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review con características, precio y especificaciones
En pleno boom de smartwatches abonados a apenas servir de reloj clásico, monitorizar los pasos que damos y mostrar alguna notificación, el OPPO Watch X se une a una excelente terna de smartwatches con Wear OS que aúnan interesante diseño y grandes prestaciones.
El OPPO Watch X, el cual ya hemos podido analizar en Xataka, se posiciona de manera excepcional en el mercado recurriendo a una dupla que nos ha parecido irresistible: precio tentador y autonomía de la que pocos smartwatches tan completos pueden presumir. Y todo ello sin renunciar a todo lo que ya nos ofrecen el resto de smartwatches con Wear OS en el mismo margen de precio.
Ficha técnica del OPPO Watch X
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oppo watch x |
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dimensiones y peso |
47 x 46,6 x 12,1 mm 49 gramos sin correa 80 gramos con correa |
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pantalla |
AMOLED circular de 1,43 pulgadas Resolución 466 x 466 píxeles 326 ppp 60 Hz Billo máximo: 600 nits HBM: 1.000 nits Cristal de zafiro 2,5D Modo AoD |
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procesador |
Snapdragon W5 Gen 1 MCU BES2700 |
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memoria ram |
2 GB |
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almacenamiento interno |
32 GB ROM 4 GB EMMC |
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BATERÍA |
500 mAh Carga rápida (60 minutos) |
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SISTEMA OPERATIVO |
Wear OS 4 + RTOS |
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CONECTIVIDAD |
WiFi 2,4/5 GHz Bluetooth LE NFC GPS GNSS |
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sensores |
Aceleración Giroscopio Frecuencia cardíaca SpO2 Geomagnético Luz ambiental Barómetro |
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OTROS |
Resistencia IP68 Resistencia 5 ATM MIL-STD-810H Análisis del sueño Análisis del estrés +100 modos deportivos Modo ahorro de energía Llamadas Bluetooth Notificaciones 2x botones laterales |
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PRECIO |
OPPO Watch X Smartwatch – Resistencia IP68, Batería hasta 12 Días, AMOLED 1.43″, 100 Modos Deporte, Resistencia IP68, Batería hasta 12 Días, Google Apps y Wear OS – Brown Mars
* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión
Un solo tamaño de esfera pero muy cómodo de llevar
Oppo ha sido bastante arriesgado en su apuesta por un smartwatch bajo la batuta de Wear OS. Su Oppo Watch X es un reloj contundente y que solo está disponible en un tamaño, lo que creemos que puede limitar su margen de mercado.
Y es que el Oppo Watch X es un smartwatch de diseño clásico a nivel estético y grande a nivel físico (el equivalente a esfera de 46 mm), lo que evita que siente igual de bien en muñecas pequeñas que en aquellas más contundentes. En las que son de complexión delgada el nuevo smartwatch de Oppo destaca bastante visual y físicamente.


Pero no debemos dejarnos llevar por las primeras sensaciones ni tampoco por el tamaño. Su peso es bastante contenido, alrededor de 80 gramos incluyendo una buena correa (el reloj solo pesa apenas 40 gramos), lo que lo hace un reloj muy cómodo para el día a día e incluso para la noche, algo no muy habitual.
Pese a mis reticencias previas tras ponérmelo en la muñeca, que tiende más bien a ser delgada, estas semanas con el Oppo Watch X han conseguido que me olvide totalmente de él. Como he indicado, incluso por la noche. No molesta en absoluto para dormir y éste es un enorme punto a su favor.
El OPPO Watch X es un reloj de grandes dimensiones y que no ofrece la posibilidad de una versión para muñecas más pequeñas. Pero sorprende lo cómodo que resulta incluso para dormir con él
El acabado del reloj, pese a que su precio queda establecido en 300 euros, nos transmite en todo momento, tanto a la vista como al tacto, sensaciones de modelo de gama alta y cuidado máximo por los detalles.
La carcasa inferior tiene construcción en policarbonato y fibra de vidrio, con la parte de la funda y hebilla en acero inoxidable y la correa en caucho fluorado. En cuanto al cristal de la pantalla, es cristal de zafiro de 2,5D, el cual permanece intacto tras estas semanas de intensa prueba en Xataka.


El reloj, que aspira a ser compañero de fatigas cuando hacemos ejercicio, ofrece protección IP68 frente a agua y polvo, con rangos de temperatura de trabajo de entre -20 y 55 grados centígrados, así como 5 ATM (50 metros) de profundidad máxima y altitud de 9.000 metros. Margen hay de sobra salvo que bucees de manera habitual o seas Kilian Jornet. En el primer caso buscarás un reloj específico para buceo y el segundo tendrás un patrocinador deportivo que se encargará de proporcionarte el mejor y más caro reloj del mercado.


Para controlar el Oppo Watch X disponemos de solo dos botones: la corona en la parte superior y uno secundario de muy buen tacto y bien integrado en el diseño del reloj.
Ambos botones podemos personalizarlos para uno o dos toques, por lo que podemos asociar físicamente hasta cuatro accesos directos. Por defecto el menú principal de aplicaciones se abre pulsando una vez en la corona mientras que el inferior nos lanza el registro de actividades deportivas de manera veloz.
Pantalla AMOLED grande
Si antes mencionábamos que el OPPO Watch X es físicamente un reloj grande, la buena nueva es que esas generosas dimensiones se trasladan de manera directamente proporcional a la pantalla.


El OPPO Watch X nos permite disfrutar de una diagonal de 1,43 pulgadas sumando a ese tamaño la tecnología AMOLED para el panel y una resolución de 466×466 píxeles (326 ppp).
Aunque el brillo máximo es de 600 nits, no le podemos pedir más por el precio que estamos pagando. Se ve muy bien en la mayoría de situaciones cotidianas aunque en deportes al aire libre a plena luz del día se note que el pico de brillo no supera los 1.000 nits
La combinación resulta plenamente satisfactoria en cuanto a nitidez, ángulos de visión y calidad global, con un brillo máximo de 600 nits, suficiente en la mayoría de situaciones gracias a la agilidad del sensor de luz ambiental, y con un modo de brillo alto de 1.000 nits. No le podemos pedir más con el precio del equipo.
Aunque tenemos los mencionados controles físicos, la gestión de la mayoría de opciones del Oppo Watch X pasan por su pantalla. Y la respuesta de la misma es perfecta, empezando por los gestos para deslizar desde los lados o parte inferior/superior hasta los toques. A ello ayuda que la interfaz de WearOS ya es madura y centrada en lo importante: ser efectiva y útil. Y es una pantalla que resiste muy bien la suciedad y grasa de los dedos.


El comportamiento de la pantalla podemos gestionarlo completamente: desde cuándo queremos que se active la pantalla a poder optar por obviar la pantalla siempre activa para ahorrar batería o porque es una opción que nos convence más por nuestra manera de interactuar y sacar partido del smartwatch.
Wear OS vuela en este reloj
El Oppo Watch X cuenta para su gestión con lo último de Snapdragon para relojes inteligentes en este segmento de precio: el W5 Gen1.
Este chip específico combina en tiempo real con un procesador secundario BES2700 centrado en la eficiencia del sistema para conseguir una arquitectura de doble motor que funciona perfectamente. La fluidez en total, tanto cuando requerimos aplicaciones de Wear OS como para movernos por la interfaz más básica.


Este chip de Snapdragon se acompaña de 2 GB de memoria RAM y 32 GB de memoria interna, datos más que suficiente para las tareas habituales de este smartwatch.
Además de su fluidez, Wear OS 4 destaca por funcionar muy bien en lo esencial: no depender del teléfono móvil para tareas como la mensajería o la información en pantalla
Bajo toda esta arquitectura nos encontramos la versión 4 de Wear OS, un sistema operativo ya plenamente maduro y que, de manera acertada, ha dejado de lado crear un ecosistema amplio pero de cuestionada calidad para ofrecer una solidez basada en las aplicaciones generales y fundamentales de Google junto con destacadas apps de terceros muy centrados en nichos como el deporte, la música o la mensajería instantánea.


El día a día es completamente satisfactorio, pudiendo gestionar desde el Oppo Watch X notificaciones, contestar mensajes, reproducir música en auriculares inalámbricos, navegar por Google Maps con indicaciones y registrar infinidad de datos de nuestro día a día, desde el sueño hasta los pasos o la frecuencia cardíaca.
También cumple como reloj deportivo
Para valorar el uso del Oppo Watch X como reloj deportivo hay que partir de una premisa importante: podemos instalar aplicaciones de terceros. Es un enorme punto a favor porque para Wear OS encontramos estupendas opciones como Strava, Hevy, AllTrails, Komoot, MyFitnessPal o las nativas de Nike y Adidas para corredores.
Pero incluso sin tener que recurrir a estas aplicaciones, para una gran mayoría de usuarios de este Oppo Watch X, las opciones de entrenamiento que incluyen son más que suficientes. Hay para casi cualquier deporte (más de 100 modos), desde bádminton a todo tipo de entrenamiento de fuerza que además podemos separar según la zona que vayamos a entrenar aunque luego esta separación no merezca la pena y sea solo para aumentar el número de modos de deporte.


Dicho así suena muy ambicioso, pero si bien las mediciones son correctas a nivel de calorías, la información que proporciona sobre el entrenamiento específico es elemental excepto en un par de deportes como las carreras o el tenis, donde disponemos de datos más concretos y valiosos como el tiempo de contacto del pie con el suelo, la simetría mientras corremos, ritmo en carrera o incluso la velocidad de un drive en deportes de raqueta.


Para algunos de los deportes que monitoriza, como carreras, paseos, natación o ciclismo, hay reconocimiento automático, recibiendo un aviso del smartwatch cuando lo detecta. También funciona muy bien el modo de autoparada y reinicio de la actividad.
De las pruebas que hemos realizado con diferentes deportes básicos, destacamos la precisión del GPS a la hora de trazar las rutas así como la medición de la frecuencia cardíaca tanto en ejercicio como en reposo.


Toda esta información sobre nuestra actividad física se complementa con registros asociados a la salud, desde pasos/actividad diaria hasta medición de la saturación de oxígeno o la frecuencia cardíaca y estrés.


Este aspecto tan ambicioso a nivel de salud y deporte no se ve respaldado con la aplicación por defecto para Android: OHealth. No hay posibilidad de usar el reloj con equipos iOS.
La aplicación incluye lo básico para gestionar las opciones del reloj, desde esferas a notificaciones, mosaicos presentes en la pantalla o incluso un control parental, pero la parte de análisis y muestra de la información que va recopilando queda algo lejos a mi parecer de las que hemos visto en otros relojes Wear OS como el Xiaomi Watch 2 Pro, de similar precio y prestaciones.


Tenemos una pestaña dedicada a los registros de actividades, que sí que destacamos especialmente, y otra para registro de salud, más pobre visualmente y con registros acumulados que podemos agrupar y comparar por días, semanas, meses o incluso años. Ahí encontramos también las alertas de salud que tengamos configuradas como pueden ser las de frecuencia cardíaca baja o el nivel de estrés.
El gran logro del Oppo Watch X: la autonomía
Y llegamos por fin al punto más destacado del Oppo Watch X. Y siendo un smartwatch con Wear OS no es ninguna minucia.
Hablamos de la autonomía, que ha resultado de lo más sorprendente (en positivo). Partimos de cifras de capacidad de batería de 500 mAh, una gran capacidad pero no muy alejada de otros modelos de similar ficha técnica.


Pero el resultado final ha sido mucho más satisfactorio que en dichos relojes. Buena parte del éxito se debe al bien hacer de Oppo y a las variadas opciones de control de consumo que implementa este reloj, desde un modo con todos los sensores y sistemas activos hasta un muy interesante modo de hibernación automática que se activa por la noche o cuando nos quitamos el reloj durante más de media hora.
Conociendo estos ajustes y usando el modo de pantalla no siempre activa hemos conseguido casi una semana laboral plena de uso del Oppo Wach X. Esos casi cinco días de autonomía los rozamos limitando las actividades físicas a registrar por el reloj y con no muchas notificaciones ni uso de la pantalla.
No será el uso habitual de un smartwatch como este pero nos da posibilidades muy amplias en determinadas circunstancias como viajes.
El Oppo Watch X permite dos días completos de autonomía cuando le exigimos al máximo. Pero podemos estirar por encima de los cuatro días su autonomía si gestionamos bien el uso de sus sensores y registros
Si no renunciamos a un uso más intenso del smartwatch y ponemos en marcha todos los sensores, notificaciones y registramos una actividad al día de menos de una hora, nuestras pruebas nos ha dejado una media de dos días completos de autonomía, incluyendo la medición del sueño por las noches y la frecuencia cardíaca todo el día.


Pero las buenas noticias no acaban aquí. La carga es también un valor seguro y potenciado gracias a que en apenas 15 minutos podemos tener prácticamente el 50% de la batería del Oppo Watch X cargada. Eso nos da un juego fabuloso si tenemos rutinas que nos permitan dejar esos 15-20 minutos el reloj en carga (mientras desayunamos, en un trayecto en coche o la ducha matutina) y conseguir dejar de preocuparnos por quedarnos sin el smartwatch en cualquier momento.
El adaptador de carga usa un cable USB-C, algo que es un gran acierto porque al ser muy compacto, nos permite llevarlo con nosotros de manera sencilla. Pero también es cierto que haber incluido el conector de carga USB-C en el propio reloj habría resultado de 10 y muy diferenciador.
Oppo Watch X, la opinión y nota de Xataka
Han tardado en consolidarse pero por fin podemos afirmar que los smartwatches con Wear OS son un producto maduro y, lo que es más importante, recomendables.


El OPPO Watch X lo demuestra con una base que nos es conocida y una apuesta arriesgada por un solo tamaño de esfera, algo grande para un encaje estilístico en muñecas pequeñas. Porque por comodidad no será, pues nos ha demostrado que su poco peso y la buena correa de serie casan muy bien con vestirlo todo el tiempo, incluso por la noche.
A nivel técnico, tanto el interior potente como Wear OS han corroborado que la fluidez es una realidad con el smartwatch de OPPO. Pero sin duda lo que acaba de convencer de este nuevo Watch X del fabricante asiático es su autonomía, alcanzando sin problema los dos días de uso y pudiendo estirarlo sin problema por encima de las cuatro jornadas. Excelente.
8,9
Diseño
8,5
Pantalla
9
Software
9,25
Autonomía
9,25
Interfaz
8,75
A favor
- Autonomía sin igual entre los modelos con Wear OS
- Funcionamiento completamente fluido
- Wear OS es plenamente operativo y funcional para la mayoría de situaciones de uso de un smartwatch actual
En contra
- Las muñecas pequeñas echarán de menos un tamaño menor para el reloj
- Aunque las correas son estándar, el diseño del reloj hace que no todas queden igual de ajustadas
- Al aire libre, cuando hacemos deporte a plena luz del día, un extra de brillo nos parece necesario
OPPO Watch X Smartwatch – Resistencia IP68, Batería hasta 12 Días, AMOLED 1.43″, 100 Modos Deporte, Resistencia IP68, Batería hasta 12 Días, Google Apps y Wear OS – Brown Mars
* Algún precio puede haber cambiado desde la última revisión
El dispositivo ha sido cedido para la prueba por parte de Xiaomi. Puedes consultar nuestra política de relaciones con empresas.
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una compañía china acaba de convertir su energía en piezas prefabricadas
La última novedad china en inteligencia artificial no tiene forma de chatbot ni de chip. Tiene forma de una enorme base eléctrica prefabricada para alimentar centros de datos orientados a cargas intensivas de cálculo. Puede sonar menos llamativo, pero explica muy bien uno de los problemas de fondo del sector: los centros de datos necesitan cada vez más electricidad, y esa electricidad debe llegar de forma estable, eficiente y con plazos de construcción razonables. China está intentando resolver esa parte menos visible de la IA convirtiendo la base energética en una pieza industrial pensada para replicarse.
Una base eléctrica prefabricada. Según CCTV, el 6 de junio entró en funcionamiento en Qingdao lo que la cadena presenta como la primera base prefabricada del mundo para centros de computación. Explican que se trata del “corazón” energético del centro, la pieza encargada de suministrar electricidad continua y estable. No hablamos de una sala llena de servidores, sino de la parte que hace posible que esa sala trabaje. Fabricada por TGOOD, tiene unos 53 metros de largo, 41 de ancho y ocupa alrededor de 2.200 metros cuadrados.
De la obra a la fábrica. Para entender el cambio, imaginemos la escena al revés: en lugar de levantar sobre el terreno cada parte de la infraestructura eléctrica, una parte importante llega ya integrada desde fábrica. En paralelo, Xinhua describe la solución como una estación que agrupa transformadores de alta tensión, equipos de media tensión, sistemas de protección, control, comunicaciones y otros componentes necesarios para conectar el centro a la red. La compañía asegura que sus 167 módulos funcionales se prefabrican y calibran antes de llegar al proyecto.
Construir antes, ocupar menos. La parte interesante no está solo en que la infraestructura llegue más preparada, sino en lo que eso promete cambiar en el calendario de un proyecto. La base prefabricada promete reducir casi un 70% el ciclo de construcción frente a una solución tradicional, ocupar más de un 30% menos de superficie y rebajar el coste global en torno a un 20%. También se habla de un ahorro cercano al 80% en obra civil y de una ejecución que, en el escenario más rápido, podría completarse en cinco meses.
El otro frente. Hay otra parte de la propuesta que conviene separar de los plazos de construcción: cómo se alimenta el centro una vez está en marcha. Según CCTV, esta base puede conectarse directamente a energía verde y favorecer su aprovechamiento local al 100%, apoyándose además en almacenamiento para coordinar mejor suministro eléctrico y demanda de computación. Según las cifras comunicadas por TGOOD y recogidas por Xinhua, el coste eléctrico por token podría reducirse alrededor de un 30% si el sistema funciona como plantea la compañía.
Un problema que ya no es marginal. El interés por este tipo de soluciones se entiende mejor cuando miramos alrededor. La Agencia Internacional de la Energía prevé que el consumo eléctrico global de los centros de datos se duplique hasta alcanzar unos 945 TWh en 2030, y recuerda una diferencia importante: un centro de datos puede estar operativo en dos o tres años, pero ampliar la red, la generación y el resto del sistema energético suele requerir plazos más largos.
No es magia. La lectura más razonable es esta: China está probando una forma concreta de responder a algunos de los problemas que trae la expansión de los centros de datos. No todos, ni de manera definitiva. Esta base prefabricada apunta a retos muy físicos, como el espacio disponible, la velocidad de construcción, la conexión al suministro eléctrico y, según las cifras comunicadas por sus impulsores, un mejor encaje con energía más limpia. En otros países veremos estrategias distintas, porque cada red, cada territorio y cada regulación tienen sus propias limitaciones.
Imágenes | TGOOD
En Xataka | España produce tanta energía solar que es la envidia de Europa. Y aun así importa el 70% de la que consume
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la venta ilegal de comida callejera
Si sueles moverte en metro por Madrid, sobre todo por las estaciones de Plaza Elíptica u Oporto, es probable que te hayas encontrado con la escena: sales del apeadero y de repente percibes un intenso olor a carne asada que te hace salivar y una voz que anuncia ‘empanadas’, ‘humitas’ o ‘patatas rellenas’. No es cosa de ningún bar de la zona empeñado en ofrecer su mercancía a los pasajeros, sino el negocio de vendedores ambulantes (normalmente inmigrantes, con y sin papeles) que han hecho del entorno de las estaciones su particular mercadillo.
No es algo anecdótico. Su actividad ha crecido tanto que Hostelería de España (HDE) ya advierte de sus riesgos.
Buscándose la vida. Que hay vendedores ambulantes que han convertido las estaciones de Madrid y sus inmediaciones en mercadillos improvisados no es nada nuevo. Tampoco que parte de esos comerciantes se dedican a la alimentación. Mucho antes de la pandemia ya era posible encontrar gente vendiendo empanadillas calientes en los alrededores de La Elipa, igual que otros vendedores se dedicaban a ofrecer camisetas de fútbol falsificadas, carteras, cinturones o gafas de sol.
En 2024 ABC incluso dedicó un amplio reportaje a un grupo de peruanos que vendían en el metro chupa chups Bon Bon Bum, un dulce de la marca Colombina. A pesar del control de los vigilantes, había 50 inmigrantes que vivían de ese negocio, una tarea que organizaban a través de WhatsApp y a la que llegaban a dedicar hasta 15 horas cada jornada. Los chupa chups los obtenían a través de una “tienda completamente legal”, argumentaba uno de ellos, que aseguraba no entender por qué las autoridades les requisaban la mercancía.
¿Qué ha cambiado? Que lejos de frenarse o estancarse, la venta ambulante irregular de comida en el entorno de ciertas estaciones de metro parece haberse agravado en los últimos años. Así lo revelaba hace unos días Alfredo Herrera en El Confidencial, en una crónica en la que describe la actividad de varios ambulantes que venden su mercancía (sobre todo empanadas, patatas, refrescos y helados) a los pasajeros que salen de las estaciones de Plaza Elíptica, Entrevías, Oporto o incluso la terminal de Renfe de Alcalá de Henares.
Con calor y frío, lluvia o viento. Habitualmente se trata de inmigrantes latinoamericanos. Algunos tienen papeles. Otros no y dudan que puedan conseguirlos en algún momento. La mercancía se la compran a proveedores, familiares o la preparan ellos mismos en casa y luego la transportan en cajas o neveras térmicas con las que se instalan fuera de las estaciones, expuestos al sol, el calor, el frío, la lluvia o el viento.
Se afanan en captar a los pasajeros que salen y entran de las terminales porque saben que la seguridad contrada por Metro puede ponerles problemas si trasladan su negocio al interior. Cobran en cash, aunque también hay quien acepta pagos vía Bizum.
“Cada vez hay más”. Otra de las ideas que deja botando el reportaje de El Confidencial es que para muchos de ellos no se trata de una forma puntual de ganarse la vida. Alguno reconoce que lleva años subsistiendo básicamente de la venta ambulante de comida.
“Me dedico a esto porque no tengo papeles y es difícil que los consiga. En hostelería nunca me ha salido nada. De algo tengo que vivir y esto es una buena opción para quienes no tenemos documentación, por eso cada vez hay más personas haciendo lo mismo”, comenta Juan, un colombiano de 29 años que lleva dos dedicado a la venta de comida. “Cuando empecé éramos muy pocos, ahora ha aumentado el número de vendedores ambulantes por todo Madrid”.
@soycolombianoeneuropa Vamos a compartir este video para apoyar a este Comombiano que vende empanadas en la estacion de metro de Plaza eliptica. IMPORTANTE ⚠️ SI NO TIENE NADA BUENO QUE DECIR,MEJOR NO DIGA NADA. • • #soycolombianoeneuropa #colombianosporelmundo #colombianosenespaña #colombianoeneuropa #vidadeimigrante #extrañomipueblo #colombianoenmadrid
Más de 1.200 euros al mes. Su testimonio es parecido al de Camila, peruana, 39 años. Desde que llegó a España, más o menos en 2023, se ha dedicado básicamente a vender comida en una estación de la red de Renfe en la Comunidad de Madrid. Reconoce que se saca más de 1.200 euros al mes, pero a costa de trabajar más de 10 horas al día en la puerta de una estación y exponerse a que la policía le requise la mercancía y pierda, de golpe, género por valor de más de 100 euros. Ya le ha pasado.
Asegura que se dio de alta como autónoma para regularizar su negocio, pero eso solo le permite “mover alimentos, no venderlos”. Ya está buscando otro trabajo en bares y restaurantes, aunque también admite que hasta la fecha “no ha salido nada”.
“Irregularidad absoluta”. Prueba de que la venta callejera de comida ha aumentado en los últimos años es que ya preocupa a Hostelería de España, una asociación que aglutina a miles de empresas del sector de la restauración.
Su secretario general, Emilio Gallego, advierte de que negocios como el de Juan o Camila suponen una “irregularidad absoluta” e insiste en que “lo de menos” es que los bares y cafeterías de los barrios en los que trabajan estos ambulantes puedan perder clientes. “El principal problema radica en la vulneración de la seguridad alimentaria”, subraya tras recordar que los negocios de catering legales deben ceñirse a una regulación “más rigurosa y estricta” que los locales.
El gran riesgo: las intoxicaciones. “Además, estas ventas incumplen normativas de comercio, fiscales y laborales. Sin contar que pueden constituir incluso un delito para la salud pública si alguien sufre una intoxicación”, añade.
No es el único que pone el acento en ese último punto. Los expertos recuerdan lo difícil que es controlar el origen y la trazabilidad de un alimento que se vende al margen de los cauces legales. Quizás huela bien, puede que incluso sea sabrosa, pero… ¿De dónde han salido los ingredientes? ¿Se han mantenido a una buena temperatura? ¿Qué pasa con los alérgenos? ¿Y si hay una intoxicación?
“Grave repercusión”. En su web oficial el Ayuntamiento de Madrid recuerda que desarrolla campañas dedicadas precisamente a la “lucha contra la venta ambulante ilegal, especialmente de alimentos y bebidas”. Sus últimos datos son de 2020, con lo que quedan desdibujados por la pandemia, pero antes de eso el número de actas levantadas por casos de venta ambulante irregular (en general, no solo de comida) estaba aumentando de forma clara: de las 16.518 de 2018 se pasó, al año siguiente, a más de 17.100.
El Consistorio madrileño también recuerda que, más allá de la normativa laboral y fiscal, hay legislación estatal, autonómica y municipal que regula directamente el comercio callejero.
Más allá de las estaciones. El aumento de la venta ambulante de comida en Madrid coincide con otro fenómeno igual de importante, sobre todo si se tiene en cuenta el tipo de mercancía y quién la vende: el boom de la inmigración latina.
A finales de 2024 la Comunidad de Madrid registró un hito histórico: la población originaria de América latina superó el millón de personas, una cifra considerable si se tiene en cuenta dos datos. Primero, que apenas 25 años antes ese colectivo rondaba las 81.500 personas. Segundo, que representa una parte considerable de la población de la región: uno de cada siete habitantes.
Imagen | Eleni Afiontzi (Unsplash)
Vía | El Confidencial
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Xbox anticipa cambios más allá de Project Helix
Ayer Nintendo cerró el no-E3. La feria de videojuegos tal y como la conocíamos murió hace unos años, pero su espíritu sigue vivo en forma de conferencias que se aglutinan en la primera mitad de junio y en las que las compañías muestran las novedades que llegarán a sus plataformas a lo largo de los próximos meses. PlayStation, la mencionada Nintendo, el Summer Game Fest o el PC Game Show han sido algunas de ellas, pero si hay una que está llamando la atención, esa es la de Xbox.
Y resulta que no está dando de qué hablar por sus juegos (muchos viejos conocidos que ahora, simplemente, tienen fecha), sino por el cambio de estrategia tras la llegada de Asha Sharma como nueva CEO de la división de videojuegos de Microsoft. Porque donde antes había juegos propios que saldrían hasta para PlayStation, ahora hay una vuelta a las exclusividades en consola. Y dentro de esas consolas se encuentra una Project Helix que, supuestamente, será la nueva máquina de Microsoft y que no lo va a tener fácil.
Hasta el punto de que se están replanteando qué tiene que ser Project Helix, cuánto debería costar o si estamos preparados para consolas tan caras. Y Asha Sharma añade una cuestión más: un modelo de negocio que nunca habríamos esperado y que podría arrancar este mismo año.
Vamos poco a poco porque hay bastante que desgranar.
Del “¿se puede arreglar Xbox?” a un una Project Helix que llega en el peor momento posible
Después de una conferencia como la que vimos el domingo, es lógico que surjan preguntas. Toda la conversación está girando alrededor del asunto de la vuelta a las exclusivas, implicando que una Microsoft a la que le cuesta mantener stock de sus propias consolas abandona un parque de consolas de Sony que supera, por varias decenas de millones de unidades, al instalado de Xbox.
Los juegos de Microsoft en PS5 funcionan a nivel comercial, con ejemplos destacados como ‘Forza Horizon 5‘ y, sobre todo, ‘Sea of Thieves‘. Pero Sharma quiere que Xbox se convierta en la número uno del gaming y considera que ese camino pasa por el regreso de las exclusivas. Es una maniobra algo extraña porque esos primeros escogidos serán ‘Gears of War E-Day‘ (que posteriormente nos enteramos que hasta hace unos pocos días estaba previsto para PS5) y ‘Clockwork Revolution‘.
Otros como ‘Halo: Campaign Evolved‘ para este 28 de julio o los futuros ‘State of Decay 3‘, ‘Fable‘ y ‘Senua‘ sí verán la luz en la consola de Sony. Si nada vuelve a cambiar, claro está. Matt Booty, jefe de la división de juegos de Xbox, avisó en la conferencia que cada caso se revisará de forma individual, dando a entender que tampoco tienen muy claro qué juegos sí llegarán a otras consolas y cuáles no.
“¿Crees que se puede arreglar Xbox?” – Pregunta de Asha Sharma a Matthew Ball
Pero, de la manera que sea y más allá de los propios videojuegos, hay otra cosa flotando en el ambiente. Sabemos que Xbox está trabajando en su nueva consola, la mencionada Helix. Será una especie de híbrido entre consola y PC, algo que tiene mucho sentido si tenemos en cuenta el negocio de Microsoft y, sobre todo, que Steam está preparando exactamente lo mismo con su Steam Machine.
Hace unas semanas, Asha Sharma comentó que el hardware existía y están cerrando los detalles para poder enviar los kits de desarrollo (necesarios para empezar a desarrollar los juegos) a los estudios de videojuegos a comienzos del año que viene. También ‘amenazó’ con el precio, apuntando que Project Helix no será una máquina barata porque la situación con los componentes es la que es.
Un hardware que tendrá una buena cantidad de memoria y de almacenamiento será muy, muy caro. Lo estamos viendo en móviles, routers y hasta en la Raspberry Pi, pero lo que nos ha metido miedo a muchos es el relanzamiento de una Steam Machine con un sobreprecio de casi 300 euros. Tras estar meses agotada por rotura de stock debido al suministro de componentes, la máquina volvió con varios cientos de euros de sobreprecio.
Esta situación no auguraba nada bueno ni para una Steam Machine que, supuestamente, llegará este verano… ni para una PS6 y Project Helix que deberíamos ver en algún momento de 2027. Visto todo el necesario contexto, vamos con Matthew Ball.
Ball es el nuevo jefe de estrategia de Xbox. Responde ante una Sharma que le preguntó una cosa antes de ficharlo: ¿se puede arreglar Xbox? Ball cree que sí, premiando a los jugadores que se han quedado en Xbox con esa vuelta de las exclusivas como modo de “validar la inversión histórica” de esos jugadores. Hay que recordar que alguien que compre un ‘Forza Horizon 6‘ en PS5 también es jugador de Xbox, por ejemplo, pero bueno.
Sobre Helix, Ball apunta en una entrevista que no tendría sentido para la compañía salir del negocio del hardware y que están realizando esa vuelta a las exclusivas, precisamente, para reforzar su plataforma. Ahora bien, también apuntala lo que ya dijo Sharma: la próxima Xbox llegará en un contexto en el que el ‘boom’ de la IA ha disparado el coste de los componentes.
“Creo que empezaremos a ver modelos de negocio radicalmente diferentes y que nunca habríamos esperado que comenzaran a andar en un momento más adelante este mismo año” – Asha Sharma
Además de señalar que no pueden producir consolas al mismo ritmo que se demandan (de ahí esa rotura de stock en muchos mercados, con Xbox Series X mostrando un sobreprecio porque no son unidades que venda Xbox directamente), apunta algo interesante: están peleando para que el diseño de la consola no quede comprometido por la situación, pero a la vez intentando que sea asequible en un contexto de costes altos que prevén que se mantenga durante, al menos, los próximos dos años y medio.
Es decir: necesitan lanzar una nueva máquina, pero que no sea tan cara como sería la visión original que tenían para Helix. A su vez, debe ser más potente que las actuales, pero quizá no tanto porque, si no, se iría de precio. Esto es algo que la propia Asha Sharma, en una entrevista distinta, también comenta.
La CEO opina que las audiencias masivas no gastarán “miles de dólares en una nueva generación de consolas”. Eso va en la línea de lo que Ball deja entrever a la hora de decir que se están replanteando la situación y lo que lanzarán, pero dice algo más: “creo que empezaremos a ver modelos de negocio radicalmente diferentes y que nunca habríamos esperado que comenzaran a andar en un momento más adelante este mismo año”.
Y es ahí, en esas palabras de Sharma, donde está la salsa.
“Nuevos modelos de negocio radicalmente diferentes”
Hasta aquí, estaba repasando declaraciones oficiales y la situación del mercado, por lo que todo lo que comente a partir de ahora se basará en eso de “modelos de negocio radicalmente diferentes”. Entendiendo que se refiere a algo rompedor en el segmento de las consolas, y viendo cómo está la situación, sólo se me ocurren dos cosas.
La primera es que lancen una máquina con un precio muy atractivo, pero que los usuarios busquen comprar porque será la única en la que podrán acceder a esos juegos exclusivos y ese ecosistema que la nueva dirección de la marca busca reconstruir. Esto implicaría vender a pérdidas, algo que hay marcas que hacen o han hecho en el pasado, pero que en esta situación implicaría ir a pérdidas en un hardware que, de base, será bastante caro.
Porque no es lo mismo ir como iba Sony con PS3, a pérdidas en una máquina que al usuario le seguía costando 600 euros, que ir a pérdidas con una máquina que al usuario le cueste 800 o 900 euros. Es mucho dinero para arriesgarse con un lanzamiento así, sobre todo cuando no estamos en la misma situación que en 2006 en la que no había tantos medios de entretenimiento contra los que compitieran las consolas.
La segunda es mantener una estrategia de dos máquinas en el mercado, pero que una sea virtual. Xbox ya ha lanzado esa estrategia de una máquina muy potente para los entusiastas (Xbox Series X) y una menos capaz y sin soporte físico para los que quieran acceder a una biblioteca 100% digital (Xbox Series S).
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El cambio sería que Xbox Series X sería ahora la menos potente y la que Microsoft seguiría vendiendo de forma física, siendo ese Project Helix, simplemente, una consola en la nube, algo similar a GeForce Now de Nvidia. Y me explico.
Con Game Pass puedes jugar a la biblioteca por streaming y Microsoft se ha ido moviendo para que no sólo puedas jugar en la nube a los juegos del catálogo por suscripción, sino también a tus propios juegos digitales. Con una Project Helix que sea un servicio en la nube al que acceder desde cualquier dispositivo, Microsoft no tendría que empaquetar un hardware, sino simplemente usar la potencia de sus servidores y centros de datos.
Así, si quiero jugar un futuro ‘Halo’, puedo hacerlo en mi Xbox Series X, pero también a través de Game Pass en una suscripción más cara para jugarlo con mayor calidad en esa Helix a través de streaming. Ya ocurre en el PC, con una Nvidia que ofrece varios escalones de GeForce Now, cada uno con un hardware “virtual” al que acceder, siendo la opción más potente la más cara.
Eso resuena con la idea de ese “modelo de negocio radicalmente diferente” de la que habla Sharma y permitiría que Xbox pudiera seguir compitiendo en un escenario en el que estamos viendo que no podemos comprar hardware a buen precio porque o no hay o es, sencillamente, carísimo. Y más adelante, si la crisis se resuelve, empaquetar eso en forma de consola.
Al final, este segmento del artículo es especulación pura y dura, pero no creo que me esté tirando tanto el pisto atendiendo tanto a la situación como al modelo que está siguiendo una Nvidia que parece muy cómoda en este escenario del juego por streaming al no tener competencia.
Porque Game Pass funciona bien por streaming, pero los juegos se siguen ejecutando en una Xbox Series X que no puede competir contra las RTX 5080 que Nvidia pone a tu disposición en su GeForce Now.
De la manera que sea, sólo el tiempo lo dirá, pero lo que está claro es que Asha Sharma tiene claro que quiere volver a los buenos tiempos de Xbox… y que quiere hacerlo en el momento más complicado.
Imágenes | Fortune Conversations (editada)
ues de anuncios individuales.
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