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en qué comunidades se puede y cómo hacerlo en la declaración de 2026

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Vamos a explicarte cómo y dónde puedes deducir los gastos en gafas graduadas y lentillas en tu Renta 2025, que es la que hacemos en 2026 para rendir cuentas con el pasado año fiscal. Ya puedes solicitar y presentar tu borrador online y desde el móvil, pero antes es recomendable prestarle atención a esto.

Ya te hemos explicado las casillas más importantes en las que debes fijarte en tu declaración, pero también es importante conocer las deducciones autonómicas. Ya te hemos enseñado a deducirte el seguro del hogar, gastos de veterinario y la cuota del gimnasio, pero ahora vamos a decirte cómo desgravar tus gafas y lentillas y en qué comunidades autónomas vas a poder hacerlo.

Y esto último es importante, porque no todos podemos deducirnos estos gastos en nuestra Renta, depende de la comunidad autónoma en la que vivamos. Pero más allá de eso, antes de empezar también a listar todas vamos a decirte otros requisitos generales que necesitas conocer.

Requisitos además de la comunidad donde vives

Para poder deducirte correctamente los gastos en gafas y lentillas sin que acabe llegándote un requerimiento de Hacienda por haberlo hecho mal, debes cumplir con los siguientes requisitos:

  • Productos que sí entran: Puedes deducir los gastos en gafas graduadas, lentes de contacto y soluciones de mantenimiento o limpieza para lentillas. Algunas comunidades también incluyen las monturas, pero otras solo los cristales graduados.
  • Productos que no entran: No vas a poder deducir los gastos en gafas de sol sin graduar, ni la parte estética de las gafas. Tampoco entran los productos cubiertos por ayudas públicas o por seguros médicos, en la parte que ya esté subvencionada.
  • Gastos del 1 de enero al 31 de diciembre de 2025: Si a la declaración que hacemos en 2026 se la llama “Renta 2025” es porque corresponde al pasado año fiscal. Por lo tanto, solo cuentan los gastos que hayas hecho durante todo el 2025, ni los anteriores ni los posteriores.
  • Pagos trazables: No es recomendable hacer los pagos en metálico. Es mejor hacer pagos trazables por Hacienda para que lo pueda verificar correctamente. Por lo tanto, pagos que hayas hecho usando tarjetas de débito o crédito, transferencias bancarias, Bizum o recibos domiciliados. En los casos de cuentas con varios titulares, dinero ganancial o pagos compartidos, cada comunidad tiene reglas específicas para repartir la deducción entre cónyuges.
  • Facturas con datos completos: Un ticket de la óptica no es suficiente. Necesitas una factura completa con todos tus datos, como el DNI, nombre completo, y los datos fiscales de la óptica. Esta factura debe desglosar claramente el concepto (gafas graduadas, lentillas o soluciones de mantenimiento), y debes conservarla durante todo el plazo de la campaña por si Hacienda te la pide para comprobar que son gastos reales.

Deducciones de cada comunidad autónoma

Comunidad

Deducción

Límite anual

Requisitos clave

Canarias

12%

500 € (individual) 

700 € (conjunta)

Base imponible inferior a 46.455 € (individual) o 61.770 € (conjunta). Si la supera, el límite baja a 150 €. Incluye monturas.

Comunitat Valenciana

30%

100 €

Base liquidable inferior a 60.000 € (individual) o 78.000 € (conjunta), con reducción proporcional entre 54.000-60.000 €. Solo cristales graduados y lentes graduadas con montura no premontadas. Requiere informe facultativo.

Región de Murcia

30%

100 €

Solo para menores de 12 años por los que el contribuyente aplique el mínimo por descendientes.

Empezamos con este cuadro donde te resumimos las comunidades autónomas donde vas a poder deducirte los gastos de gafas, lentillas y productos de mantenimiento de lentillas, así como la deducción y el límite anual que puedes deducirte. Así, lo vas a tener todo claro de un vistazo.

Deducción de gafas y lentillas en Canarias

En Canarias hay una deducción del 12% de los gastos por comprar gafas graduadas y lentillas, así como complementos. Esto es así cuando estas solo puedan destinarse a suplir deficiencias físicas, no por estética. La deducción se enmarca dentro del apartado de deducciones de “Gasto por enfermedad” de Canarias. Esta deducción tiene un límite anual de 500 euros en tributación individual y 700 euros en tributación conjunta, los más altos de todas las comunidades.

Para poder aplicarla, la suma de tu base imponible general y del ahorro no puede superar los 46.455 euros en tributación individual ni los 61.770 euros en tributación conjunta. Si superas esos límites todavía puedes deducirte las gafas, pero entonces el tope será de 150 euros por contribuyente. Además, los límites se incrementan en 100 euros en tributación individual si eres mayor de 65 años o tienes una discapacidad igual o superior al 65%.

Es la única de las tres comunidades que permite incluir también las monturas, ya que la norma habla de “aparatos y complementos” sin limitarse a los cristales graduados. La base de la deducción se reduce con cualquier ayuda pública recibida que sea renta exenta, y los pagos no pueden hacerse en metálico.

Deducción de gafas y lentillas en la Comunitat Valenciana

En la Comunitat Valenciana la deducción es del 30% de lo que te has gastado en gafas graduadas, lentes graduadas con montura no premontadas, lentes de contacto y soluciones para su mantenimiento. La deducción forma parte de la de “Por cantidades satisfechas en determinados gastos de salud” de la Comunitat Valenciana. Esta deducción tiene un límite máximo de 100 euros anuales por contribuyente. Vamos, que es la cantidad máxima a deducir.

Para poder aplicarla, la suma de tu base liquidable general y del ahorro (casillas 0500 y 0510) no puede superar los 60.000 euros en tributación individual ni los 78.000 euros en tributación conjunta. Ojo porque aquí se habla de la base liquidable, no de base imponible como en Canarias.

Valencia también se desmarca en dos aspectos importantes. Por un lado, deja fuera las monturas premontadas, así que solo puedes deducirte los cristales graduados de las gafas y las lentes graduadas con montura no premontada. Y por otro, la comunidad exige un informe emitido por un facultativo competente que acredite la necesidad del gasto. Vamos, que no necesitas solo la factura, sino acreditar que realmente necesitas esas gafas.

Deducción de gafas y lentillas en la Región de Murcia

En Murcia la deducción es del 30% de lo que has gastado en la compra de cristales graduados, lentes de contacto y soluciones de limpieza, tal y como puedes leer en la web de Hacienda. Esta deducción tiene un límite máximo de 100 euros por declaración.

Algo muy importante es que la deducción es solo para menores de 12 años, por los que el contribuyente aplique el mínimo por descendientes. Vamos, que no puedes deducirte tus gafas, sino solo las que tuviste que comprarle en 2025 a tus hijos o hijas menores de 12 años. Y si cumplió 12 en 2025, solo puedes deducir las compras hechas antes de cumplirlos. 

No se establecen requisitos de renta, por lo que no importan tus ingresos. Además, este tope se aplica por declaración y no por contribuyente como en las demás comunidades. Esto significa que si haces una declaración conjunta con tu pareja, el tope sigue siendo 100 euros y no 200. En matrimonios en régimen de gananciales los importes se entienden atribuidos a los cónyuges por partes iguales, y si estáis en otro régimen o sois pareja de hecho, cada uno se deduce lo que haya pagado.

Cómo aplicar la deducción en tu declaración

Esta deducción se aplica en el tramo autonómico del IRPF, dentro del apartado de deducciones autonómicas de tu comunidad. En Renta Web, cuando llegues al apartado de deducciones autonómicas, tendrás que buscar la deducción por gastos veterinarios correspondiente a tu comunidad autónoma y rellenar la cantidad que has pagado durante 2025.

Como te hemos dicho antes, debes tener la documentación que acredite el pago de estos gastos. Vamos, que debes tener las facturas oficiales del veterinario con tus datos personales y los fiscales del centro. Esto es así por si Hacienda decide hacer una comprobación y te los pide para verificar que lo que has puesto es verdad.

En Xataka Basics | Guía de Renta 2025: calendario, pasos previos y cómo prepararte para la declaración de 2026

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así afecta al sueño irse a la cama con el estómago lleno

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Cerrar el ordenador tarde, llegar a casa arrastrando los pies y sentarse a cenar a las diez de la noche. Para nosotros es una estampa costumbrista; para el resto de Europa, una excentricidad incomprensible. Sin embargo, el choque no es solo cultural sino también biológico. Aunque nuestra “normalidad” social nos dicte que la cena se sirve cuando ya es noche cerrada, nuestro cuerpo cuenta una historia muy distinta. Evolutivamente, nuestro organismo no está diseñado para digerir grandes cantidades de comida cuando el sol se ha puesto. 

No se trata únicamente de contar las calorías que ponemos en el plato; el problema real, el que actúa como una auténtica bomba de relojería para nuestra salud, es lo que marca el reloj cuando nos llevamos el tenedor a la boca. Cenar tarde está alterando nuestro metabolismo, saboteando nuestra calidad de sueño y, silenciosamente, elevando nuestro riesgo cardiovascular.

Tu páncreas no sabe que en España se cena tarde. Para entender este fenómeno, debemos mirar hacia la crononutrición, un campo de estudio emergente que investiga la estrecha relación entre la ingesta de alimentos y los ritmos circadianos. Nuestro cuerpo funciona como una orquesta perfectamente sincronizada por la luz y la oscuridad. 

Al cenar a deshoras estamos desincronizando los “relojes periféricos” de células vitales situadas en el páncreas o el hígado. El horario de las comidas actúa como una señal crítica para estos relojes biológicos periféricos, los cuales pueden modular la calidad de nuestro sueño al regular el ritmo de nuestro reloj central. La consecuencia inmediata es un empeoramiento drástico de la tolerancia a la glucosa y de la secreción de insulina.

Cuando realmente deberíamos estar durmiendo. Aquí el cuerpo entra en conflicto. Por un lado, se produce una gran liberación de cortisol (la conocida hormona del estrés) y, por otro, se retrasa la liberación de melatonina, que es la llave maestra para conciliar el sueño. De hecho, los datos a gran escala respaldan esto: análisis exhaustivos de los patrones de crononutrición revelan que los horarios de comida más tardíos —incluyendo la primera comida, la comida intermedia y la última del día—, así como un mayor número de ingestas, están directamente asociados con puntuaciones más altas en el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI), lo que se traduce en un peor descanso.

A esto se suma un problema puramente mecánico: una brecha de tiempo reducida entre la última comida y la hora de acostarse puede provocar un período de latencia del sueño prolongado, es decir, damos más vueltas en la cama antes de lograr dormirnos. Y hacer la digestión tumbados es la receta perfecta para la aparición del reflujo gástrico, un malestar capaz de arruinar la noche de cualquiera.

Comes lo mismo que tu vecino madrugador y engordas más. Según el estudio publicado en The Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, los adultos que cenan a las 22:00 horas queman un 10% menos de grasa y sufren un pico de azúcar en sangre un 20% mayor que aquellos que cenan a las 18:00, incluso si ambos grupos comen exactamente lo mismo y se acuestan a la misma hora. Alexis Supan, dietista de la Clínica Cleveland, lo resumía a la perfección: “Cuando comes tarde por la noche estás yendo en contra del ritmo circadiano de tu cuerpo”. El límite natural debería marcarlo el inicio de la secreción de melatonina.

La investigadora Marta Garaulet, referencia mundial en crononutrición, ya demostró que las personas que comen más tarde al mediodía pierden menos peso que quienes comen temprano, incluso cuando consumen las mismas calorías, gastan la misma energía y duermen lo mismo. La hora, por sí sola, marca la diferencia.

Las consecuencias de ignorar este límite van mucho más allá de la báscula. Un estudio liderado por el instituto ISGlobal, basado en la cohorte NutriNet-Santé con más de 100.000 participantes, concluyó que cenar después de las 21:00 horas se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, impactando de forma especial en el riesgo de enfermedad cerebrovascular en mujeres. A nivel emocional, un metaanálisis reciente de 2025 detalla que comer tarde empeora los ritmos de neurotransmisores clave como la serotonina y la dopamina, incrementando el riesgo de depresión.

Encima le propinamos dos golpes al mismo reloj. Pero hay un factor moderno que empeora este escenario: las pantallas. No solo cenamos tarde, sino que lo hacemos bajo el haz de nuestros teléfonos móviles. La luz de cualquier tipo suprime la melatonina, pero como advierte Harvard, la luz azul nocturna lo hace de forma mucho más potente, bloqueándola el doble de tiempo que otras luces y desfasando nuestros ritmos circadianos hasta tres horas. Estudios clínicos recientes han demostrado que la exposición a la luz LED azul suprime de manera significativa la secreción de melatonina tras dos horas de exposición y mantiene esa supresión a lo largo del tiempo. Cenamos tarde y luego miramos el móvil en la cama: una combinación que nuestro reloj biológico sencillamente no puede encajar.

Nuestros hijos van camino del mismo error. El problema se agrava cuando miramos a las nuevas generaciones. La revista The Lancet ha advertido que España podría situarse como el cuarto país del mundo con mayor obesidad infantil en 2050. El proyecto VALORNUT de la Universidad Complutense ha arrojado luz sobre esto: las cenas tardías y las “ventanas alimentarias” muy prolongadas en niños se traducen en dietas más improvisadas, de menor valor nutricional y peores perfiles de colesterol. Además, el 60% de estos niños duerme menos horas. La recomendación de los expertos es clara: concentrar todas las comidas en un período inferior a 12 horas.

La solución pasa por ajustar el reloj. Entonces, ¿cuándo deberíamos cenar? La regla de oro consensuada por los expertos es dejar pasar entre tres y cuatro horas entre la última comida y el momento de ir a dormir. Si tomamos la media española de acostarse sobre las 00:30, deberíamos estar terminando de cenar, como muy tarde, a las 21:00. 

Aquí conviene matizar el contexto. Llevamos décadas amortiguando en parte este golpe metabólico gracias a un pilar cultural: la dieta mediterránea española tiende a hacer de la cena una ingesta mucho más ligera que la comida del mediodía, dejando el peso energético del día en horas más tempranas. No es lo mismo una cena tardía, copiosa y ultraprocesada seguida de un viaje directo a la cama, que una cena ligera con algo de actividad física previa al sueño. Ese matiz importa.

Lo que no admite matices es la dirección que señala la ciencia. Si el apetito aprieta a última hora, un picoteo ligero a base de frutas o verduras es perfectamente válido, siempre alejado del alcohol y la cafeína. Pero si queremos frenar la obesidad, cuidar nuestro corazón y volver a dormir profundamente, debemos aceptar una nueva realidad nutricional: el cuándo comemos se ha vuelto exactamente igual de importante que el qué comemos. Es hora de volver a sincronizar nuestros platos con el sol.

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Xataka | En España nos encanta cenar a las diez de la noche. A nuestro reloj biológico y a nuestro corazón, no tanto

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una donde francotiradores y drones están eliminando miles de jabalíes

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En noviembre de 2025, la Generalitat llegó a desplegar a la UME, drones y controles policiales alrededor de Collserola después de encontrar decenas de jabalíes muertos cerca de Barcelona. Lo que empezó con dos animales infectados acabó convirtiendo los bosques de la ciudad en una enorme zona de rastreo sanitario.

Una ciudad en “guerra”. Durante años, los jabalíes fueron una molestia creciente en Barcelona y su área metropolitana: animales que rebuscaban en la basura, cruzaban carreteras o aparecían en urbanizaciones junto a Collserola. En 2026 la situación cambió completamente de escala. La detección de la peste porcina africana convirtió una parte de Cataluña en un enorme perímetro sanitario donde la Generalitat empezó a desplegar una respuesta propia de una operación de emergencia. 

La zona cero alrededor de Cerdanyola quedó rodeada de vallas, cierres de pasos de fauna, trampas colectivas y restricciones de acceso. Más de 1.900 efectivos trabajan sobre el terreno mientras drones, unidades caninas y empresas especializadas “peinan” bosques y zonas periurbanas buscando cadáveres, animales enfermos y grupos de jabalíes. Contaba hace unos días El País que el lenguaje político dejó de parecer ambiental para acercarse al de una campaña militar: “vaciar” zonas enteras, “erradicar” focos y contener la expansión del virus antes de que alcanzara la industria porcina catalana.

La caza masiva de miles de animales. La magnitud del operativo explica hasta qué punto la Generalitat considera la situación una amenaza estratégica. El objetivo inicial era eliminar entre 8.000 y 10.000 jabalíes en el radio de 20 kilómetros alrededor del foco detectado en noviembre de 2025. Posteriormente la cifra se ajustó a unos 6.000 animales solo dentro del perímetro crítico, mientras el plan general aspira a reducir a la mitad toda la población de jabalíes de Cataluña, estimada entre 120.000 y 180.000 ejemplares. 

Desde enero ya se han sacrificado más de 26.000 animales en toda la comunidad. En algunos puntos de la llamada “zona cero” apenas quedarían una veintena de jabalíes tras meses de capturas continuas. El despliegue incluye cientos de trampas, redes Pig Brig, visores térmicos, cierres de pasos de fauna y controles constantes para impedir que los animales crucen corredores naturales alrededor de Barcelona.

Francotiradores, cazadores y empresas de control de fauna. Uno de los elementos más llamativos de toda la crisis es cómo los cazadores han pasado de ser una figura socialmente cuestionada a convertirse en pieza esencial del operativo. Algunos actúan prácticamente como tiradores especializados en zonas boscosas y periurbanas donde los drones funcionan mal y los animales se mueven cerca de áreas habitadas. 

Muchos describen jornadas nocturnas con visores térmicos, trampas de alta capacidad y rifles preparados para disparar a cualquier ejemplar que aparezca delante del visor. La Generalitat incluso ha comenzado a financiar combustible, asistencia veterinaria para perros de captura y material especializado. Paralelamente, el Govern ha contratado empresas acostumbradas a operar en entornos urbanos y periurbanos, especialmente en Collserola y otros espacios donde los jabalíes se han acostumbrado a convivir con la ciudad. El resultado recuerda cada vez más a una campaña permanente de control de fauna desplegada alrededor de una gran capital europea.

Una amenaza económica gigantesca. Detrás de esta ofensiva hay un miedo mucho mayor que la propia sobrepoblación de jabalíes. Cataluña concentra una parte esencial de la industria porcina española y la expansión de la peste porcina africana podría provocar un golpe multimillonario sobre exportaciones, granjas y mercados internacionales. Japón y Filipinas ya han aplicado restricciones y el Govern teme perder credibilidad sanitaria si el virus escapa del perímetro controlado. 

Por eso el discurso institucional insiste tanto en la “bioseguridad” y en la necesidad de actuar con rapidez extrema. La administración catalana defiende que no se trata de una decisión ideológica ni política, sino de una respuesta obligatoria para evitar un colapso económico. La presión es tan alta que incluso se ha abierto un debate sobre acelerar la comercialización de carne de caza para absorber las decenas de miles de capturas y mantener económicamente viable el sistema.

La batalla dentro de Collserola. El gran problema para las autoridades es que la guerra contra los jabalíes se desarrolla en uno de los entornos más complejos posibles: una enorme área metropolitana de cuatro millones de habitantes. Collserola funciona como refugio natural y corredor de movimiento para animales acostumbrados desde hace años a vivir junto a urbanizaciones, carreteras y barrios periféricos. 

Algunas zonas son tan boscosas que ni siquiera los drones permiten calcular con precisión cuántos ejemplares quedan. Los técnicos reconocen que el control total es extremadamente difícil y por eso las restricciones de movilidad y acceso al medio natural siguen vigentes meses después del inicio de la crisis. Mientras tanto, continúan apareciendo nuevos positivos semana tras semana, alimentando la sensación de que la Generalitat libra una carrera contrarreloj para evitar que el brote se extienda definitivamente más allá de Barcelona.

La relación ciudad-naturaleza. La crisis también ha dejado una imagen incómoda sobre cómo ha cambiado la relación entre las grandes ciudades y la fauna salvaje. Durante años, Barcelona convivió con una población creciente de jabalíes que aprendió a aprovechar basura, parques y zonas urbanizadas. Los animales perdieron el miedo a las personas mientras las administraciones intentaban gestionar el problema sin recurrir a campañas masivas de sacrificio.

La peste porcina africana rompió ese equilibrio de golpe. Ahora la ciudad vive rodeada de controles, restricciones y operaciones de captura donde participan policías, cazadores, veterinarios y especialistas en fauna. La escena de equipos rastreando bosques con perros, redes y rifles a pocos kilómetros de zonas densamente pobladas ha terminado proyectando una sensación extraña: la de una gran capital europea convertida en el epicentro de una guerra sanitaria contra miles de animales salvajes.

Imagen | Pexels

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El plomo tiene los días contados en la caza. El problema es que nadie sabe muy bien cómo sustituirlo

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La práctica de la caza es un ‘hobbie’ que ha estado bastante en discusión entre diferentes sectores de la sociedad en los últimos años, pero más allá de sus aspectos éticos, la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas ha decidido intervenir al plantear la prohibición del plomo en la munición de cacería. Y esto ha planteado un gran debate entre el sector cinegético y los ecologistas e investigadores que exigen medidas inmediatas, aunque de momento está en pausa

El cerco de Europa. Este cerco al plomo no es nuevo, sino que ya desde 2023 la Unión Europea prohíbe su uso en los humedales para la caza de aves acuáticas, una medida histórica para evitar la intoxicación por plomo en patos y otras especies que se comían los perdigones en el fondo de las lagunas. 

Pero ahora quieren ir un paso más allá, puesto que la ECHA ha recomendado a la Comisión Europea un veto total al prohibir la comercialización y uso de cartuchos y aparejos de pesca que contengan más de un 1% de plomo. Y para suavizar el golpe, los borradores europeos han planteado plazos de transición que oscilan entre los 18 meses para la caza mayor y hasta 5 años para la menor.

El papel de la ciencia. Para la comunidad científica española, estos plazos de gracia son un lujo que los ecosistemas no se pueden permitir. En concreto, 130 investigadores de diferentes instituciones han firmado un manifiesto instando al Gobierno a apoyar la restricción europea sin ningún tipo de concesión. Es decir, que la prohibición se aplique inmediatamente de la noche a la mañana. 

Los argumentos que ofrecen se centran principalmente en la gran toxicidad que genera el plomo cuando se deja abandonado en el campo, y sobre todo esgrimen que no hay un umbral seguro de exposición. Es decir, la única seguridad que podemos tener es cuando hay cero plomo en el ambiente. 

Su impacto. Por un lado, tenemos la afectación medioambiental, puesto que toneladas de plomo acaban esparcidas en el campo cada año por las prácticas de caza envenenando a la fauna, especialmente las aves carroñeras que consumen presas con perdigones. 

Por otro lado, tenemos un problema de salud pública. En este caso son varios los informes que existen advirtiendo sobre los riesgos alimentarios de consumir carne de caza abatida con este tipo de munición, recomendando a niños y mujeres embarazadas evitar su consumo por los datos neurológicos asociados al plomo. 

Los cazadores. Frente a la urgencia científica, piden pisar el freno ante la aplicación de estas medidas. Entidades como la Real Federación Española de Caza (RFEC) y la Federación Andaluza de Caza (FAC) argumentan que una prohibición brusca sería una sentencia de muerte para el sector y, por extensión, para la economía de muchas zonas rurales.

El problema que se plantea es que las alternativas al plomo no terminan de convencer, ya que, aunque existen opciones como el acero o el bismuto, el sector cinegético denuncia que no están validadas a nivel toxicológico, son mucho más caras y sobre todo, que no hay una producción a gran escala para cubrir la demanda. Además, el uso de perdigones de acero requiere en muchos casos adaptar o cambiar las escopetas más antiguas, ya que pueden dañar los cañones por la dureza del material. Es por todo esto que piden al menos 10 años para adaptarse. 

Una batalla política. Ahora mismo el Gobierno apoya el hecho de alinearse con la línea dura que viene desde Europa, pero los partidos de la oposición, como el Partido Popular, piden que se pelee en Bruselas por conseguir esas décadas de margen y fondos para la investigación balística alternativa y segura. 

Y es que ahora mismo la pelota está literalmente encima del tejado de Bruselas y del comité REACH encargado de regular las sustancias químicas en la UE. Ahora mismo lo único que queda es abrir un espacio de debate que no se presenta para nada fácil. 

Imágenes | freepik

En Xataka | La caza ha estado impresa en el DNI nacional de España desde hace siglos. Ahora tiene un problema: no hay relevo

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