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cómo el Canal de Panamá se está forrando gracias a la guerra en Irán
Cuando estalla un conflicto internacional, siempre hay alguien que logra sacar provecho. Mientras el mundo observa con preocupación la Tercera Guerra del Golfo, a miles de kilómetros de los misiles y los drones, el Canal de Panamá se ha coronado como el ganador inesperado de este caos global. Lo que comenzó como una crisis energética en el Golfo Pérsico se ha convertido, para la pequeña nación centroamericana, en una mina de oro de dimensiones históricas.
Desde que los ataques desencadenaron el cierre virtual del estrecho de Ormuz —la principal arteria mundial para el transporte de combustible, por donde transitaba aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado—, el comercio marítimo ha entrado en una fase de auténtica desesperación. La urgencia por mover mercancías ha llegado a tal punto que, según confirmó Ricaurte Vásquez Morales, administrador del Canal de Panamá, una empresa naviera llegó a pagar 4 millones de dólares en una subasta únicamente para saltarse la fila y cruzar la vía interoceánica lo antes posible.
El mecanismo de la urgencia
Tras el bloqueo de Ormuz, el tránsito por el canal panameño ha experimentado un incremento general cercano al 11%, registrando picos de hasta un 20% adicional en los días de mayor demanda, según informó la propia Autoridad del Canal de Panamá a BBC. Durante la primera mitad del año fiscal 2026 —de octubre de 2025 a marzo de 2026—, el canal registró 6.288 tránsitos, 224 más que en el mismo período del año anterior, según los datos presentados por la autoridad del canal ante Bank of America Merrill Lynch.
Para poder absorber este flujo, la naturaleza también ha sido cómplice. La administradora adjunta del canal, Ilya Espino de Marotta, explicó a CNN que unas lluvias inusualmente intensas durante la temporada seca han mantenido los lagos Gatún y Alhajuela en niveles máximos, lo que ha permitido gestionar entre 40 y 41 tránsitos diarios frente al promedio habitual de 36. Una recuperación notable si se recuerda que durante la sequía de El Niño entre 2023 y 2024, los tránsitos diarios llegaron a caer hasta 24. “El Canal de Panamá está abierto y en pleno funcionamiento”, aseguró Vásquez Morales. “En medio de todas las complejidades geopolíticas del mundo actual, el Canal de Panamá permanece abierto y fiable”.
Pero la verdadera rentabilidad no está solo en el volumen, sino en el precio de la urgencia. Las empresas pagan una tarifa fija de entre 300.000 y 400.000 dólares para transitar con reserva previa. Quienes no la tienen deben competir en un implacable sistema de subastas donde el mejor postor se lleva el codiciado cupo. Víctor Vial, vicepresidente de finanzas del canal, detalló en la misma presentación ante inversores que el precio medio de las subastas antes de la crisis oscilaba entre los 135.000 y los 140.000 dólares adicionales. Tras el inicio del conflicto, “ese promedio aumentó hasta aproximadamente los 385.000 dólares entre marzo y abril”.
La desesperación ha empujado a algunas compañías petroleras a abonar más de 3 millones de dólares adicionales para evitar esperas, según Bloomberg. El récord absoluto de 4 millones lo explica el propio Vásquez: “Era un barco que transportaba combustible a Europa, pero lo desviaron a Singapur, y tenía que llegar allí porque Singapur se está quedando sin combustible”, declaró. Con esta inyección extraordinaria, Vial estimó que el crecimiento de los ingresos del canal se situará entre el 10% y el 15% este año, aunque advirtió que “todavía no estamos haciendo cuentas ni modificando nuestras proyecciones”.
Un salvavidas logístico, no un reemplazo
La rentabilidad del canal se explica por la geografía del pánico. Más del 80% del petróleo que habitualmente transitaba por Ormuz tenía como destino el continente asiático, según Center for Strategic and International Studies (CSIS). Al bloquearse esa vía, los compradores de Japón, Corea del Sur, India y China se volcaron hacia la costa del Golfo de Estados Unidos. Según datos de la empresa de inteligencia marítima Kpler citados por Bloomberg, las exportaciones de crudo estadounidense a través del Canal de Panamá han superado los 200.000 barriles diarios, rozando su máximo desde julio de 2022.
La lógica es implacable. Un viaje desde la costa del Golfo de Estados Unidos hasta Japón a través del canal dura casi un mes, mientras que rodear África por el Cabo de Buena Esperanza tomaría casi el doble. “Con todos los bombardeos, los misiles, los drones, las empresas dicen que es más seguro y menos costoso cruzar por el Canal de Panamá”, explicó Rodrigo Noriega, abogado y analista en Ciudad de Panamá. “Todo esto está afectando las cadenas de suministro globales”.
A pesar del auge, los expertos son categóricos al comparar ambas vías. Los datos de la EIA, actualizados a marzo de 2026, lo ilustran con crudeza: en el primer semestre de 2025 transitaron 20,9 millones de barriles diarios de petróleo por el estrecho de Ormuz, frente a los 2,3 millones que atravesaron el Canal de Panamá en todo su año fiscal 2025. Una proporción de casi uno a nueve. Además, los superpetroleros tipo VLCC —capaces de transportar hasta dos millones de barriles en un solo viaje— son sencillamente demasiado grandes para las esclusas panameñas, como recuerdan tanto France 24 como OilPrice. Panamá es un atajo de oro, pero no tiene la musculatura para sustituir el flujo masivo del Golfo Pérsico.
Marc Gilbert, líder global del Centro de Geopolítica de Boston Consulting Group, lo resumió: “Lo que realmente está pasando es que la energía proveniente de Estados Unidos está supliendo los volúmenes que anteriormente enviaban a Asia las cargas procedentes del Golfo”. Y añadió que lo que esta crisis demuestra es que “cuando una vía marítima falla, todo el sistema debe adaptarse”.
De la bonanza económica al campo de minas diplomático
El repentino protagonismo estratégico de Panamá no ha pasado desapercibido para las grandes potencias. Según informó Al Jazeera, Washington y sus aliados acusaron a China a finales de abril de aplicar “presión económica selectiva”, reteniendo decenas de buques de bandera panameña en puertos chinos como represalia por la anulación, por parte de la Corte Suprema panameña, de una concesión portuaria que una empresa vinculada a Hong Kong mantenía sobre los puertos de Balboa y Cristóbal.
Pekín negó categóricamente las acusaciones. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian, las calificó de afirmaciones que “carecen de fundamento y distorsionan la realidad”, y acusó a su vez a Estados Unidos de politizar y militarizar la cuestión portuaria. El presidente panameño José Raúl Mulino intentó rebajar la tensión declarando que Panamá “valora las relaciones respetuosas con todas las naciones” y que no desea “entrar en polémica”.
Ferdinand Rauch, profesor de economía en la Universidad de St. Gallen, advirtió que cualquier interrupción en el canal, incluso temporal, “provocaría cuellos de botella temporales en el suministro, volatilidad en los mercados bursátiles, presiones inflacionarias al alza y podría reducir considerablemente el PIB mundial si se prolonga”.
Pero el peligro real trasciende los despachos diplomáticos. Irán ha demostrado que el uso de drones y el cobro de peajes unilaterales pueden convertir un estrecho natural en un arma de negociación. Ian Ralby, fundador de la consultora naviera IR Consilium, advirtió en una reunión informativa de Lloyd’s List recogida por The Telegraph que Teherán ha demostrado que esta táctica puede “captar la atención, ganar credibilidad y proporcionar una verdadera ventaja a la hora de negociar con las grandes potencias”, y que “es probable que esa estrategia se imite en otros lugares”.
Las señales de alarma ya se han producido. El ministro de Finanzas de Indonesia llegó a especular públicamente sobre la posibilidad de cobrar peajes a los barcos en el estratégico estrecho de Malaca, por donde transitan 23,2 millones de barriles diarios, antes de que su gobierno rectificara rápidamente. Richard Meade, de Lloyd’s List Intelligence, resumió el sentimiento de la industria: “Durante los 25 años que llevo cubriendo el sector marítimo, siempre se dio por sentado que esto nunca sucedería. Y, sin embargo, aquí estamos. Y la realidad es que, una vez que se ha hecho una vez, esa amenaza siempre va a existir”.
La economía de Panamá, la gran beneficiada
Mientras tanto, para Panamá el momento tiene una dimensión que va más allá de las subastas. La Constitución del país establece que el canal debe traspasar anualmente al Tesoro Nacional sus excedentes económicos. En el año fiscal 2025, el canal generó ingresos por unos 5.700 millones de dólares, de los cuales unos 3.000 millones fueron al fisco panameño, equivalentes al 3,4% del PIB del país, según los datos recogidos por BBC. Si este año los ingresos crecen entre un 10% y un 15%, como estima el propio canal, el país recibirá una inyección de recursos que no estaba en ningún presupuesto.
Panamá ha sabido aprovechar su momento, combinando una gestión eficiente de sus subastas con la benevolencia climática de esta temporada. Pero el festín financiero de hoy es también el síntoma de una enfermedad global. Mientras un país hace caja subastando atajos, el comercio mundial exhibe su profunda vulnerabilidad: las cadenas de suministro que mueven la economía del planeta dependen de pasos de agua tan angostos que un puñado de drones puede convertirlos en armas. El día en que el transporte marítimo dependa del chantaje geopolítico y no del libre tránsito, el costo final lo asumirá, irremediablemente, la economía global.
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sus piezas sostienen ahora un negocio millonario
El Airbus A380 nació para ser muchas cosas a la vez: una demostración de músculo industrial europeo, una respuesta al crecimiento del tráfico aéreo y una forma distinta de imaginar los grandes viajes de largo radio. Durante años lo vimos como el avión de dos pisos que prometía cambiar la economía de las rutas más densas, pero el mercado terminó moviéndose en otra dirección. Lo interesante es que su historia no acabó con el cierre de la línea de producción en 2021. Ahora, parte de su valor está apareciendo donde menos se esperaba: en los aviones que ya no vuelan.
La explicación empieza en una tensión muy concreta del mercado. En abril de 2025, VAS Aero Services señaló que los retrasos en las entregas del Boeing 777X, demoradas hasta, como mínimo, 2026, estaban aumentando la dependencia del A380 para cubrir la demanda de grandes aviones de largo radio. La compañía estimaba entonces que podía haber hasta 175 unidades del modelo en operación en todo el mundo, una cifra que ayuda a entender la presión sobre el inventario de piezas usadas certificadas.
La cuestión no es solo cuántos A380 siguen en servicio, sino cómo se mantiene una flota tan específica cuando el avión ya no se fabrica y la cadena de suministro depende cada vez más del material usado certificado. El foco está en ese mercado, donde las piezas recuperadas pueden volver a entrar en servicio tras los procesos correspondientes. Ese detalle cambia la lectura del avión retirado: deja de ser únicamente un activo al final de su vida útil y pasa a funcionar como una fuente de componentes para otros operadores. En una flota limitada, cada elemento recuperable tiene más peso.
El negocio también está en los aviones que ya no vuelan
En la práctica, esa economía del A380 retirado pasa por convertir un avión completo en un catálogo de piezas. Airbus ha seleccionado a la mencioanda VAS Aero Services para gestionar el desmontaje y la redistribución de material usado certificado procedente de varias unidades que salen de servicio. El plan anunciado por la compañía pasa por trabajar junto a Tarmac Aerosave en Tarbes, Francia, y situar las piezas recuperadas en Europa para atender al mercado EMEA. La firma, filial independiente de Satair, una empresa de Airbus Services, actúa aquí como puente entre los aviones que se retiran y los operadores que necesitan repuestos.
La información de VAS no pone una cifra total al catálogo resultante, pero sí apunta a elementos especialmente relevantes: los motores de esos aviones se ofrecerán en alquiler y también podrán aprovecharse como fuente de piezas usadas con demanda. Simple Flying añade dos datos que ayudan a entender el tamaño del negocio: un juego de tren de aterrizaje del superjumbo pesa unos 5.443 kg y puede alcanzar varios millones de dólares en el mercado secundario, mientras que un Rolls-Royce Trent 900, uno de los motores utilizados en el A380, puede venderse en condiciones de servicio por unos 10 millones de dólares. Como podemos ver, cada avión retirado se convierte en algo más que chatarra.


La propia compañía lo expresa en términos bastante claros. Tommy Hughes, CEO de VAS, asegura que identificaron pronto la plataforma A380 como una “oportunidad de crecimiento en el mercado posventa” y que siguen invirtiendo en aviones A380 al final de su vida útil para poner componentes críticos a disposición del mercado global de operadores de grandes aeronaves. En la misma comunicación, el directivo añade que ha llegado el momento de un programa centrado en retirar A380 al final de su vida y “monetizar el valor residual de sus piezas en condiciones de servicio”.
La paradoja es potente porque devuelve al A380 a un lugar inesperado. El avión que nació para redefinir los grandes viajes de largo radio terminó siendo demasiado grande para muchas de las aerolíneas que debían sostenerlo, pero sus unidades retiradas aún conservan valor en una industria que necesita mantener operativa la flota existente. No estamos ante una reivindicación completa del programa, ni ante una segunda juventud sin matices. Estamos ante algo más concreto y quizá más revelador: incluso uno de los mayores tropiezos de Airbus puede seguir generando negocio cuando se desmonta pieza a pieza.
Imágenes | Airbus | Engine Alliance
En Xataka | Boeing está perdiendo terreno frente a Airbus en todos los frentes. Incluidos los aviones cisterna de Italia
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“¡Estoy libre!”: Jessie J revela haber vencido al cáncer de mama a un año desde su diagnóstico
La cantante británica Jessie J anunció a través de su cuenta de Instagram que venció el cáncer de mama 11 meses después de haber anunciado que había sido diágnosticada con esa enfermedad.
La intérprete de “Bang Bang” reveló en junio de 2025 que le habían detectado un cáncer de mama en etapa temprana, por lo que se mantuvo alejada de los escenarios mientras se sometía al tratamiento, mediante sus redes sociales mantenía informados a sus seguidores sobre su estado de salud.
En ese entonces, informó a su comunidad que “desaparecería” por un tiempo para someterse a una cirugía tras su presentación en el festival Summertime Ball de la Capital, reiteró que aunque esta enfermedad es lamentable, buscó aferrarse a que su diagnóstico se encontraba en “etapa temprana”.
“Regresé para mi chequeo anual, no voy a mentir, estoy muriendo de miedo. Me dijeron que no era una prueba de contraste. Tendré mi radiografía de pecho y voy a pretender que no soy claustrofóbica. Si ustedes nunca se han hecho una te tienes que recostar de pecho con tus brazos extendidos como si fueras Superman”, declaró en un video.
Debido al tiempo que requieren los estudios médicos correspondientes a los pacientes que son diagnosticados, la cantante de 38 años de edad editó más tarde la descripción de su video y afirmó “los resultados están aquí ¡estoy libre de cáncer!”.
Figuras de la industria musical como las cantantes Lauren Jauregui y Rita Ora felicitaron a la cantante tras su revelación.
Cabe recordar que, durante lo que autonombró como “su viaje” la cantante y también rapera Jessie J lanzó un álbum titulado “Don´t Tease Me with a Good Time” el cual, según lo que expresó, fue resultado de un trabajo que le tomó seis años sacar al mercado.
En el, lanzó la canción “I’ll Never Know Why” con la que canalizó el cómo sobrellevó su enfermedad y aprovechó para enviar un mensaje a sus seguidores que perdieron la felicidad y están en búsqueda de un camino que los traiga devuelta.
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la clave está en una tecnología diminuta
La promesa del 6G lleva años sobre la mesa, pero hay una parte de esa historia que suele quedarse fuera del escaparate. No hablamos solo de móviles más rápidos, videollamadas sin cortes o descargas casi instantáneas, sino de algo bastante más complejo: conseguir que cantidades enormes de datos viajen por el aire con gran estabilidad. Ahí es donde la tecnología se encuentra con su propio techo. Y un equipo japonés acaba de colocar una pieza diminuta justo en el centro de ese problema.
112 Gbps. Lo que han conseguido los investigadores es enviar datos sin cables a 112 Gbps en la banda de 560 GHz. La demostración fue anunciada por Tokushima University y en ella participaron investigadores de esta universidad y de Gifu University. El dato importante no es solo la velocidad, que ya es enorme, sino el lugar donde se ha logrado: por encima de los 420 GHz. Según los investigadores, es la primera vez que se demuestra una comunicación inalámbrica de clase 100 Gbps por encima de los 420 GHz.
El muro de los 350 GHz. Para entender por qué este resultado importa hay que mirar el problema que venían arrastrando las comunicaciones de terahercios. Las redes móviles han ganado velocidad y capacidad elevando las frecuencias de trabajo, pero ese camino se complica cuando se entra en territorios extremos. Por encima de 350 GHz, las tecnologías electrónicas convencionales se enfrentan a una menor potencia de salida y a un aumento del ruido de fase. Dicho de otro modo: cuesta más generar una señal fuerte, estable y útil para transmitir datos a gran velocidad.
La pieza diminuta es un microcomb. La palabra puede sonar extraña, pero la idea de fondo es bastante visual. Un microcomb genera múltiples modos de frecuencia óptica separados de forma regular, como si fueran las púas de un peine. Tokushima University explica que esto permite obtener señales optoelectrónicas de muy alta frecuencia con una calidad superior a la de los enfoques electrónicos convencionales. En la configuración usada por el equipo, una fibra óptica va unida directamente al microresonador, lo que elimina la necesidad de realizar alineaciones ópticas extremadamente precisas como en sistemas convencionales.
El camino a seguir. Primero, el microcomb permite generar una señal de terahercios más limpia y estable que la que se obtiene con la electrónica convencional en esas frecuencias. Después entra en juego la modulación, que es la forma de codificar la información dentro de esa señal para que transporte más datos. La fuente oficial habla de técnicas de modulación de alto orden, como QPSK y 16QAM. Con QPSK, el sistema logró 84 Gbps; con 16QAM, alcanzó los 112 Gbps.
No es para el móvil de mañana. Conviene aterrizar el alcance del avance antes de imaginar teléfonos conectados directamente a 560 GHz. La propia universidad habla de una base tecnológica para enlaces de backhaul ultrarrápidos y redes integradas fotónica-inalámbricas en sistemas 6G. Dicho de forma sencilla, el backhaul es la parte de la infraestructura que conecta las estaciones base con la red principal. Ahí es donde una transmisión inalámbrica de muy alta capacidad puede tener sentido: mover grandes volúmenes de datos entre puntos fijos.
Queda camino por delante. Los investigadores quieren extraer aún más rendimiento de estas ondas reduciendo el ruido de fase, desarrollando antenas más avanzadas y elevando la potencia de salida. El objetivo es claro: que velocidades como estas no se queden en una demostración puntual, sino que puedan sostenerse a mayores distancias. Ahí estará una parte importante de la prueba de realidad. Lo que hemos visto ahora no es una red 6G terminada, sino una pieza tecnológica que ayuda a mostrar cómo se puede construir una parte de esa red.
Imágenes | Tokushima University
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