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que esté en la cara oculta de la Luna

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Igual que pasa cuando quieres ver una lluvia de estrellas o meteoritos, para observar bien el universo hay que huir de la civilización. Si buscas un lugar elevado, mejor que mejor. Eso explica que haya grandes observatorios en el desierto de Atacama en Chile, en el Roque de los Muchachos de La Palma o el Square Kilometre Array en Australia y Sudáfrica: desiertos, cumbres volcánicas o llanuras remotas son los candidatos ideales. Eso en la Tierra.

El astrónomo Jack Burns, cuya carrera comenzó a finales de los 70 en el Very Large Array de Nuevo México, lleva toda su vida profesional defendiendo que el siguiente gran salto es la Luna. El tiempo le está dando la razón.

La Tierra no es suficiente. Los cielos despejados, una atmósfera seca (la humedad distorsiona las señales) y alejarse del ruido electromagnético de la humanidad son esenciales para tener un buen observatorio. Pero como Burns ha podido comprobar en sus carnes, hasta en un entorno tan privilegiado como el del VLA hay límites insalvables para saber más del origen del universo por dos motivos: 

  • La ionosfera de la Tierra bloquea gran parte de ese espectro de baja frecuencia.
  • Sigue habiendo contaminación electromagnética de la humanidad, por ejemplo infraestructuras eléctricas, de telecomunicaciones, radares… que enmascaran la señal. 

El problema de las señales del inicio del universo. El elemento más abundante del universo es el hidrógeno neutro, pero mientras que en el laboratorio emite a 21 centímetros de longitud de onda, si la señal llega de las edades oscuras viajando por el universo, llega a la Tierra estirada hasta un rango que no se puede escuchar bien. Desde la Tierra.

Esas señales de radio procedentes de las edades oscuras cósmicas, un periodo de entre 200 y 400 millones de años que empezó “solo” 380.000 años después del Big Bang, son verdaderamente débiles y llegan a frecuencias inferiores a 50 MHz (muy bajas), así que está difícil captarlas desde la Tierra. 


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Hajor. Wikimedia CC BY-SA 3.0

La solución está en la cara oculta de la luna. La cara oculta de la luna probablemente sea de los sitios más silenciosos del sistema Solar interior en tanto en cuanto la masa del satélite sirve como una especie de escudo natural que bloquea señales terrestres y solares. 

Cuando es de noche en la luna (una noche que puede durar hasta 14 días terrestres), es posible alcanzar un silencio electromagnético casi completo: sin radiación solar directa y sin interferencias de la Tierra. Ideal para escuchar el cosmos. 

Por qué es importante. Lo de escuchar la edad cósmica oscura suena abstracto, pero ser capaz de observarlas sería útil para precisar mejor los modelos que explican cómo se formaron las primeras estrellas y galaxias, por no hablar de los avances que permitiría en observación de materia oscura, energía oscura o las ondas gravitacionales. Además, abre las puertas a que la luna se convierta en una plataforma científica permanente para la humanidad. 

Así es el radiotelescopio LuSEE-Night. Es momento de las presentaciones: Lunar Surface Electromagnetics Experiment – Night es el radiotelescopio diseñado para sacar ventaja de ese silencio. Opera en un rango que va de 0,1 a 50 MHz con el objetivo de trazar el primer mapa del cielo de baja frecuencia y potencialmente captar esas primeras señales de las edades oscuras. 

Técnicamente tuvo que salir airoso frente a exigencias contradictorias: era requisito que tuviera una alta sensibilidad para detectar las señales más débiles y al mismo tiempo, alta resistencia para lidiar con un entorno lunar hostil con grandes variaciones térmicas. Eso minimizando su propio ruido para no ensuciar las escuchas y con capacidad para comunicarse con la Tierra.

Un camino tortuoso. El programa ha estado repleto de sinsabores: en 2024, el primer alunizaje estadounidense en 50 años, el módulo Odysseus, aterrizó mal y se rompió una pata. Solo tuvo tiempo para transmitir dos horas de datos, tiempo suficiente para confirmar al menos que el hardware funcionaba. En marzo de 2025, el Blue Ghost 1 de Firefly logró el primer alunizaje privado exitoso y ahora el LuSEE-Night viajará en su sucesor, Blue Ghost 2, que alunizará en la cara oculta de la luna sin que nadie de la Tierra pueda verlo. 

Lo que viene después. Si LuSEE-Night tiene éxito, la hoja de ruta es ambiciosa: desarrollar FarView, un colosal interferómetro lunar a mayor escala   que permitiría estudiar las edades oscuras con una precisión hasta ahora imposible. El proyecto comenzaría a ensamblarse en la década de 2030 y contaría con financiación inicial de la NASA.

En Xataka | La cara oculta de la Luna ha dejado de ser un misterio. Una cámara de la NASA tiene la culpa

En Xataka | La cara oculta de la Luna escondía un secreto helado. Por fin sabemos por qué es tan distinta a la que vemos

Portada | NASA/Firefly Aerospace

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Una planta estaba al borde de la extinción en el desierto de Mojave. Entonces construyeron un parque solar encima

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El desierto de Mojave no es sólo un paraíso a la hora de filmar películas, ambientar videojuegos y bautizar sistemas operativos: es también el hogar de miles de especies de plantas que están habituadas a un clima extremadamente hostil. Se estima que hay unas 2.000 especies y una muy concreta está en peligro de extinción. Hasta que decidieron construir encima una de las mayores plantas fotovoltaicas de Estados Unidos.

El Gemini Solar Project.

En corto. La revista Frontiers in Ecology and Evolution reveló hace unas semanas los resultados de un curioso estudio. La planta ‘threecorner milkvetch’ (que tiene nombre de todo excepto de planta) pasó de 12 ejemplares en el desierto de Mojave a 93. Esta planta estaba siendo evaluada para su inclusión en la Ley de Especies en peligro de Estados Unidos y no sólo ha multiplicado su número: las nuevas plantas son más grandes y producen más flores.

Y “sólo” han tenido que construirle encima una de las mayores plantas fotovoltaicas de América, junto a Guanchoi en Chile, para conseguirlo.

Threecorner milkvetch. Se trata de una planta rastrera que tiene unas necesidades curiosas: sólo crece en suelos arenosos del desierto de Mojave. Sin embargo, es dependiente de las lluvias porque su semilla permanece latente en el suelo y sólo germina y se reproduce con precipitaciones favorables. En años secos, permanece completamente desapercibida, esperando que llueva un poco.

Y es tan escasa que la especie sigue bajo evaluación para considerarla como amenazada o en peligro de extinción bajo las normas del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. En el mismo desierto hay otra especie amenazada: la tortuga del desierto Gopherus agassizii. El hábitat de las dos especies debería ser el último sobre el que se decidiera construir una planta fotovoltaica, pero ahí está el Gemini Solar Project.

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La planta

Megaplanta. Cuando se va a realizar una instalación así en el desierto, se emplea una técnica conocida como de desbroce y nivelación. En esencia, se arranca toda la vegetación, se nivela el terreno y se prepara para instalar los pilares de las placas solares. No sólo se crea un paisaje lunar, sino que se destruye cualquier tipo de semilla latente bajo la superficie, como puede ser la del threecorner milkvetch. Sin embargo, el enfoque del Gemini Solar Project fue distinto.

La empresa quería el terreno porque es especialmente ‘fértil’ dentro de EEUU para cosechar la luz solar, pero había que hacer concesiones. Una era minimizar la alteración del hábitat de ambas especies para conservar la superficie desértica con todos sus recursos biológicos, preservar la capa superior del suelo y adaptar la instalación al relieve natural. En la web del Servicio Geológico de EEUU podemos ver fotos de tortuguitas entre los paneles.

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Funciona. Esto es parte de lo que conocemos como la ‘ecovoltaica’, con una rama bautizada ‘agrovoltaica’ de la que también hemos hablado y que, aunque se puede usar por parte de las empresas como lavado de cara, sirve para unir las actividades energéticas con las agrarias. En el estudio sobre la el impacto del Gemini Solar Project y la evolución de la planta, la investigadora Tiffany Pereira descubrió lo que hemos comentado: había más plantas y estaban más saludables.

Esto demostró que la empresa energética había cumplido su parte de no arrasar el suelo porque las semillas habían podido germinar, pero dieron con algo más. Las plantas dentro de la instalación evolucionaron antes que las que se encuentran fuera de la misma y crecieron no bajo los paneles, sino en las franjas entre las hileras. Esto implica que siguen necesitando luz solar intensa para madurar.

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La zona amarilla es donde da el Sol más horas. La azul la franja que varía dependiendo de la posición del Sol. La roja donde nunca da la luz directa

Vale, pero entonces… ¿cuál es el papel de los paneles en la evolución mejorada de estas plantas? La hipótesis que manejan los investigadores es que los paneles proporcionan sombra parcial sobre el suelo, ralentizando la evaporación. Ya hemos dicho que las semillas están latentes hasta que tienen las condiciones de humedad necesarias para germinar, y en este contexto, un microclima más húmedo ha permitido a las plantas crecer más y producir más semillas.

No todo el campo es orégano. Ahora bien, como casi todo estudio científico, se mira la otra cara de la moneda. Las precipitaciones estos últimos años han sido favorables y habría que ver qué ocurre con periodos de sequía prolongada. En unos años se podría hablar de efectos a largo plazo. Pero, además, esa ausencia de plantas debajo de los paneles podría indicar una posible pérdida de hábitat potencial en años muy húmedos.

De la manera que sea, el estudio de Pereira no es aislado. Otros estudios apuntan a mejoras tanto en el número de especies de plantas con flores como de polinizadores en instalaciones agrovoltaicas en un estado como Minnesota. Y en China también hay indicadores de que esas plantas fotovoltaicas en los desiertos está contribuyendo a la construcción de bolsas de humedad en la que las plantas pueden prosperar de forma más sencilla.

Como decíamos, queda por ver ese impacto de los paneles en la creación de una “nueva” biodiversidad a largo plazo, pero de momento, lo que es evidente es que no hace falta arrasar un terreno para construir una planta fotovoltaica.

Imágenes | DRI, Tiffany Pereira, Gemini Solar Project

En Xatka | El mayor fiasco de la energía solar está en el desierto de Nevada: no sirve y su promotor culpa a una empresa española

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Si la pregunta es “cómo conocí a vuestra madre”, este gráfico revela cuantísimo ha cambiado la respuesta desde 1930

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Permíteme una pregunta indiscreta si es que tienes pareja: ¿cómo os conocisteis?.  Un rápido repaso a mi alrededor me devuelve alguna respuesta como “de clase”, también otras como “amigos en común” y para bastantes casos saldría Tinder a la palestra. Bueno, y también sé de algún caso de Twitter o hasta de compartir foro. Soy millennial y el grueso de mi entorno también. Si le formulase esta misma pregunta a mi madre o si se la hiciera a mi abuela (si estuviera viva), puede que encontrase las mismas respuestas, pero las proporciones cambiarían. 

No obstante, desde hace 20 años hay una forma de ligar prevalece abrumadoramente frente al resto, considerando el “éxito” como tener pareja: internet gana por goleada

Aunque como yo puedes hacer ese repaso rápido a tu entorno, hay alguien que lo ha hecho más y mejor (estadísticamente hablando): un equipo de la Universidad de Stanford ha repetido este estudio titulado “How the couples meet and stay together” durante varios años que, aunque puedes leer, James Eagle ha convertido en un recurso visual donde analizar cómo ha cambiado ese modus operandi de ligar con el paso del tiempo: un vídeo de un minuto de lo más revelador.

Este vídeo recoge casi un siglo de hábitos de ligar: desde 1930 hasta 2024 y en él aparecen opciones clásicas como amigos, familia, en un bar, en el trabajo, vecinos, en la universidad o en el colegio, en la iglesia y por supuesto, en internet. Obviamente, en los años 30 y las décadas posteriores, la opción de Online era un tremendo cero. Pero ojo porque en 1981 comienza tímidamente con un 0,01%. 

En los años 30, para ligar lo mejor era que tu prima te presentase a tu futurible pareja (seguido por amistades y el colegio): la familia como celestina que duró hasta 1944, momento en el que fue desbancado por las amistades. Conforme las opciones de ocio comienzan a popularizarse y la mujer accede al mundo laboral, vamos viendo como “en el trabajo” o “en un bar” van ganando terreno hasta que llegan a compartir el podio con tus amistades allá por los 80.

De cómo la democratización de internet cambió las citas

Los 90 es un momento crítico: el online comienza un ascenso meteórico que lo consolida allá como método más infalible para echarse pareja en 2011, desbancando a esas eternas amistades que llevan ayudándonos a ligar desde tiempos inmemoriales. 

Tan llamativo como el subidón y consolidación total de internet es la caída drástica de todas las demás opciones: en los últimos 10 años hemos pasado de que solo las amistades aguanten el tipo con un 20% de cuota a que en 2024, el año del fin del vídeo, ligar por internet se consolide como el método por antonomasia con más de un 60% del pastel. Que tus colegas te presenten a tu pareja pasa en apenas uno de cada 10 casos, algo que tiene sentido en una sociedad cada vez más individualista, lo que complica hasta hacer nuevas amistades.

Si eres una persona soltera, está claro que las apps son el sitio para encontrar citas, según este estudio. Sin embargo, las apps de ligar ya no convencen tanto, especialmente a las nuevas generaciones: este informe de Evenbrite que data de 2024 revela cómo la Gen Z y millennials empiezan a estar cansados del formato. 

Porque aunque siguen ligando por internet, ya no es como antes: prefieren pedir el Instagram a pedir una cita por Tinder. El miedo al “fracaso público” está matando el flirteo tradicional. Sin embargo, internet como método de ligue sigue más fuerte que nunca: porque antes de que existieran las apps, ya ligábamos en los sitios más insospechados. Sin ir más lejos, en el mítico chat de Terra.

En Xataka | Tinder ha entendido algo incómodo: los jóvenes están solos y ya no quieren ligar como antes

En Xataka | El mundo vive una crisis de emparejamientos. 5.000 estudiantes y un algoritmo están experimentando para arreglarla

Portada | James Eagle

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Llevamos años hablando de la “jornada 996” en las empresas chinas. La realidad es más compleja: la “jornada 323”

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En China hay más de 1.400 millones de personas y cerca de una cuarta parte de su población activa trabaja vinculada al sector público, un universo laboral tan descomunal que cualquier generalización suele quedarse corta. Así, entre tópicos globales y realidades cotidianas, la distancia puede ser mayor de lo que parece.

El mito exportado del 996. Lo hemos contado en más de una ocasión, pero que algo se repita muchas veces no significa que sea la norma. Llevamos tanto tiempo escuchando que China aplica la infame jornada 996 (trabajar de 9:00 a.m. a 9:00 p.m., seis días a la semana), que el propio concepto ha terminado por convertirse en símbolo de una supuesta ética laboral sobrehumana, aunque en su origen fue una crítica a un modelo abusivo dentro del sector tecnológico y nunca una norma general. 

Sobre el papel, la ley china fija semanas de cinco días y 40 horas, aunque su aplicación sea irregular y los sindicatos oficiales carezcan de poder real, y aunque existan sectores como el trabajo migrante o la economía de plataformas donde las jornadas son duras y los derechos escasos. En cualquier caso, contaban en un reportaje de Foreigh Policy que el 996 ha prosperado en Occidente porque encaja con el temor recurrente a que China “trabaje más” y supere a sus rivales, pero esa narrativa simplifica hasta deshumanizar a esos 1.400 millones de personas. Además, oculta una realidad mucho más diversa.

La herencia del trabajo como ideología. Lo cierto es que la cultura laboral china no nace con las tecnológicas de Shenzhen, sino con una tradición marcada por el maoísmo y la herencia del estajanovismo soviético, una donde se glorificaba el sacrificio productivo y consolidó el peso social del danwei o unidad de trabajo. 

En ese sentido, recordaba el analista James Palmer que no fue hasta 1995 cuando se formalizó el fin de semana de dos días, y durante décadas el empleo fue no solo fuente de ingresos, sino núcleo de identidad, vivienda y red social. Ese pasado explica la coexistencia de prácticas intensas con otras profundamente burocráticas, donde la obediencia política y el cumplimiento de cuotas pesan tanto como la eficiencia real.

La realidad silenciosa del 323. Como decíamos al inicio, más allá del mito del 996, una parte significativa del empleo chino (en torno al 23% de la población activa) se concentra en el sector público, donde predomina un patrón informal que se resume como 323: tres horas de trabajo por la mañana, una pausa de dos o incluso tres horas para comer y dormir la siesta, y otras tres horas por la tarde. 

Esa larga interrupción es, de hecho, casi sagrada y ha resistido intentos de reforma, con oficinas que atenúan luces o habilitan espacios para descansar, en una rutina que sorprende a quien espera hiperproductividad constante. El ritmo puede ser laxo en tiempos tranquilos y frenético al final del año para cumplir objetivos administrativos, a menudo acompañados de ajustes contables creativos.

Burocracia, patronazgo y trabajos fantasma. Recordaban en FP que el 323 convive con prácticas menos visibles como los empleos ficticios otorgados por patronazgo, desde puestos donde apenas se trabaja hasta cargos “sin presencia” que sirven para recompensar lealtades o esquivar requisitos formales. En ese entorno, la flexibilidad y la frustración coexisten: una oficina puede cerrar durante una pausa prolongada, pero también mostrar indulgencia ante retrasos formales.

Y cuando el liderazgo político endurece el tono, como ocurrió con la campaña anticorrupción iniciada en 2013 o con exigencias extraordinarias como las impuestas a docentes para registrar vacunaciones en 2022, la intensidad aumenta y muchas de las comodidades desaparecen temporalmente.

Socialización obligatoria y disciplina. Además, hay que tener en cuenta que la vida laboral oficial incluye banquetes, brindis y encuentros colectivos que refuerzan jerarquías y redes informales, rituales que pueden convertirse en una carga más que en un privilegio y que fueron brevemente contenidos por las campañas disciplinarias antes de regresar con el tiempo. 

Ese vaivén entre laxitud cotidiana y presión política explica por qué el 323 tiene sentido dentro del sistema: no responde a una ética de ocio, sino a una administración que alterna fases de baja exigencia con ráfagas de movilización. Dicho de forma clara: frente al relato simplista del 996, la realidad es más contradictoria y menos hiperbólica, una cultura laboral fragmentada donde la jornada depende tanto del sector y del clima político como de la voluntad individual.

Imagen | International Labour Organization ILO

En Xataka | China se las prometía muy felices con la jornada 996. Hasta que se dieron cuenta de que era un disparo en el pie

En Xataka | China se hizo famosa por sus jornadas laborales eternas. La solución ha sido echar a la calle a los empleados a su hora

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que esté en la cara oculta de la Luna

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Igual que pasa cuando quieres ver una lluvia de estrellas o meteoritos, para observar bien el universo hay que huir de la civilización. Si buscas un lugar elevado, mejor que mejor. Eso explica que haya grandes observatorios en el desierto de Atacama en Chile, en el Roque de los Muchachos de La Palma o el Square Kilometre Array en Australia y Sudáfrica: desiertos, cumbres volcánicas o llanuras remotas son los candidatos ideales. Eso en la Tierra.

El astrónomo Jack Burns, cuya carrera comenzó a finales de los 70 en el Very Large Array de Nuevo México, lleva toda su vida profesional defendiendo que el siguiente gran salto es la Luna. El tiempo le está dando la razón.

La Tierra no es suficiente. Los cielos despejados, una atmósfera seca (la humedad distorsiona las señales) y alejarse del ruido electromagnético de la humanidad son esenciales para tener un buen observatorio. Pero como Burns ha podido comprobar en sus carnes, hasta en un entorno tan privilegiado como el del VLA hay límites insalvables para saber más del origen del universo por dos motivos: 

  • La ionosfera de la Tierra bloquea gran parte de ese espectro de baja frecuencia.
  • Sigue habiendo contaminación electromagnética de la humanidad, por ejemplo infraestructuras eléctricas, de telecomunicaciones, radares… que enmascaran la señal. 

El problema de las señales del inicio del universo. El elemento más abundante del universo es el hidrógeno neutro, pero mientras que en el laboratorio emite a 21 centímetros de longitud de onda, si la señal llega de las edades oscuras viajando por el universo, llega a la Tierra estirada hasta un rango que no se puede escuchar bien. Desde la Tierra.

Esas señales de radio procedentes de las edades oscuras cósmicas, un periodo de entre 200 y 400 millones de años que empezó “solo” 380.000 años después del Big Bang, son verdaderamente débiles y llegan a frecuencias inferiores a 50 MHz (muy bajas), así que está difícil captarlas desde la Tierra. 


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Hajor. Wikimedia CC BY-SA 3.0

La solución está en la cara oculta de la luna. La cara oculta de la luna probablemente sea de los sitios más silenciosos del sistema Solar interior en tanto en cuanto la masa del satélite sirve como una especie de escudo natural que bloquea señales terrestres y solares. 

Cuando es de noche en la luna (una noche que puede durar hasta 14 días terrestres), es posible alcanzar un silencio electromagnético casi completo: sin radiación solar directa y sin interferencias de la Tierra. Ideal para escuchar el cosmos. 

Por qué es importante. Lo de escuchar la edad cósmica oscura suena abstracto, pero ser capaz de observarlas sería útil para precisar mejor los modelos que explican cómo se formaron las primeras estrellas y galaxias, por no hablar de los avances que permitiría en observación de materia oscura, energía oscura o las ondas gravitacionales. Además, abre las puertas a que la luna se convierta en una plataforma científica permanente para la humanidad. 

Así es el radiotelescopio LuSEE-Night. Es momento de las presentaciones: Lunar Surface Electromagnetics Experiment – Night es el radiotelescopio diseñado para sacar ventaja de ese silencio. Opera en un rango que va de 0,1 a 50 MHz con el objetivo de trazar el primer mapa del cielo de baja frecuencia y potencialmente captar esas primeras señales de las edades oscuras. 

Técnicamente tuvo que salir airoso frente a exigencias contradictorias: era requisito que tuviera una alta sensibilidad para detectar las señales más débiles y al mismo tiempo, alta resistencia para lidiar con un entorno lunar hostil con grandes variaciones térmicas. Eso minimizando su propio ruido para no ensuciar las escuchas y con capacidad para comunicarse con la Tierra.

Un camino tortuoso. El programa ha estado repleto de sinsabores: en 2024, el primer alunizaje estadounidense en 50 años, el módulo Odysseus, aterrizó mal y se rompió una pata. Solo tuvo tiempo para transmitir dos horas de datos, tiempo suficiente para confirmar al menos que el hardware funcionaba. En marzo de 2025, el Blue Ghost 1 de Firefly logró el primer alunizaje privado exitoso y ahora el LuSEE-Night viajará en su sucesor, Blue Ghost 2, que alunizará en la cara oculta de la luna sin que nadie de la Tierra pueda verlo. 

Lo que viene después. Si LuSEE-Night tiene éxito, la hoja de ruta es ambiciosa: desarrollar FarView, un colosal interferómetro lunar a mayor escala   que permitiría estudiar las edades oscuras con una precisión hasta ahora imposible. El proyecto comenzaría a ensamblarse en la década de 2030 y contaría con financiación inicial de la NASA.

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Una planta estaba al borde de la extinción en el desierto de Mojave. Entonces construyeron un parque solar encima

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El desierto de Mojave no es sólo un paraíso a la hora de filmar películas, ambientar videojuegos y bautizar sistemas operativos: es también el hogar de miles de especies de plantas que están habituadas a un clima extremadamente hostil. Se estima que hay unas 2.000 especies y una muy concreta está en peligro de extinción. Hasta que decidieron construir encima una de las mayores plantas fotovoltaicas de Estados Unidos.

El Gemini Solar Project.

En corto. La revista Frontiers in Ecology and Evolution reveló hace unas semanas los resultados de un curioso estudio. La planta ‘threecorner milkvetch’ (que tiene nombre de todo excepto de planta) pasó de 12 ejemplares en el desierto de Mojave a 93. Esta planta estaba siendo evaluada para su inclusión en la Ley de Especies en peligro de Estados Unidos y no sólo ha multiplicado su número: las nuevas plantas son más grandes y producen más flores.

Y “sólo” han tenido que construirle encima una de las mayores plantas fotovoltaicas de América, junto a Guanchoi en Chile, para conseguirlo.

Threecorner milkvetch. Se trata de una planta rastrera que tiene unas necesidades curiosas: sólo crece en suelos arenosos del desierto de Mojave. Sin embargo, es dependiente de las lluvias porque su semilla permanece latente en el suelo y sólo germina y se reproduce con precipitaciones favorables. En años secos, permanece completamente desapercibida, esperando que llueva un poco.

Y es tan escasa que la especie sigue bajo evaluación para considerarla como amenazada o en peligro de extinción bajo las normas del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. En el mismo desierto hay otra especie amenazada: la tortuga del desierto Gopherus agassizii. El hábitat de las dos especies debería ser el último sobre el que se decidiera construir una planta fotovoltaica, pero ahí está el Gemini Solar Project.

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La planta

Megaplanta. Cuando se va a realizar una instalación así en el desierto, se emplea una técnica conocida como de desbroce y nivelación. En esencia, se arranca toda la vegetación, se nivela el terreno y se prepara para instalar los pilares de las placas solares. No sólo se crea un paisaje lunar, sino que se destruye cualquier tipo de semilla latente bajo la superficie, como puede ser la del threecorner milkvetch. Sin embargo, el enfoque del Gemini Solar Project fue distinto.

La empresa quería el terreno porque es especialmente ‘fértil’ dentro de EEUU para cosechar la luz solar, pero había que hacer concesiones. Una era minimizar la alteración del hábitat de ambas especies para conservar la superficie desértica con todos sus recursos biológicos, preservar la capa superior del suelo y adaptar la instalación al relieve natural. En la web del Servicio Geológico de EEUU podemos ver fotos de tortuguitas entre los paneles.

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Funciona. Esto es parte de lo que conocemos como la ‘ecovoltaica’, con una rama bautizada ‘agrovoltaica’ de la que también hemos hablado y que, aunque se puede usar por parte de las empresas como lavado de cara, sirve para unir las actividades energéticas con las agrarias. En el estudio sobre la el impacto del Gemini Solar Project y la evolución de la planta, la investigadora Tiffany Pereira descubrió lo que hemos comentado: había más plantas y estaban más saludables.

Esto demostró que la empresa energética había cumplido su parte de no arrasar el suelo porque las semillas habían podido germinar, pero dieron con algo más. Las plantas dentro de la instalación evolucionaron antes que las que se encuentran fuera de la misma y crecieron no bajo los paneles, sino en las franjas entre las hileras. Esto implica que siguen necesitando luz solar intensa para madurar.

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La zona amarilla es donde da el Sol más horas. La azul la franja que varía dependiendo de la posición del Sol. La roja donde nunca da la luz directa

Vale, pero entonces… ¿cuál es el papel de los paneles en la evolución mejorada de estas plantas? La hipótesis que manejan los investigadores es que los paneles proporcionan sombra parcial sobre el suelo, ralentizando la evaporación. Ya hemos dicho que las semillas están latentes hasta que tienen las condiciones de humedad necesarias para germinar, y en este contexto, un microclima más húmedo ha permitido a las plantas crecer más y producir más semillas.

No todo el campo es orégano. Ahora bien, como casi todo estudio científico, se mira la otra cara de la moneda. Las precipitaciones estos últimos años han sido favorables y habría que ver qué ocurre con periodos de sequía prolongada. En unos años se podría hablar de efectos a largo plazo. Pero, además, esa ausencia de plantas debajo de los paneles podría indicar una posible pérdida de hábitat potencial en años muy húmedos.

De la manera que sea, el estudio de Pereira no es aislado. Otros estudios apuntan a mejoras tanto en el número de especies de plantas con flores como de polinizadores en instalaciones agrovoltaicas en un estado como Minnesota. Y en China también hay indicadores de que esas plantas fotovoltaicas en los desiertos está contribuyendo a la construcción de bolsas de humedad en la que las plantas pueden prosperar de forma más sencilla.

Como decíamos, queda por ver ese impacto de los paneles en la creación de una “nueva” biodiversidad a largo plazo, pero de momento, lo que es evidente es que no hace falta arrasar un terreno para construir una planta fotovoltaica.

Imágenes | DRI, Tiffany Pereira, Gemini Solar Project

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Si la pregunta es “cómo conocí a vuestra madre”, este gráfico revela cuantísimo ha cambiado la respuesta desde 1930

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Permíteme una pregunta indiscreta si es que tienes pareja: ¿cómo os conocisteis?.  Un rápido repaso a mi alrededor me devuelve alguna respuesta como “de clase”, también otras como “amigos en común” y para bastantes casos saldría Tinder a la palestra. Bueno, y también sé de algún caso de Twitter o hasta de compartir foro. Soy millennial y el grueso de mi entorno también. Si le formulase esta misma pregunta a mi madre o si se la hiciera a mi abuela (si estuviera viva), puede que encontrase las mismas respuestas, pero las proporciones cambiarían. 

No obstante, desde hace 20 años hay una forma de ligar prevalece abrumadoramente frente al resto, considerando el “éxito” como tener pareja: internet gana por goleada

Aunque como yo puedes hacer ese repaso rápido a tu entorno, hay alguien que lo ha hecho más y mejor (estadísticamente hablando): un equipo de la Universidad de Stanford ha repetido este estudio titulado “How the couples meet and stay together” durante varios años que, aunque puedes leer, James Eagle ha convertido en un recurso visual donde analizar cómo ha cambiado ese modus operandi de ligar con el paso del tiempo: un vídeo de un minuto de lo más revelador.

Este vídeo recoge casi un siglo de hábitos de ligar: desde 1930 hasta 2024 y en él aparecen opciones clásicas como amigos, familia, en un bar, en el trabajo, vecinos, en la universidad o en el colegio, en la iglesia y por supuesto, en internet. Obviamente, en los años 30 y las décadas posteriores, la opción de Online era un tremendo cero. Pero ojo porque en 1981 comienza tímidamente con un 0,01%. 

En los años 30, para ligar lo mejor era que tu prima te presentase a tu futurible pareja (seguido por amistades y el colegio): la familia como celestina que duró hasta 1944, momento en el que fue desbancado por las amistades. Conforme las opciones de ocio comienzan a popularizarse y la mujer accede al mundo laboral, vamos viendo como “en el trabajo” o “en un bar” van ganando terreno hasta que llegan a compartir el podio con tus amistades allá por los 80.

De cómo la democratización de internet cambió las citas

Los 90 es un momento crítico: el online comienza un ascenso meteórico que lo consolida allá como método más infalible para echarse pareja en 2011, desbancando a esas eternas amistades que llevan ayudándonos a ligar desde tiempos inmemoriales. 

Tan llamativo como el subidón y consolidación total de internet es la caída drástica de todas las demás opciones: en los últimos 10 años hemos pasado de que solo las amistades aguanten el tipo con un 20% de cuota a que en 2024, el año del fin del vídeo, ligar por internet se consolide como el método por antonomasia con más de un 60% del pastel. Que tus colegas te presenten a tu pareja pasa en apenas uno de cada 10 casos, algo que tiene sentido en una sociedad cada vez más individualista, lo que complica hasta hacer nuevas amistades.

Si eres una persona soltera, está claro que las apps son el sitio para encontrar citas, según este estudio. Sin embargo, las apps de ligar ya no convencen tanto, especialmente a las nuevas generaciones: este informe de Evenbrite que data de 2024 revela cómo la Gen Z y millennials empiezan a estar cansados del formato. 

Porque aunque siguen ligando por internet, ya no es como antes: prefieren pedir el Instagram a pedir una cita por Tinder. El miedo al “fracaso público” está matando el flirteo tradicional. Sin embargo, internet como método de ligue sigue más fuerte que nunca: porque antes de que existieran las apps, ya ligábamos en los sitios más insospechados. Sin ir más lejos, en el mítico chat de Terra.

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Portada | James Eagle

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Llevamos años hablando de la “jornada 996” en las empresas chinas. La realidad es más compleja: la “jornada 323”

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En China hay más de 1.400 millones de personas y cerca de una cuarta parte de su población activa trabaja vinculada al sector público, un universo laboral tan descomunal que cualquier generalización suele quedarse corta. Así, entre tópicos globales y realidades cotidianas, la distancia puede ser mayor de lo que parece.

El mito exportado del 996. Lo hemos contado en más de una ocasión, pero que algo se repita muchas veces no significa que sea la norma. Llevamos tanto tiempo escuchando que China aplica la infame jornada 996 (trabajar de 9:00 a.m. a 9:00 p.m., seis días a la semana), que el propio concepto ha terminado por convertirse en símbolo de una supuesta ética laboral sobrehumana, aunque en su origen fue una crítica a un modelo abusivo dentro del sector tecnológico y nunca una norma general. 

Sobre el papel, la ley china fija semanas de cinco días y 40 horas, aunque su aplicación sea irregular y los sindicatos oficiales carezcan de poder real, y aunque existan sectores como el trabajo migrante o la economía de plataformas donde las jornadas son duras y los derechos escasos. En cualquier caso, contaban en un reportaje de Foreigh Policy que el 996 ha prosperado en Occidente porque encaja con el temor recurrente a que China “trabaje más” y supere a sus rivales, pero esa narrativa simplifica hasta deshumanizar a esos 1.400 millones de personas. Además, oculta una realidad mucho más diversa.

La herencia del trabajo como ideología. Lo cierto es que la cultura laboral china no nace con las tecnológicas de Shenzhen, sino con una tradición marcada por el maoísmo y la herencia del estajanovismo soviético, una donde se glorificaba el sacrificio productivo y consolidó el peso social del danwei o unidad de trabajo. 

En ese sentido, recordaba el analista James Palmer que no fue hasta 1995 cuando se formalizó el fin de semana de dos días, y durante décadas el empleo fue no solo fuente de ingresos, sino núcleo de identidad, vivienda y red social. Ese pasado explica la coexistencia de prácticas intensas con otras profundamente burocráticas, donde la obediencia política y el cumplimiento de cuotas pesan tanto como la eficiencia real.

La realidad silenciosa del 323. Como decíamos al inicio, más allá del mito del 996, una parte significativa del empleo chino (en torno al 23% de la población activa) se concentra en el sector público, donde predomina un patrón informal que se resume como 323: tres horas de trabajo por la mañana, una pausa de dos o incluso tres horas para comer y dormir la siesta, y otras tres horas por la tarde. 

Esa larga interrupción es, de hecho, casi sagrada y ha resistido intentos de reforma, con oficinas que atenúan luces o habilitan espacios para descansar, en una rutina que sorprende a quien espera hiperproductividad constante. El ritmo puede ser laxo en tiempos tranquilos y frenético al final del año para cumplir objetivos administrativos, a menudo acompañados de ajustes contables creativos.

Burocracia, patronazgo y trabajos fantasma. Recordaban en FP que el 323 convive con prácticas menos visibles como los empleos ficticios otorgados por patronazgo, desde puestos donde apenas se trabaja hasta cargos “sin presencia” que sirven para recompensar lealtades o esquivar requisitos formales. En ese entorno, la flexibilidad y la frustración coexisten: una oficina puede cerrar durante una pausa prolongada, pero también mostrar indulgencia ante retrasos formales.

Y cuando el liderazgo político endurece el tono, como ocurrió con la campaña anticorrupción iniciada en 2013 o con exigencias extraordinarias como las impuestas a docentes para registrar vacunaciones en 2022, la intensidad aumenta y muchas de las comodidades desaparecen temporalmente.

Socialización obligatoria y disciplina. Además, hay que tener en cuenta que la vida laboral oficial incluye banquetes, brindis y encuentros colectivos que refuerzan jerarquías y redes informales, rituales que pueden convertirse en una carga más que en un privilegio y que fueron brevemente contenidos por las campañas disciplinarias antes de regresar con el tiempo. 

Ese vaivén entre laxitud cotidiana y presión política explica por qué el 323 tiene sentido dentro del sistema: no responde a una ética de ocio, sino a una administración que alterna fases de baja exigencia con ráfagas de movilización. Dicho de forma clara: frente al relato simplista del 996, la realidad es más contradictoria y menos hiperbólica, una cultura laboral fragmentada donde la jornada depende tanto del sector y del clima político como de la voluntad individual.

Imagen | International Labour Organization ILO

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