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derribar misiles por menos de un millón de dólares
Un solo misil interceptor avanzado puede costar más que decenas de drones de ataque combinados, y en Ucrania e Irán se han llegado a lanzar varios para neutralizar una única amenaza. Este desequilibrio ha llevado a situaciones en las que proteger un objetivo resulta mucho más caro que atacarlo. Por eso, en la guerra moderna, la clave ya no es solo quién tiene mejores armas, sino quién puede sostener su uso sin arruinarse
El cambio de paradigma. Durante décadas, interceptar un misil balístico ha sido una de las operaciones más caras de la guerra moderna, con sistemas como el Patriot obligando a disparar dos o tres interceptores de varios millones de dólares cada uno para asegurar un derribo.
Este modelo ha funcionado en conflictos limitados, pero las guerras recientes han demostrado sus límites cuando el volumen de amenazas crece de forma masiva. Tanto en Ucrania como en Oriente Medio, la defensa aérea se ha convertido en una batalla de costes donde el atacante lanza barato y el defensor responde caro. En ese contexto, la idea de derribar misiles por menos de un millón de dólares no es una mejora incremental, sino un cambio radical en las reglas del juego.
Ucrania y la lógica. Desde la invasión de 2022, Ucrania ha desarrollado una industria militar basada en la eficiencia económica, produciendo drones y misiles a una fracción del coste de los sistemas occidentales tradicionales. Empresas como Fire Point han trasladado esa filosofía a la defensa aérea, proponiendo un sistema capaz de interceptar misiles balísticos a un coste muy inferior al actual.
El objetivo es bastante claro: romper el cuello de botella que suponen los operadores y sistemas extremadamente caros, y permitir una defensa escalable en volumen. Esta lógica, además, nace directamente del campo de batalla, donde sobrevivir depende tanto de la eficacia como del coste por unidad.
El objetivo: por debajo el millón. La meta de interceptar un misil por debajo del umbral del millón de dólares supone atacar el núcleo del problema estratégico actual, donde cada defensa cuesta más que el ataque que intenta neutralizar. Si Ucrania logra este hito en 2027, como así ha indicado esta semana, cambiaría la ecuación económica de la guerra aérea, haciendo viable responder a ataques masivos sin agotar rápidamente los recursos.
No solo eso. Incluso con tasas de éxito algo menores que sistemas como el Patriot, el simple hecho de poder lanzar más interceptores a menor coste podría compensar esa diferencia. En la práctica, significaría que la defensa dejaría de ser un recurso escaso para convertirse en algo replicable a gran escala.
El contexto: saturación y escasez. Pensemos que la guerra en Ucrania y los ataques iraníes en el Golfo han evidenciado un problema común: la escasez de sistemas avanzados y la imposibilidad de mantener el ritmo de consumo. Los misiles Patriot son limitados, caros y lentos de producir, mientras que las amenazas (ya sean drones, misiles o enjambres) pueden fabricarse y lanzarse en grandes cantidades.
Este desequilibrio ha puesto en jaque a potencias con enormes presupuestos militares, obligándolas a priorizar objetivos y aceptar vulnerabilidades. En ese escenario, una solución más barata no solo es deseable, sino necesaria para sostener cualquier defensa prolongada.
Las implicaciones globales. Aquí puede estar el verdadero quid de ese avance anunciado. Si Ucrania consigue desarrollar este sistema, el impacto iría mucho más allá del frente actual, generando una demanda global entre países que no pueden permitirse sistemas de defensa multimillonarios.
Esto, a priori, democratizaría el acceso a la defensa aérea, permitiendo a más actores proteger su espacio sin depender exclusivamente de Estados Unidos o de sistemas limitados como el SAMP/T europeo. Además, alteraría el equilibrio estratégico, ya que reduciría la efectividad de ataques basados en saturación y volumen. En otras palabras, haría mucho más difícil ganar una guerra simplemente lanzando más misiles.
El nuevo equilibrio. Por tanto, el verdadero cambio no está solo en el precio, sino en invertir la lógica económica del conflicto, esa que indica que defender deje de ser más caro que atacar. Si ese punto se alcanza el próximo año, muchas estrategias actuales perderían sentido, desde el uso masivo de drones hasta los bombardeos de saturación.
Desde esa perspectiva, Ucrania estaría a punto de lograr algo realmente inédito en la historia militar moderna, redefiniendo la relación entre coste y poder en la guerra. Y eso, más que cualquier arma concreta, apunta a marcar el futuro de los conflictos.
Imagen | Fire Point
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el ‘Dream Team’ empresarial repite como la mejor compañía y el directivo mejor valorado de España
Si pensamos en qué empresa española es la mejor valorada, es muy probable que Inditex, Mercadona, Banco Santander o Repsol se encuentren entre las más repetidas. Lo mismo sucede cuando hablamos de los empresarios que las han fundado o directivos que las dirigen. Nombres como el de Amancio Ortega, Juan Roig o Ana Botín son los primeros que nos vienen a la cabeza.
Durante los últimos 25 años, el monitor empresarial de reputación corporativa Merco elabora un ranking con las empresas y directivos mejor valorados del país. En su 26º edición de Merco Empresas la dupla Inditex y Juan Roig han permanecido inamovibles en el podio como empresa y directivo mejor valorado de España.
Inditex, otra vez en lo más alto
Un año más, Inditex encabeza el listado de las 200 compañías con mejor reputación de España. Le siguen muy de cerca Mercadona y Grupo Social Once, que completan un podio que apenas cambia de un año para otro. El estudio de Merco Empresas se elabora en base a 65.000 encuestas, siete evaluaciones y 29 fuentes distintas, según detalla el propio informe de Merco.
De hecho, el top 5 de 2026 no se ha movido ni un puesto frente a la edición de 2025. Pero a partir del sexto lugar sí aparecen cambios. Caixabank asciende dos posiciones con respecto al ranking de 2025 y entra en el top 6.
La aseguradora Mapfre también mejora su valoración, y pasa del décimo al octavo puesto consiguiendo 7111 puntos de los expertos. Coca-Cola, en cambio, pierde cuatro posiciones y cae hasta el décimo lugar. Repsol, Iberdrola, Caixabank, BBVA y Santander completan el top 10 de empresas españolas mejor valoradas.
Juan Roig, ocho años imbatible
En el ranking de líderes sucede algo muy parecido. Juan Roig, presidente de Mercadona, repite como directivo mejor valorado de España por octavo año seguido, según confirma el propio ranking de líderes.
Le siguen muy de cerca Ana Botín, presidenta ejecutiva de Banco Santander. Cierra el top 3 Amancio Ortega, al que le sigue Marta Ortega, fundador y presidenta no ejecutiva del grupo Inditex respectivamente. Este bloque lleva ya varias ediciones sin cambiar de orden, algo poco habitual en un ranking que mide percepción pública y no solo las cifras de un balance de resultados financieros.
A partir del quinto puesto sí hay novedades. Josu Jon Imaz (Repsol) sube al sexto lugar y Pablo Isla (Nestlé) entra en el séptimo. Isidre Fainé y Gonzalo Gortázar (CaixaBank) también escalan posiciones respecto al año anterior. Antonio Huertas (Mapfre) se cuela en el décimo puesto tras subir cinco escalones. Florentino Pérez (Grupo ACS) y María Dolores Dancausa (Bankinter), en cambio, salen del top 10 este año.
Del análisis de este listado de reputación, se pueden extraer dos conclusiones claras. La primera es que tanto Mercadona como Inditex, así como sus directivos y fundadores, son dos ejemplos de éxito empresarial no tanto por sus buenas cifras de crecimiento, sino por haber conseguido conectar con sus clientes, que son los que se tienen en cuenta en este tipo de listados.
Por otro lado, resulta llamativo como la personalidad o la imagen que proyecta un directivo puede situarse incluso por encima de los niveles de percepción de la compañía que dirige. Es decir, que el público reconoce el trabajo de una directiva como Ana Botón situándola en la segunda posición pero, en cambio, Banco Santander no ha conseguido la misma conexión con los usuarios que su presidenta, manteniéndose en la novena posición en el ranking de empresas.
Amancio Ortega, el jefe que ya no manda pero sigue pesando
Amancio Ortega dejó la presidencia ejecutiva de Inditex en 2011 y ni siquiera tiene un cargo directivo en su brazo inversor Pontegadea. Desde entonces vive alejado de los focos en La Coruña. Pero su sombra sigue siendo muy alargada.
Ortega continúa siendo el mayor accionista del grupo, con más del 59% del capital a través de Pontegadea, y cobrará este año un dividendo récord de más de 3.234 millones de euros. Además, sigue siendo el único español entre los diez más ricos del mundo, según la lista Forbes de 2026.
Ortega ya no firma decisiones en el día a día en Inditex, sin embargo, incluso tras su retirada, su nombre continúa ocupando un lugar destacado en el ranking de directivos mejor valorados por el público.
En Xataka | Mercadona está haciendo lo opuesto a otras grandes empresas: congelarle el sueldo a Roig para reinvertirlo
Imagen | GTRES, Mercadona
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Muere Victor Willis, policía de Village People y primer integrante de la banda
EFE.- Victor Willis, vocalista principal de la formación original de Village People y coautor de éxitos como “YMCA” o “In the Navy”, falleció a los 74 años tras una “corta pero agresiva enfermedad“.
Así lo anunció este miércoles el grupo en su página oficial de Facebook, en la que expresan su “profunda tristeza” por el fallecimiento el lunes 30 de junio de Willis.
El cantante, que hubiera cumplido hoy 75 años, era el policía del grupo, que se creó en 1977 y en el que cada uno de sus miembros adoptó un personaje diferente -los otros eran un vaquero, un militar, un motero, un obrero y un indio-.
Willis fue el primero en entrar a Village People, un proyecto del productor Jacques Morali, que le convención con una frase: “Tengo cuatro canciones. Ahora mismo no puedo pagarte mucho, pero si aceptas, te convertiré en una estrella“, según recoge la página web del grupo.
Nacido en Texas en 1951, hijo de un predicador, Willis comenzó a cantar en el coro de la iglesia de su padre y se formó en Nueva York, donde participó en obras de teatro y musicales.
Precisamente fue descubierto en un musical “The Wiz” por el arreglista Horace Ott, que fue quien sugirió su nombre a Morali.
Esas cuatro primeras canciones -“San Francisco (You’ve Got Me)”, “In Hollywood (Everyone’s a Star)”, “Fire Island” y “Village People”- fueron grabadas por Willis junto a coristas profesionales y se publicaron en el álbum “Village People” en 1977.
Fue un enorme éxito y la razón de que se creara un grupo que acompañara a Willis. Mark Mussler (obrero), David Forrest (vaquero), Lee Mouton (motero) y Peter Whitehead (sin un personaje definido) fueron los elegidos a toda prisa para aquella primera formación.
Tras una primera actuación en un programa televisivo se publicó un anuncio para cambiar a los primeros miembros. El texto simplemente decía: “Se buscan hombres muy masculinos para grupo de música disco de fama mundial. Deben saber bailar y llevar bigote”.
Y se unieron Randy Jones (vaquero), Glenn Hughes (motero) y David Hodo (obrero), a los que luego se sumarían Felipe Rose (indio) y Alex Briley (militar).
Willis permaneció poco más de dos años en el grupo, tiempo en el que coescribió éxitos mundiales como “YMCA”, “In the Navy”, “Macho Man”, “Go West”.
A finales de 1979 decidió emprender una carrera en solitario que no tuvo mucha repercusión y regresó a Village People en 2017 como cantante principal.
La banda ha vendido más de 100 millones de discos en todo el mundo y sigue teniendo un gran éxito. En 2025 Village People actuó en los actos de investidura como presidente de Estados Unidos de Donald Trump.
Willis, que durante años tuvo graves problemas con las drogas, estuvo casado de 1978 a 1982 con la actriz Phylicia Ayers-Allen, muy popular en los años ochenta por su papel de Clais Huxtable en “El show de Bill Cosby”, y en 2007 se casó con la abogada Karen Huff.
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La 0,0 te invita a tomar dos o incluso tres
Pocas veces puede resumirse toda la estrategia de una empresa en una sola frase: “la tendencia es beber cerveza 0,0, te invita a tomar dos o incluso tres”. La dijo el otro día Javier Soriano, maestro cervecero de Cruzcampo en una entrevista de ABC y ahí está todo.
En un mundo en el que el consumo de alcohol se está derrumbando, el único segmento que parece aguantar es el de la cerveza sin alcohol. Así que sí, el comentario de Soriano tiene un fondo de verdad, pero también una esperanza: la única que le queda al sector para sobrevivir.
¿Qué hay de nuevo en todo esto? Durante años, las empresas de bebidas alcohólicas usaron las versiones ‘sin alcohol’ para burlar la regulación de publicidad que prohibía cada vez más espacios a los formatos habituales.
¿Ya no se puede anunciar en eventos deportivos nuestro whiskey de 37 años? No pasa nada, hemos sacado un whiskey 0,0 que, casualmente, tiene la misma imagen de marca.
Lo nuevo, sin embargo, es que poco a poco las 0,0 están creciendo por encima de lo esperado. Ya no es una estrategia de marketing, ni un nicho menor: según los datos globales de IWSR, el volumen mundial de bebidas alcohólicas cayó un 2% en 2025 y lo único que creció es la cerveza sin alcohol (un 8% en volumen y un 12% en valor).
No es solo que vaya bien, es que es lo único que no va mal. Y el sector lo necesita. De hecho, los mismos planes de las grandes cerveceras los dejan negro sobre blanco: AB InBev quiere que el sin y el bajo en alcohol sean el 20% de su volumen global; Carlsberg, el 35% de su cartera en 2032; Heineken está en la misma línea.
¿Y qué tiene que ver con nosotros? España no solo es el segundo productor de cerveza de la UE, sino que es la reina del sector de ‘bajo alcohol’: una de cada siete cervezas que se toman aquí ya es sin, y la patronal presume de acaparar el 25% de todo el consumo europeo de sin.
Es decir, España se ha convertido en el gran laboratorio mundial de la transición de las bebidas alcohólicas a las sin alcohol. Y eso que (o precisamente por eso) los bebedores semanales han pasado del 48,4% en 2006 al 31,1% en 2023. En jóvenes, de hecho, la caída es brutal: el consumo habitual se ha reducido en torno a un 60% en dos décadas.
Estar pendiente de las estrategias de las cerveceras es interesante porque todas están mirando a nuestro país.
¿”Estrategias”? Es la mejor forma de denominarlas. Desgraciadamente, en los últimos años hemos visto todo tipo de estrategias para consolidar prácticas poco saludables que sostienen industrias enormes. La más clara son las tabacaleras centradas en la “reducción de daños” como una forma (“socialmente responsable”) de mantener el consumo de tabaco.
Es razonable dudar de las buenas intenciones de las cerveceras y ya ha datos que sugieren que hacemos bien en no fiarnos.
El elefante en la habitación. Pero, sobre todo, es una estrategia porque el sector no solo se está preparando para una tendencia clara; se está preparando para el impacto que fármacos como el Ozempic pueden causar en el consumo de alcohol.
Ya sabemos que lo reduce, lo que no sabemos es hasta dónde puede llegar. Y las cerveceras saben que les conviene estar preparadas para lo que pueda pasar.
Imagen | engin akyurt
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