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es la entrada secreta al lugar más seguro de EEUU
En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, el presidente Franklin D. Roosevelt mandó construir bajo la Casa Blanca un refugio secreto con muros de hormigón y puertas de acero, un espacio pensado para desaparecer de la superficie en cuestión de segundos si Washington era atacada. Durante décadas, aquel lugar apenas apareció en documentos oficiales y su existencia se movió entre rumores y relatos fragmentarios. Pero la idea que dejó aquel proyecto sigue siendo inquietante: en ciertos edificios, lo más importante nunca está a la vista.
Un edificio que esconde mucho más. La Casa Blanca siempre ha sido un ejemplo de arquitectura donde la apariencia engaña, con un diseño que oculta bajo su superficie una compleja red de espacios técnicos y de seguridad desarrollados durante décadas.
Esa lógica se mantiene en la mayor reforma planteada hasta ahora, que no solo transforma su silueta visible, sino que aprovecha la oportunidad constructiva para intervenir en lo que nunca se ve. Como ha ocurrido en otras grandes remodelaciones del complejo, el verdadero alcance del proyecto se mide más bajo tierra que en lo que sobresale sobre el césped.
De salón de baile a infraestructura estratégica. El nuevo salón proyectado, de unos 90.000 metros cuadrados y capacidad para mil personas, se presenta oficialmente como una solución a la falta de espacio para grandes eventos dentro del recinto presidencial.
Sin embargo, desde el inicio ha estado ligado a un argumento de seguridad, especialmente tras los incidentes recientes que han puesto en evidencia las limitaciones de sedes externas como por ejemplo hoteles. La idea no es solo concentrar actos en un entorno controlado, sino integrarlos dentro de un espacio diseñado desde cero con criterios de protección avanzada.

El presidente Trump le mostró una maqueta del nuevo ala este proyectada al primer ministro australiano Anthony Albanese el 20 de octubre de 2025
La arquitectura como excusa. El elemento clave del proyecto apunta a que no está en la sala en sí, sino en lo que permite construir debajo de ella. Diversas declaraciones oficiales han descrito el salón como una estructura que “cubre” un complejo mucho mayor, diseñado con materiales resistentes a explosiones, sistemas antidrón y comunicaciones seguras.
Este enfoque responde a una lógica conocida en la propia Casa Blanca a lo largo de la historia: aprovechar cualquier obra en superficie para ampliar o modernizar infraestructuras subterráneas sin alterar en exceso el conjunto histórico visible.

Maqueta del ala este/salón de baile propuesta de la Casa Blanca (fotografía publicada por la Casa Blanca el 22 de octubre de 2025)
El heredero del búnker más seguro de EEUU. Recordaba hace unos días Time que bajo el ala este demolida se encontraba el Presidential Emergency Operations Center, el histórico búnker construido durante la Segunda Guerra Mundial y ampliado en sucesivas reformas.
Este espacio, concebido como refugio y centro de mando en caso de crisis, ha evolucionado con cada generación para adaptarse a nuevas amenazas, desde la guerra nuclear hasta el terrorismo. La reforma actual apunta a sustituirlo por una versión más avanzada, manteniendo su función como el punto más seguro del país en situaciones extremas.

El vicepresidente Dick Cheney con altos funcionarios en el Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia el 11 de septiembre de 2001
Un complejo más allá de un simple refugio. Los planes conocidos describen una instalación que combina múltiples funciones en un mismo núcleo subterráneo. Se incluyen refugios reforzados, instalaciones médicas, sistemas de bioseguridad y centros de comunicaciones de alta seguridad capaces de sostener el funcionamiento del gobierno en condiciones críticas.
Desde esa perspectiva, más que un búnker tradicional, se trata de un entorno preparado para operar durante crisis prolongadas, integrando capacidades militares y civiles en un mismo espacio protegido.


Entre legalidad, patrimonio y seguridad. Es uno de los grandes debates de la nación en estos momentos, porque el proyecto ha generado un conflicto jurídico y político significativo al plantear hasta qué punto un presidente puede transformar la Casa Blanca sin aprobación del Congreso.
Mientras grupos de preservación denuncian la demolición del ala este y el impacto sobre el patrimonio histórico, la administración defiende que la obra es imprescindible para la seguridad nacional. Los tribunales han optado por una solución intermedia, bloqueando parcialmente la construcción visible mientras permiten avanzar en los elementos considerados críticos para la protección.
El momento perfecto. Qué duda cabe, el reciente incidente de seguridad en un evento oficial ha servido como argumento para reforzar la urgencia del proyecto por parte de la administración, al evidenciar las vulnerabilidades de los espacios externos.
Desde esta perspectiva, el nuevo salón no solo responde a una necesidad logística, sino a un cambio en la forma de gestionar la seguridad presidencial. La combinación de evento y protección en un mismo lugar se presenta como una solución que evita depender de entornos menos controlados.
La entrada discreta al lugar más seguro. En conjunto, la polémica reforma apunta a redefinir la Casa Blanca como una estructura dual donde lo visible cumple una función representativa y lo oculto concentra el verdadero núcleo de poder y seguridad.
El nuevo salón de baile actúa así como la pieza arquitectónica que, llegado el caso, permite dar acceso, cobertura y sentido a una infraestructura subterránea mucho más ambiciosa. Quizás por ello, más que una ampliación estética o funcional, el proyecto se entiende como una puerta discreta hacia el espacio mejor protegido de Estados Unidos, un búnker anti todo donde se garantiza la continuidad del gobierno en cualquier escenario imaginable.
Imagen | White House, National Archives
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Creíamos que “planetas de algodón de azúcar” era una metáfora. La NASA acaba de encontrar dos que lo llevan al límite
En un sistema planetario muy lejano, a unos 1.113 años luz de la Tierra, la intuición nos pide una cosa bastante razonable: si un planeta tiene casi el tamaño de Júpiter, debería parecerse a Júpiter también en su masa. La misión TESS de NASA acaba de enseñar que el universo no siempre juega con esas reglas. A partir de sus datos, los científicos han identificado dos mundos gigantes alrededor de la estrella TOI-791 que parecen hechos para romper esa expectativa: ocupan mucho espacio, pero concentran muy poca materia.
El hallazgo tiene nombres propios: TOI-791 b y TOI-791 c. Son dos planetas “super-puff”, un término usado para describir mundos gigantes con densidades extremadamente bajas, comparables en este caso a la del algodón de azúcar. Los científicos calculan que son los planetas más “hinchados” encontrados hasta ahora, una etiqueta llamativa pero sostenida por una comparación muy concreta: su tamaño se acerca al de Júpiter, mientras su masa representa solo una pequeña fracción de la del mayor planeta del Sistema Solar.
La pieza clave de esta historia es TESS, el Transiting Exoplanet Survey Satellite de NASA. No hablamos de un telescopio pensado para obtener imágenes directas de esos mundos, sino de un observatorio espacial preparado para vigilar grandes zonas del cielo en busca de señales indirectas. Según la información técnica, su carga útil se concentra en un solo instrumento: un conjunto de cuatro cámaras ópticas de gran campo. Esas cámaras trabajan junto a sus cubiertas, montura, escudo solar y unidad de gestión de datos para seguir estrellas durante largos periodos.
Dos planetas gigantes que casi no pesan
Lo importante es que TESS no vio esos planetas como vemos una imagen de Júpiter o Saturno. Lo que detectó fueron pequeñas caídas repetidas en el brillo de TOI-791, la estrella similar al Sol que alberga este sistema. Ese patrón aparece cuando, desde nuestra perspectiva, un planeta pasa por delante de su estrella y bloquea una parte mínima de su luz. A partir de esos tránsitos, y de cómo se repiten en el tiempo, los científicos pueden reconstruir la presencia de mundos que están demasiado lejos para mostrarse como una fotografía convencional.
Aquí hay una trampa comprensible: vemos la ilustración de NASA y nuestro cerebro completa la escena como si estuviéramos mirando una foto. Pero no es eso lo que ha pasado. La agencia aclara que no hay imagen directa de TOI-791 b y TOI-791 c, y que su aspecto en las piezas visuales es una interpretación artística. La imagen sirve para acercarnos el hallazgo y compararlo con planetas conocidos, pero no es la observación en sí: la observación está en las señales medidas por TESS cuando esos mundos pasan delante de su estrella.

La nave TESS y su carga útil, preparadas antes del lanzamiento
La rareza aparece con toda claridad cuando entran las cifras. TOI-791 b tiene casi el mismo tamaño que Júpiter, pero contiene solo el 3,0% de su masa. TOI-791 c va incluso un paso más allá: es mayor que Júpiter, aunque apenas alcanza el 5,9% de su masa. Esa combinación es la que convierte a estos mundos en algo tan extraño. No estamos ante planetas pequeños con poca materia, sino ante gigantes que ocupan mucho espacio y, aun así, concentran una cantidad sorprendentemente baja de masa.
También hay una cuestión de paciencia. TOI-791 b tarda 139 días en completar una vuelta alrededor de su estrella, y TOI-791 c necesita 232 días. Para un telescopio que busca planetas por tránsitos, eso significa esperar mucho para ver repetirse la misma señal y confirmar que no estamos ante una casualidad. Ahí fue decisiva la acumulación de datos: desde su órbita alta alrededor de la Tierra, TESS reunió 1.122 días de observaciones de este sistema a lo largo de siete años.

La imagen compara el tamaño de los dos planetas “super-puff” con algunos mundos de nuestro Sistema Solar
Para llegar a sus masas, los científicos aprovecharon un detalle muy útil: estos dos planetas no se mueven como si el otro no existiera. TOI-791 b y TOI-791 c siguen un patrón orbital que hace que se atraigan gravitacionalmente entre sí. Ese tira y afloja cambia ligeramente el momento en que sus tránsitos cruzan la estrella desde nuestra perspectiva. Midiendo esas pequeñas variaciones temporales, el equipo pudo estimar cuánta masa contiene cada planeta y confirmar su condición de planetas “super-puff” de baja densidad.
El desconcierto no viene solo de que sean mundos enormes con muy poca masa, sino de que encajan mal con lo que se esperaba encontrar. Jon Jenkins, de NASA Ames, lo resume así: “Representan un rompecabezas que debemos resolver sobre cómo se forman los planetas gigantes como Júpiter y los super-puffs”. George Dransfield, autor principal del estudio en la Universidad de Oxford, subraya además que sus densidades extremadamente bajas los convierten en objetivos fascinantes para estudiar la evolución de los sistemas planetarios. La metáfora, en realidad, era la puerta de entrada al problema.
Lo que viene ahora es intentar leer esos mundos con más detalle. La NASA señala que los científicos quieren estudiar la composición química de sus atmósferas, cómo su rotación puede afectar a su forma y hasta qué punto la inclinación de la estrella encaja con las órbitas de los planetas. También queda por entender cómo se desplazaron dentro del sistema durante su desarrollo, si sus órbitas fueron moldeadas por interacciones con otros planetas y, en último término, cómo pueden formarse mundos de densidad tan baja. El algodón de azúcar era la imagen; el reto está en explicar la receta.
Imágenes | NASA
En Xataka | Los expertos alertan: las instalaciones de lanzamiento de la NASA son demasiado viejas para viajar a la Luna
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Creíamos que “planetas de algodón de azúcar” era una metáfora. La NASA acaba de encontrar dos que lo llevan al límite
En un sistema planetario muy lejano, a unos 1.113 años luz de la Tierra, la intuición nos pide una cosa bastante razonable: si un planeta tiene casi el tamaño de Júpiter, debería parecerse a Júpiter también en su masa. La misión TESS de NASA acaba de enseñar que el universo no siempre juega con esas reglas. A partir de sus datos, los científicos han identificado dos mundos gigantes alrededor de la estrella TOI-791 que parecen hechos para romper esa expectativa: ocupan mucho espacio, pero concentran muy poca materia.
El hallazgo tiene nombres propios: TOI-791 b y TOI-791 c. Son dos planetas “super-puff”, un término usado para describir mundos gigantes con densidades extremadamente bajas, comparables en este caso a la del algodón de azúcar. Los científicos calculan que son los planetas más “hinchados” encontrados hasta ahora, una etiqueta llamativa pero sostenida por una comparación muy concreta: su tamaño se acerca al de Júpiter, mientras su masa representa solo una pequeña fracción de la del mayor planeta del Sistema Solar.
La pieza clave de esta historia es TESS, el Transiting Exoplanet Survey Satellite de NASA. No hablamos de un telescopio pensado para obtener imágenes directas de esos mundos, sino de un observatorio espacial preparado para vigilar grandes zonas del cielo en busca de señales indirectas. Según la información técnica, su carga útil se concentra en un solo instrumento: un conjunto de cuatro cámaras ópticas de gran campo. Esas cámaras trabajan junto a sus cubiertas, montura, escudo solar y unidad de gestión de datos para seguir estrellas durante largos periodos.
Dos planetas gigantes que casi no pesan
Lo importante es que TESS no vio esos planetas como vemos una imagen de Júpiter o Saturno. Lo que detectó fueron pequeñas caídas repetidas en el brillo de TOI-791, la estrella similar al Sol que alberga este sistema. Ese patrón aparece cuando, desde nuestra perspectiva, un planeta pasa por delante de su estrella y bloquea una parte mínima de su luz. A partir de esos tránsitos, y de cómo se repiten en el tiempo, los científicos pueden reconstruir la presencia de mundos que están demasiado lejos para mostrarse como una fotografía convencional.
Aquí hay una trampa comprensible: vemos la ilustración de NASA y nuestro cerebro completa la escena como si estuviéramos mirando una foto. Pero no es eso lo que ha pasado. La agencia aclara que no hay imagen directa de TOI-791 b y TOI-791 c, y que su aspecto en las piezas visuales es una interpretación artística. La imagen sirve para acercarnos el hallazgo y compararlo con planetas conocidos, pero no es la observación en sí: la observación está en las señales medidas por TESS cuando esos mundos pasan delante de su estrella.

La nave TESS y su carga útil, preparadas antes del lanzamiento
La rareza aparece con toda claridad cuando entran las cifras. TOI-791 b tiene casi el mismo tamaño que Júpiter, pero contiene solo el 3,0% de su masa. TOI-791 c va incluso un paso más allá: es mayor que Júpiter, aunque apenas alcanza el 5,9% de su masa. Esa combinación es la que convierte a estos mundos en algo tan extraño. No estamos ante planetas pequeños con poca materia, sino ante gigantes que ocupan mucho espacio y, aun así, concentran una cantidad sorprendentemente baja de masa.
También hay una cuestión de paciencia. TOI-791 b tarda 139 días en completar una vuelta alrededor de su estrella, y TOI-791 c necesita 232 días. Para un telescopio que busca planetas por tránsitos, eso significa esperar mucho para ver repetirse la misma señal y confirmar que no estamos ante una casualidad. Ahí fue decisiva la acumulación de datos: desde su órbita alta alrededor de la Tierra, TESS reunió 1.122 días de observaciones de este sistema a lo largo de siete años.

La imagen compara el tamaño de los dos planetas “super-puff” con algunos mundos de nuestro Sistema Solar
Para llegar a sus masas, los científicos aprovecharon un detalle muy útil: estos dos planetas no se mueven como si el otro no existiera. TOI-791 b y TOI-791 c siguen un patrón orbital que hace que se atraigan gravitacionalmente entre sí. Ese tira y afloja cambia ligeramente el momento en que sus tránsitos cruzan la estrella desde nuestra perspectiva. Midiendo esas pequeñas variaciones temporales, el equipo pudo estimar cuánta masa contiene cada planeta y confirmar su condición de planetas “super-puff” de baja densidad.
El desconcierto no viene solo de que sean mundos enormes con muy poca masa, sino de que encajan mal con lo que se esperaba encontrar. Jon Jenkins, de NASA Ames, lo resume así: “Representan un rompecabezas que debemos resolver sobre cómo se forman los planetas gigantes como Júpiter y los super-puffs”. George Dransfield, autor principal del estudio en la Universidad de Oxford, subraya además que sus densidades extremadamente bajas los convierten en objetivos fascinantes para estudiar la evolución de los sistemas planetarios. La metáfora, en realidad, era la puerta de entrada al problema.
Lo que viene ahora es intentar leer esos mundos con más detalle. La NASA señala que los científicos quieren estudiar la composición química de sus atmósferas, cómo su rotación puede afectar a su forma y hasta qué punto la inclinación de la estrella encaja con las órbitas de los planetas. También queda por entender cómo se desplazaron dentro del sistema durante su desarrollo, si sus órbitas fueron moldeadas por interacciones con otros planetas y, en último término, cómo pueden formarse mundos de densidad tan baja. El algodón de azúcar era la imagen; el reto está en explicar la receta.
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Concierto de Alejandro Fernández en la Minerva reúne a 270 mil personas previo al último partido del Mundial en Guadalajara
El cantante de regional mexicano Alejandro Fernández reunió a 270 mil personas durante su presentación en la Glorieta de la Minerva, en Guadalajara, previo al partido de España contra Uruguay, el cual será el último juego del Mundial que se dispute en Jalisco.
La “Serenata más grande del mundo” formó parte de los festejos celebrados en el marco de la celebración por la justa deportiva que tuvo lugar en el país —en CDMX, Monterrey y Jalisco—evento que atrajo a miles de turistas extranjeros.
A través de un video publicado en la cuenta de Instagram del intérprete de “Canta Corazón” compartió la vista de las 270 mil personas obtenida por uno de los drones que sobrevolaron en el evento.
Además del escenario principal, las inmediaciones de la Minerva estuvieron proyectando mediante pantallas el concierto por lo que todos los asistentes que se dieron cita la noche del jueves pudieron presenciar del espéctaculo.
“270 mil almas se reunieron esta noche para cantar conmigo en la ‘Serenata más grande del mundo’ desde la glorieta de la Minerva. Gracias Guadalajara, Gracias Jalisco. ¡Qué viva México, campeones!” expresó Fernández.
El cantante del regional mexicano de 55 años de edad interpretó sus éxitos como “Volver, volver”, “Estuve” y presentó duetos como “Cobijas, ajenas” con Alfredo Olivas y “Nube Viajera” con Julión Álvarez.

Por su parte, el gobernador del estado Pablo Lemus Navarro recordó que Alejandro Fernández tardó 17 años en presentarse ante sus fanáticos en “el corazón del Mundial” asimismo afirmó que su presentación rompió el récord con invitados especiales como: Camila Fernández, Julión Álvarez, Alfredo Olivas y Alex Fernández.
“Una noche histórica que se queda grabada en el corazón de Jalisco”, añadió Navarro.
La Glorieta de la Minerva fue el escenario para la banda de rock Maná previo al partido de México contra Corea del Sur la semana pasada. Los interprétes de “Oye mi amor” reunieron a 160 mil personas.
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