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así afecta al sueño irse a la cama con el estómago lleno
Cerrar el ordenador tarde, llegar a casa arrastrando los pies y sentarse a cenar a las diez de la noche. Para nosotros es una estampa costumbrista; para el resto de Europa, una excentricidad incomprensible. Sin embargo, el choque no es solo cultural sino también biológico. Aunque nuestra “normalidad” social nos dicte que la cena se sirve cuando ya es noche cerrada, nuestro cuerpo cuenta una historia muy distinta. Evolutivamente, nuestro organismo no está diseñado para digerir grandes cantidades de comida cuando el sol se ha puesto.
No se trata únicamente de contar las calorías que ponemos en el plato; el problema real, el que actúa como una auténtica bomba de relojería para nuestra salud, es lo que marca el reloj cuando nos llevamos el tenedor a la boca. Cenar tarde está alterando nuestro metabolismo, saboteando nuestra calidad de sueño y, silenciosamente, elevando nuestro riesgo cardiovascular.
Tu páncreas no sabe que en España se cena tarde. Para entender este fenómeno, debemos mirar hacia la crononutrición, un campo de estudio emergente que investiga la estrecha relación entre la ingesta de alimentos y los ritmos circadianos. Nuestro cuerpo funciona como una orquesta perfectamente sincronizada por la luz y la oscuridad.
Al cenar a deshoras estamos desincronizando los “relojes periféricos” de células vitales situadas en el páncreas o el hígado. El horario de las comidas actúa como una señal crítica para estos relojes biológicos periféricos, los cuales pueden modular la calidad de nuestro sueño al regular el ritmo de nuestro reloj central. La consecuencia inmediata es un empeoramiento drástico de la tolerancia a la glucosa y de la secreción de insulina.
Cuando realmente deberíamos estar durmiendo. Aquí el cuerpo entra en conflicto. Por un lado, se produce una gran liberación de cortisol (la conocida hormona del estrés) y, por otro, se retrasa la liberación de melatonina, que es la llave maestra para conciliar el sueño. De hecho, los datos a gran escala respaldan esto: análisis exhaustivos de los patrones de crononutrición revelan que los horarios de comida más tardíos —incluyendo la primera comida, la comida intermedia y la última del día—, así como un mayor número de ingestas, están directamente asociados con puntuaciones más altas en el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI), lo que se traduce en un peor descanso.
A esto se suma un problema puramente mecánico: una brecha de tiempo reducida entre la última comida y la hora de acostarse puede provocar un período de latencia del sueño prolongado, es decir, damos más vueltas en la cama antes de lograr dormirnos. Y hacer la digestión tumbados es la receta perfecta para la aparición del reflujo gástrico, un malestar capaz de arruinar la noche de cualquiera.
Comes lo mismo que tu vecino madrugador y engordas más. Según el estudio publicado en The Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, los adultos que cenan a las 22:00 horas queman un 10% menos de grasa y sufren un pico de azúcar en sangre un 20% mayor que aquellos que cenan a las 18:00, incluso si ambos grupos comen exactamente lo mismo y se acuestan a la misma hora. Alexis Supan, dietista de la Clínica Cleveland, lo resumía a la perfección: “Cuando comes tarde por la noche estás yendo en contra del ritmo circadiano de tu cuerpo”. El límite natural debería marcarlo el inicio de la secreción de melatonina.
La investigadora Marta Garaulet, referencia mundial en crononutrición, ya demostró que las personas que comen más tarde al mediodía pierden menos peso que quienes comen temprano, incluso cuando consumen las mismas calorías, gastan la misma energía y duermen lo mismo. La hora, por sí sola, marca la diferencia.
Las consecuencias de ignorar este límite van mucho más allá de la báscula. Un estudio liderado por el instituto ISGlobal, basado en la cohorte NutriNet-Santé con más de 100.000 participantes, concluyó que cenar después de las 21:00 horas se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, impactando de forma especial en el riesgo de enfermedad cerebrovascular en mujeres. A nivel emocional, un metaanálisis reciente de 2025 detalla que comer tarde empeora los ritmos de neurotransmisores clave como la serotonina y la dopamina, incrementando el riesgo de depresión.
Encima le propinamos dos golpes al mismo reloj. Pero hay un factor moderno que empeora este escenario: las pantallas. No solo cenamos tarde, sino que lo hacemos bajo el haz de nuestros teléfonos móviles. La luz de cualquier tipo suprime la melatonina, pero como advierte Harvard, la luz azul nocturna lo hace de forma mucho más potente, bloqueándola el doble de tiempo que otras luces y desfasando nuestros ritmos circadianos hasta tres horas. Estudios clínicos recientes han demostrado que la exposición a la luz LED azul suprime de manera significativa la secreción de melatonina tras dos horas de exposición y mantiene esa supresión a lo largo del tiempo. Cenamos tarde y luego miramos el móvil en la cama: una combinación que nuestro reloj biológico sencillamente no puede encajar.
Nuestros hijos van camino del mismo error. El problema se agrava cuando miramos a las nuevas generaciones. La revista The Lancet ha advertido que España podría situarse como el cuarto país del mundo con mayor obesidad infantil en 2050. El proyecto VALORNUT de la Universidad Complutense ha arrojado luz sobre esto: las cenas tardías y las “ventanas alimentarias” muy prolongadas en niños se traducen en dietas más improvisadas, de menor valor nutricional y peores perfiles de colesterol. Además, el 60% de estos niños duerme menos horas. La recomendación de los expertos es clara: concentrar todas las comidas en un período inferior a 12 horas.
La solución pasa por ajustar el reloj. Entonces, ¿cuándo deberíamos cenar? La regla de oro consensuada por los expertos es dejar pasar entre tres y cuatro horas entre la última comida y el momento de ir a dormir. Si tomamos la media española de acostarse sobre las 00:30, deberíamos estar terminando de cenar, como muy tarde, a las 21:00.
Aquí conviene matizar el contexto. Llevamos décadas amortiguando en parte este golpe metabólico gracias a un pilar cultural: la dieta mediterránea española tiende a hacer de la cena una ingesta mucho más ligera que la comida del mediodía, dejando el peso energético del día en horas más tempranas. No es lo mismo una cena tardía, copiosa y ultraprocesada seguida de un viaje directo a la cama, que una cena ligera con algo de actividad física previa al sueño. Ese matiz importa.
Lo que no admite matices es la dirección que señala la ciencia. Si el apetito aprieta a última hora, un picoteo ligero a base de frutas o verduras es perfectamente válido, siempre alejado del alcohol y la cafeína. Pero si queremos frenar la obesidad, cuidar nuestro corazón y volver a dormir profundamente, debemos aceptar una nueva realidad nutricional: el cuándo comemos se ha vuelto exactamente igual de importante que el qué comemos. Es hora de volver a sincronizar nuestros platos con el sol.
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El precio de Steam Machine era previsible. Lo preocupante es lo que nos dice sobre PS6 y Xbox Helix
Tras anunciarla en noviembre del año pasado y mantenerla en un peligroso limbo debido a la crisis de componentes, Valve ha confirmado el precio de la Steam Machine, poniendo fin a semanas de rumores con un resultado que sorprende a pocos. Que la Steam Machine tenía papeletas para costar 1.000 euros no era una sorpresa (y más tras el estratosférico aumento de precio de la Steam Deck), pero lo peor es lo que está avanzando para la próxima generación de consolas.
Unas PS6 y Xbox Helix que sí deberían ser un salto generacional y a las que se les está poniendo cara de las consolas más caras de la historia.
Los 1.000 euros. Cuando Valve anunció el PC, lo hizo sin precio. Invitó a expertos a sus oficinas para que pudieran probar algunos juegos, ver la máquina tanto por fuera como por dentro y experimentar lo que la nueva Steam Machine (porque ya hubo unas que fracasaron hace más de una década) podía ofrecer. Enseguida saltó el debate del precio y, echando cuentas, se estimaba entre los 600 y 800 euros en la estimación más pesimista.
La realidad ha acabado superando ampliamente esa previsión porque los 1.039 euros son para la versión de 512 GB de almacenamiento, la de 2 TB se va a 1.359 euros y luego tienes pack con el mando para las dos configuraciones. A todas luces, es un precio muy elevado y, aunque tiene la ventaja del factor de forma y una disipación que parece muy eficiente, no hay ventajas en rendimiento frente a un PC por piezas.
No es ‘next gen’. Porque, más allá del precio, algo que se está comentando es que el rendimiento tampoco es nada del otro jueves. Gamer Nexus o Digital Foundry ya han podido meter mano al sistema y la conclusión es que el rendimiento (grosso modo) es similar a una RTX 3060 de 12 GB, una RTX 3050, una Arc A770 o una RX 6600. No estamos hablando, para nada, de hardware de última generación. Ni mucho menos.
Es algo que depende del juego y su optimización, pero por ahí van los tiros. Y, si queremos una comparativa más sencilla, poniéndola al lado de una PS5 en modo rendimiento (prioriza la tasa de FPS), haciendo que las especificaciones visuales del juego en Steam Machine coincidan con las de PS5, el rendimiento es muy, muy similar.
A veces por encima de PS5, a veces por debajo. Estamos hablando de PS5 base, la de 2020, no PS5 Pro. Más de 1.000 euros para moverse alrededor del rendimiento de una máquina de hace seis años no es una buena noticia.

Steam Machine vs PS5 en ‘Forza Horizon 5’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine vs PS5 en ‘007 First Light’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine vs PS5 en ‘Black Myth Wukong’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine vs PS5 en ‘Alan Wake 2’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine vs PS5 en ‘Crimson Desert’. Pantallazo del video de Digital Foundry
PS6 y Xbox Helix, para cuándo. Los más de 1.000 euros con la crisis de componentes (que va a durar unos años más) ya no nos lo baja nadie, pero… ¿qué pasa con las consolas de nueva generación? Llevamos seis años de actual generación y es un secreto a voces (en el caso de Xbox ni siquiera es un secreto) que tanto Microsoft como Sony se encuentran trabajando en sus nuevas máquinas.
Si todo hubiese seguido el ritmo que parecía, PS6 y Helix deberían haber visto la luz entre 2027 y 2028. PS5 lleva un buen ritmo de ventas con 90 millones de unidades vendidas y ‘GTA VI‘ se postula como ese título que permitirá que la máquina de Sony tenga un arreón final antes de la próxima generación. El problema es el mismo que ha afrontado Valve: la crisis de componentes.
Hace unas semanas, Asha Sharma, CEO de Xbox, apuntó que a comienzos de 2027 enviarían los kits de desarrollo de Helix a las compañías, lo que indica que veríamos la máquina a finales de año o comienzos de 2028 y algo más importante: la consola iba a ser cara.
Replanteando cosas. Desde entonces, la rueda ha seguido girando y la propia Microsoft ha vuelto a hablar sobre Helix, apuntando que lo que querían lograr a nivel de hardware se les estaba yendo de las manos porque cada día es más caro montar una plataforma. Sharma comentó que las audiencias masivas “no gastarán miles de dólares en una nueva generación de consolas”, por lo que se estaban replanteando las cosas con “modelos de negocio radicalmente diferentes”, signifique eso lo que signifique.
Lo que está claro es que montar una consola que suponga un salto generacional frente a lo que tenemos desde 2020 no está siendo barato para unas compañías que tienen que calcular muy bien la relación precio/prestaciones y, aunque las consolas no son la principal fuente de ingresos para las divisiones de videojuegos de Sony y Microsoft, tampoco pueden ir a pérdidas salvajes.
Lo malo es que la esperanza no es algo que esté en la ecuación en un momento en el que vemos que una máquina como Steam Machine, con sus más de 1.000 euros, iguala con suerte el rendimiento de una PS5 base. Y eso adelanta dos futuros: nuevas consolas que sean más potentes y mucho más caras que las actuales o consolas híbridas que se nutran del juego por streaming, lo que complicaría aún más el ya dañado escenario de la preservación.
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Fallece el productor musical Clive Davis; impulsó a artistas como Whitney Houston y Carlos Santana
La familia del productor musical Clive Davis confirmó esta semana su fallecimiento en Nueva York a los 94 años de edad, por causas que no fueron reveladas.
El poderoso ejecutivo de la industria musical impulsó las carreras de estrellas como Bruce Springsteen, Carlos Santana y Alicia Keys, así como de las fallecidas Whitney Houston y Janis Joplin, entre muchos otros artistas.
A través de una publicación de Facebook, la familia Davis agradeció a todos los que siguieron su carrera como productor y señalaron que su legado trascenderá el tiempo, por lo que su memoria no será olvidada.
“Para el mundo nuestro padre fue la leyenda musical icónica cuya visión, instinto y búsqueda implacable de la excelencia moldearon la banda sonora de innumerables vidas. Para su familia, Clive era papá y abuelo, la presencia constante en el centro de nuestras vidas, fuente de sabiduría, fortaleza, aliento y amor incondicional”, se lee en la publicación.
Clive Dives fue un productor musical detrás del éxito de figuras como Janis Joplin, Whitney Houston, Billy Joel y Santana; asimismo fue el fundador de la compañía Arista Records y miembro del salón de la fama de Rock.
“A lo largo de toda su extraordinaria vida, la familia fue el mayor orgullo y la mayor alegría de Clive. Hoy celebramos no sólo una figura imponente cuya influencia transformó la música para siempre, sino también al hombre que guío a nuestra familia con gracia, generosidad y bondad”, agregan en el escrito.
De acuerdo con medios especializados, el primer artista con quien trabajó fue Janis Joplin tras verlo sobre el escenario en el festival pop de Monterrey en 1967. En las memorias que publicó en 2013, “La banda Sonora de mi vida” destacó que la esencia de Joplin era “no convencionalmente bella”.
Pero que, “su cuerpo parecía vibrar con las modulaciones de su voz, que impactaban por igual tanto si gritaba a pleno pulmón como si susurraba con intimidad”.
Según los medios especializados, Clive Dives fungió como el “abogado estrella” del sello Columbia Records en 1960, ya que en un principio este no estaba interesando en la música, sin embargo, tiempo después fue nombrado presidente.
¿Quién es Clive Davis?
Nacido en Nueva York en el seno de una familia judía, Davis quedó huérfano en su adolescencia, lo que le llevó a vivir con su hermana mayor.
En los últimos años había enfrentado problemas de salud y fue hospitalizado por complicaciones respiratorias el pasado 29 de mayo, permaneciendo ingresado hasta el 4 de junio.
Estudió en la Universidad de Nueva York (NYU) con una beca y posteriormente ingresó en la Facultad de Derecho de Harvard. “No tenía dinero para estudiar sin becas”, recordó en 2022 en una entrevista con la revista People.
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China ha encontrado un atajo inesperado para llevar la IA a millones de hogares: el robot aspirador
Puede que ya estés usando inteligencia artificial china en casa sin haberlo pensado demasiado. No necesariamente en forma de chatbot, ni como una función escondida en el móvil, ni como una promesa más dentro del televisor. Quizá está en algo bastante menos solemne: un robot aspirador que recorre el suelo de tu salón mientras tú haces otra cosa.
La historia del robot aspirador no empezó con aparatos dando vueltas sin sentido. El Electrolux Trilobite, comercializado en Europa a comienzos de los 2000, y el Roomba Intelligent FloorVac, presentado por iRobot en 2002, ya incorporaban sensores y rutinas de navegación para moverse por una vivienda con cierta autonomía, aunque sus capacidades estaban muy lejos de las actuales. Lo que ha cambiado desde entonces es la capa de percepción: los modelos avanzados ya no solo detectan paredes o escaleras, sino que construyen mapas más ricos, reconocen objetos y toman decisiones con más contexto.

Electrolux Trilobite
El dato de escala ayuda a entender por qué esta historia no va solo de una curiosidad tecnológica. Según IDC, el mercado global de dispositivos de limpieza doméstica alcanzó los 32,72 millones de unidades en 2025, un 20,1% más que el año anterior. Dentro de ese universo, los robots aspiradores inteligentes siguieron siendo la categoría principal, con 24,12 millones de unidades y un crecimiento del 17,1%. IDC mide envíos, no hogares instalados, pero la escala sirve para entender la dimensión del fenómeno: hablamos de decenas de millones de robots de limpieza doméstica moviéndose por el mercado global en un solo año.
La IA también entra en casa por el suelo
Lo más llamativo es quién ocupa hoy el centro de esa categoría. En los tres primeros trimestres de 2025, el Top 5 global de robots aspiradores inteligentes estuvo formado por cinco marcas chinas: Roborock, Ecovacs, Dreame, Xiaomi y Narwal. La consultora habla de una reorganización del mercado, con 17,42 millones de unidades enviadas en ese periodo y un crecimiento interanual del 18,7%. La lectura es bastante clara: China no está entrando en este sector como aspirante, sino como el bloque que marca el ritmo comercial de una categoría cada vez más tecnológica.
Y aquí empieza lo interesante: no estamos hablando solo de un producto de limpieza. Un robot aspirador avanzado es probablemente uno de los dispositivos domésticos más complejos que podemos tener moviéndose por casa, porque debe limpiar, orientarse, evitar problemas y tomar decisiones en un entorno que cambia todos los días. Cuando esquiva un cable para no quedarse atrapado, rodea un calcetín, distingue una alfombra o adapta su recorrido habitación por habitación, hay algo más que aspiración: hay sensores e inteligencia artificial.

Xiaomi H50 Pro
En Xataka, por ejemplo, hemos probado el Roborock Saros Z70, un robot aspirador con brazo robótico capaz de levantar objetos de hasta 300 gramos. En nuestra experiencia, llegó a coger una zapatilla, y Roborock afirma que también puede recoger calcetines, toallas pequeñas o pañuelos, aunque no siempre reconoce todo lo que encuentra.
Cuando hablamos de la carrera de la inteligencia artificial, solemos mirar hacia los grandes modelos: OpenAI, Anthropic, Google, DeepSeek o Alibaba Qwen, sistemas pensados para resumir, programar o responder desde una pantalla. Ese terreno sigue siendo el más visible, pero no es el único. China también está empujando una vía mucho más física y cotidiana: productos capaces de llevar capacidades de percepción, navegación y decisión a tareas domésticas.
El caso iRobot resume muy bien el cambio de época. Roomba hizo famosa la idea del robot aspirador, pero la compañía ya no ocupa el lugar central que tuvo durante años: quedó fuera del Top 5 global de aspiradores robóticos inteligentes señalado por IDC y se declaró en quiebra antes de pasar a manos de la firma china Picea Robotics. Esto, sumado a los datos más recientes del mercado, sugieren que antiguo referente occidental perdió terreno mientras una nueva generación de marcas chinas conquistaba el mercado.
Imágenes | Roborock | Electrolux | Xiaomi
En Xataka | El problema no es que haya IA en TikTok. Es que ya es más de la mitad de lo que ves nada más entrar
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