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la vegetación está migrando al noroeste

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Si miramos la Tierra desde el espacio, además de distinguir las formas de los continentes, grandes hitos de la naturaleza y alguna que otra construcción humana como los invernaderos de Almería, también podemos observar cómo transcurre el tiempo y las estaciones: la vegetación terrestre sigue un patrón estacional, una especie de ola verde que recorre la superficie del planeta de norte a sur. Así, en el verano boreal, el máximo de verdor se desplaza hacia el norte. En el verano austral, hacia el sur.

Desde el espacio también podemos observar el cambio climático y sus efectos. Sin ir más lejos, la península se rajó después del torrente de lluvias de este comienzo de año y ese cinturón verde también se está moviendo. Concretamente, 14 kilómetros al año, según ha determinado un equipo de investigación de la Universidad de Leipzig, el Centro Alemán para la Investigación Integrativa de la Biodiversidad y la Universitat de València.

El hallazgo. La ola verde se está desplazando hacia el noroeste y lo hace cada vez más rápido. Se lleva la palma el hemisferio sur: entre 2010 y 2020, el desplazamiento se aceleró hasta 14 kilómetros al año.

Además, lo hace de forma no esperada para la comunidad científica: el centro de la vegetación global se mueve hacia el norte en ambos hemisferios. Que lo hiciera en el hemisferio norte era esperable, pero que lo hiciera en el sur no (atendiendo a los patrones, cabría esperar que se moviera hacia el sur). Pero es que también se está moviendo hacia el este, rompiendo todos los esquemas.

Por qué es importante. Es la primera métrica global de ciclos biológicos expresada en kilómetros, una magnitud tan clara e intuitiva como el nivel del mar o la temperatura y que funciona como si fuera una brújula. Lo que dice este indicador es que la amplitud de norte y sur de la ola verde se está reduciendo: si pusieras un punto en el mapa representando dónde está el centro de gravedad de toda la vegetación del planeta, este se estaría moviendo hacia el noroeste. 

El planeta “verdea” de forma cada vez más asimétrica. Explican que en un escenario de altas emisiones, el desplazamiento este acabará dominando sobre el norte a finales de siglo. Esto implica una reconfiguración profunda de dónde y cuándo funciona la biosfera terrestre, lo que afectará a los ciclos de carbono, migraciones y ecosistemas.

Contexto. El calentamiento global lleva bazo el brazo el greening global, un aumento generalizado de la vegetación documentado desde los 80 y concentrado  especialmente en el hemisferio norte. La razón está en el calentamiento global (como los inviernos son más cortos, las plantas tienen más tiempo para crecer),  dióxido de carbono que actúa como fertilizante y que países como China e India han intensificado su agricultura. De hecho, son los motores del cambio.

¿Por qué hacia el este? Es consecuencia directa de lo anterior: en pocas palabras, porque Asia Oriental, India, Europa están “tirando” del centro de gravedad del verdor global hacia el este. Y Sudamérica hace justo lo opuesto: la vegetación allí está perdiendo fuerza, por causas como la deforestación, sequías o cambios en el uso del suelo.  El este de Asia no solo se ha vuelto más verde en las últimas décadas, es que sabemos que ahora arrastra el centro de gravedad de toda la biosfera terrestre.

Cómo lo han hecho. Para llegar a esta métrica y sus efectos han tomado datos satelitales desde 1982 hasta 2020 y han validado los resultados con seis modelos del sistema Tierra del proyecto CMIP6, que coordina las simulaciones de los modelos climáticos más avanzados. 

A partir de aquí, el equipo de investigación ha calculado el centro de masa de toda la vegetación terrestre en coordenadas cartesianas 3D (llamado centroide), ponderado por índices de verdor. Al momento de máximo verdor hemisférico le han llamado viridisticio, como el solsticio.  La trayectoria resultante resume la dinámica de los ciclos biológicos en una única curva. 

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Portada | Harsh Kumar 

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Hemos encontrado el padre de los cinturones de la legión romana en un sitio totalmente inesperado: una cueva asturiana

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La espectacular expansión del Imperio Romano (en su máximo esplendor, Roma llegó a abarcar tres continentes) no se basó única y exclusivamente en su superioridad numérica y hambre conquistadora, sino también en su capacidad para absorber y adaptar tecnología. Esto es, conforme las legiones avanzaban, Roma succionaba y perfeccionaba aquellas innovaciones militares que encontraba en los pueblos conquistados. Este proceso de transferencia cultural es lo que permitió al ejército romano evolucionar para pasar de ser una milicia ciudadana a una maquinaria de guerra profesional y estandarizada. 

Un ejemplo de este fenómeno de asimilación lo encontramos en la Península Ibérica. En el marco de las guerras astur-cántabras (29-19 a.C.), el último gran conflicto de la conquista de Hispania bajo el mandato de Augusto, es donde el el conjunto militar hallado de la cueva de La Cerrosa-Lagaña (Asturias) adquiere una importancia crítica. El estudio, publicado en la Revista Spal, evidencia que es más que un resto arqueológico: es la prueba material de cómo un cinturón oriundo de la meseta se convirtió en el prototipo del icónico cingulum del legionario imperial.

El hallazgo. El conjunto encontrado incluye una vaina de puñal de filos curvos acompañada de un cinturón articulado de bronce formado por láminas, una fíbula de bronce en omega, una navaja de afeitar, una lanza y restos humanos. También había 807 restos de animales pertenecientes a 36 ejemplares de bóvidos, ovicaprinos, équidos, suidos y cánidos, como si de un banquete ritual o sacrificio se tratase.

Pero vamos al elemento estrella: un cinturón de suspensión articulado fabricado en bronce, compuesto por una hebilla y cuatro placas caladas de gran complejidad técnica. Este sistema de placas remachadas posibilitaba una flexibilidad superior a las correas de cuero y no era algo azaroso: era un diseño pensado para soportar el peso de una vaina (como la encontrada) y permitir una extracción rápida del arma en combate. Lo sofisticado de las placas sugiere una manufactura de alta calidad, vinculada a talleres con una larga tradición en la metalistería del hierro y el bronce.


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Reconstrucción hipotética del conjunto de cinturón y vaina de filos curvos hallado en la cueva de La
Cerrosa-Lagaña. Revista Spal

Por qué es importante. Este cinturón es algo así como el eslabón perdido en la evolución del equipo militar: demuestra que piezas que tradicionalmente consideramos “puramente romanas” tienen en realidad un origen foráneo. Su hallazgo permite a los investigadores trazar con precisión el proceso de transferencia tecnológica, documentando cómo la funcionalidad del equipo defensivo hispano fue absorbida, perfeccionada y estandarizada por el Estado romano para equipar a sus legiones en todo el Imperio.

Contexto. El hallazgo no se encontró en un campamento militar, sino en una galería profunda y de difícil acceso en una cueva. El contexto apunta a litúrgico: el equipo de investigación propone que posiblemente fuera un enemigo capturado que fue objeto de un sacrificio o ritual (posiblemente un soldado romano capturado), como ofrenda a las divinidades cántabras frente al avance del ejército romano. La datación sitúa los restos humanos en torno al siglo I a.C. Este tipo de depósitos en cavidades naturales refleja las prácticas religiosas de los pueblos del norte y la Meseta, quienes consideraban las cuevas como umbrales al inframundo.

La hipótesis principal. La tesis que sostiene el equipo de investigación es:

  • La hibridación tecnológica, en tanto en cuanto el cinturón no se fabricó en talleres romanos, sino en talleres vacceos y celtíberos (pueblos prerromanos de la Meseta). Después se convirtió en el cinturón estándar de las legiones romanas, el cingulum, para hacer frente a la necesidad de un equipo más flexible y duradero.
  • La evolución. Hay constancia de que las placas del cinturón se parecen a otras halladas en campamentos militares romanos como como Numancia y Renieblas, lo que sugiere que los artesanos de la zona desarrollaron prototipos que Roma adoptó y estandarizó.

Sí, pero. Más allá de la duda de la identidad étnica del soldado enterrado, en tanto en cuanto se desconoce si era un soldado romano que había adoptado el uniforme local por su mayor eficiencia o un guerrero oriundo que servía como auxiliar a las topas de Roma, la clave está en el el origen del cingulum. 

La tesis principal apunta a que el modelo fue el padre del cinturón romano por antonomasia, pero faltan más hallazgos en otros puntos de Europa para confirmar que esta evolución ocurrió exclusivamente en Hispania y no fue un proceso paralelo en otras fronteras del Imperio.

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En Xataka | Llevamos años discutiendo sobre el origen de la escritura. Ahora una cueva asturiana puede zanjar el debate

Portada |  Jametlene Reskp y Spal (Estudio de un depósito ritual de las guerras astur-cántabras: el conjunto del puñal de filos curvos de la cueva de La Cerrosa-Lagaña (Suarías, Asturias, España) como vínculo entre los cinturones de los puñales indígenas y el cingulum romano)

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el plan para enviar energía infinita a la Tierra

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En la transición energética global hay países y países. Hay algunos que van más avanzados y otros que no tanto. Y aunque la facilidad de acceso a los clásicos combustibles fósiles funciona como un ancla para resistirse al cambio, que no te hayan tocado las mejores cartas en términos de recursos naturales tampoco ayuda. Japón es uno de esos países donde el cambio es casi una cuestión de supervivencia: poco terreno disponible, importa cerca del 90% de su energía primaria y si hablamos de recursos, está probando con las olas, pero la  undimotriz es una fuente dura de roer.

Así que Japón ha decidido mirar la transición energética con perspectiva espacial, esto es, captar la radiación fuera de la Tierra, donde es más constante y potente. Ya lo vimos con su satélite Ohisama y ahora con su Luna Ring para, como dice Beyoncé, ponerle un anillo a la luna en forma de planta solar.

La idea. La propuesta consiste en instalar un cinturón continuo de células fotovoltaicas a lo largo del ecuador de la Luna cubriendo una circunferencia de 11.000 kilómetros, asegurándose así que una parte de la estructura esté siempre expuesta a la luz solar directa, esto es, generación de energía 24/7. Desde allí, la electricidad se convierte en microondas y rayos láser de alta densidad para ser enviada directamente a estaciones receptoras en la Tierra.

Lo que propone Shimizu Corporation no es tanto un proyecto cerrado con fecha concreta, sino una visión de ingeniería a largo plazo para orientar su línea de investigación en energía espacial y esta empresa privada no está sola: cuenta con el respaldo institucional en la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial, que lleva décadas investigándolo.


Captura De Pantalla 2026 04 16 A Las 11 57 09
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Diagrama de funcionamiento de Shimizu Corporation

Por qué es importante. Porque la demanda global de energía sigue creciendo y la energía solar terrestre tiene importantes limitaciones en forma del ciclo día y noche, las nubes o la propia atmósfera, que reducen su rendimiento. Una planta en el ecuador de la luna solucionaría las tres de un plumazo: energía solar continua, sin el filtro atmosférico ni el riesgo de un cielo nublado. Esto es sencillamente imposible en la Tierra. La Agencia Espacial Europea ya ha reconocido el potencial estratégico de la energía solar espacial en su programa Solaris.

La eventual materialización de este proyecto supone un paso más en la “Sociedad del hidrógeno“, la visión de un ecosistema económico donde el hidrógeno reemplaza a los combustibles fósiles como principal vector energético, surgida a raíz de la necesidad de Japón de superar su extrema dependencia de las importaciones de energía.

En contexto. La idea no es nueva ni mucho menos: allá por 1968 ya se le ocurrió al ingeniero aeroespacial estadounidense Peter Glaser, que publicó un artículo sobre el tema en la revista Science. Mucho ha llovido desde entonces y también numerosos gobiernos y agencias espaciales han estudiado su viabililidad: la NASA lo hizo en el 79, el gobierno británico lleva desde 2021 explorando la idea y China planea una demostración en órbita baja en 2028 seguido de una prueba en órbita geoestacionaria para 2030. Shimizu lo lleva un paso más allá: lo ha trasladado de la órbita terrestre a la luna, lo que conlleva ciertas ventajas geométricas, pero también aumenta la complejidad logística.

En detalle. Llevar materiales de la Tierra al espacio no es fácil ni barato precisamente, así que su idea es construir las placas solares principalmente con recursos extraídos del propio suelo lunar, valiéndose de robots autónomos operados en remoto.  El anillo solar cubriría el ecuador lunar con una anchura de hasta cuatrocientos kilómetros. 

La energía se transmitiría a la Tierra mediante una antena de microondas de veinte kilómetros de diámetro, guiada por una baliza terrestre para apuntar con precisión. El concepto de transmisión inalámbrica de potencia no es ciencia ficción: el Instituto de Tecnología de California realizó en 2023 una demostración en órbita.

Sí, pero. Estamos ante un proyecto de ingeniería a una escala sin precedentes en la historia de la humanidad y el coste de lanzar carga al espacio es el menor de los problemas (va reduciéndose gracias a operadores como SpaceX): también lo sería construir in situ una infraestructura de esas características. 

Y aunque pudiera hacerse, la radiación cósmica y el bombardeo de micrometeoritos en la superficie lunar constituirían un serio riesgo a la integridad de los paneles, lo que implica un desafío en términos de vida útil y mantenimiento. La propia NASA señala estas barreras en la evaluación del concepto de energía solar espacial. 

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Portada | Shimizu Corporation

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ahora un gigante chino quiere convertirla en la capital del almacenamiento

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Navarra es un referente mundial consolidado en energías renovables especialmente puntera en eólica: allá por 1994 construyó su primer parque y desde entonces no solo ha vestido algunas de sus montañas más icónicas con aerogeneradores, sino que ha creado un potente ecosistema empresarial en torno a ellas que le ha valido el apodo de ser la Silicon Valley de los aerogeneradores

El punto de partida. Esa tradición industrial y tecnológica ha sentado las bases necesarias para ser una avanzadilla en el siguiente paso de la transición energética. Tras casi tres años de contactos y visitas, Navarra ha cerrado el acuerdo para instalar una una gigafactoría de baterías de Hithium Energy Storage. Como resumía la presidenta de la Comunidad Foral: “Sabemos que China ha decidido salir a invertir en Europa y son oportunidades que Navarra no puede dejar escapar”.

El proyecto. El Gobierno de Navarra junto con Hithium Energy Storage formarán una joint venture a través de la empresa pública SODENA para la construcción de una planta que fabricará celdas de fosfato de hierro y litio (LiFePO4) y ensamblará baterías sistemas completos de almacenamiento estacionario (baterías BESS). 

El acuerdo firmado en China contempla una inversión de 450 millones de euros, según Qui Tang, director de Estrategia de Hithium, y la creación de en torno a 700 puestos de trabajo, con posibilidad de una segunda fase que añadiría unos 300 más, como recoge Noticias de Navarra. Todavía con flecos por cerrar, el inicio de la producción se ha fijado para 2027 y la ubicación con más papeletas para su instalación es la antigua planta de BSH en Esquíroz/Ezkirotz, a apenas cinco kilómetros al sur de la capital navarra.

Por qué es importante. La gran asignatura pendiente para la transición energética europea pasa por las baterías estacionarias: sin capacidad para almacenar la electricidad generada por el sol y el viento, el sistema eléctrico no puede absorber más renovables sin comprometer la estabilidad de la red. Europa tiene mucha generación instalada y poca industria de almacenamiento propia y esa brecha es precisamente la que Hithium viene a solucionar. Por otro lado, fabricar dentro de la UE le permite esquivar aranceles y otra burocracia que Bruselas aplica a los productos energéticos chinos.

Para Navarra el impacto tiene varios niveles. Más allá de la evidente inversión económica y el empleo, supone una evolución lógica: de pasar a ser un referente en generación de energía limpia a convertirse en el núcleo de fabricación de los sistemas de almacenamiento que permitirán gestionarla. Pero es que además la de Hithium será la segunda fábrica de baterías en Navarra: Hyundai Mobis ya tiene la suya en Noain, aunque orientada a vehículos eléctricos. Con esa llegada, Navarra consolida un ecosistema industrial en torno al almacenamiento energético a la altura de pocas regiones europeas.

Contexto. El movimiento llega en un momento de reconfiguración de la soberanía industrial europea frente terceros mediante la Net-Zero Industry Act (NZIA). Que Hithium elija Navarra posibilita que su producción lleve la etiqueta “Made in EU”, cumpliendo así con los estándares de sostenibilidad y normativa del viejo continente. 

Navarra ya contaba con la potencia instalada y empresas de ingeniería líderes, pero le faltaba esa capacidad de almacenar la energía. En plena crisis energética global, la demanda de soluciones de almacenamiento a gran escala se ha disparado y Hithium buscaba un puerto estratégico para abastecer al mercado europeo. La Comunidad Foral ha fraguado este acuerdo lentamente, como explica el consejero de Industria, Transición ecológica y digital empresarial del Gobierno de Navarra Mikel Irujo, tras tres años de negociaciones y siete visitas. De hecho, Navarra se ha llevado un proyecto estratégico que inicialmente apuntaba a Euskadi, como señala ElDiario.es.

Quién es Hithium. Puede que no sea tan conocida como CATL, BYD o Huawei, pero Hithium Energy Storage Technology es un gigante en su segmento y además es un auténtico adolescente. Fundada en 2019 en Xiamen (provincia de Fujian) por Wu Zuyu, ingeniero especializado en baterías y ex-CATL, el mayor fabricante mundial del sector. Eso sí, a diferencia de CATL, cuyo negocio principal son las baterías para vehículos eléctricos, Hithium se centra exclusivamente en almacenamiento estacionario para la red eléctrica. Menos mediático que los coches eléctricos pero esencial para la transición energética.

En tiempo récord ha pasado de ser una desconocida a convertirse en uno de los principales fabricantes globales de baterías de almacenamiento estacionario con presencia en más de 20 países y más de 1.200 profesionales de la ingeniería en una plantilla de 8.000 personas. La de Navarra será la segunda fábrica de Hithium fuera de China (la otra está en Dallas, Texas) y será la base de referencia de la empresa para toda Europa.

Sí, pero. Aunque el acuerdo está firmado, la propia Chivite ha advertido que todavía hay pasos administrativos pendientes de dar y la ubicación aún no está clara. Por otro lado, la joint venture con participación de SODENA implica que el riesgo no recae solo en Hithium: si el proyecto se retrasa o no alcanza los objetivos, la ciudadanía navarra asume parte de las consecuencias. El compromiso con el empleo local es explícito y el Gobierno foral ha prometido vigilarlo, pero ya hay precedentes que invitan a la cautela. 

Saliendo de este caso concreto, hay una cuestión tecnológica que sigue sin respuesta: Europa tiene dependencia exterior con las tierras raras o los semiconductores y este riesgo también sobrevuela las baterías. Es cierto que una gigafactoría china en suelo europeo genera empleo local y produce dentro de la UE, pero la tecnología, la propiedad intelectual y las decisiones estratégicas siguen tomándose en China. 

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Portada | Hornsdale Power Reserve y Ayuntamiento de Pamplona

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