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va sobre algo mucho más importante
En 1999, parecía haber en el ambiente un cierto interés platónico sobre el concepto de la realidad virtual/manipulada: ese año se estrenaron ‘Matrix‘, ‘eXistenZ‘ y ‘Nivel 13‘, y unos meses antes había hecho lo propio ‘Dark City‘, todas ellas unidas por tramas que giraban en torno a premisas muy similares.
Sólo una de esas cuatro películas logró el (re)conocimiento del gran público: ‘Matrix‘, el film de estética ciberpunk y rompedores efectos especiales protagonizado por Keanu Reeves y dirigido por las hermanas Wachowski.
Esa primera entrega de Matrix, originalmente concebida como una película en solitario, fue pronto premiada con dos secuelas (‘Matrix Reloaded’ y ‘Matrix Revolutions’, ambas en 2003) ciertamente irregulares, que permanecen muy lejos de la originalidad de la primera y que, para más inri, la mancillan con numerosos giros (cuando no meras enmiendas, o incluso incoherencias) argumentales.
Y ambos defectos se perciben aún con más fuerza con la que vendría a ser la cuarta película de la saga, la recopilación de cortos ‘Animatrix’, un experimento animado con estética manga carente de cohesión interna o de excesiva consistencia argumental con la trilogía de imagen real.
NO, Matrix no es una película sobre IA
Pero la atención de este artículo se centra en la condición de esta saga de puerta de entrada para toda una generación al concepto de ‘inteligencia artificial’. Y esto es ciertamente irónico, porque en el fondo ‘Matrix’ no trata de esta tecnología (ni de ninguna otra).
Antes de nada, hagamos una parada para traer a colación uno de los múltiples criterios de clasificación de las obras de ciencia ficción: la división entre la sci-fi ‘hard’ y ‘soft’:
- Hard: Aquellas obras que conceden una especial relevancia a los detalles científico-técnicos de la narración.
- Soft: Obras más especulativas, en las que la verosimilitud y consistencia de las descripciones tecnológicas pierden peso frente a las reflexiones de carácter filosófico.
Hay que dejar claro que ‘Matrix’ se adscribe claramente a esta última corriente: antes que reflexionar sobre el funcionamiento de la inteligencia artificial (nada vemos sobre redes neuronales, deep learning o unas tristes ‘leyes de la robótica‘) lo que preocupa a las Wachowski son los simbolismos religiosos.
Sí, religiosos, piénsalo: la primera película cuenta con un villano llamado Cifra -Cypher en inglés, que rima con Lucifer- que traiciona a Trinity -la Trinidad- y al mesías que ésta ama… muy disimulado tampoco está.


A su vez, dichos simbolismos religiosos están al servicio de una ¿confusa? ¿sutil? reflexión filosófico-política sobre la relación entre elección y causalidad, y sobre la influencia de dicha relación con la dominación sociopolítica.
Finalmente, las malas lenguas añadirán también que, en una cuarta y más profunda capa de análisis, la reflexión sobre la dominación queda supeditada a su vez al lucimiento de los protagonistas en esas deslumbrantes escenas de acción con ‘bullet time’ a mansalva.
¿Cómo crearon Matrix las máquinas?
La historia de Matrix parte de una premisa muy similar a la de Terminator: una vez adquieren autoconciencia, las máquinas se rebelan contra su creador, nos declaran la guerra… y ganan. La diferencia radica en que, en el mundo de Matrix, la guerra no se solventa en un solo día, por lo que la ONU tiene la oportunidad de lanzar un ataque aparentemente brillante: dado que la mayor fuente de energía de las máquinas era el propio Sol, los humanos deciden tapar el cielo y sumir al planeta en la oscuridad.
El problema es que, a partir de ese momento, las máquinas dejan de buscar el exterminio de los humanos y pasan a recolectarnos como pilas: en adelante, nos criarán en cápsulas para aprovechar nuestro calor y energía eléctrica (no hay que irse al futuro para ver algo similar). Pero para mantenernos vivos el mayor tiempo posible, no pueden limitarse a tenernos en coma, deben mantener activas nuestras mentes de algún modo.


Y ahí es donde entra una IA que, años después, Neo conocerá bajo el nombre de El Arquitecto. Él crea la realidad simulada conocida como la Matriz (Matrix) y conecta a ella a todos los humanos, que en adelante nada sabrán del mundo exterior, ni de la guerra contra las máquinas. Siendo una máquina la diseñadora de esta nueva realidad, ésta es perfecta, una utopía inhumanamente perfecta… y, como el propio Arquitecto explica:
“Un éxito solo equiparable a su monumental… fallo. Su ineluctable fracaso se me antoja ahora como una consecuencia de la imperfección inherente a todos los humanos”.
La perfección logra que las mentes humanas se rebelen, y la realidad virtual misma se desmorona. Toca instalar Matrix 2.0 y reiniciar el servidor: el nuevo sistema apuesta por el camino contrario e inserta a los humanos en una realidad distópica de guerra y violencia. El resultado es idéntico. El Arquitecto, creado fundamentalmente para diseñar la red eléctrica perfecta, no es capaz de comprender cómo funcionan sus baterías.
“Entonces comprendí que la respuesta se me escapaba porque requería una mente […] no tan limitada por los parámetros de la perfección. Quien dio con la respuesta de un modo fortuito, fue otro programa intuitivo que yo había creado, en principio, para investigar ciertos aspectos de la psique humana”.
Dicho programa, convertido más tarde en aliado de la humanidad bajo el nombre de El Oráculo, descubre que la mente humana puede ser dominada mientras conserve, aunque sea inconscientemente, un resquicio de elección. La pastilla azul, que Neo tomará años más tarde (4 versiones de Matrix más tarde, en realidad) será la forma de echar un vistazo por ese resquicio y abandonar la realidad simulada.
Pero lo interesante de estos dos programas es que muestran el modo en que los programas se relacionan con los caóticos humanos: calculando todas sus posibles decisiones. O quizá, si la tecnología de las máquinas de ‘Matrix’ desciende de la de AlphaZero, sólo tengan que calcular las decisiones más probables en base a la experiencia previa.


Recordemos la escena de las múltiples pantallas con diferentes reacciones de Neo en la oficina del Arquitecto: no son mundos alternativos, sino opciones que se ofrecen al jugador humano y, cuando éste elige, la cámara se acerca a dicha pantalla y la acción sigue a partir de ahí.
El Oráculo es tan eficiente en esta tarea de calcular el curso más probable de las acciones humanas que, a ojos de los humanos, parece predecir el futuro. Pero ella avisa: “No podemos ver más allá de las elecciones que no entendemos”. Y, pese al siglo (o al milenio, según los cálculos) transcurridos desde el fin de la guerra entre humanos y máquinas, sigue habiendo algo en los primeros capaz de escapar al más complejo algoritmo.
Matrix, un sistema operativo confusamente explicado
Sí, podemos equiparar a la Matriz con un sistema operativo: para minimizar la probabilidad de que los humanos ‘elijan mal’, se recurre a parches (los cambios en el sistema que generan los sospechosos déja vu) y a antivirus (los temibles agentes). Pero, como descubrimos durante la segunda película, las reinstalaciones del sistema constituyen un hecho, a la larga, ineludible. Como un Windows cualquiera.
Las citadas incoherencias entre la película original y sus dos secuelas provocan que sea difícil hacerse a la idea de qué es exactamente Matrix. En la primera, el espectador llega a hacerse una idea más o menos clara: Matrix es una simulación, en la que se insertan tanto la mente de los humanos (algunos, con capacidad para desconectarse) como los softwares conocidos como ‘agentes’.


Sin embargo, en las siguientes entregas todo se complica mucho más: Matrix cuenta con varios ‘niveles’ o compartimentos separados (el andén del Ferroviario, la oficina del Arquitecto, el pasillo de infinitas puertas usado por Seraph) y existe una enorme multitud de programas de todo tipo insertados en Matrix, muchos de ellos al margen de (o en abierta rebeldía hacia) las directrices de la supuesta autoridad central de ‘las máquinas’, a la que curiosamente, en el caso de que efectivamente exista, nunca se menciona por su nombre.
También evoluciona a lo largo de la saga la actitud de los programas hacia lo humano: si de los agentes de la primera entrega sólo nos queda claro cuánto odian el ‘hedor’ humano del ‘zoológico’ que es Matrix, más tarde encontramos a programas que persiguen deseos tan humanos como el sexual, o que se sienten ‘agradecidos’ por tener descendencia.
Sí, pequeños programas “sin un propósito concreto” nacidos de la coyunda digital de otras dos piezas de código. Bueno, el amor paterno-filial artificial nos puede sonar a marcianada, pero eso de crear programas nuevos a partir del código reutilizado de otros es algo con lo que actualmente ya contamos (DeepCoder, de Microsoft, es un ejemplo de ello).
Y es que los seres humanos no aprendemos
En ‘Matrix: Reloaded’ observamos una interesante escena sobre la relación humanos-máquinas entre los humanos liberados que viven en la última ciudad humana, la subterránea Sión (de nuevo, simbología religiosa). Conversando con Neo, uno de los líderes de la comunidad humana afirma:
La gente es así, a nadie le importa cómo funcionan las cosas mientras funcionen. Me gusta bajar aquí y recordar que esta ciudad sobrevive gracias a estas máquinas. Tienen el poder para dar la vida y para quitarla. […] Si quisiéramos, podríamos apagar estas máquinas. Tú lo has dicho. Eso es el dominio, ¿no crees? […] Pero si lo hiciéramos, ¿qué pasaría con nuestra electricidad, nuestra calefacción, nuestro aire?
Los humanos han perdido su mundo por culpa de las máquinas, pero por mucho que puedan odiarlas son incapaces de sobrevivir sin ellas. Es cierto que, al menos, la tecnología de Sión no parece ser inteligente, siendo fundamentalmente mecánica.
Así, los humanos no cruzan el límite señalado por el agente Smith en la primera película: “Al empezar a usarnos para pensar, [su civilización] se convirtió en nuestra civilización. Lo cual es, por supuesto, la esencia de todo esto”. Espera… ¿o sí lo hacen? Recordemos los programas de entrenamiento para los nuevos miembros de la Resistencia presentados en la primera película. ¿Qué es la Mujer del Vestido Rojo sino una IA?
Y sería debatible si aquello de “¡Ya sé kung fu!” no fue la inspiración de otro humano que cree poder usar las armas de la inteligencia artificial para vencerla: Elon Musk y su NeuraLink. Definitivamente, en un siglo (o milenio), tampoco los humanos han sido capaces de comprender a las máquinas.
En Xataka | El mito de la singularidad o por qué la inteligencia artificial no va a heredar la Tierra
En Xataka | Teorías cuánticas de la consciencia: la posibilidad de que la mente surja de un efecto cuántico
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el nuevo frente de la guerra fría tecnológica
El gran talón de Aquiles de la transición energética en Europa no está a la vista. No son los paneles fotovoltaicos ni los molinos de viento, sino los chips y procesadores ocultos que los hacen funcionar. Consciente de este riesgo, la Unión Europea ha decidido blindar su red eléctrica con una medida drástica. Las empresas que quieran montar proyectos renovables con dinero comunitario tendrán que buscar alternativas: la tecnología china se queda, de momento, fuera de juego.
El veto, al detalle. Bruselas ha hecho público su plan para vetar la financiación europea a proyectos de energías renovables que utilicen equipos clave fabricados en países considerados de “alto riesgo”: China, Rusia, Irán y Corea del Norte. La diana de esta prohibición tiene un nombre muy específico: los inversores (o conversores). De forma sencilla, se trata de dispositivos electrónicos críticos que actúan como procesadores de las plantas fotovoltaicas. Su función es transformar la corriente continua que generan las placas solares en la corriente alterna que finalmente llega a nuestros hogares y empresas.
La medida, de facto, ya está en marcha. Las instituciones financieras tienen hasta este 15 de mayo de 2026 para notificar a la Comisión los proyectos que tienen en cartera. A partir del 1 de noviembre, el veto será total para cualquier nueva instalación que aspire a recibir fondos comunitarios, especialmente aquellos provenientes del Banco Europeo de Inversiones (BEI).
¿Y por qué ahora? Como señala Expansión, el Ejecutivo comunitario ha enmarcado esta decisión bajo el paraguas de la “seguridad económica” y la protección frente a la dependencia estratégica, desmarcándose de quienes lo ven como una mera política industrial proteccionista.
El alcance de esta directriz es mayúsculo. Según detalla pv magazine, no solo se limita a los parques solares tradicionales, sino que se extiende a los vitales Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS). Esto supone un duro golpe para los gigantes asiáticos, que suelen vender soluciones integradas que combinan baterías y electrónica de potencia. A este cerco hay que sumarle una estricta “ley antitrampas”: la regulación no contempla excepciones significativas y afectará incluso a aquellos inversores que se fabriquen físicamente en Europa, siempre y cuando la empresa matriz esté controlada por entidades de estos países de riesgo.
El fantasma del apagón nacional. La contundencia de la UE responde a un miedo tangible. La Comisión basa su veto en informes de inteligencia e información clasificada aportada por varios Estados miembros que alertan sobre una amenaza gravísima: el ciberataque y el “apagado remoto”. Al estar los inversores conectados a internet y gestionar datos operativos críticos de la red eléctrica, un actor extranjero podría utilizarlos como caballo de Troya. Siobhan McGarry, portavoz de la Comisión, ha sido tajante: “En la práctica, esto podría implicar un apagado remoto de las redes de los Estados miembros, provocando apagones a nivel nacional”.
Esto no es ciencia ficción. El gran apagón que sufrió España y Portugal el 28 de abril de 2025 demostró de forma empírica la vulnerabilidad de la red. Aunque en su momento se descartaron actos de sabotaje deliberado, el informe oficial de la red europea (ENTSO-E) concluyó que el colapso estuvo directamente vinculado a una gran oscilación de tensión provocada por la desconexión inesperada de inversores fotovoltaicos. Este precedente ha hecho revivir en Bruselas los fantasmas del 5G y la decisión de arrinconar a firmas como Huawei y ZTE en el sector de las telecomunicaciones.
¿Un tiro en el pie para España? La teoría de Bruselas es firme, pero choca con una realidad incómoda: la abrumadora dependencia del gigante asiático. Según datos aportados por SCMP, China controla en la actualidad el 80% del mercado global de inversores, con marcas como Huawei y Sungrow liderando el ranking mundial.
En España, el escenario es aún más monopolístico. Según revela el Consejo Europeo de Fabricación Solar (ESMC), que cerca del 70% de los inversores instalados en nuestro país son de origen chino. Solo Huawei aglutinó en 2023 el 36,5% de las instalaciones, seguido de Sungrow (29,7%) y GoodWe (14,5%). Pese a las advertencias de Bruselas, el Gobierno español mantiene una posición divergente y continúa certificando decenas de dispositivos de Huawei para su uso en redes sensibles, asegurando a sus aliados que no suponen un riesgo.
Sin embargo, la onda expansiva del veto europeo ya está rompiendo proyectos a nivel nacional. Tal y como explicamos en Xataka, la Generalitat de Cataluña ha tenido que dar marcha atrás recientemente en la adjudicación de su macroproyecto de red pública (XCAT) a la alianza formada por Sirt y Huawei. El temor a tener que desmantelar la infraestructura en menos de un año para cumplir con la nueva normativa europea ha dejado en el aire un contrato de 127 millones de euros.
¿Miedo infundado a los costes? Hay muchas preguntas abiertas. ¿Paralizará este veto el despliegue renovable en Europa por falta de suministro o sobrecostes? La industria europea asegura que no hay motivos para el pánico. Según el ESMC, la capacidad de producción actual en la UE supera los 100 GW anuales (frente a una demanda de unos 65 GW). Además, la Comisión señala a Japón, Corea del Sur, Suiza y Estados Unidos como proveedores alternativos fiables.
Respecto al impacto económico, los datos desmontan el mito de un encarecimiento drástico. Tal y como recoge Euronews, el coste de los inversores apenas representa un 5% del presupuesto total de un parque solar. Un análisis de Wood Mackenzie calcula que sustituir los componentes chinos por tecnología occidental apenas encarecerá un 2% el coste total en los proyectos a gran escala. Un “sobrecoste mínimo”, según Bruselas, a cambio de blindar la red.
El “efecto boomerang”. Esta estrategia de aislamiento occidental tiene una consecuencia paralela silenciosa pero gigantesca. Al expulsar a China de las redes de energía y telecomunicaciones europeas, se está forzando a Pekín a crear un ecosistema tecnológico cien por cien autónomo.
Entidades chinas, como la Universidad Tsinghua o la propia Huawei, están registrando un volumen inusualmente elevado de patentes en fotolitografía para poder fabricar sus propios chips de vanguardia sin depender de la europea ASML. Paralelamente, están construyendo alternativas sólidas a los estándares occidentales de Inteligencia Artificial (como el monopolio de CUDA de NVIDIA). Al cerrarles la puerta, Europa y Estados Unidos podrían estar incubando a un competidor tecnológico global totalmente incontrolable e independiente.
Indignación en Pekín. Como era de esperar, la reacción de China ha sido inmediata. La Cámara de Comercio de China en la UE (CCCEU) ha rechazado de plano las acusaciones a través de declaraciones recogidas por Euronews. Los portavoces chinos acusan a Europa de politizar productos comerciales, exigen “neutralidad tecnológica” y advierten de que esta “sobre-segurización” de los componentes verdes podría dañar la confianza de los inversores internacionales. Por su parte, Pekín insiste en que sus productos tecnológicos no tienen fines políticos.
Además, el veto nace con una limitación fundamental: Bruselas solo puede bloquear el acceso a los fondos comunitarios. No tiene potestad legal, por ahora, para prohibir que una empresa privada compre tecnología china con su propio dinero. Por ello, según Expansión, la Comisión está instando intensamente a los Estados miembros a que repliquen esta directiva en sus licitaciones públicas nacionales.
No obstante, la pinza legal se estrecha. Este es solo el primer paso antes de la inminente revisión del Reglamento de Ciberseguridad (CSA 2) y la aplicación de la Directiva NIS2 sobre infraestructuras críticas, normativas que terminarán imponiendo restricciones vinculantes en toda Europa, independientemente del origen de los fondos, aunque países como España acumulan retrasos en su transposición. Como nota técnica pendiente, la UE aún debe abordar qué pasará con los componentes pasivos críticos (como los transistores IGBT), que están dentro de inversores occidentales pero suelen venir de fábricas chinas.
La soberanía energética como fin último. La decisión de la Comisión Europea, liderada por Ursula von der Leyen, certifica un cambio de paradigma total en el viejo continente. Europa ha interiorizado, a base de crisis geopolíticas, que la transición ecológica no consiste únicamente en instalar más paneles y reducir las emisiones de CO2; consiste, fundamentalmente, en no cambiar la dependencia del gas ruso por la dependencia de la tecnología asiática.
El mensaje que lanza Bruselas con este bloqueo a la financiación es rotundo: de nada sirve garantizar una energía limpia, barata e inagotable gracias al sol y al viento europeos, si el interruptor general que da luz a nuestros hospitales, fábricas y hogares puede ser apagado en remoto, con un solo clic, desde un servidor situado a diez mil kilómetros de distancia.
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Paul McCartney, Robert Smith y cierta “urgencia” se unen en el nuevo álbum de los Rolling Stones
EFE.- Después de casi 65 años juntos como The Rolling Stones, Mick Jagger, Keith Richards y Ron Wood presentaron este martes en Nueva York su nuevo álbum, “Foreign Tongues”, que verá la luz el 10 de julio y que, según afirmaron, está lleno de “urgencia” y en el que colaboraron con Paul McCartney y Robert Smith, entre otros músicos.
Jagger, vestido con una llamativa chaqueta de rayas, Richards con gorra y bufanda de seda, y Wood con una chaqueta estampada de mariposas, derrocharon buen humor y complicidad en una breve charla en el hotel The Weylin de Brooklyn con el presentador Conan O’Brien restringida a invitados de honor y medios internacionales.
El vocalista señaló que, para este álbum, fue clave grabar casi en vivo y, en muchas ocasiones, en una sola toma, para aprovechar la química entre los miembros de la banda, por lo que estuvieron en el estudio un mes en su Londres natal.
“Tienes que mover los ojos y ver a todo el mundo: a Keith, a Ronnie… ves exactamente lo que están haciendo y pensando. El estudio funcionó muy bien para nosotros y el sonido era muy bueno”, comentó.
De acuerdo con los músicos, la atmósfera distendida y el hecho de que muchas de las canciones se grabaran en muy poco tiempo contribuyeron a dotar al disco de “una energía de urgencia”, logrando un sonido que, pese a su veteranía (Jagger y Richards tienen 82 años y Wood, 78), logra evitar sensaciones de cansancio o rutina, aseguran.
Raíces con nuevos matices
Los Stones subrayaron que han seguido “explorando nuevos matices” sin renunciar a su esencia, “sus raíces” rockeras, fieles a una identidad que han ido puliendo a lo largo de más de seis décadas.
“Foreign Tongues” es su primer trabajo de estudio desde “Hackney Diamonds” (2023), con el que regresaron tras varios años de silencio y que logró un premio Grammy.
“No tenemos nada que demostrar, pero seguimos siendo una banda de rock capaz de hacer distintos estilos“, algo que, dijo Jagger, se refleja en este disco.
Richards, en su habitual aire disperso y desenfadado, acompañando sus palabras con teatrales gestos de manos, aseguró que la inspiración sigue siendo algo casi místico, espontáneo, y fanfarroneó con que sus riffs de guitarra “simplemente llegan”, provocando las risas del público.

Epílogo de McCartney, Smith
La banda adelantó que el disco cuenta con varias colaboraciones, entre ellas la del exbeatle Paul McCartney, que participó en una grabación (bromearon imitando el entusiasmo de McCartney al hablar de las sesiones), y la de Robert Smith, líder de The Cure, quien, con su icónico rostro maquillado, terminó sumándose a un tema tras coincidir con ellos en el estudio.
Formados en Londres en 1962, The Rolling Stones siguen siendo una de las bandas más influyentes y exitosas de la historia del rock; sin embargo, su actividad en vivo sigue rodeada de incertidumbre, especialmente después de que la gira europea prevista para 2026 fuera cancelada debido a las dificultades que, según Richards, le supone mantener el exigente ritmo de los conciertos.
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su CEO acaba de aclarar quién debe tener los mejores
La carrera por la inteligencia artificial suele contarse desde los modelos, las aplicaciones y las últimas promesas de automatización. Pero debajo de todo eso hay una capa menos vistosa y mucho más difícil de sustituir: el hardware. Sin chips avanzados, entrenar modelos masivos, desplegarlos a gran escala y competir en la primera línea se vuelve mucho más difícil. Por eso NVIDIA sigue ocupando un lugar tan importante para Estados Unidos y para China. La cuestión ya no es solo quién desarrolla mejor IA, sino quién puede acceder primero a los chips más potentes.
El mensaje de Huang. Ese debate aterrizó esta semana en Los Ángeles, durante la Milken Institute Global Conference, un foro que reunió a banqueros, inversores, responsables políticos y ejecutivos en Beverly Hills. Allí, según Nikkei Asia, Jensen Huang fue preguntado directamente por una cuestión especialmente sensible: si China debería tener acceso a los chips “más recientes y mejores” de NVIDIA. Su respuesta fue tan breve como contundente: “No”. El CEO añadió después que la compañía apoya que Estados Unidos tenga “los primeros, más y mejores” chips, una frase que resume bastante bien el equilibrio que intenta defender.
Vender sí, pero no lo último. La posición de Huang no pasa por sacar a China de la ecuación comercial, al menos no según lo que planteó en ese mismo foro. El CEO defendió que las compañías estadounidenses de semiconductores sigan compitiendo en los mercados globales, incluido el chino, porque eso también fortalece al país norteamericano. Huang sostuvo que aumentar las exportaciones ayuda a elevar la recaudación fiscal, mejorar la seguridad económica y contribuir a la seguridad nacional. El mensaje, por tanto, tiene dos capas: liderazgo tecnológico primero, y presencia comercial bajo control después.
La frontera está en la generación. No todos los chips de NVIDIA ocupan el mismo lugar en esta discusión. El H200, recordemos, es un procesador de IA de gama alta y lo coloca por encima del H20, el chip que la compañía diseñó para China tras las restricciones de exportación estadounidenses. Pero el acuerdo anunciado por Donald Trump en diciembre no incluía ni Blackwell ni los productos Rubin de próxima generación, dos familias que representan una capa más avanzada de la hoja de ruta de NVIDIA.
El encaje regulatorio todavía tiene varias piezas móviles. Donald Trump dijo en diciembre que permitiría vender los H200 de NVIDIA a clientes “aprobados” en China, siempre que el Gobierno estadounidense recibiera un 25% de esos ingresos. La compañía obtuvo este año la autorización oficial de exportación, y Huang aseguró en marzo que NVIDIA ya había recibido pedidos de “muchos clientes” chinos. Pero eso no significa que todo esté resuelto: el envío final también dependerá de si Pekín permite esas ventas y en qué cantidades.
El cuello de botella no es solo político.Tom’s Hardware sugiere que también puede haber una explicación industrial detrás de la ausencia de envíos recientes. Según el medio, Hopper y Blackwell se fabrican en las mismas fábricas y líneas de producción compatibles con N4/N5 de TSMC, una capacidad que no es infinita. Si esa lectura es correcta, NVIDIA tendría motivos para reservar más producción para Blackwell, una familia más avanzada y cara, especialmente para clientes estadounidenses, en lugar de usar parte de esa capacidad en H200 para China con una comisión del 25% al Gobierno de EEUU. Según esa lectura, la llegada de Rubin en N3 podría liberar margen más adelante.
Un viaje pendiente. Trump dijo que visitará Pekín este mes y que las cuestiones comerciales podrían estar sobre la mesa en su encuentro con Xi Jinping. En ese contexto, las palabras de Huang no suenan como una simple reflexión corporativa, sino como una forma de marcar posición en un debate que va mucho más allá de NVIDIA. La disputa no gira solo alrededor de qué chip es más potente, sino de quién accede primero, bajo qué condiciones y con qué margen para no quedarse atrás.
Imágenes | NVIDIA + Xataka con Photoshop
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