Shanzhai funcionó como una escuela industrial acelerada porque obligó a dominar tres cosas a la vez: ingeniería inversa, modularización del producto y una cadena de suministro ultraflexible”, afirma Julio. 

En el caso de los móviles, en concreto, Julio Ceballos menciona dos hitos clave: la aparición de plataformas single chip y las design houses, empresas especializadas en el diseño de productos electrónicos que ofrecen diseños “llave en mano”, por así decirlo. Según Julio: “esto bajó la barrera de entrada: pequeñas empresas podían ensamblar, iterar y testear a gran velocidad. Eso es, de facto, I+D aplicado: ciclos cortos, prototipos rápidos, feedback real y mejora incremental constante”.

El punto de inflexión y el papel de Apple

El cambio de percepción no ha llegado de la noche a la mañana, pero sí podemos identificar cuál fue el punto de inflexión que ha contribuido a que los productos chinos dejen de ser vistos como copias baratas. Julio tiene claro que esto se produjo “cuando China dejó de competir sólo por precio y empezó a imponer categoría en producto”. 

Xiaomi Mi 10 Pro
Xiaomi Mi 10 Pro

Imagen del análisis del Xiaomi Mi 10 Pro. Xataka.

En el segmento de los móviles, por ejemplo, lo vimos con el cambio de marcas tradicionalmente baratas como Xiaomi o OnePlus hacia la gama premium. Sucedió con el cambio de década, con productos como aquel Xiaomi Mi 10 Pro que rozaba la barrera de los 1.000 euros o el OnePlus 8 que ya subía a los 700-800. Aquello marcó el fin de una era y, aunque en aquel momento nos costaba verlo, fue toda una declaración de intenciones de lo que estaba por venir.

Sin planificarlo, Apple ha sido el actor principal en el salto cualitativo de la industria china

Hay una empresa que jugó un papel muy importante en ese proceso: Apple. Se instaló en China a principios de siglo y se alió con Foxconn. Comenzaron fabricando productos como el iPod Nano o los iMac, pero no fue hasta 2007 cuando llegó el iPhone y entonces el nivel se elevó de forma drástica. Según Patrick McGee, Apple ha sido un actor principal en el salto cualitativo de la industria china, aunque admite que fue algo involuntario por parte de Apple.

“Recordemos que Steve Jobs era alguien a quien le importaba la parte trasera del ordenador, los componentes internos… Le importaba el color de los cables y era el tipo de cosas por las que gritaba a sus subordinados. Si coges esa versión obsesiva y maníaca -ya sabes, la versión “Hollywood” de Steve Jobs- y la trasplantas a cientos de fábricas chinas a gran escala, entonces empiezas a darte cuenta de que, a menudo, lo que los ingenieros de Apple que estaban en esas fábricas enseñaban a los chinos no era solo ingeniería. Estaban enseñándoles una cultura. La cultura de Steve Jobs”

Esta obsesión por la perfección  fue lo que empujó a la industria china a la excelencia. El hecho de que hoy los móviles chinos le planten cara al mismísimo iPhone es el resultado de años fabricando cantidades ingentes de un producto al máximo nivel de calidad posible. “Para Apple nunca existía eso de «suficientemente bueno». Siempre tenían que presionar, presionar y presionar. Así conseguían que los proveedores alcanzaran un nivel de calidad que nunca habrían alcanzado por su cuenta” nos cuenta Patrick.

Hay otra consecuencia de la estrecha relación entre Apple y China y es que la primera depende totalmente de la segunda. La administración Trump se empeñó en que Apple fabricara en EEUU y de hecho los de Cupertino llevan tiempo dando pasos para reducir su dependencia de China. Hoy ya fabrican parte de los iPhone en India, pero no es suficiente. El propio Tim Cook lo reconocía hace poco: China es un socio insustituible

“Apple está absolutamente atrapada en China. No hay ningún otro lugar en el planeta que pueda operar con la calidad y la cantidad con las que opera China” asegura Patrick McGee. 

Más allá de los móviles: drones, electrodomésticos y sobre todo coches

Aunque los móviles fueron el detonante, la ofensiva de China hacia la excelencia se produjo en más frentes al mismo tiempo. Los drones son un buen ejemplo, con DJI dominando prácticamente desde el principio en una categoría totalmente nueva que hoy es objeto de prohibiciones y vetos por parte de EEUU. 

También los electrodomésticos, donde encontramos marcas como el gigante Midea que ya fabrica la gran mayoría de microondas, Roborock que se ha hecho con el nicho de los robots aspiradores o Dreame que también apuesta por el pequeño electrodoméstico de calidad. Pero sobre si hay un producto que ha ensalzado a China como factoría de calidad, ese es sin duda el coche eléctrico. 

Si hay un producto que ha ensalzado a China como factoría de calidad, ese es sin duda el coche eléctrico

China ha logrado, no sólo ser líder mundial en ventas de coches eléctricos, sino hacer que los coches eléctricos se vuelvan populares. Si tuviéramos que elegir un punto de inflexión en ese cambio de percepción del gran público, sin duda el Xiaomi SU7 fue uno de los primeros eléctricos chinos en conseguir ese momento ‘wow’. Lo expusieron en el stand de Xiaomi en el MWC de 2024 y os aseguro que fue la gran atracción de la feria (sí, una feria de móviles, con un coche siendo el protagonista).

BYD YangWang U9
BYD YangWang U9

BYD YangWang U9. Imagen cedida por BYD

Pero más allá del momento viral, lo que ha permitido a China liderar en coches eléctricos es que forman parte de su plan estatal a largo plazo. Apostaron antes que nadie por la electricidad y el estado subvencionó toda la cadena de suministro, desde las minas hasta los fabricantes de baterías y la infraestructura de carga. La estrategia de cara al consumidor fue muy similar a lo que hicieron con los móviles “pasaron de alternativa barata a producto completo con baterías, integración, software, fabricación y escalado” dice Julio. 

Ya en 2019, Bloomberg decía que la ventaja china  era abismal y liderarían el mercado durante décadas. No se equivocaban, hoy son líderes en ventas de coches eléctricos, y lo que aún es más importante: controlan las baterías, el elemento crítico que da la llave a controlar toda la industria. 

Los coches chinos “pasaron de alternativa barata a producto completo con baterías, integración, software, fabricación y escalado”

El gobierno ha jugado un papel muy importante para lograr ese empuje en tantos frentes al mismo tiempo, pero tampoco hay que olvidar la propia competencia interna China. Según Julio, el salto de calidad viene de “las dos cosas a la vez, y ese matiz es la historia. El Estado fija dirección, prioridades, infraestructura habilitadora y, en sectores estratégicos, demanda y financiación; pero el músculo competitivo real lo pone un mercado doméstico gigantesco con una presión brutal por margen, velocidad y diferenciación”. 

El moat de la industria china

China se convirtió en la fábrica del mundo gracias a algo muy concreto: mano de obra muy barata. Este fue el reclamo que atrajo a grandes corporaciones a asentar sus plantas de fabricación en el país. Y mientras las grandes empresas ahorraban, China aprendía. El punto clave, según Patrick McGee es que “desde el marco de la economía occidental, se ha subestimado mucho el valor de realizar el trabajo en sí (…) Si lo haces durante el tiempo suficiente, a un precio lo suficientemente bajo y a una escala lo suficientemente grande, entonces China acaba convirtiéndose en el país líder, y creo que ahí es donde nos encontramos hoy en día”. 

China se convirtió en la fábrica del mundo gracias a que tenía mano de obra muy barata. Y mientras las empresas ahorraban, China aprendía

Con el paso de los años, las condiciones laborales han mejorado y aquel reclamo inicial de la mano de obra casi infinita y baratísima se ha ido diluyendo. En los sectores de producto de bajo coste (como papelería, juguetes o calzado) China se ha encontrado, además, con una competencia feroz de países como Vietnam. Para mantener su estatus de “fábrica del mundo” en ese tipo de categorías, la respuesta ha sido clara: sustituir trabajadores por robots e intentar que la ventaja ya no sea el salario, sino la productividad. Hoy se calcula que China instala unas 280.000 unidades de robótica industrial al año

Ese movimiento, sin embargo, convive con otro muy diferente en la parte alta de la escala tecnológica: ahí la batalla ya no va de fabricar lo más barato posible, sino de fabricar mejor, más cantidad y más rápido. Y en ese terreno, China tiene la sartén por el mango. “China tiene un ecosistema industrial con una agilidad en la capacidad de ejecución sin parangón en el mundo”, asegura Julio Ceballos.

“China ha sido capaz de desarrollar puntos de estrangulamiento que la convierten en un socio comercial con el que es muy difícil negociar. Donald Trump lo está aprendiendo rápidamente  por las malas”

Hoy en día China es líder en sectores críticos como las baterías de iones de litio, los paneles solares, electrónica de alta gama o tierras raras. Según Patrick McGee, es el resultado de décadas de fabricar al más alto nivel, sumado a una visión a futuro marcada por los planes estatales: “Es porque jugaron a largo plazo, mientras nosotros cedíamos voluntariamente nuestra experiencia en una serie de áreas que creíamos de bajo valor (…) China ha sido capaz de desarrollar puntos de estrangulamiento que la convierten en un socio comercial con el que es muy difícil negociar. Donald Trump lo está aprendiendo rápidamente  por las malas”.

Qué le falta a China para dar el salto definitivo

A pesar del tremendo giro, desde el punto de vista occidental, China no se ha desligado del todo de esa imagen de segundón que copia. Para terminar, preguntamos a Julio Ceballos y Patrick McGee qué le falta a China para que valoremos algo hecho allí, al mismo nivel que algo hecho en, por ejemplo, Alemania.

Para Julio Ceballos faltan tres cosas: “confianza, relato y consistencia”. No sólo es una cuestión de calidad, sino que también deben conseguir productos que “transmitan esa percepción de durabilidad, seguridad, privacidad, soporte posventa y estabilidad regulatoria”. En cuanto al relato, mientras que “Alemania vende identidad industrial, China todavía está saliendo del relato histórico de fábrica del mundo y de la asociación mental con shanzhai/copia”. Por último está la consistencia y es que, aunque “China tiene cada vez más productos top mundiales, al mismo tiempo, arrastra un “long tail” enorme de marcas mediocres, además de (todavía) muchas marcas directamente ilegítimas”.

“Quieren fabricar iPhones y vehículos eléctricos Xiaomi, pero también quieren ser Temu, donde puedes comprar unos AirPods falsos por 3 dólares”

La opinión de Patrick McGee es que “«Made in China» nunca podrá ser sinónimo de calidad como lo son las marcas suizas y alemanas” por una razón: Suiza y Alemania sólo fabrican productos de altísima calidad, mientras que China quiere abarcarlo todo, desde lo más premium a las imitaciones baratas. “Quieren fabricar iPhones y vehículos eléctricos Xiaomi, pero también quieren ser Temu, donde puedes comprar unos AirPods falsos por 3 dólares”, dice entre risas. 

Dicho de otro modo, que China lo apueste todo a la calidad implicaría dejar de ser todo lo demás, y su objetivo no es ese. Lo que quiere China, como buen país comunista que es, es controlar los medios de producción y las cadenas de suministro globales; la calidad es una palanca clave en esa estrategia, más que un fin en sí mismo.

Imagen | Evdokiya Lebedeva en Unsplash

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