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agentes de EEUU denuncian que está fallando en un punto clave

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Las redes sociales llevan años recurriendo a sistemas automatizados para intentar detectar algunos de los delitos más graves que circulan por internet. Entre ellos se encuentra la explotación sexual infantil, un fenómeno que obliga a plataformas, reguladores y fuerzas de seguridad a vigilar enormes volúmenes de contenido cada día. La promesa de estas herramientas es clara: identificar posibles casos antes y facilitar el trabajo de los agentes. Sin embargo, algunos equipos especializados en Estados Unidos sostienen que el volumen de avisos que reciben desde las plataformas de Meta se ha disparado y que una parte importante de ellos no aporta información útil para actuar.

Choque entre escala y utilidad. En un proceso judicial que se está celebrando en Nuevo México, la fiscalía sostiene que Meta no reveló adecuadamente lo que sabía sobre los riesgos que afrontan los menores en sus plataformas y que habría incumplido las leyes estatales de protección al consumidor. Según Associated Press, la acusación también argumenta que la compañía presentó la seguridad de sus servicios de una forma que no se correspondía con los riesgos que afrontaban niños y adolescentes. El caso forma parte de una ola más amplia de demandas presentadas en Estados Unidos contra grandes compañías tecnológicas por los efectos que sus servicios pueden tener sobre menores.

Meta rechaza esa interpretación. En su intervención ante el jurado, el abogado de la compañía Kevin Huff defendió que la empresa sí ha informado de los riesgos asociados al uso de sus servicios y que ha introducido distintas herramientas para detectar y eliminar contenido dañino. Según Associated Press, Huff insistió en que el punto central del caso no es demostrar que existe contenido problemático en redes sociales, sino determinar si la empresa ocultó información relevante a los usuarios.

Los investigadores en primera línea. Quienes han puesto cifras y ejemplos concretos a ese problema son agentes que trabajan directamente en investigaciones de explotación infantil en internet. En Estados Unidos, esas tareas recaen en gran medida en la red de unidades conocida como Internet Crimes Against Children (ICAC), un programa que agrupa a fuerzas policiales de distintos niveles y que está coordinado con el Departamento de Justicia para investigar y perseguir delitos cometidos contra menores en entornos digitales. Sus agentes reciben avisos sobre posibles casos procedentes de distintas fuentes, entre ellas las propias plataformas tecnológicas.

Durante el juicio, algunos de esos agentes han descrito cómo están viviendo el aumento de avisos procedentes de las plataformas de Meta. Benjamin Zwiebel, agente especial del ICAC en Nuevo México, explicó ante el tribunal que muchos de los avisos que reciben resultan poco útiles para avanzar en una investigación. “Recibimos muchos consejos de Meta que son simplemente basura”, declaró, según recoge The Guardian. Sus palabras reflejan una preocupación más amplia dentro de estas unidades: el volumen de alertas se ha disparado, pero no todas contienen la información necesaria para identificar a un sospechoso o iniciar una actuación policial.

Mala calidad. En algunos casos, los informes enviados desde las plataformas incluyen datos que no describen una conducta delictiva. En otros, sí apuntan a un posible delito, pero llegan sin elementos esenciales para continuar la investigación, como imágenes, vídeos o fragmentos de conversaciones que permitan identificar a los responsables. Sin ese material, los agentes tienen pocas herramientas para avanzar en el caso o solicitar nuevas diligencias. Algunos agentes también han señalado que una parte de estos avisos llega con información incompleta o parcialmente eliminada.

La maquinaria del reporte masivo. Detrás de ese aumento de avisos hay varios factores que ayudan a entender por qué el volumen de informes enviados a las autoridades se ha disparado. En Estados Unidos, las empresas tecnológicas están obligadas por ley a comunicar cualquier material de abuso sexual infantil que detecten en sus servicios al National Center for Missing & Exploited Children (NCMEC), una organización que actúa como centro nacional de recepción de estos avisos y los distribuye posteriormente entre las fuerzas policiales correspondientes. Agentes citados por The Guardian apuntan también a cambios legales recientes, como el Report Act, que entró en vigor en noviembre de 2024, como un posible factor que habría incrementado el número de avisos enviados para evitar incumplimientos.

Meta dice que está haciendo lo contrario. La compañía rechaza la idea de que sus sistemas estén dificultando el trabajo de las autoridades y sostiene que, por el contrario, lleva años colaborando con las fuerzas de seguridad para detectar y perseguir este tipo de delitos. Un portavoz de Meta afirmó que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha reconocido en varias ocasiones la rapidez con la que la empresa responde a las solicitudes de las autoridades y que el NCMEC ha valorado positivamente su sistema de notificación de avisos.

Según la compañía, en 2024 recibió más de 9.000 solicitudes de emergencia por parte de autoridades estadounidenses y las resolvió en un tiempo medio de 67 minutos, un proceso que, asegura, se acelera aún más cuando se trata de casos relacionados con la seguridad infantil o el riesgo de suicidio. Meta también señala que comunica al NCMEC cualquier material que pueda estar vinculado con explotación sexual infantil y que trabaja con esa organización para ayudar a priorizar los avisos, entre otras cosas etiquetando aquellos que considera más urgentes.

Un problema real. Más allá de lo que determine el jurado en Nuevo México, el caso refleja una tensión que va más allá de una sola empresa o de un solo estado. Las plataformas digitales operan a escala global y recurren a sistemas automatizados para detectar contenidos ilícitos en volúmenes que serían imposibles de revisar manualmente. Sin embargo, la experiencia que describen algunos agentes muestra que aumentar la cantidad de avisos no siempre se traduce en investigaciones más eficaces.

Imágenes | Dima Solomin | ROBIN WORRALL

En Xataka | Dario Amodei fundó Anthropic porque OpenAI no se tomaba en serio los riesgos de la IA. Ahora va a ceder a esos riesgos

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el bloqueo de ingredientes a la Alemania nazi llevó a Coca Cola a tirar de suero y pulpa de manzana

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Cuando abres una Fanta, difícilmente piensas en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esta bebida con sabor a frutas nació en 1940 dentro de la Alemania nazi. Era una solución de Coca-Cola, dueña de la marca, al bloqueo de ingredientes que los aliados impusieron al país. Todo un giro comercial que tendría como fruto una de las bebidas más populares de la compañía.

A bloquear. En septiembre de 1939, cuando Alemania invadió Polonia y el Reino Unido y Francia declararon la guerra al Tercer Reich, las consecuencias económicas se propagaron mucho más allá de los frentes de batalla. Las multinacionales americanas que mantenían lazos industriales con territorio alemán vieron interrumpida la comunicación con sus filiales. El bloqueo naval británico cerró los puertos; el comercio con Estados Unidos, que había crecido durante toda la década anterior, se detuvo.

La situación de Coca-Cola. La compañía llevaba operando en Alemania desde 1929. Max Keith era un directivo alemán que había asumido el control de la filial y había construido desde cero una infraestructura gigante con plantas embotelladoras y redes de distribución. Hasta había conseguido producir por su cuenta siete de los nueve ingredientes secretos. Pero el jarabe concentrado viajaba a Alemania desde Atlanta, sede de Coca-Cola. Cuando el embargo cortó ese suministro, las plantas se paralizaron. La alternativa era el cierre, pero Keith no cedió.

Los restos. Lo que hizo fue buscar sustitutos en lo que tenía a mano, residuos de otras industrias alimentarias. Como contaba el experto Mark Pendergrast, “lo que quedaba de lo que quedaba”: el suero de leche, subproducto de la elaboración del queso; la pulpa de manzana sobrante de las prensas de sidra; cáscaras de frutas; azúcar de remolacha, porque la caña de azúcar era un lujo… el líquido resultante era de un amarillo pardusco, mucho menos dulce que cualquier refresco moderno, y su sabor cambiaba de un lote a otro dependiendo de qué ingredientes hubiera disponibles.

Un nombre. Keith reunió a su equipo para bautizar la bebida. Les pidió que usaran la imaginación, la Fantasie. Y de ahí salió directamente el nombre, con la ventaja de que funcionaba casi en cualquier idioma sin necesidad de traducción ni adaptación fonética. Fue un éxito inmediato: en 1943 Coca-Cola vendió aproximadamente tres millones de cajas de Fanta en Alemania. Y aunque el refresco nunca tuvo una vinculación directa con los nazis, Keith sí que logró integrar su publicidad en los actos del régimen, incluyendo las olimpiadas de Berlín de 1936. De hecho, pudo haber registrado Fanta a su propio nombre, pero no lo hizo.

Un éxito. Fanta no se bebía únicamente como refresco. El racionamiento de azúcar era tan severo en la Alemania de guerra que en muchos hogares alemanes se utilizaba para endulzar sopas y guisos. Keith había conseguido en 1941 una exención parcial del racionamiento de azúcar, por lo que no solo era un refresco, sino también un edulcorante accesible.

No fue un caso aislado. Fanta no fue una rareza. La industria alimentaria de la Segunda Guerra Mundial reformuló varios productos forzada por embargos y racionamientos. Nescafé, lanzado en 1938, surgió de la necesidad de dar salida al excedente de café brasileño en una época de crisis comercial: su formato soluble permitía distribuirlo en condiciones logísticas difíciles, y se convirtió en suministro estándar del ejército americano. La margarina fue un sustituto de la mantequilla en tiempos de escasez napoleónica, y experimentó en los años cuarenta una segunda expansión masiva en Europa porque la mantequilla estaba racionada.

Post-guerra. Cuando en abril de 1955 Coca-Cola relanzó Fanta en Nápoles con una fórmula de naranja elaborada a partir de cítricos locales, el nombre era lo único que la conectaba con la posguerra alemana. La empresa italiana SNIBEG había desarrollado la receta por su cuenta y Coca-Cola la compró, adjudicándole el nombre del que ya tenía la propiedad intelectual. Desde ahí creció: llegó a Estados Unidos en 1958 y se expandió globalmente a lo largo de los años sesenta y setenta.

Spot conflictivo. Sin embargo, el pasado alemán de la bebida se cernió sobre la marca en 2015, cuando Coca-Cola lanzó en Alemania una edición especial para el 75 aniversario de Fanta. Era una reedición de la receta original, con un 30% de suero y extracto de manzana, distribuido en botellas de vidrio que evocaban el diseño de los años cuarenta. El vídeo de campaña era especialmente inadecuado, pues solo hablaba de ingenio en tiempos de escasez y obviaba el motivo de ese ingenio: embargos de guerra contra la Alemania nazi. Concluía invitando a los espectadores a recuperar “la sensación de los buenos tiempos de antes”. El vídeo fue retirado tras el rechazo frontal de público y prensa.

Fue inevitable recordar entonces a marcas como Volkswagen, cuyo nombre alude directamente al programa de automoción del régimen nazi y cuyas plantas utilizaron trabajo forzado durante la guerra; o como Hugo Boss, que fabricó uniformes militares para las SS y la Wehrmacht; o como la filial alemana de IBM, Dehomag, que proporcionó al régimen la tecnología de tarjetas perforadas que permitió censar, clasificar y rastrear poblaciones enteras con una velocidad que los métodos manuales hacían imposible. Orígenes a veces turbios por el contexto, pero que dejan en el aire unas cuantas preguntas sobre el papel inhumano de cualquier industria. Lo que incluye las chispas de la vida.

Cabecera | Wikipedia

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Corea del Sur ha tenido durante años la natalidad más catastrófica del mundo. Y ahora al fin ha logrado que crezca

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Desde hace unos cuantos años hablar de demografía en Corea del Sur obliga a sacar antes un paquete de clínex. Pese a todos sus intentos (y no han sido pocos) el país parecía condenado a sufrir una ‘sangría’ incontrolable de natalidad y ver cómo se tensan las costuras de su economía. Quizás suene exagerado, pero viene bien recordar que se despidió de 2024 declarándose “superenvejecida” y que hay académicos que advierten que la nación se está vaciando (literalmente). 

Con ese telón de fondo, Seúl ha arrancado 2026 con un dato positivo: gana bebés. Y lo hace además por segundo año consecutivo. La gran pregunta que se plantea ahora es… ¿Estamos ante u cambio de tendencia o solo un espejismo?

La cifra: 254.457. Es un dato provisional (el definitio no llegará hasta el verano), pero aún así ha llegado como maná en un país acostumbrado a que cada noticia sobre demografía suponga un drama nacional. El año pasado Corea del Sur registró 254.457 nacimientos, un buen balance se mire por donde se mire. Para empezar porque supone un 6,8% más que en 2024 y deja el mayor alza porcentual desde 2007; pero esas son solo dos de las lecturas posibles.

Hoi An And Da Nang Photographer Dv0xq Fumig Unsplash
Hoi An And Da Nang Photographer Dv0xq Fumig Unsplash

Más bebés por mujer. Otra lectura interesante es la que nos habla de la “tasa de fertilidad”, el número medio de bebés que (a nivel estadístico) se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida reproductiva. Hace unos años ese indicador se desplomó hasta 0,72, muy lejos de la “tasa de reemplazo” (2,1 hijos por mujer) que permite que las sociedades se mantengan estables. El dato sigue por debajo de esa línea roja, pero al menos ha crecido: en 2025 pasó de 0,75 a 0,8.

No solo eso. Reuters recuerda que el Gobierno surcoreano manejaba estimaciones optimistas que planteaban que esa tasa creciese a 0,75 en 2025 y 0,8 en 2026, con lo que parece estar recuperando posiciones más rápido de lo previsto. En Seúl la tendencia es incluso más pronunciada. Allí el indicador subió un 8,9% al pasar de 0,53 a 0,63. Siguen siendo datos muy pobres y están lejos de resolver el problema que tiene Corea, pero sugieren un cambio de ciclo.

Rompiendo la mala racha. Que la natalidad aumente en Corea del Sur es noticia, pero lo es más todavía si (como es el caso) ese crecimiento se mantiene durante dos años. En 2024 el país ya registró un dato positivo (rompiendo con ocho ejercicios de caídas consecutivas) que ahora invita a pensar si realmente ha dado con la tecla para animar a sus jóvenes a tener más descendencia. 

Desde luego el país ha invertido tiempo, esfuerzos y sobre todo recursos económicos en ese objetivo, en el que se juega desde la sostenibilidad social y la marcha de su industria a cuestiones tan relevantes como la defensa nacional.

Más bodas, más bebés. 2025 no solo ha sido un buen año en las maternidades. También lo ha sido para los wedding planners. Los matrimonios aumentaron un 8,1% en 2025, reforzando el repunte del 14,8% ya registrado en 2024. Son buenas noticias porque, en una sociedad conservadora como la surcoreana (el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio es sorprendentemente bajo), las bodas suelen considerarse un indicador adelantado del repunte de la natalidad.

¿Tendencia o espejismo? Esa es la pregunta del millón. Que Corea del Sur lleva años intentando activar su natalidad es innegable, igual que lo es que ha invertido grandes recursos en ese esfuerzo y que en el empeño se han implicado desde las instituciones públicas al mundo empresarial. Sin embargo en juego hay otros factores que invitan a pensar que el reciente crecimiento de la natalidad surcoreana podría ser más circunstancial que estructural. Es decir, que en realidad estaríamos ante una suerte de ‘espejismo’ demográfico.

La resaca de la pandemia. A la hora de explicar el fenómeno hay quien apunta a la influencia de la pandemia. No tanto en la natalidad en sí como en los matrimonios. Es cierto que se están cansado más surcoreanos y que ese indicador probablemente vaya a influir en la natalidad de los próximos añois, pero también lo es que muchas parejas tuvieron que aplazar sus planes durante la pandemia.

“El número de matrimonios ha aumentado durante 21 meses consecutivos, de abril de 2024 a diciembre del año pasado, ya que las parejas que habían retrasado sus matrimonios debido al COVID-19 se han casado”, reconoce Park Hyun-jung, directivo de la oficina gubernamental que analiza las tendencias poblacionales. Él mismo admite que a día de hoy resulya muy difícil establecer una “correlación” clara entre las políticas gubernamentales y la mejora de la natalidad.

Una demografía con ‘eco’. Hay quien apunta sin embargo otro factor que estaría influyendo de forma directa en la demografía surcoreana: la historia. La explicación la desgranaba hace poco Rapahel Rashid en The Guardian y aporta una teoría alternativa. En la Corea del Sur de 2024 o 2025 han nacido más bebés sencillamente porque ya ocurrió lo mismo en la Corea de hace 30 años. 

Para ser más precisos, más o menos durante la primera mitad de los años 90 (1991-1995) se registró un pico de alrededor de 3,6 millones de bebés que hoy se estrenan en la treintena y empiezan a convertirse a su vez en padres.

Revisando la historia. Nos explicamos. Por paradógico que resulte, en los años 50 y 60 Corea tenía un problema bastante diferente al actual: una tasa de fertilidad altísima que llevó a las autoridades a lanzar programas de planificación familiar. El objetivo: garantizar la recuperación del país tras la guerra.

El mensaje que se lanzó era muy simple: ten menos hijos (dos, uno) y garantízales una vida mejor. Funcionó tan bien que a comienzos de la década de 1980 la tasa de fecundidad había caído ya por debajo del margen de reemplazo y Seúl decidió cambiar de rumbo. Al hacerlo favoreció el repunte que ahora estaría caldeando la natalidad. Según esa teoría, lo que vemos hoy es en realidad un “eco demográfico“, la herencia de lo que algunos denominan los “echo boomers”.

Imágenes | Jamie Lee (Unsplash), Hoi An and Da Nang Photographer (Unsplash)Corea del Sur ha llevado la rivalidad en las aulas al extremo: el 84% de sus niños van a academias para ser aún más competitivos

En Xataka | Corea del Sur ha llevado la rivalidad en las aulas al extremo: el 84% de sus niños van a academias para ser aún más competitivos

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Corea del Sur ha tenido durante años la natalidad más catastrófica del mundo. Y ahora al fin ha logrado que crezca

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Desde hace unos cuantos años hablar de demografía en Corea del Sur obliga a sacar antes un paquete de clínex. Pese a todos sus intentos (y no han sido pocos) el país parecía condenado a sufrir una ‘sangría’ incontrolable de natalidad y ver cómo se tensan las costuras de su economía. Quizás suene exagerado, pero viene bien recordar que se despidió de 2024 declarándose “superenvejecida” y que hay académicos que advierten que la nación se está vaciando (literalmente). 

Con ese telón de fondo, Seúl ha arrancado 2026 con un dato positivo: gana bebés. Y lo hace además por segundo año consecutivo. La gran pregunta que se plantea ahora es… ¿Estamos ante u cambio de tendencia o solo un espejismo?

La cifra: 254.457. Es un dato provisional (el definitio no llegará hasta el verano), pero aún así ha llegado como maná en un país acostumbrado a que cada noticia sobre demografía suponga un drama nacional. El año pasado Corea del Sur registró 254.457 nacimientos, un buen balance se mire por donde se mire. Para empezar porque supone un 6,8% más que en 2024 y deja el mayor alza porcentual desde 2007; pero esas son solo dos de las lecturas posibles.

Hoi An And Da Nang Photographer Dv0xq Fumig Unsplash
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Más bebés por mujer. Otra lectura interesante es la que nos habla de la “tasa de fertilidad”, el número medio de bebés que (a nivel estadístico) se espera que tenga una mujer a lo largo de su vida reproductiva. Hace unos años ese indicador se desplomó hasta 0,72, muy lejos de la “tasa de reemplazo” (2,1 hijos por mujer) que permite que las sociedades se mantengan estables. El dato sigue por debajo de esa línea roja, pero al menos ha crecido: en 2025 pasó de 0,75 a 0,8.

No solo eso. Reuters recuerda que el Gobierno surcoreano manejaba estimaciones optimistas que planteaban que esa tasa creciese a 0,75 en 2025 y 0,8 en 2026, con lo que parece estar recuperando posiciones más rápido de lo previsto. En Seúl la tendencia es incluso más pronunciada. Allí el indicador subió un 8,9% al pasar de 0,53 a 0,63. Siguen siendo datos muy pobres y están lejos de resolver el problema que tiene Corea, pero sugieren un cambio de ciclo.

Rompiendo la mala racha. Que la natalidad aumente en Corea del Sur es noticia, pero lo es más todavía si (como es el caso) ese crecimiento se mantiene durante dos años. En 2024 el país ya registró un dato positivo (rompiendo con ocho ejercicios de caídas consecutivas) que ahora invita a pensar si realmente ha dado con la tecla para animar a sus jóvenes a tener más descendencia. 

Desde luego el país ha invertido tiempo, esfuerzos y sobre todo recursos económicos en ese objetivo, en el que se juega desde la sostenibilidad social y la marcha de su industria a cuestiones tan relevantes como la defensa nacional.

Más bodas, más bebés. 2025 no solo ha sido un buen año en las maternidades. También lo ha sido para los wedding planners. Los matrimonios aumentaron un 8,1% en 2025, reforzando el repunte del 14,8% ya registrado en 2024. Son buenas noticias porque, en una sociedad conservadora como la surcoreana (el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio es sorprendentemente bajo), las bodas suelen considerarse un indicador adelantado del repunte de la natalidad.

¿Tendencia o espejismo? Esa es la pregunta del millón. Que Corea del Sur lleva años intentando activar su natalidad es innegable, igual que lo es que ha invertido grandes recursos en ese esfuerzo y que en el empeño se han implicado desde las instituciones públicas al mundo empresarial. Sin embargo en juego hay otros factores que invitan a pensar que el reciente crecimiento de la natalidad surcoreana podría ser más circunstancial que estructural. Es decir, que en realidad estaríamos ante una suerte de ‘espejismo’ demográfico.

La resaca de la pandemia. A la hora de explicar el fenómeno hay quien apunta a la influencia de la pandemia. No tanto en la natalidad en sí como en los matrimonios. Es cierto que se están cansado más surcoreanos y que ese indicador probablemente vaya a influir en la natalidad de los próximos añois, pero también lo es que muchas parejas tuvieron que aplazar sus planes durante la pandemia.

“El número de matrimonios ha aumentado durante 21 meses consecutivos, de abril de 2024 a diciembre del año pasado, ya que las parejas que habían retrasado sus matrimonios debido al COVID-19 se han casado”, reconoce Park Hyun-jung, directivo de la oficina gubernamental que analiza las tendencias poblacionales. Él mismo admite que a día de hoy resulya muy difícil establecer una “correlación” clara entre las políticas gubernamentales y la mejora de la natalidad.

Una demografía con ‘eco’. Hay quien apunta sin embargo otro factor que estaría influyendo de forma directa en la demografía surcoreana: la historia. La explicación la desgranaba hace poco Rapahel Rashid en The Guardian y aporta una teoría alternativa. En la Corea del Sur de 2024 o 2025 han nacido más bebés sencillamente porque ya ocurrió lo mismo en la Corea de hace 30 años. 

Para ser más precisos, más o menos durante la primera mitad de los años 90 (1991-1995) se registró un pico de alrededor de 3,6 millones de bebés que hoy se estrenan en la treintena y empiezan a convertirse a su vez en padres.

Revisando la historia. Nos explicamos. Por paradógico que resulte, en los años 50 y 60 Corea tenía un problema bastante diferente al actual: una tasa de fertilidad altísima que llevó a las autoridades a lanzar programas de planificación familiar. El objetivo: garantizar la recuperación del país tras la guerra.

El mensaje que se lanzó era muy simple: ten menos hijos (dos, uno) y garantízales una vida mejor. Funcionó tan bien que a comienzos de la década de 1980 la tasa de fecundidad había caído ya por debajo del margen de reemplazo y Seúl decidió cambiar de rumbo. Al hacerlo favoreció el repunte que ahora estaría caldeando la natalidad. Según esa teoría, lo que vemos hoy es en realidad un “eco demográfico“, la herencia de lo que algunos denominan los “echo boomers”.

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