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Las Big Tech chinas ya pueden comprar GPU de Nvidia. El problema para Nvidia es que ahora no lo necesitan
Estados Unidos y China están inmersos en una guerra comercial y tecnológica que ha pillado en plena línea de fuego al gigante de la IA: Nvidia. La situación es que Nvidia debe priorizar a las empresas de IA de Estados Unidos para garantizar la supremacía de este país, pero como empresa le interesaría pegar un mordisco al gigante mercado chino. Y el problema es doble: no ha podido hacerlo durante mucho tiempo por los vetos comerciales, pero ahora que parece que sí puede vender su célebre H200 a China, resulta que China ha pasado página.
Más o menos.
Luz verde. Nvidia ha pasado de tener el monopolio de las GPU para IA en China a tener una cuota del 0%. Son palabras del CEO, Jensen Huang, y el motivo son las comentadas restricciones comerciales entre las potencias que impedían a Nvidia vender sus productos más potentes al gigante asiático. Huang se ha tirado meses insistiendo al gobierno de Donald Trump para que les permitan vender con una lógica muy clara: China va a desarrollar sus alternativas y qué mejor que poder sacar tajada hasta entonces.
La situación se fue destensando a finales del año pasado y a comienzos de este para llegar al punto en el que estamos ahora. Según Reuters, el Departamento de Comercio de EEUU ya permite que diez compañías chinas y distribuidores como Foxconn y Lenovo adquieran ese ansiado H200, el segundo chip para IA más potente de la compañía. Buenas noticias para la compañía. O deberían serlo de no ser porque la industria china está siguiendo su propio camino
Mirando a casa. Alibaba, ByteDance, JD.com y Tencent son los gigantes chinos que, supuestamente, ya pueden comprar H200. Hasta 75.000 chips cada uno, para ser exactos. Sin embargo, se apunta que aún no han realizado ningún envío. Aquí hay una mezcla entre burocracia muy restrictiva y, sobre todo, ese énfasis por el desarrollo patrio. Tencent, por ejemplo, apuntó en septiembre del año pasado que no tenían intención de producir chips de IA, pero que sí iban a invertir muchísimo dinero en socios nacionales.
Por ejemplo, están en un proceso de adaptación de su infraestructura para poder acoplar la plataforma Ascend de Huawei (en particular la serie Ascend 950) como la principal herramienta de entrenamiento de grandes modelos. Hace unos días, el director de estrategia de Tencent ya señaló que esa estrategia seguía en pie y que la compañía espera un aumento significativo en el gasto en GPU para IA diseñadas en China.
Fabricando en casa. Alibaba y Bytedance tienen un enfoque distinto. Si Tencent se está centrando adquirir las plataformas de Huawei, Alibaba y Bytedance buscan crear sus propios chips. El de Alibaba busca ser el chip RISC-V más potente creado hasta la fecha y se reportó que Bytedance quería que Samsung fabricara su procesador.
Al final, sea comprar a Huawei o desarrollar la herramienta de forma interna, los dos enfoques responden al gran objetivo nacional: que al menos un 50% de los centros de datos que pertenecen al Estado utilicen al menos un 50% de circuitos integrados chinos en sus servidores. Ese es uno de los grandes impulsos tecnológicos chinos de los últimos años, uno de los puntos cruciales del Plan Quinquenal para el desarrollo del país y, sobre todo, la estrategia de la que Nvidia llevaba un tiempo advirtiendo a Estados Unidos.
La era de la inferencia. Porque ese periodo de ostracismo al que EEUU condenó a China ha servido para que el país desarrolle tres alternativas muy claras a Nvidia y fomente que las empresas que ya están trabajando con modelos desarrollen su propio hardware. Esto es importante sobre todo en el nuevo marco de la IA en el que estamos entrando, el de la inferencia.
Aunque la IA se seguirá entrenando y harán falta GPU para ello, el siguiente paso es el de la inferencia, el de la era agéntica en la que el procesador o CPU es muy importante. AMD está moviéndose ahí, igual que Intel o ARM, y precisamente los procesadores son algo que se les da bien a Huawei y en lo que los gigantes chinos pueden brillar tanto como la contrapartida estadounidense al desarrollar chips a la medida de sus modelos y necesidades.
También, como apuntan en CNBC, tener tus propios chips implica que no tienes que pelear con nadie más en una época en la que hay escasez y, por descontado, si no tienes que comprar a un externo, hay una mejora del margen bruto de ingresos.
Jugoso pastel. Y esto deja a Nvidia en esa situación incómoda, una en la que quiere participar, pero en la que parece que ya no se la necesita tanto como antes. Porque China está desarrollando sus chips para esta nueva era de la IA y Nvidia se está topando con un jefe final llamado burocracia y los grupos de presión del ‘Make America Great Again’.
Lo primero es por la lentitud de los procesos de las órdenes de exportación, algo que tarda meses cuando los pedidos deberían ser mucho más ágiles. Lo segundo son los mencionados grupos de presión que sostienen que cualquier acuerdo que Nvidia haga con empresas chinas son menos chips para las empresas estadounidenses, algo que no se debe permitir.
Mientras tanto, las empresas chinas están desarrollando sus alternativas y Huawei quiere inundar el mercado con 750.000 chips este año, tres veces más que sus envíos en 2025, y Nvidia se está quedando a las puertas de un pastel de 50.000 millones de dólares.
En Xataka | EEUU tiene los mejores modelos IA. China tiene otra cosa: una IA demasiado barata como para que te importe
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En 1967 Canadá construyó viviendas futuristas como piezas de Lego. Medio siglo después siguen sin saber cómo repararlas
Cuando Moshe Safdie diseñó Habitat 67 siendo estudiante de arquitectura, tuvo una idea revolucionaria: utilizó miles de piezas de Lego para probar cómo podían encajar los módulos de viviendas en tres dimensiones. Décadas después, el propio arquitecto seguía recordando que llegó a vaciar tiendas enteras de Lego en Montreal para construir las maquetas. Y quizás ahí estaba el problema.
Reinventar la vivienda a lo Lego. A comienzos de los años 60, las ciudades occidentales estaban atrapadas entre dos modelos que parecían inevitables: enormes bloques de apartamentos impersonales o interminables suburbios dependientes del coche. Un joven estudiante de arquitectura llamado Moshe Safdie creyó que existía una tercera vía.
Su idea era aparentemente simple y radical al mismo tiempo: construir viviendas prefabricadas apilando módulos de hormigón como si fueran piezas gigantes de Lego, de forma que cada familia pudiera tener luz, terraza, vegetación y sensación de casa individual dentro de una gran estructura urbana. El proyecto terminó convirtiéndose en Habitat 67, el gran icono futurista de la Expo de Montreal. Lo que Canadá presentó al mundo como el futuro definitivo de las ciudades acabó siendo una de las obras arquitectónicas más fascinantes y problemáticas del siglo XX.
Habitat 67 era una utopía. La imagen del edificio sigue pareciendo futurista incluso hoy: 354 enormes módulos de hormigón prefabricado, cada uno de unas 90 toneladas, apilados en formas irregulares sobre una península artificial frente al río San Lorenzo. Safdie estaba obsesionado con resolver un problema que consideraba central para el futuro urbano: cómo mantener la densidad de la ciudad sin sacrificar la privacidad, la naturaleza y la sensación de hogar.
Su lema era “For everyone a garden”. Cada apartamento debía tener jardín propio, ventilación cruzada, vistas abiertas y calles peatonales elevadas en lugar de pasillos cerrados. La inspiración venía tanto de las viviendas pueblo del suroeste estadounidense como del metabolismo japonés que contamos hace unos días, un movimiento arquitectónico que imaginaba edificios formados por células modulares capaces de crecer y reorganizarse como organismos vivos.


El gran problema: hacerlo barato. La paradoja de Habitat 67 es que nació precisamente para abaratar vivienda urbana… y terminó costando muchísimo más de lo previsto. Safdie imaginó que la prefabricación industrial permitiría fabricar apartamentos en cadena con rapidez y eficiencia, pero la realidad fue muy distinta. El complejo requería un sistema de ensamblaje extremadamente sofisticado, una fábrica instalada dentro de la propia obra, grúas gigantescas y conexiones técnicas complejísimas entre módulos.
Cada caja debía salir de fábrica prácticamente terminada, con ventanas, cableado, baños y cocinas incorporadas antes de ser elevada hasta su posición definitiva. La reducción del proyecto original (de 1.200 viviendas previstas a apenas 158) disparó todavía más los costes. El experimento pensado para democratizar la ciudad terminó convirtiéndose en un complejo demasiado caro incluso para la clase media que pretendía atraer.


Aparecen las goteras y el moho. Con el paso del tiempo apareció el otro gran enemigo de Habitat 67: el agua. La estructura escalonada llena de terrazas, jardines y uniones entre módulos generó una pesadilla de impermeabilización. El hormigón comenzó a sufrir filtraciones constantes en el clima extremo de Montreal y el agua acabó penetrando en muros y sistemas de ventilación. Algunos residentes denunciaron problemas graves de humedad y moho durante años.
Las reparaciones nunca fueron sencillas porque el edificio no funciona como un bloque convencional: cada módulo forma parte estructural de un entramado tridimensional extremadamente complejo. Medio siglo después, las restauraciones siguen siendo casi quirúrgicas. En la gran rehabilitación realizada para el 50 aniversario hubo que desmontar capas exteriores, volver a aislar enormes superficies y rediseñar sistemas completos para proteger la estructura de los inviernos canadienses.
De sueño social a símbolo de élite. Otra de las ironías más llamativas de Habitat 67 es su evolución social. Lo que nació como manifiesto de vivienda urbana accesible terminó transformándose en una de las direcciones más exclusivas de Montreal. Los alquileres originales ya eran prohibitivos en los años 60 y la privatización posterior convirtió los apartamentos en propiedades de lujo.
Hoy algunas unidades alcanzan precios millonarios y los costes de mantenimiento mensual son altísimos. La “ciudad para todos” acabó siendo un enclave para élites culturales, empresarios y amantes de la arquitectura. Sin embargo, incluso sus críticos admiten que el edificio logró algo extraordinario: demostrar que la vivienda densa podía ser emocionalmente distinta a los bloques repetitivos que dominaron el urbanismo moderno.
Nunca murió del todo. Lo más fascinante es que, pese a todos sus problemas, Habitat 67 continúa ejerciendo una influencia gigantesca sobre arquitectos y urbanistas. Décadas después sigue inspirando proyectos modulares, complejos aterrazados y nuevas ideas sobre cómo combinar densidad urbana y calidad de vida. Incluso las herramientas digitales actuales han resucitado el proyecto original nunca construido.
En los últimos años, Safdie Architects y Epic Games recrearon virtualmente el gigantesco “Project Hillside” que el gobierno canadiense recortó por falta de dinero en los años 60. Gracias a Unreal Engine, drones y modelos hiperrealistas, el arquitecto pudo recorrer por primera vez la versión completa de la ciudad modular que había imaginado de joven.
Hay algo profundamente simbólico en esa estampa: Habitat 67 fue tan ambicioso que ni siquiera la tecnología de su tiempo podía hacerlo plenamente viable. Quizá por eso sigue fascinando hoy. Porque parece una reliquia del pasado… pero también una visión de un futuro urbano que todavía no sabemos cómo construir sin que se venga abajo a base de filtraciones, costes disparatados y reparaciones eternas.
Imagen | Parcours riverain – Ville de Montréal, Thomas Ledl, Vassgergely
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“Es un mensaje de tolerancia, inclusión, empatía”: “Fjord”, de Cristian Mungiu, gana la Palma de Oro en Cannes
EFE.- “Fjord”, del rumano Cristian Mungiu y protagonizada por Renate Reinsve y Sebastian Stan, ganó este sábado la Palma de Oro del 79 Festival de Cannes, la segunda que recibe el realizador tras la de “4 meses, 3 semanas, 2 días” en 2007.
“Nos hace felices, pero habrá que esperar 20 años para saber cuáles eran las mejores películas”, manifestó Mungiu al recoger el galardón, anunciado en la gala de clausura por el presidente del jurado, el director surcoreano Park Chan-wook.
“Fjord” narra el periplo judicial de una pareja rumano-noruega interpretada por Renate Reinsve y Sebastian Stan, muy religiosa y con cinco hijos, que se instala en Noruega, en un pueblo al final de un fiordo.
Traban amistad con sus vecinos, pero cuando el profesorado de la escuela donde van los niños descubre hematomas en el cuerpo de uno de ellos, la comunidad los relaciona inmediatamente con la educación ultraconservadora y religiosa que reciben y pierden la custodia.
Mungiu aseveró que con esta película han “corrido un riesgo”, el de “elevar la voz” frente a los peligros a los que estamos expuestos como sociedad y contar “cosas que la gente no se atreve a decir en público”.
“Las sociedades hoy están fracturadas, radicalizadas. Este filme es un compromiso contra toda forma de integrismo, es un mensaje de tolerancia, inclusión, empatía. Son palabras maravillosas que a todos nos gustan, pero hay que aplicarlas más a menudo”, consideró.
Dijo que el estado del mundo hoy “no es el mejor” y que no está “orgulloso” de cómo se lo “dejamos a nuestros hijos”.
Por eso subrayó que, antes de “pedirles hacer un cambio” a las nuevas generaciones, es necesario que el esfuerzo “empiece con nosotros”.
Y para ello “es importante en el cine hablar de cosas pertinentes” y comprender la dirección en la que va el mundo, algo que se puede hacer “observando a la gente a nuestro alrededor”.
Las películas de Mungiu ya habían sido premiadas tres veces en Cannes: “Graduación” (2016) fue recompensada con el premio de dirección; “Más allá de las colinas”, que cosechó el premio al mejor guion y a la mejor interpretación femenina en 2012 (Cosmina Stratan) y “4 meses, 3 semanas, 2 días”, que fue la Palma de Oro de 2007.
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Llevamos décadas ignorando un órgano porque lo creíamos inútil. Ahora han visto que es crucial en nuestra longevidad
En el centro del pecho, justo detrás del esternón, se esconde una pequeña glándula que ha sido sistemáticamente ignorada por la medicina en lo que respecta a la salud de los adultos: el timo. Durante mucho tiempo los libros de texto han enseñado que este órgano es vital en la infancia para desarrollar el sistema inmunológico, pero que posteriormente se atrofia y se convierte en grasa cuando vamos creciendo. Pero su papel a la larga no es tan irrelevante como pensábamos.
Un vuelco. El paradigma que nos enseñaban a todos en el colegio ha dado un gran vuelco a través de una publicación en Nature que ha demostrado que la salud del timo en la edad adulta no solo importa, sino que es un factor determinante para predecir cuánto vamos a vivir, el estado de nuestra salud cardiovascular y también cómo se va a responder ante un cáncer.
Cómo se ha visto. La premisa de este interesante estudio radica en una simple observación sobre las personas que no tenían timo porque se les había extirpado y el aumento de mortalidad por todas las causas con respecto a quien tiene un timo sano. A partir de aquí, un equipo de investigación quiso entender el verdadero impacto de un órgano “dormido” a través de diferentes TAC para calcular la salud tímica de diferentes personas.
El sistema analizó las imágenes de numerosas personas, incluyendo los datos del National Lung Screening Trial, que contaba con más de 25.000 pacientes. Al cruzar el estado del timo con el historial médico y la longevidad de cada individuo, los resultados fueron tan abrumadores que los propios investigadores confesaron que era la primera vez que veían unos resultados tan espectaculares, puesto que nadie se esperaba que un órgano tan pequeño tuviera tanto impacto clínico.
Reduce mortalidad. Este estudio ha analizado de manera intensa la función de esta glándula en grupos de adultos amplios para descubrir que mantener una buena salud tímica se asocia directamente con una menor mortalidad global. Pero sorprendentemente, el estudio vincula tener un timo sano con una menor incidencia en la mortalidad cardiovascular
En oncología. Aquí es donde el hallazgo cobra una dimensión clínica revolucionaria, puesto que los datos muestran una correlación clara entre un timo sano y una menor incidencia de cáncer de pulmón. Pero se puede ir más allá al apuntar que los pacientes que se someten a una inmunoterapia y tienen un timo sano responden mucho al tratamiento, e incluso tienen un menor riesgo de volver a padecer un cáncer.
La medicina preventiva. Con esta evidencia, la “salud tímica” se posiciona para convertirse en un parámetro muy importante en el campo de la medicina personalizada para poder tener una idea de cómo un paciente puede aceptar un tratamiento. Pero además, monitorizar su degradación podría permitir a la medicina adelantarse a las enfermedades autoinmunes en aquellas personas que ya tienen un mayor riesgo.
Imágenes | kjpargeter en Magnific
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